This is TELLY SAVALAS. (DJM Records, 1972)


    
Una de confesiones. Otra más. Lo voy a reconocer de salida y así nos ahorraremos malentendidos. Los discos de actores cantantes es uno de mis placeres culpables. Un lugar para solaz de pocos, abrupto y escarpado, pero fascinante cuando se corona la cima y se acceden a sus secretos. Vaaale, de acuerdo. Admitiré que alguien considere a esos especímenes como presuntos actores que intentan cantar. Asentiré igualmente ante comentarios más malévolos si cabe; Los pobres creen, están convencidos de haberlo conseguido. Cegados por el éxito, incapaces de controlar sus pasos y generalmente superados por los focos de las desmedidas alabanzas, es ese un territorio de egotrips inmensurables, increíblemente fértil en aventuras para muchos hilarantes y para unos pocos apasionantes. El mundo -el micrófono más bien- en sus manos. Peligro y placer.

  Si no han huido todavía entiendo que están por la labor. Que son uno de los perturbados miembros de esta secta. Mejor, de esto solo debe hablarse en la intimidad. Entre los cientos de ejemplos que existen (y algunos -lo siento- van ineludiblemente a pasar por aquí) es la carrera de Telly Savalas acaso una de las más extravagantes. Y hay unas cuantas, se lo prometo. No me refiero -que también- a episodios como el que me dispongo a compartir, sino de otros perpetrados por nuestro hombre con tan voluntarioso entusiasmo como certero desatino.

  Aristóteles Savalas, neoyorkino de padres griegos, comenzó en la radio, intentando meter cabeza en un mundo que le fascinaba pero que también se le mostraba esquivo. Su carrera derivó a la televisión con pequeños papeles, generalmente de villano, en series de éxito como El Virginiano, The man from Uncle, Bonanza, El Fugitivo, etc.

  Tras estas aventuras traba amistad con el gran Burt Lancaster y con aquello que se vino en llamar la generación de la televisión en los USA de los primeros sesenta; Don Siegel, Robert Mulligan, John Frankenheimmer, Sidney Lumet, Robert Aldrich, etcétera. Un pequeño papelito en “Alcatraz” en el rol de Gómez es el pistoletazo de salida hasta que el papel del psicópata Archer Maggott en esa maravilla que es “Doce del patíbulo” le convierte en famoso. Encasillado para siempre -y al parecer tan feliz, “denme dólares que yo los gastaré”– su filmografía oscila entre protagonistas en atractivas co-producciones cochambrosas (“Sol Madrid”, “Horror express”,”Citta violenta”) y papeles de villano como en  “El oro de Mckenna” o “Al servicio secreto de su majestad”, la única película de la serie Bond con George Lazenby encarnando a 007. De su resurrección televisiva a mitad de los 70 y de los chupa-chups no creo necesaria mención.


Es este “This is Telly Savalas” uno de los más desvergonzados ejercicios musicales que ahora mismo pueda recordar. Producido por su colega de farra, el escocés John Cacavas (autor de la partitura para la serie televisiva Kojak) y grabado, entre rodaje y rodaje, a caballo de Roma, Londres, Nueva York y Madrid, en el infrasello de series baratas DJM (hogar de otro extravagante y recomendable Lp de una star, el gran Rex Harrison), el disco, más allá de su vertiente weird and strange, en un auténtico divertimento. El hombre cnata aceptablemente y tiene gusto a la hora de elegir el repertorio. Ya desde la portada -un fotograma de la mentada “Pánico en el Transiberiano/Horror express” (Eugenio Martin, 1972), con su rostro en perpetua gestualidad demente, ligeramente colocado – todo nos transporta a un gozoso descontrol necesitado de complicidad. Susceptible de rechazos pero también increíblemente seductor, o se le ama o se le detesta. No escruta, descuartiza clásicos en “I walk the line”, deconstruye sin recato ni complejos standards como “Sunday morning coming down” de Kristofferson . Es capaz, sí, de convertirse en el Scott Walker que uno más disfruta en “Last time i ever saw her face” o de recrear al estilo canalla el “Eve of destruction” de P.F.Sloan/McGuire en “Promises to keep” sin pudor ni vergüenza alguna. Recrea falsa sensualidad, de esa con sabor a nicotina agria y sudor perfumado en “Try to remember” y acaba emulando a un Dean Martin -con menos alcohol y más narcóticos- en “We all end up the same”
 Porque de acuerdo, todos acabamos igual. En el mismo lugar. Solo que unos gastan su vida de manera diferente. Díganselo a él. 




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DE GAINSBOURG A GAINSBARRE. Le reggae. Il faut aller en Jamaïque. (11ª parte)

 


“Marilu reggae” le dejó con la mosca tras la oreja. Decidido a emprender una nueva senda, escoge la del reggae. Animado por Lerichomme, bien situado en Polygram donde trabajaba desde hacía cinco años, contactan con Island records. El sello de Chris Blackwell, distribuido por Polygram, había sacado del gueto a la música jamaicana, popularizándola y consiguiendo estupendos réditos. Les sugieren músicos y proporcionan ideas.

En enero del 79, Gainsbourg y Lerichomme preparan los ensayos de grabación del álbum “Aux armes et caetera” en los estudios Dynamic sounds de Kingston. Serge es el primer artista blanco en trabajar con Sly Dunbar, Robbie Shakespeare y Sticky Thompson, la imponente sección rítmica que había grabado la mayor parte de los discos reggae de Island (Peter Tosh, Black Uhuru, Gregory Isaacs, Third World, U roy, etc).

Se decide por incluir cuatro versiones; “Marilou Reggae dub”, originalmente en “L’homme a tête de chou” y que es a ésta 
como el día a la noche. “La marsellaise”, rebautizada como “Aux armes et caetera” y “La javanaise”, que se convierte, lógicamente, en “Javanaise remake”. Las aliteraciones en “Av” y en “Vé” casan perfectamente con los ritmos reggae. La última versión es “Vieille canaille” de Jacques Hélian.
 
 
 
 
 
Philippe Lerichomme;
 
“…Siempre he sido el primero en escuchar su trabajo. Tras los controles, escuchaba, pensaba, aprendía. Intentaba dar mi opinión lo más argumentadamente posible, aunque siempre la última palabra era la suya, claro. Fuimos a Jamaica con algunas ideas sobre las melodías y unos cuantos títulos, pero sin ningún texto. Siempre recurría a la metáfora de aquel pintor japonés que estuvo diez años pensando un cuadro y que luego ejecutó una obra maestra en pocas horas. Estaba yo muy lejos de imaginar el impacto que “La Marsellaise” iba tener, aunque ahora sé que él si era perfectamente consciente…”

Llegan a Kingston por la tarde. A la mañana siguiente les dicen que el ingeniero de sonido está en Nueva York y no llegará hasta dentro de diez días. Poco después conocen al bajista Robbie Shakespeare, quién cree que Serge es el productor, al ser más viejo que Philippe. Cuando llega el verdadero productor, los músicos pasan del disco y aplican el principio de toma el dinero y corre. Están completamente sobrepasados por sus hábitos de trabajo. En el estudio hay cabras y un capó de coche…incluso un malayo que nadie sabe quién es. Finalmente Serge se sienta al piano y toca algunas armonías que parecen gustarles. De repente, para animar la sesión, les pregunta si conocen algo de música francesa. Descojono general. Aparece la incomodidad. De repente, uno de los músicos exclama: “Je t’aime”, los demás asienten. También la conocen. La tararean. Serge contesta riendo; “¡Soy yo!”. Todo cambia. Han caído bajo la atracción de Serge.
 


