J. y yo. THE CHURCH. "No explanation"


J. y yo nos conocimos en los Escolapios de Valencia a mediados de los años ochenta, cuando aterrizé allí para comenzar los estudios de COU. Recuerdo perfectamente la mañana en que baje del tren, en la estación de la Feve -el trenet la llamabamos- a principios de octubre de 1985. Allí estaba yo, recién llegado del pueblo, asustado y asombrado, pero lo suficientemente ingenuo para creerme ya un tipo capaz de poder regir su destino.

 Los primeros días suelen ser duros. En cualquier ámbito. Un cierto respeto a lo desconocido mezclado con la curiosidad ante una nueva etapa consiguen una combinación perfecta de temor y sorpresa que no tiene porque ser necesariamente negativa. Pero eso uno sólo lo sabe con el transcurso de los años, no viene en ningún manual de instrucciones. Incluso lo menos ansiado y deseado puede depararte sorpresas, ser esquivo con tus esperanzas o llevarte a tomar la salida equivocada sin que realmente uno pueda hacer mucho más que verlo pasar. Son tiempos de grandes decisiones y sin embargo no tenemos casi ninguna indicio de hacia donde tirar. Ni  sospechas lo que te espera, ni mucho menos todo aquello que esperas acaba siendo como pensabas. Ni que decir tiene que el primer día en un colegio nuevo, sin los asideros cómplices de antiguos camaradas, es territorio hostil. Si además tus amigos, los que has tenido hasta esos diecisiete años, están al otro lado del río y tu no eres otra cosa más que un visitante en esta orilla nueva, un intruso sobre el que se posan miradas, gestos, risas, comentarios, te sientes desnudoe indefenso. Andas, sí, un tanto errante y perdido. 
Que todas esas miradas, risas, comentarios, sean tan huidizas, nerviosas o curiosas como las tuyas no es algo que te sirva de consuelo. No es algo que puedas sospechar o saber. Así que territorio muy hostil sería una definición más ajustada y precisa pues así nos parecía entonces aquel paraje. Un territorio en el que quieres ser algo que todavía no eres ni tampoco puedes ser. Un tiempo en el que el estado natural -casi necesario diría yo- es pensar que el mundo se empeña en ir en tu contra. Y no, no hay ninguna explicación.

 Cuando salí de allí el primer día, me sentí como el naúfrago que avista tierra. Visto en perspectiva la cosa había sido bastante normal, pero que quieren, ya se fraguaba en uno ese imaginario propenso al drama y la imaginación, del mismo modo que se comenzaba a cobrar forma mi carácter impostor, ese que se empeñaba en intentar esconder todas mis zozobras, esforzándome en disimular lo que sentía, hasta lograr parecer antes los demas -y parecerme a mi- otro, de una inmune fragilidad. 

 Eran casi las dos de la tarde y mi padre todavía no había llegado. Mire a ambos lados de la calle intentando adivinar su coche antes de encenderme un pitillo. Le molestaba muchísimo el que fumase, supongo que por eso lo encendí. Allí, apoyado sobre el muro, me acordé de repente de la revista que había comprado por la mañana, en el quiosco de la estación. La saqué de la mochila y me puse a leerla para hacer tiempo. En la portada había una fotografía de David Bowie y Mick Jagger y bajo la cabecera una frase que me atrajo e intrigó nada más verla; Tiempos de rock and roll. Y no, no hay ninguna explicación.


 Al día siguiente, cuando el descanso de las once, salí a comprar unos cigarrillos al puesto de la esquina de Micer Mascó con Doctor Moliner. Un tipo alto y desgarbado, de hablar pausado y mirada aniñada y limpia se me acercó. Obviamente me puse a la defensiva. Mientras me pedía fuego me preguntó si me gustaba la música. “Te vi ayer leyendo una revista“. No contesté, debí parecerle o medio idiota o un chulo desagradable. Muy probablemente ambas cosas a la vez. Me ofreció un cigarrillo y volvió a preguntar; “¿Te gustan los Church?”. Me quedé mirándole y únicamente atiné a balbucear; “¿Los Lords?”. Comenzó a reír de esa manera suya. Una manera que, al segundo día de oírla, ya me parecería siempre la más natural del mundo; Hacia dentro y emitiendo un sonido gutural; “No tío, los Church, los australianos”. Aquella mañana fue la primera vez que hablé con J.

