"Comparar a Dios con un gitano" (Correspondencias con d. )


Todo lo vomitado a continuación surgió a partir de un hilo maravilloso del amigo David en el foro de Ipunkrock al cual me agregue muy gustosamente. En cualquier caso, yo soy el único responsable de lo aquí perpetrado. Para público conocimiento y en aras de mantener su crédito y buen nombre a salvo.


“De toda la vida ha sido una idiotez de dicho, a ver si hay Dios que supere estas cosas”
(Un sabio castizo)

Lo he comentado alguna vez. En este mundo virtual que es la red, solemos pasear por distintos lugares, muchos de ellos desconocidos o como mucho imaginados. Podrán ser más o menos placenteros, más o menos desagradables, aunque de nuestro juicio -salvo inesperadas sorpresas- dependa el que por ellos circulemos. Al ser mundos sui generis – limitados, pero mundos-, suelen estar poblados, como cualquier otro, por los más diversos especímenes; agresivos o razonables, graciosos o desgraciados, generosos o cicateros. Como la vida misma, vaya.  Sirva este post como señal de complicidad y agradecimiento hacia algunos que he tenido la ventura de conocer, aunque solo fuese epistolarmente. Agradecimientos a  David M, a Crass, a Juanillo Basura, a Somebobo y a muchos otros que seguramente olvido. Vayan por delante mis disculpas por ello. Han logrado, en uno de esos ámbitos paralelos que mencionábamos (un foro, en los que algunas veces también se habla de música), hacerme sentir tan confortable como en mi propia casa. A todos se les aprecia y estima, que lo sepan ustedes.

Hay veces que lo que vemos realmente y lo que recordamos se mezcla en la memoria como un cóctel”

No teman, no voy a comenzar hablando de combinados. Y no por falta de ganas. Desgraciadamente no he pasado de la primera fase del rito, tal vez la más placentera, esa que consiste en ingerirlos. La maestría y precisión necesaria para su creación es, desgraciadamente para mi, un misterio insondable. Tampoco quiero que ésto sea una proclama de airadas soflamas acerca de la falta de rigor o los prejuicios mal entendidos. Menos aún abundar en ese espíritu mundano y descreído que nos arrogamos como pátina de falsa modernidad. Tal vez debiera limitarme a glosar la música, la que considero de una pieza, verdadera. Pero me parece también que eso sería catalogar lo que a continuación sigue de anacronismos o extravagantes experimentos y no, no señor, no me lo parecen en absoluto. También podría parecer, erróneamente, que uno sabe o conoce lo que a duras penas  alcanza a atisbar. Estaría mintiéndome e intentando mentirles. Solo diré que es un mundo fascinante. De poder ser capaz de definirlo, diría que es realidad y ficción, ambas cosas imprescindibles para construir los errores y los aciertos que constituyen la esencia humana.

 Porque gustando uno mucho de los anacronismos y extravagancias, de los espíritus libres y desacomplejados, me parecen éstas cualidades ornamentales, agradables y divertidas, que posiblemente pueden llegar a dar la perspectiva y el tono necesario, pero que necesitan sustentarse en enjundia cabal, de ley.  Poca justicia le haríamos si la opinión – sobre ella, sobre cualquier cosa- se centrase en el mero andamiaje y en poco nos tendríamos si nos contentásemos con eso.  De lo que quiero hablarles es de algo que en mi humilde opinión trasciende la broma y el chiste al que suele estar sometida (muchas veces como forma de alejarnos de lo que fuimos, de lo que no entendemos, a menudo de ambas cosas) y que si somos honestos es realidad y es verdad.

 Me ha quedado esta última frase muy evangélica, es cierto, y algo de ello tiene la rumba. La laicidad estilística ante los compartimentos reglados pero libres de donde procede. Precisamente por ser ésto y no otras cosas, a muchos molesta al verse reflejados en ella contra su voluntad. Y pretendiendo altura intelectual, moral o de cualquier otra índole (?) no acaban por darse cuenta que lo que muestran vituperándola, desmereciéndola u orillándola, es bajeza y sentimiento de culpa, cuando no cerrilismo y orgullosa ignorancia, la más nociva de todas.



















Ay, la señora Vargas, qué fiera. ¿Sabían ustedes que era la hermana del Príncipe gitano?, ¿Y que su arte inmenso, genético, animal, ya impactó a los yanquis en un aparición estelar, apoteósica, en el Ed Sullivan show, allá por 1960?. Vamos, que fue viajada desde muy temprano, y que vistos los resultados tomó nota. Que conoció más allá del tablao y el queli. Que fue permeable a ritmos y estilos. Que ese roce dio lugar a la combinación de rumba, bolero, rock, son, cumbia, cante, y que -si me permiten el atrevimiento- fue poesía; social, vital, sentimental. Y bastante más verdadera que la que consta en los anuarios de la literatura oficial.

Ésto que quiero mostrarles ahora es ya genio y figura. Maceración vital y desparrame artístico. Rumba bastarda jalonada por aportaciones exógenas y que, por arte de magia y de mucho talento, perfecciona el arte de las pequeñas cosas, ese que cuando se logra, es para uno el verdadero arte.


