ARTHUR. Dreams & Images (LHI,1967)


Fugaz como el deseo pero duradero como las más profundas cicatrices del corazón, “Dreams and images” fue el primer disco de Arthur Lee Harper. Veinte minutos escasos de Folk de cámara de tan distante calidez como etérea proximidad (grabados en 1967 para Lee Hazlewood international, sello del bigotón por antonomasia) y donde vienen de la mano, en los confines de cada una de sus canciones, el anhelo de aquello que no se puede aprehender, los sueños como inalcanzable meta y la percepción de la soledad como última -y tal vez única- certeza de la vida. 

 Canciones como “Valentine Grey”, “Pandora”, “Open up the door”, “Blue museum” o “A friend of mine” son haikus musicales, breves y profundos, acerca de las derrotas del alma. Huyendo de la liturgia hippie y más cercano a los retazos íntimos de Love o Tim Buckley, “Dreams and images” se me antoja hoy como un tributo sincero a la par que ingenuo de lo inasible. Una celebración del momento con voz y guitarra, contorneada por arreglos de cuerda casi imperceptibles, vientos y madera sutilmente esbozados y algún piano eléctrico. Pequeñas pinceladas, todas ellas ensambladas por una voz doliente, que parecen querer demostrar aquello de que el arte y no uno, es el que lleva el mando. Y qué, como agua en la mano, resbalando, desapareciendo, es algo que nadie podrá jamás sujetar. A lo sumo -y con fortuna- impregnarse de ella, sintiéndola, aunque solo sea salpicado por la casualidad o el tesón.


DANY MAURICE. Hoodlum’s parade. (Telecinedisc, 1971)






DANY MAURICE Hoodlum’s parade
Observen detenidamente ese rostro orgulloso. Deténganse por un instante a contemplar la satisfacción por el trabajo bien hecho que parece inundarle. Cada vez que lo veo más me recuerda al jefe de la sección de discos de unos céntricos (y británicos) grandes almacenes valencianos, justo después de putear a alguien como desahogo por no poder bajarse al bingo del parking a echarse unos cartones. Pero claro, esa semejanza es un guiño casi privado que ustedes no tendrán jamás la ocasión de valorar. ¡Qué suerte!. 
 Si se fijan un poco mejor, asentirán en que pudiese pasar perfectamente por un émulo del gran José Sazatornil -pónganse en pie, un respeto, háganme el favor- tocado con ese aplique capilar natural al 100%, que no es otro que el así llamado efecto cortinilla y cuya patente debe de ostentar sin duda el sinpar Anasagasti. Consiste este ingenio en dejarse crecer el pelo tanto como se pueda (generalmente en los laterales, que es dónde brota con cierta profusión aún siendo uno alopécico prematuro) hasta llegar a extenderlo a modo de alfombrilla, como trasunto de cabello vigoroso, por ese lugar donde hace ni está ni se le espera. Es éste invento si quieren un poco más obvio y cantoso que el remedio de Bono, lo reconozco, aunque convendrán conmigo que bastante más económico. En cualquier caso presenciar los hermosos amaneceres en su compañía deben ser una tortura de enormes proporciones, a poco que no recuerdes la existencia de tamaño ingenio y que del natural proceso nocturno -sexual o de cualquier otra índole- que tenga lugar en el catre se descoloque y tienda a mostrarse libre y ufano tal cuadro picassiano colgando de un lateral. Desosegante. Turbador. Dantesco. 

