Diez razones para dejar de seguir …

… este blog. Refugio de atavismos casi patológicos, recurrentes obsesiones musicales y reflexiones hilvanadas de aquella manera. O sea, malamente. Pero una vez se ha pasado por encima de lo superfluo igual si que permanece algo sustancioso. Las canciones. Porque eso y no otra cosa es lo que les ofrezco. Diez canciones que me llevan absolutamente de cabeza (en el buen sentido) este último mes. No es una lista génerica o por estilos sino descabalgada y muy vinculada a mi. Asunto sin importancia, lo reconozco. Ustedes dirán.
 

Lo he intentado, se lo juro. He escuchado este disco varias veces en el último mes. Atentamente, esperando amortizar los ocho dólares que me costó. Ha llegado la hora de reconocer que es mediocre, incluso para mis standards. Pero igual que digo una cosa digo la otra; “Bad dreams” los vale varias veces. Una barbaridad de esas que me vuelven absolutamente loco; formidable guitarra fuzz pespunteando la melodía, estrofas coroladas con una voz en falsete, la batería y el órgano de la mano. Todo lo que yo le pido a una gran canción pop. ¿El resto? pues sigo igual, tal vez se salve “I’m only dreaming”, pero del disco del tal Dick Domane (del que reconozco que nada sé) he de admitir que poco más puedo salvar. Ahora bien, insisto, “Bad dreams” es tan sublime, tan directa, tan perfecta. No puedo dejar de preguntármelo; ¿Y si hubiese single?. Disculpen la vulgaridad pero me humedezco sólo con pensar en tal posibilidad.

 

 

A Ruthann Friedman la han recuperado – cada día que pasa se lo agradezco más- los titanes de Now Sounds con la recopilación “Windy”, titulada igual que el mega éxito que compuso para The Association. Recoge ésta el que iba a ser su primer disco, grabado junto a varios músicos del wrecking crew y luminarias como Van Dyke Parks, Randy Newman o Curt Boettcher. Jerry Moss, capo de A&M finalmente archivó el disco y decidió no publicarlo. Un año más tarde, ya en Reprise, publicaría este “Constant companion”. Un Lp en esencia de las mismas características (por intimo y desnudo), que no en la forma. Donde antes había grandes músicos y arreglistas, productores imaginativos y expansivos, ahora está ella sola a la guitarra acústica con alguna pequeña colaboración -improvisación estaría mejor dicho – de su amigo Peter Kaukonen con la eléctrica. Un disco frágil en apariencia, que parece a punto de romperse, con su voz similar a la de la Joni Mitchell menos mística, pero que en el fondo es duro como el granito. Música profana de serena, casi devota belleza. Les dejo con “Ringing bells”.

 

 
 
Ya les he hablado de Richard “Dick” Hyman en el post anterior. Incluso creo que cité este disco de pasada. “The man from O.r.g.a.n.” es un disco simpático sin más, con momentos divertidos y curiosos, incluso ingeniosos, aunque en otros con el piloto automático puesto. Bien hecho, sin duda. De esos que había cientos, miles. Con el gramaje y el peso adecuado, y el diseño de una portada estupenda que te lleva hacia él irremisiblemente. Uno, creyente facilón y convencido, no necesita de nada más para la seducción. Pero en el final de la cara B, la última canción del disco… ¡Booom! … ahí está, hammond soul de primerísima magnitud, adictivo, exultante. La versión definitiva de “Agent double-o-soul”, el clásico del grand Edwin Starr. Una canción de esas que te alegra el día. O la semana. O…

 

Ahhh, les puces. Las tiendas de discos y los rastros en general. Cuántas sorpresas deparan. Este diez pulgadas de los belgas Les Cousins cayó en mis manos hace tanto tiempo que ya ni me acuerdo. Si que recuerdo que me dirigí a él conminado por la hermosa fotografía de ellos en la portada y que reconocí dos de sus canciones por tenerlas en unos de esos benditos eps que Belter publicaba en nuestro país; “Relax baby” y “Hey Mae” creo recordar que eran, hablo de memoria. Pero la verdadera maravilla, la absoluta joya de la corona es un denso instrumental titulado “The Robot”; tenebroso, escueto, casi espectral. De morosa y firme progresión desde su inicio para terminar añadiendo volumen, densidad y salvajismo controlado. Hipnótico y muy adictivo. Prueben y verán.
Otros que tal. Sé que en ocasiones algunos amigos me acusan de cierto chauvinismo pero no creo que sea cierto. O no del todo. Uno no le hace ascos a nada. Lo que sucede es que me resulta todo tan evidente que no puedo más que sorprenderme por la cicatería en alabar lo que a mi me parece tan obvio. Un grupazo con todas las de la ley cuyo único demérito probablemente fuese haber surgido y crecido en un lugar donde estas cosas -en realidad todas las cosas- tienen escasa trascendencia y repercusión. Los Pekenikes fueron Dioses, háganme caso. Este “No puedo sentarme” (cover del “You can’t sit down” de Phil Upchurch Combo hecha , imagino, a partir del éxito de la version de los Dovells de dos años después), incluida en su primer Lp es una de sus múltiples joyas, en este caso de la primera época (“No te la vas a llevar”, “En la onda”, “Ya verás”, “Es mejor olvidar”, “Eso fue tu amor”, etecé). Una época en la que todavía combinaban lo vocal con lo instrumental y, como siempre, atinando justo en el centro de la diana. Perdónenme el esnobismo pero he subido la portada de la edición americana en UA latino, tan evocadora, tan elegante. Sospecho que imagen idealizada del diseñador del sello de algo que por aquí no era así ni por asomo.

