EXPERIENCIA. No te apresures. (Music hall 7". Argentina)

Hace unos  meses la gente a cargo del exquisito sello Crazy apple boutique publicó en nuestro país un recopilatorio estupendo que recogía un puñado de oscuras piezas argentinas -al menos aquí en España- fechadas entre finales de los 60 y principios de los 70. Se titulaba “DIGGIN’ DOWN ARGENTINA. Nuggets from the rioplatense scene, 1969-1975” y venia profusamente anotada por Eduardo A. Elizalde Pietruczyk, personaje con un enciclopédico conocimiento de dicha escena y, por si fuera poco, de amena escritura. El disco, como ya he dicho, recopilaba sorprendentes episodios perpetrados fuera del mainstream de la época -si se me apura, de cualquier época- a cargo de bandas como Dynamita, Little Green men, Los Gipsys, Brujos, Los Fantasmas o Wooky tooky. 

Airadas consignas de rebeldía repletas de fuzz ácido y distorsión, hammond desenfrenado, bases rítmicas vigorosas … en definitiva toda ese abanico imaginativo y poderoso que sedujo a multitud de jóvenes y que -como sucedió en nuestro país- tuvo esos toques autóctonos que le confirieron un atractivo único.

Viene todo esto a cuento porque conversando con Eduardo, me recomendó esta cavernícola y vigorosa canción a cargo del grupo Experiencia  “No te apresures” la llamaban, una versión cruda y desbocada del “Slow down” de The Crow, también cantada en inglés, y que sin ningún reparo ni verguenza, la adelanta por la derecha haciendo vano cualquier esfuerzo por seguir los consejos de su título.

Todavía hoy me sorprendo de que no la incluyeran. A no ser, claro, que sea una bala en la recámara para un futuro segundo volumen.


LACONISMO. "That man, Robert Mitchum…sings" (Monument, 1967)

“…No creo que Bob Mitchum sea el mejor cantante del mundo, pero sí que es uno de los mejores tipos del mundo y, por supuesto, uno de los mejores actores.

El mismo descuidado atractivo con el que te encuentras en sus actuaciones lo encontrarás en este Lp para Monument. La misma independencia de ánimo. Lo que algunos definirían como un “lince”, yo lo llamaría “espíritu libre”. Así es como él es, en lo que canta y en lo que quiere cantar. Al igual que lo es con su carrera y en lo que la gente piense de él.


Su beat es impecable, solo un paso por detrás de Bobby Darin, y si una nota es demasiado alta para él, ¡Qué demonios!, puede interpretarla a su manera.


Creo que la calidad de su forma de cantar te sorprenderá, si no lo ha hecho ya. Y si te parece que miento, demándame. Como cantante estoy -o estaba- en el mismo saco y además soy un fan absoluto…”


JOHNNY MERCER

Sunny 

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Se ha hablado mucho y bien de “Calypso”, el primer lp del gran Robert Mitchum, una éxotica aventura musical que a muchos subyuga y que a uno siempre le ha dejado frío, más allá de su maravillosa portada. Es obvio que si a tantos y buenos aficionados -y con cuyo gusto suelo coincidir- así les parece, el problema debe ser mío. Mi copia, confesémoslo de entrada, descansa en ese lugar de mi discoteca en el cual reposan, indistintamente, discos olvidados, otros merecidamente castigados a la espera de redención y alguno en un limbo un tanto etéreo y olvidado.
Pero no quiero ahora incidir en una -otra más- de mis taras sino, más gozosamente, en alguna de mis filias. Y casualmente en una directamente relacionada con “Calypso” y que no es otra que su segundo lp, el maravilloso “That man, Robert Mitchum…sings” (Monument, 1967)
Gotta travel on
Little white lies
In my place
 Es éste un disco grabado diez años más tarde que “Calypso”, en donde se vislumbra con sincera elocuencia el paso del tiempo en el antihéroe por excelencia del cine americano clásico. El lugar donde un maduro y contenido rebelde sujeta -acaso no mejor aunque sí con mas atino- todos sus demonios durante tanto tiempo desbocados. Unos demonios siempre presentes pero que al menos semejan haber sido masticados, vividos, comprendidos. Lejos parece quedar esa oveja descarriada adicta a cualquier líquido con graduación y a cualquier planta susceptible de ser fumada, lacónica hasta el paroxismo, atractiva y viril, de aire descuidadamente seductor, desarmante en su honestidad, que igual transita por sus demonios que luce esplendorosa con sus virtudes. Y que siempre, en cualquiera de los casos, mostró un afán por construirse a partir de unos errores que devinieron aciertos. Por decirlo un poco más gráficamente, un tipo que parece haber superado el mortal fatalismo de Jeff Bailey en “Retorno al pasado”, el salvaje romanticismo de Frank Jessup en “Cara de Angel”, la personificación del mal del reverendo Harry Powell en “La noche del cazador” y, sobreviviéndolos, acabar siendo un desengañado y más sabio Harry Kilmer de “Yakuza”.
That man right there
You deserve each other