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 Su carrera había sido, digámoslo benévolamente, desafortunada. Malos managers y peores decisiones que trajeron infames contratos. Los inicios fueron, una vez más, duros. A principios de los ochenta del siglo pasado, Capitol USA quedo fascinada por una canción tituladaThe unguarded moment”. Debido a ello decidieron publicar su primer disco (“Of skins an hearts”, 1981) en Estados Unidos. El primer disco de The Church. Como idea genial editan el single en más de un minuto –“muchachos, era demasiado larga”– respecto a la versión del Lp. Por supuesto sin avisar al grupo, ni mucho menos contar con su consentimiento. Siguiendo con lo insólito tienen la brillante idea, como única campaña promocional, de lanzar en prensa y revistas un puñado de eslóganes de carácter religioso –The Church, ¿recuerdan?, sí, muy ingeniosos- que no tienen que ver nada en absoluto con ellos. El single fracasa. El lp fracasa. Son despedidos a gorrazos de Capitol. Fin de la aventura. Hasta “Heyday” ningún otro disco suyo será publicado oficialmente en los USA.

El disco es prometedor, aunque un tanto balbuceante y un poco tosco. Pero dotado de un halo misterioso, de sugerente belleza. Con aquello tan manido y difícil de hallar llamado personalidad. Como en todos sus discos una tela de araña que comienza a tejerse lenta pero inexorablemente; Imposible escapar una vez sumido en ella, olvidada en una esquina y sumida a las inclemencias si consigues ignorarla. 
The unguarded moment
The unguarded moment” es como un enorme albatros agarrado al cuello. Odio esa canción pero es algo con lo que tendré que vivir”
 
(Steve Kilbey, para “Bucketfull of brains”, febrero de 1986)

“Grabada como una reflexión del Lp “Of skins and heart”. La canción que lo hizo todo posible. Muchas gracias”

(Steve Kilbey, en las notas interiores de la recopilación Hindsight, 1980-1987)


Comienzan a forjarse su destino. Ese que consiste en una especie de maldición que navega pot la delgada línea que separa al mesianismo del retrato de la condición humana más romántica. Con un tino exquisito para brotar la magía cuando menos apropiado es. Empeñados en enfrentarse a lo sencillo desde la cabezonería. Como si hubiese, en lo más profundo, un meandro o nexo común que les llevase inevitablemente a lo grandilocuente para, una vez cerca de su orilla, decidir dar media vuelta . Que, en el último instante, conscientes de lo inútil y pretencioso de tal empeño, decidiesen dejarlo todo atrás para siempre, en pos de una carnal debilidad, de la hermosa e ingobernable inoportunidad de los sentimientos. El hermoso y esteril fracaso.


De vuelta a su Australia natal su situación financiera, para variar, es delicada. Han perdido dinero con su gira europea. Han perdido todavía más dinero en su gira americana. Se acomodan en sus amados sesentas y en sus refugios emocionales. “Bluerred crusade”, su segundo Lp, los muestra enfadados con el mundo, consigo mismos. Las guitarras ganan terreno, parecen querer conversar, gritar, crear un escudo que los proteja de la incomprensión. Un aire más triste, más desengañado comienza a cobrar forma. Tiene algunas canciones estupendas (“When you were mine”, “To be in your eyes”) pero, como en casi todos sus discos, una, sublime, oscurece al resto; “Almost with you” es la de éste; Magnífica, conmovedora, preciosa. Rebosante de clase y estilo. Por cierto, existe single español, con la misma portada del Lp. La de las armaduras y el pajarillo. Qué cosas.
Almost with you
La canción definitiva de The Church. Una guitarra española limpia a cargo de Peter, Richard haciendo bonitos ruidos de percusión con unos palitos y la exultante facilidad melódica de Marty”.

(Steve Kilbey, en la carpeta interior de la recopilación “Hindsight, 1980-1987)


Bastante tiempo después supe que aquella canción (The unguarded moment”) que tenía grabada en una cassette fue mi primer encuentro -aunque yo aún no lo sabía- con The Church. Grabada de un programa de radio, creo que de aquel que hacían Jorge Albi con Rafa Cervera en Radio Intercontinental, “Los bailes de Marte”, poco antes de que el primero hiciese en solitario “La conjura de las danzas”. Pero  quiero pensar que los conocí por “Seance” -de hecho fue asi, al menos conscientemente-, el primer Lp de los Church que compré. En realidad tampoco fue exactamente así. Fue el primero que tuve: Me lo dio J. Su padre, ejecutivo de la Ford que viajaba a menudo a Inglaterra y Holanda, se lo trajo. Me debió ver tan entusiasmado que me lo regaló.

One day

It’s no reason


“It’s no reason fue el single y probablemente no debía haberlo sido. Tiene un aire a canción de cuna y su melancolía soterrada la hacen inapropiada para el consumo general. Es a partir de ella donde verdaderamente pienso que el rock and roll y los Church separaron sus caminos. Mi culpa por completo. Lo siento.”

