DE GAINSBOURG A GAINSBARRE. L’histoire de Melody Nelson (6ª parte)

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   En todos los aspectos 1970 es un año de transición. Tras la sobrexposición mediática Serge se hace raro de ver. Su ritmo de trabajo se ralentiza. Como pretende pasar el mayor tiempo posible con Jane, se contenta con intervenir en las mismas películas que ella o acompañarla en los rodajes. Se dedica a la familia, a la pequeña Kate, la hija que Jane tuvo con John Barry, a quien acaba adoptando y ante la que ejerce el papel de padre.
 
En enero de 1970 se reencuentra con Jean Claude Vannier para la grabación de la banda sonora de “La horse”, la película de Pierre Granier-Deferre. Es hora de presentar al mundo a este compositor, arreglista y director de orquesta, con quién ya ha trabajado antes y que será su cómplice, durante 1970 y 1971, en la creación de su obra maestra, “Histoire de Melody Nelson”. También del “Di doo dah” de Jane Birkin. Vannier acostumbra a componer sobre el papel y no al piano, lo que le impresiona. Ya ha trabajado, entre otros, con Haliday, Polnareff o Barbara. Más adelante nos regalará esa obra cumbre que es “L’enfant assassin des mouches”, de la que hablaremos un día de estos.
 
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Jean Claude Vannier,


“… Hay gente que dice enseguida reconocer un arreglo mío. No sé si es un cumplido o una crítica. No me paro a pensarlo. Tal vez sea una obsesión, o tal vez un estilo, no sabría qué decir. Es cierto que detesto los ritmos que no sirven para nada, las armonías inútiles. En mis orquestaciones no permito, como se hace habitualmente, tres guitarras que hagan lo mismo, un piano a modo de red, un bajo que haga de bajo –eso que se llama un ritmo- más dos baterías, más las percusiones. Intento reducirlo todo a la mínima expresión… Aún más; el piano no hay porque tocarlo a dos manos, al igual que en la guitarra no quiero más de dos notas a la vez, la batería simplificada a lo básico porque siempre he odiado los timbales. En los discos que he hecho prescindo de los platillos, del tambor, de la caja… He escuchado canciones muy rítmicas en las que no hay nada de eso. Tengo otras manías, seguro; Adoro lo roñoso, lo falso, lo imperfecto. Me entusiasman las notas equivocadas, los instrumentos desafinados, las cosas que no se oyen a menudo…”

Las sesiones comenzaban a las cinco. La consulta de los cuadernos de ensayo, donde constan los temas registrados, son cuando menos sorprendentes. Descubrimos canciones con textos jamás acabadas, como “Estu Melody”, “Papa Melody”, “Melo”, “Melody et les astronautes” y dos versiones de “Melody lit Babar”, la única canción acabada, incluso la letra, pero finalmente no incluida en el Lp.
Gainsbourg juega fuerte. Busca encontrar su aura de verdadero poeta, de compositor avant-garde y clásico a la vez. Algo puesto en duda, difuminado por sus éxitos comerciales. Tal vez también para ir más lejos que Leo Ferré, el primero en haber dado una señal, en 1970, con el álbum “Amour anarchie” y también, celoso e inseguro, para intentar dejar en evidencia a John Barry, “…Ese compositor de cancioncillas…” como lo define cruel e injustamente, antigua pareja de Jane Birkin.

