SHEIKS Sus discos españoles

 

Los Sheiks fueron prácticamente la única banda portuguesa en trascender, aunque sólo fuese ligeramente, fuera de su país en la explosión beat que sacudió al mundo en los sesenta. Su beat elegante, de inusual riqueza melódica, no tenía nada que envidiarle al que se practicaba en el resto del mundo y, como en ese mismo espejo en el que se miraban, incursionaría esporádicamente hacía  territorios más rugosos. Con su primer sencillo, publicado en 1964, se convirtieron en la banda más famosa de su país y este éxito dio pie para que alguno de sus discos se publicasen en Francia, Brasil y, sí, también en España. Viajarían a París donde actuarían el el Club Le Bilboquet y, corre la leyenda, varios managers se disputarían un hipotético lanzamiento internacional (se cuenta que el promotor de los Rolling Stones estaba entre ellos). Desafortunadamente, la opinión contraria de sus protectores padres truncaría antes del pistoletazo de salida sus sueños de éxito internacional.
 Fueron pioneros (al mismo tiempo que sus coetáneos extranjeros) en evolucionar del beat más dulce al fuzz arrebatado y el uso del estéreo. Su repertorio era, en su inmensa mayoría, de cosecha propia y solían interpretarlo en un inglés más que digno. De inmediato serían considerados los Beatles portugueses y, como aquellos,  disfrutarían -y sufrirían- el acoso y furor de los los fans, lo que en su caso se denominaría la “Sheikmanía”.  En definitiva un fenómeno musical en Portugal, los primeros en vivir profesionalmente de la música.
 
En nuestro país publicarían un mágnífico EP (Missing you/Tears are coming/Tell me bird/Try to understand. Emi/Odeon, 1966) y, ya como intento último y definitivo en alcanzar las listas de éxito, un sencillo con dos canciones ya contenidas en el EP y cantadas en castellano (Te recuerdo/Dime pajarito. Emi/Odeon, 1967).

 

 

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2 comentarios sobre “SHEIKS Sus discos españoles

  1. Missing You es una de las canciones beat más hermosas y perfectas jamás creadas al otro lado del Canal de la Mancha.
    Suave, melancólica, contenida, radiante, elegantísima. Una puñetera delicia que evoca 1965 (también 1966… los primeros meses) como una fotografía de ésas de Gonzalo Juanes.

    Y (a mí me lo parece al menos) rematadamente continental. Incluso me atrevería a decir que “ibérica”.
    Calles empedradas y palacios barrocos o neoclásicos. Farolas de hierro forjado, nieblas, coches de punto y capas españolas (¿también portuguesas?). Abrigos oscuros, corbatas estrechas. Flequillos largos pero formales (la nuca sigue bien cortica). Novias preciosas, de ojos enormes y un puntico tristones, con la falda bien planchada un dedo por encima de la rodilla. Parques pequeños. Estanques medio abandonados, cubiertos de hojas caídas y de verdín. Viejos palacios de piedra con escudos en las fachadas.

    La guerra en Angola, Mozambique, Guinea. El sonido de los helicópteros (los Allouettes… con esa cruz medieval que usaba el ejército del aire portugués como enseña en las aeronaves) aterrizando y despegando. Ametrallando la selva. El polvo que levantaban las minas al estallar al paso de los transportes militares. El tactactactac de los fusiles automáticos…

    Missing You.

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