GIANNI FERRIO Emmanuelle (Cam, 1969)

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“Io, Emmanuelle / Un hombre para Emmanuelle” (Cesare Canevari, 1969) es la primera de las películas basadas en la famosa novelita de Emmanuelle Arsan. Protagonizada por Erika Blanc y Adolfo Celli en sus papeles principales, poco tiene que ver con el tono que después se le daría a la saga. En el Milan de 1969 una burguesa inquieta pasa de un hombre a otro. El muestrario de especímenes es amplio: del viril comunista (Adolfo Celli), preocupado porque ha perdido su medalla de la virgen al intelectual que porta un libro de Marcuse (Paolo Ferrari) como quién blande la espada excalibur. En la época, llamar a en Italia a alguien “Emmanuelle” significaba asociarla a una vida pecaminosa, en referencia al best seller erótico – todavía no llevado a la pantalla- y a sus lúbricas aventuras, tal fue su popularidad. Pero las similitudes entre la novela y la película terminan ahí. Su técnica y su ritmo emula a la Nouvelle Vague francesa, construida entre un trasfondo de desencanto lúcido, ni cínico ni moralista. Muy lejos pues de en lo que se convertiría más tarde, algo así como la consagración del soft porno Jaeckiniano y posteriormente de las mondo sex movies protagonizadas por la bella Laura Gemser.

La banda sonora, estupenda, vendría firmada por Gianni Ferrio (quien ya había trabajado -y lo seguiría haciendo durante prácticamente toda su carrera- con Mina. Él sería, sin ir más lejos, quién firmaría la música de la eterna “Parole parole”). Su tema central, en su versión vocal, sería cantado por la tigresa de Crémona, la gran Mina.  Amplio, evocador, melancólico, es una de sus grandes interpretaciones, que ya es decir. Alrededor de tamaña maravilla todo palidece, pero hay que reconocer que el resto de la banda sonora, publicado por el sello Cam en 1969, es otra más de la olvidadas maravillas con que tan a menudo nos regalaba el cine italiano.

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MIKE KENNEDY Enigmático: Shadows of white

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Excesivo, caprichoso, irresponsable, divo, de carácter -digámoslo benévolamente- disperso, Mike Kennedy (Michael Volker Kogel) podría haber sido una estrella de calado mundial. De hecho, estuvo a punto de serlo cuando rozó tal estatus con Los Bravos pero todas las virtudes antes expuestas junto a una cierta animadversión de los medios y, sobre todo, de la industria, le llevaría a un deambular cada vez mayor por simas de profunda autoparodia. Nada nuevo bajo el sol en cualquier caso, él ya era así desde sus tiempos con los Runaways y se encargaría de cimentar esa leyenda con el tiempo.

Ni siquiera Alain Milhaud conseguiría reconducir su carrera tras su abandono de Los Bravos. “Enigmático Mike” (Movieplay/Barclay, 1969), su debut en solitario, es un disco que escuchado hoy resulta cuanto menos solvente, con dos o tres canciones formidables, pero hay que reconocer también que es un tiro errado. Un disco que quedaría en territorio de nadie, ignorando su popularidad en España (grabarlo íntegramente en inglés, excepto la versión de “La lluvia” de Gigliola Cinquetti, no ayudaría en absoluto) y aspirando a reverdecer un pasado de éxito prácticamente ya difuminado en las listas europeas.

Como canción estrella la citada versión de “La lluvia”, con una base rítmica poderosa que emula a la de “Peter Gunn” pero que nada tiene que ver con el concepto o la idea que uno le vislumbra al disco. Un disco con canciones  firmadas por Alan Hawkshaw, John Cameron, Patrick de Senneville, Olivier Toussaint o Michel Colombier,  pop elegante y orquestado, ténuemente psicodélico, más en la linea de lo que hicieron Mick Jones y Tommy Brown para Johnny Hallyday en “La generation perdue” o “Rêve et amour”. Según el propio Milhaud ese era el objetivo y hay que reconocer que la soberbia “Shadows of White” –con su bajo retumbante y los formidables arreglos de Jean Bouchety– , “She’s walking away”, “I’m in the break of self destruction” o “Knowing you like i do” se aproxima bastante a la idea inicial.

