SINGING CABALLEROS. Señores que cantan

CABALLEROS DEF

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Singing Caballeros, o, lo que es lo mismo, señores que cantan. Señores de trayectoria y carrera, en el mejor de los casos, subterránea. La serie B del pop en castellano perpetrada con tanto voluntarismo e ilusión como atropellado hedonismo, y qué, sorprendentemente, en algunas contadas ocasiones, acertaban de pleno. Olvídense del discurso petulante y de las enciclopedias. No esperen que sus cronistas de cámara les presten la menor atención. De paso, una vez puestos, den gracias por ello. A saber que desacato nos brindarían. Lo que encontraran aquí serán asuntos más vastos y, también, inevitablemente, más bastos.

Francisco de Miguel, Nacho, Dimpol, Antonio, Juan Pablo, Santy, Marcos, Leandro, Blume, Goyo, Tito Martín, Dany Roy, Marco Antonio … nombres que, descuiden, no tienen porque decirles nada, pero que sin embargo tocarían el cielo en desperdigados 45s publicados generalmente por sellos de tercera que respondían por Spiral, Benzo, Palobal, Ana… Carne de saldo para aquellos que pasamos el tiempo hurgando en las escombreras musicales. Aunque no sólo sucedería ahí. En una época todavía imbuida de cierta ingenuidad, los sellos grandes, disparando a discreción sin importarles la diana, jugarían al porcentaje con el acierto. Lo más gracioso de todo es que lo que ellos solían considerar como errores, solía también ser plenos para éste quién suscribe;  Junior, Julian Granados, Tony Ronald, Nino Bravo, Palito Ortega o ¡José Guardiola!, por nombrar a algunos incluidos en este primer volumen, también entrarían en el reparto de naipes, siendo, además, regalados con las mejores cartas. Nótese, detalle interesante, que siempre imbuidos de un aire soulero; vientos, metales, voces poderosas. Detalle, conviene recordar, con el que el pop en castellano del cambio de década de los sesenta a los setenta, siempre fue extremadamente generoso.

Una última cosa -y aquí interviene tanto el viaje como el destino, una elección personal en cualquier caso-, suelen ser sencillos que cuestan por lo general lo mismo que una caña bien tirada. Pero que valen -que me lo pregunten a mí, repitiéndome por enésima vez- tanto como el mejor champagne, como el mejor escocés. Gloria bendita.

Ah, en cuanto a lo del subtitulo no hagan el menor caso. Más asunto vinculado al deseo que a la realidad. Todo aquel que se pase por aquí con relativa frecuencia ya será consciente de alguna de mis múltiples taras.

JOSE GUARDIOLA Amor escondido / FRANCISCO DE MIGUEL Te quiero solo atí / TONY RONALD Baby, me has perdonado por fin / SANTY El filtro del amor / ANTONIO No hay tiempo para llorar / DIMPOL No dejaré que te vayas / JUNIOR Todo porque te quiero / NACHO solo un besito más / MARCOS La gran esperanza / NINO BRAVO Volver a empezar / TITO MARTIN El mundo llora / DANY ROY Catherine / JULIAN GRANADOS No te vayas / HENRY STEPHEN Nuestro grupo / PALITO ORTEGA ¡Hola! / BLUME En mis sueños / LEANDRO Super Jet / GOYO Talk it over in the morning / MARCO ANTONIO Vivo de recuerdos / JUAN PABLO Y comenzó a llover

T.S. BONNIWELL “Close” (Capitol, 1969)

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Sé que ya deben estar cansados, siempre estoy con la misma cantinela. Pero, ¿dónde sino en su propia esquina puede un loco, o un tonto, o ambas cosas a la vez, hablar consigo mismo?. Hace unos meses recuperé “Close”. Lo tenía, como tengo a tantos otros, -mal- aparcado. Hoy también creo que inmerecidamente olvidado. Uno da para lo que da. Fue colocarlo en el plato, escuchar el piano, casi una caja de música, de “She is” (Sí, comencé por su cara B, no sé bien por qué) y recordé de inmediato todo aquello por lo que me fascinó en su momento. Pero curiosamente, sobre todo, vi claros los motivos por los que tan pronto lo olvidé. Creí darme cuenta de que, salvo que uno sea un monstruo o un impostor,  era lo natural. Que no tenía porque haberlo sabido ver entonces. Veintipico años, ustedes ya me entienden. Había llegado hasta él obsesionado por toda la furia y la chulería de “Talk talk”, por su misterio y también por su liturgia. Y aquello era otra cosa. Era intimidad y ensoñación, era romanticismo y melancolía. Era … casi cualquier cosa. 

