CHUCK & MARY PERRIN Life is a stream (Sunlight, 1971)

Chuck & Mary Perrin copia

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Tras dos discos formidables, los hermanos Chuck and Mary Perrin se hallan, como tantos otros, en tierra de nadie. Su debut, el soberbio “Brother and Sister” (1968) es un compendio de folk pop de primera magnitud, cristalino y de un lirismo tan etéreo como íntimo. Su continuación, “Next of Kin” (1969), tampoco le anda a la zaga. Ambos publicados de manera privada y con tiradas de 500 copias son hoy discos invisibles a los que afortunadamente se puede llegar de manera accesible gracias a la estupenda recopilación en cd que hizo el sello Revola en 2003. Ambos son discos que partiendo del relato viajero romántico del Folk (Fred Neil, Mickey Newbury, Karen Dalton …), no se detienen ahí sino que lo trascienden gracias a una vocación pop insoslayable que los entronca con los Carpenters o el cancionero de Roger Nichols y Paul Williams.

En 1971 la fortuna parece querer darles un respiro. Conocen a Irving Azoff mientras actúan en la Universidad de Illinois y este les presenta a Peter Wright, propietario del sello Sunlight, quién les propone grabar un tercero. El concepto es nuevo para ellos; grabar con banda en los estudios de la RCA en Chicago y contar con arreglos de cuerda y viento. Los banda serán otros protegidos de Wright, lo segunda generación de los New Colony Six (con Dave Robin al bajo, Billy Herman a la batería, Chuck Jobes al teclado y Bruce Brown a la guitarra). De los arreglos se encargará Hoyt Jones acompañado de la Chicago Symphony Orchestra.

El disco es de una belleza, al igual que lo es su duración, escueta y casi perfecta. Se abre y se cierra con la canción homónima, en versión instrumental y vocal. Evocadora y melódicamente irresistible, Life is a stream” -la canción- podría ser por igual una pieza clásica del cine de Disney como un resto de alguna partitura de Van Dyke Parks aunque si quiero ser honesto lo primero que me viene a la mente es la intro de “Pacific Street”.

“Bye Bye Billy” es el Gram Parsons más luminoso y feliz sin las alforjas de la música americana, un Turley Richards despojado de componente outsider. “Ceremony” es folk pastoral de acento británico, sacramente laico, los Fairport Convention de Sandy Denny. En “Eversince” continuan con la misma linea, ya cruzado el Atlántico. Intimismo y la optimista tristeza del enamorado que no quiere acostumbrarse a la pérdida. Su contrapunto, titulado “When you’re feeling blue”, es medicina reparadora, melancolía teñida de una alegria que pretende enmascarar la debacle sentimental.

La cara B se abre con la hermosa “Corrina”, con unos arreglos muy Curt Boettcher -entre los del “Begin” de Millenium y los de “It’s now winter’s day” para Tommy Roe– resplandecientes bajo una letra espectral y sugerente. Le sigue “Dealer” una de las cimas en un disco repleto de ellas: La imposibilidad de entender, siquiera de aceptar, las servidumbres del amor. “Dedication” es casi Stephen Sondheim, mecida entre violines, la soledad y la esperanza. En “Picking up the pieces” parecen situarse en Nashville mientras que “Horizons” es sutil orfebrería pop, con sus arreglos de metales acompañados por una elegante guitarra acústica, referencias a Whitman y la asunción del pasado olvidado como génesis del presente.

Pese a todo no es un disco afectado sino ligero en el mejor sentido del término. Cada tres o cuatro años “Life is a stream” se convierte en mi disco del mes. Pocos más se me ocurre ahora mismo con esa virtud.

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