Si algo no hay que negarle a “Enigmático” es su ambición. El objetivo de dignificar al pop mainstream desde unos presupuestos europeos. Y tal vez ahí estribe el error. Milhaud lo advierte de inmediato e idea una manera de intentar subsanarlo. Organiza un concierto en Madrid, rodeado de fans y una competente banda (Len Neldrett a la guitarra, Bill Robinson al bajo, Alain Richard a la batería y Lluis Franch al órgano).  Se publicará como “Recital en la Zarzuela” (Movieplay/Barclay, 1970) y persigue ser un baño de masas que satisfaga su ego. El repertorio es sorprendente, con versiones de Led Zeppelin (“Whole lotta love” y “Livin’ lovin’ mad”), Spector y The Moody Blues entre otros.

El ideólogo de todo, Alain Milhaud, se halla en un callejón sin salida. “Mike is Mike” (Explosion, 1971) es más de lo mismo: versiones (Carole King, Chuck Berry, Jose Feliciano) y un single formidable, “Louisiana”, firmado por Fernando Arbex. Hastiado de la falta de responsabilidad de Mike y tal vez ajeno a sus errores de cálculo, Milhaud prueba aquí y allá, siempre, por lo general, recurriendo a lo conocido como tabla de salvación. Una bombástica versión con espectaculares arreglos de Zack Laurence -en mi humilde opinión la mejor versión de todas- de “Bring a little lovin”, la canción que ya había sido un éxito con Los Bravos, sale como cara B de “Gipsy Love” (Explosion, 1973), o bromas simpáticas bajo la etiqueta de Toytown popsike como el dúo Mike & Toti – con la versión de “Ice cream man” por una cara y en la otra la perturbadora “Ekkoleg” mutada en divertida lección de aritmética al modo del “Three is the magic number” de Bob Dorough (Explosión, 1973)- será el fin una sociedad que pudo haber sido triunfal y que, ya en Basf, con Mike en solitario, sería lastimosa.

BRUNO NICOLAI Armonia e Melodia

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  Bruno Nicolai (Roma, 1926 – 1991) siempre ha permanecido, bastante injustamente, a la sombra de ese centro magnético musical llamado Ennio Morricone. De sólida formación clásica -estudiaría piano, órgano y composición en el Conservatorio de Santa Cecilia de Roma-  pronto comenzaría su carrera cinematográfica gracias a su amistad con Morricone. Erróneamente tenido como discípulo suyo, su relación, amistad aparte, fue un tú a tú prolífico y sustancioso, cuando no directamente faro y guía que alumbrase -e incluso mejorase-  las ideas musicales del gigante. Según palabras de Jess Franco ... Bruno Nicolai es el hombre que le enseñó a Morricone casi toda la música que sabe. Ennio no tenía formación musical clásica y sería él quien vestiría de manera impecable, arreglando y orquestando, la gran mayoría de sus bandas sonoras…

Estajanovista de la composición y dirección musical, la obra de Nicolai es ingente, tanto en cantidad como en calidad. Agentes secretos, Giallo, Spaghetti Western … en todos los territorios se adentraba y en todos dejaba su impronta musical. Pero sería en los años setenta cuando aquello se convertiría en un verdadero no parar. Docenas de películas como director orquestal y arreglista (¿Que habéis hecho con Solange, Cuatro moscas sobre terciopelo gris, La dama rosa mata siete veces, La orgía de la sangre, La corta noche de las muñecas de cristal, etecé, etecé)  o como compositor y director de orquesta (Las lágrimas de Jennifer, Vicios prohibidos, Todos los colores de la oscuridad, De Sade 70…). En todas ellas brilla una elegancia nada afectada, de sugerente resultado. Aunque algunos le achacasen el que sacrificase la melodía por la atmósfera no considero que eso sea en absoluto cierto, ni mucho menos justo. En todas las bandas sonoras citadas subyace un componente melódico irrenunciable, de una modernidad hoy sorprendente. Crescendos entre cuerdas dramáticas, cimentados en patrones de batería amenazantes y una instrumentación tan inaudita y ambiciosa (clavicordio, cémbalo, espineta, cítara, diversos tipos de teclados analógicos, guitarras arpegiadas hasta el paroxismo, sinuoso fuzz, voces y coros poseídos) como excelsamente sostenida. Todavía hoy provoca escalofríos la tensión subyacente en La víttima o en A living nightmare, como hipnotiza Sabba y su beat rítmico sujetado por los coros de I Cantori Moderni de Alessandroni. Ahora mismo, mientras emborrono este post, no encuentro melodía más evocadora que la surgida en Spied lovers la cual, súbitamente, alcanza un  vuelo majestuoso gracias a las cuerdas. Ni tampoco melodía mas perturbadora que el prefacio Ufficio vuoto, una nana infantil sin voz convertida en el epítome del desamparo. De hecho, todas las aquí incluidas le parecen a uno el trasunto del plano del tesoro de una ciudad idealizada, una ciudad donde todo podía ocurrir en cualquier momento.

