Discos, discos. Conversaciones con Juanjo Andaní

 

Retomamos la sección “Conversaciones” con nueva charla. Un dialógo muy didáctico e interesante con un tipo que tiene muchas cosas que contar. Es Juanjo Andaní un acumulador musical, centrado principalmente en los singles y eps de siete pulgadas, verdadero rastreador de lo insólito, obsesionado particularmente en el aspecto gráfico y visual de estos artefactos.
 Autor de varios libros acerca de tan candente temática (el arte de las portadas, por resumirlo de manera escueta, aunque suele ir bastante más allá) como son “Mis canciones de los 60” (2002) y “Hay tantas chicas en el mundo. Iconografía femenina en el vinilo español de 1954 a 1990” (Ed. Milenio)  y también colaborador en otros como “Historia del rock en la comunidad valenciana” (Avantpress, 2004) se mueve como pez en el agua en el proceloso mar de los libros y de los discos, en su envoltorio y en como este asunto ha construido parte de su devenir vital, de su pasado y de su presente.  Es también -bueno, fue- bajista entre 1968 y 1974 del grupo Control, coautor de ese himno -para algunos- que ha terminado siendo “Nadie…nada”.

 

La verdad es que no se por donde comenzar. Así que lo haré por lo más obvio.  ¿Tienes algún nuevo proyecto en marcha?

Sí, ahora mismo estoy inmerso en un nuevo proyecto  relacionado con mi obsesión. Un libro acerca del grafismo, el diseño y el arte de las portadas. De hecho últimamente casi todos los discos que me estoy comprando tienen que ver con ello. Completar huecos que tengo, relacionados con los capítulos en que quiero se divida. De hecho, algunos ni los he escuchado todavía, los tengo por aquí amontonados, esperando el momento para poder hacerlo.

¿Qué es lo primero que buscas?, ¿Firmas?
 

No, no especialmente. El futuro libro en un principio giraba en torno al diseño gráfico de las portadas hecho en España, así que con me gustase a mi era más que suficiente, más allá de autores. La premisa era que tenía que ser dibujo, diseño, pero no arte fotográfico. Hay algunas que combinan ambos aspectos y pueden entrar, pero lo primero era innegociable. También me interesan ciertos autores; Bort, que está de moda -y tiene sobrados motivos para estarlo-, Val, Botia…

 
 
¿Cómo surgió la idea y en que crees que terminará?
 
Hablando con Javier, de la editorial Milenio, con quienes ya publiqué “Hay tantas chicas en el mundo”,  surgió la idea de que preparara otro disco en la línea de aquel. Le hablé de varios temas que se me ocurrían, aunque yo, por mi cuenta y riesgo me decanté por uno… bueno, tampoco es exactamente así, sino que la idea inicial tiró por ahí. Hay veces que los libros salen solos, que te dirigen a algún lugar… el caso es que me salió un libro yo creo que muy chulo pero que al parecer tenía excesivo texto. 
 
No se si recuerdas un libro de hace casi veinte años llamado “El florido pensil”. Estaba centrado en la memoria de la educación nacional católica de la posguerra, en su aspecto gráfico, partiendo de enciclopedias de la época, publicidad, libros de texto, etcétera.  Yo también colecciono papel, Postales, revistas, enciclopedias antiguas…
 
¿Relacionado exclusivamente con la música?

 

No. O no sólo más bien. Diría que más relacionado con el diseño gráfico español.  Sigo; lo que me rondaba la cabeza era hacer algo de ese estilo, centrado sobre todo en mis recuerdos más que en un tema en concreto. Partiendo de las portadas de discos relacionarlas con mi memoria a lo largo del tiempo, tocando distintos palos; música, sociología, política, arte, cine y todo lo que se me ocurriese para luego añadirle textos míos. Pero la cosa fue creciendo y en opinión de la editorial los textos ocupaban más de lo que ellos pensaban, me dijeron que les parecía casi más literatura que arte gráfica. A mi su opinión me dejó descolocado y en un arrebato dije “Vale, pues voy a hacerte un libro solo de portadas”, una detrás de otra. Eso fue hace casi dos años.
 
  Más tarde llegamos a un entente cordiale y tiré más hacia el aspecto gráfico. Me meti muy a fondo, como acostumbro, y aunque pensaba que controlaba bastante, lo que acabé por advertir, conforme me iba sumergiendo, era lo mucho que me faltaba por saber.

 

¿De dónde sacas el tiempo? Porque imagino que tu tienes una vida profesional alejada de esto. ¿Cómo lo haces?

 

Principalmente madrugando. Duermo poco. Me levanto a la cinco, cinco y media y hasta que marcho a trabajar estoy aquí, en mi estudio viendo cosas. Consulto libros, páginas de internet, discos, etcétera.

 

Pasemos a tu faceta musical. Fuiste bajista y compositor en el grupo Control
 
Sí, aunque no grabé con ellos nunca.

 

¿Y éso?

 
Te cuento. Dos meses antes ir a grabar a los estudios Belter de Barcelona nos ofrecieron un contrato para actuar en Ibiza. Estábamos entusiasmados. Justo entonces me sale un trabajo y me echo novia, la que hoy es mi mujer. Yo era un tio responsable y me dije que había que trabajar. Lo que me ofrecían era más que dos meses en verano. Debía tener 21 años, era en 1971. Decidí aceptarlo.
 
Había estado en Control desde el principio, incluso antes de existir Control, desde los Riders. Los Riders fue mi primer grupo, en el que ya estábamos Manuel Pérez Gil y yo desde su creación y también el batería Paco Aranda, aunque éste entró muy al final. De allí pasamos a los Cronick’s y después ya creamos Control con Vicente Payá y Enrique Ayala.

 

  Comenzamos a actuar por la provincia. Tocábamos cosas avanzadas para entonces, rollo La Masa y tal. He de decir que no lo hacíamos mal del todo. 
  Cuando nos salió lo de Ibiza ya lo teníamos todo preparado. Las canciones, los arreglos, las voces. Habíamos firmado para dos singles. Sólo faltaba grabarlos. Pero no fui. De hecho tampoco aparezco como compositor. En el disco está acreditada la autoría al grupo y en autores tuvo que firmar Vicente Payá, el teclista, porque era el único que tenía aprobado el examen del sindicato que certificaba que había estudiado música.
 
 
 
“Nadie…nada” la compusimos entre Enrique y yo. Si te soy sincero nos parecía pachanguera. A nosotros la que realmente nos gustaba era “Puede ser”. Era la época de Crosby, Stills & Nash, de Vanilla Fudge…. “You keep me hangin’on” nos flipaba, con su solo, su órgano, siete minutos y pico de locura. Intentamos mezclar ambas cosas junto al primer Santana, que también nos gustaba muchísimo. Había una mezcla muy chula ahí.  Así que “Nadie… nada” era prácticamente relleno, aunque luego Belter decidió meterla como cara A.
 
 
¿Sabes del aura que tiene hoy en día esa canción en según que círculos?

 

Sí. Hace unos años me lo comentó Vicente Fabuel, uno de los dueños de Discos Oldies y no me lo podía creer.

 

¿Qué representó para ti tomar la decisión de dejar Control?

 

Al principio casi me sumió en una depresión. Era un crío, tenía muchísima ilusión. De repente me vi vestido de traje y corbata yendo a trabajar todas las mañanas en vez de estar en Ibiza actuando. Imagínate. Fue una temporada terrible, hasta que me hice la idea.

 

¿Mantenéis relación hoy en día?

 

Sí, claro. Todavía nos vemos a veces. El que más se ha descolgado es Paco Aranda, no por nada, sino por su profesión. Hoy en día es un batería de Jazz muy reconocido a nivel europeo. Ya de crío destacaba. De hecho cuando alguna figura caía por Valencia solían llamarle para actuar con ellos. Por entonces no solían venir con la banda completa y reclutaban músicos del lugar. Paco siempre era el primer batería que solicitaban.

 

¿Qué recuerdos tienes de la época en que comenzasteis?