DOLORES VARGAS “LA TERREMOTO” – “¡Desgraciao!”
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“…No tienes trabajo, ¡desgrasio!, no tienes candela, ¡desgrasiao!
No tienes un duro, ¡desgrasiao!, no tienes una perra, ¡desgrasiao!
Ya no tienes arreglo, ¡desgrasiao!, vives en la miseria, ¡desgrasiao!…”


Arreglos y ornamentación casi avant garde para la época, querencia -involuntaria tal vez, innegable seguro- por los sonidos negros. Unos sonidos que ella adaptó, transformó y llevó a su terreno, probablemente de manera inconsciente. Y que siendo recluida al cajón de las anomalías, quienes así lo hicieron no supieron que ese cajón fue en realidad erróneamente bautizado. Era, es, el cajón de las maravillas.

DOLORES VARGAS “LA TERREMOTO” “El despertador”
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Podría haber sido el tema principal de cualquier Spaghetti-western. Un homenaje a Morricone llevado a terreno propio. Esos coros masculinos que parecen a cargo de I cantori moderni de Alessandro Alessandroni, en caso que estos hubiesen tenido delegación hispana. Vientos recios, palmas, esos “hey toro” hipnóticos y una historia que le iba como un guante; Aguante y orgullo, insolencia y devoción. Y todo eso no compuesto por Ennio Morricone o un John Barry de vacaciones en Almeria sino por, pásmense, ¡Mochi!


DOLORES VARGAS “LA TERREMOTO” “El toro de la vida”

Y para terminar por ahora con esta Diosa, que mejor asunto que su racial y abolerada interpretación del clásico meloso por excelencia de los setenta, el “Love story” de Don Francis Lai.
































El susodicho brodel. Reescribiendo los tiempos. En pleno hippismo con los beatniks a cuestas. En la España de 1968 la historia se escribía muy lentamente. ¿Pasa algo?

EL PRÍNCIPE GITANO “Beatnik”

















Decía un amigo, con tino y humor, que entre Argentina Coral y Perlita de Huelva, existía una sería rivalidad a la hora de dilucidar quién de las dos llevaba dibujada más larga la raya de los ojos. No sabría decirles, lo que es indudable, me parece a mi, es que a la hora de pintarse los labios la disputa no tenía lugar. Argentina, sin lugar a dudas.






















Deleítense con la maravillosa portada. Sin acreditar, por supuesto, Belter factory, ya saben. Y también con la asunción del papel de Joan Crawford en la maravillosa película de Nicholas Ray a cargo de nuestra dama. Un “Johnny Guitar” de rompe y rasga, uno de los boleros de referencia del cancionero popular pasado por su tamiz y los bongos, siempre los bongos, de “Mil noches”.


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Tres muestra más de esta deslenguada y arrebatada dama, de su exacerbada actitud cosmética; Su versión del “Gwendolyne” -que por cierto, ahora que no nos oye nadie, es un PEDAZO de canción-, una revisión de Beny Moré (“Amor fugaz”) y una de esas novelas de tres minutos que además, pone a ciertos hombres en su lugar, llamada “Cobarde”. Una rumba abolerada que huye de la sumisión aunque, ay!, no del machismo.

Digamos que todo aquello que lleve bongos, bongoseros y provenga de Bongolia ya me tiene ganado de antemano. Que el insigne personaje que lo inventó – y que sin duda sería cubano- no conste en las enciclopedias, tenga cientos de avenidas y bulevares dedicados, estatuas y bustos por doquier, o que ninguno de nuestros museos lleve su nombre, me parece una injusticia enorme y que merece ser saldada ipso facto. Ahora mismo, sinceramente, no veo que cosa benefició más a la humanidad, si el descubrimiento de la penicilina, el invento de la rueda o los tambores gemelos. Seremos comedidos y los pondremos a la misma altura.

























 ARGENTINA CORAL “Amor fugaz”

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Una última cosa. ¿Cuántos géneros conocen capaces de adaptar clásicos de otro y por sistema trascenderlos?.  Una de las múltiples gemas de Los Brincos, con hondura y compás.


 



SALAKO “Yo lanlará”

Observen la portada. Deténganse por un instante en la imagen. Pese a la testosterona que rebosa y la virilidad que pretende emanar, fíjense en esa mano izquierda en el bolsillo. Que no les confunda el orgullo racial y pose chulesca con la que pretende llevarnos a su terreno, a medio camino entre el bandolero decimonónico y estética de macho “Paquirri style” tardo setentero. Contemplen esa mirada huidiza. Ahora piensen por un momento. Impactante ¿A qué si?.

He escogido cuatro canciones del mismo. Un “Yo canto por cantar” (“…Yo estoy vasio, no siento nada, no tengo ganas ni de hablar y estoy cantando/ Me da pereza abrir la boca para decir lo que dijeron tantos/Que tontería cantar al mundo, pidiendo paz y que haya amor en todas partes/ Si nadie sabe lo que pedimos, lo que decimos verso a verso los cantantes…”) o lo que es lo mismo, nihilismo y rumba de la mano, en una cruzada imposible contra el buenismo y lo políticamente correcto.


SALAKO “Hoy canto por cantar”

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Otra que me gusta especialmente es esta mezcla de arrebato, despecho y especulación sentimental, que comienza como epopeya de motel de carretera y acaba… bueno, acaba como acaba.


“Te ruego que no me beses que luego son intereses, que luego son intereses…”
O ésta otra. ¿Homenaje a Camarón?. No creo que, pese al título, haya sido provocada por la visión de la hermosísima Jean Simmons en la película de Preminger. Aunque ¿Quién sabe?…


SALAKO “Cara de ángel”

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Para terminar, la que abre le disco. Algo más ligero pero igualmente irresistible, una de esas declaraciones que no te permiten el abrocharte los primeros cuatro botones de la camisa, solapona y estampada, por supuesto, a no ser que seas un malaje. Nótese la vertiente filogay;  “… yo no sé lo que me diste al entrar dentro de mí, que si no te ven mis ojos sienten ganas de morir…”. Algo, por otra parte, muy habitual en un género mucho más todo terreno de lo convenido.


