(Steve Kilbey, en las notas interiores de la recopilación “Handsight,1980-1987”)



Electric lash

“Seance” resultó ser toda una revelación para un muchacho bastante impresionable. Rocanrol con épica. Pero no esa épica litúrgica, grandilocuente y con fecha de caducidad, sino épica cercana, personal. Ajada y balbuceante. Ridícula unas veces, sublime en otras, natural. Aquella que con matemática precisión sucedía todos los fines de semana en mi insignificante vida. Uno tras otro. Rural, ingenua, hermosa. Con tan irrefrenables ansías por el autoengaño -conjuros que preservan la belleza, estatuas, la ciudad de Jericó… el atrezzo inherente- como fascinada y aturdida verdad; errante y en construcción. Épica con alma, con verdad. Optimista y cruel. Una épica que se podía tocar y que muchas veces, por demasiado cercana, dolía. Impregnada con las gotas justas de afectación. Estética de curso de correspondencia. Esperanzada y fatalista. Belleza turbia, ilusionada, tramposa pero palpable. Y siempre, SIEMPRE, a punto de brotar la melancolía, luchando a brazo partido por no convertirse en vampírica nostalgia.

Un nuevo capítulo de su creciente introspección se publicará en 1984;The remote luxury”. En realidad había aparecido un año antes, en dos Eps y sólo para el mercado australiano y neozelandés; “Remote Luxury” y “Persia”. Están a punto de arrojar la toalla y eso se nota en su actitud, para bien y para mal, pero no en las canciones, sublimes, casi una fotografía de la duda y el empeño. Algunos lo tienen por un paso atrás y sin embargo siempre me ha parecido como su particular Sitio de Baler. La negación del nuevo orden, dispuestos a consumirse por mantener el suyo, sabiendo que no hay victoria posible. Otra vez una joya que oscurece cualquier flaqueza; “No explanation” .

A month of sundays
“Mi favorita de “Remote luxury”. Una historia real. Algo que verdaderamente sucedió. ¿Podéis escuchar el bajo de seis cuerdas?.”
(Steve Kilbeyr, en las notas interiores de la recopilación “Handsight, 1980-1987”)


Escuchándolo hoy de nuevo “Heyday” se me ha revelado como una sorpresa. Lo recordaba bien, curioso, con los vínculos emocionales (a menudo, lo reconozco, pesadas cargas de esa losa llamada pasado) de los discos de la tardo adolescencia. Tal vez también un tanto claudicante –si, los eternos prejuicios y la tontería habitual- pero es más que eso. Ha envejecido digno, hermoso, orgulloso. Donde brillaban los tics de las producciones habituales en la época (baterías mal producidas, falta de bajos en la mezcla) en él no se aprecian. Todo encaja como en un puzzle. Su canto de cisne. Como siempre a su manera, sin más concesiones que las propias. Y después está eso tan importante que son las canciones. Enormes.
Disenchanted
Tristesse
Tantalized

“Gran canción rock’n’roll con arreglo de vientos. El segundo single de “Heyday”. A todo el mundo pareció gustarle entonces. Guitarras rotundas junto a la melodía, texto autobiográfico. Ploog –Richard- toca los bongos”.

(Steve Kilbey, en las notas interiores de la recopilación “Handsight,1980-1987”)
Y -cómo no- lo consiguen una vez más. La canción emblema del disco. Majestuosa…
Already yesterday
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 A partir de ese instante no recuerdo ningún momento importante de mi vida en que él no estuviese cerca. Sueños, fracasos, temores, anhelos, miedos, amores, penas, felicidad. Fue el amigo fiel y cómplice, aquel que no pide mucho a cambio y que siempre está a tu lado cuando verdaderamente lo necesitas. Vaale, algún billete si que dejo de devolverme. Y yo a él. También debe tener todavía alguno de mis discos. Aunque una vez los compartíamos eran de los dos. En eso consiste ser amigos, ¿No creen?.  Discutíamos de vez en cuando, incluso reñimos alguna que otra vez, tonterías de camaradas, sabiendo, desde el inicio, que luego llegaría la paz. Nos corrimos farras inolvidables, fuimos a conciertos mágicos; aquel de ¡Los Church! en Arena, fumando porros con Steve Kilbey en su coche y escuchando una TDK de los entonces para nosotros -y sospecho que para el tal Kilbey también- desconocidos Zombies. Algún concierto funesto también caería, claro que sí, varios, pero nos divertía recordarlo con dos cervezas delante. Descubrimos juntos libros, canciones, películas, amores… tantas cosas. Quiero, deseo pensar, que yo supuse algo parecido para él.

