BRUNO LOMAS Un hombre sin amor

BRUNO

Si en este país ha habido clase Emilio Baldoví, sin duda, ha sido uno de sus máximos exponentes. Hablo de clase, evidentemente, como una serie de características que diferencian a alguien de sus iguales y que viene sobrevenida de manera sino genética (que tal vez también) sí como un proceso inevitable, tan fluido como natural. Muchas veces sin querer o casi sin darse cuenta, en Bruno se daban todas y cada una de las virtudes que yo le pido a un cantante; Exuberancia sin rozar siquiera el histrionismo, elegancia sin un ápice de afectación, rotundidad pero nunca alardes. Sumémosle a todo ésto un fraseo único. Un fraseo que podía ser tanto rugido como caricia, siempre acorde con lo que la canción necesitase. De hecho en muchas ocasiones era ambas cosas a la vez, incluso en la misma estrofa, sin esfuerzo aparente, con tanta facilidad expresiva como naturalidad. Sirva como ejemplo el sencillo “Amor amargo/Mucho” con el que se presentó al VII Festival de la canción de Benidorm con dos canciones firmadas por el Dúo Dinámico. No muy distante en cuanto al tono y el espíritu de los clásicos de los Four Seasons, “Mucho” es todo un prodigio de ingenuidad e ilusión, pero también de conciencia de la fugacidad de los sentimientos, de aspiración a todo, sin ambages o concesiones. La manera en la que entona la frase “… En mi vida solo quiero mucho amor… o nada” nos transporta a un lugar donde todo aquello que teóricamente debería permanecer atenazado por el pudor, todo aquello que es idealizado deseo antes que terca realidad, aún por desgastar, cobra definitivo sentido. Lo que en otros hubiese sido algo meloso y afectado, blando y sobreactuado, en él se convierte en el epítome de la pureza, la atención al detalle. Se convierte, definitivamente, en algo propio, sincero, tan idealizado como inevitablemente fugaz. Supongo que esa clase es cosa que se tiene o no se tiene. Y ya está.

 

Al otro lado del espejo, cómo no, descansaría el aspecto mercantilista, el saber traficar con todo lo que se le puso en bandeja. Era éste asunto sin duda valioso, mejor aún, conveniente. Pero también secundario. Era, sobre todo, me parece a mi, un asunto personal, que no afectaba a la canción ni a su publico., sino a su ética vital. Ahí sí. Ahí concentraría todos sus errores, indesmayable, uno tras otro. No estoy del todo seguro si por impericia –aunque apostaría en contra de tal cosa- como por simplemente traérselo todo al pairo, no detenerse ni por un segundo a valorarlo, dedicado como estaba a cosas de mayor fuste. A vivir el presente e ignorar las consecuencias. Porque alguien tan por encima del cálculo, tan dedicado al momento, a la canción, no se iba a detener en menudencias. Grande hasta en el fracaso, generoso y estrella desde los humildes comienzos hasta su imparable ocaso, Bruno Lomas jamás osó jugar con ventaja cuando de canciones se trataba. Era chulo, sí. Con su punto macarra, tarambana y conquistador. De una simpatía arrolladora en las distancias cortas que, según dicen quienes les conocieron, al parecer enmascaraba sus demonios interiores. Puede ser, no lo sé, que incluso aquejado de cierta bipolaridad. Pero pese a todo aquello que llevase a cuestas, había cosas con las que no se permitía jugar. Sostengo que por pura imposibilidad genética, no tanto pues por no saberlo como probablemente por no quererlo. Ahí estribaba también parte del talento -Ingobernable, carente de cálculo, atropellado, de acuerdo- pero por tanto también su maldición. Conocer a la fauna –las canciones- tanto como menospreciar la jungla -el entorno- que necesitaba para perdurar.

En cualquier caso nunca pretendió servirse de las canciones sino que optó por servirlas a ellas, fuesen estas reinvenciones de clásicos del Rock and roll y del Soul, himnos Beat de ambos lados del atlántico o baladas ateridas de melancolía. Todo -ahí residía el verdadero prodigio- lo hacía propio al instante, permitiendo a las canciones respirar y se me antoja, necesitado de respirar con ellas. Posiblemente también fuese una maldición, pero una vez comenzaba a cantar no permitía que nada de aquello le afectase a nadie más que a él. Junto a las formidables versiones relucía imponente un repertorio propio, más espléndido aún si cabe, repleto de fuste y tronio. Un repertorio capaz de ser, visto ahora en perspectiva, acaso la más fidedigna y cabal novela sentimental de un tiempo y de una época. Una novela atemporal, vitalista y despreocupada, con sus luces y sus sombras. Canciones en apariencia sencilla y alegre pero cimentadas en una melancolía doliente a poco que se sumergiese uno en ellas; “Esa chica me va”, “Anoche la vi”, “Tu me añorarás”, “Es posible”, “Un hombre sin amor”, “En tu ventana”, “Yo sé que no volverás”, “Yo soñé”, “Ya llega el verano”… son hitos en una discografía que rebosa conquistas del mismo modo que reconoce derrotas. Porque eso era la verdadera cima alcanzada; No le conozco intento por adornar lo hermoso ni empeño por ensuciar lo tenebroso. A cada cosa su ropaje, luciendo en el antebrazo, imaginariamente tatuado, la divisa “No tengo nada que decir, solo mostrar”. Quiero pensar debido a que mostrar implicaba, precisamente, decir.

Probad con cualquier otro de los así llamados aclamados. Intentad escuchar su repertorio sin la coartada del retrato nostálgico de una época o el asidero del himno generacional que pretendemos, involuntariamente o no, nos rejuvenezca por ensalmo. En la mayoría de los casos, si queremos ser sinceros, todas esas falsas esperanzas se nos caerán al suelo rotas en mil pedazos. En cambio, sus canciones continúan hoy impelidas por un modo de vida insuflado de tanta coherencia artística como derrumbe vital. La coherencia del desastre. Una coherencia vital, de naturaleza involuntaria y sin embargo insoslayable. Una coherencia sobre todo aplicada a las canciones y por tanto consigo mismo. Y que sirviendo a aquellas acabarían indefectiblemente por hacerle daño a él, consumiéndole en una esquina de la que me temo nunca supo salir. Como tantos otros -y hay que reconocerle que él hizo todos y cada uno de los méritos necesarios para tal fin, en eso también era un figura- perdió su sitio en el Olimpo de la posteridad. Como igualmente tendremos que admitir que muchos, incluso de los que veneramos y tenemos en la mayor estima, se han hecho con un nombre en dicho podio con bastante, con mucho menos.