Manuela Otilia Pulgarín González, ahí es ná.  Resulta obvio que llamándose así tenía que ser algo grande, con fuste. No me cupo la menor duda en cuanto vi este disco suyo. Bien es cierto, si soy sincero, que el componente yeyé, el look un tanto aputonado y el desparpajo con el que posaba, retador y pintón, tuvieron mucho que ver. 
Extremeña de Badajoz y de 
familia humilde, comenzó temprano (a los seis años) a cantar en Radio Extremadura. Una más de esas niñas prodigio a la que tan aficionada era la época. También, sea dicho de paso, algunos de los así llamados promotores, especuladores del talento, muñidores de los sueños y esperanzas de la miseria. Giró por América – la bomba española la llamaban en Buenos Aires- e incluso se dice que compartió escenario con Judy Garland o Dean Martin. Realidad o leyenda, lo que no deja de ser real son sus canciones, algunas de ellas legendarias.

“… Huyendo de los civiles, un gitano del Perchel, sin cálculo y sin combina ¿en dónde vino a caer?. En un corral de gallinas. ¿Y que es lo que allí pasó?. Pues una pavita fina que a un pavo le hacia el amor. A los dos los cogió, con los dos se quedó. Y el gitano a su gitana de esta manera le habló. Echale guindas al pavo, échale guindas al pavo, que yo le echaré a la pava…”





















“…Ay, Sharon por aquí, ay, Sharon por allá, Ay Sharon, Sharon…¡Qué tu te llamas María Pilar!…”


 

Me gusta mucho esta foto. Parece sacada de un revisión del Vampyros lesbos de Jess Franco en clave cañi. Amina extendiendo su manto ante sus palmeros, aquí casi trasuntos de ajados efebos fuente de la eterna juventú. Se los comería con patatas, imagino.

Amina, la gitana árabe, la llamaban. Con una visión muy personal del cante, lejos de la mera y digna canción aflamencada, en ese limbo que es también cruce de caminos, confluencia de culturas; Lo árabe, lo flamenco, el pop.
No me resisto a subir estas tres versiones del Dúo Dínamico, Camilo Sesto y Los Mitos por la gitana árabe, gaditana criada en Tánger y Casablanca. Algo así como la versión femenina de Bambino.




Más famoso (y valorado) por su “Chivato”, que si no recuerdo mal ya les presente en otro post, Agustín Abellán Maya, CHANGO, gitano y catalán es una especie de puente, breve y muy gozoso para quién ésto suscribe, entre la rumba digamos clásica, y la influenciada por los nuevos tiempos. El bolero, la canción melódica italiana, la chanson, el pop, estaba en el aire y los nuevos rumberos, pugnando por salir del gueto al que siempre se quiso confinar a su pueblo, no tenían el menor complejo en mezclarlo con la rumba canónica y todo aquello que la había perfeccionado; el son, la cumbia, el bugalú… 
Y en ese mundo, el de la rumba, mucho más abierto y menos endogámico que otros tenidos por amplios y aperturistas, eso significó que CHANGO sería algo así como el eslabón perdido entre Antonio González y los Amaya. Respeto y curiosidad. La cadencia y la voluptuosidad llevada tanto a la burguesa bôite como al más canalla club de alterne. Clase.



Josep Maria Valentí, CHACHO, es miembro por derecho de la santísima trinidad de la rumba clásica catalana, junto a Antonio González “El pescaílla” y Pere Pubill Calaf “Peret”. Junto a ellos tres, o al menos en un lugar próximo y preponderante, uno situaría al Noi, cuyo único “debe” tal vez fuese el tener menos obra publicada y, por lo tanto, ser menos conocido.
Más cercano -en todos los aspectos- al Pescaílla que a Peret, de voz ronca y quebrada, cálida y elegante, tal vez ese fuese uno de sus mayores problemas a la hora de hacerse con un lugar en el Olimpo de la rumba más popular. En un género dirigido esencialmente a la fiesta y la diversión, dejando solo para la íntima soledad los requiebros del corazón, su innato calado emocional y el fraseo insuperable de su cante, le daba un empaque poliédrico, pero regido inevitablemente por la tristeza y la introversión.
Pianista notable, con una extensa obra discográfica e incluso alguna incursión cinematográfica, jamás llego a explotar más allá de los círculos de los conocedores.
Incluso en sus versiones de otros, generalmente éxitos del momento (de Nino Bravo, de Massiel, de Cliff Richard), en principio jaraneros, una niebla de misterio y un halo de soledad lo impregna todo, distanciándose de ellos, pero sin abandonar nunca la canción, dándoles un sitio nuevo, sorprendente. Algo así como el nacimiento del cool en la rumba catalana.

Juzguen ustedes.


 



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 Digámoslo de entrada par evitar el malentendido. Joaquím Caldera Cardoso, “el gitano portugués” NO es el padre de Cristiano Ronaldo. Podría serlo, efectivamente. Lo tiene todo; el apelativo (prueben a escribir su sobrenombre en google sin el artículo), la nacionalidad y hasta cierto parecido físico. Pero que más quisiera el de Madeira, tener la mitad de su talento. 