Sorprendentemente “Aux armes et caetera” es un éxito. Su primer Lp que llega a disco de oro en Francia, mas de 100.000 copias vendidas. Pero el escándalo y la controversia es algo inherente a Gainsbourg. Michel Droit, gaullista reaccionario, publica un artículo en “Le Figaro” atacándolo; Le acusa de parodiar el himno nacional, de sacar beneficio de algo casi sagrado. Artero e hipócrita, le alaba éxitos pasados como “La javanaise”, para a continuación tacharlo de precocidad senil y erotismo de baratillo. De impúdico y exhibicionista. Llega a trazar paralelismos entre el antisemitismo y los ataques a la patria, hablando de propagadores y provocadores. En fin, un desbarre increíble.

Gainsbourg le contesta a la mañana siguiente en las páginas de “Le Matin dimanche”;

“…Podría ser que Michel Droit, periodista, hombre de letras, de cinco concretamente, miembro de la asociación profesional de cazadores del Africa francófona (años más tarde en uno de los safaris a los que Gainsbourg hace referencia, Droit matará accidentalmente a uno de sus compañeros de expedición), oficial de la orden nacional del mérito, condecorado con la cruz de la guerra 1939-1945 y la cruz de la legión de honor, llamada de los valientes, le gustase que yo volviese a portar la de David, que se me impuso, amarillo sobre negro, en Junio del 42, tras ser relegado al gueto. También podría ser que le gustase que 37 años después volviese allí, llevado por un antiguo combatiente, hasta mi muerte, condenado a permanecer en él y revivir mi años de adolescente en el París ocupado, tan similar al de mis orígenes paternos en los progromos de Nicolas II. Un judío menos.

Pueden el cerumén y las cataratas del neo-gaullismo ser una exponente de ello, personificadas en este extremista llamado Droit. El puede juzgar y yo consentir que juzge mi Marsellesa, heroica tanto por sus pulsaciones rítmicas como por la dinámica de sus armonías, tan revolucionaria como la original en su llamada a las armas. Estoy pues desolado de saber que, por ese don de la ubicuidad que él ha desgraciadamente perdido, pero que yo aun poseo, la grabación en vinilo, la emisión en la radio y el éxito televisivo se podrá propagar. Que esta visión personal del himno nacional, que es también el mío, aun pueda ser difundida en Europa, Africa, en Japón, en América, incluso en la Jamaica donde fue creada.  

Nada más que añadir, salvo unas líneas extractadas de un editorial de Edouard Drumont en su periódico, “La libre parole” el domingo 1º de septiembre de 1899, para exaltar no a Beaumarchais sino la Francia de los franceses, a propósito del capitán Dreyfus; ¡Viva el ejército!, ¡Abajo el progreso!, ¡Mueran los judíos!…”
 


Estamos en 1979. Gainsbourg lo ha vuelto a hacer. Adelantando por la derecha, el cincuentón, cada vez más ajado, no quiere subirse al carro, quiere pilotarlo. Un disco reggae al mismo tiempo en que, por ejemplo, The Clash y los demás jóvenes airados que evolucionan del punk coquetean con el género. Sus juegos de palabras acunando la dulzura del reggae de modo natural en “Des laids d
es laids”, la mujer como divisa en “Lola rastaquuoere”… Y no se quedará en le mimetismo, algo en él de todo punto imposible. Una vez más no se traicionará. Nunca ha sabido. Simplemente se reinventará de nuevo, rompiendo con el pasado. Ya está acostumbrado.”

DE GAINSBOURG A GAINSBARRE. Les années disco. (10ª parte)

 

Tras el fracaso y los palos recibidos por su primera y única obra como cineasta (“Je t’aime”) y la escasa repercusión de “L’homme a tête de chou”, Gainsbourg se siente deprimido y fuera de tiempo y lugar. Artísticamente está a la vez orgulloso (por las alabanzas, entre otros, de Truffaut) y cruelmente decepcionado (por la ínfimas ventas del disco). Sus últimas obras, al igual que el debut de Jane, no han funcionado como esperaba. Incluso, debido a su tren de vida, tiene algunos problemas financieros. Recurren de nuevo a la publicidad, rodando anuncios para Woolite.
En su casa de la rue Verneuil las cosas marchan más o menos. Es tiempo de vida en familia. Para divertir a Kate y Charlotte, sus hijas, Serge inventa juegos e idea bromas. Para entretenerlas se disfraza de fantasma, de payaso. Sus exigencias son también estéticas, sobre todo con Kate; La mayor debe dar ejemplo. Llega a pensar en adoptarla y se toma muy en serio su rol de padre severo. Es estricto en el comportamiento en la mesa, en la manera de vestir… en realidad exige la perfección en todo, como en su casa museo, en la que nada irrita a la vista, a su vista. 

Kate Barry,

“…No hay duda que era mi padre. Me tomó a su cargo cuando solo tenía un año. Creo que los lazos de sangre son poca cosa, los que de verdad importan son los lazos del afecto, del cariño. Sé que me había impregnado de él, incluido mi comportamiento…”

Años más tarde, Serge intentará excusarse por haber sido tan estricto con ella. Después de todo, estaba tan enamorado de Jane que sentía celos. Kate era la prueba de que Jane había estado con otro. Para Kate fueron diez años excepcionales, no vivió nunca esa rutina cotidiana que deshace a las parejas. Siempre estaban a merced de la diversión y las sorpresas, rodeadas en un ambiente creativo. Hoy ambas tienen claro que su infancia fue privilegiada. Jane y Serge, sus padres, se amaban sobre todas las cosas, su amor era difícil pero a la vez inmenso..

Andrew Birkin,

“…Es imposible describir la felicidad, pero la vida con Serge era extraordinaria; Jane y él eran felices, pero no en el sentido burgués del término. Serge se comportaba como un niño. Unas navidades, en la isla de Wright, me dijo: “Invitemos a un mago para la nochebuena”. Telefoneé a ese pobre chico, de quién Serge había leído una reseña en el periódico local, creo que se llamaba Fred el conjurador. Pensaba que venía a una fiesta para niños. Se equivocaba. Solo estabamos Jane, Serge, Linda, mis padres y yo. El tipo desembaló todos sus cachivaches y nos hizo todos sus trucos. Nos tirábamos por el suelo, reíamos, gritábamos… Cuando terminó, además de su caché, Serge le lanzó unas monedas y aplaudió como un poseso…”
 
 
 
 “L’ami Caouette” es su primer éxito involuntario de verano. En la cara B está “Le cadavre exquis”. Será la primera colaboración como arreglista de Jean Pierre Sabar. Su trabajo en “Lolita go home” de Jane ha sido el test. Y lo ha superado. Ya había colaborado como pianista en “La histoire de Melody Nelson” y en el single “Sex shop”
 
 
Jean Pierre Sabar,

“…Cuando Gainsbourg, que ya había acabado con Vannier, me propone trabajar con él, llamé enseguida a Jean Claude para decírselo. Este me animó a hacerlo, y me dijo “No te preocupes por mi. De todos modos un día u otro te dejará como hizo conmigo. Lo hace con todos sus arreglistas”. Y es cierto, pero trabajamos juntos hasta 1980, casi siete años…”
 
 
 
 
 
 
En 1977 se estrena la película “Madame Claude” de Just Jaeckin (para quién Serge había desestimado hacer la BSO de su primer Emmanuelle, algo que lamentaría, pues sería un bombazo mundial, tres años atrás, haciéndola finalmente Francis Lai). Como adelanto se publica el single “Yesterday yes a day”, cantado en inglés por Jane Birkin y escrito a medias con Jean Pierre Sabar. Es una de sus joyas ocultas. Una delicada pieza sustentada entre  acústicas pristinas, apenas esbozadas lineas de sintetizador y unos majestuosos y evocadores arreglos de cuerda que explotan la nostalgia y la soledad, acrecentada por la malicia lasciva, mitad inocente mitad perversa, de la que tanto gusta. Elegante y elegiaca, pretendidamente fácil, existen aclamadas trayectorias sustentadas en bastante menos.