Tras una década tan ajetreada, la de los setenta, acabaría cansado y decidió dejarlo todo. Según cuenta  Jess Franco, con quién colaboraría en numerosas bandas sonoras: … Se retiró del cine porque se fue de catedrático de composición a Siena, al conservatorio. Un día vino y me dijo: Lo siento mucho, pero el sueño de mi vida es ser profesor de composición... Y allí quedó, dando forma a la armonía y a la melodía, escarbando entre su imaginación y legándonos un puñado de partituras majestuosas, eternas.

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*Notas de la reedición.

   Las lágrimas de Jennifer (“The Case Od The Bloody Iris” en el mercado anglosajón, maravillosamente titulada Perché quelle strane goce di sangre sul corpo di Jennifer en su versión original) será la última película de las producidas por Luciano Martino que contaría con la pareja protagonista Edwige Fenech y George Hilton. Dirigida por Guiliano Carnimeo con su nickname europeo Anthony Ascott, siempre ha sido uno de los griales para los coleccionistas de bandas sonoras italianas. En ella se hallan comprendidas todas las facetas de un versátil e imaginativo  Bruno Nicolai, autor aquí de una grandiosa y paranoica suite de polisémica riqueza pop.

Tras una larga experiencia en el mundo de la colona sonora como ayudante y orquestador de las partituras de Ennio Morricone (El bueno, el feo y el malo, Una lucertolla con la pelle di donna) pero también como autor de otras en solitario, principalmente en las películas de Jess Franco (De Sade, Virgen entre los muertos vivientes, Agente Speciale LKBruno Nicolai se nos revela en todo su esplendor, mostrando un abanico de desinhibidas y brillantes ideas en partituras escritas para  giallos eróticos en los que resplandecía esa diosa llamada Edwige Fenech.

Hablaremos de ella en otro momento si les place, tan solo un inciso para señalar ahora que ni Marylin, ni Raquel Welch ni Brigitte Bardot ni ninguna otra. Si uno tiene algún icono femenino sinónimo a la vez de la belleza, la sensualidad, el erotismo y la voluptuosidad no es otra que Edwige.

Grabada en tan solo dos días en los estudios Ortophonic de Roma, la BSO enteramente instrumental de Las lágrimas de Jennifer es el resultado de un compositor y su pequeña orquesta libres de toda influencia externa. Con especial énfasis en el bajo y los arreglos rítmicos (reflejo de la mayoría de sus bandas sonaras para películas del género exploitation) la partitura navega entre el avant-garde del Gruppo d’Improvisazione di Nuova Consonaza (fundado por Ennio Morricone y Egisto Macci) hacia un tempo rápido con alguna breve interjección bossa. Esta, junto a las bandas sonoras con la música para las películas de Sergio Martino como Il tuo vizio ‘e una stanza chiusa e solo io nen ho la chiave (1972) y Tutti le colorí del buio (1971), (Vicios prohibidosTodos los colores de la oscuridad en España) representan un capítulo fundamental en el desarrollo de la música para películas italianas de los años setenta y son también fiel ejemplo del paisaje cinemático eminentemente pop, compartido con la obra de esa época llevada a cabo por Claudio Simonetti, Goblin, Walter Rizzati, el trinomio Bixio-Frizzi-Tempera o los hermanos Reverbieri.

