FRANÇOIS DE ROUBAIX Le monde de films et électronique de …

FILMS ROU

ROU ELE

“…La música para películas está a mitad de camino de la música sería y las variedades. Yo le encuentro tanto provecho como placer. Empecé a los quince años con el jazz, tocando el trombón con los amigos. Simultáneamente trabajaba en las películas producidas por mi padre, Paul de Roubaix. Fui asistente de plató, ayudante de fotografía, ingeniero de sonido … Un día, en un cortometraje que dirigía Robert Enrico y en el que yo era asistente de montaje Robert me dijo: Ya que eres músico, ¿Por qué no escribes la música de mi película?. Ese día mis dos pasiones se fusionaron: No era sólo música de cine, era música para el cine.

A partir de ahí mi formación fue completamente empírica. Jamás había estudiado armonía ni contrapunto, fue componiendo para esos cortometrajes y para la publicidad donde lo aprendí todo. El montaje (sonido e imagen) me reveló el lado artesano del cine. Fue un aprendizaje concreto, sobre la marcha, donde descubrí las coordenadas técnicas a las que un compositor debía someterse. De todos modos, era la única manera: En Francia no existe una escuela de música para películas.

En el mejor de los casos, el diálogo con el director se instala en el escenario. Con Enrico hablaba de música antes de empezar, el objetivo era definir el espíritu de lo que quería, una linea general. Muy a menudo todo comenzaba con un par de maquetas: eso ayudaba, le daba una atmósfera al rodaje desde el principio.

En algunas películas la música debe trabajar las fibras sensibles del espectador, otras veces su subconsciente. Es un elemento completamente dramático. Se la puede convertir también en un personaje en sí, por ejemplo, representar el amor de un hombre por una mujer: Un hombre perdido en una jungla, lejos de su amada. De repente suena un fragmento del tema de amor, nos transporta a cuando ellos estaban juntos. Eso nos ayuda a comprender lo que siente el personaje. A través de la música evoca a su amor, su recuerdo.

Otro ejemplo: “Le Samourai” (Jean Pierre Melville, 1967). En los diez primeros minutos de la película solo hay tres palabras en el diálogo. La psicología de Alain Delon está poco definida. Melville me pidió algo muy sencillo: “La música debe clarificar al personaje”.Cuando comencé con la partitura tenía claro que tenía que explicar con música que Jeff Costello era una especie de tigre condenado por la fatalidad. Más que nunca, la música tenía que ser también un elemento de la puesta en escena.

Me encuentro muy cómodo con la idea del encargo. Me encanta sentirme con el cuchillo en el cuello, recibir la presión de frases como ¿Oye, cuando me darás la música?. Sin esa presión tendería con facilidad a dejarme llevar, a ver los pájaros pasar. Soy un artesano, me siento cómodo con ese miedo acechando…”

François de Roubaix. Entrevista en France-Inter, 1970.

“…Desde mi punto de vista, eso que se llama comúnmente música contemporánea, es en realidad música de investigación. La verdadera música contemporánea es la música que hoy está viva: el jazz o el pop, de los Beatles a Pink Floyd…”

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Apasionado por la electrónica, influido por las técnicas de la música concreta, seducido por sus trucos y por la manipulación sonora, François de Roubaix fue un jardinero de la experimentación, una especie de primo beatnik de los dos Pierre franceses capitales dentro de la música concreta, Schaeffer y Henry, cuyo trabajo le había abierto los oídos.

Tras numerosos y sorprendentes trabajos para el cine y la televisión, De Roubaix se centraría en una de sus dos obsesiones, la música electrónica. La otra sería su fascinación por el mar y la práctica del submarinismo, afición que desgraciadamente le conduciría a la muerta a la temprana edad de 36 años, tras perecer en Tenerife, en las aguas del Atlántico que tanto amaba. Había trabajado en el cine para Melville, Enrico, Giovanni, Desvilles, Cornfield y muchos más, sus canciones las había cantado Brigitte Bardot, Alain Delon, Joanna Shimkus, Olivier de Funes, sus silbidos llegarían a ser únicos, casi una marca de distinción … Todo ello siempre acompañando a unas partituras que casaban de manera audaz la música tradicional con la electrónica, el folklore con la experimentación. Él en su papel de pintor frente al lienzo, buscando texturas, capas y finalmente belleza.

Poco a poco iría construyéndose un estudio privado en su apartamento de la rue Courcelles de Paris. Primero un órgano, luego un magnetofón de ocho pistas, más tarde dos sintetizadores …  La electrónica le abre un nuevo mundo de posibilidades sonoras, la asociación de instrumentos acústicos con los electrónicos en busca de la perfección sonora casi matemática no se detendrá, siempre tras la experimentación de sonoridades inéditas. Gusta de mezclar sintetizadores con guimbarda, la ocarina o el balafón con el secuenciador, cuerdas con teclados sinuosos. Virtuoso como era de la música ningún instrumento le resultaba incómodo al poco de caer en sus mano. Sus conocimientos y aptitudes técnicas crecen exponencialmente. Gracias a su experiencia en la música de películas es el arreglista, el compositor, el orquestador, el ingeniero de sonido, el mezclador y todo lo que sea necesario, acabando por no necesitar a nadie. Llega incluso, en su estudio privado, a grabar por si solo todos y cada uno de los instrumentos y sonidos que de su cabeza nacen, hasta superponerlos y conjugarlos con la ayuda del ocho pistas, creando piezas que aunaban texturas orgánicas, experimentación  armónica y esa melancolía propia del talento, tan difícil de ocultar.

Daba igual que fuese música para las cortinillas televisivas, ilustraciones sonoras de documentales de ciencia (especialmente revelador es su colaboración con Jacques Cousteau en su expedición a la Antártida) o partituras que ilustrasen sus expediciones submarinas. A través del sintetizador parece querer prolongar sus incursiones bajo el agua, la tranquilidad y también la excitación que le provocan la contemplación del paisaje marino. Será una de las constantes de su etapa electrónica, el océano como un universo paralelo, una voz de otro mundo cuyo idioma no puede ser otro que la electrónica. El único capaz de transmitir el misterio, la tranquilidad, el silencio y la poesía que le suscita su contemplación. También el único que, premonitoriamente, será capaz de describir su lado oscuro, ese mundo de sombras y angustias que parece querer succionarle y que, finalmente, logrará.

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