CIATO & CIATO’S. Divagazioni (Eleven, 1975)

No hace mucho que conseguí este Lp. Lo adquirí casi a ciegas. Un audio con fragmentos de dos o tres canciones y una corazonada. Cada vez siento más placer en estos álbumes descabalgados, un poco de todos y de ningún sitio, discos bien hechos, trips personalísimos que me llevan de la imaginación a la evocación y que por el camino, en su modestia, dejan espacio para todo lo que quepa. Discos de presunta serie B que cada vez que los escuchas muestran más y más aristas por descubrir.

  En un principio -y en un final también- me sentí atrapado, hipnotizado, casi traspuesto con esa maravilla que abre la cara B y atiende por The Long Way to Sacrifice. Mezcla de Cosmic disco setentero con la partitura de una blaxploitation o de un poliziesco mientras parece querer sonar Gato Barbieri allá al fondo en la escena en que Barbara de Rossi se pone con la mandanga que le ha pasado Angelo Infanti. La sintonía de Los Angeles de Charlie (¿un año antes de estrenarse la serie?) emergiendo entre spoken words macabros. La voz másculina que los recita semejando a una voz femenina… no, andrógina, asexuada, extraña. La linea de bajo omnipresente, los vientos marcando el tempo, un pedal wah wah y flautas haciendo de escudero, los bongos in cescendo, como surfeando en una ola aquejada de cardiopatía. Las majestuosas lineas de sintetizador de Armando Ciato… un, digámoslo ya, locurón en toda regla.

 

 
Pero había más. Vaya que si lo había. Siamo sóli es una pieza de planeadora elegancia, heredera tanto del groove de Alberto Baldan Bembo como de una Ornella Vanoni enfrascada en la fugacidad del amor escondido. Lineas y capas de sintetizador de la que surge una voz Paolinesca que le confieren un tono melancólico, de night club amalfitano con una sutil y elegante decadencia, con una guitarra que por momentos parece tener el lirismo de la del gran Gabor Szabo.
 
 Y que decir de la versión del It never ends (Quinta Anauco). Pura magia que a diferencia de la versión original de Aldemaro Romero incorpora la voz rota, punzante y melancólica de un tal Nico recorriendo los distintos estadios del amor; El encantamiento, la sublimación, la decepción y la perdida. Una canción que podría ser perfectamente el tema central de alguna película rodada cinco años antes y descubierta diez años después; Escueta y lírica, afligida y clarividente, con el mood de la elegancia grabado a fuego. 

 

Aquí las notas de la carpeta interior, traducidas de aquella manera;

 

Armando Ciato (pianista, compositor, letrista, arreglista y director de orquesta) es un músico que sumerge sus propias raices en el filón sinfónico y jazzístico, con particular predilección por el impresionismo francés.
 
 Ha intentado registrar este disco libre de condicionamientos externos particulares; No deja pistas que conduzcan a una moda sobre otra, ningún género en concreto o etiquetas varias, sino más bien una colección de canciones elaboradas casi casualmente, siguiendo su propio instinto y filtradas por el tono de su propia sensibilidad. Por eso el título del disco, Divagazioni.
 
 Es a través de estas disgresiones musicales que la particular naturaleza del hombre y del músico Ciato cobra forma, tanto por la música por él compuesta como por la elección de la música compuesta por otros, debido principalmente a las características de algunos de sus textos y por el esqueleto (los arreglos) con los que las ha querido revestir.
 
 No le podrá escapar a nadie, sobre todo después de haber escuchado las piezas aquí incluidas, la sutil vena melancólica que emana del disco. Desde el sugestivo The long way to sacrifice al tristísimo Guilio. De la ensoñadora atmósfera de Country life a la melancolía de Siamo soli, del dramatismo de Fraternità al lirismo de Quinta Anauco o al inquietante Immagine todo contribuye a desvelar la naturaleza, en ocasiones dulce, en ocasiones explosiva, muy a menudo amarga y en otras explosiva y pesimista, vinculada a la personalidad aguda y sensible del propio Ciato.
 
 Ha intervenido en la elaboración de este Lp los miembros del conjunto CIATO & CIATO’S; Arnaldo Ciato (teclados), Claudio Borroni (Voz), Flavio Pedrazzini (batería), Nicola Francone (Voz), Piero Borroni (Bajo), Raf Montrasio (Guitarra, violín). Y los siguientes colaboradores; Gigi Cappellotto (Bajo), Rolando Ceragioli (Percusión y batería), Felice Daccò (Guitarra eléctrica), Luigi Fiumicelli y Sergio Farina (Guitarras acústicas).
 
 La dirección artistica corrió a cargo de Aldo Pagani y el tecnico de sonido fue Tonino Paolillo. Grabado en la sala de sonido Mundial Sound en septiembre de 1975. La portada ue diseñada por Rizzi & Huen.

 

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