No crean por mis palabras que uno ha tenido la fortuna de yacer con algún prohombre por él coronado. Pese a tener las filias y depravaciones propias de todo hombre de bien, el único recuerdo que se agolpa en mi mente con la cortinilla como protagonista es la imagen de un tío carnal por parte de padre en una mañana, por lo demás hermosa, saliendo del baño del apartamento de la playa con tal resto pendiendo a modo de pseudo barba cubriendo una oreja y llegándole casi hasta el hombro. Afortunadamente creo que pude superarlo, aunque el impacto fue tal que el reverso freudiano imagino, constato que todavía habita en mi.
 Sigamos. Igualmente, si nos asegurasen que es un primo lejano (emigrado de púber a Toulouse, por ejemplo) de Emilio Laguna lo aceptaríamos sin rechistar. Se nos desmontaría una leyenda necesaria de derruir; que es un invento español. Desgraciadamente no es así. Y así, me temo, ad infinitum. Un rostro común y familiar que diría cualquier honrado funcionario de los cuerpos de seguridad del estado, tras el farias y el sol y sombra mañanero, justo antes de la mano de hostias al pobre indigente.
 Cuando me lo encontré escondido en un cajón -literalmente- en las Pulgas, debe hacer ya cuatro o cinco años, todas esas filosóficas reflexiones vinieron a mi mente en manada. Me bastó, en principio, con la contemplación de esa impactante portada. Siendo sinceros, también ayudó lo suyo el que me pidiesen por él poco más de lo que costaba un café. Ahora bien, cuando tuve la ocasión de ponerlo en el tocadiscos, despegué. Hammond beat colosal, inyectado de alegría y frenesí, y con la duración precisa que requieren estos experimentos. La historia oficial es otra. Y no, no pienso aburrirles con ella. A disfrutar.
 
 

EDDIE BO. I love to rock & roll. (Ace, 1958)

LUIS GARCIA BERLANGA. Ha muerto el más grande.



Mis conocimientos cinematográficos son escasos y rudimentarios, como igualmente lo son los que tengo acerca de otras muchas materias. Se resumen éstos en una curiosidad casi malsana, en un apetito voraz por lo que me interesa y, como a los niños en busca de seguridad, en el regocijo y celebración que encuentro en lo que me ha gustado. Acostumbro a huir de lo maniqueo y buenista -o al menos de lo que así me lo parece- probablemente debido al hastío que me produce la impostura imperante y a mi natural confuso. Tampoco soy nada proclive, en mi grisura vital, a lo espectacular o rimbombante. Me suelo guiar, como hago con la vida, por una nada recomendable mezcla de ideas e instinto, brebaje etílico de consecuencias imprevisibles. Como la tirana con que lo mido falla más que una escopeta de feria, los desarreglos tienden a ser a veces vehementes y -a menudo- muy escasamente populares. A ser tenido por muchos -a lo peor con razón- como un ser descabalgado y simple. Ya estoy acostumbrándome, cuarenta años más y lo tendré solucionado, lo prometo. 


 Me interesan las personas “reales”, no aquellas que se empeñan en mentirse y mentirnos, quizás incluso sin saberlo, interpretando un papel de cara a la galería. Y con todo ello, de lo único que tengo una certeza relativa, es que necesito que me toque el corazón, me revuelva las neuronas, me haga sentirme parte de ella, “pensándola”. Que tenga tanto la caridad de no hacerme de menos como el talento, tan difícil, de hacerme de más. 

 Con Luis García Berlanga me ha ocurrido, me ocurre éso -y estoy seguro que será ya para siempre- cada vez que vuelvo a él. Me ha ayudado a vivir mostrándome su visión del mundo, su manera de vivirlo. Nunca se lo agradeceré lo bastante. Porque eso me parece lo esencial e imperecedero de su obra. La vida de cada uno y el mundo donde nos ha tocado vivirla. Un libro abierto sobre la mesa presto a contar y mostrar, evitando siempre aleccionar. Páginas y más páginas dedicadas a recordarnos que lo bueno y lo malo se mezcla sin remedio en cada uno de nosotros, que el egoísmo puede ser solidario, que la soledad debe ser “coral”.  A mirar con tristeza, y también con cariño, que el candor desarmante, el interés inherente al ser humano que parte de la necesidad o la ambición, puede ser a veces beso y en otras puñalada. A menudo ambas a la vez. Y que éso generalmente es, como la mayoría de las cosas, incontrolable.