Mestizo en un género de por sí ya bastardo, tocaba cualquier palo que se le terciase. Podía ser éste la samba en “Chando mio” o el son cubano en “Rebola bola”. Con mandíbulas prominentes, las pertinentes patillas en su sitio y de aspecto recio, chulesco, era especialmente curiosa su manera de cantar, mezclando diversas lenguas (portugués, castellano y caló) hasta crear una personalísima e ininteligible, pero que en cambio “transmitía”.


 

 












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No va más caballeros. El Gran, el incomparable, Antonio González “El pescailla”. Hagan el favor de ponerse de pie.


“Ahora con todos ustedes ¡¡Antonio!!… Y de seguida con ustedes de nuevo” 






LOLA, ANTONIO Y CHANGO “Muchacho barrigón”

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Con su señora de nuevo, acompañando. Una bomba gitana. Ella, él y la canción. Algo verdaderamente soberbio. Escuchen;




LOLA FLORES “Bomba gitana”

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Y aquí por el gran Bobby Capó. TRONÍO.



Cada vez, cada vez que tu me miras,
se te forman tus ojitos, dos ojitos muy boni…
Ay! muy bonitos para mi, cada vez que tu te ríes,
se te forman en tu boquita dos hoyitos muy bonitos,
ay! muy bonitos para mi.
Y cuando yo hablo contigo, me entra una formalidad
que te juro, que te juro vida mía,
que me tengo que apartar.
¿Y por qué? Porque tu eres novia
ay! de un viejo amigo mío,
mira que pasará, si te llego a enamorar
Turututam, tutututam…
Allacallacai, allacallacai ¿En qué quedamos por fin?
¿Me queirs o no me quieres?
Te has cansado de mi, más vale que no lo niegues.
Si te quedas o te vas,
te vas, te vas mi amor. Ay! mi amor no te pide nada,
Te has cansado de mi, más vale que no lo niegues.
En la vida y en el amor
Ay! es mejor que nos duela,
que engañar a un corazón y vivir de una quime-me-mera…
¿En que quedamos por fin?
¿Me quieres o no me quieres?
Te has cansado de mi, más vale que no lo niegues,
Ay! no lo niegues, ay! no lo niegues.


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Tal vez esta epopeya merezca convertirse en saga.  En cuanto pueda. Y en la medida de mis posibilidades. 


DAVY JONES & THE VOODOO FUNK MACHINE. (Philips, 1971)

 
 
 
A principios de los 60, Davy Jones, soulman canadiense poseído por el funk se traslada a Europa vía Holanda. Una vez allí, acompañado por ‘Het, grupo de pop art, nederbeat, freakbeat, llámenlo como gusten, se instala en Amsterdam donde realiza numerosos bolos y publica varios sencillos. Por uno de ellos tengo especial querencia (el “You better go your way” Dylaniano) aunque esa es otra historia. También actúa en Hamburgo, donde se dice llega a telonear a los Beatles.
Pronto parte rumbo a París. Allí coincide con ese genio que responde por Janko Nilovic (y de quién ya hablamos en el estudiodelsonidoesnob hace un tiempo) con el que entabla una fructífera y algo demente sociedad musical componiendo y arreglando la totalidad de su único lp “Sookie Sookie”. Sonidos Jerk prostituidos, inspiración vudú, el mojo rebosando, órganos funk, psicodelia especiada y rugidos soul.
Mucho mejor que mis burdas palabras, el preámbulo que se marcan en la contraportada. Mierda de la buena pillaban. Sí o sí. Juzguen ustedes.

 
“… A través del poder de Ogg y la niebla grís de Kodo, que desciende sobre nosotros y llora sobre nuestras almas, conduciéndonos, u obligándonos, a controlarnos, o a ser controlados. Moviéndonos con la torpeza de robots oxidados, las sombras crecen aún más débiles, hacia la nada. Abrumados por el deseo de gritar, el llanto del reconocimiento, paso a paso, buscando siempre la búsqueda de la expresión, solamente para oír la carcajada vacía de los desalmados, los atormentados, luego la paz, porque Ogg ha hablado y el mundo está para siempre sereno.
  
Davy (Bang Bang) Jones y su máquina del vudú funk se proclaman mensajeros de Ogg en esta galaxia y levantan sus brazos para darte la bienvenida. Para todos esos que no están familiarizados con el término “Pocomanía”; Hipnótico por medio de ciertas vibraciones de sonido y para contactar con tu propio yo, este disco ha sido inyectado con el ingrediente que Ogg nos dio. Si después de escuchar ciertos pasajes comienzas a sentirte mareado, relájate y déjate llevar hasta el territorio de Nod…”

 

 

Se ha dicho que su manera de cantar era comparable a la de un Lee Dorsey entripado.  Una voz desatada, que grita, chilla, implora, completamente metida en el personaje que representa y ayudada, muy probablemente por la ingesta masiva de setas. Una voz corpórea, sorprendida por el alma que atisba a ver de todo lo que le rodea, y a la que una dieta rica en dietilamida de ácido lisérgico la lleva, escoltada por un trasunto europeo de los JB’s, a ver la luz, la verdad del instante. 
Desde la intro con ese robótico “…Listen, ecoutez, this is the voice of the voodoo funk machine, my lord and master Davy Jones has installed in my brain which we have created to sock it to you…” todo parece querer conducirnos por el territorio del viaje mental, alucinado. Pero en absoluto desde el punto de vista de la aventura, del experimento, sino desde conocimiento. Todo está en su sitio, perfectamente calculado. El disco es un ejercicio de funk tórrido, candente, con voces espectrales, intros espaciales y milimétricos ensamblajes del ritmo. Una banda que aplica por igual fuzz animista que vigorosas baterías, vientos descarriados que un hammond desatado. Unos coros femeninos plagados de “ooohs” eróticos coronan la odisea. Y finalmente la voz. La de Davy Jones, a la sazón gran sacerdote de la liturgia, que consigue ensamblar de manera perfecta, superior. Eso es, el viaje de un ser superior, al menos durante treinta minutos.
 