 

Permítanme un humilde consejo: Háganse un favor, no pierdan el tiempo con los cotilleos y la cháchara de los aledaños. Ni se entretengan en justificar o cuestionar su repertorio de boutades tanto vitales como artísticas. Él, por si aún no lo sabían, era una estrella. Él era Bruno Lomas. De hecho hubo un tiempo en que fue aquel que le dio la gana ser, con un par;

 

“Me voy a presentar para que sepan quién soy, me llamo Tony y soy un ladrón muy formal, robando joyas soy un hombre sensacional y con las mujeres fenomenal”

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VACACIONES Spanish Bossa

Spanish Bossa cover

 

 

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Verano. Agosto. Vacaciones. Asueto reparador, inocente -o no- molicie. Tiempo perdido, el mejor tiempo de todos, el mejor gastado. Y como banda sonora de ese instante dos destartalados volúmenes de Bossa a la española. Con alguna pequeña trampa, les concedo, pero siempre intentando ceñirme a la lengua del imperio. Nada especialmente raro, aunque sí, permítanme señalarlo, insólito. Veamos…

 Alfonso Santisteban por partida doble. Cantando, mal, pero al menos cariñosamente, en su disco “Bossa’68” para Marfer y con su Nueva Banda (Iturralde, Pepe Sanchez, Martín Carretero… casi ná) mezclando bossa, spaghetti western y rumba en “Brincadeira”. Diversas orquestas, a cual más reparadora: José Solá y su bossa Lujonesca en “Bahía de Palma”, Augusto Algueró rememorando tiempos que ya nunca serán con “Amor en un Yate” (de cuando estos eran aspiración y elegancia y no constatación de la garrulez más derrochadora, del gañanismo más irritante) o Fernando Orteu y sus delicias instrumentales… Más. Agustín Pereyra avant-Candeias con dos delicatessen –“Niña no divagues” y “Tema Martin”- de evocador recuerdo e inolvidable scat cortesía de Helena Uriburu. Orquestas ambulantesConjunto Nueva Onda, Grupo Elipse, Nelo Costa, Alcy Agüero– refinándose con un tres piezas con pajarita.

 Sigo. Cantantes femeninas tocando el cielo. Paula y su formidable, enorme “Mi habitación”, con sicalíptica letra, atiendan, atiendan. La catalana Gloria haciendo a Morricone con clase y elegancia. Una jovencita Mónica combinando -y saliendo airosa del brete-  Bossa con Space Music gracias a la pluma de Adolfo Waitzman. Lita Torello navegando en la Tristeza, Sabrina y su adictiva “No hagas caso” o la valenciano-cubana Gina Baró haciendo suya con garbo y torería  “Samba de una nota so”. También, conviene apreciarlo en su justa medida, variado surtido colonial con Elsa Baeza (belleza inolvidable de muñeca de porcelana), con Maysa Matarazzo castellanizando “Reza”, con Aldemaro Romero y sus chicas en “De repente” o con Mara Lasso cantando un instrumental de Santisteban. E, incluso, francesas en castellano, bien producidas por Janko Nilovic como la sugerente Chiquita y su “Quiero alunizar junto a ti” o Nena Catherine pareja de Tony Sánchez de Los Bravos, con esa delicia que atiende por “Trepa que te trepa”.

¿Y los caballeros?. Los caballeros hacían lo que les dejaban. Siendo sinceros, de todo, sin vergüenza ninguna. Tanto si hablamos de primeros espadas como Bruno Lomas y  su “Nuestro momento”, de Raphael con “El Golfo” o de Manolo Otero basileñizando a Serrat , como de secundarios de lujo. Secundarios que tirarán de clásicos sin complejos: Joaquín Romero con “La Chica de Ipanema”, Antonio Prieto y “Chove Chuva” o Luis Gardey y esa frusleria titulada “Rendevú”.

 También hay lugar para episodios de extravagante grandeza: Jimmy Neville -hijo de Don Edgar– aliado con Jaime Pérez, poniendo letra a su “Stress” (originalmente, como seguro sabrán, pieza instrumental para la película de Carlos Saura) y sumándole una segunda muesca, la arrebatadora “Tu mundo y el mío” o Antonio González “El pescaílla” reinventando -literalmente- a la chica de Ipanema.

¿Y los grupos juveniles? dirán ustedes -bueno, no tan juveniles, de hecho algunos parecían, eran, señores mayores- ¿Cómo les fue éso llamado Bossanova?. Pues tan bien -o tan mal- como con otros estilos. En estos dos volúmenes incluyo episodios a cargo de Los Unísonos, Los Millonarios, Los Rocking Boys (formidable su revisión del “Llevame a la Luna”, etérea, ligera, acogedora), ¡¡Nuestro pequeño mundo!!, Tinglado 13, Los Tricolores, ¡¡Los 3 de Castilla!!, Latin Combo, Sammy y los Leivas… todos ellos aparecen en este doble desatino.

Descuiden, ya no les canso más. Podría haberlo hecho, en vez de doblemente, por triplicado o cuadruplicado. Ahora mismo me saldrían dos volúmenes más. Pero no teman, mi crueldad tiene un límite. Dejémoslo así y ya veremos más adelante.

 Buen verano a todos.