… Señor Mitchum, ¿Cuáles son sus registros interpretativos?;
Tengo dos: con caballo y sin caballo…”

“…¿Qué es ser actor?;
Un oficio que se ejerce desde las nueve de la mañana a las seis de la tarde, donde te pagan los viernes y te dicen como moverte y qué decir. No olviden que el perro Rin Tin Tin fue toda una estrella…”

“…¿Qué le parecen sus películas?;
No me pagan por verlas. Además, aparcar delante del cine es un coñazo…”

“…¿Mi diferencia con los otros actores?… Mmmmm…qué han estado menos tiempo en la cárcel que yo…”
 Little old winedrinker me
The ballad of Thunder road

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Seductor, vagabundo, sarcástico, independiente, aventurero, bonvivant… todo ello parece, ahora visto en perspectiva, como la coraza protectora de un tipo más sensible de lo que quiso reconocer. Una estrella que quería ser ella misma, huyendo de peajes y servidumbres y que, pese a costarle un precio elevado, al parecer pagó gustoso, consciente que en la balanza que calibraba lo verdaderamente importante, no había discusión posible. Un tipo sabio.

El reverendo Harry Powell en “Night of the hunter”

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OPTIMISMO. Merrill Womach. "Reborn"


















 

Merrill Womach fue un empresario de pompas fúnebres en Spokane (Washington) que resultó herido con graves quemaduras en el 90% de su cuerpo tras un accidente de avión. Y digo bien fue porque tras el suceso se convirtió en otra cosa, una especie de ángel de aspecto informe, juglar cristiano dedicado al proselitismo más optimista. Vamos, un tipo que tenía la virtud de ver el vaso siempre medio lleno, aunque éste lo estuviese de queroseno enriquecido, presto a confundir a su persona con combustible para la barbacoa dominical. Hizo carrera discográfica (de la que este hito es solo una muestra, asombrosa, eso sí) me temo que no más allá de su casa, de sus empleados o de las salas de hospital repletas de tullidos, desfigurados y futuros inquilinos de la morgue, a los que deleitaba con bizarros happenings musicales y encendidas odas a la superación. Agradecía en ellas a Jesús el salvarle la vida (y a su operísticamente entrenada voz), mostrando, orgulloso e impúdico, sin recato alguno, su rostro desfigurado en la portada de cada uno de sus discos, intentando transmitir optimismo y en realidad conviertiéndose -me temo que a su pesar- en un consumado exponente de lo desagradable, en abanderado del mal rollo, en definitiva en estandarte de eso que yo llamo Mundo atónito. No existen datos estadísticos probados de que dicho empeño ayudase a sobrellevar las mencionadas taras entre su desvalida audiencia o si -ésto lo creo algo más probable- contribuyó a la irremisible y cruel concienciación entre su público tullido e inerme de estar, si no ya en él, muy cerca del definitivo escalón postrero. Uno, de terrenal y banal simpleza, carente para su desgracia de dones teologales tan importantes como la fe, apostaría sin dudar por lo último.


En uno de esos discos -desgraciadamente no en éste- se narraba con detenimiento la odisea de su periplo, digna de un superhéroe marveliano. Una odisea que -a los hechos me remito- devino en catarsis espiritual y que, de tan increíble que resulta, no puede menos que ser cierta; 

“…Pese a las horribles quemaduras que cubrían gran parte de su cuerpo, permaneció consciente. De hecho ya comenzó a cantar cuando lo llevaban al hospital. Allí, mientras las enfermeras intentaban despegar la achicharrada ropa adherida a su cuerpo, siguió cantando. La llamas habían prácticamente devorado su rostro, hinchándolo hasta el tamaño de una pelota de baloncesto. Su cara era una masa carbonizada. En un principio no podían ni abrirle los párpados pegados, tan grande era la hinchazon. ¡Pero todavía cantaba!.
Cantó mientras lo llevaban al quirófano y cantó cuando se recuperó. Canto una vez recuperado y aún hoy sigue cantando…”

Les traduzco las sentidas notas que acompañan esta nueva muesca del optimismo más irredento. Sin duda, la Fé es un don.

