BERGEN WHITE. For women only. (SSS Int. 1970)

 
 
  Dentro de las inútiles clasificaciones que de la música y de los discos solemos hacer -por comodidad, por seguridad, por simpleza- existe una, relativamente reciente, a la que podríamos llamar Wilsoniana y que vendría a ser aquella conformada por los discos cobijados bajo el manto protector y la influencia de Brian Wilson, con sus logros y errores. Obras dotadas de tentáculos interminables, de aristas muchas veces desapercibidas, que parecen querer aspirar a la cuadratura del círculo. Son discos realizados como un tótum revolútum, entre la genialidad y la demencia, a veces también desde la casualidad y a menudo orillados por el tiempo al ser considerados otra cosa, distinta y menor. Son discos llenos de ideas, de hallazgos y también de obsesiones. Discos que partiendo de la melodía se muestran indesmayables en la búsqueda de un perfeccionismo que se nos antoja imposible. Pop barroco, multiforme, de orquestal y esmerada producción, que navega con dificultad entre lo confidencial y lo grandilocuente, en un constante y peligroso equilibrio. Y que en las ocasiones en que consiguen mantenerse incólumes, sustentados por la pureza y lo anacrónico, subvierten lo peyorativo de este último estado para alcanzar una categoría propia, la de estrellas errantes de luminosidad perpetua.
 

  Música arrebatadora cosida por arreglos delicados; Cuerdas que sostienen el tempo, órganos, clavecines, pianos de cadencia clásica, guitarras elegantes empeñadas en dotar de cuerpo a la composición. Vientos evocadores sosteniendo a coros celestiales, voces que surgen de esa marea tranquila para recitarnos su novela y que pese a parecernos insólitos e incluso inadecuados en un primer momento acaban por encajar como un guante de terciopelo en ésa su aspiración de componer la perfecta sinfonía adolescente.

 

 Son también, en su aspecto narrativo, esbozos fuera de tiempo -acaso ñoños en una apresurada escucha, acaso de ardorosa urgencia cuando nos vemos reflejados en ellos- que pretenden ilustrar vidas, miedos, anhelos, de una forma modesta y humilde. Una inmersión absoluta a nivel personal que evita -que hace imposible- el riesgo de cualquier ambiciosa o petulante pretensión generacional. Historias sobre la fascinación del instante del hechizo, sobre la melancólica soledad del vacio, sobre la doliente pérdida. Historias, en ocasiones, sobre todas esas cosas a la vez, construidas por una endeble pero también infalible arquitectura ya que en las ocasiones en que ésta logra mantenerse erguida terminan por ser fiel retrato de una obsesión que nos consume, del sentido de la vida. Historias, en definitiva, alejadas tanto del menor interés en sumar adeptos a su causa como de luchar contra aquello en lo que, en su fuero interno, son plenamente conscientes; de su irremisibilidad. 
 

Y es ahí donde el único disco que conozco de Bergen White, “For women only”, entra por derecho. Le aguanta el pulso orgulloso y retador a cualquiera de las obras que cada uno de nosotros (“Pet sounds”, “Present tense”, “The further adventures of Charles Westover”, “Someday man”, “A midsummer daydream”, etc)  estimemos como imperecederas, canónicas. No estoy hablando tanto estilisticamente -que también- como por grandeza. Por derecho.

 

 Bergen White entra muy joven a trabajar para Hit records -un sello de producciones baratas cuyas ediciones se vendían en supermercados- especializado en lanzar singles con versiones de los éxitos del momento. Apenas observa la mínima posibilidad de meter la cabeza donde siempre había querido, deja su empleo como profesor de matemáticas y se zambulle sin pensarlo. Hit records tenía la costumbre de permitir que en las caras B de esos sencillos sus colaboradores incluyesen alguna composición propia. Es allí donde conoce a Bill Justis, el arreglista jefe del sello, quién seducido por su talento le sugiere que comience a realizar orquestaciones e incluso permite que se incluya, con seudónimo, alguna de sus composiciones. 
 

Por aquella época Ronny and the Daytonas -la respuesta desde Nashville a los Beach Boys– alcanzan el # 4 en las listas con “GTO”. En muy poco tiempo tienen que tener a punto un Lp y además hay que girar. Invitado por sus amigos de infancia Bobby Russell -quién cantaba en “GTO”– y Buzz Cason (con quienes había tenido un grupillo adolescente llamado The Todds) y conociendo también a John “Bucky” Wilkins, lider de la banda junto a Buzz Cason, entra a formar parte de los Daytonas como músico y cantante. Es durante esa gira cuando conoce a Brian Wilson, ya un tanto hastiado de la poderosa máquina de surf, la sonrisa perenne y las odas al cuerpo -y a la mente- sana que el ya nunca tendría y en cuya cabeza comienzan a gestarse lo que serían esas dos obras maestras, lacerantes y hermosísimas, que responden por “Pet sounds” y “Smile”

