JOE & BING Daybreak

Como escribia Keith D’Arcy en las notas incluidas en la reedición del cd publicado por Rev Ola en 2004 “No existen muchos discos con la magia de este, tan trascendentes y tan merecedores de ser rescatados. Sus canciones conjuran una América perdida, poblada de soñadores adolescentes californianos vestidos con chaquetas de flecos, peinados como Chris Hilman y con vaqueros y zapatillas Jack Purcell. De rubias rojizas montadas en polvorientos escarabajos por las autopistas de Arizona dirigiendose hacia los interminables amaneceres veraniegos.”

Muchas fueron las vicisitudes de “Daybreak”, casi todas desafortunadas cuando no funestas, hasta llegar a convertirse en una especie de objeto de deseo de los coleccionistas de sunshine pop, soft grooves y american folk. Porque de todo ello hay -de ahí lo poco común del disco- en “Daybreak”. También hubo alguna afortunada. Una vez más el mundo de las ediciones discográficas depara agradables sorpresas, a menudo indescifrables. Porque ¿Cómo cabe definir el que un disco tan formidable pero de tan infimísima repercusion tuviese edición italiana varios años después de su casi invisible edición original?. Sucedido y constatado el prodigio; ¿No resulta todavía más sorprendente el que lo hiciese bajo el nombre de Eumir Deodato and Friends en el sello barato de CBS, Sugar?

 Joseph Joe Knowlton y William Bing Bingham se habían conocido en 1962 en un elitista colegio sito en Watertown. Ambos congenian y a su afición a la música unen lo consustancial a cualquier adolescente con las feromonas en su máximo apogéo, deslumbrar a las chicas. Junto con su amigo Tony Howe forman un trio a la estela de la música folk imperante. Han escrito ya alguna de sus mejores canciones (Daybreak, If love’s in season, Look to the river) que interpretan en público junto a un puñado de escogidas versiones. Poco a poco van apartándose de sus obligaciones académicas e imbuyéndose en el espíritu de la época hasta que son invitados definitivamente a dejar el college. Una version en especial, “I’m not forgetting your name” de Stephen Stills (escuchándola sabremos por qué), perdurará en su repertorio, siendo la única versión, junto a una toma de “Fennario” -canción tradicional escocesa- que incluirán en su futuro Lp.  

 Pero lo que en un principio parecía dedicación exclusiva a sus canciones y a su música tiene que quedar aparcado. Vietnam acecha y el draft es ineludible. Cuatro años pasan en el ejército hasta que en 1969, ya licenciados, aterrizan en Nueva York. Es allí, en un estudio contiguo al famoso Brill Building, donde a traves de un antiguo compañero de clase, George Klabin, conocen a Harry Lookofsky (padre de Michael Brown, geniecillo tras los primeros Left Banke y arreglista de su “Walk away Renee”) quién queda encantado con el par de canciones que interpretan y les sugiere una idea que le bulle en la cabeza. Es aquí cuando aparece la figura de una emergente estrella brasileña, el arreglista y compositor Eumir Deodato

 Eumir Deodato había llegado a Nueva York en 1968. Innumerables compatriotas estaban allí instalados al cobijo del exito de la bossa nova (Marcos Valle, Walter Wanderley, Astrud Gilberto, Luiz Henrique, Luis Bonfa, etecé)  y lo habían requerido como arreglista y músico a Creed Taylor, para cuyo sello, CTI, solían grabar. Es durante la grabación de “Beach Samba” de Astrud Gilberto donde conoce a Loolofsky y entablan amistad. Es lo que se dice una estrella emergente. Cuando escucha las demos de Joe & Bing al inicio de 1970 acaba de terminar las sesiones de grabación del “Sinatra and company” para Reprise. Cae rendido con las canciones y las melodías. Joe & Bing llevan perfeccionándolas ¡¡Siete años!!. Pese al gran lapso de tiempo que existe entre las composiciones Deodato hace un trabajo estupendo y todo parece fluir simultáneo, perfectamente encajado; El piano evocador, las guitarras acústicas, los arreglos de cuerda, los juegos de voces, el tono orgánico del conjunto. Todo mezcla como una única cosa. Especialmente impactado quedará con “Daybreak”, influyendo para que su amiga Astrud Gilberto la grabe para su lp “Perception”.


