The Sexadelic Disco Funk Sound of Susana Estrada (Espacial Discos, 2017)

 

 

SUSANA ESTRADA Ética y estética

 Existe una noción en la música de estatus social, bastante extendida, que a uno se le antoja imposible de negar. Por un lado se escucha y se disfruta –ayer, hoy, me temo que siempre- la música que uno ama realmente, muchas veces sin saber bien por qué, a veces incluso a hurtadillas. Por otro, es incontestable que existen discos a los que parece que se tiene que tener la obligación de amar. Digamos, siendo benévolos, que ambos casos nos suceden impelidos por una época y un momento que nos conducen a ello casi inconscientemente. En definitiva, la música, los discos en concreto, son, muchas veces, un marcador social para bien y para mal, tanto en el presente, cuando esta sucede, como en el futuro, cuando aparece para cobrar sus deudas. Incluso hay veces, las menos, en que hay discos que son verdaderos ovnis, objetos volantes no identificados tanto en el momento en que surgen como en su posterior devenir. Ejercicios a primera vista confusos e indescifrables, cuando no inclasificables o directamente despreciados y que, con el transcurso del tiempo suelen mutar a otra cosa a veces sorprendente. Puede ser ello debido a muchas cosas; Bien sea por su extravagancia, por la mera casualidad o simplemente por residir algo en ellos que no apreciamos –que no se puede apreciar realmente- a primera vista, pues necesitan de una cierta distancia para madurar o pudrirse.

 

Es 1976 cuando Susana Estrada ( née Ángela Pereda Estrada) irrumpe en el mundo de la farándula. Por aquel entonces se estaba gestando -de hecho se hallaba a punto de llegar a la cima de su apogeo- la hoy tan denostada Transición. Sería -sin entrar a valorar sus bondades o defectos- un terremoto vital y cultural que cambiaría la manera de entender la vida en este país. Un terremoto que acontecería, cómo no, a la manera española, esa que surge con tan escasa estrategia como repleta de voluntad. Un asunto sustentado en la política de tierra quemada tan nuestra, aquella que no toma prisioneros y llevada a cabo de una manera vehemente, irracional, prosaica, arrebatada y a la contra, incluso contra sí mismos. Daba la impresión que todas aquellas cabezas que en su momento no se pudieron cortar iban a tener abierta la veda a partir de ese momento, algo, por otra parte, de lo más normal. Sin embargo, producto de un milagro difícil de explicar incluso a día de hoy, se dieron un tiempo de tregua y decidieron convivir, sino ignorándose (algo del todo imposible por parte de según quién) sí mirándose desde lejos. Movimientos sociales y artísticos que se habían dado en el resto de países occidentales a lo largo de una década o más (La Liberación sexual, el auge del sonido disco, la explosión punk) se dieron aquí en nuestro país en un periodo que no excedería los tres o cuatro años. Unámosle la implosión de la famosa Movida madrileña y tendremos un cóctel en principio bastante interesante. Todo ello enmarcado dentro de un aquelarre histórico que aunaría la instauración de la democracia, la irrupción de los partidos políticos (PCE incluido), un golpismo soterrado y latente por parte de los nostálgicos del régimen extinto y un terrorismo cada vez más presente. Que con todo este caldo de cultivo surgiesen cosas como la que nos ocupan es asunto que todavía no logro entender. Piensa uno que seria merecedor de un largo ensayo a cargo de alguien con más luces que quién suscribe, pero diríase, por resumir, que pilló a contrapié a los integristas de ambos lados, más dedicados al logro de conseguir grandes e inalcanzables metas que en vivir el momento. Eso que nos encontramos.