“Es fabuloso ser completamente positivo, por la autoridad de la palabra sagrada de Dios, ya que si tenemos una vida en la eternidad como todos creemos en el nombre del señor Jesucristo, recibámoslo como nuestro salvador y en verdad nazcamos de nuevo.

Con gran gozo presentamos estas canciones de alabanza al hombre de Galilea que proclama ser la vida cuando dice; “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Mira el camino, examina la verdad, recibe hoy una nueva vida en Jesucristo”

CLASICISMO.

Aquí arriba un sueño y más abajo unas cuantas canciones para completar el post de ayer.
Ya es casi medio año hablando de mis tonterías y es muy posible que me repita. Seguro que sabrán disculparlo.

Si les apetece escuchar, como es habitual, solo tienen que pulsar sobre el título de la canción.



BARRY “BAREFOOT” BEEFUS Barefoot beefus

FRANKIE SANDS Yell
JERRY HANSON Hombre indiferente
LES COUSINS Dang_dang
JACK HAMMER The wiggling fool
MICHEL LEGRAND Come Ray or come Charles
RICKY NELSON Gipsy woman
TONY MILTON Well i told you
RAMSEY LEWIS One, two, three
BUD ASHTON Y SU CONJUNTO Pipeline
MATT MONRO Honey on the vine

GINO PAOLI. L’uomo con una pallottola nel petto.

 
Para unos extravagante, para otros lunático, para todos bohemio, libre y de personalidad contradictoria, Gino Paoli (Manfalcone, 1934) fue y sigue siendo, esperemos que por mucho tiempo, el prototipo del ácrata romántico. Más que comunista -aunque quizá entonces aún no lo supiera- y miembro de PCI -qué también- un tipo que siempre evitó sistemáticamente regirse por reglas estereotipadas, sabiendo o tan solo sospechando que así eran las que gobernaban el mundo. Un hombre empeñado en la tarea en hacer del camino el viaje. Autor implacablemente honesto, en constante búsqueda vital, impelido por lo sentimental, su obra es a la vez la inusual y mágica resultante de un clasicismo diríamos casi desengañado, verdaderamente revolucionario.
 
 
Pintor aficionado, trabajó como diseñador publicitario cuando esa era una profesión que aun tenía fascinantes aristas; trasuntos de aventureros, visionarios, idealista o mercenarios poblaban los estudios. Escritor vocacional -de lo que fuese, principalmente de canciones, habitualmente sobre la vida-, como tantos jóvenes italianos parte del jazz y de la chanson para, sirviéndose de ellos, revolucionar los temas tratados y cambiar el lenguaje, abriendo una puerta ya levemente entornada por Domenico Modugno.

Así pues, conviene señalar lo apasionado de su devenir. De como ese minúsculo tipo se lo hizo con Diosas del calibre de Stefania Sandrelli, de como supo otear el talento, ya fuese en Lucio Dalla o en Fabrizio de André. De como no dejó pasar ningún tren -drogas, alcohol, mujeres, la vida a bocados- que pudiese aparecer en su vida. Un tipo capaz de intentar el suicidio casi como principio estético. Lo intentaría en 1963; “Quitarse la vida era considerado un acto de coraje” y aún hoy convive con una bala alojada en el pecho. Y al que sin embargo el intento -esta vez certero- de su amigo, camarada, hermano Luigi Tenco lo sumió en una depresión intermitente pero duradera. Un hombre capaz de abandonar en la cima, tras su paso a RCA y la publicación de himnos imperecederos como “Sapore di sale” o “Che cosa c’è”, para retirarse a gestionar un modesto restaurante y cuidar de su padre moribundo, con quién tanto había chocado y a quién tanto amó.