Aquello fue una explosión social, cultural… un terremoto. A nuestro nivel, pero lo fue. Tuvimos la suerte que a diferencia del cine, la literatura y otras disciplinas era algo nuevo, todavía no catalogado. Era considerado por el poder como una locura pasajera, algo casi residual que desaparecería con la misma rapidez que había surgido, así que durante unos años pudimos hacer lo que nos dio la gana.
  
 
Por aquel entonces, ya hice referencia antes, para que veas el nivel de los que mandaban, se necesitaba un carné´para poder actuar Lo emitía el único sindicato que existía. Pues bien, tenías que presentarte, interpretar una pieza musical de tu elección y te aprobaban o nom Yo había estudiado cincos años de guitarra clásica y resulta y va que me suspenden. Se me ocurrió interpretar una pieza de Villalobos un tanto compleja y al tío debió sonarle a chino. Cuando terminé -miento, no me dejó ni terminar- me dijo que por qué no había tocado algo de flamenco. Inmediatamente pensé “Este cabrón no tiene ni puta idea de qué es esto”.
 
Más tarde me dieron el carné sin ni siquiera examinarme. Aprobado general. Ese día estaría de buen humor, o tendría prisa, y nos aprobó a todos. En realidad era todo una patochada musicalmente hablando, era más bien un sistema para tenernos a todos los que actuábamos por ahí controlados. Vuelvo a tu pregunta. Yo tenía 14 años en 1963. Así que te puedes imaginar. Fue la primera vez que cogí una guitarra española. Nos juntamos cuatro amigos y empezamos a tocar. Más adelante  pasamos a actuar en verbenas y fiestas. No teníamos más que guitarras españolas. Una guitarra eléctrica costaba una fortuna. Como diez o quince veces lo que una española. A una de batalla me refiero, nada especialmente bueno. Recuerdo que en una de nuestras primeras actuaciones, con la arrogancia del adolescente, pensando que ya éramos músicos -¡Porque habíamos actuado una vez!- un señor se nos acercó con toda la buena fe y nos dijo “Tenéis que ensayar más”. Me sentó fatal. ¡Si llevábamos dos meses ensayando!. Con catorce años dos meses te parecen un mundo, ¿verdad?.
 
  Salieron grupos como setas, todo el mundo en Valencia tocaba la guitarra. Recuerdo también que había buen rollo, curiosidad para ver que hacía los otros. Molaba.

 

¿Notabais el peso y la miseria moral del final del franquismo?

 

En cuanto a la música no.  Supongo que con las figuras habría más presión, otra actitud. Nosotros no éramos nadie. De provincias, críos y hacíamos rock and roll. Actuábamos en provincias, Murcia y Albacete como muy lejos. Además todavía no teníamos repertorio propio, tocábamos los éxitos del momento, las canciones que nos gustaban.

 

Antes de cada actuación ¿Os pedían una lista de lo que ibais a tocar?

 

No siempre. Era algo aleatorio. Cuando se les ocurría aparecía un tipo de autores y nos entregaba una hoja que teníamos que rellenar. A veces ni siquiera la recogían. Lo que si hacían a veces es aparecer con las hojas ya cumplimentadas con un repertorio escrito por ellos (canciones de amigos, de compañías que les pagaban algo, o simplemente de quién les cayese más simpático) para hacer caja. La corrupción anidaba hasta ahí.

 

 Lo de la censura, por seguir por el terreno de lo inaudito, era algo incomprensible. Pegatinas en los discos advirtiendo a las emisoras lo que podía y no podían radiar, generalmente por la razón –si puede llamarse razón- más peregrina. En mi libro “Hay tantas chicas en el mundo” hay un breve capítulo dedicado a ella.

 

¿Cuándo comenzaste con esto del coleccionismo?

 

Bastante más tarde. Cuando tuve medios. Entonces no teníamos un duro. Comencé recuperando canciones. Canciones que me gustaban de entonces y que habíamos tocado en directo, ya fuese con los Riders, con los Cronick’s o en Control. Los discos que tuve o bien estaban destrozados de tanto haberlos escuchado o bien habían desaparecido. Fue más adelante cuando comencé a fijarme sobre todo en la parte gráfica.

 

¿En qué formato?

 

Para escuchar me daba igual Cd que Lp. De hecho tengo muchos cds, no soy nada talibán en cuanto a escuchar música. Está claro que a nivel de comodidad, en comparación con el disco, son imbatibles. Aunque claro, imagino que todos tenemos claro que comprar discos es algo más –no digo mejor sino otra cosa- que comprar música. Y a nivel gráfico, el aspecto que me interesa especialmente, el disco es el vencedor incontestable. Es un objeto, un fetiche. Es arte y música.

 

Yo lo que realmente colecciono son singles y Eps españoles. Por el diseño y eso. Comencé a completar, casi como si fuesen cromos, portadas de artistas que incluso a veces no me gustaban. Más tarde me puse en contacto con diseñadores, gente ya muy mayor, a los que cuando les comentabas algún diseño suyo que me flipaba, no lo recordaban. Me decían, casi avergonzados, que eran pecados de juventud. Otros –que hoy son pintores de relieve- directamente me parece que no querían recordarlo. A menudo una extraña mezcla de pudor y de vergüenza.. 

 

¿Alguna vez pensaste que el mundo del coleccionismo iba a tomar los derroteros que ha tomado?

 

No, jamás. De hecho ni tan siquiera lo pensé. No creo que nadie lo hiciese. Entonces apenas comprábamos discos, no nos los podíamos permitir. Ibamos a las tiendas en comandita y a lo sumo comprábamos uno. Y a veces ni eso, solo a escuchar, pendientes de que no nos tirasen de la tienda.

 

  Claro, los discos que teníamos nos los sabíamos de memoria a base de escucharlos una y otra vez. A partir de finales de los setenta comenzó a reeditarse material de los sesenta pero hasta entonces no había otra manera de tener esas canciones más que con los discos originales; Hollies, Kinks, etcétera. Y me pasaba una cosa muy curiosa; comprarme un disco de segunda mano me daba un repelús del copón. Yo quería disco nuevo, nada de segunda mano. Más tarde ya se me paso la tontería. Y hasta hoy.

 

¿Dónde solías comprar?

 

 Había muchas tiendas, había discos por todas partes; tiendas especializadas, ferreterías, tiendas de electrodomésticos. Hasta en quioscos. 
 
Recuerdo que una vez, paseando, pasé por una tienda de electrodomésticos pequeña, de barrio. Parecía a punto de cerrar. Vi una caja con discos y entré. No sé por qué, me rondaba en la cabeza que quería un disco de éxitos de los Rolling Stones. Vi uno negro y me lo llevé. Completamente nuevo. Ni miré los títulos. Me costó casi nada. Cuando llegué a casa vi que era un disco oficial. Me enfadé y lo guardé en la estantería. Tiempo después supe que lo que había comprado era su primer Lp en la primera edición española, con la galleta naranja con letras menos legibles. Hoy cuesta una pasta, pero entonces, yo al menos, no tenía ni idea.
 
 De hecho, como te he dicho, yo no soy un coleccionista de Lps, tengo un par de miles, pero sin ningún afán completista. Lo que de verdad me gusta es el disco pequeño. Con su portada y eso.

 

¿Algún criterio en especial?, ¿Qué tipo de música te gusta?

 

Una cosa es lo que colecciono y otra lo que me gusta. Musicalmente me refiero. Disfruto muchísimo de la combinación de portadas y música pero no suele darse. Por separado también lo hago, primando, eso sí, el aspecto gráfico.

 

  Este mismo – toma uno que esta sobre un montón en la mesa de su despacho-.  ¿Por qué cojones tengo este disco? –ríe-. Pues porque es de un sello rarísimo, que nunca había visto, Dimar, del que solo conozco dos referencias. Musicalmente pues ya ves. Es Pucho Boedo, cantante de Los Trovadores de la Coruña y posteriormente de Los Tamara.