El Lp, que yo sepa, tan solo saldría en Holanda y Francia. En nuestro país debemos conformarnos con sus dos sencillos, “Love” y “Sookie sookie”.

"MES ANNÉES 60". Jean Marie Périer. (Ed. Filipacchi, 1998)

Podemos decir de este libro, sin temor a equivocarnos, que es el álbum fotográfico que resume una época. El fascinante compendio de otro tiempo en otro país. Una especie de testamento generacional que me provoca admiración y envidia. Admiración porque haya alguien que haya tenido la suerte de ser cronista de un tiempo prodigioso, de haber estado en el lugar adecuado y en el momento oportuno. Envidia porque siendo aquí las cosas tan diferentes pero tan iguales, no exista ni una industria avispada ni un público interesado  más allá de cuatro desubicados como quién suscribe. Y que por tanto no goce del merecido reconocimiento obras si no iguales (porque ninguna lo es) si al menos similares. Un limbo que se ha vuelto normalidad, que se compone de falta de curiosidad y nulo respeto, equidistante con la desidia y el desprecio, por saber lo que fuimos o al menos lo que quisimos llegar a ser. Así nos luce el pelo.

He aquí la introducción del autor, Jean Marie Périer, al libro que recoge una selección de su estupenda obra.

“En mayo de 1962, mientras estaba sentado en “La belle ferronniére”, una bar de la calle Pierre-Charron, Daniel Filipacchi, de quién había sido asistente de fotografía en los años cincuenta, me propuso colaborar en un pequeña revista musical. Yo acababa de llegar de Argelia, donde había hecho el servicio militar. Trabajaba como fotógrafo para “Tele 7 jours”, algo que, para un joven de veintidos años significaba estar colocado. Cansado de inmortalizar a Catherine Langeais sobre fondos de terciopelo color burdeos, dije sí enseguida a la propuesta de Daniel. No podía ni imaginar que me estaba haciendo el regalo de los doce años más maravillosos de mi vida.

 El primer número, enteramente compuesto de fotos encargadas por las casa de discos, tiró 100.000 ejemplares. A partir de entonces, Daniel y su socio Frank Ténot tuvieron que hacer otra tirada para satisfacer la demanda. Un año más tarde, la revista tiraba más de un millón de ejemplares. La novedad visual aportada por Régis Pagniez, su director artístico, y la libertad que Daniel y Frank permitían con las fotografías hicieron el resto. Libertad por la que les estaré siempre agradecido. En más de doce años jamás me fijaron un límite, tanto con la imaginación como con los medios. Muy pocos fotógrafos han tenido este privilegio. Y desde entonces no lo he vuelto nunca a encontrar. En los cincuenta pasábamos sin transición de la adolescencia a la edad adulta. El descubrimiento de la adolescencia como marca data de principios de los sesenta. Era un público nuevo, atento y muy abierto.

 El programa “Salut les copains”, que Daniel conducía todas las tardes de cinco a siete, era el más popular entre los jóvenes, y como todas las semanas él les explicaba lo que yo hacía, en que país estaba, con que cantante, ese día y al día siguiente, me encontré en primer plano de esa época singular, con un estatus sobrevalorado de “estrella”  y que me habría vuelto totalmente loco si yo no hubiese estado protegido por la flema de Daniel y el humor de Régis. Daba la vuelta al mundo en todos los sentidos varias veces al año, pasando de Johnny a los Beatles, de Sylvie a los Rolling Stones. Durante las giras en Francia, cuando paseaba por las calles, si levantaba la cabeza, podía ver las habitaciones de los adolescentes cubiertas de mis fotos. La suerte que tuve fue la de haber conocido a todas esas estrellas en sus comienzos, después de lo cual solo tenía que seguir la estela de sus fulgurantes carreras. “He’s a friend of the boys” es la frase que Jo Bergman, la coordinadora de las giras de los Stones decía a los organizadores de los conciertos en cuanto llegaba. Esa frase me valía como pase para acceder a todos los lugares, me abría todas las puertas.

 Pero mi verdadera suerte fue, sobretodo, el realizar lo que quise hacer. Eso tal vez explique por que no tiendo a la nostalgia. Aunque cuando veo esas fotos, me evocan la libertad, la imprudencia, la ingenuidad. Me recuerdan los tiempos en yo no trabajaba más que para divertirme, consagrándome muy seriamente a cosas que en absoluto lo eran.

 Este libro no tiene como finalidad contar la historia de “Salut les copains”, ni de hacer una síntesis de ese decenio, sino más bien de evocar lo que viví, recordar los rostros de todas esas personas que he tenido el privilegio de encontrarme cuando fueron jóvenes, muy jóvenes. Yo tenía su misma edad, pero el estatus de “Dueño de la pelota” del que me beneficié gracias a mi padre, François Périer, me llevó a creer que el mundo del espectáculo no tenía ningún secreto  para mi. Frente a su insolencia, a su energía, a su candor, a su talento, yo, que creí saberlo todo, lo aprendí todo de ellos.

