EXPERIENCIA. No te apresures. (Music hall 7". Argentina)

Hace unos  meses la gente a cargo del exquisito sello Crazy apple boutique publicó en nuestro país un recopilatorio estupendo que recogía un puñado de oscuras piezas argentinas -al menos aquí en España- fechadas entre finales de los 60 y principios de los 70. Se titulaba “DIGGIN’ DOWN ARGENTINA. Nuggets from the rioplatense scene, 1969-1975” y venia profusamente anotada por Eduardo A. Elizalde Pietruczyk, personaje con un enciclopédico conocimiento de dicha escena y, por si fuera poco, de amena escritura. El disco, como ya he dicho, recopilaba sorprendentes episodios perpetrados fuera del mainstream de la época -si se me apura, de cualquier época- a cargo de bandas como Dynamita, Little Green men, Los Gipsys, Brujos, Los Fantasmas o Wooky tooky. 

Airadas consignas de rebeldía repletas de fuzz ácido y distorsión, hammond desenfrenado, bases rítmicas vigorosas … en definitiva toda ese abanico imaginativo y poderoso que sedujo a multitud de jóvenes y que -como sucedió en nuestro país- tuvo esos toques autóctonos que le confirieron un atractivo único.

Viene todo esto a cuento porque conversando con Eduardo, me recomendó esta cavernícola y vigorosa canción a cargo del grupo Experiencia  “No te apresures” la llamaban, una versión cruda y desbocada del “Slow down” de The Crow, también cantada en inglés, y que sin ningún reparo ni verguenza, la adelanta por la derecha haciendo vano cualquier esfuerzo por seguir los consejos de su título.

Todavía hoy me sorprendo de que no la incluyeran. A no ser, claro, que sea una bala en la recámara para un futuro segundo volumen.


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LACONISMO. "That man, Robert Mitchum…sings" (Monument, 1967)

“…No creo que Bob Mitchum sea el mejor cantante del mundo, pero sí que es uno de los mejores tipos del mundo y, por supuesto, uno de los mejores actores.

El mismo descuidado atractivo con el que te encuentras en sus actuaciones lo encontrarás en este Lp para Monument. La misma independencia de ánimo. Lo que algunos definirían como un “lince”, yo lo llamaría “espíritu libre”. Así es como él es, en lo que canta y en lo que quiere cantar. Al igual que lo es con su carrera y en lo que la gente piense de él.


Su beat es impecable, solo un paso por detrás de Bobby Darin, y si una nota es demasiado alta para él, ¡Qué demonios!, puede interpretarla a su manera.


Creo que la calidad de su forma de cantar te sorprenderá, si no lo ha hecho ya. Y si te parece que miento, demándame. Como cantante estoy -o estaba- en el mismo saco y además soy un fan absoluto…”


JOHNNY MERCER

Sunny 

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Se ha hablado mucho y bien de “Calypso”, el primer lp del gran Robert Mitchum, una éxotica aventura musical que a muchos subyuga y que a uno siempre le ha dejado frío, más allá de su maravillosa portada. Es obvio que si a tantos y buenos aficionados -y con cuyo gusto suelo coincidir- así les parece, el problema debe ser mío. Mi copia, confesémoslo de entrada, descansa en ese lugar de mi discoteca en el cual reposan, indistintamente, discos olvidados, otros merecidamente castigados a la espera de redención y alguno en un limbo un tanto etéreo y olvidado.
Pero no quiero ahora incidir en una -otra más- de mis taras sino, más gozosamente, en alguna de mis filias. Y casualmente en una directamente relacionada con “Calypso” y que no es otra que su segundo lp, el maravilloso “That man, Robert Mitchum…sings” (Monument, 1967)
Gotta travel on
Little white lies
In my place
 Es éste un disco grabado diez años más tarde que “Calypso”, en donde se vislumbra con sincera elocuencia el paso del tiempo en el antihéroe por excelencia del cine americano clásico. El lugar donde un maduro y contenido rebelde sujeta -acaso no mejor aunque sí con mas atino- todos sus demonios durante tanto tiempo desbocados. Unos demonios siempre presentes pero que al menos semejan haber sido masticados, vividos, comprendidos. Lejos parece quedar esa oveja descarriada adicta a cualquier líquido con graduación y a cualquier planta susceptible de ser fumada, lacónica hasta el paroxismo, atractiva y viril, de aire descuidadamente seductor, desarmante en su honestidad, que igual transita por sus demonios que luce esplendorosa con sus virtudes. Y que siempre, en cualquiera de los casos, mostró un afán por construirse a partir de unos errores que devinieron aciertos. Por decirlo un poco más gráficamente, un tipo que parece haber superado el mortal fatalismo de Jeff Bailey en “Retorno al pasado”, el salvaje romanticismo de Frank Jessup en “Cara de Angel”, la personificación del mal del reverendo Harry Powell en “La noche del cazador” y, sobreviviéndolos, acabar siendo un desengañado y más sabio Harry Kilmer de “Yakuza”.
That man right there
You deserve each other


… Señor Mitchum, ¿Cuáles son sus registros interpretativos?;
Tengo dos: con caballo y sin caballo…”