ANNE MARIE COFFINET Chante (Futura Records Ep, 1970)

 

Pareja por aquel entonces del pianista alemán Sigfried Kessler, la actriz francesa Anne Marie Coffinet publicaría un estupendo – también raro y al parecer cotizado- ep en 1970, en el sello Futura Records. Titulado simplemente “Chante”, y arreglado y orquestado por Kessler, constaba de cuatro canciones en las que sobresalía, junto a su voz andrógina y profunda, un tono general que mezclaba varias cosas y que sin embargo no rechinaban en absoluto; chanson, jazz, soul y arreglos lujuriosos junto a unos textos con un punto de inofensiva decadencia a la francesa, levemente provocadores, aderezados con fogonazos de ingenio. Algo que aquí llamaríamos, muy prosaicamente, variedades (o, mejor aún, canción ligera) pero al venir acuñado en su término original en francés, varieté, viste, casi por arte de ensalmo, una barbaridad. Un disco similar en el tono, para entendernos, a los de la Brigitte Fontaine de sus discos más pop (Brigitte Fontaine set … folle, Comme a la radio…)

Junto a Kessler, afincado en París, participan también en el disco parte de lo más granado de la escena free jazz francesa. Miembros de los afamados Paris All Stars, como Bernard Lubat (multinstrumentista dotadísimo y gran scatman) o el guitarrista Pierre Cullaz. Gente con horas y horas de vuelo de trabajo con prácticamente la totalidad del quién es quien de dicha escena; Jef Gilson, Big Jullien, Eddy Louiss, Hal Singer, Martial Solaal, Jean Luc Ponty, etecé.

 El repertorio constaba de cuatro canciones y con colaboradores de primer nivel, tanto en los textos (Christine Moncenis, de la que hablamos aquí a propósito de su formidable “Sensation”) como en la música (Serge Franklin).

Sé que son satisfacciones mundanas, hueras. Pero no puedo evitar la sensación de alegría cuando me lo encuentro en un cajón del Estudiodelsonidoesnob, me lo pongo y descubro que sí, que es estupendo. 

DUTRONCMANIE (I)

 

 

 

A finales de los años cincuenta, la juventud francesa -y la europea- comienza a estar abducida por la fiebre, proveniente de los USA, llamada rock and roll. La sociedad de consumo, recuperándose de la guerra, alcanza por fin una velocidad de crucero. Comienza el reinado del capitalismo amable. La publicidad se instala dentro de lo cotidiano y el rock and roll y su cultura adyacente (coches, moda, restauración…) vive una revolución auspiciada por unos jóvenes que buscan emancipación y cambios. En París su epicentro se sitúa en el Golf Drouot, un club que toma su nombre por hallarse en la calle Drouot (en el distrito noveno, cercano a Montmartre) y por tener allí instalado un pequeño mini golf. Inagurado en 1955 cuenta con una de las primeras juke box que hay en Francia.En 1961 se convertirá en discoteca y en el templo del rock and roll francés, gracias a las sesiones vespertinas de los viernes tarde, en las que se hacen actuaciones de media hora para los grupos y solistas noveles (Les Chats Sauvages de Dick Rivers, Johnny Halliday, Eddy Mitchell, Les Chausettes Noires…) junto con actuaciones de artistas foráneos como Gene Vincent, Vince Taylor, Johnny Hurricane & the Pirates

 Jacques Dutronc asiste a ese nacimiento en primera fila. Tiene un grupo (Les Dritons) del que es guitarrista y compositor y en el que ya está su inseparable Hadi Kalafate junto a otros amigos como Michel Pelay, Jean Louis Licard, Charlot Benaroch o Jean Philippe Huster. Jacques es el prototipo del joven francés medio, a la vez laxo y conservador. Lobo y cordero, asiste como espectador atento primero y como protagonista después. Escruta, toma y desecha. Estudia para diseñador industrial y se toma aquello como entretenimiento. Pero pronto vende una canción a Les Fantomes, “Fort Chabrol”, que no es otra que la futura “Le Temps de l’amour” en versión instrumental y clave Shadows. Jacques Wolfsohn, uno de los dos directores artísticos de Disques Vogue, le echa la vista encima y lo ficha de inmediato. Jacques no olvida a sus amigos y se los lleva con él. Al contrario que muchos, tiene los pies en el suelo y no se dedica a fabricar castillos en el aire. Su máxima parece ser divertirse lo más posible haciendo lo menos posible. Su personalidad ya es firme, deja hacer y no tiene la necesidad imperiosa de sentirse alabado y valorado. Siempre en el frontera de la autoparodia y la insolencia, en realidad es un gran tímido con las ideas bastante claras. No se toma especialmente en serio ni parece ambicionar el éxito, pero tampoco es cuestión de despreciarlo. 

Wolfsohn es un tipo caústico, brillante, raro e irascible, pero sobre todo listo. Bautiza a su nuevo fichaje y sus amigos como Les Cyclons y posteriormente, viendo la arrolladora personalidad de su cantante, Daniel Dray, como El Toro et ses Cyclones. Junto a Dutronc y a Dray,  Hadi Kalafate al bajo y Charlot Benaroch a la batería completan el cuarteto. Se dedican a hacer versiones de Carl Perkins y de Eddie Cochran. Por aquel entonces Vogue es un sello antiguo, sus estrellas más destacadas son Aimable, Sidney Bechet, Cecil Luter, Marino Marini … necesitan sangre nueva como el comer. No se suele comentar, pero aunque Vogue ya ha firmado a Johnny Halliday, no sucede nada. No será hasta su pase a Philipps, ya con el repertorio adecuado, cuando se convertirá en un mito en Francia. Wolfsohn, todo hay que decirlo, tenía más olfato que oído, y aunque supo ver de inmediato el potencial de Jean Philippe Smuet, no supo dar con la tecla musical.  Es bien cierto que en aquella época, prácticamente fundacional, se hacían los discos casi para divertirse. Apenas existían reglas y todo era nuevo. No obstante lo suplirá con una jovencita apellidada Hardy, una muchacha lánguida, de facciones a la Garbo y  voz tenue. Al menos con ella  ya tenía el asunto de la imagen y la portada resuelto. Lo siguiente sería dar clases de canto y encontrar el repertorio adecuado. Cuando surge “Tous les garçons et les filles” la suerte ya está echada. Lo dicho, un jugador de póker.

Con Dutronc ese problema no se dará. Él es autosuficiente musicalmente, resulta ser un formidable guitarrista. Despreocupado y falto de ambición, pero versátil, imaginativo y fluido. Sabe perfectamente lo que se lleva entre manos sin darse la menor importancia. Conoce los trucos y también los tiene de cosecha propia. Aunque él prefiere estar en segundo plano. Sin embargo a Wolfsohn el grupo le parece prescindible, no así su guitarrista. Cuando graban su primer Ep, Jacques cree haber alcanzado el cielo. Ya tiene su rostro en la portada de un disco ¿A qué más se puede aspirar con diecinueve años?.