 

  La música que realmente me gusta es aquella que forma parte de mis recuerdos. Los grupos ingleses de los sesenta, Vanilla Fudge, el Soul, CS&N… “Carry on” probablemente sea mi canción favorita. La versioneábamos en Control y nos salía de muerte.

 

¿Dónde compras discos hoy en día?

 

Principalmente en Oldies, si me preguntas acerca de una tienda física. También en Todocoleccion. Y me llevo sorpresas todos los días. Con esto pasa como con todo. Hay discos que compre por tres pesetas hace veinte años y que siguen valiendo eso hoy en día e imagino que por los tiempos. En cambio hay otros que se han revalorizado. (Me enseña el ep de Colores para el sello BOA). Una pieza.
 
 
 
¿Piensas que es un mundo en mutación constante?

 

Absolutamente. Generalmente los discos los escucho una vez y los archivo. Pueden pasar años hasta que vuelva a oírlos. Suele ser porque leo algo, porque algún amigo me comenta… Enseguida voy a ver si lo tengo. Consulto mi base de datos y si esta perfecto. En caso contario ya sabes lo que hay.

 

¿Cambias?, ¿Vendes?

 

No. Tengo una regla. Disco que entra en casa no sale. No compro segundas copias salvo que sea para mejorar la que ya tengo. Soy un tipo con manías y solo de pensar que alguien puede coger un disco mío, verlo, chequearlo –algo muy lógico por otra parte- ya me pongo enfermo. Soy un mal vendedor.

 

Volviendo a Control ¿Conserváis grabaciones inéditas?

 

Algo hay. Cuando salieron los dos sencillos en Belter el grupo como tal (sin estar yo) siguió un año más. Después tres de ellos lo dejaron y Paco Aranda y Vicente Payá reclutaron a dos nuevos miembros con los que grabarían el tercer y último single ya en Polydor -“Mis Juegos de ayer”- . Los que lo dejamos grabamos alguna cosa, para entretenernos. Incluso teníamos la pretensión de grabar un disco.Esta registrada de aquella manera, en un Revox de dos pistas que yo tenía.  Deben de estar por algún sitio.
 
¿Tienes pensado que va a pasar con todo esto el día de mañana?

 

Sí. Soy muy organizado. Tengo dos hijas. A ambas les gusta la música, especialmente a la pequeña, una verdadera aficionada. Así que hemos acordado que los cds para la mayor y los discos para ella. Hasta tengo un amigo común señalado como albacea. O más bien como consejero…

 

Para terminar, ¿Algún proyecto en mente?

 

Sí. Es una cosa remota, difícil. Pero es una idea que me ronda la cabeza desde hace tiempo. Tengo, desde hace más de una década correspondencia por mail (aparte de innumerables charlas) con un amigo común. Generalmente hablando de música aunque no sólo. Y los tengo todos guardados…

 

¡Ostras! Como Torres con Urdangarín. O los papeles de Bárcenas.

 

¡Jajajaja! … un poco así, sí. Bueno, ahora en serio, me gustaría que acabase tomando la forma de un libro. Editado y podado, claro. Hay algunos verdaderamente antológicos…

 

 Masticando ese deseo termina nuestra charla. Podría haber estado horas y horas escuchándole. Mientras pienso en ello me enseña discos, libros. Me alerta sobre sus últimos redescubrimientos y me permite tomar unas cuantas fotografías. Un verdadero señor Juanjo Andaní, con un gusto intransferible, de muy vasto recorrido. Sorprendente.

Discos, discos; Conversaciones con Miguel Sr. Patilla

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Retomamos en el Estudiodelsonidoesnob, tras un lapso de tiempo abandonadas, las  conversaciones con tipos con bastantes cosas que decir; Un cierta mirada acerca de los discos, de lo divino y de lo humano. De la vida en general. Estamos con Miguel Angel Aranega, más conocido como Miguel Sr. Patilla. Acumulador de discos, investigador y arqueólogo musical, Dj y recopilador, entre otras mil cosas más que se podrían definir en una sóla; Curioso impenitente.

 
 Son las once de la mañana. Hace un día estupendo, soleado. Sopla una reparadora brisa de levante que dejá atrás los primeros sofocos de un verano aún por llegar oficialmente. Me recibe en su coqueto ático, cerca del cauce viejo del río Turia, junto a su señora, la encantadora y espectacular  Jennifer Miss Taboo. Los saludos, los besos y los abrazos, además del inevitable intercambio de información que muchos tomarán por enfermizo y nosotros como lo más natural del mundo (“Mira lo último que he conseguido”, “¿Conoces ésto?”…) sirven de prefacio a la charla. Tras un piscolabis delicioso procedemos a entrar en faena.

¿Cuál fue tu primer contacto con eso tan abstracto que es la música?
 
El primero que recuerdo es en casa de mi tía, en Cocentaina. A ella le gustaba la música y tenía unos cuantos discos; Serrat, Beatles, etcétera. Yo tendría once o doce años. Iba a su casa, sólo, me ponía algún disco y me quedaba bobo escuchando aquello que salía de los altavoces.
 
¿Y cuando comienzas a comprarlos?
 
Yo comencé en esto un poco a la estela de mi hermano mayor. A él le gustaba el punk español; Kortatu, La Polla records… después me dirigí al rollo británico; Smiths, Echo & the Bunnymen…
 
Te canstaste pronto de ese palo ¿No?
 
Sí, jajajaja!… poco después, a finales de los ochenta, principios de los noventa, apareció el llamado Noise, una explosión de pop español cantado en inglés interesante que hubo y también con el indie americano; Pixies, Pavement, Sonic Youth… esa fue otra evolución, si quieres llamarlo así.
 
¿Después es cuando te vienes a vivir a Valencia?
 
No, no. A Valencia me vine con treinta y un años. Hasta entonces vivía en mi pueblo, Cocentaina, al norte de la provincia de Alicante. Con cerca de veinte años, en el momento que disponías de un poquito de dinero, picabas de aquí y de allá. Si hacías algun viajecito a la capital pues lo mismo… Pero así, en serio, ya para siempre, yo creo que fue a través de catálogos y listados en la era pre-internet. Por esa época comencé con los sesentas y el garaje. Leías un anuncio en una revista, o te lo había comentado algún amigo, de alguien que vendía discos desde los USA. Sólo tenías la dirección de un apartado de correos y le escribías; “Oye, que he visto que vendes discos, ¿puedes envíarme un listado de lo que tienes?”. Era un proceso lentísimo. Al mes siguiente, con fortuna, recibías la respuesta. Te llegaba a casa una carta con un listado de ocho o diez folios de discos y su precio. Comenzabas a leerlo y por supuesto conocías una parte ínfima. La leías detenidamente y elegías aquellos que te interesaban (muchas veces la única información que disponías acerca de ellos era una referencia en algún artículo que habías leído o por un chivatazo). Ajustabas tu presupuesto y una nueva carta a los USA con tu elección. Una elección que había pasado una criba. Al principio sumaba cien dólares y tenías que eliminar hasta donde te podías permitir, como mucho la mitad. Otra cosa importante a tener en cuenta era que cualquier disco por el que pidiese quince, veinte dólares, es que era bueno. Pasaba otro mes entre que el hombre recibía tu elección y a menudo te contestaba que ya sólo disponía de dos de los cuatro o cinco que querías. Que le enviases x dólares en un sobre. Tranquilamente podían transucurrir cuatro o cinco meses hasta tenerlos en tu poder.
 
¿A que se debío tu inmersión en el garaje, en la música de los sesenta?
 
