LOS CHEYENES He perdido este juego

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 Resulta hoy evidente que los barceloneses Cheyenes trascendieron el Print the legend fordiano. Esa máxima que señala que cuando los hechos se convierten en leyenda, es esta última la que perdura. Con ellos hechos y leyenda se fusionaron, con el paso del tiempo, hasta convertirse en un único y mismo asunto. 
 

En aquella época todas las discográficas, despistadas pero no ingenuas -los grupos firmaban por varios años, les entregaban todos los derechos editoriales- andaban tras la pieza que pudiese procurarles su tajada. Era el tiempo de Los Brincos. El coste de la prospección solía ser ínfimo, imprevisibles los resultados pero magra la recompensa. Algunas veces se disparaban al pie o no lograban el rédito esperado, algo, por otra parte, amortizado de partida para quién decide jugar al porcentaje.

Los Cheyenes fueron una especie de ovni en un parque aéreo repleto de aviones cochambrosos. Imagen chulesca, desafiante. Inmediatez y curiosidad. El ansia de comerse la vida y de no permitir que ésta les devorase a ellos. El retazo inspirado frente al perfeccionismo concienzudo. Reflejo y constancia de una realidad incompleta, en creación, y precisamente por ello verdadera. Jóvenes airados con un repertorio influenciado por el R&B blanco. Cuatro casi adolescentes del Poble sec, los hermanos Roberto (cantante y guitarra solista) y Joselín Vercher (bajista, coros), más José María Garcés (guitarra rítmica y coros) y el baterista Ramón Colom (ex Flaming Stars, el único con experiencia previa) a quienes la industria suponía perfectamente domesticables. Firman por RCA tras su actuación en un festival, agradecidos a Pedro Heredia -cazatalentos local y posteriormente su manager– y en parte despechados hacia el resto de compañías que previamente les habían rechazado; Belter, Vergara, Emi..

 

Debutan en 1965 con “Válgame la Macarena”, una canción de aire racial a la estela de “Flamenco” firmada por un compositor de la casa (Jorge Domingo) y lo más parecido que tendrían jamás a un hit. Su salvajismo y primitivismo la rebosa por todas partes. Es el tema estrella de su primer ep (RCA Victor 3-20921) completado con “Ven ahora”, una rudimentaria y anfetamínica version de los Kinks (“Come on now”), otra canción firmada por Jorge Domingo, más beat (“No me esperes”) y una composición propia (“Lloré por ti”). Se adivinan las costuras de algo grande, único, aunque la carencia de medios y la precipitación en ubicarlos en el negocio no les ayudan en demasía. Tampoco su acusado carácter indómito; Intentan rentabilizar el episodio censor que les impide aparecer en TVE, al negarse a cortarse sus melena, con una parodia de dicho suceso que provoca atascos en la Gran Vía madrileña, frente a los estudios de Radio Madrid.
Ese mismo año publican un segundo y fantástico ep (RCA Victor 3-20952). Todo está perfectamente ensamblado. Ya desde su portada, con  sus rostros en blanco y negro en primer plano, semejando zombies narcotizados, poseídos, con los hermanos Vercher haciendo gala de un hirsutismo unicejo. Con solo darle un vistazo se advierte que son otra cosa, ajenos al acicalamiento y lo inofensivo, en absoluto controlables. Dos soberbias canciones propias (“Conoces el final” y una especie de reverso previo del “Fuera de mi corazón” que los Salvajes harían en 1967 titulada “¿Por qué te fuiste?”) junto a una versión de los Hollies, probablemente vía The Guess Who (“Y olvídame”) más otra composición de Jorge Domingo “Devuélveme mi corazón”. Un disco redondo que conforma la perfección de la inmediatez y la pulsión de lo indómito. Energia y rabia. Un fuego fatuo, volátil e inextinguible, combinación ganadora mezcla del ingenuo arrebato y la iracunda juventud.
 

1966 lo abren con otro disco perfecto, el single “He perdido este juego / Tú no llegaste a mi” (RCA Victor 3-10153). La primera, punk avant le punk, es pura adrenalina adolescente. Decca stoniana; Certeros riffs de crudo R&B, metronómica base rítmica y la sorpresa de esa armónica maliciosa hacia el final. La segunda, de guitarras refinadas, elegantes, muy Byrds, casa folk rock melancólico con eso que hoy viene a llamarse popsike, logrando domesticar por momentos al ruido aunque no a su furia. Porque esa era otra de sus virtudes y no menor. Una vehemencia convincente, ni predispuesta ni forzada, sino natural, lógica.

Un tercer Ep (RCA Victor 3-21000) finiquita su mágico 1966. Autores ya de todos sus canciones, tal vez sea el más honesto y fidedigno resumen de lo que son y no están dispuestos a renunciar a ser. Las -casi con toda probabilidad- últimas voluntades de un prodigio irrepetible que duró dos años. La suma de coherencia vital y artística, de rigor, talento y tozudez iluminada que sólo se da en breves periodos de la vida. Algo raro e inusual en cada una de sus condiciones por separado y de todo punto extraordinario cuando coincide perfectamente ensamblado, siendo una única cosa…

“No pierdas el tiempo” toma el riff inicial de “Ticket to ride” y lo traslada a la playa de la Barceloneta. La enésima -y sublime- revisión del amor adolescente, en esta ocasión hablando de la redención a través de la renuncia. Guitarras elegantes conversando entre una base rítmica precisa. “Bla, bla, bla” en cambio es rhythm and blues fiero, sincopado, trufado de gritos, electricidad y lamento. La ductilidad no está reñida con el nervio. No en ellos…

 

Tal vez ahí deberían haber echado el cierre. Dejar huella indeleble. Sin concesiones. Deserciones, el malhadado servicio militar, desencanto… la vida, ese acreedor usurero que siempre cobra su peaje. El paso del tiempo rompiendo de nuevo el enésimo conjuro. Todavía editan otro sencillo (“Borrachera / Siguiendo el sol”) (RCA Victor 3-10226), ya sin Roberto, suplido por un nuevo guitarra solista y un nuevo cantante. La primera es casi un chiste -malo- indigno de ellos. La segundaes una fallida tentativa psicodélica por la que uno siente inexplicable simpatia; El reverb inicial, el phasing, el tono melancólico que la impregna, los arreglos de cuerdaa, los coros etéreos …un momento… ¿Fallida?… ummmm … Roberto Vercher regresará en 1968 pero para entonces el otoño cheyene es ya inexorable. Implacable.. 

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6 comentarios sobre “LOS CHEYENES He perdido este juego

  1. Bueno, no los ví en directo (más quisiera yo) solo que viví la època con catorce añitos, comprando el E.P. famoso cuando salió allá por el 65. Nosotros éramos seguidores de The Brisks, en Ceuta, pero esto era “otra cosa”.

    Saludossssssssss

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