AUGUSTO ALGUERÓ Tuset Street BSO. ( Polydor lp, 1968)






La calle Tuset de Barcelona es una calle pequeña situada entre la travesera de Gracia y el Paseo de la Diagonal que a finales de los años sesenta llegaría a convertirse en símbolo de la modernidad barcelonesa y cuartel general de la gauche divine. Una especie de trasunto a la catalana -y salvándose las distancias que se quieran- del Carnaby street londinense

 Antes de adquirir ese pequeño estatus un joven director de la escuela de Barcelona llamado Jordi Grau barruntó una idea extravagante; Combinar sus recuerdos del Paralelo -de El Molino principalmente- con ese incipiente oasis de modernidad que se oteaba. Para tal empresa se embarcan a lo largo de la odisea que sería su rodaje una serie de personalidades cuanto menos opuestas. Dos ejecutivos de Suevia films (El responsable de producción de Eduardo de La Fuente y el observador y jefe de compras Alfredo Escobar), el antaño jefe del comité de intelectuales del partido comunista, el realizador, guionista, crítico y promotor cinematográfico Ricardo Muñoz Suay, el guionista Rafael Azcona, la súper estrella Sara Montiel, su abogado Fernado Vizcaino Casas y el propio Jordi Grau.


 La idea del director es interesante. Pretende que partiendo del mito de Don Juan (retratado como un tipo elegante, irónico y culto) y desde unos presupuestos europeos se retrate la Barcelona más moderna. Ricardo Muñoz Suay y Rafael Azcona se encargan del guión y casi todos sus amigos de la Escuela de Cine de Barcelona se involucran (Jacinto Esteva, Joaquín Jordá, Carlos Durán…). Pero pronto los ejecutivos sugieren la inclusión de Sara Montiel como estrella de la película, proposición que a Grau no seduce en absoluto. Pese a sus reticencias se entrevista con la estrella y finalmente accede a las presiones. Según cuenta él mismo en sus memorias “Confidencias de un director de cine descatalogado” (Calamar ediciones, 2014) en un principio las cosas marchan más o menos bien pero pronto comienzan a existir tiranteces que llegan a un punto de no retorno. Grau será despedido y su idea inicial desechada. La película la firmará Luis Marquina.

 En el capítulo “Quién fue quién en la calle Tuset” de las citadas memorias el mismo Jordi Grau narra su odisea con el proyecto con esta conversación con el abogado de la actriz  Fernando Vizcaino Casas;


… Fernando Vizcaino Casas confesó haber tratado de mantener mi presencia en la película, convencido de que había intentado favorecer a Sara mediante encuadres y puesta en escena. Le habían mostrado la proyección de todo lo rodado, como prueba condenatoria contra mi cuando, a su parecer, era todo lo contrario, pero chocaba con una oposición cercana a la histeria que le había obligado a limitarse a su posición de abogado puesto que, en realidad, le habían contratado para eso. De pronto FVC se volvió hacia mi con mirada cómplice:

-Dime la verdad ¿te la has tirado? -preguntó exactamente con esas palabras.


 A mi mente acudieron entonces montones de imágenes y miradas, aquella cama recién hecha y abierta en la habitación del hotel, y respondí sin dificultad:


– No.


La conclusion del irónico escritor y abogado FVC, curtido en más de mil batallas, fue sabia y rotunda:

-No me digas más…”


Vayamos ahora a lo que nos interesa. Dado el volumen y fuste de la empresa no se repara en nada. Se contrata a Augusto Algueró para que componga su banda sonora. Una partitura que en la opinión del que suscribe es lo único verdaderamente digno de ser recordado del proyecto. Grabada en los estudios Landsdownee de Londres, sin reparar en gastos (Algueró era toda una institución musical en España, compositor, arreglista y orquestador de multitud de éxitos), el disco es todo una rara avis en la discografía de la época. Moderno, chispeante, de fastuoso sonido y ciertamente redondo. Cuenta como ingeniero de sonido con John Mackswith competente profesional que igual sirve para un roto que para un descosido (ha trabajado con los Flower Pot men, Peter Sarstedt o The Family Dogg y lo hará en el futuro con Joe Dassin, The Rubettes o ¡Sixto Rodriguez!) y le acompañan como vocalistas principales Phil Trim y Madeleine Bell.  Es una banda sonora cosida de grooves, soul-disco y aires bossa-nova, con una linea melódica recurrente que, dependiendo de la escena que ilustre, contará con su pertinente dosis de vehemencia y ritmo o con la evocación y elegancia requerida. 

 Ya la intro con los títulos de crédito nos hace salivar. “Tuset street (introducción)” es una salvajada de freak soul repleta de vientos, con un bajo apisonadora y coros despendolados. “Tuset solitario”, que cierra el disco, es una nueva toma de la misma canción  y un poco más moderada en su resolución. Lo mismo sucede con “Bocaccio soul” (que sería el single) y “Bocaccio”. La primera con la voz de Phil Trim y la segunda en una toma instrumental.  Mención aparte en el capítulo de grooves merece la soberbia “En el pub”, anfetamínica pieza de baile con hammond a tutiplén y una guitarra final definitiva.