A diferencia de otras, la banda sonora de Las lágrimas de Jennifer nunca fue publicada en disco cuando se estrenó la película, en 1972. Sería el sello Finders Keepers el que tuvo a bien publicarlo en el año 2014 en formato diez pulgadas. Hecha esa edición a partir de las cintas originales, tan sólo una de las canciones en él incluidas había vista la luz anteriormente, dentro del rarísimo y muy buscado disco de Bruno Nicolai, titulado Rendez vous (Gemelli, 1975). Su título original sería Pursuit aunque sería rebautizada, muy apropiadamente, como Apprensioni.

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Il tuo vizio è una stanza chiusa e solo io non he la chiave es uno de los mejores giallos que ahora mismo recuerde. Dirigida por Sergio Martino en 1972, es una densa y turbia historia de intriga y terror a la estela del maestro Bava con un origen argumental levemente tomado del cuento  El gato negro de Edgar Allan Poe. Protagonizada por Luigi Pistilli y Anita Strindberg en el papel de un matrimonio con problemas sentimentales acentuados cuando aparece muerta la amante de él, una Edwige Fenech despampanante.

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EXPLOITOVILLE The Awesome World of 45s. (Trip#1)á

EXPLOITOVILLE

“Miénteme pero no me engañes”. No recuerdo donde leí esa frase ni tampoco a quien. De hecho ni siquiera recuerdo si fue exactamente así, pero pocas cosas se me ocurren más verdaderas que la mentira sin engaño. La verdad pura y dura está sobrevalorada. Me refiero a la gratuita, innecesaria, casi prepotente. Tanto, si me apuran , como estigmatizada creo que lo está la mentira. Al igual que lo está también la falta de consecuencias que suele acarrear cuando lo único que persigue es el engaño cicatero y miserable. A la verdad me refiero.

Porque uno piensa, tal vez equivocadamente, que la verdad es muchas veces engaño y que sin embargo la mentira puede ser, perdónenme si esta afirmación les parece cursi, muchas veces un acto de amor. No me estoy refiriendo a ese tópico, timo y engañifa, llamado mentira piadosa. Ni tampoco a aquella cauterizadora sólo para con nosotros, ausente la más elemental empatia con quienes nos rodean y que suele ser utilizada únicamente para zaherir o adornarse.

Bien, una vez llegados aquí sostengo que hay discos que son un poco eso; Mentiras sin engaño. Para los que tenemos vidas pequeñas, grises y rutinarias -y hasta en ciertos momentos,sorprendentemente felices- nos sirven como escape, sí, pero también a veces de reflexión. Otra cosa será la capacidad que cada uno tenga para ella. A la reflexión me refiero. La mía, debo confesarlo, es relativamente limitada.

Exploitoville es otra más de las recopilaciones con las que les suelo dar la brasa. Discos englobados por lo general dentro de lllamada serie B (o C, o D, hasta la Z podríamos llegar) afortunadamente a años luz de constar en las enciclopedias, de disfrutar de citas elogiosas, de la mención elitista. Discos a menudo corolados por la inmediatez en su gestación, por lo general en el mismo estudio donde unos músicos ya veteranos cumplían su horario de oficina. Son, en su inmensa mayoría, discos perpetrados por tipos constantes y rigurosos en su empeño, profesionalmente obsesivos en lograr la alquimia soñada. Discos con la mirada puesta en la pista de baile, en la lista de éxitos o en la generación de un repertorio que ofrecer a la estrella de turno. En ocasiones -las menos- con todos estos objetivos a la vez.

Pero no se llamen a engaño, no pretendo ni es mi intención hacer virtud de lo meramente bizarro u extraño. Hay en esta lista sintonías para emisiones radiofónicas, cortinillas televisivas, pasajes instrumentales con diversos propósitos. Experimentos enfocados a la pista de baile, disco music de -presunto- escaso vuelo e incluso mantras religiosos. Ningún afan de epatar, ningún cinismo por mi parte haciendo apología de lo meramente diferente. Pienso sinceramente que son grandes momentos musicales. Por descontado pueden atribuir a las canciones -y desde luego a mi juico- todas las carencias o mermas que quieran. Digo esto porque pienso sinceramente que merecen mención o al menos algún nimio homenaje en alguna bitácora tan descabalgada como lo es esta. Otra cosa será lo que a ustedes les parezca, sea maravilla, bosta o se quede en el olvidadizo término medio.

