GIANNI FERRIO Emmanuelle (Cam, 1969)

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“Io, Emmanuelle / Un hombre para Emmanuelle” (Cesare Canevari, 1969) es la primera de las películas basadas en la famosa novelita de Emmanuelle Arsan. Protagonizada por Erika Blanc y Adolfo Celli en sus papeles principales, poco tiene que ver con el tono que después se le daría a la saga. En el Milan de 1969 una burguesa inquieta pasa de un hombre a otro. El muestrario de especímenes es amplio: del viril comunista (Adolfo Celli), preocupado porque ha perdido su medalla de la virgen al intelectual que porta un libro de Marcuse (Paolo Ferrari) como quién blande la espada excalibur. En la época, llamar a en Italia a alguien “Emmanuelle” significaba asociarla a una vida pecaminosa, en referencia al best seller erótico – todavía no llevado a la pantalla- y a sus lúbricas aventuras, tal fue su popularidad. Pero las similitudes entre la novela y la película terminan ahí. Su técnica y su ritmo emula a la Nouvelle Vague francesa, construida entre un trasfondo de desencanto lúcido, ni cínico ni moralista. Muy lejos pues de en lo que se convertiría más tarde, algo así como la consagración del soft porno Jaeckiniano y posteriormente de las mondo sex movies protagonizadas por la bella Laura Gemser.

La banda sonora, estupenda, vendría firmada por Gianni Ferrio (quien ya había trabajado -y lo seguiría haciendo durante prácticamente toda su carrera- con Mina. Él sería, sin ir más lejos, quién firmaría la música de la eterna “Parole parole”). Su tema central, en su versión vocal, sería cantado por la tigresa de Crémona, la gran Mina.  Amplio, evocador, melancólico, es una de sus grandes interpretaciones, que ya es decir. Alrededor de tamaña maravilla todo palidece, pero hay que reconocer que el resto de la banda sonora, publicado por el sello Cam en 1969, es otra más de la olvidadas maravillas con que tan a menudo nos regalaba el cine italiano.

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MIKE KENNEDY Enigmático: Shadows of white

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Excesivo, caprichoso, irresponsable, divo, de carácter -digámoslo benévolamente- disperso, Mike Kennedy (Michael Volker Kogel) podría haber sido una estrella de calado mundial. De hecho, estuvo a punto de serlo cuando rozó tal estatus con Los Bravos pero todas las virtudes antes expuestas junto a una cierta animadversión de los medios y, sobre todo, de la industria, le llevaría a un deambular cada vez mayor por simas de profunda autoparodia. Nada nuevo bajo el sol en cualquier caso, él ya era así desde sus tiempos con los Runaways y se encargaría de cimentar esa leyenda con el tiempo.

Ni siquiera Alain Milhaud conseguiría reconducir su carrera tras su abandono de Los Bravos. “Enigmático Mike” (Movieplay/Barclay, 1969), su debut en solitario, es un disco que escuchado hoy resulta cuanto menos solvente, con dos o tres canciones formidables, pero hay que reconocer también que es un tiro errado. Un disco que quedaría en territorio de nadie, ignorando su popularidad en España (grabarlo íntegramente en inglés, excepto la versión de “La lluvia” de Gigliola Cinquetti, no ayudaría en absoluto) y aspirando a reverdecer un pasado de éxito prácticamente ya difuminado en las listas europeas.

Como canción estrella la citada versión de “La lluvia”, con una base rítmica poderosa que emula a la de “Peter Gunn” pero que nada tiene que ver con el concepto o la idea que uno le vislumbra al disco. Un disco con canciones  firmadas por Alan Hawkshaw, John Cameron, Patrick de Senneville, Olivier Toussaint o Michel Colombier,  pop elegante y orquestado, ténuemente psicodélico, más en la linea de lo que hicieron Mick Jones y Tommy Brown para Johnny Hallyday en “La generation perdue” o “Rêve et amour”. Según el propio Milhaud ese era el objetivo y hay que reconocer que la soberbia “Shadows of White” –con su bajo retumbante y los formidables arreglos de Jean Bouchety– , “She’s walking away”, “I’m in the break of self destruction” o “Knowing you like i do” se aproxima bastante a la idea inicial.