 

Susana Estrada nació en Gijón el 18 de junio de 1949. Madre, por partida doble, y separada antes de la mayoría de edad, siempre mostró ciertas inquietudes artísticas. Asegura que contaba con formación de Bibliotecaria y que ello lo atestigua su trabajo en el Ateneo Jovellanos de Gijón. Pronto comienza a sumergirse en pequeños trabajos como modelo publicitaria para empresas textiles locales; Posters de mostrador, catálogos, patronaje. Según cuenta “…En aquella época para poder ser modelo o actriz se necesitaba demostrar una experiencia previa de un año. A mi me vinieron muy bien esos trabajos, me sirvieron como referencia para poder meter la cabeza en Madrid. Llegué allí con mi curriculum, me presenté en La Escuela de Modelos, que estaba en El Palacio de la Prensa, entre Gran Vía y Callao, e inmediatamente me acreditaron con un carné profesional que me permitía trabajar…. Por aquel entonces , asevera, aspiraba en convertirse en modelo de alta costura, pero su escasa estatura seria óbice insalvable. …Pese a ponerme tacones de quince centímetros yo medía lo que medía. De hecho los tacones recuerdo que solo me servirían para poner palote a Luis García Berlanga en un avión. Cuando me vio sobre ellos, entrando en la cabina, no pudo resistirse y me ofreció sentarme en su regazo. Era un fetichista redomado. Llegué a hacer pret-a porter, eso sí. Recuerdo una campaña para unos grandes almacenes. Yo iba por ahí con un book maravilloso, en el que había fotos de todos los estilos que pudiesen solicitar los clientes; Chica sofisticada, Ama de casa, Hippie, Oficinista… Trabajé mucho para agencias americanas y alemanas. Ganabas como cuatro o cinco veces más que con las agencias españolas, y eso se debía a que se ahorraban los derechos. Te explico; aquí , al no pagarse derechos a las modelos, el coste era meramente el caché profesional mientras que las modelos extranjeras tenían unos royalties de dos o tres años si no recuerdo mal. Así que pese a pagar bastante más, al final a ellos les le salía mucho más barato. Por mi aspecto físico – rubia, de piel blanca, ojos verdes- daba el tipo que pedían. Hice campañas para Mini Leyland, Lea, etecé. También fotografías para portadas de discos (En España, el single de Rocky McCabe para GMA, que uno recuerde ahora mismo). Hacia una pareja estupenda junto a un francés guapísimo que se llamaba Jean Claude, no recuerdo su apellido…

 

De ahí al cine. Aunque se cita “Lo verde empieza en los Pirineos” (Vicente Escrivá, 1973) como su debut cinematográfico, Susana recuerda haberlo hecho en un breve papel en “El Zorro de Monterrey” (José Luis Merino, 1971) “…Hacía un papelito casi sin diálogo, la hija del dueño de la tienda del pueblo. Se rodó en La Casa de Campo, en el Pabellón de Toledo, que daba el pego como pueblo mexicano, casitas bajas, todo de blanco…”

 

Pese a todo el cine no la trataría con la justicia que piensa que merecía “…Hice más películas; La Trastienda, de Jorge Grau, La Noche de las gaviotas, de Armando D’Ossorio, Pepito Piscinas con Fernando Esteso, El Maravilloso mundo del sexo de Mariano García … pero para hacer cine, al menos entonces, tenías que pagar unos peajes a los que no estaba dispuesta. Es cierto que en un principio me atraía. Pasar de trabajar en publicidad, donde todo es inmediato, donde tu trabajo tiene que servir para vender un producto en un instante, a algo más, digamos, presuntamente duradero, era un reto para mí…”

 

Pronto comienza la etapa que la llevaría a la fama, la de los espectáculos erótico musicales, eufemismo un tanto retórico. En 1976 estrena “Historias de Strip-Tease”, una obra con tan malas críticas (“El timo de la Starlette”, Moncho Alpuente, El Pais, 14/8/1976) como éxito de público . “…Estuvimos un año en cartel. Estrenamos en el VideoSet anfiteatro, un complejo que contaba con restaurante, discoteca, sala de fiestas y teatro, sito en Princesa, en la Plaza de los Cubos. El propietario era José María Civit. Fue el primer desnudo integral en una escenario hecho en España…”. Ya está junto a ella Carlos de las Heras, a quien conoce de Gijón, el cual ejerce de manager y hombre para todo. Su relación será extensa y no acabará muy bien. “…Cuando grabé “Amor y Libertad”, los textos, que hicimos a medias en el hotel, mientras representábamos “Muñecas” en Barcelona, los registró en autores como suyos. Jamás vi un duro por ese disco. Tampoco por otras muchas cosas…”. Pero volvamos atrás. “…El éxito fue tal que me convertí en toda una estrella. Lo que más recuerdo era los rostros del publico. De hombres y de mujeres. Había una mezcla de lascivia y de estupor con la que no sabías bien a que atenerte. Unos te deseaban y otras te odiaban. Daba la impresión de que aquello no iba a durar, de que la gente no quería dejarlo pasar. Podías hacer casi cualquier cosa, recuerdo que en Muñecas había un numero en el que practicaba sexo con un robot y al público le fascinaba, pensaba que era todo real. La verdad es que la gente era bastante ingenua…