Los singles que a continuación tengo el placer de presentarles son de esos llamados discos de rastro de toda la vida, discos que se compraban por 25, 50 pesetas, o ya en tiempos mas actuales, por 50 céntimos de ecu. Es posible que alguno, con el tiempo y sus insondables misterios, haya dado el salto a una liga nacional (Salambos, Nicky Bulldog) y sea hoy relativamente cotizado. Con estas cosas, si me permiten un consejo, hay que funcionar por instinto. Una imagen, un dibujo en la portada, un nombre en la contraportada, un pálpito … láncense a por ellos y arriesguen. Cuando suena la flauta son los más disfrutables. Vayamos sin más dilación con un puñado de ejemplos.

1

Supermax era el sosias del austríaco Kurt Hauenstein ( multi instrumentista eficientísimo, habitual en los estudios Warner de Frankfurt y de la escena disco alemana, que más tarde evolucionaria hacia la disco music más underground). Había tenido ya un gran éxito con “Love machine”, alojada en su segundo Lp “World of today”. La que incluyo aquí, “African Blood” (una pieza de afro disco desbordada por las percusiones y con unos coros casi tribales) sería el segundo sencillo de su siguiente Lp “Fly with me”. El mismo álbum contenía también “It ain’t easy” , canción que sería un éxito en los USA y facilitaría que se estableciese en Los Angeles. Producida por Peter Hauke, sería editada en nuestro país por Elektra/Hispavox en 1979.

2

Otro baterista, el británico Cozy Powell, nos presenta “Dance with the devil”. Producida por Mickie Most, llegaría a ser # 3 en las listas inglesas en el año 1973. Colin Flooks – pues ese era su verdadero nombre- venía de ser el batería del Jeff Beck Group, el cual abandonaría en 1972. A raiz de este éxito formaría la su propia banda, Cozy Powell’s Hammer, aunque el asunto no tendría continuación. En 1976 ingresa como batería en los Rainbow de Ritchie Blackmore e incluso en 1980 sonó como candidato para sustituir a John Bonham en Led Zeppelin. La canción, que comienza con un solo de bateria a modo de locomotora – y que lo acompañará hasta el final- tiene todos los ingredientes necesarios para la adicción más instantánea; un riff insidioso, coros femeninos y batería taladro. En definitiva, ese aire pre-glam entonces tan en boga. Me recuerda episodios similares en el sello RAK (Angelo and eighteen, el “Clotho’s web” de Julie Felix). Sello cuyo dueño era, claro, Mickie Most.

3

Poco es lo que puedo contarles de Nicky Bulldog. Tan sólo que era de origen italiano y que su  “Chewingum rock”, la cara A de este sencillo sería la sintonía del programa de la RAI 2 “Supersonic”. Pero la que a mi me gusta de verdad es “Dog power song”, la otra cara. Una barbaridad disco glam, con unas voces femeninas negras estupendas, sintetizadores de trazo grueso y beats exagerados. Originalmente publicada por el sello italiano Grog records, también lo sería en España, en el año 1977, por el subsello de Polygram, Carnaby.

4

El sello Poplandia, propiedad de Alain Milhaud y distribuido por RCA, editaría en España en 1973 el single de Kid Rock, grupo fantasma creado por Miki Dallon y Tony Taylor. Originalmente publicado por Young Blood international en Inglaterra, en la cara A estaba una fatua (por breve, vaporosa) pieza de popsike titulada “Ice cream man” (que tendría, cómo no, versión hispana a cargo de Mike Kennedy y el niño Toti llamada “De nata, fresa y de limón”). Era en la cara B (sólo en la cara B de las ediciones españolas y holandesas, en el resto del mundo iría otra, “Dream, dream, dream”) donde se hallaba la cachucha. “Doctor rock” es proto glam con todas las de la ley; unos breaks de batería aceleradísimos, sintetizadores analógicos y voces casi punk, dementes, se suman a un groove infeccioso e irresistible.