 Ha muerto el talento. Habrán leído multitud de panegíricos. Incluso puede que se hayan detenido en éste. Muchos de ellos, ya lo sabrán, mera propaganda de cada uno de sus autores intentando colocarse a la altura de alguien a quien difícilmente podrían siquiera limpiarle los zapatos. Es el signo de los tiempos, eso también lo deben saber. En otros, pocos, también habrá habido devoción y respeto. Incluso uno o dos habrán entendido con largueza y humildad lo que ese hombre consiguió. Me da igual. Si claro, ha muerto el autor de “Plácido”, “El verdugo”, “Calabuig”, etcétera, etcétera. Obras sublimes, pilares de nuestro pasado, referencias jubilosas, tiernas y duras. Arte para siempre anclado en nuestra memoria. Habrán escuchado sus presuntas “victorias” ante la censura. Bagatelas y lugares comunes de los que posiblemente se estuvo media vida descojonando. Les recomiendo una fruslería llamada “Bienvenido mister cagada” de Jesús Franco, clarividente y desencantada, para que se hagan una idea. Tuvieron que pasar treinta años para que fuera así convenido, para que los reproches ante su falta de beligerancia y compromiso social quedaran difuminados. Para que obras tan PERFECTAS como “Los jueves milagro” se tengan por lo que son. Epístolas acerca de la condición humana, mucho más certeras y cáusticas que cualquier tratado socio-político. Bueno, al menos con “La vaquilla” solo han tenido que pasar veinte años para que se vea como lo que realmente es y no lo que se pretendía que fuese. Qué no se frunza el ceño ante su idea de que la guerra jodió la vida de todos. Y que si los vencedores fueron crueles, mucho y durante mucho tiempo, los perdedores no tuvieron ese mismo tiempo para poder demostrarlo. 

 Ahora bien, nadie les hablará -sino es para dejarlas en un lugar menor o a trasmano, -así de ruines podemos ser los españoles- de otras maravillas.  Imagino que tendrán que pasar otros cuarenta años. De “Vivan los novios” por ejemplo. Probablemente la crónica de la soledad, la frustración y el desvalimiento más negra y angustiosa que pueda uno recordar. Una película lejana de ese podio aclamado, a la que tal vez de aquí a unas décadas veamos pimpante y reconocida. Bien por ella. O de la segunda y tercera parte de ese tríptico llamado “La escopeta nacional”. Siendo ésa soberbia, sin duda, “Patrimonio nacional” y “Nacional III” acabarán con el tiempo siendo tenidas por lo que son; El mejor resumen de eso que se vino a llamar la transición española. O “Moros y cristianos” (“Fallera, fallida, de trazo grueso” dicen) fresco incólume y despiadado del apoteosis y cénit socialista, donde empresarios turroneros, políticos de familia, asesores de imagen, oligofrénicos obsesos y artistas de tentetieso campan a sus anchas. O “Todos a la carcel”, adelantada sátira acerca del “sálvese-quién-pueda” felipista justamente anterior al advenimiento pepero. 

 Y en todas ellas, siempre, huyendo de proclamas grandilocuentes, deteniéndose en el jodido día a día. Duro con el poderoso y compasivo con el débil. Haciendo cine, trascendiéndolo hasta mostrar la vida en su máximo esplendor y miseria. Y cree uno que de eso se trata, de ser Austro-húngaro siempre que se pueda.


Luis García Berlanga 

(Valencia 12-Junio-1921/ Madrid 13-Noviembre-2010)




Música que alivia el alma.




















Soy un tipo bastante previsible. Aunque muchas veces intento abarcar demasiado, siempre que me siento feliz recurro a lo mismo. Y debido en parte a mi simpleza y, sobre todo, a que ese placebo sea tan impresionante y tan efectivo, no me canso en absoluto. Ventajas de ser escasamente sofisticado. 

En mi vida tengo pocas certezas; Ella, nuestros dos hijos y algunos y buenos amigos. En otro orden de cosas y sinceramente para mi casi tan importante, está la música. Detonante, compañera, solitaria o excitante, ensoñadora, irascible, expansiva y cobijadora, cualquier recuerdo asociado a mi periplo vital lleva inevitablemente incluida una canción. O varias. Siempre será mejor que las cicatrices. En todo caso debe ser eso merma y no virtud, cruz que uno lleva a cuestas con gallarda ignorancia. Carencia expresiva que sin embargo, se torna casi lucidez en cuanto suenan esas primeras notas que definen con clarividencia inalcanzable lo que uno siente.

