KEREN ANN. "La disparition" (Emi France, 2002)


 En una esquina cualquiera del mundo –“a diez pasos de tu casa, a diez pasos de la mía”– comienza a sonar una acústica perezosa.  Melodías entonadas por el arrullo de palabras que olvidamos hace tiempo. Arreglos de cuerdas quedos que semejan un oleaje que ni puede ni quiere ser marejada; “Que la luz sea como la del primer día, la del primer mes”

 
 Callar, apenas musitar cuando el tiempo, asesino, tenga el valor del que nosotros carecemos. Cuando entierre nuestros amores perecederos bajo arenas movedizas. Permanecer fríos, ser elegantes incluso cuando no nos tomen en serio. 
  Esbozos de una felicidad pretérita empañada por la añoranza. Un sample soterrado de “Chelsea morning”. Arpas, fagots, oboes, clarinetes y flautas. Coros infantiles que le confieren, todavía más, un atmosfera irreal en su rutina. Apacible y plácida. La guitarra acústica de nuevo, omnipresente. Sutiles, esporádicas programaciones empeñadas en reproducir el goteo constante de la melancolia. Un piano y un hammond B3 conversando mientras la niebla cae, velando el tiempo con un manto intangible de cuento gótico. Fotografías en tonos sepia. La imagen de una mujer, de cualquier mujer. “Quedémonos aquí, el sol es menos pálido, el viento menos lunar. El agua es azul, azul turquesa. Y mientras tu duermes yo no hago más que pensar en los ríos de enero”.
 
  Miradas de soslayo, un leve roce, la sola presencia deseada. Sonrisas. Reirse de uno mismo. Complicidades en silencio que nos recuerdan, como si observásemos por una cerradura, aquello que nos empeñamos en cambiar y que sigue, ya para siempre, con nosotros. El dulce aroma de Françoise Hardy, elegante, distante, gélido,  circa 1971/1973; “Point”,”La question”, “Et si je me’en vais avant toi”.
 
Un contrabajo y una trompeta con sordina. La alusiva caja de música. Escuchar un murmullo, un tarareo y saber que no hace falta nada más; “Sentimientos anticuados. Como una antigua bailarina de la Ópera Garnier, como una camisa de popelín, como un soneto de Mallarmé.
 
 “La espuma de los recuerdos. ¿Debo sonreir?. Lágrimas como diversión. ¿Debo llorar?. Quedarse o marchar. Mejor elegir desaparecer”.
 
  Ayer y hoy. El mañana. Las infinitas combinaciones del rompecabezas que configura el devenir del tiempo. Algo tan, mmmm “Surannee”, sí…  como las vicisitudes del amor y el desamor entrelazadas. Bálsamos y cicatrices que la vida y el azar nos deparan. Viéndolas pasar unas veces, agarrándonos a ellas otras. Con nosotros. En nosotros. Para siempre ya.  
 
“La Disparition”
 
 
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