"LA RAGAZZA CON LA PISTOLA". NINO DE LUCA (RCA, 1968)

 
 
 
  Resulta interminable, por rico y fascinante, el mundo de la colonna sonora italiana. En la mayoría de las veces muy superior a las imágenes que ilustran, son, además, recapitulación fiel y extravagante de la construcción de una identidad. Una identidad embrionaria que bebía de aquí y de allá y que siendo la suma de múltiples de ellas, obtendría por resultado una propia, común, sin por ello pretender someter ni orillar de modo premeditado a ninguna de las que la conformarían, absorbiéndolas y metabolizándolas. Una identidad relativamente joven, capaz de asimilar e ilustrar mediante sonidos, melodías y sobre todo actitud, talante, la formación de un concepto unitario cuyo destino siempre fue la belleza. Ese asunto llamado finezza, en un país dónde el arte es un asunto genético, una forma de llevar la vida a cuestas, en la que tan solo existiría como límite el mal gusto. Porque hasta para insultar o increpar hay que tener elegancia, tono. 
 
 Peppino di Luca fue un músico y compositor, menor si se quiere, dentro de ese catálogo fastuoso, imponente, de los compositores de música para cine italianos (Ennio Morricone, Piero Umiliani, Franco di Massi, Piero Piccioni, Franco di Massi, Luis E. Bacalov, Armando Trovajoli, Marcello Giombini, Bruno Nicolai, Augusto Martelli y un sin fin más). Uno más de esos olvidados que también contó con su minuto de gloria. Autor de partituras para películas de serie B, cuando no Z, guitarrista y sitarista, colaboró con Mario Monicelli -de quién recomiendo encarecidamente su “La grande guerra”, con esos dos genios que son Gassman y Sordi– en la que sería, si no de aquel si la suya, obra maestra.
El argumento, otra más de esas historias que sólo nos parecen plausibles en Italia, gira en torno al viaje a Londres, en pos de venganza, de una despechada siciliana –Assunta Patane una preciosa maggiorata interpretada por Monica Vitti– tras ser deshonrada por su amante y los avatares que allí acontecen. Aunque fue nominada al oscar en 1969 como mejor película extranjera y pese a contar con numerosos detalles interesantes, la obra, en absoluto redonda, se deja ver. Lo que diríamos una buena mala película. Género éste, por otra parte, del que me confieso auténtico devoto. Lo que sin embargo sí resulta ser -tan fallidamente en la película como atinadamente en su música- es una historia acerca de los ancestrales designios del corazón desde un punto de vista carpetovetónico, una comedia sobre el atavismo sentimental de un tiempo y un país, decorado con los sonidos más chic entonces imperantes. Es un historia que navega entre lo (hoy) políticamente incorrecto y la comedia bufa. Un contraste que en absoluto rechina sino que le otorga un halo de frivolidad y atracción. 
 
 El tema estrella es sin duda el que da título al film. “La ragazza con la pistola” es una pieza que resume los sonidos -y tal vez el espíritu- del momento imperante; guitarra con pedal fuzz, un beat psicodélico, un sitar omnipresente y una voz masculina que parece en off repitiendo constantemente el título de la canción en inglés “Ggggiiiirl with a guuun”. Un tremenda andanada en la pista de baile en según y qué momentos.
 
Pero no es la única; “Obsessione psychedelica” continua con las bondades del sitar eléctrico, en medio de un mantra dopante, colocado, de innegables efluvios narcóticos. “Shake balera”, una juguetona pieza con un hammond polivalente y una melodía de guitarra atravesándola de principio a fin. Hay más hammond groove en “Insieme a lui” y en “In due”, aunque esta vez más próximo a la elegancia de Antonello Vanucchi que a la demencia, digamos, de la época. “Rapimento in Sicilia” es una pieza regresiva con una delicada, elegante batería, ornada de nuevo con el sitar eléctrico.“Trumpet shake”, con un aire alpertiano, premeditadamente infantil y banal con sus trompetas y que, para uno, remite a trabajos de Lalo Schifrin como el realizado para “Sol Madrid”.
 
 Retrato y reflejo a la vez de un mundo ya pretérito, el de las partituras originales sin pretensiones -también desinhibido, feliz, divertido-, y retrato también de un tiempo donde aún no existía la mala conciencia ante la felicidad, de un mundo cambiante y vertiginoso, la obra de Guisseppe, Peppino, Nino de Luca para este “La ragazza con la pistola” (RCA, 1968) es otra muesca más en ese laberinto, -melancólico unas veces, evocador otras, siempre de vital devenir- que para uno es la música.
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