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Motivado y seducido, casi impelido por un alma gemela indicándole el camino, Bergen White comienza a dar rienda suelta a sus dotes y habilidades. Un primer sencillo en Monument (“If it’s not asking too much”) es su pistoletazo de salida. No pasa nada con él, aunque eso no parece desanimarle. Su carrera como arreglista ha comenzado a emerger tras el éxito de su trabajo para Tony Joe White en “Polk salad Annie”. El mismísimo Rey requiere de sus servicios y eso ya son palabras mayores. Colaborará con Wanda Jackson, con Glen Campbell, con Margo Smith, con Duane Eddy, con Dottie West. Ya tiene un status profesional. Ha entrado en las grandes ligas. Pero en su mente sigue bullendo una obsesión; su disco. Finalmente, en 1970, se pone manos a la obra. Grabado en Tennesse, con la creme de la creme de los músicos de Nashville (Charlie McCoy, Norbet Putnam, David Briggs, Mac Gayden, Wayne Moss, etc) “For women only” es el resultado de una alquimia única; El romancero del american gothic, baladas cosidas por imaginativas orquestaciones  pero ceñidas a la melodia con inusitado rigor. Pop de la costa oeste, country and western, american music. Técnica, pericia y sensibilidad. Distinción y elegancia. Portentosos arreglos de sutil, frágil belleza y un estilo vocal que ora remite al doliente Del Shannon -acaso tres escalones por debajo de su vituosismo- ora a un Richard Carpenter maduro, consciente de lo que se trae entre manos.

 

Lastrado por una portada poco afortunada que remitía a las series económicas, a esos exploitos oportunistas. “…Todo el mundo me preguntaba sobre ella. Todos me preguntaban si eran Ted Kennedy y Mary Jo Kopechne. Yo les respondía que claro que no. No tengo ni idea de donde vino la portada. El tipo obviamente no era yo aunque la mujer era bastante guapa…” Diseñado con una estrategia a cargo del sello de Shelby Singleton cuando menos discutible (editar inemediátamente después del lanzamiento un sencillo –“Spread the world”– no incluido en el Lp y con un sonido que no tenía nada que ver, no parecía la mejor idea posible), el disco acabó ubicado definitivamente en el cajón del soft-pop más peyorativo. Era el tal Shelby Singleton uno de esos corsarios prestos a desvalijar cualquier navio con problemas, uno de esos buscavidas prestos en hacer caja sin importarles las bajas y que ya era perro viejo tras haber estado en Mercury y su subsidiaria Smash. Así pues “For women only” entró a formar parte desde el momento en que se publicó en esa extraña categoria de discos que pierden la carrera antes de comenzarla.
 

Y es una lástima. El disco tiene todo lo que uno le pide a obras así. De sobra. Composiciones soberbias; las propias (“It’s over now”, “The bird song”,”On and on”) más las de su amigo David Gates (“Look at me”, “Gone again”). También de Mickey Newbury (“Let me stay awhile”), de Barry Mann (“She is today”, “Lisa was”) o de Townes Van Zandt (“Second lover’s song”). La orquestación es delicada y firme, con la clase y el tono necesario, precisa en el difícil arte de huir de lo sentimental y quedarse en lo emotivo, lo etéreo. Las melodías son clásicas, inventivas, ricas. Los arreglos increíbles; flautas y cuerdas, fuzz y clavicordios… todo casa con armoniosa, sorprendente perfección. Lo que en un principio podría ponernos a la defensiva -la obra de un arreglista dispuesto a mostrarnos todo su abanico de trucos- se convierte en un disco que sí, da carta blanca a las pretensiones de un profesional del estudio (habituado a dar al cliente lo que se espera de él y no lo que pretenda en su fuero interno o considere más apropiado) pero que obtiene por resultado un trabajo mágico, ajustado, evocador. Si además los textos huyen de lo melifluo, adquieren un trasfondo confesional y sincero, permitiéndonos varias lecturas, lo que obtendremos será un disco que es tónico y cauterizador, un disco que narra los itinerarios de la obsesión, los precipicios y las cimas. Un disco al que querremos volver tantas veces como nos sea posible, en los momentos de desolación y también en los de esperanza.

 

El disco fue reeditado por Revola en cd en el año 2004, incluyendo además del tracklist del lp original tres singles no incluidos en él, unas notas exhaustivas a cargo de Steve Stanley (que me han servido para documentarme, tomando datos históricos) y declaraciones en exclusiva de Bergen White acerca de cada una de las canciones.

 
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3 comentarios sobre “BERGEN WHITE. For women only. (SSS Int. 1970)

  1. Disco de cabecera amigo mío. Tendrá su merecida entrada (aunque ya veremos cuando, debo tantas).
    Y, aquí en la intimidad puedo decirlo, en fantabuloso vinilo del sello Revue. La copia original.

    Es gracioso, hará ya diez o doce años, cuando mi hijo mayor acababa de llegar a nuestras vidas, de repente, me hice adulto. Por cosas que entenderá; Un nuevo capítulo en mi vida, cierta estabilidad económica y un contacto americano muy generoso. Ese disco (y muchos más; Bergen White, el Charles Westover, Merry go-round, Terry Melcher, Poppy Family, Paul Parrish, The New Wave, Twin Connexion, 3's a crowd, etc, etc) entraron a granel en mi vida por cantidades insignificantes.

    Ultimamente he vuelto a ellos.

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