En 1965, a la vuelta del servicio militar, los Cyclones ya son pasado. Han grabado dos Eps más sin Jacques, sin éxito alguno. Dutronc se convierte en la mano derecha a jornada completa de Wolfsohn. Toca, ayuda en el estudio, emite sus opiniones ante el director artístico y sigue escribiendo canciones: Para una joven Zou Zou o para su amigo Claude Peterflam (como Peter Flamme). También para Cleó o Anne-Marie Nebot. Todas pasan sin pena ni gloria. Al menos de momento. “Et moi, et toi, et soie”, canción incluida en el primer Ep de Cleó, no es otra que la futura “Et moi, et moi, et moi”, sin la letra definitiva de Lanzmann que la hará inmortal.

 

 

Mientras tanto en Vogue existe una bicefalia entre los directores artísticos, tensa, sí, aunque, como se verá, también productiva. Christian Flechner, a quien Wolfsohn detesta cordialmente, aparece con un joven llamado Antoine. Su canción “Les elucubrations d’Antoine”, construida bajo la influencia del Dylan eléctrico, se convierte en un éxito enorme. Quién sabe si celoso (aunque él lo negará siempre, simplemente dice detestar la llamada canción protesta) prepara su revancha. Años después Jacques Dutronc declara a Salut les copains que en realidad un día llegó al estudio y Wolfsohn le espetó “… Jacquot, hay un tipo en Vogue que acaba de sacar un disco que no está mal. Se llama Antoine. Vamos a intentar batirle en su propio terreno…”.

Sea como sea, le pide a Lanzmann que escriba una letra con la idea de parodiar al cantante de pelo largo y camisas de flores. El resultado es un texto entre el cinismo y la introversión, reflejo formidable de la época. Con él en su poder, ordena a Dutronc que componga la música adecuada. Éste  vuelve al día siguiente con una canción que recuerda a los Kinks, chulesca e irónica. De inmediato graba una maqueta con Benjamin a la voz  y sus amigos Kalafate y Benaroch en la base rítmica. La canción se titula “Cheveux longs”. A Wolfsohn le gusta.

 Al contrario que en Inglaterra, donde reinan los grupos, en Francia, a partir del 66, será tiempo de solistas. Los textos de Lanzmann no tienen nada que ver con la autoconmiseración llorona, ni con la crítica social, ni tampoco con con la poesía surrealista. Juegan con un individualismo feroz, se regodean en el cinismo. Sus letras parecen decirse; Sí, el mundo cada vez parece ir peor pero yo reivindico mi derecho a ser feliz, a ser como soy. En cualquier caso, intentar crear una música para textos que hablan de burdeles, marquesas y la prohibición de divertirse, o del hambre en el planeta y el dolor de cabeza, no parece tarea fácil. Pero Jacques tiene un plan, trabaja en él desde hace meses, no ha perdido el tiempo. Tiene que hacer algo nuevo, burlarse de cantantes como ese Antoine, de quienes piensa que son flor de un día, y crear algo duradero y propio, generacional a partir del individualismo. Y sobre todo, nunca, nunca, olvidarse de procurar diversión y placer, tanta como sea posible. Se inspira en sus grupos favoritos; los Kinks, los Yardbirds, los Rolling Stones. Instrumentación básica (guitarra eléctrica , bajo y batería) y melodías casi lineales, simples y primitivas, ideales para escandalizar y divertir con los textos de Lanzmann. Sin quererlo inventarán la canción despreocupada, carente de maniqueismos y que parece dirigirse al individuo y no a la masa.

 Graban unas maquetas, con Dutronc como cantante, tarea que no le interesa en absoluto. Wolfsohn piensa entonces en Hadi Kalafate como solista, tras constatar que los problemas con el alcohol de Benjamin le invalidan para ser el estandarte. En cualquier caso el resultado no le satisface y al final tiene claro que la mejor toma es la de Dutronc.

 Los ensayos comienzan enseguida. Hay que sacar el disco antes del verano. Todos los que han escuchado la maqueta se muestran unánimes; No funcionará. Formidable, no hay nada que excite más a Wolfsohn que cerrar bocas y demostrar que es él el que tiene razón. La banda definitiva está formada por Kalafate al bajo, Jacques con la guitarra eléctrica, Jacky Pasut (un ex-Fantomes) como segunda guitarra, Claude Puterflam con la pandereta y Charlot Benaroch en la batería. El día de la grabación Benaroch no se presenta y es sustituido por Michel Pelay. El disco se graba, como es habitual en Vogue, con el mínimo de tiempo y medios. Prácticamente en directo, sin overdubs o pistas adicionales, en un tres pistas, con una urgencia y desenvoltura que acabará por convertirse en la marca de fábrica de Dutronc

 Jacques acepta su rol de cantante y, puestos a ello, comprende y refleja perfectamente el conflicto entre Wolfsohn y Flechner. Parodia a Antoine mientras canta “Et moi,et moi, et moi”, bien es cierto que porque el texto se presta a ello. Ya se muestra en todo su esplendor su don para la observación y la imitación, tanto en la voz como en los gestos. La canción está entre Antoine y The Kinks, más unas gotitas Rolling Stones. El disco saldrá finalmente en junio. La entonces pujante cadena de radio Europe 1 lo adopta de inmediato y no cesa de radiarlo. Lucien Morisse, el dueño de la emisora, Lucky Blondo, su locutor estrella, Daniel Filipacchi, el director de Salut les Copains … todos se muestran entusiasmados con ese desconocido. El propósito inicial de burla deviene en éxito nacional, venderá 300.000 ejemplares. Y eso sólo es el principio….