La otra parte de la banda sonora seria lo que podríamos llamar música incidental; la misma melodía tratada de diversas formas, ora con un mellotrón, ora con un friscornio, para iluminar escenas (“Tema de Jordi y Violeta”, “Jordi Borracho”, “Apartamento de Jordi”, “Intimidad”…). Junto a ellas evocadoras Bossas y dos tomas (una en inglés y otra en castellano) del pertinente tema de amor “Solo pienso en ti” / “This lonely heart” a cargo de Phil Trim y que no desentonarían en absoluto, qué digo, refulgirían deslumbrantes, en cualquier partitura de Jerry Goldsmith o John Barry.


 Este país fue lo que fue, de eso no cabe duda. Lo que si sería más que discutible es delimitar lo que hoy es.


Mis películas imaginarias (I) "OPHIS LE SERPENTAIRE" (Dario Argento, 1980).

A los que por aquí suelen pasarse no creo que les sorprenda o moleste este nuevo estropicio. Les hago ya curados de espanto. En cualquier caso vayan mis excusas por adelantado. Comienzo – continuo sería más pertinente ya que uno siempre acaba hablando de lo mismo- una nueva saga en el estudiodelsonidoesnob denominada Mis películas imaginarias. Una saga (Vaya, qué presuntuoso me ha quedado éso, un serial o un folletín tal vez fuese mas ajustado) que no es más que, insisto de nuevo, un juego. Un juego, faltaría más, siempre atornillado en lo musical como no podría ser de otra manera. De hecho sustentado en ello de manera -para mi- indeleble. Películas que me gustaría haber visto o que podrían haber sido. Por supuesto que aderezadas con un listado de canciones o músicas a modo de playlist que en mi ingenuidad y ensoñación considero apropiadas para la temática por mi tan burdamente urdida. Es también posible que estas (las canciones, la película, ambas cosas) les recuerden a algo. No seré yo el que les lleve la contraria, en absoluto. Porque al final no hay recuerdos sino rememoranza difusa, más o menos embellecida con el paso del tiempo, de éstos y también de nosotros.

 Voy pues con el capítulo primero de dicho serial.

 

“Ophis le serpentaire” a.k.a. “Les fantômes du pére lachaise”, 1980.

Director: Dario Argento

Intérpretes: Cheri Caffaro, Cindy Lindberg, Leigh McCloskey

Banda Sonora: The National Gallery, Lubos Fischer, Lara Saint Paul, Yan Tregger, Jean Pierre Mireuze, Nino Ferrer, Jean Pierre Kalfon, Purple Heart, Laurent Petitgirard, Joshua Davis, Vincent Gemigniani, Roy Budd, William S. Fischer, Charles Dumont, Stelvio Cipriani, Christine Carter, The Mad doctors, Truck, Armando Trovajoli, MArta Kubisova, Karl Heinz Schaffer, Nancy Holloway et Daniel Janin, Janet Pidoux, Julio Mengod, Nathaniel Merryweather.

 

Sinopsis;
 

En el año 1999 una extraña pandemía sistémica asola Europa. La humanidad corre serio peligro de extinción. Todas sus mujeres en edad fertil fallecen súbitamente al segundo día de serlo, sin excepción ninguna, aquejadas de una hidrocefalia galopante, rapídisma y mortal. La O.P.H.I.S (Organisation pour la pandémie hydrocéphale et subatomique) un lobby oligárquico al que se accede hereditariamente y por fortuna, detentador del poder en el antiguo continente desde el final de la tercera guerra mundial hace cuatro años, encarga al doctor John William Polidori VII (Leigh McCluskey) un remedio que frene la hecatombe. El doctor, séptimo de una saga de honda raigambre en la ciencia, se halla sumido en una extraña adicción que mantiene en secreto. Aunque los científicos de la O.P.H.I.S achacan en privado dicha epidemia a las consecuencias incontrolables de la hecatombe atómica, abogan públicamente por una purificación de la sangre y achacan falsamente la epidemia a la mezcolanza genética provocada por la emigración masiva de las últimas décadas. Polidori en cambio cree haber dado con el remedio, una misteriosa píldora llamada le serpentaire. Una clave en definitiva que solucione el problema y sacie también sus necesidades más íntimas.

Sus investigaciones se hallan ya en estado avanzado. Con la excusa ante el gobierno de preservar unos centenares de futuras madres con las que experimentar el antídoto, Polidori ha creado cámaras aisladas del mundo, ocultas en criptas subterráneas de cinco camposantos: Highgate en Londres, El romano  cementerio de los ingleses, El Stary Zidovsky Hrbitov o cementerio judío de Praga, el cementerio de Luarca y, la más grande cripta de todas, desde donde opera y experimenta, Pére Lachaise, en París. Es allí donde acontecerá la, como él la llama en sus escritos, refundación genética.

Algunos hombres prominentes (empresarios millonarios, intelectuales e ideólogos adictos de primer orden, militares de altísima graduación) pugnan y medran para que sus vástagos sean las elegidas. Diana (Cindy Lindberg), una joven de doce años, primogénita del comisionado para la educación de la juventud y selección de la raza, es una de ellas. Muy a su pesar, todavía niña y en gran parte ajena a lo que sucede, accede al estatus de elegida e ingresa en Pére Lachaise. Como todas las elegidas, la niña lo hace de una preceptora -Adele (Cheri Caffaro)- que es como son llamadas aquellas mujeres que no pueden procrear y que por tanto sobreviven.

Una vez ingresada en la cripta los extraños sucesos comienzan a acontecer de una manera incontrolable; deformaciones progresivas, vampirismo lésbico, canibalismo litúrgico, desapariciones y cambios físicos…

 

…¡Acción!…