THE ZOMBIES. "Bunny lake a disparu" (RCA Victor Ep, 1966)

 

Por  asuntos como este -tan nimio e insignificante, no se lo voy a discutir ni por un momento- es por lo que amo a Francia, en realidad París, la única parte de ese país que conozco relativamente. También es cierto que comienzo con mal pie. Cualquiera, avezado visitante o no, sabe que París no es Francia, del mismo modo que estos afortunados hallazgos pueden darse también al lado de casa, doy fé. Y más hoy, con casi todo a la distancia de un golpe de click en el teclado. Pero que demonios, hablar de al lado de casa viste menos y además tampoco sería verdad del todo.
 
 Me podrán tachar de esnob, de frívolo o de simplemente idiota -y probablemente no irán del todo desencaminados en ninguno de sus pareceres- pero la sensación de pasear por la orilla izquierda (y derecha también) del Sena husmeando aquí y allá, ejerciendo de flaneur o de simple observador hay veces que procura insospechados hallazgos. Es cierto que si aplicásemos una tabla estadistica, a un lado el pequeño tanto por ciento de éxito y al otro los innumerables fracasos, mi deslavazada argumentación haría agua nada más comenzar. Tampoco veo porque tendrían que sorprenderse.
 
Lo que quería contarles, no tiene la mayor importancia, es que siempre que estoy allí, todos los sábados por la mañana, hasta bien entrada la tarde, lo paso en las Pulgas de Saint Ouen. Suelo ir sólo, no porque no me guste ir con ella, muy al contrario. Su conversación tiene sustancia y centelleante su ingenio, la compañía es gratísima y reconfortante. Además es quién suele dar con los mejores descubrimientos; Muebles que solo ella es capaz de atisbar, cachivaches hermosísimos de uso a veces discutible pero de una estética hermosa, o la mismísima jukebox que luce en casa, sin ir más lejos. Es más bien por no obligarla a estar sujeta a mis taras y obsesiones. No al menos, y en la medida de lo posible, más de lo necesario. Porque lo que en uno es placer puede en otro ser la mayor de las torturas. Al menos en eso yo creo que coincidiremos.
 

  Visito a tres o cuatro conocidos trileros, cuyas paradas generalmente ya han sido esquilmadas por los profesionales y sus sicarios. Les saludo, charlamos y me enseñan los restos.  Incluso me suelen invitar a café. Quién más quién menos ya sabe como funciona esto, igual da que sea en París, en Valencia o en cualquier otra parte. La rutina semanal -diaria es aún mejor- es la que provoca los mayores réditos. La estadistica de nuevo y en contadísimas ocasiones el ingobernable azar. Así que siempre terminan por aparecer cosas. Uno es de buen comer, también con los discos. 

 

 En una de esas ocasiones, hace unos años, escarbando en una caja aparcada en el suelo atiborrada de la habitual morralla, el propietario de tamaño tesoro me espetó que tenía otra más en la trastienda. Tentado estuve de decirle que tenía bastante con los restos del infausto naufragio del que  acababa de ser testigo, pero antes de poder decírselo me la puso delante de las narices. Podría contar que pasé los discos con displicencia, sin esperar nada, casi como un acto reflejo. En parte fue así y en parte también no. Quiero decir con esto -aquellos contagiados lo entenderán- que siempre que realizas el proceso esperas a que aparezca una hermosa flor entre la inmundicia. Y así sucedió en esta ocasión. Allí estaba. Impoluta y reluciente su nivea portada. Por aquel entonces, como sucede hoy, uno sabía poca cosa. Ni conocía ni se imaginaba que existiese un ep francés de los Zombies con las tres canciones que iban en la banda sonora de “Bunny Lake a disparu”. La inconfundible portada de Saul Bass me puso alerta. Era imposible apartar la mirada de ella. Al darle la vuelta a esta y leer los créditos de la contraportada, ¡Voila!, “Remember me”, “Nothing’s changed” y “Just out of reach”. Las dos primeras firmadas por Chris White, la tercera por Colin Blunstone. De inmediato surgío el sempiterno temor a que pidiese algo descabellado, pese a saber que la pieza más cara de todo el lote marcaba diez euros. Tomé dos o tres más para, ummmm, disimular y pagué los quince por el total. 
 
 
 
 

Ann Lake (Carol Lynley), una joven americana, viaja a Londres acompañada por su hermano (Steven/Keir Dullea) y Bunny, su hija. Al poco de estar allí acude a la comisaria, desesperada, a denunciar la desparición de ésta. Ha ido a recogerla a la guardería, trás su primer día de clase, y nadie parece saber nada de ella. El Inspector de Scotland Yard, Moorhouse (Laurence Olivier) será el encargado de la investigación. Lo que inicialmente parece un caso de secuestro comienza a tejer una telaraña de extraños vericuetos y equivocos que finalemente hará pensar a Moorehouse -y también al espectador, que no ha visto jamás a la niña- que Ann es una perturbada y que la presunta desaparición – e incluso la existencia de Bunny– es fruto de su imaginación. A partir de ahí la trama se va complicando hasta un desenlace final que, bueno… mejor no desvelárselo si aún no han tenido el placer de disfrutarla. “Bunny lake is missing” (“El rapto de Bunny lake” en España) es un thriller gótico de desconcertante suspense, encajado en el Londres de principio de los sesenta y fotografiado en un blanco y negro mórbido y brumoso. Dirigida por Otto Preminger, la película esta llena de pequeños detalles, aparentemente sin importancia, pero que acaban dotándola de un aire inquietante, de creciente desasosiego; El hospital de muñecas, la anciana profesora que colecciona y estudia grabaciones de pesadillas infantiles, los cambios en la psicología de los personajes, la escena en la casa, resuelta a la manera de un inocente pero macabro juego infantil… y cuyo climax final acaba por hacer que todo encaje, a mi modesto entender, a la perfección.

 

 
 De como Los Zombies, en pleno 1966, acabaron involucrados en la película no sabría decirles. Imagino que estrategias comerciales de managers y compañías ingeniosas.  Aparecen interpretando “Nothing’s changed” en la televisión, en la escena de la conversación en el Pub entre el Inspector Moorehouse y Ann Lake. También suena en la radio, durante unos segundos, “Just out of reach”,  mientras Ann escapa del hospital. Circula por la red un vídeo, de una calidad discutible, con el anuncio de la película, en el que los Zombies cantan “Just come on time” con la música de “Just out of reach”. Al parecer una manera más de atraer al público juvenil a las salas.
 
 Por último señalar al tercero de la terna. El gran, enorme Saul Bass, autor de varios de los más hermosos e imaginativos diseños (carteles, títulos de crédito, portadas de las bandas sonoras) de la historia de la cinematografía; “Vértigo”, “One, two, three”, “West side story”, “Bird man from Alcatraz”, etcétera. Y ya centrándonos en la filmografía de Preminger,   “The man with the golden arm”,  “Anatomy of a murder”, “Bonjour tristesse”, “Joan of arc”, “Advise and consent”
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2 comentarios sobre “THE ZOMBIES. "Bunny lake a disparu" (RCA Victor Ep, 1966)

  1. Por cierto, escuchando el audio de “Remember You” me acabo de dar cuenta que esa versión es totalmente distinta a la del single o LP. Es más lenta, como más majestuosa. Gran hallazgo Don!

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