A nada en particular y a todo en general. Fue una cosa muy fluida, natural. Partes de un afán por saber, de una curiosidad tremenda, la cual era satisfecha de aquella manera mediante el método prueba-error, prueba-error. Pero sobre todo por la sensación de volverme loco, literalmente. Loco con los Music Machine, con los Sonics, con los 13th floor elevators… aunque el primer disco que me hizo levitar, sentir algo diferente fue el “Forever changes”
 
Lo cual me parece bastante sintomático de que no eras ningún integrista…
 
…Sí. De hecho nunca me he tenido por tal. Digamos que fue otra etapa natural; Con veinte años el rollo Noise -algo que hoy no esta muy bien visto- pero que a mi me pareció muy divertido. Había y hay cosas salvables. Además tenías la sensación, que sumaba, de que no te estaban contando nada, sino de que lo estabas viviendo en primera persona. Otra cosa, también importante a menos que llevases orejeras, es que, en cualquier entrevista que leías de aquellos grupos hoy llamados Indie -otro término infame- americanos que te citaba más arriba, todos, todos, citaban a grupos de los sesenta; La Velvet, Los Byrds, Love… y entonces tu te preguntabas “Vale, a ver que coño es esto”. Claro, cuando te sumergías ahí ya era otro nivel completamente diferente. Eso si que no se agotaba, al contrario, querías más y más. Rascabas todo lo que podías. Cada disco que conseguías te remitía a otro y estos a otros más.. A partir de ahí yo creo que es cuando puedo decir que el veneno corría definitivamente por mis venas. Comencé también a hacer mis incursiones por el soul, por la psicodelia, por el beat… todo lo que te quieras imaginar.
 
 
Y como efecto de todo ese proceso, la etapa inicial, la inmersión y la dependencia, ¿Algún disco en concreto del que dijeras nada más escucharlo “Uffff”?
 
“Forever changes” sin dudarlo. Un disco especial, que todavía hoy no creo que remita a nada, un disco mágico. Cuando lo escuché por primera vez accedí a un estrato superior. Supe que aquello ya no tenía solución.
 
 Vaya, insisto, muy sintomático…
 
Supongo que sí. Ahí había sutileza, letra pequeña, meandros infinitos. Un descubrimiento. Literal.
 
Y ahora, con cerca de … bueno, da igual, con unos cuantos años más ¿Qué te pone?, ¿Qué es lo que buscas?
 
Me pone… todo. Todo lo que tenga que ver con lo nuestro, con lo español, especialmente. Me ponen las letras, la manera de cantarlas, como tocan. Hay cosas que son muy nuestras, que en mi opinión sólo pueden aparecer en una canción de aquí. Incluso, yendo más allá, en una canción valenciana. Yo eso lo valoro mucho. Por ejemplo, la versión que hace Tony Bernan del “I’m the lonely one” de Tom Jones, cuando a mitad de la canción grita “Xè, que sí”. A mi eso me parece muy divertido. Único, especial. Parecerá una tontería, seguramente lo será, pero para mi es como una especie de vestigio de lo que fuimos, de lo que somos. De hecho, si no lo valoramos nosostros ¿Quién lo va a hacer?
 
 Desde hace mucho tiempo tengo la sensación de que aquí en España siempre se ha valorado más lo de fuera que lo nuestro. No hablo del tipo al que esto no le interesa lo más mínimo sino del coleccionista, del tipo que busca discos. Muy a menudo es absoluto desconocimiento. El desprecio y la displicencia tan española.
 
¿Crees que eso puede indicar también un cierto complejo de inferioridad?
 
Probablemente. Cada uno lleva a cuestas lo que puede. Volviendo a lo de antes, el sonido que consiguieron Los Huracanes o Los Pepes me parece un sonido con un beat muy especial, muy mediterráneo. Un sonido que logró trasladar algo de fuera a lo nuestro sin traicionarse, manteniendo cierta esencia. Te podrá gustar más o menos, evidentemente, pero lo que es innegable es que tiene su presonalidad, su sello.
 
… Salvando las distancias, para mi no tan grandes, un poco como el nederbeat.
 
Exacto. En esa onda. El que lo escucha enseguidad dice, “Eso es holandés”. Pues tu te pones a los Huracanes y sucede algo similar.
 
En cuanto a los formatos ¿Tienes alguna preferencia?
 
Siempre he sido más de single que de Lp. Lo que me interesa principalmente es el concepto pop. La inmediatez de los dos, de los tres minutos. La canción, pura y dura, y volverte loco como consecuencia. La magia de la melodía,  la magia del estribillo y “¡Zas!”. Claro que hay Lps que nos gustan muchísimo, pero hay algo natural en el single que no lo hay-o lo hay muy poco- en el Lp. La canción, ahi estriba todo.
 
¿De que manera los consumes?
 
No tengo reglas. Desde luego cuando descubres un pelotazo -diez, quince al año a lo sumo- la reacción inmediata es de engorile. Hubo en tiempo en que sí tenía miedo de agotarlos. Que los preservaba un  tanto. A día de hoy ya se me ha pasado esa tontería, tengo claro con cual va a pasar y con cual no. Y también sé que si va a pasar quizás es porque no es tan bueno como imaginaba en un primer momento. Selección natural.
 
 
Hablemos de otra de tus facetas, por la que mucha gente te conoce, que es tu lado Dj o pinchadiscos, como quieras llamarlo. ¿Cuándo comenzaste a poner discos?
 
Una de las cosas que más me han gustado, de siempre, ha sido poner discos a mis amigos, compartir con ellos las sensaciones que provocan. Me gusta investigar, descubrir una canción, pero sobre todo hacer partícipe del hallazgo a mi gente. Nada se puede comparar con eso. No soy para nada elitista. Si se queda ahí, escondido en un cajón, para dos o tres, no tiene ningún sentido. El asunto es compartirlo.
 
Cuando tenía veinte años, en el pueblo, ya nos juntábamos dos o tres amigos muy interesados en esto. Comencé a poner discos en los bares de allí, un poco a modo de broma, para enseñar lo que iba descubriendo, compartirlo otra vez. La cosa, poco a poco , fue a más. Me invitaron, por medio de Borja Gorostiza, amigo común, a pinchar en algunas fiestas aquí en Valencia. Nos conocimos con la irrupción de internet, a finales del siglo pasado, en grupos virtuales y foros que se formaban de gente interesada en esto, en la música y en los discos. Te das cuenta de que hay más locos como tu, que sienten de manera similar la misma pulsión. Que no eres un bicho raro, o al menos no eres el único freak. Internet ha sido un invento maravilloso; descubrir canciones, discos y personas que piensan de una manera similar a la tuya y que, de no ser por la red, muy difícilmente hubieses coincidido con ellas. Fue algo estupendo. Por supuesto también tiene cosas malas, como todo, pero su irrupción a mi me cambió la vida.
 
 Continuo… por medio de Borja, de internet y de otra gente establecí algunos contactos. Me invitaron a pinchar en Valencia. Fue un subidón; en la era pre-limitadores de potencia, a todo trapo, poniendo tus discos favoritos…
 
¿Recuerdas dónde fue?
 
Sí, claro. En el Tornillo. Un sitio pequeñito. Lo pasamos bomba. Y hasta hoy.
 
Los discos, como objeto, ¿Qué significan para ti?. Porque ¿Piensas como yo que cuando consigues un disco, un original, estás pillando algo más que música?
 
Por supuesto. El objeto también es muy importante para mi. Digamos que el paquete ideal es el objeto y la canción.
 
No te ocurre a veces con las canciones que, además de lo que son, está también la expectativa de lo que pueden llegar a ser. Quiero decir, te haces con un disco que te deja descolocado en un primer momento, pero en tu fuero interno, supongo que a fuerza de palos y aquello que comentabas del método prueba-error, intuyes, sabes que va a crecer hasta atarparte..
 
Jajajaja! Por supuestísimo. La música es algo que va cambiando al igual que nosotros. Es algo vivo. Con el paso de los años también cambia la manera en que la percibes. A mi, por ejemplo, el rock and roll clásico me interesaba muy relativamente. Me refiero en su estado más early, mas puro. Sin embargo, últimamente, es una de las cosas que más me esta divirtiendo, que más me sorprende. El negociado del rock and roll español de finales de los cincuenta, principios de los sesenta me tiene fascinado. Hay cosas que necesitan reposar, del mismo modo que nos sucede a nosotros.
 