 Se lo agradezco muchísimo, me hicieron el regalo de Mis años sesenta”.

Jean Marie Périer

 
 
 
 Todas las fotografías son de Jean Marie Périer

ITALIA sings BURT BACHARACH.


 

Aunque tal vez algo gastado y bastante sobrexplotado -como casi todo genio a día de hoy- por sus acólitos y devotos, la aproximación al cancionero de Burt Bacharach por parte de la exuberante Italia de la segunda mitad de los sesenta es sorprendente, deliciosa, me atrevería a decir que casi perfecta. Escuchándola hoy, encaja como un guante la delicada y sencilla sofistificación de sus partituras con la musicalidad extrema de sus intérpretes. La ligereza, incluso la sutileza, que muestran Rita Monico, Jenny Luna, Tony Renis, Johnny Dorelli, Gianni Morandi, Ornella Vanoni, Catherine Spaak… hace que dichas composiciones parezcan hechas a medida de ellos, pensadas ex profeso. Hace, en definitiva, que cancionero tan magistral se sostenga y crezca de manera natural. Y es ahí donde uno piensa que estriba gran parte de su grandeza. La de dichos intérpretes y, sobre todo, nobleza obliga, la de Burt Bacharach; El escribir retazos sentimentales partiendo de la rutina hasta lograr conseguir encajar en tres minutos los avatares de la vida. De la vida en general pero también los de cualquier vida en particular. Como el fotógrafo que retratando un paisaje fija éste y la realidad de cada uno de los seres que lo pueblan, de manera tal vez involuntaria pero certera. La capacidad de recorrer en tres minutos escasos aquellos múltiples recovecos sentimentales que en otros podrían parecernos impúdicos, hasta risibles si quieren, pero que al identificarnos con ellos desde el primer segundo, hablan de nosotros, de nuestras alegrías y de nuestras desdichas, haciéndonos sentir el personaje central de la telenovela.


 Si aún siguieran interesados, les recomiendo “Mo’plen Bacharach” (La douce, 2003), doble Lp que recoge toda las canciones aquí reseñadas. Muy recomendable salvo que tenga la misma enfermedad que quién suscribe y se empeñen en hacerse con ellos en 7″. En este caso requerirán de tiempo, paciencia y una pizca de suerte.



Catherine Spaak y  Johnny Dorelli por Bacharach, con Nino Ferrer de anfitrión.

LEE HAZLEWOOD "20th century Lee" (RCA/Victor.1975)

“…Ya no hago nada. Y lo hago tan bien que la gente tiene la impresión que hago algo. Trabajo dos, tres días al año, cuando algún amigo me llama desde Suecia o Alemania. Es suficiente. Desde 1956 me he ganado la vida con la música. He estado quince o veinte años metido en el estudio. He dejado pasar tantas mujeres bonitas y dejado de ver tantos amaneceres … Tengo amigos diez años más jóvenes que yo y que parece que tengan diez más. No hay nada peor que un estudio de grabación; se come tarde y mal, se fuma cigarro tras cigarro, la tensión suele ser insoportable… el horror. No es que el trabajo sea especialmente aburrido pero la atmósfera es asfixiante. He llegado a detestarlo. En mi opinión es peor que la heroína, y eso que no conozco de nada de la heroína. Lo dejé para preservar mi salud mental, pensaba que ya había hecho lo suficiente. Pero ahora me doy cuenta que no lo hice suficientemente bien”
 
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Con su voz de barítono de un solo tímpano, creador de un género propio que podríamos llamar “sarcástica psicodelia vaquera”, a principio de los 70, Lee Hazlewood era un cuarentón hastiado del negocio de la música. Dj, compositor, arreglista, productor, propietario de un sello y finalmente encargado de cimentar la carrera de la hija de un mito, llevaba veinte años inmerso en algo que ya hacia tiempo le resultaba asfixiante. De Duane Eddy a la familia Sinatra, de Gram Parsons y su International submarine band a Dino, Desi & Billy, de Ann Margret a Dean Martin, pasando por los grupos de LHI, su sello, surgidos como casi todo al socaire del fenómeno Beatles y la ola folk rock (The Kitchen cinq, Surprise package, Arthur, Suzi Jane Hokom, etc). Los éxitos y los fracasos, más allá de satisfacerle o enojarle, no conseguían nada más que desear buscar otra nueva dirección. 
 
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“¿Sabes como se llamaba el primer modelo de Ford? el Model T. Yo escribo melodías model T y textos Rolls Royce. El Model T era un coche muy simple, como lo son mis melodías, aunque tal vez las que no me salen a la primera sean un poco más complicadas. Mis textos parecen escritos de cualquier manera, rápidos. Eso es falso. Intento utilizar palabras sencillas y a menudo la gente, cuando las escucha, se dice que podrían hacerlas igual, lo que yo tomo como un cumplido. Pero no es tan fácil como eso. Escribir una canción que tenga una aire simple no es siempre tan fácil.”
 
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En 1973 Lee Hazlewood retoma la carrera en solitario que comenzó a principios de los sesenta y que había dejado a un lado para ocuparse del fenómeno Nancy Sinatra. Había publicado algunos Lps; “Trouble is a lonesome town” (1964), “The N.S.V.I.P’s”(1965) y “Friday’s child” (1966), que pasaron sin pena ni gloria. Ya estaba en primer plano su anti-imagen, ese look de, digámoslo benévolamente, tipo peculiar, su voz sepulcral, su dicción perfecta, ejercitando con maestría el abc del folklore country y comenzándolo a vetear de ese pop sui-generis, falsamente atormentado y cínicamente irónico que durante la década posterior perfeccionaría con inusitado esmero. 
 