Si algo no hay que negarle a “Enigmático” es su ambición. El objetivo de dignificar al pop mainstream desde unos presupuestos europeos. Y tal vez ahí estribe el error. Milhaud lo advierte de inmediato e idea una manera de intentar subsanarlo. Organiza un concierto en Madrid, rodeado de fans y una competente banda (Len Neldrett a la guitarra, Bill Robinson al bajo, Alain Richard a la batería y Lluis Franch al órgano).  Se publicará como “Recital en la Zarzuela” (Movieplay/Barclay, 1970) y persigue ser un baño de masas que satisfaga su ego. El repertorio es sorprendente, con versiones de Led Zeppelin (“Whole lotta love” y “Livin’ lovin’ mad”), Spector y The Moody Blues entre otros.

El ideólogo de todo, Alain Milhaud, se halla en un callejón sin salida. “Mike is Mike” (Explosion, 1971) es más de lo mismo: versiones (Carole King, Chuck Berry, Jose Feliciano) y un single formidable, “Louisiana”, firmado por Fernando Arbex. Hastiado de la falta de responsabilidad de Mike y tal vez ajeno a sus errores de cálculo, Milhaud prueba aquí y allá, siempre, por lo general, recurriendo a lo conocido como tabla de salvación. Una bombástica versión con espectaculares arreglos de Zack Laurence -en mi humilde opinión la mejor versión de todas- de “Bring a little lovin”, la canción que ya había sido un éxito con Los Bravos, sale como cara B de “Gipsy Love” (Explosion, 1973), o bromas simpáticas bajo la etiqueta de Toytown popsike como el dúo Mike & Toti – con la versión de “Ice cream man” por una cara y en la otra la perturbadora “Ekkoleg” mutada en divertida lección de aritmética al modo del “Three is the magic number” de Bob Dorough (Explosión, 1973)- será el fin una sociedad que pudo haber sido triunfal y que, ya en Basf, con Mike en solitario, sería lastimosa.

BRUNO NICOLAI Armonia e Melodia

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  Bruno Nicolai (Roma, 1926 – 1991) siempre ha permanecido, bastante injustamente, a la sombra de ese centro magnético musical llamado Ennio Morricone. De sólida formación clásica -estudiaría piano, órgano y composición en el Conservatorio de Santa Cecilia de Roma-  pronto comenzaría su carrera cinematográfica gracias a su amistad con Morricone. Erróneamente tenido como discípulo suyo, su relación, amistad aparte, fue un tú a tú prolífico y sustancioso, cuando no directamente faro y guía que alumbrase -e incluso mejorase-  las ideas musicales del gigante. Según palabras de Jess Franco ... Bruno Nicolai es el hombre que le enseñó a Morricone casi toda la música que sabe. Ennio no tenía formación musical clásica y sería él quien vestiría de manera impecable, arreglando y orquestando, la gran mayoría de sus bandas sonoras…

Estajanovista de la composición y dirección musical, la obra de Nicolai es ingente, tanto en cantidad como en calidad. Agentes secretos, Giallo, Spaghetti Western … en todos los territorios se adentraba y en todos dejaba su impronta musical. Pero sería en los años setenta cuando aquello se convertiría en un verdadero no parar. Docenas de películas como director orquestal y arreglista (¿Que habéis hecho con Solange, Cuatro moscas sobre terciopelo gris, La dama rosa mata siete veces, La orgía de la sangre, La corta noche de las muñecas de cristal, etecé, etecé)  o como compositor y director de orquesta (Las lágrimas de Jennifer, Vicios prohibidos, Todos los colores de la oscuridad, De Sade 70…). En todas ellas brilla una elegancia nada afectada, de sugerente resultado. Aunque algunos le achacasen el que sacrificase la melodía por la atmósfera no considero que eso sea en absoluto cierto, ni mucho menos justo. En todas las bandas sonoras citadas subyace un componente melódico irrenunciable, de una modernidad hoy sorprendente. Crescendos entre cuerdas dramáticas, cimentados en patrones de batería amenazantes y una instrumentación tan inaudita y ambiciosa (clavicordio, cémbalo, espineta, cítara, diversos tipos de teclados analógicos, guitarras arpegiadas hasta el paroxismo, sinuoso fuzz, voces y coros poseídos) como excelsamente sostenida. Todavía hoy provoca escalofríos la tensión subyacente en La víttima o en A living nightmare, como hipnotiza Sabba y su beat rítmico sujetado por los coros de I Cantori Moderni de Alessandroni. Ahora mismo, mientras emborrono este post, no encuentro melodía más evocadora que la surgida en Spied lovers la cual, súbitamente, alcanza un  vuelo majestuoso gracias a las cuerdas. Ni tampoco melodía mas perturbadora que el prefacio Ufficio vuoto, una nana infantil sin voz convertida en el epítome del desamparo. De hecho, todas las aquí incluidas le parecen a uno el trasunto del plano del tesoro de una ciudad idealizada, una ciudad donde todo podía ocurrir en cualquier momento.