Ay, disculpen. Estoy hablando de Thomas Harvey Sean Bonniwell, el líder de los Music Machine, y de su Lp en solitario. De “Close”. Tras no sé cuántos años por fin creo haber descubierto el sendero que me permite hoy poder apreciar sus errores -que los tuvo- pero, sobre todo, su grandeza. Es un disco que habla de nosotros. Sí, esta también el tono acústico (aunque contase con los arreglos orquestales de Vic Briggs), la evocación de las cuerdas, la voz implorante, tantas y tantas cosas: Pero, sobre todo, nos esta describiendo.  La necesidad de recordar y el dolor provocado por ello, con los coros espectrales de “Who remembres”, el folk y la música medieval surcando la ilusión y el desamparo en “Something to be” evocación de su infancia, de cualquier infancia en realidad. El tono nigromántico, desesperado, casi más propio de una película de terror, unido a la celebración de la soledad  de “Black snow”. La música étnica -sí, étnica- en “Continue” con su poética tosca y gélida, esa que narra las vicisitudes del último hombre vivo. Un disco ambicioso y también fallido, sin pies ni cabeza y que, precisamente por ello, tiene todo el sentido del mundo. Ya saben, la música muta y nosotros con ella.

De entrada les pediré un pequeño favor a la hora de sumergirse en él. Les suplico que se olviden del cuero, los cisnes y guantes negros de la máquina de música. Que ignoren al fuzz y el arrebato casi adolescente. Pero también les pediré que dejen, eso sí, todo lo turbio, el melodrama, la grandilocuencia y no, no se rían, la pretensión de ser un crooner psicodélico. ¿El resultado? algo abracadabrante, estupendo, bizarro en el sentido apropiado, extraño, raro. También decadente. Imagínense a una especie de Scott Walker rústico, bastante menos sofisticado, sin la maceración intensiva en Brel ni lecturas de poesía romántica. Quédense con el gótico rural americano, la canción standard popular (gloriosamente) mal entendida de alguien cuyo concepto de eso es algo con un punto enfermizo, demente, ampuloso, gozosamente imaginado e inventado. Unan a esta torpe definición algún eco del psico drama interior del P.J.Proby más exagerado y esbozos, aquí y allá y según sus propias palabras, “De Neil Diamond imitando a Johnny Mathis. Pero claro, háganlo desde el prisma de alguien que sueña, pretende triunfar con todo eso. Bendita locura.

 

JACK HENDRIX Tchikbaams ep (Barclay, 1967), Sugar and Spice (Barclay, 1968)

 En 1967 Jacques Hendrix ya era un músico veterano. Uno más de los asimilados casi a la fuerza, desde finales de los años cincuenta, a los nuevos sonidos. Deambulaba entre los ritmos del momento apostando en el casino musical al twist, al loop, al climb y al rock and roll. Dando palos de ciego a ver si saltaba la banca.

 Pero ese año algo parece hacer click en su cerebro. Se libera de los corses oportunistas que le hacen funcionar a piñón fijo y puestos a serlo decide tirar por el camino más hedonista, aquel que más le place. Junto a sus habituales músicos recluta a un grupo de voces femeninas que le sirvan de atrezzo y cimenta su aventura en una par de voces que doten de ligereza y vuelo a las melodías que pretende publicar; son Françoise Walch (dueña de una etérea y ensoñadora voz clara que había servido de contrapunto a la más lineal de Moustaki en la inolvidable “La Méthèque”) y Jean Stout, cantante y actor de doblaje, con su voz profunda e inolvidable. Pirotécnias vocales balanceándose entre lineas de soprano flotantes e inmersiones en la profundidad de la voz tenor. La mezcla perfecta de levedad y escapismo.