“…Todos los arreglistas de Gainsbourg han sido sus negros en cierta medida. Pero negros consentidos, porque era muy agradable trabajar con él, disfrutábamos mucho, pasábamos días enteros haciendo el bobo al piano. Y también porque con el asunto del dinero era muy legal. Desde el principio lo dejaba claro; “Nunca firmarás la música, solo los arreglos”. Pero era porque no quería compartir la notoriedad. En la sociedad de autores iba todo al cincuenta por ciento. Eso no lo hacían todos…”
 
 
 

Arrepentido por el dinero que perdió renunciando a “Emmanuelle”, acepta componer la banda sonora de “Goodbye Emmanuelle” tercera y última de la saga, al menos de las dirigidas por Jaeckin y protagonizadas por Sylvia Kristel. Ya inoculado el virus reggae, la canción es una delicia, bajo su apariencia banal emergen textos juguetones e ingeniosos equivocos, juegos de palabras de más calado de lo habitual: “Emmanuelle gusta de las caricias bucales y manuales, Emmanuelle ama a los intelectuales y a los obreros”. 

 
 

Se graba también una versión irresistible, más reggae aún y que solo saldrá a la luz con la publicación de la caja “Le cinema Gainsbourg. Musique de films.1959-1990”

 

A mitad de mayo de 1977 se reencuentra en Londres con Alan Hawkshaw y Philippe Lerichomme para grabar lo que sería su nuevo éxito del verano. Es “My lady héroïne”. Aunque se abre con una intro graciosa, la canción no es, siendo benévolos, de lo mejor de su cosecha: Bajo una estructura sencilla, parece hecha deprisa, como por compromiso. A nivel de textos tampoco está muy inspirada pese a algún fogonazo de ingenio.

 

1978 estará dedicado a componer el nuevo disco de Jane, “Ex fan de sixties”. A mitad de año publica un nuevo sencillo. “Sea, sex and sun” es su tercer y postrero éxito veraniego, una maravilla, el último de la triada que constituye su desganado affaire disco, plagado de todos sus trucos y trampas, siempre desde ese prisma suyo, impasible y distante, irónico y desengañado. Digamos que es un episodio más de la venganza por la falta de acogida de su obra magna “L’homme a tête de chou“. La canción llega al número cuatro, no acaba de explotar del todo, pero en septiembre Patrice Leconte la incluye dentro de la banda sonora de su película “Les bronzés”. Ambas, canción y film, pulverizan las taquillas.

 

 

DE GAINSBOURG A GAINSBARRE. Rock around the bunker. (9ª parte)

 
 La grabación de su nuevo álbum le llevará tan solo una semana, a finales de 1974, y de nuevo en los estudios Phonogram de Londres, con Alan Hawkshaw y su equipo. Incluirá algo que no había hecho desde “Initials B.B.”: tres coristas femeninas.

Brian Odgers,

“…Otros nos hacían repetir las tomas hasta veinte o treinta veces. Serge en cambio iba a lo esencial, aceptaba generalmente las primeras. Para “Rock around the bunker” trabajamos exactamente cuatro días de diez de la mañana a diez de la noche. Enseguida incluyó las voces y se hicieron las mezclas. El último día, como habíamos terminado antes de lo previsto, con el propósito de mejorar algunas canciones, en realidad para hacernos ganar algo más de dinero, algo muy atento por su parte, encontró la excusa para prolongarlo un par de días más…”


¿Hasta donde quería llegar?. Ni el mismo llegaría a saberlo. Con la salida de “Rock around the bunker” , en febrero de 1975, vemos que incluso los fans están decepcionados, consternados, completamente sobrepasados por este disco arisco, tormentoso. Gainsbourg y su sempiterna provocación no solo ha querido tocar algo sensible, aturdiendo conciencias, sino que ha querido reabrir una herida no del todo cerrada para que los hipócritas se sientan ofendidos. Ya había precedentes, otros que habían osado jugar con la imaginería nazi con una voluntad evidente de provocación; Liliana Cavani con la dependiente y parasitaria relación de sus personajes en “Portero de noche”, la cruz gamada al brazo en “The Rocky horror Picture show”. Pero Gainsbourg navegará en ese mar con el deleite del adicto y el humor del demente, devastador. Intenta evitar el mórbido recreo, revistiéndolo de un traje accesible, casi la historia de un personaje corriente. El hijo de un emigrante ruso judío, que había portado la estrella de David al brazo durante la guerra, se lo podía permitir.

En el último momento se asusta. “Nazi rock” habría sido un título mucho más apropiado que “Rock around the bunker”

Jacky Jackubowicz,

“…Antes de ser presentador en Televisión fui delegado de prensa en Polygram. Trabajé para ellos desde 1973 hasta 1980. Me ocupaba sobre todo de Gainsbourg y también a veces de Alain Bashung, dos artistas tenidos por difíciles. Los programadores de radio se negaban a emitir sus discos. Para “Vu de l’extérieur” la promoción ya había sido complicada pero para “Rock around the bunker” fue de todo punto imposible…”


La historia, no se puede negar, es atractiva; En su bunker, Adolf/Serge enloquece a causa de la escucha continua del clásico “Smoke gets in your eyes”, la canción americana favorita de su amada Eva Braun“Eva” recrea la pasión de un monstruo con forma humana, Adolf, ansioso por fornicar con su amada, de poseerla sin descanso, al son del clásico de los Platters. Convertido en un crooner atípico revisa el cancionero americano. Mezcla rock clásico -todo lo clásico que Gainsbourg pudiera ser- con recuerdos de una infancia transcurrida en la guerra y una historia ambientada entre el nazismo, la pasión y los restos del naufragio. Será algo que removerá conciencias (“Nazi rock” o la larga noche de los cuchillos largos y la inacción que desembocó en la catástrofe), revolverá estómagos (“Yellow star” o la estrella amarilla convertida en un autoconcedido premio infantil) y revivirá el olvido; “Zig zag avec toi”
otro mas de sus prosódicos ejercicios de estilo, esta vez en “Z”, al igual que “Est-ce est-ce si bon”, ahora una aliteración en “S”. El humor como dique y distancia ante la tragedia. La banalización del mal, tal como escribía Hanna Arendt en “Eichmann en Jerusalén”, como algo que hará todo más inexplicable aún si cabe porque nunca cabrá entendimiento.
 
 
 
 

  No se me ocurre mejor ilustración de esa banalización del mal que “S.S. in Uruguay”
, la canción que cierra el disco, otra muestra más de su ingenio, mordaz y cínico en apariencia, pero que esconde una capacidad de síntesis y clarividencia extraordinaria a la vez que encierra dolor y memoria. Tan sólo el humor nos puede salvar de los peores recuerdos.
 

“S.S. en Uruguay, 
bajo un sombreo de paja, 
me tomo un zumo de papaya 
con pajita. 

S.S. en Uruguay, 
bajo el sol agradable, 
los recuerdos me asaltan, 
ay, ay, ay. 

Y aún hay toca huevos, 
que hablan de extradición, 
pero a mi no me importa 
pagar la cuenta. 

S.S. en Uruguay, 
yo no era más que un hombre de paja, 
pero temo a las represalias 
allá donde vaya.