Todos los datos extraídos de “Jacques Dutronc, la Bio” de Michel Leyder (Editions du Seuil, 2004)

 

Jacques Dutronc es el fruto de una serie de circunstancias antagónicas, hay que tomarle por lo que es, una acontecimiento, un fenómeno. Alguien lo definió como un anarquista del individualismo, un purista de la independencia total. No persigue complacer, lo que le desmarcará del resto de sus coetáneos. Su obra personifica un extraño equilibrio entre la apatía más flagrante y la efervescencia más repentina. Es la chispa y el desdén. Esta personalidad un tanto extraña, transparente y confusa a la vez, será su gran ventaja. Lo convierte en brillante e insondable para el gran público, consiguiendo con ello un halo de misterio, una coraza protectora y con ello ser un artista deseado por el público. Sus ironías y burlas son malévolas pero no dañinas, sus groserías carecen de vulgaridad y sus dardos verbales son afilados pero desprovistos del veneno mortal. No busca aniquilar, sólo pretende divertirse. O lo tomas o lo dejas. Y parece ser que el público está por la primera opción.

Un halo de misterio le rodeará siempre. Asombra y sorprende por su insolencia, por su manera de afrontar su carrera. Es alguien diferente, no busca el complacer y, paradójicamente, el público se muestra complacido con ese elegante desdén. Pero que nadie se llame a engaño, Jacques Dutronc no es tal y como parece. No es en absoluto un cantante especialmente comprometido o con aristas sicológicas, al menos intencionadamente. Tampoco es un esnob ni un playboy. La verdad es que a veces es todo eso, pero de una manera involuntaria, sobrevenida. La verdad es más simple, él es un cantante, en el sentido más antiguo del término, antes que un chansonnier empeñado en recitar estribillos pegadizos sustentados en el engaño. No necesita tomar prestado de nadie presuntos mensajes con los que envolver sus canciones ni tampoco utilizar aquellos trucos más obvios que por lo general constituyen el gancho de una canción. Tampoco tiene que exigirle al personaje que haga suya la inteligencia universal que defiende sobre el escenario. Simplemente es él, con todas sus contradicciones, sin importarle mucho el qué dirán. Es atractivo, tiene carisma y es más propenso a los silencios sobre los que puede gobernar que a hipotéticas consignas que puedan volverse en su contra.

Eric Vincent, Salut Les Copains. Junio, 1967

Musica de Librería

SLS

 

TRACKLIST

00:00 INTRO Bienvenido a un mundo cristalino (KPM promo sampler) / 00:57 BELTRÁN MONER Hombres y bólidos. ESS Sampler (Lp, Berta) / 05:11 ALCY AGUERO Y SU ORQUESTA POP Trópico (Fase, Ep) / 07:52 L. GEMER Y EL CONJUNTO DE RAFAEL MARTINEZ RITUAL SONG (Spot, Ep) / 10:27 INTERLUDIO Beats / 10:36 RAY JORDANA Y ARMANDO PAMIES Luces Cambiantes (Tican, Single) / 14:02 UNIDADES Caballo Salvaje (Zartos, Single) / 16:25 BELTRÁN MONER Amanecer (Berta, Lp) / 10:48 JUAN LUIS MORALEDA Black & White (Estudios Carbonell promo Sampler Ep) / 19:10 DANIEL PATUCCHI Tema di Corinto, Perros callejeros. (CAM industries promo Sampler Ep) / 19:58 ADOLFO WAITZMAN La Corrida. Ess Mix (Erika, Lp) / FRANCISCO BURRULL Y SU ORQUESTA We love you (Sonoplay, Lp) / 25:06 INTERLUDIO II / 25:09 MARIA NEVADA Y LOS BRANDIS Life’s song (Boa, Ep) / 27:49 JOU COGRA GROUP Darkness (Barnafon, Ep) / 29:47 ORQUESTA MIRAMAR Sagitario (DMB, Ep) / 32:05 QUINTETO MONTELIRIO Ibérico Jazz (Calandria, Ep) / 37:40 CONJUNTO RAFAEL MARTINEZ Río grande (Spot, Ep) / 39:55 ALFONSO SANTISTEBAN Black & Blues (CAM, Lp) / ADOLFO WAITZMAN Danza del Sol (EDA, Single) / 43:59 VIGIL Persecucción (Siesta, Lp) / 46:42 RAMÓN GIL Mercurio (BOA, Ep) / EDDY GUERIN Y CLAUDIO VILLA Golden Soul (Lp) / 53:48 ORQUESTA MARAVELLA Jingo /56:38 LOS PEKENIKES Persépolis (Hispavox, Lp)

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¿Qué es la Música de librería? ¡Ay madre!, a ver como lo explico sin resultar presuntuoso o prolijo o, lo que es aún peor, todo ello a la vez. De modo sucinto seria aquella música hecha por encargo, dedicada a servir de biblioteca sonora con la que ilustrar a la industria audiovisual y cuyo marco temporal, por tratar fijarlo de algún modo, duraría desde finales de los años cincuenta hasta bien entrados los setenta. Era la audiovisual entonces una industria cuya pujanza crecía exponencialmente y que contaba con más excepciones que reglas. Veamos alguna de sus peculiaridades.

  Se trataba de una música hecha para atraer al público pero qué, paradójicamente, no dependía del éxito ante éste, sino que estaba supeditada a unas imágenes (bien fuesen para cine, televisión o publicidad) y por tanto era un capitulo más del producto global. Era pues música diseñada por y para la industria y sólo ante ella debía rendir cuentas. Pero tampoco eran bandas sonoras (aunque pudiesen serlo en ocasiones) propiamente dichas, sino una especie de música a la carta, algo que, en el fondo, tampoco se diferenciaba tanto de lo que se solía hacer cuando se componía para las estrellas del pop o las grandes producciones americanas. Digamos que carecían -aunque solo a priori– de la vanidad autoral o de la voluntad de trascendencia artística. Debian ser partituras instantáneas y fotográficas. Música, por lo general, creada en -muchas veces literalmente- oficinas musicales. Lugares en los cuales se trabajaba a un ritmo trepidante, intentando colocar cuantas más partituras mejor. Era -debía ser- música ágil, conectada con los tiempos y por tanto aquejada en su generalidad de una cierta naturaleza caduca. Podía también ser apresurada y corría el riesgo de quedar pronto obsoleta. En cualquier caso, cuando se acertaba, un trabajo de síntesis musical de metronómica precisión. 