Aparte de tu vertiente como acumulador e investigador de discos, de tu lado digamos nocturno, también tienes otro muy interesante, el de recopilador. Es algo que viene de atrás, cuando recopilaste con tu hermano Iván el “Exquisite harvest” para el club Bassy de Berlín. Recientemente también salió el excelente “Sideburn sounds”, del que dimos merecida cuenta en el Estudiodelsonidoesnob. ¿Qué más proyectos tienes en marcha?
 
Actualmente dos. Uno con Vampisoul, dedicado precisamente a lo que hablábamos antes, el rock and roll y el twist español más primerizo. Una especie de pioneros. Aunque hay alguna cosita por ahí, pienso que no se ha hecho nada en el modo y forma que merece. Lo que yo conozco al menos viene sin información, sin memorabilia y fotos de las portadas originales, con un sonido que no le hace justicia. La verdad es que hay una falta de información tremenda. La mayor parte de la gente que está en esto, cuando les hablo del proyecto, se quedan soprendidos. No saben que eso sucedió, no lo conocen. No son conscientes de lo que en la época ya se hacía por aquí. De que hay cosas muy chulas, muy gamberras, muy salvajes…
 
 
 
Incluso no tan dispares a las que se hacían en el resto de Europa, UK al margen ¿No?
 
Para nada. De hecho algunas le podían sostener tranquilamente la mirada a lo que venía de fuera.
 
Ya lo hemos hablado entre nosotros, también con amigos comunes. Pese al peso de la dictadura ¿No crees que precisamente por ser infravalorado, por ser considerada como una expresión artística muy menor, había cierta laxitud en el campo, de como la llamaban ellos, música joven?
 
Probablemente sea así. Unas cosas las censuraban, a veces tonterías y otras las dejaban correr. era como una lotería. La verdad sea dicha es que la gente es receptiva. Si les ofreces algo que merece la pena flipan. Conforme salen cosas a la luz, conforme vamos descubriendo o redescubriendo todo este material, muchos no dan crédito. Ese Ep que te he puesto antes de Los Pantalones Azules, con su versión en castellano de “Johnny B. Good”, donde castellanizan el Johnny por Jony,  eso me provoca ternura. La titulan “Johnny se bueno” pero pronuncian “Jony” y la primera vez que la escuchas crees que están diciendo “Honey”. En cambio suena estupenda, le da un cierto halo inaudito y verdadero a la vez.
 
¿Y el segundo proyecto?
 
Ese es inminente. También relacionado con la música hecha en España. Sacar del baúl lo que se ha hecho aquí y que me parece, cuando menos interesante, es en lo que estoy ahora inmerso. Es sobre el popsike en castellano, me hace mcucha ilusión. Será el volumen trece de la serie Fading Yellow, una prestigiosa serie que viene a ser como el emblema del popsike más exquisito. Una serie que comenzó en los noventa y con la que muchos tomamos la primera toma de contacto ó al menos fuimos conscientes- de ese pop ligeramente psicodélico, brillantemente arreglado, de cierta elegancia y tendencia a lo ensoñador, cosas que habían quedado semi-ocultas. Un pop donde las voces, la melodía y los arreglos llevan la batuta. Algo, es verdad, dotado de una sutileza que cuando eres joven y (más) atolondrado no es lo primero que te llama la atención del rollo sesenta. Se llamará Spanish Fading yellow.
 
 
 
¿Cómo se gestó?, ¿Te ha chocado alguna reacción en especial de un tipo que lleva escuchando montones de discos de ese estilo y haciendo una docena de recopilaciones?  
 
    En cuanto a lo segundo, más que chocarme, me ha reafirmado en lo que pienso. Frente a las suspicacias de cierta gente de aquí, supongo que mitad prejuicios mitad desdén, me ha quedado contentísimo con la reacción de Jörgen. Que por otra parte es la más natural; La de alguien que sólo valora la canción, con su melodía, su producción. Sin ningún tipo de resabio atávico ni reserva. Saber que un hombre en Suecia flipa en colores con Nuevos Horizontes o con Los 5 Musicales haciendo una versión en castellano del “Scarborough’s fair” hace que te digas a ti mismo, “Woow!, no estoy loco”.
 
En cuanto a la gestación fue algo completamente casual. Hay un grupo en Facebook dedicado al popsike y derivados en el que yo participaba. de vez en cuando subía audios de canciones que me gustaban mucho, recomendándolas. Un día me escribe y me dice que le gusta mucho lo que recomiendo y que había pensado incluir algún tema español. Le contesto que por supuesto, que encantado y le envío una relación de mp3 para que los escuche, unos quince más o menos. Cual es mi sorpresa cuando esa misma tarde me vuelve a escribir diciéndome que la han encantado pero que ha cambiado de idea. El nuevo volumen que piensa editar ¡¡Va a ser sólo de canciones españolas!!. ¿Mi reacción?; “Bieeen!!!, trabajo bien hecho”.
 
Por lo tanto deduzco que no te preparaste nada en especial. Imagino que unas cuantas favoritas que te vinieron a la memoria, sin escarbar mucho. ¿Fue así?
 
Totalmente. De hecho se han quedado fuera canciones maravillosas. Y no sólo eso, tu lo sabes. Aparte de dar para no sé cuántos volúmenes, hay canciones que van a seguir saliendo con el paso del tiempo. No hay mes en que no nos topemos con una o dos canciones increíbles; Una cara B olvidada, un single promo only desconocido, una maravilla oculta en algún Lp de esos recopilatorios serie Z que no habíamos escuchado nunca… es algo continuo.
 
Luego de tener la sensación de que se agota la veta nada de nada.
 
Qué va. Al contrario. Nunca se va a terminar, a poca curiosidad y ganas de descubrir que tengas. Siempre le contesto, a quién me lo pegunta, que ojalá tuviese más vidas. Y estoy hablando sólo a cosas de aquí. También es cierto que me gustan multitud de cosas, desde el Cha-cha-cha hasta el twist, pasando por la rumba, el garaje, los exploitos, el posike, la bossanova y mil cosas más.
 
Esa es otra. Para quién no te haya visto pinchar hay que decirle que tus sesiones son eclécticas en el mejor sentido del término. El eclecticismo no es sinónimo de bueno, requiere, como todo, de criterio, cero prejuicios y buscar el momentum. En tus sesiones se nota que además de un gusto excelso sabes leer la pista. Te fijas en la gente, en como reacciona, en el mismo local…
 
Mmmm…Hay mil factores por los cuales eliges poner una canción u otra. Hay que saber, sí, pero sobre todo hay que querer saber. Tener una cierta empatía. Por ejemplo, en la última fiesta en que puse discos, en la sala Sirocco de Madrid, en la fiesta de cumpleaños de…
 
… De un potentado árabe ¿No?…
 
...Sí, de un Jeque. Bueno, pues como te decía, la manera de preparar los discos que iba a poner dependió de varios factores; Obviamente, el homenajeado. Y de la combinación de pinchas que había. También recuerdo que iba a acudir una chica que conocí en Barcelona, hará siete u ocho años ya. Me acordaba que aquella vez me pidió que le pusiese una canción y quise homenajearla volviendo a hacerlo…
 
¿Te acordabas siete u ocho años después?
 
Sí.
 
¿Cuál era?
 
“Flying away” de los Gravestones. Como sabía que iba a venir me dije “Esta tiene que ir sí o sí”. Al final preparar una sesión es un poco como un rompecabezas. Solo que no sabes cuales son todas las piezas, algunas son una sorpresa. A partir de lo que tienes hay que darle forma, recomponerlo. La premisa fundamental es que la gente se lo pase bien. Esa es la piedra angular. Porque claro que mola pinchar tus últimas adquisiciones o descubrimientos, pero si la gente no lo pasa bien no tiene ningún sentido. Ya lo dice la palabra; “Fiesta”.
 