Hoy me gustaría presentarles su primer Lp. Publicado en 1961 en el sello de Nanni Ricordi (Sí, en verdad un apellido predestinado) y con la acompañamiento de la orquesta de Gianfranco Reverberi. De hecho, el único apoyo, más que la orquesta, es el piano de éste. Incluye su primer single, el inicialmente desapercibido “La gatta” y dos de sus mayores éxitos -aunque lo fuesen en versiones de la gran Ornella Vanoni, con quién vivió un breve e intenso idilio- “il cielo in una stanza” y “Senza fine”

Son éstas, en realidad casi toda su obra, la historia de un solitario, confesiones de enamorado que gozosamente confiesa al mundo o lamentan desesperadas la presencia o ausencia de la amada. Breves historias que parecen querer prolongar el instante (“In un caffe”, “Maschere”) pero que sabedoras de lo contingente de sus andanzas se detienen en la celebración o el lamento de lo pequeño convertido en grande, sospechando que tal vez sea el último. Que narran en concreto y no genéricamente, implicándose casi hasta lo impúdico, las aventuras de su -y a la postre también nuestro- corazón. Que hacen, en definitiva, apología de la vida como si no hubiese un mañana porque en su manera de pasear por esta no cabe otro método salvo que uno quiera mentir.
 
 

EUROEXPLOITOS. 45s para la primavera.

THE SATIN BELLS. “Toros en Mexico / Come c’mon”
(Acción – AC-8-B, 1969)
 
   Las coristas de Juan Pardo en la etapa inglesa debieron impresionarle sobremanera, y más viendo la fijación que éste tenía con Fernando Arbex, su némesis vital y artística, para llegar a tambalear incluso sus veleidades más íntimas y propiciar experimentos tan suculentos.
   Con producción del propio Pardo y dirección musical de Reg Guest, alojada en su cara B surgía una pieza de imponente northern soul paquidérmico, inusual por moderno, y que -admitámoslo-, daba fe que el ínclito Juan Pardo tenía también los oídos bien abiertos y un atinado gusto en sus descubrimientos. Pespunteada con los gemidos del trío -tan lascivos como bromúrico su aspecto- ornada por unos vientos sensuales y coronada de una base rítmica apabullante, “Come c’mon” resulta ser una oda lujuriosa y sensual firmada a medias con Roger Greenaway y que vio la luz en el sello Acción, propiedad de Manolo Diaz.
THE GHOSTS OF NOTTINGHAM. The chess dance / Canterbury
(ERRE Dischi. RR 3051, 1973)
 
Misterioso -tal vez no tanto- grupo de estudio, con dos sencillos editados en el infrasello italiano Erre dischi. En realidad un proyecto de estudio de dos –Franco Tallaita y Adriano Tomassino– de los tres miembros del grupo romano de pop progresivo UT bajo el epígrafe “La danza degli scacchi, Primo nelle discoteche americane” y que , siendo un intento más de “a ver si suena la flauta”, acaba convirtiéndose en uno más de esos estilosos y elegantes ejercicios llevados a cabo en los tiempos muertos de estudio a cargo de gente con muchas horas de vuelo,  gusto delicado y eficiencia probada.  

 

 
PHILIPPE NICAUD. C’ex / Qu’est-ce qu’il dit?
 (Riviera. 121 399L, 1970)

 

Prólifico actor de cine y teatro, Nicaud rodó entre otros a las órdenes de Henri Georges-Clouzot, Poitrenaud o Sacha Guitry. Tuvo -cómo no- su carrerita musical, con tres Lps (el maravilloso “Erotico Nicaud” con ilustración del gran Aslan, “7+1 péchés capitaux” con su portada de terciopelo negro y “Chansons curieuses”) y editó igualmente singles y eps extraídos de los citados discos. “C’ex” es una insolente y enfermiza pieza a medio camino del humor y la desvergüenza, llena de trucos de estudio y onomatopeyas vocales, que juega con la similitud sonora entre esa expresión francesa y la palabra “Sexe” para dar forma a cerca de tres minutos de irresistible apoteosis bongolera, aliteraciones epatantes y los imprescindibles coros femeninos. El concepto de la portada, tomado prestado del célebre cuadro “El beso” de Roy Lichtenstein resume certeramente la idea. Tanto esta joya como su primer Lp han sido primorosamente reeditados por el sello Vadim recientemente. Compren.

