This is TELLY SAVALAS. (DJM Records, 1972)


    
Una de confesiones. Otra más. Lo voy a reconocer de salida y así nos ahorraremos malentendidos. Los discos de actores cantantes es uno de mis placeres culpables. Un lugar para solaz de pocos, abrupto y escarpado, pero fascinante cuando se corona la cima y se acceden a sus secretos. Vaaale, de acuerdo. Admitiré que alguien considere a esos especímenes como presuntos actores que intentan cantar. Asentiré igualmente ante comentarios más malévolos si cabe; Los pobres creen, están convencidos de haberlo conseguido. Cegados por el éxito, incapaces de controlar sus pasos y generalmente superados por los focos de las desmedidas alabanzas, es ese un territorio de egotrips inmensurables, increíblemente fértil en aventuras para muchos hilarantes y para unos pocos apasionantes. El mundo -el micrófono más bien- en sus manos. Peligro y placer.

  Si no han huido todavía entiendo que están por la labor. Que son uno de los perturbados miembros de esta secta. Mejor, de esto solo debe hablarse en la intimidad. Entre los cientos de ejemplos que existen (y algunos -lo siento- van ineludiblemente a pasar por aquí) es la carrera de Telly Savalas acaso una de las más extravagantes. Y hay unas cuantas, se lo prometo. No me refiero -que también- a episodios como el que me dispongo a compartir, sino de otros perpetrados por nuestro hombre con tan voluntarioso entusiasmo como certero desatino.

  Aristóteles Savalas, neoyorkino de padres griegos, comenzó en la radio, intentando meter cabeza en un mundo que le fascinaba pero que también se le mostraba esquivo. Su carrera derivó a la televisión con pequeños papeles, generalmente de villano, en series de éxito como El Virginiano, The man from Uncle, Bonanza, El Fugitivo, etc.

  Tras estas aventuras traba amistad con el gran Burt Lancaster y con aquello que se vino en llamar la generación de la televisión en los USA de los primeros sesenta; Don Siegel, Robert Mulligan, John Frankenheimmer, Sidney Lumet, Robert Aldrich, etcétera. Un pequeño papelito en “Alcatraz” en el rol de Gómez es el pistoletazo de salida hasta que el papel del psicópata Archer Maggott en esa maravilla que es “Doce del patíbulo” le convierte en famoso. Encasillado para siempre -y al parecer tan feliz, “denme dólares que yo los gastaré”– su filmografía oscila entre protagonistas en atractivas co-producciones cochambrosas (“Sol Madrid”, “Horror express”,”Citta violenta”) y papeles de villano como en  “El oro de Mckenna” o “Al servicio secreto de su majestad”, la única película de la serie Bond con George Lazenby encarnando a 007. De su resurrección televisiva a mitad de los 70 y de los chupa-chups no creo necesaria mención.


Es este “This is Telly Savalas” uno de los más desvergonzados ejercicios musicales que ahora mismo pueda recordar. Producido por su colega de farra, el escocés John Cacavas (autor de la partitura para la serie televisiva Kojak) y grabado, entre rodaje y rodaje, a caballo de Roma, Londres, Nueva York y Madrid, en el infrasello de series baratas DJM (hogar de otro extravagante y recomendable Lp de una star, el gran Rex Harrison), el disco, más allá de su vertiente weird and strange, en un auténtico divertimento. El hombre cnata aceptablemente y tiene gusto a la hora de elegir el repertorio. Ya desde la portada -un fotograma de la mentada “Pánico en el Transiberiano/Horror express” (Eugenio Martin, 1972), con su rostro en perpetua gestualidad demente, ligeramente colocado – todo nos transporta a un gozoso descontrol necesitado de complicidad. Susceptible de rechazos pero también increíblemente seductor, o se le ama o se le detesta. No escruta, descuartiza clásicos en “I walk the line”, deconstruye sin recato ni complejos standards como “Sunday morning coming down” de Kristofferson . Es capaz, sí, de convertirse en el Scott Walker que uno más disfruta en “Last time i ever saw her face” o de recrear al estilo canalla el “Eve of destruction” de P.F.Sloan/McGuire en “Promises to keep” sin pudor ni vergüenza alguna. Recrea falsa sensualidad, de esa con sabor a nicotina agria y sudor perfumado en “Try to remember” y acaba emulando a un Dean Martin -con menos alcohol y más narcóticos- en “We all end up the same”
 Porque de acuerdo, todos acabamos igual. En el mismo lugar. Solo que unos gastan su vida de manera diferente. Díganselo a él. 