 Por lo general solían ser  variaciones de una misma canción, hechas a partir de distintos arreglos, aceleraciones o ralentizaciones del tempo y las más diversas instrumentaciones, dependiendo su grandeza de la grandeza del autor y, sobre todo, de la inspiración de él en ese momento. Podían (los más líricos) incluir coros o el llamado scat, onomatopeyas vocales utilizadas como un instrumento más, que dotaban a la partitura de una ligereza andante y un punto pop internacional. Tenía la ventaja de no estar sujeta estilísticamente a reglas y modas pero también la maldición de depender de ellas. Era, en ocasiones, música contradictoria, pues así era su hábitat. Fue por todo ello un involuntario criadero de beats y grooves que han sido, desde los tiempos del hip hop, carne de sampleo inagotable.

 Carecía de mala conciencia. Era territorio proclive al filibusterismo inherente a las editoriales y a la condición humana. Se podía, con mínimas variaciones (o incluso con la misma, idéntica música), colocarla en distintas películas. Sirva como ejemplo de ello mi estupefacción cuando descubrí que parte de la formidable música de Stelvio Cipriani para “Femina Ridens” (en concreto la elegante “Mary’s Theme”),  suena en “El asesino no está sólo”, aquella coproducción sobre un asesino de prostitutas, tarado y sádico a dolor, comme il faut,  que contaba con una jovencísima Teresa Rabal y con Lola Flores como improbable profesora de ballet. Asumían, muy a su pesar, la transferibilidad de sus partituras mientras que no le hacían ascos, al contrario, a vender un producto por un precio o un sueldo, dejando aparcada cualquier vocación de autoría. Era también un mundo de pillos, los seudónimos se sucedían, unas veces debido a motivos contractuales y otras por intentar vender dos veces la misma partitura.

 Era también un territorio prácticamente europeo (UK, Italia y Francia, principalmente) en cuanto a sellos y editoriales señeras, aunque receptivos a cualquier artista dispuesto a trabajar bajo sus reglas: Alfonso Santisteban, Antón Garcia Abril o Adolfo Waitzman, por ejemplo, trabajarían para la CAM italiana (la cual llegaría a tener oficina en Barcelona y Madrid) en una época en el que las coproducciones cinematográficas europeas eran un filón muy atractivo al que hincarle el diente. Hacían, sin ningún tipo de recato o mala conciencia, de la necesidad virtud; Al no contar con los holgados presupuestos de la potentísima industria audiovisual norteamericana y sus grandes producciones, capaz de crear grandes bandas sonoras encargadas a los mejores músicos, con lujosas y bien pagadas orquestas, muchas veces tenían que cumplir con los encargos de manera rápida, ingeniosa y económica. Ello, por supuesto, no era óbice para mantener las aspiraciones de poder acceder algún día a esas grandes ligas, si uno estaba dispuesto a cambiar dinero y facilidades por libertad artística. 

 Servía de cantera y rodaje tanto como de sustento y de entrenamiento. Por una parte se  aseguraban el cheque mensual y, aunque se ponía a su disposición limitados medios, también se contaba con pequeños estudios y horas libres en los que plasmar su música. Surgían complicidades, se tomaban los riesgos que se quería y los estandards mínimos quedaban claros desde el principio. Permitía, además, tomar ambos caminos (si se sabía navegar con inteligencia) y vivir decentemente mientras que se experimentaba sin cortapisas.

En oposición a la música americana hecha con los mismos propósitos era, si se quiere, menos cruda, más ligera y más volátil. Rezumaba una melancolía a la europea, de un romanticismo menos dulzón y más evocador, y, al haber menos filtros de control, contaba con un intransferible sentido del humor. La música de librería era como arcilla lista para ser modelada. Unos realizaban con dicho material piezas funcionariales mientras que otros dejaban la imaginación volar, introduciendo cualquier sonido nuevo que acabase de llegar a sus oídos, a la vez que convertían al estudio de grabación como un instrumento más. En ese sentido era innovadores, atrevidos y, los más duchos, capaces de integrar modernidad con vocación popular. No le hacían ascos a ningún estilo y muchas veces esa anarquía, bien sujetada luego en las salas de montaje de los estudios, daba lugar a acontecimientos supremos.

 En nuestro país, como con tantos otros estilos, la cosa era anárquica, falta de la más mínima estructura y territorio de espíritus libres. Pero era, no dejen que les engañen. Los más sagaces, ya se ha dicho, viajaban y vendían sus servicios a editoriales foráneas. Pero la gran mayoría, autores de episodios propios del francotirador o del insensato, se dedicaban a subsistir. Por supuesto, todo, aún hoy en día, falto de un discurso y una sistematización en su estudio. Por supuesto también, la gran mayor parte inédita discográficamente y, en el mejor de los casos, editado de aquella manera, sin acreditar o de tapadilllo en sellos cuanto menos hoy olvidados, bien sin distribución o bien propiedad de multinacionales que dudo si quiera que sepan de la posesión de sus derechos fonográficos. De muchos de esas aventuras ya se hablado en el Estudiodelsonidoesnob: Episodios como los de Beltrán Moner en Berta (subsello de Polygram) para los programas de motor de TVE, la gran mayoría de la obra de Asins Arbó, toda la música de Waldo de los Rios (entre la música concreta, la electrónica experimental y su devoción Wagneriana) para “Historias para no dormir”, Juan Luis Moraleda y sus trabajos en los estudios Carbonell,  Los Eps de Luis Araque con esas cortinillas cinematográficas llamados los Filmlets o los de José Solá para las películas noir de Julio Coll. Más. Los Lps en Marfer de Santisteban con sus músicas para series de Televisión española, las aventuras de Juan Carlos Calderón con Marisol, los Eps de regalo en complejos turísticos del maestro Torregrosa, Jaime Cristau y su orquesta Miramar con sus numerosos seudónímos (Charlton Flyes, Blas & His Group, Conjunto Jae’s Soul, Frank Miller…), Eddy Guerín y Claudio Villa, la gran mayoría de los discos de Calandría (recopilados en el formidable Iberico Jazz por Munster), Ramón Gil, El Conjunto de Rafael MartinezLa Orquesta Maravella…

 Todo un entramado, más alambicado que las trincheras de la primera guerra mundial, en el que se entrecruzan los más diversos personajes: Bandas militares cuasi desertoras, alopécicas Orquestinas dedicadas a entretener a los turistas, producciones cinematográficas de serie z, cejijuntos aspirantes a estrella pop, concursos televisivos y radiofónicos del más diverso pelaje, ortopédicos combos de pseudo soul y carpetovetónicos especímenes entre el pasmo y la desvergüenza. 