 

 

 

 
ORCHESTRA KING ZERAND. Night song / Vento Caldo (Bang Bang. BG 036, 1972)

 

Poco -más bien nada- puedo contar de esta maravilla. Bueno, sí, dos cosas; Que leyendo sus créditos queda claro que fue un trabajo de encargo que logró aquello que se pretendía, ser sintonía televisiva o radiofónica -en este caso del programa de radio “Sala F”- y que no se me ocurre ahora mismo nada más placentero al levantarme -obviando la micción irremisible- que escuchar en bucle tan evocadora pieza. Y eso, en los tiempos que corren, no me parece en absoluto baladí. En cualquier caso la Orchestra King Zerand fue un grupo de músicos formado por Mario Robbiani (activista músico de sesión, compositor de librería y publicidad) y el pianista  Franco Zauli, (quién llegaría a componer para el gran Fabrizio de André, en, por ejemplo “Il pescatore”) acompañados por otros aventajados músicos de estudio. 

 

 


PATRICK ABRIAL. Slag solution / Slag machine (SPOT Sonopresse 40013, 1973)

 

 

Es escuchar  la frase “In every dictionary you can find what slag is. It’s go away, come back, in every lenguage…Slag”, la guitarra y teclados que le suceden y esa especie de jaw harp y se me van los pies, me inunda una sensación de pacífica chulería y me siento mucho mejor. Parece que en verdad pudiera caminar incansable hasta el fin del mundo. Bueno, tampoco exageremos, digamos que hasta el refrigerador en busca de líquido reparador.

Patrick Abrial es su ejecutor, apologeta de una época en la que todo vale y en la que la mezcla bastarda e híbrida da lugar a experimentos dignos del inefable coyote. Pero, y tal vez por ello, de una efectividad inusitada. Para explicar tal incongruencia es probable que los inicios con exitoso saldo de Abrial en la chanson folk y su posterior tránsito hacia el rock lacado de dureza hueca sean reveladores. Actor, productor, compositor para cine y revista, es “Slag machine” otro más de los dardos en busca de diana, en este caso la disco music de aroma sofisticado y conceptual ejecución. Aunque no acierte del todo con la traducción pese a haber consultado el diccionario, según confiesa. Slag…

 

 

 

 

MIRAGEMAN Free line ep.

Paroxism / Paralysis / Thunder / Atmosphere (ARISTON. AR-EP 1026, 1972)

 

Mirageman fue el seudónimo de Giovanni Fenati durante la triada 1969/1972. En esos tres años, como quién no quiere la cosa, graba para Ariston cinco Lps y varios singles y eps, tarea que a otros ocuparía una carrera entera y que a este titán tan solo le supone unas cuantas horas menos de sueño y dar salida a su incontrolable pulsión creativa. Entretanto y dicho sea de paso, perfecciona y casi da carta de naturaleza a lo que veinte años más tarde se vino en llamar “Lounge acid jazz”, -en realidad una mezcla de ritmos cinemáticos, progresión jazz y actitud pop- y de lo que todavía hoy vive la publicidad y modernos de mesa camilla. Eso que en realidad no era otra cosa que el asueto en el estudio de un músico de formación clásica  -como tantos jóvenes subyugado por el jazz- y sus compinches (De Piscopo, Emilio Soana, Baiocco) en una vertiginosa, prolífica, supersónica superación de etapas. Ahí es ná. 

 

 

GREGORIO GARCIA SEGURA. Harlem Pop / Distorsionando 

(BEVERLY. S.10011 B, 1976)

Gregorio García Segura (o Greg Segura, si hay confianza) es a menudo calificado como otro más de los anquilosados directores de orquesta que deambulaban en TVE y por las sedes de las compañías discográficas a sueldo del mejor postor, por el negocio en definitiva. Uno más de esos que elaboraban música afásica y desalmada como rosquillas. Y sí, de acuerdo, ese pudo ser el precio que tuvo que pagar para navegar por tan procelosas aguas. Funcionariales jornadas de esmoquín y pajarita, acompañando a bustos parlantes en Prado del rey con menos vida que las obras completas de Alfonso Paso. Producciones desangeladas a granel para el asueto de una sociedad trepanada, amenizaciones varon dandy, bandas sonoras para películas de Mariano Ozores (un respeto, por cierto), trabajos de trinchera con Gelu, Sara Montiel, Rafa, Mona Bell, etc, donde en alguna y contada ocasión saltaba la liebre. Y sin embargo este sencillo -y también otros eps privados para diversas  bôites y night clubs– en sus propios sellos, Gre-Gor y Beverly, muestra que también hubo gusto y talento, curiosidad y osadía. 