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DE GAINSBOURG A GAINSBARRE. Le reggae. Il faut aller en Jamaïque. (11ª parte)

 


“Marilu reggae” le dejó con la mosca tras la oreja. Decidido a emprender una nueva senda, escoge la del reggae. Animado por Lerichomme, bien situado en Polygram donde trabajaba desde hacía cinco años, contactan con Island records. El sello de Chris Blackwell, distribuido por Polygram, había sacado del gueto a la música jamaicana, popularizándola y consiguiendo estupendos réditos. Les sugieren músicos y proporcionan ideas.

En enero del 79, Gainsbourg y Lerichomme preparan los ensayos de grabación del álbum “Aux armes et caetera” en los estudios Dynamic sounds de Kingston. Serge es el primer artista blanco en trabajar con Sly Dunbar, Robbie Shakespeare y Sticky Thompson, la imponente sección rítmica que había grabado la mayor parte de los discos reggae de Island (Peter Tosh, Black Uhuru, Gregory Isaacs, Third World, U roy, etc).

Se decide por incluir cuatro versiones; “Marilou Reggae dub”, originalmente en “L’homme a tête de chou” y que es a ésta 
como el día a la noche. “La marsellaise”, rebautizada como “Aux armes et caetera” y “La javanaise”, que se convierte, lógicamente, en “Javanaise remake”. Las aliteraciones en “Av” y en “Vé” casan perfectamente con los ritmos reggae. La última versión es “Vieille canaille” de Jacques Hélian.
 
 
 
 
 
Philippe Lerichomme;
 
“…Siempre he sido el primero en escuchar su trabajo. Tras los controles, escuchaba, pensaba, aprendía. Intentaba dar mi opinión lo más argumentadamente posible, aunque siempre la última palabra era la suya, claro. Fuimos a Jamaica con algunas ideas sobre las melodías y unos cuantos títulos, pero sin ningún texto. Siempre recurría a la metáfora de aquel pintor japonés que estuvo diez años pensando un cuadro y que luego ejecutó una obra maestra en pocas horas. Estaba yo muy lejos de imaginar el impacto que “La Marsellaise” iba tener, aunque ahora sé que él si era perfectamente consciente…”

Llegan a Kingston por la tarde. A la mañana siguiente les dicen que el ingeniero de sonido está en Nueva York y no llegará hasta dentro de diez días. Poco después conocen al bajista Robbie Shakespeare, quién cree que Serge es el productor, al ser más viejo que Philippe. Cuando llega el verdadero productor, los músicos pasan del disco y aplican el principio de toma el dinero y corre. Están completamente sobrepasados por sus hábitos de trabajo. En el estudio hay cabras y un capó de coche…incluso un malayo que nadie sabe quién es. Finalmente Serge se sienta al piano y toca algunas armonías que parecen gustarles. De repente, para animar la sesión, les pregunta si conocen algo de música francesa. Descojono general. Aparece la incomodidad. De repente, uno de los músicos exclama: “Je t’aime”, los demás asienten. También la conocen. La tararean. Serge contesta riendo; “¡Soy yo!”. Todo cambia. Han caído bajo la atracción de Serge.
 


Sorprendentemente “Aux armes et caetera” es un éxito. Su primer Lp que llega a disco de oro en Francia, mas de 100.000 copias vendidas. Pero el escándalo y la controversia es algo inherente a Gainsbourg. Michel Droit, gaullista reaccionario, publica un artículo en “Le Figaro” atacándolo; Le acusa de parodiar el himno nacional, de sacar beneficio de algo casi sagrado. Artero e hipócrita, le alaba éxitos pasados como “La javanaise”, para a continuación tacharlo de precocidad senil y erotismo de baratillo. De impúdico y exhibicionista. Llega a trazar paralelismos entre el antisemitismo y los ataques a la patria, hablando de propagadores y provocadores. En fin, un desbarre increíble.