Qué quieren que les diga. No quiero hacer de mis carencias bandera, pero… ¿Estoy enfermo? sí, muy probablemente. Pero que me (nos) quiten lo bailado.

 

 

ERICK SAINT LAURENT Sus Eps en Chez Barclay (1966/1967)

 

 

Entre Julio de 1966 y diciembre de 1967 Patrice Raison (a.k.a. Erick Saint Laurent) publicaría cinco eps en el sello Barclay. Codiciadísimo el primero de ellos entre los coleccionistas, gracias a esa maravilla que atiende por “Le Temps d’y penser”, en su repertorio, tutelado por Pierre Saka, hay de todo y casi todo bueno: Versiones (The Zombies, The Nice, The Monkees, Procol Harum, The Beatles o Jacques Prévert, entre otros), canciones firmadas a medias por su mentor y Jacques Bulostin (a.k.a. Monty) e incluso unas cuantas suyas nada despreciables.

 Erick Saint Laurent debuta en el mundo de la música en el año 1964 con el grupo Les Hornets. Actuan en diversos locales de París llegando a ser teloneros de los Kinks en su actuación en L’Olympia de Paris el día de la fiesta nacional francesa de 1965.  Pronto se cruza en su camino Pierre Saka, un escritor/periodista radiofónico/entretenedor con una ya sólida trayectoria a sus espaldas (Trabaja en la RTL y ya ha escrito letras para Sylvie Vartan, Les Chats Sauvages, Eddie Constantine, Henri Salvador…)  Este ve en él, un muchacho de voz e imagen formidable, la oportunidad de modelar a alguien a su gusto, desde el principio. Ficha por el sello Barclay y publicará cinco Super 45 tours entre 1966 y 1967. No escatiman en gastos: los mejores arreglistas y directores musicales (Jean Claude Petit, Reg Guest, Jean Bouchety…) y los mejores músicos de estudio. Sus cinco Eps son el vivo retrato de una época. Versiones de todo tipo, desde las más evidentes: Los Beatles (“Eleanor Rigby”, “C’est devenu un homme/She’s leaving home”), Tommy Roe (“Un Canard”/”Sweet pea”) o los Monkees (“J’ai cru a mon rêve”/”I’m a believer”) hasta otras menos obvias: The Nice (“Aprés la batalle”/”The night of Emerlist Davjack”), Procol Harum (“Lila Mary”/”She wandered through the garden fence”). No olvida tampoco los clásicos franceses, parece jugar a porcentaje: “Les fueilles mortes” de Jacques Prévert, “L’amour est mort” de Jean Michel Rivat y Franck Thomas… la fotografia de dos años inolvidables en los que todo parecía caber, en los que todo podía suceder.

Pero, pese a todo, tal vez sean las canciones que aporta Saka (Con músicas de Monty, de Jean Pierre Bourtayre y también del propio Erick Saint Laurent) las que muestran mejor lo que pudo haber sido y no fue. La ya citada “Le temps d’y penser”, con su aire beatnik, su guitarra fuzz , los vientos souleros y su sección rítmica en modo apisonadora, revistiendo una letra retrato de los tiempos: las ganas de emancipación, de ser diferente, los nuevos códigos de la juventud, la incomunicación generacional y América como tierra prometida. Junto a esta cima, otras como “V.I.P.”, la muy Beach Boys “Il a suffi d’un jour”, “Central Park”, puro popsike orquestal…

 Lamentablemente,  a principios de 1968, cuando todo parecía presto para la ignición, Erick Saint Laurent tiene que marchar a cumplir con el servicio militar. A su vuelta, un año y pico después, las tiempos han cambiado. EN realidad es como si hubiese pasado una década. El hippismo campa a sus anchas, el tiempo de los solistas ha sido borrado del mapa. Entra como corista en la banda de Eddy Mitchell e incluso intenta, con el grupo Présence, asomar la cabeza en el nuevo orden. Todo será en vano. Así y todo en 1972 publicará un nuevo single (“Un amour en papier”/”A loin de toi”) y desaparecerá para siempre.

 

ALGO SALVAJE Vol. 2 Untamed 60s Beat & Garage Nuggets from Spain

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El próximo 4 de marzo sale a la venta el Vol. 2 de “Algo Salvaje. Untamed 60s Beat & Garage Nuggets from Spain” en Munster Records, formidable segundo capítulo de la recopilación, que se intuye antológica, del Beat y Garaje hecho en nuestro país. Enfundado en una estupenda portada (una foto de los Gritos) y con textos de Vicente Fabuel, que, como en él es norma, lo son de tan ajustada concreción como didáctico magisterio, además de enormemente ilustrativos e informativos. El disco recoge 28 canciones hechas en nuestro país que, como cuenta el antologista, es “…Un festival de beat crudo, directo y agresivo, más las lógicas digresiones estilísticas de acuerdo al psicodélico devenir de los tiempos…”.

 Editado en formato de doble Lp y cd, el disco recoge arrebatos juveniles, audacias (más de las convenidas) e inspiración tan libre como a menudo aislada.  Sirve también para trazar una cartografía, un tanto anárquica si quieren, del estado de un país baqueteado pero curioso en su subsuelo y de una escena incipiente. Junto a bandas y solistas capitales en dicho ámbito, como Los Salvajes, Smash o Bruno Lomas, asistimos a los embriones de Tino Casal, Daniel Velázquez o Lorenzo Santamaría (como Los Archiduques, Cefe y los gigantes y los Z-66, respectivamente) junto a episodios esporádicos -carreras de un único sencillo para entendernos- como lo fueron las de Don y Su Banda Club, las Aguilas Reales o Los Flechas. Versiones de canciones clásicas, tan atrevidas como de sorprendente efectividad (entre otras, de los Mar-Keys, The Animals, Gary Walker & The Rain, Vince Taylor, The Castaways o el Dúo dinámico). También repleto de  un variado anecdotario; apariciones del grupo de un futuro ministro de Justicia (Los Cirros), el germen de los que se convertirían en Evolution (The Vampires) o la banda beat del gran Ramón Farrán (Ramón-5). En definitiva la necesaria y justa puesta en valor de algo que, en mi humilde opinión, lo merece sin ningún género de dudas.