“Poet, fool or bum” (Capitol, 1973) es su declaración de intenciones. Quiere ser uno más entre los grandes; Leonard Cohen, James Taylor, Tom Rush… Decorado de arreglos fastuosos, a veces incluso excesivos, aquí todo cobra forma. El disco está plagado de clavecines, órganos, pianos, cuartetos de cuerda... Tenebrismo diletante. El Fantasma de la Ópera transportado de Notre-dame de París a los pozos petrolíferos tejanos. La estética Rhinestone sustituye a los vestidos de época. Bigotón por tirabuzones.
 
“She came running through the highway, naked as the sun. Said she, are you going my way poet, fool or bum?. Red hair had she, saw right through me, but what could she see?, A poet?, no. A fool?, I hope not. A bum?, No, i’m only me.”
 
Los pocos que saben de él lo masacran. El New Musical Express lo destroza en su crítica. De los tres sustantivos del título  -de esa manera tan british, tan cínica, tan inane- elige Bum (despreciable). Elige muerte. La voluble sinceridad, el tono paseando entre lo confesional y el escepticismo parece condenarlo al olvido. Demasiada ironía para enmascarar su sensibilidad, demasiada educación para esconder los rincones oscuros. Demasiada verdad para disimular.
 
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Trabajar conmigo no es ni fácil ni difícil. Me visto como quieren que me vista. Me arreglo el pelo si me lo piden. Pero que no se les ocurra tocar mi música y mis producciones. Cada uno en su sitio. Mira las fotos de las portadas de mis discos con Nancy, me vestí tal como me pidieron. Las personas que llevan la imagen son competentes en su terreno y yo sé que soy bueno en el mío. ¿Mi look?. No me importa. Con Nancy jamás discutí por una canción. Le hago el favor de hacerlo a su gusto.”
 
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Decepcionado y desengañado marcha a Estocolmo por una temporada. Se presenta en los conciertos como “The Stockholm kid”. Aparece en programas de televisión y en alguna película (“A house safe for tigers”) de la que existe disco pero que desgraciadamente no he podido escuchar.
 
En 1976 se publica “20th century Lee”. Excepto una revisión del primer éxito que compuso, (“The fool”, para Stanford Clark), todo lo demás son versiones. Si creíamos que no podía hacer nada más para sorprendernos Lee Hazlewood saca otro conejo de su chistera. Ya había jugado a eso en “The cowboy and the lady”, con las versiones de “No regrets”  de Tom Rush y “Dark end of the street” de Chips Moman para James Carr. O en el Lp “Poet, fool or bum” con “Those were days of roses” de Tom Waits. Pero será en “20th century Lee” donde llevará y estirará el arte de la revisión hasta un nivel sorprendente por libre y desprejuiciado; “L’eté indien” encajaría perfectamente en cualquier soft porno de la época, trocando la nostalgia del original por el nihilismo casi hierático, lo meloso por lo distante. En “Whole lotta shakin’ goin’ on”, aparte de parecer bajo los efectos de una dieta de diazepán tiene los arrestos de sustituir, para terminar de arreglarlo, el solo de guitarra por el de una flauta de pan. Tanto en una como en otra, cerrando los ojos, podemos imaginar a Laura Gemser o Sylvia Kristel deambulando en paradisíacas islas, anunciándonos sicalípticos placeres. Junto a ellas, extravagantes aportaciones en otras lenguas; Le oímos intentar cantar en un sucedáneo del castellano en “An old lullaby” o sueco en “Brevet fran Lillian”
 
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“Una tarde, en el 63 o 64, no recuerdo, en Tejas, estaba en un bar propiedad de un amigo mío, viejo colega de Port Arthur. En una mesa había un tipo de 35-40 años que no hacía más que beber una cerveza tras otra. Yo sabía que acaba de casarse con una chica a la que casi doblaba en edad y le sugerí que controlase un tanto si esa noche quería cumplir. Se levantó y me respondió; “… En mi casa yo soy el patrón. Y si no me obedece en todo lo que yo diga sentirá mis botas encima de ella…”. Me quedé horrorizado pero lo anoté en un pedazo de papel. Escribí dos estrofas y solía cantárselas a mis amigos en las fiestas que daba en mi casa. Me recriminaban no escribir canciones de amor y les dije que era una canción de amor. Se rieron.”
 
 
 
La indeleble marca de la casa. Textos burlones, sarcásticos, mezcla de jarana, introspección y gran espectáculo. La combinación ideal de épica y aturdimiento. A un lado lo iconoclasta y al otro lo académico. Al centro siempre Lee Hazlewood como una especie de pantocrator, dominando, dirigiendo el cotarro, da igual que sea afásico o melodramático. Un repaso por el cancionero americano. De J.J. Cale (“Crazy mama”) a Jim Stafford, De Bob Dylan a Tom T. Hall (“That’s how i got to Memphis”). Entretenimiento y laid-back, arrebatos de genio, honesto y descarado.
 
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“Escribía las canciones como un trabajo, jamás las necesité para confesarme. Al contrario que otros colegas que componían -y tuvieron éxito- pero no producían, yo daba el paquete completo. Es por eso, imagino, que me llamaban frecuentemente. Escribía canciones a medida para aquel que me lo pidiese.”
 