 El primer intento será con el apelativo de Jack Hendrix Tchikbaams, un ep publicado chez Barclay en 1967. Cuatro canciones que juegan con los Scat vocals, el musical y el groove, lo pegadizo y banal y que, tal vez por esto último, por su falta de pretensiones, deviene en algo perdurable, evocador y bastante adictivo.

 

 

Al año siguiente la maquinaría ya se halla perfectamente engrasada. Con el rodaje adquirido se atreve con un Lp. Lo llamará “Sugar and Spice” y lo publicará bajo el nombre de The Jumping Jacques. Se nota un mayor refinamiento y mayores medios pero sobre todo se abre el campo musical; Brasil, las bandas sonoras para peliculas de evasión, el jazz y groove más inofensivo junto a una profunda, incontestable alegría de vivir. En “Through a brazilian jazz forest” Françoise Walch juega a ser Edda del Orso en “Playa sin sol”. Copacabana pasa por la costa azul y el dolce fare niente se instaura como filosfía de vida. “Love me now” es puro exploito sin pretensiones, pirotecnias con el beat de batería y el acompañamiento de la voz de Stout que son los cimientos sobre los que se construye el recuerdo de lo idealizado. Fuera el stress y las preocupaciones. La estética por encima de cualquier ética. Los momentos felices y ya está.

Así, sin solución de continuidad, de “Sugar and spice” hasta “Offbeat fugue”, todo es pura celebración. El título de una de las canciones, tal vez sin pretenderlo, es síntesis evidente de lo que sucede mientras lo escuchamos; “Somehow i feel i must be dreaming”. De alguna manera nos sentimos como si estuviésemos soñando. Es la apoteosis del instante porque sí. “Gossip and chatter” nos lleva a Sergio Mendes y sus Brasil’66, “Let them eat cake” (tremenda proclama underground, pardiez), “Mississippi Mischief”… parecen los engarces de una joya deslumbrante pese a que sea bisutería. Un eslabón más de la memoría de un tiempo que ya nunca será.

LOS CHEYENES He perdido este juego

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 Resulta hoy evidente que los barceloneses Cheyenes trascendieron el Print the legend fordiano. Esa máxima que señala que cuando los hechos se convierten en leyenda, es esta última la que perdura. Con ellos hechos y leyenda se fusionaron, con el paso del tiempo, hasta convertirse en un único y mismo asunto. 
 

En aquella época todas las discográficas, despistadas pero no ingenuas -los grupos firmaban por varios años, les entregaban todos los derechos editoriales- andaban tras la pieza que pudiese procurarles su tajada. Era el tiempo de Los Brincos. El coste de la prospección solía ser ínfimo, imprevisibles los resultados pero magra la recompensa. Algunas veces se disparaban al pie o no lograban el rédito esperado, algo, por otra parte, amortizado de partida para quién decide jugar al porcentaje.

Los Cheyenes fueron una especie de ovni en un parque aéreo repleto de aviones cochambrosos. Imagen chulesca, desafiante. Inmediatez y curiosidad. El ansia de comerse la vida y de no permitir que ésta les devorase a ellos. El retazo inspirado frente al perfeccionismo concienzudo. Reflejo y constancia de una realidad incompleta, en creación, y precisamente por ello verdadera. Jóvenes airados con un repertorio influenciado por el R&B blanco. Cuatro casi adolescentes del Poble sec, los hermanos Roberto (cantante y guitarra solista) y Joselín Vercher (bajista, coros), más José María Garcés (guitarra rítmica y coros) y el baterista Ramón Colom (ex Flaming Stars, el único con experiencia previa) a quienes la industria suponía perfectamente domesticables. Firman por RCA tras su actuación en un festival, agradecidos a Pedro Heredia -cazatalentos local y posteriormente su manager– y en parte despechados hacia el resto de compañías que previamente les habían rechazado; Belter, Vergara, Emi..