 El tiempo pasó. Más de veinte años. Hace ya dos que no sé nada de J. Miento, si sé, poca cosa, pero no por él. Pregunto aquí y allí, llamo de vez en cuando a sus padres. Había tenido una crisis inesperada de tipo mental un año antes. Lo internaron durante un mes en el ala de psiquiatría de un hospital. A él, el tipo más cuerdo que jamás conocí. Me asusté mucho. Y me sentí mal, cobarde. Lo primero que pensé es que podía haberme sucedido a mi. Pasado el tiempo de tratamiento prescrito salió y volvió a casa. Pude visitarlo varias veces. Era otro, se perdía en si mismo, callaba la mayor parte del tiempo y cuando se decidía a hablar parecía tener miedos que sólo él conocía. Su dicción monocorde y lenta ya no era divertida sino que mostraba las puertas del precipicio. Y se sentía sólo. Lo sé porque yo también sentía lo mismo cuando estaba con él. Quién sabe la tormenta que se desató en su interior. Mantenía la misma mirada limpia, el mismo andar desgarbado, acaso más tambaleante, imagino que por la medicación, pero su cabeza estaba en otro lugar. Somos tan egoístas que me consolaba pensando que quizá fuese un lugar mejor. El naúfrago en un mundo nuevo, distinto, ahora era él. Y todavía me pregunto si hice lo suficiente por rescatarlo. Probablemente no. Tampoco, probablemente, quisiera ser rescatado. Y no, no hay ninguna explicación.

 Me cuentan de vez en cuando que sigue sin querer ver a nadie. Tal vez  haya decidido que es mejor quedarse con los recuerdos que ver a estos consumirse, esfumarse. Siempre fue un tipo listo. A su manera. Quién sabe. Los médicos dicen que lo mejor es que este tranquilo, calmado en casa, refugiado con los suyos. Pero diablos, yo era de los suyos. Me dicen también que es como si algo dentro de él se hubiese roto y no hubiese podido recomponer las piezas hasta volver a darle forma. O que habiéndolas pegado, lo hayan sido mal. Que se ha encerrado aún más en si mismo. Que no quiere salir, ni trabajar -bueno, eso nunca le gustó mucho, seamos sinceros-, que su mundo se reduce a aquello en lo que se siente seguro. Un mundo en el que suenan los Church, Felt, los Chills, la Velvet, los Byrds.

 Hoy, 14 de abril, es mi cumpleaños. Solíamos celebrarlo juntos. Hoy, no sé por qué, me he puesto en el tocadiscos un disco de los Church. En su portada hay una fotografía coloreada de una mujer cubierta por una especie de velo, escondida tras un árbol. Lleva un ramo de flores secas entre sus manos. Y parece mirar hacía ningún lugar. Hacia su pasado. O hacia su futuro tal vez.

No. No hay ninguna explicación. 
No explanation


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5 comentarios sobre “J. y yo. THE CHURCH. "No explanation"

  1. Esta no la había leído en su día. He pinchado en la lista de la izquierda cuando he visto The Chuch y ya me temía lo que me iba a encontrar.

    Tengo un nudo en la garganta.

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  2. Tal vez no sean estas las mejores fechas para leerlo Pablo. En realidad no creo que ninguna lo sea.

    Me lo debía a mi y, sobre todo, se lo debía a J. He intentado contarlo tal y como lo viví, tal y como lo sentí. Procurando ser discreto y respetuoso. Con el cariño que él se merece.

    Tu conoces la historía de primerísima mano. Tan sólo espero que mis palabras te hayan recordado al amigo con una media sonrisa. Pese al -inevitable- nudo en la garganta.

    X.

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  3. Yo también estaba en Valencia en 1985,bueno exactamente en Burjasot,a 4 kms.
    The Church,SOBERBIOS,de 1980 a 1986.
    Mi top 12,mas o menos.

    -she never said
    -for a moment we´re strangers
    -too fast to you
    -tear it all away
    -constant in opal
    -memories in future tense
    -Columbus
    -Roman
    -NO EXPLANATION
    -you took
    -a fire burns
    -sisters

    SON FABULOSOS ,100X100 RECOMENDABLES ,AHORA MISMO ME PONGO EL CD.

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  4. Joder, me deja usted sin palabras… “Almost With You” es una de mis favoritas forever. Se me ha pasado por la cabeza que tal vez ya estaba usted también entonces “casi” con J, “casi” con Steve Kilbey en su coche, allá en el Arena, “casi” con toda esta iglesia de tarados que todavía hoy seguimos alimentándonos de canciones… canciones como esta “No Explanation” que usted compuso aquí hace ya un tiempo…

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