Mi amigo Eduardo me conoce bien. Es una especie de curandero del alma, psicoterapeuta de mis obsesiones musicales que me proveé con esmero de ediciones argentinas, siempre impecables y ajustadas de precio. Recuerdo que, como con tantas y tantas cosas, uno no tenía ni idea de quienes eran los Wonderfuls. Bueno, la verdad es que sigo sin tenerla, a lo que me refiero en concreto es a que no conocía esta joya titulada “Busco un corazón”. Sí que recuerdo que todo surgió de casualidad, cuando me ofreció, tras previa solicitud, una copia de la ansiada “¿Dónde está esa mujer que yo amé?” (no sé a que esperan a conocerla si aún no han tenido la fortuna de escucharla) del Grupo Uno. Me envió, como suele, solícito, atento, muy profesional, una relación de discos que me ofrecía con sus correspondiente mp3 para que los escuchase. Y allí estaba “Busco un corazón”. Una bomba de soul con vientos desbocados y letra tontorrona de esas que tanto me gustan. Me volví loco. Literalmente. Tampoco es que se necesite mucho para ello. Tan sólo una gran canción que todavía no conozca.
Cambiemos de tercio. Modern soul sicalíptico a lo Barry White con toda la parafernalia necesaria para tocar el cielo; wah wah a dolor, melodía encadenada, voz lasciva, arreglos de cuerdas carnosos y mega producción (Jim Burgess por Tom Moulton). Añádanle a un sosías del gran Enrique Villén posando orgulloso con una sonrisa satisfecha y adornado de una permanente rijosa, camisa pertinentemente desabotonada más sobrio chaleco y pantalón acampanado negro. Como corolario a todo ésto, súmenle una serie de lobas hambrientas de las etnias más populares , disputándoselo y ya tienen la ecuación completa. ¿El resultado?, muy sencillo; “We belong together (just you and me)”. Lo confieso, por mi podría durar media hora. Lo que quisiese en realidad, dejémosnos de tonterias y medias tintas.
 

 

Una, otra más de las razones por las que uno bendice el nombre de la gente de Now Sounds. En esta ocasión por sus dos volúmenes de “Book a trip; The Psych sound of Capitol records”. Canciones descubiertas, canciones recuperadas, canciones olvidadas. Este single de los suecos The Shanes, estando en la primera categoría, tiene todo aquello que uno le pide a una canción pop; melodía, nervio, joie de vivre, concisión y su puntito de ingenuidad. Bienvenidos.

…Chris Craft # 9 you’re welcome aboard...

Por fin conseguí una copia. En perfecto estado. Mil, un millón de gracias Javier. ¿El Santo Grial de la Rumba?, no sabría decirles. Uno de ellos probablemente. Y con toda justicia. Ni una canción que baje del notable y  varias cómodamente instaladas en terreno del sobresaliente. Un disco tocado por la mano de Dios; ritmo y sentimiento de la mano, la fugacidad del momento inspirado. Puro talento. Como ésta,  sin ir más lejos, la que lo abre…

Para terminar, una broma, un experimento, tal vez un despropósito. Espero sepan disculparme pero uno es de la opinión que si, desde el respeto a la obra ajena y a los lectores que por aquí se pasan, no puede jugar con sus obsesiones y taras aquí en su casa, no sabe ya dónde podrá hacerlo. Lo que les ofrezco es una mezcla casera de “Danza nº 8” de los fantabulosos Relámpagos. La original es una pieza de sorprendente psicodelia española a partir de su elegante clasicismo. Una pieza un tanto atónita, mágica y formidable sita en uno de sus Eps con la reinterpretación de la música clásica española. El audio que he elaborado pretende respetar el espíritu y acentuar las aristas; Panorámicas planeadoras, evocación lisérgica y un cierto atonismo contemplativo. No sé, juzguen ustedes.
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