BRUNO NICOLAI Armonia e Melodia

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  Bruno Nicolai (Roma, 1926, Roma 1991) siempre ha permanecido, bastante injustamente, a la sombra de ese polo magnético musical llamado Ennio Morricone. De sólida formación clásica -estudiaría piano, órgano y composición en el Conservatorio de Santa Cecilia de Roma-  pronto comenzaría su carrera cinematográfica gracias a su amistad con Morricone. Erróneamente tenido como discípulo suyo, su relación, amistad aparte, fue un tú a tú prolífico y sustancioso, cuando no directamente faro y guía que alumbrase -e incluso mejorase-  las ideas musicales del gigante. Según palabras de Jess Franco Bruno Nicolai es el hombre que le enseñó a Morricone casi toda la música que sabe. Ennio no tenía formación musical clásica y sería él quien vestiría de manera impecable, arreglando y orquestando, la gran mayoría de sus bandas sonoras.”

Estajanovista de la composición y dirección musical, la obra de Nicolai es ingente, tanto en cantidad como en calidad. Agentes secretos, Giallo, Spaghetti Western … en todos los territorios se adentraba y en todos dejaba su impronta musical. Pero sería en los años setenta cuando aquello se convertiría en un no parar. Docenas de películas como director orquestal y arreglista (“¿Que habéis hecho con Solange”, “4 moscas sobre terciopelo gris”, “La dama rosa mata siete veces”, “La orgía de la sangre”, “La corta noche de las muñecas de cristal”, etecé, etecé)  o como compositor y director orquestal (“Las lágrimas de Jennifer”, “Vicios prohibidos”, “Todos los colores de la oscuridad”, “De Sade 70”…) y en todas ellas una elegancia nada afectada, de mesurado discurrir y sugerente resultado. Aunque algunos le achacasen el que sacrificase la melodía por la atmósfera no considero que eso sea en absoluto cierto, ni mucho menos justo. En todas las bandas sonoras citadas subyace un componente melódico irrenunciable, de una modernidad hoy sorprendente. Crescendos entre cuerdas dramáticas, cimentados en patrones de batería amenazantes, y una instrumentación tan inaudita (clavicordio, cémbalo, espineta, cítara, diversos tipos de teclados analógicos, guitarras arpegiadas hasta el paroxismo, sinuoso fuzz, voces y coros poseídos) como excelsamente sostenida. Todavía hoy provoca escalofríos la tensión subyacente en “La víttima” o en “A living nightmare”, como hipnotiza “Sabba” y su beat rítmico sujetado por los coros de I Cantori Moderni de Alessandroni. Ahora mismo, mientras emborrono este post, no encuentro melodía más evocadora que la surgida en “Spied lovers” la cual, súbitamente, alcanza un  vuelo majestuoso gracias a las cuerdas. Ni tampoco melodía mas perturbadora que el prefacio “Ufficio vuoto”, una nana infantil sin voz enmarcada en el epítome del desamparo. De hecho, todas las aquí incluidas le parecen a uno el trasunto del plano del tesoro de una ciudad idealizada, una ciudad donde todo podía ocurrir en cualquier momento.

Tras la década de los setenta, acabaría cansado y decidió dejarlo todo. Según cuenta  Jess Franco, con quién colaboraría en numerosas bandas sonoras: “Se retiró del cine porque se fue de catedrático de composición a Siena, al conservatorio. Me dijo: Lo siento mucho, pero el sueño de mi vida es ser profesor de composición”. Y allí quedó, dando forma a la armonía y a la melodía, escarbando entre su imaginación y legándonos un puñado de partituras, sí, eternas.

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*Notas de la reedición.

* “Las lágrimas de Jennifer” (“The Case Od The Bloody Iris” en el mercado anglosajón, maravillosamente titulada “Perché quelle strane goce di sangre sul corpo di Jennifer” en su versión original) será la última película de las producidas por Luciano Martino que contaría con la pareja protagonista Edwige Fenech y George Hilton. Dirigida por Guiliano Carnimeo con su nickname europeo Anthony Ascott siempre ha sido uno de los griales para los coleccionistas de bandas sonoras italianas. En ella se hallan comprendidas todas las facetas de un versátil e imaginativo  Bruno Nicolai, autor aquí de una grandiosa y paranoica suite de polisémica riqueza pop.

Tras una larga experiencia en el mundo de la colona sonora como ayudante y orquestador de las partituras de Ennio Morricone (“El bueno, el feo y el malo”, “Una lucertolla con la pelle di donna”) pero también como autor de otras, principalmente en las películas de Jess Franco (“De Sade”, “Virgen entre los muertos vivientes”, “Agente Speciale LK”), Bruno Nicolai se nos revela en todo su esplendor, mostrando todas sus desinhibidas y brillantes ideas en sus partituras escritas para los giallos en que resplandecía esa diosa llamada Edwige Fenech.

Hablaremos de ella en otro momento si les place, tan un inciso para señalar ahora que ni Marylin, ni Raquel Welch ni Brigitte Bardot ni ninguna otra. Si uno tiene algún icono femenino sinónimo a la vez de la belleza, la sensualidad, el erotismo y la voluptuosidad no es otra que Edwige.

Grabada en tan solo dos días en los estudios Ortophonic de Roma, la BSO enteramente instrumental de “Las lágrimas de Jennifer” es el resultado de un compositor y su pequeña orquesta libres de toda influencia externa. Con especial énfasis en el bajo y los arreglos rítmicos (reflejo de la mayoría de sus bandas sonaras para películas del género exploitation) la partitura navega entre el avant-garde del Gruppo d’Improvisazione di Nuova Consonaza (fundado por Ennio Morricone y Egisto Macci) hacia un tempo rápido con alguna breve interjección bossa. Esta, junto a las bandas sonoras con la música para las películas de Sergio Martino “Il tuo vizio ‘e una stanza chiusa e solo io nen ho la chiave” (1972) y “Tutti le colorí del buio” (1971), (“Vicios prohibidos” y “Todos los colores de la oscuridad” en España) representan un capítulo fundamental en el desarrollo de la música para películas italianas de los años setenta y son también fiel ejemplo del paisaje cinemático eminentemente pop, compartido con la obra de esa época llevada a cabo por Claudio Simonetti, Goblin, Walter Rizzati, el trinomio Bixio-Frizzi-Tempera o los hermanos Reverbieri.

A diferencia de otras, la banda sonora de “Las lágrimas de Jennifer” nunca fue publicada en disco cuando se estrenó la película, en 1972. Sería el sello Finders Keepers el que tuvo a bien publicarlo en el año 2014 en formato diez pulgadas. Hecha esa edición a partir de las cintas originales, tan sólo una de las canciones en él incluidas había vista la luz anteriormente, dentro del rarísimo y muy buscado disco de Bruno Nicolai, titulado “Rendez vous” (Gemelli, 1975). Su título original sería “Pursuit” aunque sería rebautizada, muy apropiadamente, como “Apprensioni”.

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“Il tuo vizio è una stanza chiusa e solo io non he la chiave” es uno de los mejores giallos que recuerde. Dirigida por Sergio Martino en 1972, es una densa y turbia historia de intriga y terror a la estela del maestro Bava con un origen argumental levemente tomado del cuento  “El gato negro” de Edgar Allan Poe. Protagonizada por Luigi Pistilli y Anita Strindberg en el papel de un matrimonio con problemas sentimentales acentuados cuando aparece muerta la amante de él, una Edwige Fenech despampanante.

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