Gainsbourg le contesta a la mañana siguiente en las páginas de “Le Matin dimanche”;

“…Podría ser que Michel Droit, periodista, hombre de letras, de cinco concretamente, miembro de la asociación profesional de cazadores del Africa francófona (años más tarde en uno de los safaris a los que Gainsbourg hace referencia, Droit matará accidentalmente a uno de sus compañeros de expedición), oficial de la orden nacional del mérito, condecorado con la cruz de la guerra 1939-1945 y la cruz de la legión de honor, llamada de los valientes, le gustase que yo volviese a portar la de David, que se me impuso, amarillo sobre negro, en Junio del 42, tras ser relegado al gueto. También podría ser que le gustase que 37 años después volviese allí, llevado por un antiguo combatiente, hasta mi muerte, condenado a permanecer en él y revivir mi años de adolescente en el París ocupado, tan similar al de mis orígenes paternos en los progromos de Nicolas II. Un judío menos.

Pueden el cerumén y las cataratas del neo-gaullismo ser una exponente de ello, personificadas en este extremista llamado Droit. El puede juzgar y yo consentir que juzge mi Marsellesa, heroica tanto por sus pulsaciones rítmicas como por la dinámica de sus armonías, tan revolucionaria como la original en su llamada a las armas. Estoy pues desolado de saber que, por ese don de la ubicuidad que él ha desgraciadamente perdido, pero que yo aun poseo, la grabación en vinilo, la emisión en la radio y el éxito televisivo se podrá propagar. Que esta visión personal del himno nacional, que es también el mío, aun pueda ser difundida en Europa, Africa, en Japón, en América, incluso en la Jamaica donde fue creada.  

Nada más que añadir, salvo unas líneas extractadas de un editorial de Edouard Drumont en su periódico, “La libre parole” el domingo 1º de septiembre de 1899, para exaltar no a Beaumarchais sino la Francia de los franceses, a propósito del capitán Dreyfus; ¡Viva el ejército!, ¡Abajo el progreso!, ¡Mueran los judíos!…”
 


Estamos en 1979. Gainsbourg lo ha vuelto a hacer. Adelantando por la derecha, el cincuentón, cada vez más ajado, no quiere subirse al carro, quiere pilotarlo. Un disco reggae al mismo tiempo en que, por ejemplo, The Clash y los demás jóvenes airados que evolucionan del punk coquetean con el género. Sus juegos de palabras acunando la dulzura del reggae de modo natural en “Des laids d
es laids”, la mujer como divisa en “Lola rastaquuoere”… Y no se quedará en le mimetismo, algo en él de todo punto imposible. Una vez más no se traicionará. Nunca ha sabido. Simplemente se reinventará de nuevo, rompiendo con el pasado. Ya está acostumbrado.”

DE GAINSBOURG A GAINSBARRE. Les années disco. (10ª parte)

 

Tras el fracaso y los palos recibidos por su primera y única obra como cineasta (“Je t’aime”) y la escasa repercusión de “L’homme a tête de chou”, Gainsbourg se siente deprimido y fuera de tiempo y lugar. Artísticamente está a la vez orgulloso (por las alabanzas, entre otros, de Truffaut) y cruelmente decepcionado (por la ínfimas ventas del disco). Sus últimas obras, al igual que el debut de Jane, no han funcionado como esperaba. Incluso, debido a su tren de vida, tiene algunos problemas financieros. Recurren de nuevo a la publicidad, rodando anuncios para Woolite.
En su casa de la rue Verneuil las cosas marchan más o menos. Es tiempo de vida en familia. Para divertir a Kate y Charlotte, sus hijas, Serge inventa juegos e idea bromas. Para entretenerlas se disfraza de fantasma, de payaso. Sus exigencias son también estéticas, sobre todo con Kate; La mayor debe dar ejemplo. Llega a pensar en adoptarla y se toma muy en serio su rol de padre severo. Es estricto en el comportamiento en la mesa, en la manera de vestir… en realidad exige la perfección en todo, como en su casa museo, en la que nada irrita a la vista, a su vista. 

Kate Barry,

“…No hay duda que era mi padre. Me tomó a su cargo cuando solo tenía un año. Creo que los lazos de sangre son poca cosa, los que de verdad importan son los lazos del afecto, del cariño. Sé que me había impregnado de él, incluido mi comportamiento…”

Años más tarde, Serge intentará excusarse por haber sido tan estricto con ella. Después de todo, estaba tan enamorado de Jane que sentía celos. Kate era la prueba de que Jane había estado con otro. Para Kate fueron diez años excepcionales, no vivió nunca esa rutina cotidiana que deshace a las parejas. Siempre estaban a merced de la diversión y las sorpresas, rodeadas en un ambiente creativo. Hoy ambas tienen claro que su infancia fue privilegiada. Jane y Serge, sus padres, se amaban sobre todas las cosas, su amor era difícil pero a la vez inmenso..