 Porque hay días -o semanas incluso- en que todo nos parece perfecto. Que todo fluye plácido, como creemos que debe ser. De esos pequeños momentos se nutre nuestra vida para hacerla soportable e interesante. Me parece a mi que resulta un tanto estúpido, algo más bien propio de iluminados, el buscar la felicidad permanente, por otra parte un arcano imposible. Y que aprender a disfrutar esos breves instantes es lo más cerca que estaremos jamás de ella. Que tras los desencuentros inevitables y el natural desgaste en la convivencia, asoman de pronto gestos, palabras, miradas que te hacen sentirte como el príncipe que una vez soñaste ser. Y uno, republicano por principios, empieza a pensar que si tiene que perdurar ese anacronismo llamado monarquía, nadie mejor para ser la reina de mi vida que ella. Como decía el genio; “Aquí un admirador, un siervo, un esclavo”.



  

LES SEVEN SOULS I still love you






















 Por último asumir que es muy posible que, tras año y medio ya, comience a repetirme. Tanto con las reflexiones como en la música. Lo primero es inevitable, lo segundo no tanto. Desventajas de funcionar a golpe de impulso. No llevo un registro (más allá del que aparece en la columna de la derecha de sus pantallas) de las canciones de las que acostumbro a hablar. Por ello -y aún más por las divagaciones- les suplico su comprensión. 
Mientras tanto aquí seguimos. Con mucho Bla bla bla y más Cha cha cha.


BERNARD CHABERT. El piloto frustrado.

 

Ando últimamente buceando por la sección francesa de mi colección y me tropecé el otro día con un Ep y un single de un tal Bernard Chabert. Aunque no sabía nada de él, si que recordaba perfectamente la cara B del single titulada “Helga selzer” (“Olga Selzer” en la galleta y a quién al parecer realmente canta), un trallazo importante del que creo que ya les hablé en esta bitácora y al que, como otras muchas cosas, el paso del tiempo y el azar ha acabado por redescubrirnos. Era el otro lado de un sencillo en cuya cara A se nos presentaba, acompañado por el grupo Triangle, una versión de “Neanderthal man”  titulada como “L’homme de l’univers”.  Recordé esa canción, aquí desprovista de su rudeza y simpática machaconeria, tanto en su versión original, a cargo de Hotlegs, banda formada por Eric Stewart, Kevin Godley y Lol Creme (sí, esos Godley & Creme en los que están pensando) como el la aún más bizarra realizada por unos tales Turkeys, cuyo sencillo español -En Belter of all places, faltaría más- había olvidado. The Turkeys fue uno de los múltiples y extravagantes intentos -con discreto éxito- del alemán Drafti Deuscher de hacer saltar la banca y las listas. 
 
 Pero volvamos al ep en cuestión. Observando con detenimiento su contra portada y escuchando atentamente el disco pude sacar en claro que en 1969 Bernard Chabert editó su primer y único Ep en el sello Emi/Columbia. Un más que curioso a la par que interesante disco en la estela musical de los Beatles y la lírica del Dylan más luminoso (“L’ascension sociale de Francis F” tiene una letra irónica, que va mutando en sarcasmo, con más sustancia de la que aparenta).  
Con influencias del pop de la costa Oeste, los cantautores folk del momento (Phil Ochs, P.F.Sloan) y el pop orquestado de leves ribetes psicodélicos, junto a ecos de los Simon & Garfunkel del maravilloso “Bookends”“Il part en Californie” remite al inicio de “Mrs. Robinson”, aunque luego vuele en solitario). El disco se grabaría (consulten la foto de la contra portada, un poco más arriba, para verificarlo) sin escatimar medios. Fue otro ejemplo más de la seducción que el incipiente folk rock, las ansias de libertad irrefrenables y la apertura de miras e influencias habían dejado en los jóvenes franceses. La imperecedera seducción de todo lo americano que siempre ha habido en Francia, por mucho que se empeñen -y hacen bien, les envidio- en proteger lo suyo. Incluso llegaría a aparecer en el programa de televisión “Tous en scène”, que presentaban el grupo musical-humorístico los Charlots, el 5 de septiembre de 1969, interpretando esa maravilla que atiende por “Tramway 7b”.
 