 

Debutan en 1965 con “Válgame la Macarena”, una canción de aire racial a la estela de “Flamenco” firmada por un compositor de la casa (Jorge Domingo) y lo más parecido que tendrían jamás a un hit. Su salvajismo y primitivismo la rebosa por todas partes. Es el tema estrella de su primer ep (RCA Victor 3-20921) completado con “Ven ahora”, una rudimentaria y anfetamínica version de los Kinks (“Come on now”), otra canción firmada por Jorge Domingo, más beat (“No me esperes”) y una composición propia (“Lloré por ti”). Se adivinan las costuras de algo grande, único, aunque la carencia de medios y la precipitación en ubicarlos en el negocio no les ayudan en demasía. Tampoco su acusado carácter indómito; Intentan rentabilizar el episodio censor que les impide aparecer en TVE, al negarse a cortarse sus melena, con una parodia de dicho suceso que provoca atascos en la Gran Vía madrileña, frente a los estudios de Radio Madrid.
Ese mismo año publican un segundo y fantástico ep (RCA Victor 3-20952). Todo está perfectamente ensamblado. Ya desde su portada, con  sus rostros en blanco y negro en primer plano, semejando zombies narcotizados, poseídos, con los hermanos Vercher haciendo gala de un hirsutismo unicejo. Con solo darle un vistazo se advierte que son otra cosa, ajenos al acicalamiento y lo inofensivo, en absoluto controlables. Dos soberbias canciones propias (“Conoces el final” y una especie de reverso previo del “Fuera de mi corazón” que los Salvajes harían en 1967 titulada “¿Por qué te fuiste?”) junto a una versión de los Hollies, probablemente vía The Guess Who (“Y olvídame”) más otra composición de Jorge Domingo “Devuélveme mi corazón”. Un disco redondo que conforma la perfección de la inmediatez y la pulsión de lo indómito. Energia y rabia. Un fuego fatuo, volátil e inextinguible, combinación ganadora mezcla del ingenuo arrebato y la iracunda juventud.
 

1966 lo abren con otro disco perfecto, el single “He perdido este juego / Tú no llegaste a mi” (RCA Victor 3-10153). La primera, punk avant le punk, es pura adrenalina adolescente. Decca stoniana; Certeros riffs de crudo R&B, metronómica base rítmica y la sorpresa de esa armónica maliciosa hacia el final. La segunda, de guitarras refinadas, elegantes, muy Byrds, casa folk rock melancólico con eso que hoy viene a llamarse popsike, logrando domesticar por momentos al ruido aunque no a su furia. Porque esa era otra de sus virtudes y no menor. Una vehemencia convincente, ni predispuesta ni forzada, sino natural, lógica.

Un tercer Ep (RCA Victor 3-21000) finiquita su mágico 1966. Autores ya de todos sus canciones, tal vez sea el más honesto y fidedigno resumen de lo que son y no están dispuestos a renunciar a ser. Las -casi con toda probabilidad- últimas voluntades de un prodigio irrepetible que duró dos años. La suma de coherencia vital y artística, de rigor, talento y tozudez iluminada que sólo se da en breves periodos de la vida. Algo raro e inusual en cada una de sus condiciones por separado y de todo punto extraordinario cuando coincide perfectamente ensamblado, siendo una única cosa…

“No pierdas el tiempo” toma el riff inicial de “Ticket to ride” y lo traslada a la playa de la Barceloneta. La enésima -y sublime- revisión del amor adolescente, en esta ocasión hablando de la redención a través de la renuncia. Guitarras elegantes conversando entre una base rítmica precisa. “Bla, bla, bla” en cambio es rhythm and blues fiero, sincopado, trufado de gritos, electricidad y lamento. La ductilidad no está reñida con el nervio. No en ellos…

 

Tal vez ahí deberían haber echado el cierre. Dejar huella indeleble. Sin concesiones. Deserciones, el malhadado servicio militar, desencanto… la vida, ese acreedor usurero que siempre cobra su peaje. El paso del tiempo rompiendo de nuevo el enésimo conjuro. Todavía editan otro sencillo (“Borrachera / Siguiendo el sol”) (RCA Victor 3-10226), ya sin Roberto, suplido por un nuevo guitarra solista y un nuevo cantante. La primera es casi un chiste -malo- indigno de ellos. La segundaes una fallida tentativa psicodélica por la que uno siente inexplicable simpatia; El reverb inicial, el phasing, el tono melancólico que la impregna, los arreglos de cuerdaa, los coros etéreos …un momento… ¿Fallida?… ummmm … Roberto Vercher regresará en 1968 pero para entonces el otoño cheyene es ya inexorable. Implacable.. 