 

Ese sería uno de los números por los que hoy es recordada. Ella y un peculiar trasunto de robot dispuesto a satisfacerla (en realidad un tipo enfundado en un disfraz extrañísimo, algo así como la combinación de un Bibendum post-nuclear, un ninot fallero diseñado por un alumno de pre-escolar y un robot de serie Z fabricado en un rato por un par de dipsómanos entripados) reproduciendo las posturas de un Kamasutra interespacial, poco antes de que al pobre hombre sufriese una distensión de ligamentos, una torsión lumbar o un ataque de ciática. Pero lo que verdaderamente es inolvidable hoy, más allá de tal cima artística, era lo que sonaba, la formidable Espacial, de la que hablaremos más tarde.

 

Es ya tal su fama que cuenta con un consultorio sexológico en la revista Play-Lady asunto que le causaría muchos problemas. “…Recibía más de 7.000 cartas a la semana. No sabes lo que se percibía a través de ellas, la incultura y el atraso en materia de libertad y educación sexual que de ellas se desprendía; Desde hombres atemorizados por si su masturbación reiterada afectaría a su fertilidad, hasta mujeres preguntando que demonios era un orgasmo. Mis respuestas, de lo más sencillas por otra parte, escandalizaron tanto que, aunque hoy suene a broma, llegué a ser juzgada por escándalo publico y condenada a una multa económica, retirada del pasaporte y perdida del derecho a voto durante diez años…”

 

En 1978 aparece su primer single “Yo me voy de tu vida / Niño”, publicado por el sello EMI. Ambas vienen firmadas por Alejandro Jaén , quien por entonces ha producido y compuesto numerosas canciones, entre ellas la sintonía del programa de Televisión 625 Lineas, bajo el pseudónimo de Atomium y con el título de “Atrapado”. “Yo me voy de tu vida”, con arreglos y dirección musical de Manuel Gas, es musicalmente un pepinazo de Munich Sound a la estela de Pete Bellote. “…La verdad es que no recuerdo el momento de su grabación. Si me acuerdo de Manuel, con quien colaboré y mantuve amistad. Se encargó a partir de entonces de las músicas de mis espectáculos, al igual que Giorgio Aresu de las coreografías. Yo me rodeaba de lo mejor…. Mientras continua la saga de espectáculos exitosos, con una deriva cada vez más procaz (Machos, Machos II, Muñecas, Mi chico Favorito) un segundo single se publica dos años más tarde, ya en el sello Belter, “Acariciame / Machos”. La primera, un medio tiempo de insinuante Cosmic disco, es lejanamente similar a los experimentos más lascivos del Gainsbourg discotequero (Sea, Sex and Sun, Goodbye Emmanuelle,), cuya voz recuerda a veces, por escasa y gimoteante, a la de Jane Birkin. En la Cara B ya se atisba al genio en los controles, Pepe Llobell, “Machos” (la canción) es una futurista proclamación del hombre objeto entre desacomplejado y rotundo sonido disco.

