GINO PAOLI. L’uomo con una pallottola nel petto.

 
Para unos extravagante, para otros lunático, para todos bohemio, libre y de personalidad contradictoria, Gino Paoli (Manfalcone, 1934) fue y sigue siendo, esperemos que por mucho tiempo, el prototipo del ácrata romántico. Más que comunista -aunque quizá entonces aún no lo supiera- y miembro de PCI -qué también- un tipo que siempre evitó sistemáticamente regirse por reglas estereotipadas, sabiendo o tan solo sospechando que así eran las que gobernaban el mundo. Un hombre empeñado en la tarea en hacer del camino el viaje. Autor implacablemente honesto, en constante búsqueda vital, impelido por lo sentimental, su obra es a la vez la inusual y mágica resultante de un clasicismo diríamos casi desengañado, verdaderamente revolucionario.
 
 
Pintor aficionado, trabajó como diseñador publicitario cuando esa era una profesión que aun tenía fascinantes aristas; trasuntos de aventureros, visionarios, idealista o mercenarios poblaban los estudios. Escritor vocacional -de lo que fuese, principalmente de canciones, habitualmente sobre la vida-, como tantos jóvenes italianos parte del jazz y de la chanson para, sirviéndose de ellos, revolucionar los temas tratados y cambiar el lenguaje, abriendo una puerta ya levemente entornada por Domenico Modugno.

Así pues, conviene señalar lo apasionado de su devenir. De como ese minúsculo tipo se lo hizo con Diosas del calibre de Stefania Sandrelli, de como supo otear el talento, ya fuese en Lucio Dalla o en Fabrizio de André. De como no dejó pasar ningún tren -drogas, alcohol, mujeres, la vida a bocados- que pudiese aparecer en su vida. Un tipo capaz de intentar el suicidio casi como principio estético. Lo intentaría en 1963; “Quitarse la vida era considerado un acto de coraje” y aún hoy convive con una bala alojada en el pecho. Y al que sin embargo el intento -esta vez certero- de su amigo, camarada, hermano Luigi Tenco lo sumió en una depresión intermitente pero duradera. Un hombre capaz de abandonar en la cima, tras su paso a RCA y la publicación de himnos imperecederos como “Sapore di sale” o “Che cosa c’è”, para retirarse a gestionar un modesto restaurante y cuidar de su padre moribundo, con quién tanto había chocado y a quién tanto amó.


Hoy me gustaría presentarles su primer Lp. Publicado en 1961 en el sello de Nanni Ricordi (Sí, en verdad un apellido predestinado) y con la acompañamiento de la orquesta de Gianfranco Reverberi. De hecho, el único apoyo, más que la orquesta, es el piano de éste. Incluye su primer single, el inicialmente desapercibido “La gatta” y dos de sus mayores éxitos -aunque lo fuesen en versiones de la gran Ornella Vanoni, con quién vivió un breve e intenso idilio- “il cielo in una stanza” y “Senza fine”

Son éstas, en realidad casi toda su obra, la historia de un solitario, confesiones de enamorado que gozosamente confiesa al mundo o lamentan desesperadas la presencia o ausencia de la amada. Breves historias que parecen querer prolongar el instante (“In un caffe”, “Maschere”) pero que sabedoras de lo contingente de sus andanzas se detienen en la celebración o el lamento de lo pequeño convertido en grande, sospechando que tal vez sea el último. Que narran en concreto y no genéricamente, implicándose casi hasta lo impúdico, las aventuras de su -y a la postre también nuestro- corazón. Que hacen, en definitiva, apología de la vida como si no hubiese un mañana porque en su manera de pasear por esta no cabe otro método salvo que uno quiera mentir.
 
 
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5 comentarios sobre “GINO PAOLI. L’uomo con una pallottola nel petto.

  1. Hola. Yendo tras Big Mybelle he llegado a tu refugio y me ha impresionado. Solo con leer tu comentario de Gino Paoli he notado como afloraban fragmentos de emoción que en su momento irán encontrando su acomodo.
    Gracias por tu magnífico verbo y por tu exquisito gusto musical.
    A partir de ahora merodeare frecuentemente por este barrio.

    Luis

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  2. No sé como he llegado a este blog, pero me considero como en casa de un viejo amigo.

    Ya tenía ganas de encontrar fundamento, conocimiento y nervio en algo escrito sobre este monstruo (a éste respecto, le sugiero que eche un vistazo a las reseñas publicadas por “Dorotea” en Rateyourmusic.com).

    Paoli no solo es un genio de la canción de autor sino también de la música melódica o ligera (como se decía deliciosamente cuando yo era pequeño) y ha escrito algunas de las canciones más bellas de la historia. De esas que te ponen el nudo en la garganta, te erizan la piel y te reconfortan el corazón. Questioni di sopravvivenza.

    Estoy a su entera disposición y preparado para visitarle tantas veces como pueda. Gracias.

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  3. Muchas gracias por sus palabras. El mérito -usted ya lo sabe- no es mío, sino del señor Paoli. En cualquier caso, considérese en su casa y pásese cuando le plazca.
    Si ya se ha paseado por éste mi humilde estudio habrá visto que también venero a Fred Bongusto y muchos más maestros y Diosas de la música italiana.
    Lo dicho, bienvenido.
    X.

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