 
 ¿Tienes algún grupo de confianza de gente con la que comentar?, ¿Que absorban de ti y tu de ellos? Gente de confianza o cuya opinión estimes, con la que intercambies pareceres, chequees canciones e hipotéticas reacciones…
 
Por suerte tengo a mi lado a la mejor persona del mundo para hablar, entre otras cosas, de todo eso. Mi mujer, Jennifer. No podemos pasar el día hablando de lo que hemos escuchado, de algo que nos han contado, o hemos visto o leído. De lo que nos gusta y lo que no. Es mi punto de referencia indiscutible. Por supuesto que hay otros; Mi hermano Iván, importantísimo, Vicente Fabuel, tu mismo…
 
 Hay momentos en que piensas que estás chalado. Dedicas todo tu tiempo a esto; buscar, investigar, escuchar discos. También todo el (poco) dinero del que dispones a comprarlos. Ha terminado por convertirse casi -bueno, sin el casi- en un proyecto de vida. Lo necesito como el respirar. A veces tienes momentos de bajón y te puede entrar alguan pequeña duda, tipo “Pero, ¿Qué estoy haciendo?”… sólo dura un instante. Esa complicidad con Jenni, con mi hermano, me dice que no estoy solo. Son mi ancla, un lujazo.
 
Para terminar, ¿Podrías recomendar algún descubrimiento reciente?
 
¡Uy!… Ya me conoces, soy una cabeza de chorlito. Ummm…(piensa unos segundos)… Sí, mira, los dos Eps de Marisol para la película “Sólo los dos”, con canciones de Juan y Junior compuestas ex-profeso. Hay una en especial que me lleva loco. Se llama “Colores”. Es flipante…
 
 
Ha sido como el pistoletazo de salida. Comienza a escarbar entre los cajones. Parece no tener suficientes manos para buscar.  Tampoco palabras para explicar todo lo que nos enseña. Desde sus ojos claros se pueden ver reflejados cada uno de los discos de los que habla a poco que nos fijemos. La demostración más evidente y fiel de todo lo que hemos estado hablando; Me planta en la manos un single de Tito Mora compuesto por Manolo Diaz. Me pregunta si conozco la versión en castellano del “Wild thing” de los Troggs por Los Géminis. Pone en el plato un pelotazo tremendo alojado en un disco de una orquesta ignota, sello Belter. Me enseña el Ep de Gilbert Safrani et les Boots para hacerme rabiar un poco. El cardado de un tal José Antonio, en el sello Euterpe, me asusta un tanto. Con la versión en castellano del “I’d wait a million years” de los Grassroots a cargo de una yeyé oscura en el sello Marfer asentimos ambos…
 
 Es ahí donde se muestra Miguel en todo su esplendor. No hay trampa ni cartón; Pasional y generoso, con un conocimiento profundo, nada vanidoso, intentando ir un poco más allá. Su perenne sonrisa, fachada acogedora de una curiosidad y bonhomía infinita… FICHAR.
 
Todas las Fotografías cortesía de Miss Taboo.
 
 

 

"Discos, discos": Conversando con Pepe Salvador

De nuevo con otra entrega de la serie “Conversando con”. En esta ocasión la charla, divertida y pedagógica, es con mi amigo Pepe Salvador, histórico disquero. Coleccionista y testigo durante más de treinta años de este pequeño mundo que nos tiene atrapados ya sin remisión. Propietario, junto con Vicente Fabuel, de Discos Oldies.

Conozco a Pepe desde que tenía quince años y me honro de contar con su amistad. Es un tipo socarrón, un tanto tímido y nada dado a la prosodia. Con un bagaje musical y vital mucho mayor del qué, aquellos que no conozcan bien, puedan imaginar. También poseedor de un sentido del humor muy personal. Un sentido del humor al qué, una vez logras acceder, te suele deparar momentos hilarantes e inolvidables.

Espero que sea de su agrado…

 
¿Cual es el primer recuerdo que guardas de la música y los discos?
 Pues seguramente la radio. Llegar a casa a mediodía y sonar en ella “Cachito” de Gloria Lasso. Mi madre canturreándola mientras preparaba la comida. Impactarme casi como una revelación el “A hard day’s night” o Los Huracanes puestos por Enrique Ginés en su programa de radio “Disco Moder”. Yo tendría nueve, diez años. Así conocí también a los Tops Son, a los Milos… Mi primer disco fue el “Jumpin’ Jack flash” de los Rolling Stones. Un regalo de promoción de detergentes “Ajax”…
 
¿Cómo?
 
 Sí, como te lo digo. Yo comencé a trabajar muy joven, con catorce años. Entré de mozo en una droguería que estaba en El Carmen. Un día apareció el comercial de la casa que vendía ese detergente con un puñado de copias del “Jumpin’ Jack flash”. Nos comentó algo acerca de una promoción. Consistía ésta en que al comprar una determinada cantidad de detergente te ofrecían como regalo esos discos. Eran de Columbia, el sello de San Sebastian. Al parecer habían sobrado. Algo, por otra parte, muy común con los discos de Columbia. No sé que ocurría con ellos pero hasta hace relativamente poco ha sido habitual que apareciesen cajas de singles nuevos, impecables, de los sellos que distribuían; Decca, Deram, Hit, etcétera.  Se ve que esa distribución, su red comercial, era como era. Nada que ver con, no sé, Hispavox. Bueno el caso es que apareció con ese puñado de singles y el primero que recuerdo tener es ese.
 
Te volviste loco…
 
 Sí. Teníamos un tocadiscos en casa. Mi hermana y yo no hacíamos más que ponerlo. Una y otra vez.

 ¿Y a partir de ahí?

 
 Pues eso, un camino sin vuelta atrás. Con nuestros escasos medios comprabamos un single al mes o así. Lo que ocurre es que mi hermana se tiró hacia lo melódico. El segundo que recuerdo comprar fue “Never marry a railroad man” de Shocking Blue y “Sympathy” de Rare Bird. Como contraprestación mi hermana pilló uno de Tony Landa, “Una sencilla canción de amor”..


¿Siempre singles?
 
 Al principio sí. Eran mucho más baratos. Los primeros Lps que recuerdo comprar son el primero de Santana y el Led Zeppelin III… 1971, 1972.  Hay un lapsus desde mi comienzo con los singles hasta el primer Lp. Supongo que sería por eso, por el asunto económico. Y siempre, siempre, muchos intercambios.
 
¿Intercambios?
 
 Ibas conociendo a gente, un poco al azar. Por sus pintas, por tus intuiciones, por referencias y amigos comunes. Lo primero -o lo segundo si eras un poco tímido- que le preguntabas era si le gustaba la música. Intercambiabas, grababas… bueno, al principio ni eso. Prestabas y te prestaban singles, hacias escuchas en grupo, casi como un acto religioso. Más tarde ya comenzaron las grabaciones…
 
Conoces a tu mujer por esa época ¿No?
 
 Sí, a mediados de los setenta…
 
¿Cuándo abristéis Oldies?
 
 En 1978 abrimos el “primer” Oldies. Carmen y yo, solteros todavía, en la calle Zapadores. Al principio era una tienda de libros. Pero dio la casualidad que teníamos un par de cajas de discos, de segunda mano y vimos que aquello se movía. A finales del 79 nos surge la oportunidad de mudarnos en frente de la actual. Un pequeño garaje propiedad de Rafa Gil, un conocido y cliente nuestro, quién nos da todo tipo de facilidades y que años después se convertiría en socio mío y de Carmen.
 
¿Se puede decir el precio del alquiler?
 
Sí. 3000 pesetas mensuales. Rafa no quería ni cobrarnos un traspaso aunque insistiendo conseguimos estipular uno, aunque fuese simbólico. Allí estuvimos hasta el año 1982. En febrero de ese año cambiamos de “acera” y nos establecimos ya en el “Oldies” definitivo, en Nuestra señora de Gracia número 6. En ese momento Rafa entró también como socio. Lo fue durante cuatro años, la tienda ya comenzó a tomar forma, a convertirse en lo que es hoy.
 