Tras una década tan ajetreada, la de los setenta, acabaría cansado y decidió dejarlo todo. Según cuenta  Jess Franco, con quién colaboraría en numerosas bandas sonoras: … Se retiró del cine porque se fue de catedrático de composición a Siena, al conservatorio. Un día vino y me dijo: Lo siento mucho, pero el sueño de mi vida es ser profesor de composición... Y allí quedó, dando forma a la armonía y a la melodía, escarbando entre su imaginación y legándonos un puñado de partituras majestuosas, eternas.

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*Notas de la reedición.

   Las lágrimas de Jennifer (“The Case Od The Bloody Iris” en el mercado anglosajón, maravillosamente titulada Perché quelle strane goce di sangre sul corpo di Jennifer en su versión original) será la última película de las producidas por Luciano Martino que contaría con la pareja protagonista Edwige Fenech y George Hilton. Dirigida por Guiliano Carnimeo con su nickname europeo Anthony Ascott, siempre ha sido uno de los griales para los coleccionistas de bandas sonoras italianas. En ella se hallan comprendidas todas las facetas de un versátil e imaginativo  Bruno Nicolai, autor aquí de una grandiosa y paranoica suite de polisémica riqueza pop.

Tras una larga experiencia en el mundo de la colona sonora como ayudante y orquestador de las partituras de Ennio Morricone (El bueno, el feo y el malo, Una lucertolla con la pelle di donna) pero también como autor de otras en solitario, principalmente en las películas de Jess Franco (De Sade, Virgen entre los muertos vivientes, Agente Speciale LKBruno Nicolai se nos revela en todo su esplendor, mostrando un abanico de desinhibidas y brillantes ideas en partituras escritas para  giallos eróticos en los que resplandecía esa diosa llamada Edwige Fenech.

Hablaremos de ella en otro momento si les place, tan solo un inciso para señalar ahora que ni Marylin, ni Raquel Welch ni Brigitte Bardot ni ninguna otra. Si uno tiene algún icono femenino sinónimo a la vez de la belleza, la sensualidad, el erotismo y la voluptuosidad no es otra que Edwige.

Grabada en tan solo dos días en los estudios Ortophonic de Roma, la BSO enteramente instrumental de Las lágrimas de Jennifer es el resultado de un compositor y su pequeña orquesta libres de toda influencia externa. Con especial énfasis en el bajo y los arreglos rítmicos (reflejo de la mayoría de sus bandas sonaras para películas del género exploitation) la partitura navega entre el avant-garde del Gruppo d’Improvisazione di Nuova Consonaza (fundado por Ennio Morricone y Egisto Macci) hacia un tempo rápido con alguna breve interjección bossa. Esta, junto a las bandas sonoras con la música para las películas de Sergio Martino como Il tuo vizio ‘e una stanza chiusa e solo io nen ho la chiave (1972) y Tutti le colorí del buio (1971), (Vicios prohibidosTodos los colores de la oscuridad en España) representan un capítulo fundamental en el desarrollo de la música para películas italianas de los años setenta y son también fiel ejemplo del paisaje cinemático eminentemente pop, compartido con la obra de esa época llevada a cabo por Claudio Simonetti, Goblin, Walter Rizzati, el trinomio Bixio-Frizzi-Tempera o los hermanos Reverbieri.

A diferencia de otras, la banda sonora de Las lágrimas de Jennifer nunca fue publicada en disco cuando se estrenó la película, en 1972. Sería el sello Finders Keepers el que tuvo a bien publicarlo en el año 2014 en formato diez pulgadas. Hecha esa edición a partir de las cintas originales, tan sólo una de las canciones en él incluidas había vista la luz anteriormente, dentro del rarísimo y muy buscado disco de Bruno Nicolai, titulado Rendez vous (Gemelli, 1975). Su título original sería Pursuit aunque sería rebautizada, muy apropiadamente, como Apprensioni.

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Il tuo vizio è una stanza chiusa e solo io non he la chiave es uno de los mejores giallos que ahora mismo recuerde. Dirigida por Sergio Martino en 1972, es una densa y turbia historia de intriga y terror a la estela del maestro Bava con un origen argumental levemente tomado del cuento  El gato negro de Edgar Allan Poe. Protagonizada por Luigi Pistilli y Anita Strindberg en el papel de un matrimonio con problemas sentimentales acentuados cuando aparece muerta la amante de él, una Edwige Fenech despampanante.

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