S.S. en Uruguay,
Ya tengo aquí a los acusadores
Que me obedecían cuando alzaba la mano
Heil! A sus ordenes”
 

Serge Gainsbourg
“…Para mi este disco es un exorcismo; me acuerdo de las coristas inglesas, cuando salían del estudio deseándome buena suerte. Ya habían adivinado que eso no iba a ser posible. Había pulsado el detonador…aunque para mi fuese el del sonido de descorchar el champagne…”

Dando rienda suelta a su talento provocador y controvertido, abona el terreno a quienes le esperan con la escopetas cargada. Algunas declaraciones muestran sin ambages que la mezcla de ficción y realidad va a ser una combinación explosiva para la pacata sociedad burguesa de la época, de cualquier época en realidad. Es su verdad, los vestigios de la infancia de un niño judío en la Francia ocupada, la que parece revivir, prendiendo su ya de por si incendiaria retórica.

“… Prefiero la masacre. Es más vigorizante. Me hubiera gustado ser terrorista. Si lo hubiese hecho habría viajado a América del sur para exterminar a los viejos nazis. También me daría una vuelta por España. Hay un antiguo comisario de asuntos judíos, un aristócrata francés que vive allí, tan tranquilo. Pidió su vuelta tras la muerte de Pompidou, es un viejo pretencioso, una bala en el estomago no le iría mal. Si volviese a Francia compraría un pistola y se la vaciaría entera. En 1940 yo tenía once años y es mi único recuerdo de entonces. No se puede volver a permitir eso. Si los nazis vuelven al poder, les advierto que yo fui tirador de élite con la metralleta en 1948. Solo sería cuestión de volver a practicar…” (Se refiere a Darquier de Pellepoix, comisario de asuntos judíos con el gobierno de Vichy, refugiado en España después de la guerra, que nunca fue perseguido ni condenado y murió placidamente en 1978).

Él, por su parte, seguirá haciendo lo que mejor sabe, canciones. Y echar gasolina al fuego.

“ … Faltan “Mouvement Odessa” y “Le silence du pape”, pero me cansé. Las escribí pero no las quise grabar. Me dije que no valía la pena remover toda esa mierda. El rock, si quieres, tiene una estructura agresiva. Por eso pensaba que casarían bien. No es más que un juego. Visualmente seria impresionante…”

No es un disco fácil en absoluto. Los fantasmas del pasado nunca lo son. Diría que incluso, en algunas ocasiones, puede resultar desagradable, mucho. Punk avant le punk.

DE GAINSBOURG A GAINSBARRE. Vu de l’extérieur. (7ª parte)

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“…En el casino de Deauville me dio quinientos francos en fichas. Dijo que quería verme jugar. Al rato comencé a ganar, apuesta tras apuesta, y las fichas comenzaron a multiplicarse. Le dije, muy contenta, que iba a cobrar mis ganancias y volver al hotel. Me contesto; ¡No!, no puedes dejarlo ahora, cuando se gana hay que continuar. Yo respondí ¿Y si empiezo a perder?, ¿podré dejarlo?. ¡Tampoco! Te irás cuando lo hayas perdido todo. Eso fue lo que pasó…”

A principios de 1972 se publica el single “La decadanse”. Resulta un completo fracaso comercial. Minado -en su orgullo y también financieramente- por los pobres resultados de sus últimos discos, en abril del 72 acepta componer un tema publicitario para la casa de perfumes Caron. El single viene enfundado en una portada de la compañía de productos de belleza y los anuncios suenan profusamente en Europe nº 1 de Radio Montecarlo. Junto al 7” de “La horse” y el ep de “Mr. Freedom” será uno de sus discos más raros y cotizados.

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En el cine las cosas no van mejor. Los periodistas, ávidos de carnaza, difunden, con ánimo de malmeter, que es imposible ver a la Birkin en pantalla sin que Gainsbourg aparezca también con algún papelito o componiendo su banda sonora.
France Gall, mega estrella en el segundo quinquenio de los sesenta, está también de capa caida. Sylvie Vartan con sus shows en el Olympia, Sheila con la baza populista y sobre todo, Julián Clerc, de quién toda Francia está enamorada por el éxito de la versión francesa de “Hair”, son los héroes del momento. De todos modos ella quiere volver y por medio de Bertrand de Labbey, su manager –y en el futuro de Gainsbourg– contacta con Serge para que le componga alguna canción. 
 

“… Llamé a Gainsbourg, quién me atendió con una cortesía exquisita cuando yo pensaba que me mandaría a paseo diciéndome que France Gall no vendía discos desde hacía tiempo. Le escribió dos canciones, “Frankenstein” y “Les petits ballons”. Enseguida entramos en el estudio. Serge dirigía los ensayos, muy atento con todos. Yo estaba encantado de poder trabajar con él. Nos decepcionó mucho que no funcionase a nivel de ventas…”

 
France Gall,


 “… Volví a verle después de bastante tiempo. Las cosas no me iban nada bien. Muy amablemente aceptó escribirme dos canciones con Jean Claude Vannier. Los textos eran perfectos pero no era lo que yo esperaba. No estaba contenta con las grabaciones. Entonces me di cuenta que él ya había dicho todo lo que tenía que decir conmigo. De hecho nunca me había conocido. Lo que de verdad le interesaba era aquello que proyectaba sobre mi…”

 
 

 

 

 

En Otoño de 1972, Serge compone con Vannier la banda sonora de “Sex shop”, la película de Claude Berri . Mientras tanto Jane rueda con la Bardot “Don Juan 73” de Roger Vadim. En una escena en la que yacen ambas desnudas, Brigitte, malévola, sugiere que  “Je t’aime, moi non plus” suene como música de fondo.

 Serge aparece en Televisión, en el programa “Samedi loisirs”, interpretando una de sus más bellas canciones inéditas, “La noyée”, con Jean Claude Vannier al piano. Las últimas semanas de un año casi sabático están consagradas a la creación del primer Lp de Jane. En enero de 1973 sale el primer sencillo: “Di doo dah”. Este disco será su última colaboración con Vannier.

 
 

 

Gainsbourg, 


“… Es un gran músico, pero un día tuvimos una escena un poco dramática, tensa. Estabamos borrachos hasta las cejas y me dijo; “Escucha, la cosa es sencilla, me oscureces”. Le respondí; “De acuerdo, cuando las cosas se rompen, se rompen”. Habría podido ser uno de los más grandes arreglistas y directores de orquesta, pero quería ser algo más y como era un tipo inteligente e hipersensible dijo; “Si hago eso, voy a estar siempre caminando en círculos”. Se puso en el mercado…”

Jane,

“… Serge siempre siguió con interés lo que Jean Claude hizo a partir de entonces. Le quería mucho. Iba a verle a sus espectáculos, creo que incluso actuaron juntos. Vannier lo lleva en la sangre; es como un adolescente siempre enfadado con sus mayores, eso era lo que le ocurrió con Serge. Una relación padre-hijo, los mismos conflictos, las mismas dificultades. Serge jamás tuvo otro cómplice como él. Tenían una forma de trabajar que nunca la volví a ver. Se respetaban profundamente, y verle evolucionar sin él, como compositor y como intérprete, le producía un gran orgullo, como si el fuese su mentor…”

 

La ausencia de Vannier se deja notar en sus siguientes discos. Son distintos, aunque como todo lo que compone y escribe en la primera mitad de los 70 envejecerán bien, cuando no se convertirán en clásicos. Comienza a trabajar con el teclista Alan Hawkshaw y sus colegas londinenses a los que Serge conoció en los ensayos de “Di doo dah”; El guitarrista Alan Parker o el bajista Brian OdgersHawkshaw había sido miembro de The Checkmates y trabajado con Tom Jones, Dusty Springfield, Cliff Richard o Shirley Bassey. Había grabado también sintonías de TV. En 1970, Parker y Alexis Corner fundó el grupo Hungry Wolf.