 

 
THE NILSMEN. Le Winston / The sand step
(RJR 6805 004, 1969)
 
Otra oda al consumo de cigarillos. En este caso para la marca Winston y a cargo del quinteto sueco The Nilsmen. Y al ser la copia que les presento la editada en el mercado francés, que mejor que la imagen sensual de B.B. con un pitillo en sus manos, dejando volar la imaginación y elucubrar nuestros deseos.  Creados ex profeso por la sugerencia de un grupo de ejecutivos de la multinacional en visita a Suecia -de juerga, imagino- tras verlos actuar en una sala, la canción de marras es, además, una bomba de hammond soul digna del Brian Auger más anfetamínico.

 

 

 

 

 

 

LIBRE ESPIRIT MOTEUR
Clubman round up / Mini memories / Mini scotch / Vacances 
(EVASION disques ep, 1970)
 
Cada vez que veo esta obra de arte me acuerdo de la fantástica “Mad men”. Debe ser por el maravilloso envoltorio. Este ep es otro artefacto publicitario. En esta ocasión de la casa inglesa Leyland, fabricante de mini, anunciando la salida del modelo clubman.
Al parecer un proyecto suizo, en concreto del ingeniero de sonido Stephen Sulke, famoso por su relación con otra de las joyas de la corona helvéticas (“Un soir chez Norris” del guitarrista Pierre Cavalli). Agrupó Sulke a una serie de colaboradores (el mencionado Cavalli, Bruno Spoerri…) bajo el apelativo de L.E.M. (Libre espirit moteur) y dio cuerpo a este nugget psicodélico que casa con sorprendente elocuencia el sonido de una época y el objeto que la define. Evocador y moderno. Comme il faut
 
SAMANTHA JONES. Le thème T.C. / Ford reste le pionner
(PENNY FARTHING T.C.-2, 1971).
 
La carrera de Samantha Jones es amplia y prolífica. Liverpoolian, llegó a abrir algunos shows de los Beatles junto a Cilla Black para después tener una larga carrera en ambos lados del atlántico, llegando incluso a editar un sencillo en español.
Este single promocional, valedor de las bondades del nuevo modelo Ford, el Taunus de 1971, es uno de los últimos escalones que descendió antes de acabar como cantante en orquestas de cruceros. La orquesta y producción de Larry Page, los arreglos de Bill Shepherd -habían medios, pagaba la Ford-, y ese sutil aire a bossanova, resplandecen bajo  los efluvios de su aterciopelada voz. Se recomienda llevar gafas de sol.
 
    
BERNARD ESTARDY a.k.a. LE BARON. Le sifflet du Baron / Piano flute
(SIROCCO. 48029, 1976)
 
Ya se ha hablado aquí de Bernard Estardy, el Baron, ex Gottamou, y genio de la música de librería, de la música en general. Pero me resisto a no incluir esta gozosa apoteosis del buen rollo, con la melodía sustentada en su silbido despreocupado y las percusiones abrumadoras, omnipresentes. Disfruten.
 

 

 

 

 

 

 

MARIO MOLINO e I COMPLESSO I BEAT. Il sogni del mare / Operazione beat
(BEAT. BT036, 1970)
 
Una de las tres ediciones del sencillo de Mario Molino “Il sogno del mare” y la única que lleva en la cara B esa maravilla que atiende por “Operazione beat” que sí, lo han adivinado, interpretada a medias con el grupo I Beat.
Guitarrista excelso, Molino participo en varias colonas sonoras (“Gli angeli del 2000″, “Operazione beat“) antes de dedicarse a la música de librería, aquella que tenía múltiples aplicaciones y a su vez le permitía experimentar. “Operazione beat” es un estupendo ejemplo del surf  (a-la Jack Nietzsche en “The lonely surfer” si se quiere) mediterráneo y aunque sea ese un mar calmo, nada tiene que envidiar a piezas consensuadas por mentes más preclaras como canónicas dentro del género. Ese fuzz ralentizado, uuuf!, es irresistible, hipnótico. Cada día más.