Vannier de nuevo,

… He de reconocer que me quede flipado cuando me llamaron desde Philips. Me dije: Al fin una aventura realmente interesante. Volé a Londres. Me puse malo en el avión, vomité,  llegué descompuesto. Ya habíamos trabajado en algunos proyectos para el cine, la complicidad ya se había instalado entre nosotros, estábamos muy próximos en algunas cosas. Amábamos las mismas canciones de principio de siglo, tipo Cole Porter. También me inició en otros ámbitos. Al principio me trataba de usted: “Cállese” -me decía- “Podría ser su padre”. Después, más agradablemente, surgió la complicidad y la ternura: “Tu eres Cole y yo Porter”…”

Por otro lado, Jane y Serge se reunen con unos productores yugoslavos que les ofrecen hacer una película subvencionada por el gobierno de Tito. Se titulará “Le traîte”. Serge interpreta a un marinero y Jane a una enfermera, que forman parte de un grupo de maquis acosados por los nazis. Les pagan 50.000 dólares y con ellos Serge compra al contado un Rolls Royce de 1928, con las dos R en rojo en la parrilla. No tiene ni carnet de conducir ni chofer. El coche no saldrá jamás de su garaje, hasta que lo venda diez años después, conservando solo la tapa del parrilla, con la leyenda “Spirit of ecstasy”, el mismo verso que incluyó en “Melody”, la canción que abría “Histoire de Melody Nelson”, el disco con el que retoma la escritura después de cuatro meses en los Balcanes.
 
 
 
Jane Birkin,

“… Jean Claude Vannier está por todo Melody Nelson. Hay un tono, un aire, una seña de identidad  indisimulable en las orquestaciones de los años de Vannier con Sergeean. Jean Claude  era un tipo pudoroso, conmovedor, con gran talento, que sufría la monopolización de los media hacía Serge, algo injusto para con él, pero por otra parte inevitable…”

La portada del disco, que se publica en marzo de 1971, no deja ninguna duda sobre la identidad de Melody Nelson. Bajo un maquillaje que imita al de una muñeca preadolescente-las mejillas con colorete rosado y una peluca- Melody, no cabe duda, es Jane. Fotografiada por Tony Franck, le hacemos entre catorce, quince años, tal como dice la canción, aún cuando sabemos que es ella y que el botón desabrochado y la mascota de peluche en el regazo intenta ocultar su leve tripa, provocada por su embarazo de Charlotte. Pero el “Vals de Melody” es efímero y el drama inevitable.
 
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  Jane de nuevo,

“… En ese álbum hay instrumentos atípicos, extraños, que no se suelen incluir, que le dan un aire misterioso, místico, oriental. Algo perverso y puro a la vez…”

  La prensa acoge “Histoire de Melody Nelson” como una obra mayor, “… El primer verdadero poema sinfónico de la era pop…” y otros superlativos. La portada nos descubre también el nuevo look de Gainsbourg, desaliñado, con barba de dos días y pelo más largo. Philips hace un esfuerzo, y a mitad de marzo, París amanece llena de carteles y adhesivos en el suelo con el nombre Melody Nelson.

   ¿Por qué es “Histoire de Melody Nelson”, en 1971, un disco tan novedoso?. En principio se trata de un disco conceptual, aunque eso no sea especialmente novedoso. Las canciones tienen un hilo en común, vienen a contarnos una historia. No recuerdan a nada conocido. La estructura no es estrofa-estribillo, es algo más complicado. Son poemas extremadamente refinados servidos con una combinación de música pop e instrumentos clásicos que mezclan de maravilla. Ferré había mostrado el camino, pero también Gerard Manset con “La mort d’Orion”. Gainsbourg no ha sido el primero pero si será el más perdurable, casi eterno. “Cargo Culte” será final y también principio, como advertiremos más adelante.

 
  Al poco de publicarse “L’Histoire de Melody Nelson” muere Luzien, su padre, su mentor, su amigo, su cómplice. La brújula no siempre consultada. Serge estará acompañado por la melancolía el resto de su vida, echándolo en falta más de lo que está dispuesto a admitir. Cuando esa melancolía es excesiva se convierte en un personaje irascible, elitista, esnob. Cuando se gusrda, aplacada, dará pie a alguna que otra obra maestra.  A partir de entonces este estado será intermitente con la creatividad. Algo mortificante que siempre estará ahí, culpabilizándole; El pianistilla judío al que despreciaba y adoraba a la vez…

 

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