DE GAINSBOURG A GAINSBARRE. Le reggae. Il faut aller en Jamaïque. (11ª parte)

 


“Marilu reggae” le dejó con la mosca tras la oreja. Decidido a emprender una nueva senda, escoge la del reggae. Animado por Lerichomme, bien situado en Polygram donde trabajaba desde hacía cinco años, contactan con Island records. El sello de Chris Blackwell, distribuido por Polygram, había sacado del gueto a la música jamaicana, popularizándola y consiguiendo estupendos réditos. Les sugieren músicos y proporcionan ideas.

En enero del 79, Gainsbourg y Lerichomme preparan los ensayos de grabación del álbum “Aux armes et caetera” en los estudios Dynamic sounds de Kingston. Serge es el primer artista blanco en trabajar con Sly Dunbar, Robbie Shakespeare y Sticky Thompson, la imponente sección rítmica que había grabado la mayor parte de los discos reggae de Island (Peter Tosh, Black Uhuru, Gregory Isaacs, Third World, U roy, etc).

Se decide por incluir cuatro versiones; “Marilou Reggae dub”, originalmente en “L’homme a tête de chou” y que es a ésta 
como el día a la noche. “La marsellaise”, rebautizada como “Aux armes et caetera” y “La javanaise”, que se convierte, lógicamente, en “Javanaise remake”. Las aliteraciones en “Av” y en “Vé” casan perfectamente con los ritmos reggae. La última versión es “Vieille canaille” de Jacques Hélian.
 
 
 
 
 
Philippe Lerichomme;
 
“…Siempre he sido el primero en escuchar su trabajo. Tras los controles, escuchaba, pensaba, aprendía. Intentaba dar mi opinión lo más argumentadamente posible, aunque siempre la última palabra era la suya, claro. Fuimos a Jamaica con algunas ideas sobre las melodías y unos cuantos títulos, pero sin ningún texto. Siempre recurría a la metáfora de aquel pintor japonés que estuvo diez años pensando un cuadro y que luego ejecutó una obra maestra en pocas horas. Estaba yo muy lejos de imaginar el impacto que “La Marsellaise” iba tener, aunque ahora sé que él si era perfectamente consciente…”

Llegan a Kingston por la tarde. A la mañana siguiente les dicen que el ingeniero de sonido está en Nueva York y no llegará hasta dentro de diez días. Poco después conocen al bajista Robbie Shakespeare, quién cree que Serge es el productor, al ser más viejo que Philippe. Cuando llega el verdadero productor, los músicos pasan del disco y aplican el principio de toma el dinero y corre. Están completamente sobrepasados por sus hábitos de trabajo. En el estudio hay cabras y un capó de coche…incluso un malayo que nadie sabe quién es. Finalmente Serge se sienta al piano y toca algunas armonías que parecen gustarles. De repente, para animar la sesión, les pregunta si conocen algo de música francesa. Descojono general. Aparece la incomodidad. De repente, uno de los músicos exclama: “Je t’aime”, los demás asienten. También la conocen. La tararean. Serge contesta riendo; “¡Soy yo!”. Todo cambia. Han caído bajo la atracción de Serge.
 


Sorprendentemente “Aux armes et caetera” es un éxito. Su primer Lp que llega a disco de oro en Francia, mas de 100.000 copias vendidas. Pero el escándalo y la controversia es algo inherente a Gainsbourg. Michel Droit, gaullista reaccionario, publica un artículo en “Le Figaro” atacándolo; Le acusa de parodiar el himno nacional, de sacar beneficio de algo casi sagrado. Artero e hipócrita, le alaba éxitos pasados como “La javanaise”, para a continuación tacharlo de precocidad senil y erotismo de baratillo. De impúdico y exhibicionista. Llega a trazar paralelismos entre el antisemitismo y los ataques a la patria, hablando de propagadores y provocadores. En fin, un desbarre increíble.

Gainsbourg le contesta a la mañana siguiente en las páginas de “Le Matin dimanche”;

“…Podría ser que Michel Droit, periodista, hombre de letras, de cinco concretamente, miembro de la asociación profesional de cazadores del Africa francófona (años más tarde en uno de los safaris a los que Gainsbourg hace referencia, Droit matará accidentalmente a uno de sus compañeros de expedición), oficial de la orden nacional del mérito, condecorado con la cruz de la guerra 1939-1945 y la cruz de la legión de honor, llamada de los valientes, le gustase que yo volviese a portar la de David, que se me impuso, amarillo sobre negro, en Junio del 42, tras ser relegado al gueto. También podría ser que le gustase que 37 años después volviese allí, llevado por un antiguo combatiente, hasta mi muerte, condenado a permanecer en él y revivir mi años de adolescente en el París ocupado, tan similar al de mis orígenes paternos en los progromos de Nicolas II. Un judío menos.

Pueden el cerumén y las cataratas del neo-gaullismo ser una exponente de ello, personificadas en este extremista llamado Droit. El puede juzgar y yo consentir que juzge mi Marsellesa, heroica tanto por sus pulsaciones rítmicas como por la dinámica de sus armonías, tan revolucionaria como la original en su llamada a las armas. Estoy pues desolado de saber que, por ese don de la ubicuidad que él ha desgraciadamente perdido, pero que yo aun poseo, la grabación en vinilo, la emisión en la radio y el éxito televisivo se podrá propagar. Que esta visión personal del himno nacional, que es también el mío, aun pueda ser difundida en Europa, Africa, en Japón, en América, incluso en la Jamaica donde fue creada.  

Nada más que añadir, salvo unas líneas extractadas de un editorial de Edouard Drumont en su periódico, “La libre parole” el domingo 1º de septiembre de 1899, para exaltar no a Beaumarchais sino la Francia de los franceses, a propósito del capitán Dreyfus; ¡Viva el ejército!, ¡Abajo el progreso!, ¡Mueran los judíos!…”
 


Estamos en 1979. Gainsbourg lo ha vuelto a hacer. Adelantando por la derecha, el cincuentón, cada vez más ajado, no quiere subirse al carro, quiere pilotarlo. Un disco reggae al mismo tiempo en que, por ejemplo, The Clash y los demás jóvenes airados que evolucionan del punk coquetean con el género. Sus juegos de palabras acunando la dulzura del reggae de modo natural en “Des laids d
es laids”, la mujer como divisa en “Lola rastaquuoere”… Y no se quedará en le mimetismo, algo en él de todo punto imposible. Una vez más no se traicionará. Nunca ha sabido. Simplemente se reinventará de nuevo, rompiendo con el pasado. Ya está acostumbrado.”
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