ROBERTO CARLOS. LA JOVEM GUARDA (1)

ROBERTO CARLOS SPECIAL

00:00 INTRO Espero que sepas lo que haces / 00:08 Todos estao surdos / 04:18 Se vocé pensa / 06:52 Esperando voce / 09:40 Voce nao serve pra mim / 12:26 Ciúme de vocé / 15:23 E papo firme / 17:50 Nao adiante nada / 20:41 Jesus Cristo / 23:51 Querem acabar conmigo / 27:08 Esqueça / 29:40 Negro gato / 32:01 Namoradinha de un amigo meu / 34:38 Ninguém vai tirar vocé de mim / 37:26 Quasi fui lhe procurar / 40:45 Eu estou apaixonado per vocé / 44:43 Fiquei tao triste / 47:08 Nao ha diner que pague / 49:37 O astronauta / 54:05 Eu daria minha vida

 

 

Leí, no recuerdo dónde, que la perfección está al alcance de todo el mundo pero no siempre a la vista de cualquiera. Un poco eso es lo que ocurre con Roberto Carlos. Lejos de discutir -al no ser éste el momento ni el lugar- su etapa más conocida aquí y por otra parte muy celebrada por quién esto suscribe, me apetece dedicar unas pocas lineas -que en absoluto le hacen justicia- al periodo vinculado con la jovem guarda.

La Jovem Guarda fue EL programa musical de la televisión brasileña. La carta de naturaleza fundacional del país, tras los Estados Unidos, mas rico, plural y prolífico en lo musical. Batió records de audiencia desde su inicio y se convirtió en fábrica y vivero de innumerables artistas (Caetano Veloso, Os mutantes, Erasmo Carlos, Wanderleia, Os Jovens, Ronnie Von, etcétera) que mezclaban, experimentaban y creaban partiendo de la tradición. Utilizando la vanguardia musical hasta conseguir algo personalísimo y único. No era ni Rock, ni bossa, ni jazz, ni sicodelia, ni beat, ni samba… siendo todo eso y más.

Roberto Carlos fue lo que se diría un tipo precoz. Comenzó a los seis años imitando a Joao Gilberto por los clubs nocturnos de Sao Paulo y Rio de Janeiro y fue descubierto por Carlos Imperial. Más tarde formó parte de los Sputniks deviniendo estrella en 1964 con el Lp “E prohibido fumar”. 

Este Lp, sin título o Roberto Carlos como prefieran, fue publicado en España en 1970 -aunque realmente sea de 1966- a rebufo del incipiente éxito que ya comenzaba a tomar forma. Un disco con retazos de todo lo expuesto, sin una sola pieza que no sea perfecta y una voz, la suya, que podía ser casi todo lo que se propusiese; confesional y queda, rugosa y seca, melódicamente lastimosa, casi suplicante y que, aunque inevitablemente hoy asociemos con otros proyectos, fue, parafraseando a Berry Gordy, el sonido del joven Brasil

 

 

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