Especial Bugalú

 

 

Momentos musicales veraniegos 2ª parte: Especial Bugalú.

Buen verano a todos, hasta septiembre.

 

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LUCIFER & CO A.k.a. Gabriel Yared / Amen – Eden (Vogue, 1971)

 

Golosísimo single, del tipo de los que se quedan para siempre en nuestro subconsciente, firmado por Gabriel Yared (con la ayuda de George Costa y la colaboración de la voz soprano de Barbara Peters) y publicado bajo el seudónimo de Lucifer & Co por el sello Vogue.

 Nacido en Beirut y formado en Francia, Gabriel Yared tendría -tiene- una notable carrera musical como compositor, arreglista, productor y también intérprete (a duo con uno de los hermanos Costa). Enamorado de la música brasileña, arreglista de Mina (MinacantaLucio) y de la Françoise Hardy de la segunda mitad de los años setenta entre otras, terminaría consolidándose como compositor cinematográfico en Francia y en los USA.

En 1971, a la estela de otros episodios franceses del mismo tenor tales como L’Oeil de Bernadette, Organoboe de Paul Mille, Mid Summer Night de Manhattan Trio & les Sylvetes o C’ex de Philippe Nicaud, publicaría este sencillo bajo el nombre de Lucifer & Co. Envuelto en una hermosa y llamativa portada que de alguna manera anuncia lo que suena en su interior: Hedonismo puro y duro, la captura del momento entre Scat vocals juguetones y adictivos con el contrapunto de una voz soprano femenina que en vez de avasallar, acaricia. A su lado unos breaks de batería y unos vientos omnipresentes entreverados de Hammond, que logran una simbiosis casi perfecta y que provocan en este quien suscribe una irrefrenable sensación de joie de vivre. Algo, por decirlo en una sola palabra, arrebatador. 

 

Eso no lo manda nadie

Un breve apunte casi telegráfico:

Una vez situados, el extraño viaje cuyo punto de partida podría ser Bach y su Toccata y Fuga en D menor y el de llegada Josh Davis (A.k.a. DJ Shadow, Endtroducing… Mo’Wax, 1996) y su escueto e hipnótico Organ Donor.

Por el camino, paradas en Tears de Giorgio Moroder (Son of my father, Lp, Hansa, 1972) o, en su defecto, en el single -la misma sensación angustiosa, canción de nervioso suspense y lírico discurrir- tras su alias como Children of The Mission.

Pero sobre todas las cosas -no puedo evitarlo- Eso no lo manda nadie de Vainica Doble (Contracorriente, Gong/Movieplay, 1976) y el sitar de Gualberto.

Y como despedida dejo paso a lo insólito. Vainica Doble de nuevo, mezcladas por John Talabot (el músico catalán Oriol Riverola) y sus siete minutos de locurón.

La realidad casi siempre es más extraña que la ficción.

El Sonido de JOAN LLUÍS MORALEDA (Madmua, 2018)

 

 

En un nuevo esfuerzo por cartografiar el mapa de nuestro pasado sonoro, todavía hoy escasamente delimitado, Madmua Records tiene el placer de presentarles este hermoso ep formado por seis breves piezas de música de librería a cargo del maestro Joan Lluis Moraleda, otro más de los fascinantes y olvidados autores de nuestro subterráneo legado musical, aquel que nunca apareció en las portadas, siquiera en un mísero pie de foto.

 

 Nacido en Santa María de Palautordera en 1943, ingresa temprano en el Conservatorio de Barcelona. Con tan solo doce años ya tiene clara su dedicación absoluta a la música y pasado un tiempo obtendrá la lìcenciatura en la carrera de Oboe,  instrumento del que, en 1967, obtendrá plaza fija en la Orquesta Ciudad de Barcelona. Antes –y sobre todo después- de lograr este colchón de seguridad (algo similar a lo que sucedería con tantos maestros italianos y franceses) su devenir entre los bastidores de la música popular será tan prolífico como escasamente conocido. A mediados de los años sesenta entra, junto a Joan Alfonso, como arreglista sustituto en el sello Belter, pues es necesario aligerar la ingente carga de trabajo de sus arreglistas titulares, Adolfo Ventasy Joan Barcons. Una irrupción, a partir de entonces permanente, en un mundo que estará para siempre en deuda con él –y también con muchos otros- , debido a su constante desempeño en múltiples trabajos, ingratos muchas veces, mal pagados por lo general y, por supuesto, carentes de cualquier tipo de acreditación artística.

