DORIS "Did you give the world some love today, baby" (Odeon, 1970)

 

 
Pongámonos en situación. En el paraiso de la social democracia y el estado de bienestar, a principios de los setenta, concretamente en 1970, Doris Svensson acarrea ya un pasado a sus espaldas; Ha formado parte de The Strangers, The Plums y The Dandys e incluso logrado algún éxito con ellas. Harta de formar parte de grupos y tener, en el mejor de los casos, que consensuar, cuando no aceptar, las servidumbres motivadas por ser un rostro  bonito y en apariencia sin criterio, decide encaminarse en solitario en busca de una voz propia donde dar el do de pecho. Ayudada por el músico, compositor y productor Berndt Egerbladh (quién compone la mayoría de las canciones) se rodea de un competente elenco para dar forma a su objetivo de ser la Dusty/Petula/Lulu de Escandinavia; El escocés Francis Cowan (violonchelo y la mayor parte de los textos), la baterista y ex-actriz Janne “Loffe” Carlsson, miembro del dúo instrumental de jazz Hansson and Carlsson, su marido el bajista Lucas Lindholm, y el piano y el órgano de Egerbladh. El disco, titulado “Did you give the world some love today, baby”, se grabara entre abril y mayo de 1970 en los estudios de la EMI en Estocolmo. 
 
 Doris, libre y relajada, ajena a servidumbres, se revela como una cantante de amplios registros, dúctil y con clase, poseedora de una voz que transita entre la sutil delicadeza y el rugido airado, tan cómoda en territorio del  Psych soul (“Don’t”, “Beatmaker”, dos verdaderos pelotazos) como en registros más sutiles; la versión de The Band, “Whispering pine” con el dialogo entre su voz, el violonchelo y el piano, escueto y exacto o “Waiting at the station”, una especie de melangé de country, roots y funk amable, ambas a la estela de las producciones de Chip Taylor para Merrilee Rush, o de los episodios más luminosos de Evie Sands o Jackie DeShannon. Será capaz de combinar jazz y psicodelia hasta infundirle un groove adictivo y tétricamente espectral a “You never come closer” y de practicar también el arte de la balada con perfecta armonía en “Gray rain of Sweden”, el equilibrio exacto de dulzura y tristeza, aquel que consigue mantener el tono de desamparo y la caricia reparadora que la canción necesita, ayudada en parte por la evocadora voz masculina doblada. Del mismo modo “Did you give the world some love today, baby” -la canción- nos transportará de inmediato al páramo y a las brumas que acostumbraban a helarnos la sonrisa en “Foolish seasons”, el maravilloso disco de Dana Gillespie, o “Daisies” nos retrotae a una Vashti Bunyan (menos bucólica, más maliciosa, mellotron y violin dibujando lo tétrico, lo misterioso y lo ansiado que anida en la pubertad) y, en menor medida, a Sandy Denny.
 En definitiva uno de esos raros ejemplos descabalgados de la perfección más imperfecta que uno más aprecia y considera en el pop; Nada demasiado evidente ni tampoco nada excesivamente rebuscado. Levemente sutil pero con el alma puesta en perspectiva. Melodicamente ingenioso y milimetricamente ejecutado. De verdad. 
Les dejo con las notas de su carpeta…

 

…Este disco es la cima de la carrera de la talentosa -y rubia- vocalista nórdica. Doris Stevens, originaria de Gotemburgo, parece que al final ha logrado dar y grabar un puñado de canciones que encajan al cien por cien con ella. Puede que esto no sea sorprendente del todo cuando te das cuenta del genio musical que ha escrito y grabado el disco. La mayoría del material ha sido escrito y arreglado por el productor de televisión, pianista de jazz y compositor Bert Egerbladh. La asistencia lírica ha sido generosamente provista por el gigante escoces (sin faldas) Francis Cowan. Francis también toca el violonchello en unas cuantas canciones lo que explicará el por qué de su falta de kilt. De todos modos es una perfecta combinación que nos ofrece un espléndido resultado, con la pequeña ayuda del productor Hákan Sterner. Casualmente, Hákan encontró el trabajo tan excitante que se vio obligado a ocultarse tras una barba en cuanto este terminó.

 
 El disco de Doris nos ofrece treinta y seis minutos de disfrute musical garantizado para todos los gustos. Las discotecas encontrarán dos números en especial, “Don’t” y “Beatmaker” como dos buenos intentos de asaltar el box office. Los fanáticos del jazz podrían incluso comenzar a visitar dichas discotecas tras digerir “I wish i knew” y “I’m pushing you out”. Señalemos también esa increible balada titulada “Daisies” y díganme si Suecia no ha creado una seria competidora para Melanie.
 
Una vez más, este disco tiene algo para todos; lo mejor del underground, jazz, rock y folk, pero no mezclado en un enorme batiburrillo, sino en cadenciosa armonía. Escuchen a Doris, hay buenos ratos que pasar para todos…
 

Roger Wallis

 

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