CURT BOETTCHER Misty Mirage (YATC, 2108)

El próximo 15 de octubre el sello You Are The Cosmos publica en formato Lp y en edición limitada de 450 copias “Misty Mirage“, lo que de alguna manera debería haber sido el primer disco en solitario de ese titán, tan escurridizo y talentoso como abandonado a su suerte, llamado Curt Boettcher.

Tal y como reza en el anuncio de su página web “Misty Mirage es una maravillosa recopilación de maquetas y sobrantes (excepción hecha del single “Sometimes / Share with you” publicado por Together en 1969) a cargo de este excepcional músico, compositor y productor. Sí, el tipo detrás de Sagittarius, The Millenium y muchos otros”.

Me ha sido concedido el honor de redactar unas notas, en las cuales modestamente intento tanto celebrar el acontecimiento como explicar su gestación. Desde esta humilde bitácora quiero agradecerle el placer a You Are The Cosmos y a su capo Pedro Vizcaíno.

En el verano de 1968 Curtis Roy Boettcher (Eau Claire, Wisconsin, 7de Enero de 1944) cree tener ya en su poder todo lo necesario para poder triunfar a lo grande. Desde que debutase con el cuarteto Folk Pop, The Goldebriars, han pasado cuatro años hasta la doble publicación de su bicéfala Opus Magnum definitiva; “Begin”, bajo el nombre de The Millennium y “Present tense”, el proyecto como Sagittarius junto a su amigo Gary Usher. Sendos discos, ambos indiscutibles cimas artísticas, paradójicamente, acabarán por ser su condena comercial definitiva.

Por el camino han quedado multitud de aventuras; Su creciente maestría en el terreno de la producción –bien en solitario, bien con su socio Steve Clark en su propia compañia Our Productions– nos ha obsequiado con una serie de asombrosos sencillos; The Oracle, Lyme & Cybelle, Jacobson & Tansley, Lee Mallory, The Goodtime Singers, Plastic People, Action Unlimited, Something Young, The Bootiques, Summer’s Children … Todos ellos constituirán el entrenamiento necesario que le servirá como campo de prácticas donde poder ajustar todo aquello que bulle en su interior. Incluso con alguno de ellos (‘Along comes Mary” y “Cherish” para The Association, “Sweet Pea” para Tommy Roe) llega a ser tocado por la diosa fortuna del éxito.

En todos sus pasos anida la búsqueda incesante de la piedra filosofal, no otra cosa que conseguir la síntesis exacta entre dos mundos inicialmente tan lejanos como lo son la grandiosidad propia de un barroquismo sonoro de alambicada perfección y la sencillez y pureza de una lírica voz íntima. Un todo -tan perfecto cuando se auna adecuadamente como cojo resulta por separado- que Boettcher alea cada vez con más extraordinaria precision. Pionero en el uso y aprovechamiento de las posibilidades técnicas del estudio y especialmente obsesionado con el tratamiento vocal, parece hallarse cada vez más próximo a aquello que aspira lograr. Mención especial para este cronista merecen los sencillos “My heart cries out” (Action Unlimited, 1966, Parkaway) y “Don’t say no” (The Oracle, 1967, Verve). Firmado este ultimo por Ruth Ann Friedmnn y producido a medias con su hombre de confianza Keith Olsen, la cara B del único sencillo de The Oracle resulta barroca incluso para sus parámetros; Obsesiva, con multiples capas de voces tratadas y cintas al reves, cascadas de armonías quedan sepultadas en un maremagnum de sintetizadores analógicos e instrumentación hindú (Sitar, Tabla, Tambura). Junto a todo esto un mantra, sujetado por motivos melódicos propios del raga, discurre entre una letra tan repleta de referencias astrales como enraizada en un poso de ingenua y melancólica soledad.

 

Editados ambos en el mes de Julio de 1968, “Begin” y ‘Presente Tense’ serán, de algún modo, las dos caras de la misma moneda. El primero, el único disco de The Millennium (cuyo germen ha sido The Ballroom) va a tener consecuencias devastadoras; Su grabación en dieciséis pistas, algo prácticamente inédito hasta entonces, consume docenas de músicos a jornada completa y horas y horas del estudio de grabación. Su factura final -más de 100.000$ según cuentan -y su absoluto fracaso comercial provocarán el despido de Usher como jefe de producción de Columbia y el inicio del ocaso de la todavía incipiente buena estrella de Boettcher.