 

 

  Baqueteado y exausto pero ya bien entrenado, de Belter pasa a otros sellos catalanes: Arregla en Edigsa Eps para Rosmi o Gloria (este ultimo gracias a la recomendación de su mentor Antoni Ros Marbá, compositor del debut de Gloria) y de allí pasa a Vergara, donde incluso publica un Lp a su nombre (“Hits de España”Juan Luis Moraleda y su Combo Pop,1970), disco con un repertorio de adocenados éxitos del momento entre el que destaca una palpitante versión instrumental del Whole Lotta Love zeppeliniano.

 

En 1975 entra como director musical del Estudio de Daniel Carbonell, sito en Barcelona y especializado en la realización de Jingles publicitarios o música de libreria, territorio fértil en una época donde el desarrollismo consumista es de incipiente interés. Lo hará sustituyendo a otro de los personajes claves de la cara oculta de la música popular, Francesc Burrull, embarcado éste con urgencia en una larga gira como pianista de Joan Manuel Serrat. En los Estudios Carbonell desarrolla su labor como ideólogo y compositor musical, ejerciendo con maestria la síntesis sonora que relacione al producto con la modernidad hasta su fin ultimo, provocar la perentoria necesidad de consumo. Tal y como relata, trabajaban con rapidez, por lo general dotados de presupuestos generosos (sobre todo comparados con los que contaban en Belter, Edigsa o Vergara) y bien equipados técnicamente. Afortundamente existe un raro vestigio fonográfico de esta actividad, un Ep editado de manera promocional en el sello Ticano, prácticamente inencontrable, asunto que el disco que tienen ahora en sus manos intenta reparar en la medida de lo posible. Una cita en su bonita portada atribuida a Tony Schwartz -teórico publicitario y pionero sonoro- define de manera certera y sintética el objetivo a conseguir; … Lo importante no son los efectos de sonido sino los efectos de estos sobre la gente …

 

Una selección de los mejores de ellos son los que ahora les presentamos: Campañas para compañias de diverso pelaje; Refrescos, calzado, cámaras fotográficas, espirituosos o automoción (La campaña para Simca, una amable y escueta pieza de suave Musica disco, por ejemplo, obtendría el Premio especial de la Asociación de medios publicitarios de España).

 

 

 La música elaborada es directa, concisa, dotada de pegada y repleta de licks y señuelos con la coartada de la modernidad siempre presente; Aquarella, quizás la mejor de todas, oscila entre una marejada de cuerdas y vientos lujuriosos atravesada por un fuzz elocuente. Junto a ellos unos omnipresentes coros femeninos respaldan a una viril voz masculina que repite hasta la saciedad el nombre de la marca comercial publicitada. Ya al final, casi como rúbrica, un cambio brusco, rotundo, nos remite a la partitura de Schifrin para Misión Imposible. Werlisa está trufada por un glorioso wah wah que es puro Blaxploitation (Shaft on my mind) mientras que Kickers es una brevísima y delicada escala musical cosida por un Moog delicioso. Kas y Veterano podrían perfectamente haber sido incluidas, respectivamente, en la banda sonora del enésimo spaghetti western o ilustrar un capítulo de una serie de bandoleros cualquiera. En todas ellas los coros femeninos correrán a cargo de las Hermanas Ros, a quienes Moraleda conocía desde incluso antes de haber arreglado su proyecto en Hispavox bajo el nombre de Grup Estel.

 

   

 Vestigio de una época que ya no será (y que para una gran mayoría nunca existió, al menos no más allá de su subconsciente) este pequeño disco tiene la intención de mostrar una manera de trabajar y de proceder que al menos convendría recordar; artesanal, urgente, con un ojo puesto en la cuenta de resultados y otro en la modernidad, siempre desde la perspectiva propia de la modestia del orfebre. Conminada, sí, a un objetivo claro y evidente, pero sin por ello descuidar el placer del trabajo bien hecho. Consciente de sus limitaciones de supeditación integra al soporte comercial y ajena por tanto a las pretensiones artísticas propias de aquel que persigue la trascendencia. Algo que, paradójicamente, quizás por la suma de todo ello –y de algo tantas veces intangible como el gusto y el talento- en algún instante, breve, acabaría consiguiendo.