Andrew Birkin,

“…Es imposible describir la felicidad, pero la vida con Serge era extraordinaria; Jane y él eran felices, pero no en el sentido burgués del término. Serge se comportaba como un niño. Unas navidades, en la isla de Wright, me dijo: “Invitemos a un mago para la nochebuena”. Telefoneé a ese pobre chico, de quién Serge había leído una reseña en el periódico local, creo que se llamaba Fred el conjurador. Pensaba que venía a una fiesta para niños. Se equivocaba. Solo estabamos Jane, Serge, Linda, mis padres y yo. El tipo desembaló todos sus cachivaches y nos hizo todos sus trucos. Nos tirábamos por el suelo, reíamos, gritábamos… Cuando terminó, además de su caché, Serge le lanzó unas monedas y aplaudió como un poseso…”
 
 
 
 “L’ami Caouette” es su primer éxito involuntario de verano. En la cara B está “Le cadavre exquis”. Será la primera colaboración como arreglista de Jean Pierre Sabar. Su trabajo en “Lolita go home” de Jane ha sido el test. Y lo ha superado. Ya había colaborado como pianista en “La histoire de Melody Nelson” y en el single “Sex shop”
 
 
Jean Pierre Sabar,

“…Cuando Gainsbourg, que ya había acabado con Vannier, me propone trabajar con él, llamé enseguida a Jean Claude para decírselo. Este me animó a hacerlo, y me dijo “No te preocupes por mi. De todos modos un día u otro te dejará como hizo conmigo. Lo hace con todos sus arreglistas”. Y es cierto, pero trabajamos juntos hasta 1980, casi siete años…”
 
 
 
 
 
 
En 1977 se estrena la película “Madame Claude” de Just Jaeckin (para quién Serge había desestimado hacer la BSO de su primer Emmanuelle, algo que lamentaría, pues sería un bombazo mundial, tres años atrás, haciéndola finalmente Francis Lai). Como adelanto se publica el single “Yesterday yes a day”, cantado en inglés por Jane Birkin y escrito a medias con Jean Pierre Sabar. Es una de sus joyas ocultas. Una delicada pieza sustentada entre  acústicas pristinas, apenas esbozadas lineas de sintetizador y unos majestuosos y evocadores arreglos de cuerda que explotan la nostalgia y la soledad, acrecentada por la malicia lasciva, mitad inocente mitad perversa, de la que tanto gusta. Elegante y elegiaca, pretendidamente fácil, existen aclamadas trayectorias sustentadas en bastante menos.

“…Todos los arreglistas de Gainsbourg han sido sus negros en cierta medida. Pero negros consentidos, porque era muy agradable trabajar con él, disfrutábamos mucho, pasábamos días enteros haciendo el bobo al piano. Y también porque con el asunto del dinero era muy legal. Desde el principio lo dejaba claro; “Nunca firmarás la música, solo los arreglos”. Pero era porque no quería compartir la notoriedad. En la sociedad de autores iba todo al cincuenta por ciento. Eso no lo hacían todos…”
 
 
 

Arrepentido por el dinero que perdió renunciando a “Emmanuelle”, acepta componer la banda sonora de “Goodbye Emmanuelle” tercera y última de la saga, al menos de las dirigidas por Jaeckin y protagonizadas por Sylvia Kristel. Ya inoculado el virus reggae, la canción es una delicia, bajo su apariencia banal emergen textos juguetones e ingeniosos equivocos, juegos de palabras de más calado de lo habitual: “Emmanuelle gusta de las caricias bucales y manuales, Emmanuelle ama a los intelectuales y a los obreros”. 

 
 

Se graba también una versión irresistible, más reggae aún y que solo saldrá a la luz con la publicación de la caja “Le cinema Gainsbourg. Musique de films.1959-1990”

 

A mitad de mayo de 1977 se reencuentra en Londres con Alan Hawkshaw y Philippe Lerichomme para grabar lo que sería su nuevo éxito del verano. Es “My lady héroïne”. Aunque se abre con una intro graciosa, la canción no es, siendo benévolos, de lo mejor de su cosecha: Bajo una estructura sencilla, parece hecha deprisa, como por compromiso. A nivel de textos tampoco está muy inspirada pese a algún fogonazo de ingenio.