ANDY WILLIAMS "Holly" (CBS, 1967)

Golden sun is rising in the sky
Emerald birds glide through a rainbow as they fly
Bringing beauty Holly enters my mind.

Where the crystal ocean finds the shore
Diamond waves reflect the love we shared before
Through the silence Holly enters my mind.

All alone as I walk by the sea
Thoughts of Holly are my company
For she calls to me with each shining ray
With each season’s change
With the sun and the sea and the sky she remains.

Though the world must take her far away
On a velvet wind she comes to me each day
When I’m lonely Holly enters my mind
When I’m lonely Holly enters my mind

Leyendo el último Ugly things uno ha descubierto -sí, así soy yo, a estas alturas- que la canción de Andy Williams que siempre me volvió loco, incluida en su sensacional disco de 1967 “Love, Andy” y titulada “Holly” (una canción que me cuesta no imaginarla cantada por el Scott Walker de “Sings songs from his T.v. series” ) está firmada por Craig Smith, un tipo con una novela a cuestas. Tampoco es cuestión de contarla aquí (para eso mejor que lean el extensísimo y estupendo articulo de UT)  pero sí me atrevo a recomendarles todo lo que lleve su firma; su obra en 7″ junto a Chris Ducey  como el dúo de Psych sunshine Chris & Craig, su continuación, ya como cuarteto (aunque basicamente un proyecto de ambos, Smith & Ducey), su proyecto como Penny Arkade (editado por Sundazed) o esos dos discos río (u océano, como prefieran) llamados “Apache” e “Inca” ya con su nueva reencarnación, Maitreya Kali.

 

Psych Folk Cósmico, por jugar a las etiquetas.


 

PLAYLIST "Claro, no da una…"

Se me ha ocurrido subir esta lista. Casi una hora de tonadillas predispuestas al jolgorio y la diversión entre auto inculpaciones de ludopatía (“Yo nunca bebo ni fumo cigarrillos, me gasto el sueldo entero con el juego y no sé ganar”) y someras y lúcidas descripciones del paraiso (“Es un casino donde sirve un chino, bailan el mambo, cantan rumba y samba, le dan al tango, cantos y bolero, también al rock…”).

Valor -mucho- y osadia -más aún- a cargo de Nelo para rebautizar como surf a un twist trufado de ¡pizzicato! y salir airoso y con nota del empeño. El infalible Titán Bruno con sus rockeros y la precisa y salvaje guitarra de Pipo Cortés. La apología del Hully Gully, de la Exótica y del Mambo aquí y allá. Cha cha chas adictivos hasta provocar síndrome de abstinencia cortesia de los Albinos o de Antoñito y sus imperiales. Salvajadas de Screamin´Jay Hawkins y su revisión sesentera del “I put a spell on you”. La redefinicón de lo cool chez Curtis Knight avant Hendrix y el epítome de lo pizpireto e irresistible gracias a Paul Anka o Nancy Holloway. Porque “Noche en la ciudad -sábado-, gente que viene y que va -sábado-, tengo un billete de mil -sábado- y chica para salir…” se me antoja una de las reflexiones vitales más profundas que en este momento soy capaz de recordar.

 

"SILHOUETTE SEGMENTS". Narrated by John Rydgren, host of silhouette


Aunque no sé si afortunadamente o no, he acabado por advertir que cada vez termino preguntándome menos a menudo si es el mundo o soy yo. Digamos que tengo -y ya era hora- más o menos claro que soy un bicho raro, orillado. Que circulo por un lugar donde lo hacen aquellos ensimismados o perdidos en sus fantasías. No pretendo darle ninguna pátina de excelencia a este hecho -obviamente porque no la tiene, muy probablemente sea todo lo contrario- ni tampoco adornarlo con el cinismo habitual de efecto placebo con el que solemos protegernos. Quiero decir que lo que he acabado por advertir de una manera creo que razonable, es que -como cantaba Parade– jamás seré feliz. Al menos no lo seré, desde luego, del modo acaso un tanto infantil, vehemente, hambriento -sí, iluso también- que siempre he perseguido. Que finalmente he asumido que rige hoy, desde hace ya bastante tiempo, en realidad desde siempre, un tipo de canon estético, un orden de prioridades vitales, que se aleja sin remedio de mi sentir y de la manera en que uno entiende la vida. Welcome to the club parafraseando ahora a Nat King Cole..