“Sail” probablemente sea el ejemplo más perfecto de la sociedad entre ambos. Con un inicio a lo “Captain Bacardi” de Jobim y su arreglo de flauta, la canción fluye entre un piano sutil y juguetón mientras la voces del dúo captan de manera lacerante un tiempo que ya ha pasado. Acaso sea ese el motivo principal por el que son ignorados; en una época en absoluto ingenua, desencantada, un tiempo donde el hippismo ya es pasado, y lo hermoso per se ya no tiene lugar, lo suyo carece de sitio al no ir recubierto por la pátina formal doliente y torturada o de los apavientos airados como liturgia generacional. Son solo canciones acerca de pequeñas cosas.

 Probablemente el que trabajase Deodato explica el por qué tantos fantásticos músicos interviene en unas sesiones de grabación, a priori, de tan bajo perfil. El mismo Deodato se encarga del teclado en las canciones que arregla, Joe Beck toca a la guitarra (favoritisimo el riff elegante y contenido de “It’s ok”)  y varios bateristas soberbios son parte del elenco; Grady Tate (quién ha tocado con los mejores jazzmen), el genio del ritmo, el brasileño Dom Um Romao e incluso Geoff Daking, baterista de los Blues Magoos.


  Una vez terminada la grabación el dúo se queda con las 1.500 copias promocionales, con la portada hecha a mano (la silueta de ambos dibujada por la pluma de su amiga Betsy Byrne sobre un fondo blanco) para venderlas en sus actuaciones. Mientras tanto George Klabin se encarga de moverlo entre las compañias grandes sin ningún éxito. Decepcionado intenta otra vía. Su padre era brasileño y él tenía contactos con la industria discográfica de allí (probablemente, tras la americana, la mayor en cantidad y calidad del mundo entero) y llega a un acuerdo con Roberto Quartin, dueño de Forma records (donde publicaban o habían publicado leyendas del tamaño de Baden Powell, Marcos Valle, Vinicius e incluso un debutante Eumir Deodato). En aquella época Simon and Garfunkel, CSN&Y, Bread, Seals & Croft y otros grupos vocales son tremendamente populares en Brasil. Este hecho y la recomendación de Deodato hace que una segunda reencarnación de “Daybreak” vea el mundo en 1971 en Brasil. Para la portada utilizan una fotografia campestre del dúo. Lo único que vieron Joe and Bing como pago fue una caja de copias promocionales y la errata de la portada, bautizando el disco como “Best of friend” en lugar del nombre del dúo.

 

La edición italiana que encabeza el post no es, por desgracia, el disco al completo. No incluye, por ejemplo esa obra maestra que se titula “Summer sound”, capaz de mirar a la cara a cualquier clásico de la época que se nos ocurra y que resume en escasos tres minutos todo aquello que Keith d’Arcy tan bien retrataba en las notas de la reedición en cd de Revola; La América perdida, poblada de soñadores adolescentes californianos vestidos con chaquetas de flecos, peinados como Chris Hilman y con vaqueros y zapatillas Jack Purcell. De rubias rojizas montadas en polvorientos escarabajos por las autopistas de Arizona dirigiendose hacia los interminables amaneceres veraniegos.  El sonido del verano. de aquel verano. De todos los veranos.
Las palabras, por mucho que nos empeñemos, no son nada más que eso, palabras. La música en cambio puede llegar a ser todo lo que queramos que sea.

(Reescribo ahora, en diciembre del 2015, para recordarles que el sello español Mapache ha reeditado primorosamente tan magno disco. Si aceptan un consejo, compren)