 

1978 estará dedicado a componer el nuevo disco de Jane, “Ex fan de sixties”. A mitad de año publica un nuevo sencillo. “Sea, sex and sun” es su tercer y postrero éxito veraniego, una maravilla, el último de la triada que constituye su desganado affaire disco, plagado de todos sus trucos y trampas, siempre desde ese prisma suyo, impasible y distante, irónico y desengañado. Digamos que es un episodio más de la venganza por la falta de acogida de su obra magna “L’homme a tête de chou“. La canción llega al número cuatro, no acaba de explotar del todo, pero en septiembre Patrice Leconte la incluye dentro de la banda sonora de su película “Les bronzés”. Ambas, canción y film, pulverizan las taquillas.

 

 

DE GAINSBOURG A GAINSBARRE. Rock around the bunker. (9ª parte)

 
 La grabación de su nuevo álbum le llevará tan solo una semana, a finales de 1974, y de nuevo en los estudios Phonogram de Londres, con Alan Hawkshaw y su equipo. Incluirá algo que no había hecho desde “Initials B.B.”: tres coristas femeninas.

Brian Odgers,

“…Otros nos hacían repetir las tomas hasta veinte o treinta veces. Serge en cambio iba a lo esencial, aceptaba generalmente las primeras. Para “Rock around the bunker” trabajamos exactamente cuatro días de diez de la mañana a diez de la noche. Enseguida incluyó las voces y se hicieron las mezclas. El último día, como habíamos terminado antes de lo previsto, con el propósito de mejorar algunas canciones, en realidad para hacernos ganar algo más de dinero, algo muy atento por su parte, encontró la excusa para prolongarlo un par de días más…”


¿Hasta donde quería llegar?. Ni el mismo llegaría a saberlo. Con la salida de “Rock around the bunker” , en febrero de 1975, vemos que incluso los fans están decepcionados, consternados, completamente sobrepasados por este disco arisco, tormentoso. Gainsbourg y su sempiterna provocación no solo ha querido tocar algo sensible, aturdiendo conciencias, sino que ha querido reabrir una herida no del todo cerrada para que los hipócritas se sientan ofendidos. Ya había precedentes, otros que habían osado jugar con la imaginería nazi con una voluntad evidente de provocación; Liliana Cavani con la dependiente y parasitaria relación de sus personajes en “Portero de noche”, la cruz gamada al brazo en “The Rocky horror Picture show”. Pero Gainsbourg navegará en ese mar con el deleite del adicto y el humor del demente, devastador. Intenta evitar el mórbido recreo, revistiéndolo de un traje accesible, casi la historia de un personaje corriente. El hijo de un emigrante ruso judío, que había portado la estrella de David al brazo durante la guerra, se lo podía permitir.

En el último momento se asusta. “Nazi rock” habría sido un título mucho más apropiado que “Rock around the bunker”

Jacky Jackubowicz,

“…Antes de ser presentador en Televisión fui delegado de prensa en Polygram. Trabajé para ellos desde 1973 hasta 1980. Me ocupaba sobre todo de Gainsbourg y también a veces de Alain Bashung, dos artistas tenidos por difíciles. Los programadores de radio se negaban a emitir sus discos. Para “Vu de l’extérieur” la promoción ya había sido complicada pero para “Rock around the bunker” fue de todo punto imposible…”


La historia, no se puede negar, es atractiva; En su bunker, Adolf/Serge enloquece a causa de la escucha continua del clásico “Smoke gets in your eyes”, la canción americana favorita de su amada Eva Braun“Eva” recrea la pasión de un monstruo con forma humana, Adolf, ansioso por fornicar con su amada, de poseerla sin descanso, al son del clásico de los Platters. Convertido en un crooner atípico revisa el cancionero americano. Mezcla rock clásico -todo lo clásico que Gainsbourg pudiera ser- con recuerdos de una infancia transcurrida en la guerra y una historia ambientada entre el nazismo, la pasión y los restos del naufragio. Será algo que removerá conciencias (“Nazi rock” o la larga noche de los cuchillos largos y la inacción que desembocó en la catástrofe), revolverá estómagos (“Yellow star” o la estrella amarilla convertida en un autoconcedido premio infantil) y revivirá el olvido; “Zig zag avec toi”
otro mas de sus prosódicos ejercicios de estilo, esta vez en “Z”, al igual que “Est-ce est-ce si bon”, ahora una aliteración en “S”. El humor como dique y distancia ante la tragedia. La banalización del mal, tal como escribía Hanna Arendt en “Eichmann en Jerusalén”, como algo que hará todo más inexplicable aún si cabe porque nunca cabrá entendimiento.
 