“…¿Qué es ser actor?;
Un oficio que se ejerce desde las nueve de la mañana a las seis de la tarde, donde te pagan los viernes y te dicen como moverte y qué decir. No olviden que el perro Rin Tin Tin fue toda una estrella…”

“…¿Qué le parecen sus películas?;
No me pagan por verlas. Además, aparcar delante del cine es un coñazo…”

“…¿Mi diferencia con los otros actores?… Mmmmm…qué han estado menos tiempo en la cárcel que yo…”
 Little old winedrinker me
The ballad of Thunder road

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Seductor, vagabundo, sarcástico, independiente, aventurero, bonvivant… todo ello parece, ahora visto en perspectiva, como la coraza protectora de un tipo más sensible de lo que quiso reconocer. Una estrella que quería ser ella misma, huyendo de peajes y servidumbres y que, pese a costarle un precio elevado, al parecer pagó gustoso, consciente que en la balanza que calibraba lo verdaderamente importante, no había discusión posible. Un tipo sabio.

El reverendo Harry Powell en “Night of the hunter”

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OPTIMISMO. Merrill Womach. "Reborn"


















 

Merrill Womach fue un empresario de pompas fúnebres en Spokane (Washington) que resultó herido con graves quemaduras en el 90% de su cuerpo tras un accidente de avión. Y digo bien fue porque tras el suceso se convirtió en otra cosa, una especie de ángel de aspecto informe, juglar cristiano dedicado al proselitismo más optimista. Vamos, un tipo que tenía la virtud de ver el vaso siempre medio lleno, aunque éste lo estuviese de queroseno enriquecido, presto a confundir a su persona con combustible para la barbacoa dominical. Hizo carrera discográfica (de la que este hito es solo una muestra, asombrosa, eso sí) me temo que no más allá de su casa, de sus empleados o de las salas de hospital repletas de tullidos, desfigurados y futuros inquilinos de la morgue, a los que deleitaba con bizarros happenings musicales y encendidas odas a la superación. Agradecía en ellas a Jesús el salvarle la vida (y a su operísticamente entrenada voz), mostrando, orgulloso e impúdico, sin recato alguno, su rostro desfigurado en la portada de cada uno de sus discos, intentando transmitir optimismo y en realidad conviertiéndose -me temo que a su pesar- en un consumado exponente de lo desagradable, en abanderado del mal rollo, en definitiva en estandarte de eso que yo llamo Mundo atónito. No existen datos estadísticos probados de que dicho empeño ayudase a sobrellevar las mencionadas taras entre su desvalida audiencia o si -ésto lo creo algo más probable- contribuyó a la irremisible y cruel concienciación entre su público tullido e inerme de estar, si no ya en él, muy cerca del definitivo escalón postrero. Uno, de terrenal y banal simpleza, carente para su desgracia de dones teologales tan importantes como la fe, apostaría sin dudar por lo último.


En uno de esos discos -desgraciadamente no en éste- se narraba con detenimiento la odisea de su periplo, digna de un superhéroe marveliano. Una odisea que -a los hechos me remito- devino en catarsis espiritual y que, de tan increíble que resulta, no puede menos que ser cierta; 

“…Pese a las horribles quemaduras que cubrían gran parte de su cuerpo, permaneció consciente. De hecho ya comenzó a cantar cuando lo llevaban al hospital. Allí, mientras las enfermeras intentaban despegar la achicharrada ropa adherida a su cuerpo, siguió cantando. La llamas habían prácticamente devorado su rostro, hinchándolo hasta el tamaño de una pelota de baloncesto. Su cara era una masa carbonizada. En un principio no podían ni abrirle los párpados pegados, tan grande era la hinchazon. ¡Pero todavía cantaba!.
Cantó mientras lo llevaban al quirófano y cantó cuando se recuperó. Canto una vez recuperado y aún hoy sigue cantando…”

Les traduzco las sentidas notas que acompañan esta nueva muesca del optimismo más irredento. Sin duda, la Fé es un don.

“Es fabuloso ser completamente positivo, por la autoridad de la palabra sagrada de Dios, ya que si tenemos una vida en la eternidad como todos creemos en el nombre del señor Jesucristo, recibámoslo como nuestro salvador y en verdad nazcamos de nuevo.

Con gran gozo presentamos estas canciones de alabanza al hombre de Galilea que proclama ser la vida cuando dice; “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Mira el camino, examina la verdad, recibe hoy una nueva vida en Jesucristo”

CLASICISMO.

Aquí arriba un sueño y más abajo unas cuantas canciones para completar el post de ayer.
Ya es casi medio año hablando de mis tonterías y es muy posible que me repita. Seguro que sabrán disculparlo.

Si les apetece escuchar, como es habitual, solo tienen que pulsar sobre el título de la canción.



BARRY “BAREFOOT” BEEFUS Barefoot beefus

FRANKIE SANDS Yell
JERRY HANSON Hombre indiferente
LES COUSINS Dang_dang
JACK HAMMER The wiggling fool
MICHEL LEGRAND Come Ray or come Charles
RICKY NELSON Gipsy woman
TONY MILTON Well i told you
RAMSEY LEWIS One, two, three
BUD ASHTON Y SU CONJUNTO Pipeline
MATT MONRO Honey on the vine