BLUE EYED SOUL SPECIAL Never a time PLAYLIST

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BOBBY HANNA Everybody needs love
LEVY & FINKELSTEIN Never a time
THE SECOND GENERATION Ready or not here i come
THE CHOCOLATE WATCH BAND What’s it to you?
EDENTREE Call my name
JOE HARRIS Along comes pride
THE GRASSROOTS Temptation eyes 
THE TROPICS Time (Take the time)
THE BUCKINGHAMS Why don’t you love me baby?
THE BOX TOPS Everytime
BOBBY GOLDSBORO It’s too late
THE IN CROWD When in the world
BILL KENWRIGHT Tiggy
TRINI LOPEZ Takin’ the back roads
THE CROWNS Since you’ve been gone
TEDDY NEELEY Magic touch
FRANKIE VALLI & THE FOUR SEASONS I make a fool on myself
THE BUCKINGHAMS Don’t you care
ENGELBERT HUMPERDINCK  Take my heart
MARK ERIC We live so fast
Bonus track
 

Blancos intentando sonar negros. Eso, en esencia y de manera muy escueta, es lo que viene a llamarse Blue eyed Soul. Algunos señalarán, de manera muy atinada, que también sucede lo mismo, por ejemplo, en el rock and roll. No me queda otra que asentir. Intentemos entonces ser un poco más especificativos. Blancos, de vertiente eminentemente pop, con inclinación a incorporar las raices en su música. Raices, obviamente, negras. De una manera más o menos frugal, atemperada, dulcificada si quieren. Pero con ecos y resonancias de indudable procedencia.

 Blancos, niveos especímenes atrapados por el espiritu del rhythm and blues, espoleados por el fenómeno Motown y, en menor medida, de Stax, acaso por ser este sello menos pop, más asentado en las raices digamos puras, pese a su ímpetu indiscutible por trascender y triunfar en un negocio gobernado por los blancos.  Blancos dando su versión de la vertiente más amable del soul, esa faceta atornillada en el pop y de una ligereza natural e inmediata. La única, quizás, a la que podían meterle mano y salir más o menos airosos del envite.

Por supuesto que también habían voces enormes, con un profuso andamiaje  y referencias varias. Préstamos de aquí y de allá; del Southern soul, del beat menos militante, del pop más abigarrado. Un escalón más en ese concepto para algunos antipático llamado mestizaje. Una alquimia tan sugerente cuando se hacía de manera apropiada como fallida e incluso molesta si los ingredientes aportados no se combinaban en las dosis apropiadas.  Talentos descomunales que podían -los menos de las veces, seamos sinceros- sostenerle la mirada a sus modelos. En ocasiones cincelados en la melodía definitiva, otras en la lírica más adictiva, generalmente en voces que jamás diríamos capaces de salir de esas gargantas. Raramente en todos ellos a la vez. Blancos que sin advertirlo quizás hicieron más por la integración racial que los más honestos, sinceros y cabales de los activistas, llevando esas epístolas de tres minutos conformadas por toboganes de emociones, melodias irresistibles e instrumentaciones in crescendo hasta el más común de los hogares. 

 Blancos en definitiva que homenajearon a la negritud disfrazándola de accesibilidad y dotándola de la visibilidad total, absoluta, normal. Camuflando el miedo a lo diferente mientras lo vestían, insisto, de normalidad

Blancos que le otorgarían carta de naturaleza y qué, a veces inconscientemente, a veces de manera perfectamente intencionada, confirmarían la victoria incontestable de la fuente original. Daba igual tanto que fuesen adolescentes en busca del ansiado Olimpo que viejas glorias en pos de la enésima reinvención. Daba igual que fuesen segundones impenitentes tras el milagro imposible o ídolos de masas empeñados en no perder comba. La suerta ya estaba echada.

 

  Así pues me atrevo a mostrales unos cuantos ejemplos, todos -creo- imbuidos de las filias y fobias que uno atesora y por los que también uno, blanco, -permítanme señalarlo-, siente sincera devoción.
 
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