ALZO FRONTE “Alzo” / “Takin’ so long”

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Venimos, una vez más, del ayer. Venimos también del talento puro, de la mala suerte y de unas cuantas cosas más. Venimos, por ejemplo, de “C’mon and join us” (Mercury, 1967), aquel formidable disco del que les hablaba el otro día. Tras no pasar absolutamente nada con él y disolverse el dúo, Alfred Affrunti abandona desencantado el negocio de la música, aunque no la escritura. Tres años después, en 1970,  Fronte se halla trabajando como repartidor para Ampex, la compañía de fabricación de cintas de grabación, y se encuentra casualmente con Topper Schroeder, a quien conocía de Mercury. Este le recuerda cuanto le gustaba su música y le pregunta si sigue componiendo. Responde que sí y accede a su petición de pasarle su nuevo material, tras escuchar de su boca la posibilidad de conseguirle un nuevo contrato. Schroeder queda entusiasmado con lo que escucha y cumple con su palabra. Incluso le da carta blanca a la hora de elegir productor. Alzo elige sin pensarlo a Bob Dorough, de quién es fan. Congenian de inmediato. Ensayan duro y le dan forma a las dos docenas de canciones con las que llega al estudio. Para los ensayos Dorough recluta a una especie de regulares, un puñado de músicos con los que ha trabajado anteriormente; Emile Latimer, John Beal, Bill Goodwin, Jerry Dodgion

Firman un contrato por un disco con Ampex. El primer single, “That’s all right, i don’t mind”, consigue entrar en listas y le facilita el pasaporte para ir a Nueva York. La canción es perfecta, un viaje panorámico por los grandes espacios cuyo esqueleto es, junto al dialogo entre la acústica y el piano sumado a su voz en falsete, natural y fácil, todo aquello que le caracterizará para siempre; Funk folk melancólico, un latín vibe místico y puro de majestuosidad pop.

Pero la suerte, esquiva una vez más, hace de las suyas. Mientras el disco parece prometer el querer escalar en las listas,  Ampex cierra y se queda sin compañía. Ocho meses más tarde la cosa parece que quiere cambiar: recibe una llamada de un antiguo empleado de Ampex contándole que nada más ni menos que Clive Davis, por entonces en Columbia, está interesado en comprarle el disco. Quién le llama es Steve Paley, algo así como la mano derecha de Davis. Viaja a Nueva York, entra en las oficinas y nada más llegar, en el mismo despacho de Davis, le dicen “Toca”.

Al día siguiente Alzo recibe una llamada de la oficina de Davis. Quieren que firme un contrato ya. Incluso le ofrecen un adelanto. Ese mismo día, diez minutos antes, ha recibido también otra llamada. De Bell Records. La cabeza le va explotar. Él, el antiguo repartidor de Ampex desempleado, está en medio de una especie de subasta por sus canciones. Tras un tira y afloja se decide por Bell. Alzo recela de que Davis, con tanta fama de visionario como de tiburón, le convierta en un monstruo. Se halla entusiasmado con que el público conozca su música a la vez que siente un pánico irracional por perder su pureza. La gente de Bell le parece más terrenal y decide firmar por ellos para reeditar “Alzo”.

Junto a la reedición, Bell le mete en el estudio para grabar lo que será un segundo Lp. El mismo productor, el mismo personal, todo parece ir sobre ruedas, lo que confirma su tranquilidad. Absoluto desconocedor de los peajes del presunto éxito, Alzo desconoce las reglas más elementales del negocio. Sus decisiones no son precisamente las más adecuadas para medrar en el negocio musical.

Y luego, ¿Adivinan qué?… Exacto, Bell records, tal y como los conoció Fronte, desaparece. ¿El motivo?… ese, sí. Clive Davis los ha comprado. El directivo tiene problemas en Columbia y ni corto ni perezoso decide iniciar una nueva aventura. Su primer es paso es fundar Arista y comprar Bell. El segundo disco, ya terminado y en la fábrica, cuyo título, “Takin’ so long” iba a resultar profético, se queda archivado en los cajones de la compañía. Para ayudar, por si faltaba algo, estamos en plena crisis del petróleo (recuerden, es 1973) y esta tiene un efecto devastador en la industria del disco. Todos aquellos a quienes Alzo conoce y a quienes podría pedir ayuda, están siendo despedidos.

Pero esperen, ¿Hay más?. Pues claro. Al socaire del éxito de bandas latinas en los USA, una banda peruana, de nombre Telegraph Avenue, incluye en su Lp una versión (bueno, digámoslo correctamente, un plagio, pues no la acreditan) de “Something’s going”, una canción suya incluida en el disco de Alzo & Udine. José Feliciano puede ser su carta de la suerte. En el apogeo de su fama graba alguna de las canciones incluidas en “Alzo” pero nunca ven la luz. Las malas lenguas dicen que por presiones de Davis. En 1975, su amigo Topper Schroeder, por aquel entonces en RCA, consigue que The Main Ingredient incluya una versión de “Looks like rain” en su álbum “Euphrates river”. Son los primeros royalties que recibe.

Tanto “Alzo” como “Takin’ so long” son, todavía hoy -quizá hoy más que ayer- dos discos formidables. Discos a los que se puede calificar, sin el temor de resultar manido, groovers, de esos que crecen y crecen. Melódicamente impecables, con cero afectación y una imparable adicción rítmica. Discos discos de una desnudez que a menudo duele pero que, sin embargo, atraen de manera casi gravitatoria. Tal vez, precisamente por ello, dos discos imposibles de olvidar para este que su amigo que escribe.

*todos los datos y declaraciones  han sido extraídos de la página wisherkings.com

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