 

En marzo del 73 comienza a registrar las partes instrumentales de lo que sería “Vu de L’extérieur”. Al igual que ocurría con Melody Nelson, la consulta de los cuadernos de ensayo no deja de intrigarnos. Hay canciones descartadas ( “Tout mou tout doux”, “Les papiers qui collent aux bonbons”) y otras cuyos títulos cambian desde el inicio hasta el final de los ensayos.

 

Le dedica seis semanas a escribir los textos. Desaparece del mundo público, no aparece en los medios, salvo en el primer número de Liberation. Su director, en una carta a los lectores, da las gracias a los que han aportado dinero para empezar a funcionar. Junto a Jean Paul Sartre o Jeanne Moreau aparece Serge.

El primer y único sencillo de “Vu de l’extérieur” lleva la canción homónima y la maravillosa y lacerante “Je suis venu te dire que je m’en vais”. Todo el mundo quiere darle, ver un significado. Murmuran que Serge va a dejar a Jane. No andaban errados del todo, aunque no pensaba en hacerlo sentimentalmente, sino físicamente. En realidad está asustado ante la enfermedad y la muerte. Compone una especie de testamento musical, en el que sospechando su próxima muerte, intenta preparar a Jane para su próxima desaparición. No obstante, incapaz de desnudarse completamente, nos obsequiará con una serie de canciones escatológicas que en el fondo dejan traslucir un pánico embridado entre el humor y la provocación. Hipocondría aparte, su vida excesiva le pasará factura diez meses después; una crisis cardiaca vendrá acompañada por un principio de cirrosis. Le promete a Jane dejar de fumar y beber, Ja!.

Jean d’Hugues,
 
“… Jane no soporta esa canción. Recuerdo que cada vez que entraba Serge escondía entre sus piernas el vaso de güisqui que tenía en las manos y ocultaba el cigarillo entre los dedos, diciéndome: “Si te pregunta, eres tu el que bebe y el que fuma…”

“… Fue él quién ideó la portada, su rostro entre el de los orangutanes, macacos, chimpancés, babuinos, etc. Quería que pareciese como un viejo álbum de familia…”

De cualquier forma “Vu de l’extérieur” es un disco magnífico. Con la canción homónima dice pretender ser duro, aunque sabe que la amará siempre. A su manera claro.“…No osaré ser desagradable ya que soy extremadamente decente. De hecho soy indecentemente decente…”. Feliz de haber superado su enfermedad, su inspiración deviene ligera y humorística en “Panpan cucúl”. Proclama un aforismo como regla de vida: “…Tomar a las mujeres por lo que no son y dejarlas por lo que son…” y crea personajes que parecen salidos de un tebeo; la princesa Inca de “Titicaca”, la stripper negra de “Pamela popa”…

En “Sensuelle et sans suite” vuelve a las onomatopeyas, un poco a la manera de “Comic strip”. Dedica la preciosa “La poupée qui fait” (nana delicada, amorosa, desarmante) a su pequeña Charlotte, recién nacida. Juega, una vez más, con las palabras y su significado en “Par hasard et pas rasé”. Desatendido en su momento, el disco crece y gana con el tiempo, es como un refugio seguro al que siempre volver porque siempre cobija.. 
 
 
“… Cuando todo va mal hay que cantar al amor. Cuando todo va bien a las rupturas. Jane es la mujer que amo. No es como al principio, hay una mutación en mi. Pienso que ella será la última. Si me dejase… Quiero a esa mujer, ahora lo puedo decir. Jamás lo he dicho de nadie…”
“… Soy guapo, soy bueno, tengo dinero, éxito, soy famoso…no, no… (risas) exagero, exagero…”
“… De niño era mono, como todos los niños. Más tarde me salieron estas orejas y esta nariz. Aunque teniendo el pelo largo es menos divertido. Antes era más chic llevar el pelo corto y… las orejas sobresalían mucho más. Los hombre mejoran envejeciendo. Las mujeres empeoran y los hombres mejoran. Es injusto pero es así

 

DE GAINSBOURG A GAINSBARRE. L’histoire de Melody Nelson (6ª parte)

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   En todos los aspectos 1970 es un año de transición. Tras la sobrexposición mediática Serge se hace raro de ver. Su ritmo de trabajo se ralentiza. Como pretende pasar el mayor tiempo posible con Jane, se contenta con intervenir en las mismas películas que ella o acompañarla en los rodajes. Se dedica a la familia, a la pequeña Kate, la hija que Jane tuvo con John Barry, a quien acaba adoptando y ante la que ejerce el papel de padre.
 
En enero de 1970 se reencuentra con Jean Claude Vannier para la grabación de la banda sonora de “La horse”, la película de Pierre Granier-Deferre. Es hora de presentar al mundo a este compositor, arreglista y director de orquesta, con quién ya ha trabajado antes y que será su cómplice, durante 1970 y 1971, en la creación de su obra maestra, “Histoire de Melody Nelson”. También del “Di doo dah” de Jane Birkin. Vannier acostumbra a componer sobre el papel y no al piano, lo que le impresiona. Ya ha trabajado, entre otros, con Haliday, Polnareff o Barbara. Más adelante nos regalará esa obra cumbre que es “L’enfant assassin des mouches”, de la que hablaremos un día de estos.
 
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Jean Claude Vannier,


“… Hay gente que dice enseguida reconocer un arreglo mío. No sé si es un cumplido o una crítica. No me paro a pensarlo. Tal vez sea una obsesión, o tal vez un estilo, no sabría qué decir. Es cierto que detesto los ritmos que no sirven para nada, las armonías inútiles. En mis orquestaciones no permito, como se hace habitualmente, tres guitarras que hagan lo mismo, un piano a modo de red, un bajo que haga de bajo –eso que se llama un ritmo- más dos baterías, más las percusiones. Intento reducirlo todo a la mínima expresión… Aún más; el piano no hay porque tocarlo a dos manos, al igual que en la guitarra no quiero más de dos notas a la vez, la batería simplificada a lo básico porque siempre he odiado los timbales. En los discos que he hecho prescindo de los platillos, del tambor, de la caja… He escuchado canciones muy rítmicas en las que no hay nada de eso. Tengo otras manías, seguro; Adoro lo roñoso, lo falso, lo imperfecto. Me entusiasman las notas equivocadas, los instrumentos desafinados, las cosas que no se oyen a menudo…”

Las sesiones comenzaban a las cinco. La consulta de los cuadernos de ensayo, donde constan los temas registrados, son cuando menos sorprendentes. Descubrimos canciones con textos jamás acabadas, como “Estu Melody”, “Papa Melody”, “Melo”, “Melody et les astronautes” y dos versiones de “Melody lit Babar”, la única canción acabada, incluso la letra, pero finalmente no incluida en el Lp.
Gainsbourg juega fuerte. Busca encontrar su aura de verdadero poeta, de compositor avant-garde y clásico a la vez. Algo puesto en duda, difuminado por sus éxitos comerciales. Tal vez también para ir más lejos que Leo Ferré, el primero en haber dado una señal, en 1970, con el álbum “Amour anarchie” y también, celoso e inseguro, para intentar dejar en evidencia a John Barry, “…Ese compositor de cancioncillas…” como lo define cruel e injustamente, antigua pareja de Jane Birkin.