 

Porque ya va siendo hora de hablar de “Amor y Libertad” (Sauce, 1981), su único y formidable Lp. Un disco hecho deprisa y corriendo, compuesto, arreglado y producido en su totalidad por Josep Llobell (con la ayuda de Joan Surribas a los controles). Grabado en Barcelona, en los estudios Belter sitos en La Plaza Ibiza, es este uno de los discos capitales del sonido disco europeo. Curiosamente hecho en nuestro país, en tiempo y forma y, lo que es más curioso aún, absolutamente minusvalorado por la crítica autóctona, no entonces, algo en cierto modo natural, sino incluso a día de hoy.

 

Al habla con Josep Llobell, un señor de una amabilidad y memoria prodigiosa;              “…Recuerdo que el grupo que grabó el disco eran unos tales Atlanta. Tocaban mucho en las salas de Barcelona por aquella época y hacían un sonido disco funk muy competente. Grabamos el disco en poco tiempo, yo tenía los temas bastante claros. Cuando los terminábamos se los pasábamos a Susana y a su manager, Carlos de las Heras, y estos le ponían letras. Luego grababan las voces en el estudio, sobre las bases finalizadas…”. Atlanta, efectivamente, fue un grupo funk que derivaría al Italo disco y que tuvo cierta repercusión por componer la sintonía de la segunda etapa del programa televisivo Tocata. Grabarían varios discos (algunos hoy bastante cotizados) y estaban formados por Adolf Rodrigo (guitarra), Alex Soler (Bajo), Sergio Soler (Batería), el italiano Maurizio “Tullio”Tonelli, teclados y Esther Munt (hermana de la actriz Silvia Munt) como teclados y voz femenina. También lo conformaba (aunque Llobell no recuerda que interviniese en el disco) Frank de la Torre como cantante, con un look asombroso e inenarrable que entronca con la línea estética Brian Eno/Heleno/Christian Le Bartz/Sal Solo.

 

El disco, ya se ha dicho, musicalmente es todo un portento. Pero incluso en sus textos, desactivado hoy su mcguffin, su carga provocadora, se adivina la captura del angst del momento, algo que trasciende la mera apología sexual con la que epataría en la época; “Ven”, repleto de guitarras distorsionadas y handclapping parece insólito Glam disco bajo la etiqueta de Frank Farian. “¡Quítate el sostén!” enmarcado entre su robótica base de ritmos y melódicos teclados (claro antecedente del “Romantic Break” de Atlanta, sintonía de Tocata) es una simple pero contundente proclama vital, un presunto himno feminista a la manera de la autora, sostenido por un inteligente –por ser consciente de sus limitaciones- fraseo vocal. El cálido “Arena y Mar” es un escueto y adictivo reggae provisto de un laidback irresistible, algo que mece y repara entre tanto trajín . Junto a “Mi chico Favorito” , marcial disco sound con una poderosísima línea de bajo remite al “Another one bites the dust” (línea que se repite en “Un sitio bajo el sol”) y que cuenta con unos exuberantes arreglos a la estela de los realizados por Enrico Intra para Pino d’Angio, puro éxtasis sonoro, será el sencillo extraído del Lp (“Mi chico favorito /Arena y mar”, Sauce, 1981).

 

Añadámosle experimentos como “¡Qué calor!”, con su línea omnipresente de guitarra, Disco country funk pantanoso si acaso eso existiese. Logra dar una vuelta de tuerca con la espléndida “Lograremos volar”, canción melódica de aparente corte clásico, algo así como si Manuel Alejandro se hubiese puesto de Popper en el patio de su cortijo a la hora de escribirle una canción a Jeanette, pero que al poco muta en un episodio de Cosmic Disco con discurso anti drogas incorporado, de tan extravagante como milimétrica resolución; teclados y sintetizadores omnipresentes mientras un saxo mayestático dota de dramatismo a tan candente denuncia, confiriéndole un carácter vertiginoso, dicho esto como definición literal del vértigo, la confrontación entre la atracción y la repulsa, ese “si pero no, no pero sí”, que a uno le parece tan irresistible. La terna la completarán “Voy desnuda”, italo disco de manual y “Gózame ya”, un trasunto de elegante y sicalíptico Modern Soul que acaba por degenerar en una prosaica –no sé si eficaz- sentencia; “…Tómame, dámela, mi vida, si me vas a follar mi amor. Fóllame ya, mi vida…”.