 

MARVA BROOME Mystifying Mama / For All We Know (Horse Records, 1970)

 

El otro día conseguí por fin una copia de Les Stances à Sophie y por una de esas extrañas conexiones que cada uno tiene tejidas de aquella manera en su cerebro, me acordé de Marva Broome y de su sencillo “Mystifying mama/For all we know”. Publicado, que yo sepa, únicamente en Francia, es este un single portentoso, de bicéfala perfección. Fue editado por Horse Records (un subsello de Saravah) en ¿1970? y no consta ni en su galleta ni portada, como por otra parte era habitual en los siete pulgadas franceses, el año de publicación. Del mismo modo que, pese a darse por hecha la participación del Art Ensemble Of Chicago (sobre todo en “Mystifying Mama”), se acredite dicha colaboración expresamente en ningún lugar.

Señalaba lo de su bicéfala perfección porque a mi juicio alcanza, en ambas caras (aunque en cada una de muy distinta manera) tal calificación. Mystifying Mama es una andanada de fiero y vigoroso Soul Funk en el que una voz orgullosa e implorante navega en medio de un oleaje ribeteado con la espuma del Jazz espiritual, mientras una sincopada base rítmica, un clarinete distorsionado y una apabullante sección de viento recrearán lo que parece la tormenta perfecta.

¿Qué por qué dato su año de publicación en 1970 y doy pábulo a la presunta colaboración del Art Ensemble Of Chicago? Bueno, aparte de algunas intuiciones y muchas escuchas, estas son las pistas y los indicios;

A) Sabemos que The Art Ensemble viaja a París en los años 1968/70. Allí son rebautizados como The Art Ensemble of Chicago, y tienen como base de operaciones el Théâtre des Vieux Colombier, en la zona de Saint Germain, donde se convierten en algo parecido a la banda residente.

B) Durante ese espacio de tiempo grabarán tres Lps para el sello BYG, ademas de la citada Banda Sonora de Les Stances à Sophie en el sello Pathé (con la voz de Fontella Bass, mujer de Lester Bowie en aquel entonces) y de colaborar con Brigitte Fontaine y Areski en su Lp  Comme à la Radio  publicado por Saravah.

C) Marva Broome es, digamos, de la pandilla. Asidua de Lester Bowie, de Roscoe Mitchell, de Malachi Favors, de Joseph Jarman y de Don Moye es también algo así como la protegida de Pierre Barouh (dueño y fundador de Saravah ) y amiga de Barney Wilen, con quién colaborará en su formidable Moshi , un más que recomendable disco doble (hace poco reeditado) que recoge su experiencia vital, tras un largo viaje a Africa, y en el que aúna de manera fabulosa Avant Jazz, música africana, Folklore y experimentación (Zomzibar, por ejemplo, es una hermosa muestra) 

D) Aten cabos, pinchen en los enlaces y escuchen Mystifying Mama. Creo que ya pueden formarse opinión.

 

 

Y ahora, si me permiten, démosle la vuelta. Su cara B, es, en gran parte, todo lo contrario. Yo lo resumiría como el epílogo perfecto, la calma tras la tempestad. “For All We Know” es una versión de la canción ganadora del Oscar de 1970 (No confundir con la clásica de Coots/Lewis que, por ejemplo, Nina Simone  bordaría) cantada por un tal Larry Meredith e incluida en la película Lovers and other Strangers. Con música de Fred Karlin y la letra de Robb Wilson y Arthur James (que no son otros que Robb Royer y Jimmy Griffin de Bread, quienes aquí firman con seudónimo por problemas contractuales) sería popularizada en el mundo entero por la versión que harían The Carpenters al año siguiente, aunque uno tiene una debilidad especial por la versión de Astrud Gilberto en castellano. Marva Broome la reviste de melancólica belleza, clásica y extraña a la vez, sujetada su voz entre un piano omnipresente, de cadencia hermosamente perezosa. Junto a la voz y el piano, la sección de viento, brisa aparentemente tranquila a punto de explotar, y que acaba confiriéndole una orgánica y cadenciosa elegancia. Algo así como una habitación completamente patas arriba en la que todo está, misteriosamente, en orden, con sentido.

Demonios, ahora mismo no pondría la mano en el fuego asegurando que la banda de acompañamiento en “For All We Know” no sea también, en un modo digamos relajado los mismísimos The Art Ensemble Of Chicago