FRANÇOISE HARDY. "La question" (Hispavox, 1971)

Contaba Vladimir Nabokov en una entrevista televisiva que una buena novela es, ante todo, una historia excelente rodeada por pequeñas historias notables. Que muchas veces, siendo excelente la primera, si flaquean las segundas todo se derrumba como un castillo de naipes. Igualmente sucedía al contrario. 
 

 Decía también que las novelas no tienen por qué ser lo opuesto al arte realista, aunque nazcan de la imaginación, ya que ésta suele ser, muy a menudo, más real que la misma realidad. Por último señalaba que los retruécanos, los giros, los juegos de palabras, cuando son empleados en la proporción adecuada, acaban por otorgar cuerpo a la novela, coronan y decoran la ficción, cualquier ficción, hasta hacerla verdadera.

 

 

Uno, en un pequeño destello de inusual lucidez (bastante fugaz, seamos sinceros) ve esta explicación perfecta también para algunos discos. Éste mismo, sin ir muy lejos; La historia central, excelente, sería sin duda Françoise Hardy, sería Tuca. Y las historias notables que giran alrededor de él serían todas las canciones, el ambiente conseguido, el tono empleado. Lo que fluye de su conunto, el momentum. Finalmente, los retruécanos y giros, las pequeñas chispas que prenderían su excelencia, serían esos inventivos arreglos; La labor de Bernard Estardy “Le Baron” como ingeniero de sonido, la de los músicos, relajados y precisos, las hermosas fotografías de Jean Marie Perier para su carpeta

 

 

“La question”  gira tanto en torno a Françoise Hardy como lo hace alrededor de la figura de Tucaen torno a  Valeniza Zagni Da Silva. Durante mucho tiempo, en la era pre-internet, esa misteriosa palabra, Tuca, conjuró los deseos y la imaginación de quién suscribe. La tuve (más bien deseé que fuese) como el seudónimo detrás del cual se ocultaba algún músico francés importante, de fuste, alguien con todo un universo musical por descubrir. O, mejor aún, especulé con la identidad secreta de algún músico talentoso, tal vez aclamado, originario de Brasil. Era un nombre que entonces no tenía pasado y que por tanto no teníá futuro. La realidad, tenaz y también menos glamourosa y atractiva, no era otra más que Tuca era una joven y desconocida guitarrista brasileña afincada en Francia desde finales de los años sesenta. Su nombre real era Valeniza Zagni de Silva y las únicas imágenes que de ella perduran -o al menos las que uno conocía- vienen en la contraportada de éste “La question”. Una muchacha gruesa, con aspecto andrógino, de escasa estatura y abrumada, al parecer, por los complejos. Discográficamente, solo conozco su trabajo en este disco y en “Dez anos depois” de Nara Leao. Nacida en Sao Paulo en 1944, moriría tempranamente,  a los 34 años, debido a los problemas derivados de una pérdida exagerada de peso, lograda sin ninguna supervisión médica, a pelo. Al parecer no tanto anorexia como alguna enfermedad cardíaca derivada de ese régimen severo, en pos de una fachada que no le hacía falta en absoluto pero que deseaba con desesperada urgencia. Desde luego por algo nacido de las brumas que oscurecen la mente, los demonios que gobiernan a las personas tocadas por un cruce equivocado de la psique y el sentir.

 

Publicado en 1971, sin título expreso en un principio, siempre se le ha conocido por “La question”, el nombre de la segunda canción de la cara A . Françoise Hardy, en entrevistas posteriores, lo recuerda como el disco del que más satisfecha se siente, el que la hizo más feliz. Grabado en una atmósfera de sosiego y placidez, de libertad y de raro entendimiento, todas esas virtudes, que pueden resumirse en serenidad, se pueden oír y sentir escuchándolo. Tuca sería la encargada de elaborar todos los arreglos -junto a Raymond Donnez– y también de la dirección artística. El por qué la princesa de Francia se puso en manos de una desconocida es un misterio insondable. Pero tan sólo lo es hasta que escuchamos el disco. Subitamente somos espectadores de una rara sociedad, desarmantemente plácida y de cadenciosa elegancia entre dos seres aparentemente antagónicos. Entre dos seres, también, por los que todo fluye con una naturalidad y excelencia sorprendente. 

 Por Françoise Hardy y Tuca vendrán también firmadas la mayor parte de las canciones. Unas canciones que mezclan en su proporción exacta su vertiente a veces malsana y a veces ingénua. De una fachada aparentemente turbadora, gélida y naïve, la a menudo etérea y distante Françoise Hardy la aúna con la herencia sensible y palpable de la bossa nova (“La chanson de “O”,”Même sous la pluien” ). Un ejercicio formalmente ligero como la brisa pero que cala poco a poco hasta impregnarnos de una hondura que siendo aparentemente frágil acaba por devenir irrompible: Su fraseo delicado en “Doigts” encaja como un guante entre unas guitarras, si se me permite la osadía, muy costa oeste. Guitarras que mecen, ensambladas con los sutiles, casi fantasmales arreglos orquestales. El aire medieval de “Si mi caballero”, el Folk frágil de “Bati mon nid” tornándose cuento infantil con la irrupción de la voz masculina al final.

 Folk también, ahora espectral, ultraterrenal, en “Le martien” que remite -lo siento, no puedo evitarlo-  al Tim Buckley de “Starsailor”. Las cuerdas febriles de “Viens”, cuerdas que lo envuelven todo, que suben y bajan cual montaña rusa emocional, logrando transmitir como aquella el vértigo y el placer, lo cotidiano y lo inalcanzable y que remiten a Gainsbourg de inmediato y, sobre todo, a Vannier. Una vez más otro de esos raros especímenes que partiendo del clasicismo consiguen sonar nuevos, modernos. Un disco en definitiva extraño, de ningún lugar y de todos a la vez, si esa contradicción pudiese darse. Uno cree que sí. Un disco, por terminar con este penegírico, sorprendentemente a nuestro alcance. Caprichoso, riguroso, cercano y lejano a la vez. Tan palpable o inasible como lo suele ser la belleza. Un disco de notable fragilidad que estremece y atrapa, que seduce y turba, cualquiera que sea nuestro idioma materno, cualquiera que sea nuestro estado emocional, cualesquiera que sean nuestros sentimientos más ocultos. ¿La pregunta?: Todas y ninguna a la vez.

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3 comentarios sobre “FRANÇOISE HARDY. "La question" (Hispavox, 1971)

  1. Feliz año, maese. De verdad.

    A usted y a todos los suyos.

    P.D. No tiene nada que ver (bueh… sí que tiene. Qué diablos) pero tras leer la entrada me han entrado ganas de ver Anna, la peli (telefilm, más bien) esa en la que salen la Anna Karina y el Gainsbourg en un 1965 de colores preciosos.

    Pero esta noche no sé si podré. Sería una maravillosa forma de empezar el año.

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  2. Muchísimas gracias Maese. Lo mejor para usted y los suyos desde el ESS.
    La película que menciona, aunque hace demasiados años que no la veo, la recuerdo con mucho cariño. Debe ser cosa de su estupenda banda sonora, disco recurrente.
    Le tengo que dejar, la tropa esta levantándose.
    Abrazos. Siga bien.
    X.

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