 
  Así que una vez plastificado -y en el interior de la cartera para siempre ya- mi DNI de discapacitado emocional, mi tarjeta de miembro de dicha sociedad secreta, Club voyeur platinum,  firmemos un momentáneo armisticio. Aceptaré de una vez por todas que soy un mirón que nunca se detendrá a observar aquello que interesa a tantos. Tal vez porque quieran ellos ver demasiado, demasiado pronto. O quizás porque no sepa yo mirar más que a una sola cosa. Poco a poco. Que necesite tiempo. Sea lo que sea ya no me cabe más que admitir que al final uno es un poco cómo lo miran, sí, pero también que uno no puede ser más que cómo mira.

There she goes. High boots, hipster mini skirt. Brief, very brief. She’s neat, her teeth heads up to swiming glear. Wiiiiild. I think she likes to be watched, and everybody’s watching. There’s something special abouther. She’s got an image. Check the face, lipstick cleans, it’s creemy. Eyes couldn’t be much bigger. Hair long, straight, shinny, kind of glory is. Looks like she’s ready for a happening. Watch that girl and check this art. They say God created people in the beginning of things, girls included. Quite a design, God made it. You might think about that the next time you’re watching a girl. Not to take the final of it just next girl watching. Me more…”
 
 
 Divagaciones hip de cristiano proselitismo, pasajes bíblicos con regusto beatnik, Spoken words a-laKen Nordine, rutina e inmersión extravagante de lo más normal. La certeza de estar impelido a una misión inútil, la capacidad de sumergirse en las ciénagas más hediondas con una imborrable sonrisa. Sí, con cara de tonto. Pescar en río revuelto. La duda habitualfrente a la gota malaya de la certeza. Calando. Combatir al enemigo desde dentro, con sus propias armas y en su propio mundo. Un mundo en el que las cosas son siempre tal y como deseamos, donde hay respuesta para todo. La comodidad cauterizadora e insuperable de la fe. Y aunque vestida con diversos ropajes, siempre la misma en esencia: disciplinada, incuestionable, acogedora, reparadora, ciega. Toda guerra mundial comienza siendo batalla de trincheras. Metro a metro ganadas, conociendo al adversario, poniéndose en su lugar, jugando en su terreno. Heroicamente. Sin cuartel.
Are you ready to move out in style?, are you ready for all the luxury one big swing and world can offer?. Are you ready?. Then go, dig it out. And if you think you can make it on your own then swing with it. But you might decide you don’t wanna go on your own, you might want some help from… him. You know the one.
 They say you can’t really move out in style without him anyway, until you move out in style of life he created for a man in the beginning of things. You know, God, a man, working things up together.
 They say Christ came to make it possible, They say Christ came to introduce a person to God style of life… How about that”
 
 El Reverendo -o Pastor, o Hermano, como quieran- John Rydgren fue el director de un exitoso programa radiofónico de la Iglesia Luterana evangelista de América. Ahí es nada. Un tipo que parecía el resultante salido de una probeta en la que hubiesen introducido el ADN de Spyro Agnew, Hugh Heffner, David Axelrod y Walter Matthau. Alto y delgado, con gafas y pelo corto, de impecable raya al lado, abrigo y corbata, su aspecto era todo lo opuesto a lo que salía de los altavoces. O al menos lo parecía. Él tenía un plan. De voz adictiva, gruesa pero tremendamente elegante, aterciopelada y profunda (una mezcla imposible de las de Lee Hazlewood y Ken Nordine), ésta se hallaba siempre medio tono por encima de lo desagradable, en ese limbo irresistible que atrae y atrapa.
 