 
 
 

  No se me ocurre mejor ilustración de esa banalización del mal que “S.S. in Uruguay”
, la canción que cierra el disco, otra muestra más de su ingenio, mordaz y cínico en apariencia, pero que esconde una capacidad de síntesis y clarividencia extraordinaria a la vez que encierra dolor y memoria. Tan sólo el humor nos puede salvar de los peores recuerdos.
 

“S.S. en Uruguay, 
bajo un sombreo de paja, 
me tomo un zumo de papaya 
con pajita. 

S.S. en Uruguay, 
bajo el sol agradable, 
los recuerdos me asaltan, 
ay, ay, ay. 

Y aún hay toca huevos, 
que hablan de extradición, 
pero a mi no me importa 
pagar la cuenta. 

S.S. en Uruguay, 
yo no era más que un hombre de paja, 
pero temo a las represalias 
allá donde vaya.

S.S. en Uruguay,
Ya tengo aquí a los acusadores
Que me obedecían cuando alzaba la mano
Heil! A sus ordenes”
 

Serge Gainsbourg
“…Para mi este disco es un exorcismo; me acuerdo de las coristas inglesas, cuando salían del estudio deseándome buena suerte. Ya habían adivinado que eso no iba a ser posible. Había pulsado el detonador…aunque para mi fuese el del sonido de descorchar el champagne…”

Dando rienda suelta a su talento provocador y controvertido, abona el terreno a quienes le esperan con la escopetas cargada. Algunas declaraciones muestran sin ambages que la mezcla de ficción y realidad va a ser una combinación explosiva para la pacata sociedad burguesa de la época, de cualquier época en realidad. Es su verdad, los vestigios de la infancia de un niño judío en la Francia ocupada, la que parece revivir, prendiendo su ya de por si incendiaria retórica.

“… Prefiero la masacre. Es más vigorizante. Me hubiera gustado ser terrorista. Si lo hubiese hecho habría viajado a América del sur para exterminar a los viejos nazis. También me daría una vuelta por España. Hay un antiguo comisario de asuntos judíos, un aristócrata francés que vive allí, tan tranquilo. Pidió su vuelta tras la muerte de Pompidou, es un viejo pretencioso, una bala en el estomago no le iría mal. Si volviese a Francia compraría un pistola y se la vaciaría entera. En 1940 yo tenía once años y es mi único recuerdo de entonces. No se puede volver a permitir eso. Si los nazis vuelven al poder, les advierto que yo fui tirador de élite con la metralleta en 1948. Solo sería cuestión de volver a practicar…” (Se refiere a Darquier de Pellepoix, comisario de asuntos judíos con el gobierno de Vichy, refugiado en España después de la guerra, que nunca fue perseguido ni condenado y murió placidamente en 1978).

Él, por su parte, seguirá haciendo lo que mejor sabe, canciones. Y echar gasolina al fuego.

“ … Faltan “Mouvement Odessa” y “Le silence du pape”, pero me cansé. Las escribí pero no las quise grabar. Me dije que no valía la pena remover toda esa mierda. El rock, si quieres, tiene una estructura agresiva. Por eso pensaba que casarían bien. No es más que un juego. Visualmente seria impresionante…”

No es un disco fácil en absoluto. Los fantasmas del pasado nunca lo son. Diría que incluso, en algunas ocasiones, puede resultar desagradable, mucho. Punk avant le punk.

DE GAINSBOURG A GAINSBARRE. Vu de l’extérieur. (7ª parte)

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“…En el casino de Deauville me dio quinientos francos en fichas. Dijo que quería verme jugar. Al rato comencé a ganar, apuesta tras apuesta, y las fichas comenzaron a multiplicarse. Le dije, muy contenta, que iba a cobrar mis ganancias y volver al hotel. Me contesto; ¡No!, no puedes dejarlo ahora, cuando se gana hay que continuar. Yo respondí ¿Y si empiezo a perder?, ¿podré dejarlo?. ¡Tampoco! Te irás cuando lo hayas perdido todo. Eso fue lo que pasó…”

A principios de 1972 se publica el single “La decadanse”. Resulta un completo fracaso comercial. Minado -en su orgullo y también financieramente- por los pobres resultados de sus últimos discos, en abril del 72 acepta componer un tema publicitario para la casa de perfumes Caron. El single viene enfundado en una portada de la compañía de productos de belleza y los anuncios suenan profusamente en Europe nº 1 de Radio Montecarlo. Junto al 7” de “La horse” y el ep de “Mr. Freedom” será uno de sus discos más raros y cotizados.