 

Justo antes de “Amor y libertad”, en 1980, publicaría en Belter (algo así como un ensayo de su posterior Lp) la hoy muy buscada cassette “Machos”, con música de -exacto- su espectáculo Machos. Incluiría las dos canciones que fueron su primer single para Belter (el segundo suyo por orden cronológico) junto a un poupurri abracadabrante de versiones de clásicos del rock and roll (Fever, Be bop a Lula, King Creole, La Plaga….) y el fastuoso número de Space Cosmic Disco titulado “Espacial” (e incluido en el disco que tienes en tus manos) firmado por Manuel Gas y que no tiene nada que envidiar a las producciones de Giorgio Moroder y su arrebatador Munich sound.

 

El disco que tienes ahora en tus manos incluye su primer single para Belter (“Acaríciame/ Machos”), “Espacial”, canción incluida en su cassette “Machos” (Belter, 1980) y su único Lp. “Amor y libertad” (Sauce, 1981). Como bonus track Susana (quién sigue grabando en su retiro Benidormí) nos ha regalado “Tócame”, una polución DIY de High Energy Disco a la estela de Camela o las producciones de Luis Miguélez para Tamara Superestar.

 

Más allá de controversias estilísticas, de su discutible –o no- concepto de la ética y la estética o de su concepción del feminismo, lo que si parece darse en Susana Estrada es el haber comprendido, aunque fuese de una manera sobrevenida y casual, la noción de abandonarse. Porque no sé de que otra manera definir la perplejidad que todavía hoy nos provocan sus textos, su actitud y, por qué no, su independencia. Asuntos que pueden ser a la vez tara y mérito, dependiendo, como todo, del uso dado, pero qué, es innegable, al menos en mi discutible opinión, denota un riesgo mucho mayor al de otros, quienes de manera mucho más taimada y confortable han obtenido y siguen obteniendo réditos y lisonjas. Hay algunos que tienden a casar los conceptos de comprensión y justificación, pensando que con el primero se da el segundo. Piensa uno que no es así, o al menos que no tiene porque serlo.

 

Porque para los que somos de naturaleza conservadora -o incluso cobarde-, la música acaba por ser una aventura con la cual experimentar nuestro valor sin arriesgarnos demasiado, una aventura a la que asistimos como espectadores y de la que podemos salir indemnes, o al menos tan solo con unos cuantos rasguños y arañazos, sean estos físicos o morales. Leves incidencias que únicamente atentarán, caso de hacerlo, contra nuestro amor propio. Poca cosa. Así que hay que reconocerle a Susana Estrada el valor, la osadía, la impaciencia, la inconsciencia. No sé, sinceramente, si también la alegría.

 

“…Luché mucho por los derechos de las mujeres. A través de la libertad sexual se logra la libertad total. Lo reconocieron primero los hombres, después las mujeres. Ellas al principio me odiaban a muerte, me encontraban descarada, soez, impúdica. No todas, claro, pero sí la gran mayoría. La gente no estaba preparada. Había una doble moral tan fuertemente instaurada que aquello fue todo un shock. Yo me declaraba amoral, sí, pero de su moral. Yo soy incapaz de engañar y aquello era un engaño constante. Llámame ingenua o idealista pero no podía soportarlo. La divisa que imperaba era Nada se hace pero todo se hace, mientras no sé supiese, claro. 

El desnudarse era lo menos importante. No era, ni soy, propiedad de nadie. Gané mi dinero e hice lo que me dio la gana. Eso era transgresor entonces. No sé hoy. Hoy, si te soy sincera, ya no sé que puede ser transgresor…”

 

* Texto redactado por mi e incluido en la edición de “The Sexadelic Disco Funk Sound of Susana Estrada (Discos Espacial, 2017)
*  Los entrecomillados son declaraciones tomadas en entrevistas telefónicas a Susana Estrada y a José Llobell
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2 comentarios sobre “The Sexadelic Disco Funk Sound of Susana Estrada (Espacial Discos, 2017)

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