Por el otro lado Sagittarius, iniciálmente un proyecto de estudio, fantasma, acentúa el lado sombrio, la introversion y su querencia por un misticismo astral. Un sencillo titulado “My world fell down” (con las voces de Glen Campbell y Bruce Johnston) ha logrado una cierta repercusión. Urge pues la grabación de un álbum en busca de réditos. “Present tense” será el resultado. Una obra grandiosa y mágica que le reafirma en sus propósitos pero que le aleja definitivamente de cualquier cosa futura relacionada con el éxito. En ella lleva a cabo, sin cortapisa alguna, todas sus fantasias musicales, incluso aquellas más extravagantes; Por ejemplo, la idea de lanzar todas y cada una de las canciones del disco en single e incluir en sus respectivas caras B una canción dedicada a cada uno de los signos astrales. Desafortunadamente el asunto se detendrá en “Libra’, “Piscis” y “Virgo”, pues tres son finalmente los singles publicados. Los resultados artísticos son, una vez más, tan impresionantes como nula será su repercussion comercial.

“Misty Mirage”, el disco que You Are The Cosmos tiene el honor del presentarles, podría perfectamente subtitularse como Los restos del naufragio. Acaso sea lo más parecido a un hipotético álbum en solitario de Curt Boettcher en su época álgida (There’s an innocent face, estupendo aunque ya otra cosa, en 1973, aparte). De hecho existiría el proyecto de publicarlo en Together Records, el sello creado por Usher con Boettcher y Keith Olsen tras ser despedido de Columbia. Inédito en la época, consta básicamente de una serie de maquetas inacabadas, tomas alternativas y outtakes, excepcion hecha del sencillo “Sometimes / Share with me” – por una cara elegante pop de cámara de melódica resolución, por la otra Soft Country sofisticado y evocador- ya editado por Together en 1969.

El disco comienza con “Tumbling Tumbleweed”, una versión del clásico del Western Country Pop de The Sons of the Pioneers a la que Boettcher le da completamente la vuelta: Unas breves notas de un piano impresionista dan paso a la base rítmica inspirada en “California girls” para, a partir de ahí, comenzar un carrusel melódico de voces dobladas en el que se combinan sintetizadores con la pedal steel y el uso de la Marimba como gimmick melancólico, consiguiendo el prodigio de comprimir en menos de cuatro minutos el espíritu de la Pastoral Americana más resplandeciente.

Tres son las canciones procedentes del repertorio de The Millennium: la primera, “Baby it’s real”, es una hermosa declaración de amor que combina el candor enamoradizo con la tozudez sentimental que caracterizaba a la decadencia spectoriana. La luminosa voz de Boettcher, ingenua y malévola a la vez, nos atrapa en una tela de araña que pasa de inicial naturaleza muerta a paisaje en movimiento en tan solo un par de estrofas. La segunda, “I just wanna be your friend”, es sunshine pop resplandeciente que flirtea con la bossa y utiliza la voz en falsete a modo de seducción juguetona, mientras la letra pasa de la ironía a la esperanza en un solo verso (…You Know I just want to be your friend, cause I like our little drama, to have a happy ending and finally be feel transcending…). La tercera,“The Know it all”, suena como una extraña mezcla de The Music Machine -con su beat machacón de batería- y los Simon & Garfunkel circa “Bookends”. No en balde el baterista es su amigo Ron Edgar (Ex The Music Machine) y Ray Halle, su ingeniero de sonido habitual, sera el encargado de producir el disco del dúo neoyorquino.

Misty Mirage” y “Astral Cowboy” son dos canciones río, los polos positivo y negativo de una misma cosmovisión. Estilo y forma yendo de la mano en dos canciones tornasoladas, fantasmales y transparentes. Canciones acerca de la soledad y de su vínculo con lo que no se puede nombrar. Canciones dotadas de una hermosura externa que puede llegar a ser contraproducente, ya que no permite ver, en un primer instante, aquello que termina por ser lo esencial, lo escondido.