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En el cine las cosas no van mejor. Los periodistas, ávidos de carnaza, difunden, con ánimo de malmeter, que es imposible ver a la Birkin en pantalla sin que Gainsbourg aparezca también con algún papelito o componiendo su banda sonora.
France Gall, mega estrella en el segundo quinquenio de los sesenta, está también de capa caida. Sylvie Vartan con sus shows en el Olympia, Sheila con la baza populista y sobre todo, Julián Clerc, de quién toda Francia está enamorada por el éxito de la versión francesa de “Hair”, son los héroes del momento. De todos modos ella quiere volver y por medio de Bertrand de Labbey, su manager –y en el futuro de Gainsbourg– contacta con Serge para que le componga alguna canción. 
 

“… Llamé a Gainsbourg, quién me atendió con una cortesía exquisita cuando yo pensaba que me mandaría a paseo diciéndome que France Gall no vendía discos desde hacía tiempo. Le escribió dos canciones, “Frankenstein” y “Les petits ballons”. Enseguida entramos en el estudio. Serge dirigía los ensayos, muy atento con todos. Yo estaba encantado de poder trabajar con él. Nos decepcionó mucho que no funcionase a nivel de ventas…”

 
France Gall,


 “… Volví a verle después de bastante tiempo. Las cosas no me iban nada bien. Muy amablemente aceptó escribirme dos canciones con Jean Claude Vannier. Los textos eran perfectos pero no era lo que yo esperaba. No estaba contenta con las grabaciones. Entonces me di cuenta que él ya había dicho todo lo que tenía que decir conmigo. De hecho nunca me había conocido. Lo que de verdad le interesaba era aquello que proyectaba sobre mi…”

 
 

 

 

 

En Otoño de 1972, Serge compone con Vannier la banda sonora de “Sex shop”, la película de Claude Berri . Mientras tanto Jane rueda con la Bardot “Don Juan 73” de Roger Vadim. En una escena en la que yacen ambas desnudas, Brigitte, malévola, sugiere que  “Je t’aime, moi non plus” suene como música de fondo.

 Serge aparece en Televisión, en el programa “Samedi loisirs”, interpretando una de sus más bellas canciones inéditas, “La noyée”, con Jean Claude Vannier al piano. Las últimas semanas de un año casi sabático están consagradas a la creación del primer Lp de Jane. En enero de 1973 sale el primer sencillo: “Di doo dah”. Este disco será su última colaboración con Vannier.

 
 

 

Gainsbourg, 


“… Es un gran músico, pero un día tuvimos una escena un poco dramática, tensa. Estabamos borrachos hasta las cejas y me dijo; “Escucha, la cosa es sencilla, me oscureces”. Le respondí; “De acuerdo, cuando las cosas se rompen, se rompen”. Habría podido ser uno de los más grandes arreglistas y directores de orquesta, pero quería ser algo más y como era un tipo inteligente e hipersensible dijo; “Si hago eso, voy a estar siempre caminando en círculos”. Se puso en el mercado…”

Jane,

“… Serge siempre siguió con interés lo que Jean Claude hizo a partir de entonces. Le quería mucho. Iba a verle a sus espectáculos, creo que incluso actuaron juntos. Vannier lo lleva en la sangre; es como un adolescente siempre enfadado con sus mayores, eso era lo que le ocurrió con Serge. Una relación padre-hijo, los mismos conflictos, las mismas dificultades. Serge jamás tuvo otro cómplice como él. Tenían una forma de trabajar que nunca la volví a ver. Se respetaban profundamente, y verle evolucionar sin él, como compositor y como intérprete, le producía un gran orgullo, como si el fuese su mentor…”

 

La ausencia de Vannier se deja notar en sus siguientes discos. Son distintos, aunque como todo lo que compone y escribe en la primera mitad de los 70 envejecerán bien, cuando no se convertirán en clásicos. Comienza a trabajar con el teclista Alan Hawkshaw y sus colegas londinenses a los que Serge conoció en los ensayos de “Di doo dah”; El guitarrista Alan Parker o el bajista Brian OdgersHawkshaw había sido miembro de The Checkmates y trabajado con Tom Jones, Dusty Springfield, Cliff Richard o Shirley Bassey. Había grabado también sintonías de TV. En 1970, Parker y Alexis Corner fundó el grupo Hungry Wolf.