5

Spaghetti Head era otro más de esos grupos fantasma que por este post pululan. Formados por el baterista Clem Cattini (Ex- Tornadoes, Ex- Johnny & the Hurricanes, cotizado y prestigioso session man) este sencillo, publicado en España por Movieplay en 1974, lleva en la cara A (la que tengo el placer de ofrecerles) una percutiva versión del clásico de Bob Haggart y Ray Bauduc“Big noise from Winnetka” (clásico que harían, entre muchos otros, Gene Krupa, Sandy Nelson o Cozy Cole) y que junto a la dominante batería incorpora un adictivo silbido y una base rítmica juguetona. Al otro lado está la sinuosa y moderna “Funky axe“. Una canción casi blaxploitation, un poco al modo de los instrumentales más atmosféricos de Los JB’Spara los soundtracks tipo “Black Caesar” o “Slaughter’s big rip off”, ralentizados, narcóticos.

6

De nuevo pocos son los datos de los que dispongo acerca de Luky Pistoia. Single italiano grabado en el sello Magma en 1974 en los Studio Genova. La cara B que aquí incluyo debe ser una de las que tengan el nombre más apropiado jamás puesto. “Ufo” es eso, una marcianada, un objeto volante no identificado. Percusiones desatadas, voces dementes, rugosos riffs, bongos y beats. La cité antes y vuelvo a hacerlo; Si tienen ocasión compárenla con el “Flight” de Angelo & Eighteen en RAK records. Sorprendente es poco.

7

La Incredible Bongo Band fue el proyecto de Michael Viner. Venía de trabajar largo tiempo como A&R en el sello MGM y junto a varios músicos de estudio formó la IBB en pos del éxito personal. De todos los que intervinieron en este proyecto, el más conocido, tanto por lo preponderante de su instrumento -la batería- como su background, era el baterista Jim Gordon. Había sido protegido de Hal Blaine en sus comienzos, llegando a participar en “Pet Sounds”, “The Notorius Byrd Borthers” o “The Gosdin Brothers”. Más adelante sería el batería de Derek and the Dominoes y de Delaney and Bonnie. Con dos Lp publicados, el primero de ellos también en nuestro país (“Bongo rock” y “The return of the Incredible Bongo Band”) “Apache / In a gadda da vida” sólo saldría en formato single en Italia. Insuperable.

8

Proto hip hop en este single de edición ¡argentina! (gracias amigo Eduardo) del año 1974 grabado en RCA por Larry Black. “Streaking” es boombastico Soul funk de lascivo discurso e irresistible groove del que nada sabría decirles aparte de ser la mismísima “Prisencolinensinainciusol” de Adriano Celentano.

10

Experimento de estudio creado en Bélgica. No me pregunten por qué pero su inicio, el divertimento con flauta, me lleva directamente al “Stepping stones” de Johnny Harris. De inmediato la canción muta a un ejercicio de soul progresivo con su piano lacerante y una tersa voz femenina. Una voz que evoca a la de divas británicas como Mrs. Bassey, elegante y prominente, dotando a la canción de enjundia y cierta clase.

11

“Voodoo” es uno de los rescates más gozosos que últimamente ha habido en los cajones de singles del estudiodelsonidoesnob. Comprado hace años imagino que por su estupenda portada me había pasado completamente desapercibida. Producida por Sylvain Vanholmen (ex-Wallace Collection, ex-Seabirds, ex-Two man sound) la canción parece un sobrante -bueno- de los mejores Shocking Blue. La voz femenina imita claramente a Mariska Veres del mismo modo que la instrumentación encajaría perfectamente en el “Scorpio’s red”. En la otra cara de este sencillo de 1974 de los belgas White Coffee está “Save me”, elegante modern funk con wah wah y de voz poderosa, aunque esa va en otro negociado.

13

David Byron era el cantante de, ejeem, Uriah Heep. “Vientecillo africano” (no sé el por qué de la traducción) es un single suyo de 1978 editado en nuestro país por Arista. Producido por él mismo y por Daniel Boone es evidente al escucharlo la influencia de Giorgio Moroder y Pete Bellote aunque luego la cosa derive a ritmos africanos igualmente automatizados, cuasi robóticos. Una irresistible pieza de Munich sound directa para la pista de baile.

