JOHNNY VALENTINO. El mallorquín que enamoró a Ava Gardner.

JOHNNY VALENTINO La máquina que hace pop
Una de las infinitas gemas del pop español que quedaron en el olvido. Un auténtico placer cuando la descubres por casa olvidada en un cajón. Vigorosa pieza de Soul-pop a la estela de los episodios perpetrados por Canarios, Conexión, Pop Tops, etcétera. Publicada en C.P.I., el mismo sello que editó originalmente la aventura popsike psicodélica del Dúo Dinámico como Manolo y Ramón. La verdad es que a cada escucha aparece más y más rotunda, propulsada por unos vientos supersónicos, el vozarrón y los gritos salvajes. 
Añado este curioso artículo publicado en el diarío virtual CLICNOTICIES. Desgraciadamente no puedo citar a su autor por no venir acreditado. La historia no tiene desperdicio.

“Ayer por la tarde me tomé un cafe con Johnny Valentino frente al Corte Inglés de Avenidas. Como saben, dentro de unos días, el próximo 15 de octubre, en Sa Torre Redona, en el polígono de Son Oms, a Johnny le van a hacer un homenaje por su trayectoria como cantante, carrera en la que se inició hace muchos años, y que potenció desde sus tiempos de bancario (trabajaba en el Credit por las mañanas,  y por las tardes su padre le buscó un trabajo como recepcionista en el Hotel Fenix, aunque no por ello dejaba de hacer escapadas con un amigo, en moto, a bares del litoral donde cantaba a cambio de las copas), y que consolidó más adelante cuando se hizo profesional empezando a cantar en el Sésamo, frente a la iglesia de San Nicolás, “donde también cantaban y actuaban Mochi y Gina Baró, un local de solera que dirigía Serafín Guiscafré, militar de Aviación y actor cuando se terciaba -cosa que desconocía Valentino; pues sí, actor y posiblemente el que más veces ha hecho el tenorio en Mallorca-. Yo, vestido de smoking negro cantaba sin micro, cosa que le gustaba a Serafí, por lo que también se lo pedía a Mochi”.

 La vida de Johnny es más intensa que larga, y eso que ya no cumplirá los 65, sin embargo ahí sigue cantando en bodas, y en lo que le salga, respaldado con la música de sus dos buenos amigos Charly  y Yampy, las dos terceras partes del trio “Johnny con su Grup”.

Johnny Valentino, a quien  le puso el nombre doña Esperanza, Marquesa de Villagonzalo, viuda del almirante Virzai, y propietaria de s’ Estaca, no de la Michael Douglas, sino de la que hay  en la zona de Peguera, donde vivió Natasha Rambova, ex mujer de Rodolfo Valentino, “por eso, artísticamente me apellidó Valentino”, tuvo muchos amores y amoríos a lo largo de su dilatada vida, ya que de más joven, con menos años y menos kilos, arrollaba allá por donde iba sin que ninguna se le resistiera, desde aquella joven policía con la que se enrolló en Paris cuando con Mocedades hizo su primera salida al extranjero, hasta la mismísima Ava Gardner, a la que enamoró en Madrid, todo gracias a Tete Montoliu, “ya que yendo a verle actuar, la dueña del garito, semanas después, me la presentó”.  A Johnny le he he preguntado muchísimas veces si hubo tema con Ava y él, caballerosamente siempre ha contestado lo mismo: “De este asunto no comento, añadiendo, “eso sí, puedo decirte que en mejores garitas he estado”.  Pero si cuenta como la conquistó, o lo que más puede que pesara para la conquista. “Ella supo a través de su amiga, la del garito, que yo había grabado una tema que no le era desconocido,  el  “I’m a fool to want you”, que años antes había interpretado, inspirándose en Ava, su ex, Frank Sinatra, y que yo una noche le canté, acompañado por Toni Obrador, en el Hilton de Madrid, donde este tocaba el piano”.
 

De aquella historia con Ava, Johnny cuenta que “solía beber un combinado muy fuerte llamado  dog face (cara de perro), ¡imagínate como sería!,” y que cuando la conoció “estaba ya muy de vuelta de muchas cosas y que acababa de terminar su relación con Dominguín. Pero sí, era una mujer extraordinaria, con unos ojos preciosos y un encanto que la hacía diferente a otras”.
 
Johnny, por navegar, hasta ha navegado en el Cabo San Roque por espacio de muchas semanas, de donde guarda recuerdos inolvidables de lugares que visitó, así como la colección de mujeres impresionantes que se ligó a bordo de aquel transatlántico”

 

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