This is TELLY SAVALAS. (DJM Records, 1972)


    
Una de confesiones. Otra más. Lo voy a reconocer de salida y así nos ahorraremos malentendidos. Los discos de actores cantantes es uno de mis placeres culpables. Un lugar para solaz de pocos, abrupto y escarpado, pero fascinante cuando se corona la cima y se acceden a sus secretos. Vaaale, de acuerdo. Admitiré que alguien considere a esos especímenes como presuntos actores que intentan cantar. Asentiré igualmente ante comentarios más malévolos si cabe; Los pobres creen, están convencidos de haberlo conseguido. Cegados por el éxito, incapaces de controlar sus pasos y generalmente superados por los focos de las desmedidas alabanzas, es ese un territorio de egotrips inmensurables, increíblemente fértil en aventuras para muchos hilarantes y para unos pocos apasionantes. El mundo -el micrófono más bien- en sus manos. Peligro y placer.

  Si no han huido todavía entiendo que están por la labor. Que son uno de los perturbados miembros de esta secta. Mejor, de esto solo debe hablarse en la intimidad. Entre los cientos de ejemplos que existen (y algunos -lo siento- van ineludiblemente a pasar por aquí) es la carrera de Telly Savalas acaso una de las más extravagantes. Y hay unas cuantas, se lo prometo. No me refiero -que también- a episodios como el que me dispongo a compartir, sino de otros perpetrados por nuestro hombre con tan voluntarioso entusiasmo como certero desatino.

  Aristóteles Savalas, neoyorkino de padres griegos, comenzó en la radio, intentando meter cabeza en un mundo que le fascinaba pero que también se le mostraba esquivo. Su carrera derivó a la televisión con pequeños papeles, generalmente de villano, en series de éxito como El Virginiano, The man from Uncle, Bonanza, El Fugitivo, etc.

  Tras estas aventuras traba amistad con el gran Burt Lancaster y con aquello que se vino en llamar la generación de la televisión en los USA de los primeros sesenta; Don Siegel, Robert Mulligan, John Frankenheimmer, Sidney Lumet, Robert Aldrich, etcétera. Un pequeño papelito en “Alcatraz” en el rol de Gómez es el pistoletazo de salida hasta que el papel del psicópata Archer Maggott en esa maravilla que es “Doce del patíbulo” le convierte en famoso. Encasillado para siempre -y al parecer tan feliz, “denme dólares que yo los gastaré”– su filmografía oscila entre protagonistas en atractivas co-producciones cochambrosas (“Sol Madrid”, “Horror express”,”Citta violenta”) y papeles de villano como en  “El oro de Mckenna” o “Al servicio secreto de su majestad”, la única película de la serie Bond con George Lazenby encarnando a 007. De su resurrección televisiva a mitad de los 70 y de los chupa-chups no creo necesaria mención.


Es este “This is Telly Savalas” uno de los más desvergonzados ejercicios musicales que ahora mismo pueda recordar. Producido por su colega de farra, el escocés John Cacavas (autor de la partitura para la serie televisiva Kojak) y grabado, entre rodaje y rodaje, a caballo de Roma, Londres, Nueva York y Madrid, en el infrasello de series baratas DJM (hogar de otro extravagante y recomendable Lp de una star, el gran Rex Harrison), el disco, más allá de su vertiente weird and strange, en un auténtico divertimento. El hombre cnata aceptablemente y tiene gusto a la hora de elegir el repertorio. Ya desde la portada -un fotograma de la mentada “Pánico en el Transiberiano/Horror express” (Eugenio Martin, 1972), con su rostro en perpetua gestualidad demente, ligeramente colocado – todo nos transporta a un gozoso descontrol necesitado de complicidad. Susceptible de rechazos pero también increíblemente seductor, o se le ama o se le detesta. No escruta, descuartiza clásicos en “I walk the line”, deconstruye sin recato ni complejos standards como “Sunday morning coming down” de Kristofferson . Es capaz, sí, de convertirse en el Scott Walker que uno más disfruta en “Last time i ever saw her face” o de recrear al estilo canalla el “Eve of destruction” de P.F.Sloan/McGuire en “Promises to keep” sin pudor ni vergüenza alguna. Recrea falsa sensualidad, de esa con sabor a nicotina agria y sudor perfumado en “Try to remember” y acaba emulando a un Dean Martin -con menos alcohol y más narcóticos- en “We all end up the same”
 Porque de acuerdo, todos acabamos igual. En el mismo lugar. Solo que unos gastan su vida de manera diferente. Díganselo a él. 




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