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Joe Galligan comenzó en el negocio de la industria discográfica a principios de los años sesenta como delegado de prensa de la superestrella Sheila. Este “Missa negra” que les presento era la cara B de “Chic chac” juguetona y onomatopéyica tonadilla que sirvió de sintonía para el programa radiofónico de Robert Villard. Dabadás, scats, wah wah, pianos saltarines y vientos a go-go. Publicado por Disques Vogue en 1972, tras él estaba Humbert Ibach (Umberto Petrucchi) italiano largo tiempo asentado en Francia y estajanovista de los episodios musicales de la librería francesa al que conviene seguirle la pista.

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The Salambos -así bautizados imagino que como homenaje o guiño a la novela de Gustave Flaubert del mismo título, aquella que mezcla historia y ficción a propósito de la guerra de los mercenarios en la antigua Cartago- fue otro de los proyectos de estudio de la pareja Yves Ouazana y Jean Pierre Festi. Continuando la senda ya emprendida con Lucifer and Coo con Supsonic, la canción es soberbia; Publicada en España por Philips en 1971 en formato single auna beats de batería y una potente linea de bajo junto a scat vocals femeninos y un hammond ululante. Cinemática, folklore, pista de baile y evocación. ¿Alguien da más?

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  “Ani Kuni”es psicodelia tribal en estado puro. Adaptación de un mantra amerindio de origen iroqués, toda la canción es un rezo de gratitud para con los Dioses nativos, ribeteado de una percusión a modo de latido vital mientras un sitar eléctrico acentua su caráracter de trance místico. Interpretada por la medio nativa, medio franco canadiense Madeleine Chartrand fue publicada en España por Philips en 1973.

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Otra sintonía de un programa radiofónico. “Tonus” de Bill Bockey(del que tampoco nada sé) nos ofrece un solo de Moog estupendo, muy NinoNardinesque más los preceptivos arreglos de viento robustos, el phasing de la batería y lo que quieran pedirle.

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Un grupo -un grupazo- propiamente dicho. Paladin eran en realidad la banda de Keith Webb y Pete Solley, ex miembros del grupo de Terry Reid. “Get one together” fue single de su segundo y último Lp “Charge!”. Grabado en los estudios Apple con Geoff Emerickcomo ingeniero, fue publicado en España por Island en 1972. La canción podría definirse como un suicidio -comercial- gozoso; toda ella es en si misma un riff de hammond atmosférico, de progresiva concepción y que, en contra de lo convenido en el género, deviene ligero, adictivo y ajustado.

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Hey mr. holy man“, versión psicodélicamente progresiva del “Dies Irae”, es un sencillo alemán en el sello Admiral de 1972. Interpretada por Kiss Inc -otro, uno más, grupo fantasma- en realidad era un proyecto del músico suizo Steff Sulke acompañado por la banda The Shiver. Densa, hipnótica, mazacota si quieren, el fuzz que la atraviesa deviene casi místico mientras los coros, los arreglos de viento y la eléctrica por domar la dotan de una aura giallo, de película gótica de lo más atractiva.

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Sigo con la falta de datos. Poco puedo decir de “Midnight drink”(Polydor France, 1977) cara b de un sencillo de los ignotos Oysters, grupo ficticio de origen francés. Olvidémonos de la versión del Spencer Davis Group y centrémonos en ese swamp boogie de película Carpenteriana, ligeramente deudor del Tony Joe White más pantanoso; La acustica con slide, el phasing, los efectos, el laid back y el reverb… It doesn’t matter.

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Más deliciosa serie B. North, South, East, West son totalmente desconocidos para mi más allá de saber que “Gargantua”, su cara A, viene firmada por Ralph Benatar, saxofonista belga ex J.J. Band (la banda de Jesse and James) y miembro de El Chicles. La cara que viene en la playlist, “Anxiety”, en cambio está firmada por Francis Weyer, guitarrista también en la J.J. Band y ex- Placebo. Publicado por el sello Biram en 1975 es una canción con casi todos los trucos de estudio que imaginarse puedan; La acústica y el wah wah entrelazados, el hammond y los sintetizadores analógicos, los coros y percusiones tribales. Euro groove lo llaman…