Vannier de nuevo,

… He de reconocer que me quede flipado cuando me llamaron desde Philips. Me dije: Al fin una aventura realmente interesante. Volé a Londres. Me puse malo en el avión, vomité,  llegué descompuesto. Ya habíamos trabajado en algunos proyectos para el cine, la complicidad ya se había instalado entre nosotros, estábamos muy próximos en algunas cosas. Amábamos las mismas canciones de principio de siglo, tipo Cole Porter. También me inició en otros ámbitos. Al principio me trataba de usted: “Cállese” -me decía- “Podría ser su padre”. Después, más agradablemente, surgió la complicidad y la ternura: “Tu eres Cole y yo Porter”…”

Por otro lado, Jane y Serge se reunen con unos productores yugoslavos que les ofrecen hacer una película subvencionada por el gobierno de Tito. Se titulará “Le traîte”. Serge interpreta a un marinero y Jane a una enfermera, que forman parte de un grupo de maquis acosados por los nazis. Les pagan 50.000 dólares y con ellos Serge compra al contado un Rolls Royce de 1928, con las dos R en rojo en la parrilla. No tiene ni carnet de conducir ni chofer. El coche no saldrá jamás de su garaje, hasta que lo venda diez años después, conservando solo la tapa del parrilla, con la leyenda “Spirit of ecstasy”, el mismo verso que incluyó en “Melody”, la canción que abría “Histoire de Melody Nelson”, el disco con el que retoma la escritura después de cuatro meses en los Balcanes.
 
 
 
Jane Birkin,

“… Jean Claude Vannier está por todo Melody Nelson. Hay un tono, un aire, una seña de identidad  indisimulable en las orquestaciones de los años de Vannier con Sergeean. Jean Claude  era un tipo pudoroso, conmovedor, con gran talento, que sufría la monopolización de los media hacía Serge, algo injusto para con él, pero por otra parte inevitable…”

La portada del disco, que se publica en marzo de 1971, no deja ninguna duda sobre la identidad de Melody Nelson. Bajo un maquillaje que imita al de una muñeca preadolescente-las mejillas con colorete rosado y una peluca- Melody, no cabe duda, es Jane. Fotografiada por Tony Franck, le hacemos entre catorce, quince años, tal como dice la canción, aún cuando sabemos que es ella y que el botón desabrochado y la mascota de peluche en el regazo intenta ocultar su leve tripa, provocada por su embarazo de Charlotte. Pero el “Vals de Melody” es efímero y el drama inevitable.
 
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  Jane de nuevo,

“… En ese álbum hay instrumentos atípicos, extraños, que no se suelen incluir, que le dan un aire misterioso, místico, oriental. Algo perverso y puro a la vez…”

  La prensa acoge “Histoire de Melody Nelson” como una obra mayor, “… El primer verdadero poema sinfónico de la era pop…” y otros superlativos. La portada nos descubre también el nuevo look de Gainsbourg, desaliñado, con barba de dos días y pelo más largo. Philips hace un esfuerzo, y a mitad de marzo, París amanece llena de carteles y adhesivos en el suelo con el nombre Melody Nelson.

   ¿Por qué es “Histoire de Melody Nelson”, en 1971, un disco tan novedoso?. En principio se trata de un disco conceptual, aunque eso no sea especialmente novedoso. Las canciones tienen un hilo en común, vienen a contarnos una historia. No recuerdan a nada conocido. La estructura no es estrofa-estribillo, es algo más complicado. Son poemas extremadamente refinados servidos con una combinación de música pop e instrumentos clásicos que mezclan de maravilla. Ferré había mostrado el camino, pero también Gerard Manset con “La mort d’Orion”. Gainsbourg no ha sido el primero pero si será el más perdurable, casi eterno. “Cargo Culte” será final y también principio, como advertiremos más adelante.

 
  Al poco de publicarse “L’Histoire de Melody Nelson” muere Luzien, su padre, su mentor, su amigo, su cómplice. La brújula no siempre consultada. Serge estará acompañado por la melancolía el resto de su vida, echándolo en falta más de lo que está dispuesto a admitir. Cuando esa melancolía es excesiva se convierte en un personaje irascible, elitista, esnob. Cuando se gusrda, aplacada, dará pie a alguna que otra obra maestra.  A partir de entonces este estado será intermitente con la creatividad. Algo mortificante que siempre estará ahí, culpabilizándole; El pianistilla judío al que despreciaba y adoraba a la vez…

 

DE GAINSBOURG A GAINSBARRE. Je t’aime, moi non plus (5ª parte)

 

 

 

El 29 de enero de 1969, en el programa “Quatre temps”  presentado por un joven Michel Drucker, aparece Jane del brazo de Serge, mientras que él canta “Elisa”. Acto seguido, antes incluso de dejar a Jane interpretar “Jane B”, la entrevista. Es Serge quien hace las preguntas.

 

– ¿Te llamas Elisa? –  Jane.

– ¿Jane qué más?-  Jane Birkin.

–  Y eres actriz de cine ¿no?-  Sí…

–  Has intervenido en…-  …mmm.. en Blow up

–  Con David Hemmings, un chico guapo…¿Y después?-  ¡Contigo!

–  (Serge se parte de risa) Sí, en “Slogan”…¿Y después?-  En “La piscine”, con Alain Delon.

–  Otro chico guapo…-  Oh, sí.

–  Y ahora quieres cantar. ¿Quién te ha dado la idea?-  Tú.

 
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En la cara B de “Elisa”, siempre insidioso, maestro del doble -o triple sentido-, su versión de “Les sucettes”, el clásico que escribió para la Gall.
Michael Drucker;

 

“… Fui testigo de la metamorfosis que se produjo en Serge motivada por el reconocimiento de sus compañeros de profesión y, sobre todo, del público. Eso le embelleció, le relajó. Perdió rápido sus complejos, el éxito finalmente le tranquilizó…”

 

Jean d’Hugues, fotógrafo oficial de la casa Philips, encargado de realizar la foto para la portada del single “Je t’aime moi non plus”, recuerda:

 

“…Todo sucedió muy rápido, una mañana de invierno, delante de los bronces del puente de Alejandro III. Hacia frío y el cielo estaba nublado. El posado duró diez minutos, después JaneSerge me llevaron a su casa de la calle Beaux arts. Allí, Gainsbourg me dice “Jean, voy a ponerte una cosa, va a provocar el escándalo”. Era “je t’aime moi non plus”. En ese momento comprendí para que nos iba a servir la foto que les acababa de hacer…”


La felicidad absoluta…

 

  “Je t’aime moi non plus” se edita, rodeada del escándalo, y es calificada de pornográfica. Una campaña mediática, impulsada por el periódico Osservatore romano, órgano oficial del Vaticano, alimenta más si cabe aún sus ventas, que serán de mas de dos millones de copias. En España, Portugal, Brasil, las voces católicas claman al cielo. En Inglaterra, Fontana, subsello de Philips -del cual la reina Juliana de Holanda tiene parte del accionariado-, tiene que dejar de fabricarlo debido a las presiones, pasándole la licencia a Major Minor, un pequeño sello Norirlandés, que lo fabrica en la ultra católica Belfast. En Francia prácticamente no se radia, salvo en “Pop club” de Josée Artur para France-Inter. Jane, en cambio, es adoptada con los brazos abiertos por la prensa. Aparece en la portada de “Mademoiselle Age tendre”. Más tarde semidesnuda en la de “Lui”. Mientras, Serge responde en Elle a la pregunta sobre cual es su ideal de mujer;

 

“…  No tengo uno en concreto. Soy ecléctico en la materia. He conocido a mujeres muy diferentes. Jane corresponde sobre todo a un ideal pictórico. Cuando yo pintaba, no pintaba más que mujeres un tanto andróginas, menores, con poco pecho. Todos mis cuadros se parecían a Jane. La pinté incluso antes de conocerla…”

 

 
 


Huyendo del agobio que les rodea, se marchan a Nepal, donde flirtean de manera vaga con el orientalismo, sin creérselo ni tomarlo en serio, jugando con la moda, al contrario que muchos otros. Hablan de donar, no motivados por el contagio del mistícismo, si no por la vergüenza, al ver toda la miseria circundante. Serge tiene una mala experiencia fumando una pipa de hachís, que le provoca una taquicardia, teniéndole que ser inyectado un tónico cardíaco.