 Volviendo de nuevo atrás. ¿Recuerdas cuál era el ambiente musical entonces?
 
 Bastante más desperdigado en cuanto al acceso. Más aventurero. No diría romántico. Es cierto que ahora es muchísimo más fácil investigar, contactar, conocer. Otra cosa es que se quiera. Antes éramos los cuatro amigos del pueblo y poco más. En mi caso tuve la fortuna de contactar con el grupo de Xirivella, Vicente Fabuel y sus amigos. Aquello significó ampliar horizontes de una manera importante. Visto ahora lo recuerdo como una etapa de intercambio. Me introdujeron en el glam; Bowie, Reed, T-Rex… algo desconocido por entonces para mi. Por mi parte yo llegué con Zappa, Led Zeppelin…
 
 ¿Y en cuánto a la escena valenciana?
 
 Era la etapa del ocaso. Del rocanrol valenciano y en general español. Hasta finales de los sesenta la escena aquí era pujantísima, Huracanes, Top Son, Milos, Bruno y los Rockeros, Pepes, Protones, etcétera. A principio de los setenta todo aquello había terminado. Recuerdo a Tarántula, Modificación… pero ya mucho más minoritario y en una onda más progresiva. Por otra parte el componente político irrumpió con fuerza. Son los años de Al Tall, Els Pavesos…
 
 
Esa izquierda nacionalista ¿Crees que despreciaba al rocanrol?
 
Bueno más que despreciarlo yo creo que simplemente lo menospreciaban. Era, como mucho, un arte “menor”. Prácticamente lo tenían por inexistente dentro de su mundo. En mi caso yo navegaba entre dos aguas; una eran mis ideas políticas y otro mis gustos, digamos, “estéticos”. Había una bipolaridad a veces exasperante. No tanto por mi -creo- como por el afán en categorizar a la gente por según que gustos. Mi familia, mis amistades del pueblo, las más militantes, yo creo que a veces me miraban como a alguien echado a perder. Con ternura pero también con soterrado reproche, no sé si moral. Lo que era “extraño” es que a nivel particular a la gente -al menos la que yo trataba- seguía gustándole aquello. Pero muchos lo tenían como un palcer culpable, casi inconfesable. En cambio les clavabas un disco forum de Amon Duul y respondían. Lo combinabas con Ovidi Montllor y tan panchos…
 
Bueno, a mi Ovidi Montllor me parece enorme. Un transgresor con mucha clase, un iconoclasta sensible e inquieto dentro de ese mundo tan acotado…
 
Es cierto, Ovidi era un poco un Ovni. Sus primeros discos son con conjunto, una formación casi rock. De todos modos tampoco quiero ser exagerado. Entre la gente en la que nos movíamos podías hablar de todas esas cosas sin que se te riesen. Había cierta curiosidad en intereses comunes. A mediados de los setenta ya escuchábamos a Can, Amon Duul, Tangerine Dream, Guru Guru…
 
¿Krautrock?
 
Sí. Suena raro pero así era.
 
¿Se publicaban aquí?
 
No. Tenías que ir a Andorra a comprar esos discos. Cada cierto tiempo iba uno de nosotros y venía con los encargos del resto.
 
¿Cómo os informabais?, ¿Cómo accedíais a la información?
 
Por las revistas. “Disco Express”, que luego acabó como acabó. Más tarde “Vibraciones”. En aquellos años tal vez fuese el único referente que había aquí para acceder a ese mundo. Todo lo erróneo y fallido que se quiera, pero no recuerdo otros. Esperabamos cada número como agua de mayo. Éramos casi caníbales, tanto en la música como con el cine, otra gran afición que tengo. Y como con aquella, con éste nos conducíamos igual de dispersos y curiosos. Éramos un poco “La risa del barrio, la burla de todos”. Nos gustaba tanto López Vázquez como Fritz Lang…
 
Del mismo modo que disfrutabas con un single de Los Mustang que con uno de Los Who…
 
O con uno de Emilio el Moro…
 
Jajajaja!… Tu acceso, digamos “masivo”, a la música ¿fue con la tienda?
 
Sí. Aunque al principio hubo una sequía…
 
¿Sequía?
 
Claro. Como te dije, Oldies comenzó siendo una tienda de libros. Los discos fue casi una casualidad. Fueron entrando poco a poco. Además el acceso a ellos era muy limitado. Vendíamos segunda mano. Y la segunda mano de un mercado escaso ya puedes imaginarte como era. Pillabamos todo lo que nos ofrecían. Ahora es al contrario, casi tenemos que huir de los lotes que nos ofrecen.
 
¿Había ya una industria entonces? ¿Cuál era el proceso?
 
 Era algo incipiente. Al menos a nuestro nivel. Había un proveedor. Una especie de tienda grande, que hacia de mayorista (Alapont, que estaba en la calle San Vicente). A las tiendas pequeñitas nos hacia un descuento y nos facilitaba la tarea. Así que tras los inicios con la segunda mano comenzamos a incorporar los discos nuevos, muy modestamente, como una ayuda al negocio. Después nos dimos de alta como minoristas en Viuda de Miguel Roca (el almacén y grupo de tiendas de referencia en Valencia hasta la irrupción del Corte Inglés) y alternabamos las compras según nuestro criterio, medios e interés.
 
Tus gustos musicales ¿Hacia donde fueron dirigiéndose?
 

A mi siempre me han gustado muchas cosas. La musica hecha aquí en los sesenta, de la que ya hemos hablado, me parece muy reivindicable. La de los setenta, en una onda folk mediterránea también; Pep Laguarda, Eduardo Bort, Remigi Palmero… Después el rollo progresivo con toques sicodélicos siempre me ha tirado mucho; Bent, Doctor Z… O los discos del sello Vertigo: Aphrodite’s child, Catapillar, Jade Warrior… El Krautrock, del que también hemos hablado… El freakbeat anglosajón, esa evolución bastarda del beat, en sus ediciones con portadas, generalmente francesas, también me gustan mucho; Paramounts, Dantalian’s Chariot, We the people… yo creo que me interesaban, me interesan muchas cosas…

 
 
 
Veo que, por ejemplo, en el asunto de Vertigo, hablamos de cosas de verdad. Quiero decir, por lo que estoy viendo, que son copias originales. ¿Cómo los conseguías?
 
Cambios con clientes extranjeros. Recuerdo cambiar el Lp de Bent por el de Eduardo Bort a un cliente alemán a mediados de los ochenta. Por aquella época ya eran muy cotizados, era imposible comprarlos, al menos para mi. Esos discos o los habias pillado a principio de los setenta, cuando iban tirados, o nada. Es increible, treinta años manteniendo -e incluso a veces subiendo- su cotización. 
 
Generalmente ellos buscaban ediciones españolas con portadas únicas -si hablamos de singles- o Lps y singles de progresivos nacionales (Evolution, Genesis, etcétera) . El arte del trueque a toda máquina.
 
Por cierto, ese mercado, el de discos españoles de Progresivo psicodélico, ha bajado un tanto ¿No crees?
 
Sí, no sé que ha pasado. Si es que las necesidades están ya todas cubiertas o si se ha perdido el interés relativamente. Porque tampoco estamos hablando de grandes tiradas, en absoluto, Mil copias como mucho. Y eso en contadísimos casos. 
 
¿Recuerdas alguna compra gloriosa, de esas que no se olvidan? Da igual que sea a nivel particular o profesional?
 
 Varias. La colección que compramos en Portugal, en el 2001. Nuestras penurias hasta llegar a Lisboa y tal. Copias portuguesas y muchísmas españolas y francesas. Al parecer las ediciones francesas entraban, al menos en Lisboa, de una manera más o menos regular. No sé decirte por qué…
 
¿Era la colección de un particular?
 
 Sí. Una colección estupenda, con mucho gusto. De unas cinco mil piezas. Mitad y mitad. Lps y Singles y Eps. 
 
¿Cuál era -o es- la mecánica que empleáis en la negociación?
 