 
El disco había caído en mi poder por el motivo en que suelen ocurrir con estas cosas, debido a la concatenación de varias y agradables coincidencias; La irrefrenable y habitual curiosidad malsana por mi parte junto a una cierta obsesión ante los discos, especialmente en este formato y época, junto a bastante fortuna y un precio levemente superior a nada. Y nada más sabía de él. Tan solo que cuando lo puse me gustó. Y cada vez más tras sucesivas escuchas, qué quieren, soy así.
 
  Intenté buscar información. Pregunté a mis amigos y proveedores franceses, pero nada. Escarbé en la red infinidad de veces. Ni una sola página más allá de aquellas que hacían referencia al zoco donde se referenciaban pasadas transacciones. Y un día, por error, doblé la B de su apellido al introducir su nombre en Google. Chabbert por Chabert…et… Voila!!. Sí, resultó que tenía entrada en la wikipedia y todo.
 
La verdad sea dicha, lo de internet, si se tiene un poco de paciencia y algo de instinto, es en verdad increíble. Algo así como un baúl sin fondo, repleto de multitud de trastos y cachivaches inservibles, pero del que, súbitamente, puede aparecer cualquier maravilla, en este caso en forma de información.   
             
Resulta que Bernard Chabert (o Chabbert) era un joven pide noirer francés nacido en Casablanca el 21 de abril de 1944. A partir de aquí algo qué, se lo juro, no es inventado por mucho que se lo parezca. Desde 1970 (año en el que publicaría su último sencillo) entró a trabajar como periodista en la cadena de radio privada francesa Europe 1. Se especializó en cubrir todos los eventos relacionados con la incipiente carrera espacial. Pero, un momento, disculpen, a ver si sé contarlo medianamente bien. Esa especialización venía marcada por su frustrada carrera de piloto aéreo. Era hijo de un piloto del servicio aéreo de ultramar francés de La Poste, el Correos de allí, y posteriormente también comandante de Air France. Bernard aprendió de muy joven a volar, acompañando a su padre en sus rutas africanas. Un problema con la vista llevó al traste con sus aspiraciones de piloto y, enamorado del aire y seducido por la carrera espacial, tras una breve carrera musical que constó de dos singles y un Ep (al menos es de lo que yo tengo constancia) comenzó su carrera periodística.
 
Cuanto me gusta esta labor de investigador de mesa camilla…
 
 

LOLITISSIMO. More french girls (parte 2ª)

Lo prometido es deuda. La segunda parte.


PENELOPE Les poches sous les yeux

GEORGIA Le ginger ale

NOELLE CORDIER Cheese

NOELLE CORDIER Ce garçon

CLOTHILDE Je t’ai voulu et j’ai bien eu
CLOTHILDE La Boa

EDWIGE Les bottes de Caoutchouc

ELSA Ecoutez

JULIE D Aïko Aïko

CHRISTINE MONCENIS Sensations

ELSA LEROY Quelle foule quelle foule
ELSA LEROY Mieux veut tard que jamais


NICOLE CROISILLE We got a thing

DELPHINE DESYEUX Si j’etais le vent

CHRISTINE DELAROCHE Une fleur

ANNIE CORDY Je vends des robes
MINOUCHE BARELLI Boum badaboum

FRANCE GALL Jazz à go go

MARTINE Il faut revenir

JANE ET JULIE Notre homme á moi

LEONIE En Alabama

ANNA KARINA Ne dis rien

VICTOIRE SCOTT La 4eme dimension

SÉVERINE Je suis bien la même

LOLITISSIMO. French girls. 45s (parte 1ª)




Hace ya un tiempo le grabé esta selección a una amiga. Pretendía ser algo así como un remedo de paliativo, apoyo y compañía a la hora de superar ciertas adicciones. Al parecer lo consiguió, no debido a ésto, claro, sino más bien a su empeño y coraje. 
No sé muy bien por qué, tras un par de días sumido hasta las cejas en el “Heliotropo”(un encargo que hubiese hecho voluntario) he vuelto también yo a esta compilación. Señoritas de edad tierna (o no) pescadas en los chamarileros de las pulgas. Benditos sean.


ANNE MATIE COFFINET Le vampire



ANN MARGRET Thirteen men


Cambiando el género en esta adaptación del éxito, entre otros, de Bill Haley and the Comets  (“Thirteen men” por “Thirteen women”) Ann Margret nos deja claro que tenía, vaya que si lo tenía; Sensualidad, malicia, ritmo, voluptuosidad, descaro e imagen. 