 

 A la vuelta pueden definitivamente instalarse en la nueva casa de la rue Verneuil. Como dice Jane, la casa se parece a su propietario. Es su Hôtel particulier, su reino imaginario, donde gobierna despóticamente. Opta por el negro. No es que haya abolido el color, lo sublima. Su salón es el ejemplo; El orden estricto contrapuesto al desorden interior.

 

 Es a un periodista suizo a quién le concede el privilegio de ser el primero en publicar el primer reportaje de lo que él llama “El antro de la bestia” ;

 

 
 

  

 

“…Todo negro. Negro de arriba a abajo. Paredes y estanterias. Puertas, ventanas, suelos en damero blanco y negro. El día mismo es negro; Una pantalla marroquí, con una rejilla de madera negra perforada, puesta delante de la ventana, tamiza de negro la luz blanca. Pocos muebles (todos negros). Objetos extraños; Una tarántula enorme, dentro de una carcasa de cristal, un escarabajo articulado, que parece vivo y qué, puesto, en el suelo, semeja salir de no se sabe qué agujero,. Una piel tamaño natural. Brrr. En este demoniaco decorado aparece la Bestia. Toda vestida de negro. Con sus grandes orejas, afiladas. Su nariz maltratada. Sus ojos globulares. La tez pálida. Su boca inmensa. Su sonrisa

 

Es su periodo más feliz. Enamorado, rico, con éxito y comenzando una vida con Jane, parece tocado por la mano de Dios. “69 anée erotique”, “Elisa”, su versión de “L’anamour” (popularizada ese mismo año por Françoise Hardy) es, como no podía ser de otra manera, el reverso malévolo de anverso luminoso de la Hardy. Aún no lo sabe, pero las puertas de la percepción ya están entornadas…

 

 

 
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DE GAINSBOURG A GAINSBARRE. LA RUPTURA. (4ª Parte)

 
Contrariamente a lo que dice la leyenda, alimentada incluso por Gainsbourg, la ruptura con Brigitte Bardot no es provocada porque ésta se vaya a rodar Shalako en Andalucia. En Almeria, donde Gunther Sachs la ha dejado rodando, B.B. tiene largas conversaciones telefónicas con Serge, quién por aquel entonces está trabajando con Michel Colombier. Gainsbourg viaja a España donde pasa con ella tres días de pasión en Málaga. Incluso la madre de B.B. sabe del asunto y cuenta a quién quiera escucharla que desde que su hija está con Gainsbourg, ésta ha encontrado el equilibrio.

Los primeros días de rodaje son atroces. Bardot está en estado de nervios permanente.

Michel Colombier;

“… Tuve la impresión, sin conocerla mucho, que Bardot era una mujer que amaba con todo; Serge era alguién totalmente diferente al resto de los hombres que habían pasado por su vida. Le vi desorientado. Quería ir con ella a España pese a que teníamos mucho trabajo en París. Hubo un momento en el que estaba tan desesperado que me sugirió irnos todos, yo, mi mujer y mis hijos e instalarnos allí para estar cerca de ella. Me costo muchísimo disuadirlo…”

La cartas a Josep Ginzburg, su padre, narran paso a paso el final de ese amor apasionado. Gainsbourg desiste ir a Andalucía, donde el escándalo habría sido gigantesco, todo repleto de periodistas. Algo hace que la graduación de esa pasión comience a descender. ¿Qué puede ser?

En Almería, para entretenerse después de las largas jornadas de trabajo, Bardot convierte su suite del hotel en una especie de club de noche; un tocadiscos suena a todo trapo mientras invita a los actores, conocidos y desconocidos, a pasar las veladas con ella y sus amazonas (que es como llamaba a sus amigas y secretarias, ese séquito que jamás la abandona). Un día Bardot llega tarde al rodaje y Edward Dmytryk, el director, la mata con la mirada. Esta prevista la grabación de una escena con Stephen Boyd (sí, el actor de “Ben-Hur” y “La caída del imperio romano”). Éste, sentado a la derecha de Bardot, no deja pasar la ocasión de intentar seducirla
 

 
Brigitte Bardot,

“… Me abrazó muy tiernamente y me susurró palabras tranquilizadoras. Me dio esos gestos reconfortantes que yo necesitaba tanto. No se lo impedí, encontraba su presencia protectora. Le cogí la mano y me quede a su lado. Nos hicieron fotos, naturalmente. ¡Y éstas salieron en todos los periódicos del mundo!.  Fui infiel en la ficción a Gunther y a Serge…”

Gunther Sachs la amenaza de nuevo con el divorcio y Gainsbourg le manda una carta por medio de un amigo periodista de France soir, quién le sirve de correo de amor, larga y triste, en la que le explica que acaba de componer “Initials B.B.”, un himno nostálgico, que ensalza como nunca su imagen de diosa venerada.

Una coincidencia curiosa. Al mismo tiempo que “Shalako”, en Almería se está rodando “The Magus”, con Michael Caine. Andrew Birkin, hermano de Jane, es el ayudante del director. Para consolar a su hermana, que acaba de romper con John Barry, Andrew la invita a pasar unos días en el rodaje. Ésta llega con Kate, su bebe de nueve meses. Bardot se la cruzará sin saber que Jane se convertirá celebre en el mundo entero cantando “Je t’aime moi non plus”, la canción que ella no permitió publicar.

Gainsbourg da el romance por terminado; 

“…Es como una cuerda de guitarra cuando se rompe. Es peligroso. Me dejó marca. Fue muy rápido, fugaz. No se podía volver atrás, estaba roto. Fue un hilo de acero que nos unía el que se rompió. Rotura limpia. Esa mujer me marcó con un hierro candente. No tengo más que añadir…”
 
 
 

DE GAINSBOURG A GAINSBARRE. LA OBSESION B.B. (2ª parte)

 
“… Jamás he creído en el amor eterno. Solo intermitentemente. Han habido algunos momentos en los que sí, pero como he dicho, únicamente el amor físico es interminable. Porque va y viene…”

“…Conocí a B.B. en 1959 durante el rodaje de la película de Boisrond “Voulez-vous danser avec moi”. Era parte del star system y era muy, muy distante. También educada. Yo tenía una escena, fugaz, donde nos cruzabamos. Tenía un aura… aunque no actuaba muy bien. Solo ha hecho dos grandes films en su carrera; “Le mepris” de Godard y una película de Vadim, bastante dura. Actuaba como Marilyn. Y Marilyn nunca fue, como ya dijo Kazan, una gran actriz. Pero Bardot era Bardot. Podía salir indemne de sus películas. Algo raro, casi único…”

“… Tenía una fijación con B.B. Cenamos juntos una noche y me burlé de ella. Me llamó a la mañana siguiente y me preguntó porque hacia eso. Le dije que porque estaba aterrorizado por su belleza. Me contestó “Escribeme la más bella canción de amor que puedas imaginar”. Esa noche compuse “Je t’aime, moi non plus ” y “Bonnie & Clyde”
 
 
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“… ¿Qué hacías en mayo del 68?… Tenía una suite en el Hilton, desde allí se podían oir los disparos. Me dije que lo tenían jodido; No estaban armados. No se puede hacer la revolución si sólo está armado un bando. Estaba en el Hilton porque mi casa de la calle Verneuil, que acababa de comprar, estaba de reformas. Alguien me había dicho una vez que el éxito es conseguir los sueños de la infancia y yo adoraba ese barrio, siempre había soñado en vivir allí. Además estaba cerca de Bellas artes. Brigitte vino a verla y me dijo que la comprara. Mientras tanto yo esperaba en el Hilton a que todo pasase..”
 