Muy sencilla. Te hacen una llamada y entre lo que te cuentan y lo que puedes adivinar te haces una somera idea. Por supuesto, si algo desde Lisboa llega a ti, tienes claro que ha sido ofrecida en Madrid y que no ha habido acuerdo. Así que ya sabes, eres segundo plato, con lo que eso acarrea. Decides emprender el viaje con todos los gastos a tu cargo, por supuesto, sin saber si habrá éxito o no y te plantas allí. Caso de que el asunto fructifique pago al contado, uno encima de otro. Cargas al coche y vuelta a casa. Y a partir de ahí a vender a dolor en aras de amortizar y sacarle cierto rendimiento a la inversión.
 
  Del mismo modo que esa fructificó, hubo otra, en Bilbao, un par de años más tarde, de donde volvimos con el rabo entre las piernas. No llegamos a un acuerdo. Nosotros vivimos de ésto y si no salen los números no vale la pena, por chula que la colección sea.
 
¿Y menos recientes?
 
 Bueno, están las colecciones de un afamado coleccionista…
 
¿Colecciones?
 
Sí. Colecciones. Se la hemos comprado tres veces.
 
Aclárame eso por favor
 
Un hombre, coleccionista furibundo, que hace su colección y luego nos la vende. Estoy hablándote de una colección de primer nivel en cuanto a ediciones españolas. La primera vez, creo que fue en 1996,  piensas que ha decidido abandonar, que está ya por otras cosas. La ves, la valoras, negocias y si llegas a un acuerdo para adelante. Inmediatamente después, para tu sorpresa la comienza de nuevo. Suele pasar, ésto es una verdadera droga, aunque piensas que lo hará de un modo mucho más relajado, más pausado. Al cabo de unos años vuelta a empezar. Aparece de nuevo ofreciéndotela. Así, a fecha de hoy, hasta tres veces. Y, ojo, siendo la primera la más impactante, las otras dos eran de no te menees.
 
Tremendo…
 
Sí. Es increible rehacer una colección, dos veces, como él lo ha hecho. De la primera que le compramos recuerdo que llamamos a un sueco, cliente nuestro, quién vino aposta desde Estocolmo y se llevo la intemerata. No hace falta decir a lo que ascendía. Y por supuesto, antes de ofrecerla a nadie siempre había una criba…
 
¿Una criba?
 
La nuestra. Entonces aún nos faltaban cosas y los primeros que picoteábamos en ella éramos nosotros. De esa en concreto recuerdo que entraron muchísimos discos en mi casa. 
 
¿Alguna más?
 
 Ah, sí. La de Vistalegre. Impactante, sobre todo en cuanto a material español. Estaba prácticamente todo. Los Lps españoles fuertes de los sesenta, que los sacaba quién los sacaba. Además en tiradas cortísimas. Creo que es la única vez que me han ofrecido los dos Lps de Los Sonor, por ejemplo. Era de un tipo que le gustaba lo español y estaba allí, en el tiempo y el lugar (Madrid,a finales de los sesenta), en el momento apropiado.
 
¿Y cómo ves el futuro? 
 
¿A nivel personal?
 
También…
 
Hombre yo ya tengo una edad y tengo claro que hay que ir soltando lastre poco a poco. Si no te aprieta la necesidad -y cruzo los dedos- quisiera ir haciéndolo a mi ritmo, sin agobios, prescindiendo de aquello que considero menos importante. En cuanto a la gente más jóven, yo creo que siempre quedará un reducto, como queda con los coleccionistas de libros, de tebeos, de papel. Gente que, aparte de la música, diferencia y da su valor al objeto. A otro nivel al que hemos conocido, indudablemente, tal vez más minoritario. pero desaparecer no, no lo veo. Lo que si que tengo más o menos claro es que al Cd le queda un telediario como soporte “masivo”. Incluso dudo que perviva. Porque además si la panacea del formato era reducir espacio respecto al vinilo -porque lo del sonido es cuando menos discutible, lo de la estética indiscutible en todo punto- pues resulta que ese batalla la tienen perdida frente a las descargas digitales. Hoy en un Ipod te caben quinientos, mil. O en un pen drive. O en un disco duro…
 
¿Y el tema de la crisis?¿Os afecta?
 
Claro. Como a todos. Medio país parado, tu me dirás. La gente recorta. Lo que resulta curioso es que en estos dos o tres años de crisis no nos han ofrecido ninguna colección. No digo ya importante, sino tan solo interesante.
 
 ¿Recuerdas alguien de quién tengas discos pasar por la tienda? ¿O ser cliente?
 
 Varios, sí. Clientes ya es mucho decir. Sobre todo desde hace diez, quince años hacia acá. Victor Ortiz ha sido y es habitual de la tienda. Hugo y Sento de los Rockeros. Eduardo Bort ha estado varias veces. Sisa, cuando ha estado por Valencia, suele pasarse. Recuerdo un verano, a principios de los noventa, mientras estaba rodando “Todos a la Carcel” de Berlanga, pasarse un día a la semana -creo que era los martes- por la tienda. 
 
¿Qué compraba?
 
 Recuerdo una cosa especialmente, “Macbeth” de The Third Ear Band, un grupo inglés de los finales de los sesenta que mezclaba folk con progresivo y ramalazos experimentales, ragas y mística medieval. Muy bizarros, muy curiosos. En vinilo. Igual compraba eso que preguntaba por discos de Machín. También nos pidió varios de Manzanita. Nos costó conseguirle el “Talco y Bronce”, un disco suyo del 81.
 
 También un guitarrista estupendo con un disco rara avis. Un espiritu libre. O un “cap volat”, como quieras.  Era hijo del director de un periódico pro-régimen. Hay muchos vástagos de familias de la “alta” burguesia que tenían esa vertiente artística. Y además talentosa, con verdad. Pero eran gente que no ha trabajado nunca. O poco, concedámosles al menos el beneficio de la duda. Era casi una elección moral. Trabajar en algo que no fuese dirigir negocios quiero decir. Y tampoco iban a ser curriquis. Ellos eran bohemios, artistas -además creo que lo eran sinceramente, casi militantes- y no estaban por la labor. Si lo miras con cierto desapego era algo estético y también ético. Y no entro a juzgarlo.
 
¿Tienes algún disco fetiche?
 
No sabría decirte …  mmmm… probablemente el segundo de Maria del Mar Bonet sea uno de los discos de mi vida…
 
¿Y éso?
 
El viaje decisivo de mi vida, con Carmen, donde nos convertimos en pareja, fue uno en coche a Andorra y el sur de Francia. Sólo teníamos ese cassette. Vuelta y vuelta. Y vuelta a empezar. Todo el viaje con él… y menos mal que fue ése…
 
 
 
¿Te interesa algo actual?
 
 Sí. Yo creo que ahora la música en valenciano está en un momento espectacular. El rock de aquí supera al catalán; Senior y el cor brutal, Artur Caravan… después, en cuanto al folk ya es infinitamente mejor. Todos con raices muy mediterraneas. También ha habido una pequeña y grata sorpresa…
 
¿Cuál?
 
El Grup Estel. Acaba de reeditar Guerssen un Ep de cuatro canciones. Canciones navideñas en catalán con fuzz y voces femeninas de mitad de los setenta que hoy suena modernísimo. Seguro que ha pasado no sé cuantas veces por la tienda y no le he hecho ni caso. Resulta que luego averiguas que son un grupo con las Hermanas Ros y José María Bardagí, el mestre Bardagí que aparecía en el “Angel Casas show” o en “Musical express”, haciendo las sintonías y dirigiendo a la banda en el plató. La mitad de lo que se hizo en Cataluña en los setenta lleva su firma; Serrat, Raimon, Maria del Mar, Moncho, Peret…
 
La conversación sigue y sigue. Mero ejercicio nostálgico, entre cafés y risas. Recuerdos de otros tiempos, ni mejores ni peores, tan sólo distintos, que ya no tiene mucho sentido transcribir aquí. Lo dicho, todo un placer …