MARCOS VALLE "Garra" (Emi Odeon Brasil, 1971)

 

 

 

 

Al igual que sucede en castellano, en la lengua portuguesa “Garra” tiene dos acepciones profundamente relacionadas; la “mano” del ave de presa, aquella que atrapa, mata y la tenacidad. Ambas definiciones están muy presentes en este disco. La una como antítesis de la otra, su némesis necesaria para poder apreciar su magnitud en todo su esplendor. Para poder apreciar la tenacidad necesaria para ser libre en la aspiración artística y a la vez lidiar con la censura de la dictadura sin ver cercenada la palabra, el espíritu y la imaginación. Censura, como todas, estúpida, sin sentido. Mema y pacata. Generalmente funcionarial. Cuenta divertido Marcos Valle  -y al leerle recuerdo los cebos que a propósito escribían en sus guiones Berlanga y Azcona– que aquellos soldados de la mediocridad y lo oscuro muchas veces pasaban por alto referencias políticas y reivindicativas y otras, en cambio, se mostraban intransigentes con textos que tan sólo lo eran en su huera imaginación. Nada, por otra parte, que por aquí no sepamos y que ha sido recogido, con gusto y detenimiento, en el estupendo libro “Veneno en dosis camufladas”. La censura en los discos de pop-rock durante el franquismo” de Xavier Valiño (Editorial Milenio, 2012).

 “Garra” es, si no estoy equivocado, el octavo álbum de Marcos Valle. Nacido en 1943 -rubio, blanco, de ojos azules- en el seno de una familia acomodada, carioca de pura cepa e inmerso en el mundo musical desde niño, Marcos Valle se adentra en él espoleado por sus estudios de piano y sobre todo por el talento de su hermano (el inconmensurable Paulo Sergio). A los veinte ya logra su primer éxito popularizado por el Tamba Trio. Al año siguiente debuta discográficamente con el álbum “Samba demais” y en 1965 forma parte del espectáculo colectivo “A Bossa no Paramount” (un afamado cine-teatro de Sao Paulo) acompañado por Elis Regina y donde su fama ya despega definitivamente. A partir de entonces todo es un no parar. Publica un segundo disco y entra a formar parte durante su gira americana de Sergio Mendes and Brasil 66. Su bombazo definitivo tiene lugar con “Samba do aviao”, popularizada por el organista Walter Wanderley (en aquel entonces centrado en una serie de Lps para la Verve de Creed Taylor) de aromáticos efluvios Easy listening y Bossanova, superficiales y agradables, con gran éxito en los Estados Unidos. 


 Tras un tercer disco (“Braziliance”) donde aparece la archifamosa “Os grillos”, lo mejor está aún por llegar. En 1968 Verve le publica “Samba’68”, un paso más allá -que no el postrero- en su devenir artístico, donde los deliciosos arreglos de un jóven Eumir Deodato y las voces de la flamboyant Ana Maria Carvalho Texeira (la dama blanca de Ipanema) le confieren una personalidad más cuidada y elegante, acaso remolona con su natural ingenuidad y pureza, pero de indudable estilo panorámico, rico en matices y de sosegado fluir.


 Todas esas cualidades -y muchísimas otras- hacen que el tránsito de época, el nuevo signo de los tiempos que irrumpe como un torrente y la pérdida de la inocencia que Vietnam supone (y de la que es testigo directo al vivir por entonces en los USA) aterricen en su música de manera caudalosa aunque no apresurada. “Mustang cor de sangue” su disco del 69 ya es un aviso en toda regla pero es a partir de “Marcos Valle” donde las cosas se aceleran. Lo que en el primero es la suma de la vertiente anglosajona a su música eminentemente brasileña, macerándose de manera un tanto balbuceante (bases funk, arreglos barrocos, veleidades folk rock, letras escritas por su hermano, menos hedonistas, más sociales) en el segundo ya refulge espléndido, ajustado, combinando ambos lados y consiguiendo uno nuevo, sorprendente.

 

“Siempre dispuse de libertad. Siempre. Siempre”. Dice Marcos Valle enfáticamente. “Eso es lo que fue realmente importante ahora que puedo ver todo lo que hice. Nunca me dijeron que hacer. Me dejaron a mi aire y eso es algo que honra a Milton Miranda” cuenta Marcos refiriéndose al nombre ubicúo que aparece en las contraportadas de la maypría de los discos de Odeon en los sesenta y los setenta, acreditado como “Director de producción”. “Ese tipo sabía que yo tenía tantas ideas en mi cabeza, que evolucionaría. No era el tipo de artista que hace la misma cosa una y otra vez. Supo ver las muchísimas influencias que habían en mi música y como afectaban a mi estilo. Siempre me dejo hacer lo que quise. Le estoy muy agradecido porque fue la mejor manera de que pudiese desarrollar mi carrera”.

 “Garra” es uno de los cuatro discos de los setenta (junto a “Marcos Valle”, “Vento soul” y “Previsao do tempo”) que el sello Light in the Attic ha reeditado recientemente. Ambos cuatro recomendabilísimos de principio a fin, pero este en concreto soberbio e inacabable. Bálsamo y narcótico, caricia y pellizco, la vida en no llega a una docena de canciones.
 
 Pianos, órganos y clavicordios. Soliloquios acerca de la inmutabilidad de la fe y la duda orquestados por Gerardo Vespar en “Jesus mei rei”. El Brill Building con ventanas a Copacabana en “Black is beautiful”, hermosa apología de la negritud por el niño bonito, el niño blanco. Toda una declaración de principios. Clasicismo elegante con un pie en los maestros de principios del siglo XX y otro bebiendo del lirismo más exacerbado (ese frugal acompañamiento vocal de Claudia a la manera del de la Dell Orso en tantas bandas sonoras) en esa maravilla que responde por “Minha voz virá do sol da America”. Homenaje al amigo y al maestro en “Ao amigo Tom” con su guitarra evocadora y su piano perezoso, Groove y Baiao de la mano en “Paz e futebol”, reivindicaciones ambas de lo que une antes que subrayado de lo oscuro que separa. Contrapunto necesario en un disco político, reivindicativo y militante, pero no por ello coñazo, triste y desangelado. Celebración de la vida sin por ello ocultar su grietas. Optimismo vital.
 
 Es una verdadera lástima (y si queremos ponernos trascendentes yo diría un crimen) lo poco y mal que por estos lares se conoce al probablemente mejor y más abundante vivero de música, la llamada música brasileña. Categorizada por desidia, por desconocimiento o por condescendencia como música meramente “festiva”, uno, un auténtico lego también en esta materia, un pobrecito hablador, no deja de sorprenderse cada día que pasa. Por su hondura, su riqueza melódica, su variedad estilistica. Por su capacidad para retratar los estados del alma, su empeño irreductible en ayudar al que a ella recurre, evitando con denuedo aleccionar, sin vanas pretensiones y permitiendo a uno -a cualquiera en realidad- adentrarse en ella de manera gozosa, como el niño que comienza a ver el mundo ante sí, todavia no emponzoñado con sus rémoras y servidumbres.
 

 

Anuncios

2 comentarios sobre “MARCOS VALLE "Garra" (Emi Odeon Brasil, 1971)

  1. Totalmente de acuerdo con el último párrafo, la música brasileña es un cajón de sorpresas agradables continuo.No sabía que Samba do Aviao fuera compuesta por Marcos Valle, una delicia de canción.Un saludo.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s