Del cancionero de Sagittarius proceden “You know I’ve found a way” y “Another time”. Sencillas y escuetas, ambas son tomas acústicas y ambas son perfectas. Mientras la primera es un adagio andante de poliédrica significación, la segunda, casi una desnuda elegía, es la desesperada narración de la búsqueda de una Arcadia que Boettcher intuye del todo inalcanzable. Ambas coronadas por una voz desnuda, tambaleante unas veces y firme en otras. Una voz que unas veces nos transporta a la infancia y en otras supura oscuros ribetes nigrománticos. Ambas dobladas en los coros con la voz de Sandy Salisbury y a las que la suma de un contenido órgano a cargo de Mike Melvoin las convierte en dos elegías etéreas de doliente belleza.

Finiquitan el disco “Wearing Levi’s” -un jingle originálmente compuesto para la marca de tejanos- y un hit que, aunque no llegase nunca a ser tal cosa, bien hubiese merecido serlo; “That’s the way it’s gonna be”, es puro bubblegum garage pop con el espíritu de las sesiones de Valiant para The Association, tan adictivo como de ingeniosa resolución. Una canción de Phil Ochs que, por cierto, Boettcher ya le produciría a Lee Mallory en 1966.

Resulta evidente, incluso con estas canciones inacabadas, la clarividencia y determinación de Curt Boettcher a la hora de mostrar lo oculto. Lo titanico de dicha tarea y lo maltrecho de su estado conforme su obra iba constituyéndose. Casi como un Ícaro mitológico, su obstinación en alcanzar el sol, en su caso la canción perfecta, acabaría por derretir sus alas sin por ello detenerse en lo mas minimo. Poseedor de una mirada única, panorámica, su sino sería, mientras iba de fracaso en derrota, el de la bísqueda de una victoria indeleble.

“…Standing in a rainy darkness, not a star perverts the night. Standing in a lonely shadow, will I ever see the light?…”

Unos minutos musicales que no pueden -ni deben- faltar …

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LUCIFER & CO A.k.a. Gabriel Yared / Amen – Eden (Vogue, 1971)

 

Golosísimo single, del tipo de los que se quedan para siempre en nuestro subconsciente, firmado por Gabriel Yared (con la ayuda de George Costa y la colaboración de la voz soprano de Barbara Peters) y publicado bajo el seudónimo de Lucifer & Co por el sello Vogue.

 Nacido en Beirut y formado en Francia, Gabriel Yared tendría -tiene- una notable carrera musical como compositor, arreglista, productor y también intérprete (a duo con uno de los hermanos Costa). Enamorado de la música brasileña, arreglista de Mina (MinacantaLucio) y de la Françoise Hardy de la segunda mitad de los años setenta entre otras, terminaría consolidándose como compositor cinematográfico en Francia y en los USA.

En 1971, a la estela de otros episodios franceses del mismo tenor tales como L’Oeil de Bernadette, Organoboe de Paul Mille, Mid Summer Night de Manhattan Trio & les Sylvetes o C’ex de Philippe Nicaud, publicaría este sencillo bajo el nombre de Lucifer & Co. Envuelto en una hermosa y llamativa portada que de alguna manera anuncia lo que suena en su interior: Hedonismo puro y duro, la captura del momento entre Scat vocals juguetones y adictivos con el contrapunto de una voz soprano femenina que en vez de avasallar, acaricia. A su lado unos breaks de batería y unos vientos omnipresentes entreverados de Hammond, que logran una simbiosis casi perfecta y que provocan en este quien suscribe una irrefrenable sensación de joie de vivre. Algo, por decirlo en una sola palabra, arrebatador. 

 

Eso no lo manda nadie

Un breve apunte casi telegráfico:

Una vez situados, el extraño viaje cuyo punto de partida podría ser Bach y su Toccata y Fuga en D menor y el de llegada Josh Davis (A.k.a. DJ Shadow, Endtroducing… Mo’Wax, 1996) y su escueto e hipnótico Organ Donor.

Por el camino, paradas en Tears de Giorgio Moroder (Son of my father, Lp, Hansa, 1972) o, en su defecto, en el single -la misma sensación angustiosa, canción de nervioso suspense y lírico discurrir- tras su alias como Children of The Mission.

Pero sobre todas las cosas -no puedo evitarlo- Eso no lo manda nadie de Vainica Doble (Contracorriente, Gong/Movieplay, 1976) y el sitar de Gualberto.

Y como despedida dejo paso a lo insólito. Vainica Doble de nuevo, mezcladas por John Talabot (el músico catalán Oriol Riverola) y sus siete minutos de locurón.

La realidad casi siempre es más extraña que la ficción.