DEE EDWARDS. Why can’t there be love. (Belter, 1971)

 

 
Una joya menor, semi olvidada y reluciente, hoy de actualidad al ser sintonía televisiva de un anuncio de Adidas. Editada en España por Belter, el sello barcelonés que se hizo de oro con Manolo Escobar y otros titanes de la copla y el flamenco hispano y cuya pujanza se mantuvo entre los años principio de los años setenta. Un sello también anárquico, sin plan ni estrategia más allá del pasado mañana, decidido a publicar casi cualquier cosa; Desde el catálogo de Atlantic en su primera época -cuyos derechos ostentaron antes de pasar a Hispavox– hasta las obras completas de los Tres Sudamericanos, pasando por Lee Grant & The Capitols, Los Hippyloyas, Bebo Valdés, el primer Dick Dale, Los Huracanes de la segunda etapa flirteando con el Soul o el repertorio más heterodoxo de Flamenco y de la Rumba que quepa en cabeza humana. Por resumirlo de alguna manera, cuando se pregunten si tal o cual disco vio o no edición nacional, dedíquense a bucear en su catálogo, probablemente tengan suerte; Yamasuki, Taiconderoga, Free Pop Electronic Concept Band, The Khun Brothers & The Mad Rockers, Soledad Miranda … 
 
Una vez metidos en harina, rumbosos y disparando a todo lo que se moviese, crearían BP (nada que ver con el emporio petrolífero, para su desgracia, aunque conociendo el paño igual también trincaron por ahí, quién sabe) un sello progresivo donde igual cabía el popsike progresivo de Control, la psicodelia hard-rock de Furia o gloriosas macarradas de cuero y sulfuro como Ella tiene el cabello rubio de la Albert Band como los episodios mas modernos de Rudy Ventura. Cierto es que lo harían de manera anárquica y conservadora, al más puro estilo español, y también lo es que con especial inclinación por todos los tejemanejes nacionales habituales; contratos sui generis, lanzamientos invisibles, licencias controvertidas, ausencia de créditos, recopilatorios chanantes… pero entre su haber estaría precisamente ese todo vale y un diseño de portadas, hay que recordarlo, supremo.
 
  A lo que ibamos. “Why can’t there be love” de Dee Edwards ha sido -de siempre- una pieza que no podía faltar en cualquier fiesta de Northern soul que se preciase, en cualquier fiesta si queremos ser rigurosos. Desde ahora, me temo, una locura que alcanza cifras de tres dígitos. Cosas de las modas, aunque ojalá todas fueran tan soberbias como esta canción.
 
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