 

En marzo del 73 comienza a registrar las partes instrumentales de lo que sería “Vu de L’extérieur”. Al igual que ocurría con Melody Nelson, la consulta de los cuadernos de ensayo no deja de intrigarnos. Hay canciones descartadas ( “Tout mou tout doux”, “Les papiers qui collent aux bonbons”) y otras cuyos títulos cambian desde el inicio hasta el final de los ensayos.

 

Le dedica seis semanas a escribir los textos. Desaparece del mundo público, no aparece en los medios, salvo en el primer número de Liberation. Su director, en una carta a los lectores, da las gracias a los que han aportado dinero para empezar a funcionar. Junto a Jean Paul Sartre o Jeanne Moreau aparece Serge.

El primer y único sencillo de “Vu de l’extérieur” lleva la canción homónima y la maravillosa y lacerante “Je suis venu te dire que je m’en vais”. Todo el mundo quiere darle, ver un significado. Murmuran que Serge va a dejar a Jane. No andaban errados del todo, aunque no pensaba en hacerlo sentimentalmente, sino físicamente. En realidad está asustado ante la enfermedad y la muerte. Compone una especie de testamento musical, en el que sospechando su próxima muerte, intenta preparar a Jane para su próxima desaparición. No obstante, incapaz de desnudarse completamente, nos obsequiará con una serie de canciones escatológicas que en el fondo dejan traslucir un pánico embridado entre el humor y la provocación. Hipocondría aparte, su vida excesiva le pasará factura diez meses después; una crisis cardiaca vendrá acompañada por un principio de cirrosis. Le promete a Jane dejar de fumar y beber, Ja!.

Jean d’Hugues,
 
“… Jane no soporta esa canción. Recuerdo que cada vez que entraba Serge escondía entre sus piernas el vaso de güisqui que tenía en las manos y ocultaba el cigarillo entre los dedos, diciéndome: “Si te pregunta, eres tu el que bebe y el que fuma…”

“… Fue él quién ideó la portada, su rostro entre el de los orangutanes, macacos, chimpancés, babuinos, etc. Quería que pareciese como un viejo álbum de familia…”

De cualquier forma “Vu de l’extérieur” es un disco magnífico. Con la canción homónima dice pretender ser duro, aunque sabe que la amará siempre. A su manera claro.“…No osaré ser desagradable ya que soy extremadamente decente. De hecho soy indecentemente decente…”. Feliz de haber superado su enfermedad, su inspiración deviene ligera y humorística en “Panpan cucúl”. Proclama un aforismo como regla de vida: “…Tomar a las mujeres por lo que no son y dejarlas por lo que son…” y crea personajes que parecen salidos de un tebeo; la princesa Inca de “Titicaca”, la stripper negra de “Pamela popa”…

En “Sensuelle et sans suite” vuelve a las onomatopeyas, un poco a la manera de “Comic strip”. Dedica la preciosa “La poupée qui fait” (nana delicada, amorosa, desarmante) a su pequeña Charlotte, recién nacida. Juega, una vez más, con las palabras y su significado en “Par hasard et pas rasé”. Desatendido en su momento, el disco crece y gana con el tiempo, es como un refugio seguro al que siempre volver porque siempre cobija.. 
 
 
“… Cuando todo va mal hay que cantar al amor. Cuando todo va bien a las rupturas. Jane es la mujer que amo. No es como al principio, hay una mutación en mi. Pienso que ella será la última. Si me dejase… Quiero a esa mujer, ahora lo puedo decir. Jamás lo he dicho de nadie…”
“… Soy guapo, soy bueno, tengo dinero, éxito, soy famoso…no, no… (risas) exagero, exagero…”
“… De niño era mono, como todos los niños. Más tarde me salieron estas orejas y esta nariz. Aunque teniendo el pelo largo es menos divertido. Antes era más chic llevar el pelo corto y… las orejas sobresalían mucho más. Los hombre mejoran envejeciendo. Las mujeres empeoran y los hombres mejoran. Es injusto pero es así