LOS NIVRAM Sus dos Eps

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Ni pretendo hacer hagiografía ni, mucho menos, apostasia de una época y un lugar que ni siquiera viví, pero cada vez más, la teoría que circula por los medios serios, dando pábulo a la cantinela de que la música española de los sesenta y setenta hispana fue territorio abonado a ejercicios de voluntarismo y ortopedia, con la  excepción de algún fenómeno milagroso, carece de cualquier fundamento. Tal vez fuesen menos de los deseados -mejor no detenerse a contar, aunque por una vez estaría bien detenerse en algo más que el caballo, la sota y el rey-  pero lo que sí sucedería, desde luego, es que fueron hornadas incontables las que confirieron una pátina de osadía y en ocasiones de modernidad a una escena por lo general orillada y denostada. Es cierto también que el ejercicio de nostalgia en que estamos sumidos, ese del todo vale (algo de lo que uno pretende huir como de la peste, sin saber si logrará conseguirlo) y presuntamente laudatorio, suele ser uno de los puyazos más certeros para que se de todo aquello con lo que uno no comulga. Pero dejémoslo y vayamos a lo que importa, que siempre me enredo.

Naturales de Granollers, los Nivram (así bautizados por su devoción por los Shadows, de hecho su nombre es el apellido de su guitarrista, Hank Marvin, escrito al revés) fueron uno de los grupos mas tremendos -también más olvidados- del terremoto musical que -sí, también- sacudió a nuestro país a partir de mediados de los años sesenta. Estaban compuestos, en su formación definitiva por los tres hermanos Mauri (Jordi, voz, guitarra, saxo y compositor, Francesc, bajo y Josep, batería), junto a Josep David Sala (guitarra). Los hermanos Mauri provenían de una familia de músicos profesionales y dominaban sus instrumentos con destreza. Habían comenzado tocando en orquestas, tras cursar estudios musicales, empeñados en el rodaje instrumental, bajo la atenta mirada de su padre (director de la Orquesta Selecció y de su tío, trombonista de la Orquesta Astoria). Pronto les sería inoculada la nueve fiebre. Muy jóvenes debutan en el Centri club de Granollers, donde ganan el “Concurso de ritmos modernos del casino de Granollers” y pronto marchan a la Costa Brava. Es allí donde todo cobra forma. Se codean con la creme de la creme barcelonesa (Sirex, Lone Star, Salvajes…) y lejos de desentonar, triunfan. Tienen discurso y actitud, componen sus propias canciones y su imagen es rotunda.

En 1965 debutan en Emi/Regal con su primer Ep: Falsa ilusión / Un amor sin igual / Mi nuevo amor / Tema de Peter Gunn. Esta última es la única versión y también su única canción registrada instrumental.  Se vende poco y no pasa nada, pero el contenido nos advierte que ahí anida algo muy serio. “Falsa ilusión” es un medio tiempo de ascendencia beat, pulcro, que remite a Heinz y Joe Meek y que ya anuncia el soberbio trabajo con la rítmica que caracterizaría su obra. “Un amor sin igual”  es ya otra cosa. Desatados, anfetamínicos, chulescos y elegantes, un riff de guitarra omnipresente e inolvidable la atraviesa de principio a fin mientras que un saxo casi tremolo le confiere una entidad única. “Mi nuevo amor” es Beatles rindiéndose ante Buddy Holly; la rítmica grácil y la batería juguetona proclamando el estallido beat. La última, la versión de Mancini, plena de groove y clase, el saxo de Jordi incisivo, es casi un guiño a sus inicios.

Al años siguiente publican su segundo y último Ep. ¡Y qué Ep!. Aunque la canción principal es la hermosa y ensoñadora “Mi estrella”, la elegancia hecha beat, y cuente con otras dos maravillas -¿Quién vive sin amor? y la espectral “Días tristes”, pop psicodélico en la senda Huracanes (¿Se conocieron, se escucharon?)-  serán sin duda recordados por esa barbaridad que atiende por “Sombras”, una de las cimas del garaje español. Oscura, demente, turbia, simplemente perfecta. Desde la rítmica inicial y la batería metronómica -de nuevo me evoca a los Huracanes, vía el soberbio Julito Andreu– hasta su saxo tembloroso, escueto y preciso, pasando por esa letra inaudita, fantasmal, que cuenta  la aparición ante el protagonista de una  enamorada muerta, en medio de un paseo quien sabe si narcótico, enfermizo o ambas cosas a la vez. Primera división, se lo prometo.

Iba yo una vez por la gran ciudad, cuando en una calle oscura la vi caminar.
Yo creí que fue mi imaginación, me dejó ir con mi desesperación.

Sombraaas, estas sombras voy a desvanecer.
Sombraaas, y borraré de mi mente el recuerdo del ayer

Yo la abandoné por otra mujer y ella de dolor murió días después
desde entonces yo no puedo dormir, uuuh y la vida es así, imposible de vivir…

siempre (Sombraaas)
Yo no quiero (Sombraaas)

Sombraaas, estas sombras voy a desvanecer.
Sombraaas, y borraré de mi mente el recuerdo del ayer

En 1966 hay cambios,Josep David Sala tiene que marchar a la mili y es sustituido por Vicente Caldentey, (quien proviene de los Z-66 de Lorenzo Santamaría). Poco después los hermanos Mauri también tienen que cumplir con el dichoso servicio militar. A su vuelta, en 1968, sin contrato, marchan a Mallorca, donde se rebautizan como Mauri set. Jamás volverán a grabar.

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