“En los sesenta estábamos en la cima, pero antes de actuar, Nancy siempre deambulaba nerviosa por el camerino. Yo la abrazaba e intentaba calmarla. Le decía; -Han venido tres mil personas a vernos pagando cincuenta dólares cada una, ¿Crees que están ahí fuera por que nos odian?. No, están ahí porque nos aman, así que hagamos que nos odien un poco, aunque no lo harán, porque somos irresistibles”
 
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Todas las declaraciones de Lee Hazlewood, entrecomilladas, están extraídas de una entrevista hecha por Christian Fevret para la revista francesa Les Inrockuptibles, en su número 201, en julio de 2002.



 

GARNET MIMMS. As long as i have you. (UA-1964)



Si nos atenemos al espíritu de este blog (que no es otra cosa que un remedo de las obsesiones de quién esto suscribe) y ustedes han pasado -más o menos a menudo- por este rinconcito, ya se habrán hecho a la idea de lo que uno es; Un ensoñador discursivo, involuntariamente demodé, un poco mitómano y curioso redomado. En definitiva un tipo cuyo sino ha sido llegar tarde a todos los sitios, en estado de fuera de juego permanente. La historia de mi vida.

Hoy me apetece hablar de planetas. Y sobre todo de satélites. Siendo los primeros asunto de convenida importancia, no me lo parecen menos los segundos. Suelen ser soldados de infantería que se quedaron en la trinchera, pese a menudo contar con la mismas armas -generalmente ninguna-, a los que los hados y la fortuna no tuvieron a bien sonreír. Y si acaso lo hicieron brevemente, en absoluto les permitieron agarrarse a ellos. 

Garnet Mimms nació en Ashland (West Virginia) aunque muy joven se trasladó a Filadelfia. Su inicios, como en gran parte de los arcángeles del soul de finales de los 50 y principios de los 60, transcurren entre la miseria, la ilusión y el gospel. Tras algunos escarceos con la palabra de Dios forma parte de THE GAINORS con, entre otros,  Howard Tate y Sam Bell. Lo dejan tras tres singles y junto a Bell, Charles Boyer y Zola Pearnell se marcha a Nueva York, huyendo de Filadelfia y la fiebre por los jóvenes ídolos de pop blancos que allí reinaba, formando GARNET MIMMS & THE ENCHANTERS

Contacta con Bert Berns, compositor y productor -quién hacia pareja de baile con el gran Jerry Ragovoy- y los lleva a United Artists. Su primer single es un éxito absoluto, vendiendo un millón de copias y alcanzando el #4. Lo que sigue no se acerca a eso ni por asomo en cifras, que no en hondura y distinción. Tras un primer Lp (“Cry baby & 11 other hits”. UA/1963) al calor de su hit y la preparación de éste “As long as i have you”, los Enchanters se disuelven pasando Mimms a navegar en solitario. La versión del clásico de los Jarmels compuesto por Bert Berns, “A little bit of soap”, será lo último que graben juntos.


De voz poderosa y dúctil, capaz de bascular de lo desgarrado a lo sedoso, del tono tenor al falseto, Garnet Mimms tuvo el mojo al menos un par de años. Pasaba de manera natural de un género a otro, sujetándose en los Enchanters como ancla en sus raíces -el gospel festivo, los espirituales devotos- y despertando con Jerry Ragovoy al soul educado y sofisticado de Nueva York y al de la Motown primigenia.  La canción que daba título al Lp es ejemplo rutilante de como -al menos- la perfección puede durar tres minutos y etiquetarla como Northern soul.
As long as i have you
Y así, tan sencillo pero tan difícil a la vez, igual declaraba orgulloso soflamas vitalistas, enamoradas, gozosas, via Drifters (“There goes my baby”), que se recreaba en la desesperación y en el llanto provocado tras la ruptura. Daba igual que fuese de manera confesional en “Look away” (compuesta a medias por un imberbe Bobby Russell y Norman Meade, seudónimo de Ragovoy) o en casi impúdico solaz. En cualquier caso pura y verdadera poesía, sencilla y en absoluto pretenciosa, de esa que cincuenta años después sigue procurándonos un respingo en el corazón cada vez que la escuchamos por ser capaz de resumir un instante.  
Look away 
Every Time

Y siempre, resplandeciendo, una producción imponente, cada instrumento en su lugar, pero, sobre todas las cosas,dejando el lugar preponderante para esa voz. Una voz celestial.

A little bit of soap
Will wash away your lipstick on my face
But a little bit of soap
Will never, never, never ever erase
The pain in my heart and my eyes
As I go through the lonely years
A little bit of soap
Will never wash away my tears

Mmm, a little bit of soap
Will wash away your powder from my chin
A little bit of soap
Will never, never, never ever begin
To take away the hurt that I feel
As I go through the lonely years
A little bit of soap
Will never wash away my tears, mmm, mmm, mmm

Have you heard when love begins to die
It leaves someone to cry night and Day
Like a bird, you left your robin’s nest
And-a just like all the rest you flew away

Mmm, a little bit of soap
Will take away your perfume eventually
But a little bit of soap
Will never wash away the memory
Of your name in the night
That I call through the lonely years
A little bit of soap
Will never wash away my tears

I’ll never lose the memory of your name in the night
That I call through the lonely years
A little bit of soap will never wash away my tears
Mmm, a little bit of soap-a
Will never wash away my tears

Mmm, it’s gonna never, never, never
Uh-huh, wash away my tears

A little bit of soap
There goes my baby