“Last night I was dreamin’
I dreamed about the H-Bomb
Well the bomb went off and I was caught
I was the only gal on the ground

Mmm, there were 13 men and me the only gal in town
Uh, there were 13 men and me the only gal in town
And, as funny as it may be
The one and only gal in town was me
Uh, 13 men and me the only gal in town

Uh, there were two men every morning
A-seein’ that I was well fed
And believ-a you me, one sweetened my tea
While the other one a-buttered my bread

Uh, 2 men giv-a me oil wells
Uh, 2 men giv-a me gold
And another sweet thing bought me a diamond ring
About a-forty carats I am told

Ah, 13 men and me the only gal in town, uh
Uh, there were 13 men and me the only gal around
It was something I can’t forget
‘Cause I think of those a-13 a-gentlemen yet…
Uh, 13 men and me the only gal around

Mmm. well there were 3 guys dancin’ the Mambo
Uh, 3 guys ballin’ the jack
And all the rest really did their best
Boy, surely was a lively pack

Ah, 13 men and me the only gal in town
There were 13 men and me the only gal around
Though she won’t tell you where she’s been
‘Cause it was a just a dream I hope I dream again

Uh, 13 men and me the only ga-hal around
Uh, there were 13 men and me around
There were 13 men and me the only livin’ gal in town…”



Canción espectacular y, que yo sepa, jamás publicada en single (ni creo, de hecho, en ningún formato) este “Hits and rarities” (disco semi pirata adquirido a principio de los noventa) recoge su obra primeriza, cuando todavía estaba -si alguna vez llegó a estarlo- por domesticar. Versiones de “Fever”, “C’est si bon”, “Begin the begine”, “Heartbreak hotel”, etcétera. Todas ellas dispersas en bandas sonoras. Disco delicioso, palabra.

http://www.divshare.com/flash/audio_embed?data=YTo2OntzOjU6ImFwaUlkIjtzOjE6IjQiO3M6NjoiZmlsZUlkIjtzOjg6IjE3NTExMjkwIjtzOjQ6ImNvZGUiO3M6MTI6IjE3NTExMjkwLTI5NiI7czo2OiJ1c2VySWQiO3M6NzoiMTEzODEzOCI7czoxMjoiZXh0ZXJuYWxDYWxsIjtpOjE7czo0OiJ0aW1lIjtpOjEzMzU0MzM0ODE7fQ==&autoplay=default


Voluptuosa hasta decir basta, Ann-Margret es uno de los sueños recurrentes de mi adolescencia e imagino que la de muchos otros. Nacida en Suecia, de pequeña se trasladaría a los USA con su familia donde comenzó su carrera, tras aparecer en varios programas en busca de talentos, como miembro del grupo The Suttletones, que pese a actuar en numerosos night clubs de Illinois nunca llegarían a grabar. Compaginó música con interpretación, debutando en 1961 en “Pocketful of miracles” de Frank Capra (aquí “Un gangster para un milagro”) como hija de Annie Apples, o lo que es lo mismo,  Bette Davis.
It’s a nice word to visit (but not to live in)





A partir de ahí el éxito. “Bye bye birdie”, “The pleasure seekers” y en 1964 “Viva las Vegas”. Tenida hoy por menos, algo así como una anomalía graciosa y sensual, en realidad destilaba una sexualidad pura y dura que, pese a todos los esfuerzos del establishment por enmascararla, nunca pudo ser del todo disimulada. Sobra decir que fue una verdadera estrella. Se tomó muy en serio lo de la actuación, llegando a estar nominada a los Oscar en dos ocasiones; en 1971 por “Carnal knowdlege” (“Conocimiento carnal”) de Mike Nichols y en 1975 por su papel en “Tommy” de Kurt Russell. Aunque nunca llegó a dejar del todo la música. De su relación (profesional y personal) con Lee Hazelwood surgieron curiosidades tan rotundas como singles de garage fuzz de primera magnitud (“It’s a nice world to visit, but not to  live in”) o maduras epopeyas sentimentales, como el Lp “The cowboy and the lady”.