 En un escenario lleno de globos hinchables y decorados con letras psicodélicas diseñados por Topin vemos a B.B. desgarrar una tela y avanzar insolente, ceñida de la cabeza a los pies dentro de un maillot blanco, una pequeña capa de heroína de comic y, detalle picante, una peluca morena, como un negativo de Barbarella. Es “Comic strip”; como los productores han vendido la emisión también a los americanos, graban dos versiones, y voila, Bardot canta zip-shebam-blop-et-wizz en francés y en inglés.
 
 
Tres semanas antes de la difusión del “Show Bardot” en televisión registran la primera y mítica versión de “Je t’aime … moi non plus”.
Bardot confiesa; 

“… Fue un amor fou, un amor como en sueños, un amor que quedará en nuestros recuerdos y en la memoria.”
 
“… Todavía hoy, cuando se habla de Gainsbourg, se le asocia siempre a Bardot, pese a todas las mujeres que jalonaron su vida y todos los hombres que compartieron la mía. Desde ese día, desde esa noche, desde ese instante, ningún otro hombre cuenta más para mi. El era mi amor, el me abrió los ojos, me hizo hermosa, fui su musa…”
 
” Grabamos “Je t’aime … moi non plus” bien entrada la tarde, casi de noche, en los estudios Barclay. Cada uno tenía su micro. A un metro escaso el uno del otro, nos cogíamos de la mano. Yo estaba un poco avergonzada de imitar lo que hacia Serge, suspirando y gimiendo delante de los técnicos del estudio. Hizo que se marcharan. Pero después de todo, yo no hacia más que interpretar un papel, como en las películas que rodaba. Y después Serge me daba confianza con un apretón en la mano, un guiño, una sonrisa, un beso…”

“… Fue agradable, fue hermoso, fue puro. Éramos nosotros…”


  Presionada por su marido, el millonario Gunther Sachs, escandalizado y muy ofendido tras escuchar la grabación, y después de una discusión terrible, éste le da a elegir entre Gainsbourg o él. B.B. se asusta, prefiere la seguridad y envía un telegrama a Philips pidiendo cancelar la salida del disco. Serge Gainsbourg, consciente que el drama comienza a tomar proporciones imprevisibles, acepta suprimir en el último momento la canción en un álbum que salia pocas semanas más tarde.

 Serge Gainsbourg jamás volvería a hablar de ello.
 
 
   

DE GAINSBOURG A GAINSBARRE. (1ª parte)

 
 
Me resulta difícil hablar de una obra tan extensa y poliédrica, de un personaje que era uno y muchos a la vez. Pienso en él como el tipo paradójico, talentoso, provocador, sensible, acomplejado y genial, entre otras mil cosas más que resultó ser. Un tipo capaz de jugar en cualquier liga. De jugar y ademas ganar. Un tipo capaz de crear y sobresalir en los clubs de jazz con “Nº 2” o poco después con esa obra maestra que es “Gainsbourg percussions”, de reflejar la atmósfera expresionista de la novela negra americana en“Nº4”, de comenzar desde sus inicios a epater le burgoise con una visión nueva de la chanson en “L’etonnant Serge Gainsbourg”, de llevar el pop a su terreno, melódico y malicioso, rodeándose de lo mejor del swinging london (Arthur Greenslade, David Whitaker) en“Initials B.B.”, recreando, confiriendo un aura más mítica si cabe a su obsesión B.B. De conseguir la pócima secreta resultante de mezclar a Chopin, sexo escabroso, ironía y pop en “Jane et Serge”, de invocar a los fantasmas psicodélicos en “Histoire de Melody Nelson”, de burlarse de si mismo en “Vu de l’exterieur”, de practicar Glam fallido en “Rock around the bunker”, de crear una obra maestra menor, visionaria de eso que años después se vino a llamar Trip-hop, en “L’homme à la tête de chou” , de componer multitud de bandas sonoras maravillosas o temas para películas certeros; “La horse”, “Cannabis”, “Anna”, “le Pacha”, “Mister Freedom” y decenas mas.
 
Compositor, escritor, arreglista supremo, supo de sus carencias hacer virtud, rodeándose de lo mejor, buscando siempre ir un poco más allá (Jean Claude Vannier, Michel Colombier, Alan Herkshaw, David Whitaker, Alain Goraguer …) dejando a un lado lo conveniente. De escribir para cientos de artistas, generoso y prolífico. Y precisamente por ello y pese a batacazos inevitables, todo lo que nos ofreció fue lo que se le pide -lo que yo le pido- a un artista; talento, sentido del humor, no esconderse jamás.

Todos los textos entrecomillados, salvo indicación, son suyos. 
 
“…No conozco la nostalgia. Tengo la facultad de olvidar. Creo que es un don. Hay episodios que he intentado borrar de mi vida. Incidentes, sobre todo en el plano sentimental. Mi primer recuerdo es musical. Es mi padre al piano. Tal vez sea incluso desde que estaba en el vientre de mi madre. El tocaba a Scarlatti, Chopin, Gerswhin, Bach, Cole Porter, Irving Berlin. Fue mi iniciación. Más tarde me enseño a tocar el piano, piano clásico. Mi padre lo tocaba por placer, estaba obligado a interpretar “Rhapsody in blue”, etc. Yo lo intentaba pero jamás pude. No tenía la técnica…”
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“…Tenía una voz afectada por los estragos. Estragos causados por los abusos y por la vida. Después de aquella joven rusa tuve uno de esos episodios de poligamia frenética. En tanto que pianista de bar, con el encanto que eso tenía… Actuaba en clubs muy chics, en el Touquet por ejemplo. Era muy orgulloso. Un día, en el Touquet, un tipo me dio una moneda de un franco. Con toda mi arrogancia me levanté y le dije; “Caballero, yo no soy una juke box…”
“…De todos modos yo quería ser pintor. Mi problema es que soy un provocador. Los profesores me auguraban una carrera fulgurante como pintor, pero yo no acababa de verlo. Un día me levanté y destruí todos mis cuadros, así que ya no tenía nada…”

“…Me dije; si a los 30 años no llego a nada como pintor, lo dejo. Y a los treinta años lo dejé”
 
 

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“…Un día llegó Yves Montand a verme actuar. Yo estaba muy impresionado porque una gran estrella me prestase atención. Le habían dicho que fuese a ver a un muchachito que tenía un estilo muy particular, nuevo, ultramoderno. Ese era yo. Se sentó y escuchó. Luego me llamó. Estaba con Simone Signoret, a quién le ordenó: “haz venir a ese chaval”. Fui, me senté con ellos y me preguntó “¿Que quieres hacer?, ¿Escribir, componer, cantar?. Yo, como un cretino, le respondí; “Quiero hacerlo todo”. Me dio su número de teléfono y dijo “Llámame, veremos que podemos hacer”. No hicimos nada. Y en cierto sentido fue una suerte. Podría haberme quedado a la sombra de Montand…”
 
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“…Lo que me gustaba de ella, que por aquella época ya había perdido, era su arrogancia. Y su físico también había cambiado. Tenía un físico muy agresivo, imponente. Pero el día en que comenzó a lanzar besos al público la cosa se jodió. En fin, es mi opinión. Porque antes ella te noqueaba con textos supremos, de grandes escritores. Le di “La Javanaise”, aunque “La Javanaise” que perdura es la mía. La había escrito expresamente para ella, me había pedido que le escribiera canciones…”