 Originalmente publicado en formato doble, “Silhouette segments” recogía material de su atractivo híbrido de homilía y seducción que era su show radiofónico (“Silhouette”). Psicodelia de púlpito, baratijas del flower power y efluvios de psych rock. Something’s in the air. Que no se escape. Con una descacharrante portada que combinaba -no sé todavía si con hermosa desfachatez, erróneo criterio o ambas cosas a la vez- la estética psicodélica con el discurso hippie y una contraportada con lozana minifaldera al canto, el disco es, como recitaba Jim Backus,(a.k.a. Mr. Magoo“delicious”

 

 

¿Y la música?, se preguntarán. Algo sorprendente, créanme. Un batiburrillo de referencias, una idea simple y genial. Casi un proyecto de la CIA para dinamitar desde dentro el sindiós en que aquello se estaba convirtiendo. En apariencia un mero gadget tramposo que, sin embargo, combina y mezcla de una manera exacta.  

 
  El plan de choque era sencillo. Muy ocurrente también. Reflexiones que iban de su peculiar percepción de lo mundano a una especie de manual de filosofía del acid-head. Bueno, tal y como el la entendía. Sexy, hipnótico, divertido. Asombroso, funcionaba. Diatribas y consignas para la juventud moderna, para los hippies, utilizando su mismo argot, mostrándose enrollado. Cool. Hip. La semántica -y los miedos- como arma. Nada sutiles comentarios que hablaban de Dios y toda la filosofía barata bien intencionada adyacente. Secta y hermandad. Idealismo narcótico y tramposa realidad. Cada una de las píldoras lanzadas para captar al mayor número de incautos posibles, un discurso de spoken words entre acarameladas melodías a la moda, éxitos de los sesenta en el imaginario de las mentes en construcción. En destrucción según su opinión. 
 
 
Search it out fast rider man, put it in the search man. Search it out little one, look inside girl, search it out.
Search it out girl. Watch up to the train, watch up to the elephant, watch up for the trip. Search it out. 
God has a good things man, you can sit down (i believe the answer is christianity and other’s Christ), reach out, find new skippers. Search it out.”
 
Con su hipnótica voz en primer plano, gobernando el experimento, “Silhouette Segments” probablemente sea uno de los discos pioneros en el arte del sampleado. Un disco que toma de aquí y de allí, usurpando, absorbiendo, terminando por hacer suyas instrumentaciones, músicas incidentales y melodías en boga. La cruzada desde dentro. O eso parece pretender. Los Surfaris y su “Wipe out”, “Yep” de Duane Eddy,  la visión del “Kyrie Eleison” por los Electric prunes, The Ramsey Lewis trio, el Benny Golson de “Turn on turn in”,  los Tijuana Brass de Herb Alpert. Un verdadero hacha el disc jockey/productor, de verdad. 
Tantas y tan distantes cosas que finalmente acaban por conformar un todo robusto; Psychedelic rock y surf, Easy listening y White Jazz, Hipsters y Spoken words. Anuncios y falsos documentales, la estética sixties inyectada en vena. Y de entre toda esa extraña melangé unos titulos con estilo, impactantes, perfectos: “Hippy version of the 23rd psalm”, “Groovin on a saturday night”, “The Lord is my shepard”, “Move out in style”, “Dark side of the flower”, “Search it out”… 
 
 El disco no tendría una edición comercial, en gran parte debido a los problemas de licencia y derechos derivados de los innumerables samplers que en él habían. Y en parte, seamos sinceros  porque no interesaría a nadie medianamente cuerdo. En cambio si que fue distribuido por las emisoras de radio, difundiéndose ampliamente, incluso en Vietnam, donde acabaría por ser un trasunto casi eucarístico, entre los encuentros con el amigo Charlie y el olor Napalm, entre aferrarse a la vida muriendo cada día. Fascinating picture

Señorita, que estoy doblao…

  …Si yo fuera fuerte y tenaz cual torre feudal, me iría de ti, después de decir;
    -“Ya no te amo, no te quiero, no me importa tu querer”
      Pero torre feudal, aunque quiera, no puedo ser…