Así pues no me queda nada más que agradecer tanto al recopilador como al sello el formidable proyecto. Por cierto, anuncian futuros capítulos. Sin mas dilación y si aceptan un humilde consejo, compren. Incluyo un pequeño sampler con fragmentos de las canciones que espero les sirva para hacerse una idea.

Repertorio;

LAS AGUILAS REALES La ruina

LOS ANGELES NEGROS Me equivoqué

LOS ARCHIDUQUES Lamento de gaitas

LOS BRISKS Si mañana será así

BRUNO LOMAS Vendrás conmigo

CEFE Y LOS GIGANTES Sin rencor

DON Y SU BANDA Acción

LOS FLECHAS Diciendo no

LOS TONKS Escapada

LOS ZINKOS No te puedo amar

GRUPO 15 El Olé

LOS POPS Te esperaba

LOS GATOS NEGROS Cadillac

LOS RELAMPAGOS El baile del bufón

LOS SALVAJES Soy así

RAMON-5 Amor perdido

LOS SIMUNS You don’t love me

LOS SOÑADORES Sin saber por que

THE VAMPIRES New love

Z-66 Carrera con el diablo

LOS GRITOS Veo visiones

DIABLOS NEGROS Last night

JUAN Y JUNIOR Nothing

SMASH Well you know

LOS CIRROS Lack a day

LOS CRICH I can’t stand it

LOS IBEROS Liar Liar

LOS INDONESIOS I can tell

 

Por cierto, como todos ustedes ya sabrán, veníamos de aquí…

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ALCY AGÜERO Y FAUSTO PAPETTI Quiero bailar un sabato notte

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Cree uno no ser especialmente fetichista con los discos. Bueno, a ver como lo explico, tal vez sí. Tengo varios miles, para algunos una cifra totalmente  desorbitada. Y no pasa un día de mi vida, desde hace ya no sé cuanto tiempo, sin que me dedique a buscar, comprar o cambiar. Pocas cosas hay que me gusten más que buscar mi dosis habitual. No quiero contarles lo que sucede cuando la encuentro. Así que todo depende de los ojos con que se mire, por supuesto.

Lo que quiero decir es que ninguno de los que descansan en el estudiodelsonidoesnob lo está por otro motivo que no sea el que me gusten. De un modo que oscila entre bastante y mucho, con la contadas excepciones que confirman la regla. Cada vez tengo más clara la vigencia de esa frase que dice que la música muta y nosotros con ella, frase que además tiene la cualidad de la propiedad conmutativa. 

No tengo tampoco especial interés en jugar en el mercado del disco y su bolsa de cotización variable. No es que tenga nada en contra del que a ello se dedique, muy al contrario. Sostengo que cada uno se busca la vida como mejor sabe y no seré yo el que los juzgue. Asi que no se me ocurrirá nunca tachar de especulador a alguien que ha perdido su tiempo, que se ha dedicado a buscar y chequear donde la mayoría, bien por comodidad bien por exquisitez, jamás pondrían su ojos y sus manos. 

Hace ya unos años me hice por fin con este ep de Alcy Agüero de 1976 en el sello Fase. Contenía cuatro estupendas canciones; “Trópico”, una pieza de Exótica groove con coros arrebatados entre percusiones y un piano, junto a elegantes combinaciones de pedal fuzz y wah wah. “Obá Obá” iba por una senda parecida, quizás más pausada pero igualmente sinuosa y atrayente, una pieza digna de cualquier banda sonora de Blaxploitation. la tercera de ellas, “Sao Paulo”, era -¿qué otra cosa podía ser?- sugerente bossa planeadora, trufada de esos dabadás que te alegran un mal día, mientras se debatía entre un piano juguetón y un saxo esquelético,  algo verdaderamente inspirador. Pero la canción clave, para mi gusto, era -y es- “Quiero bailar” (minuto 2:49 del mixcloud que les enlazo): Arrebatada desde su inicio, un llenapistas apoteósico de Latin groove, con todas las cualidades -mal- descritas en las otras tres, además un punto absolutamente desenfrenado.

 El cómo había llegado ese disco a un sello tan menor y saber quién era el tal Alcy Agüero me obsesionó durante un tiempo. También quién diablos seria la portentosa Orquesta pop que le acompañaba, quienes eran sus miembros. Investigando por ahí supe que Alciviades Agüero fue un pianista cubano escapado de la Cuba castrista que aterrizaría en España a mediados de los años sesenta. Lo hizo acompañando a Mara Lasso y según cuenta Yolanda Farr  era un pianista excelso, capaz de destacar en todos los registros, siempre permaneciendo en un segundo plano. Ella misma contaba en su blog que “…Su facilidad para transportar cualquier canción a cualquiera que fuese la tesitura de la persona que la solicitaba era sorprendente…”. Contaba también que lo había conocido en el Centro Cubano de Madrid que había en la calle Claudio Coello. En él se inauguró un Bar con coctelería y cocina cubana al que acudían todos aquellos que, como él mismo, formaban parte de la diáspora cubana en Madrid; Eduardo Davison, Las hermanas Benitez, Luisa María Guell

 Alciviades había sido -todavía lo era- un pianista de fuste en su Cuba natal y era, junto a colaboraciones aquí y allá, como algo parecido a lo que sería el pianista residente del centro cubano. Había tocado con las mejores – Olga Guillot, Celia Cruz, Xiomara Alfaro– y era reverenciado por todo el mundo. Al parecer, y según la Farr, junto a sus cualidades artísticas le adornaba también una bonhomía y modestia notables.

 Poco más puedo contarles. Absolutamente nada de los miembros de la tal Orquesta Pop (desde aquí agradecería infinito cualquier aportación). Únicamente que algún tiempo después di con un sencillo de Fausto Papetti (sí, aquel de las portadas sicalípticas que, para los que tengamos ya una cierta edad, fueron poco menos que una bendición en tiempos de carestía e imaginación desbordada) del año 1973 y de título “Il primo apuntamiento”. Como se suele hacer, uno le dio la vuelta y allí estaba “Sabato notte”. Vaya canción, amigos. Formidable, se me iban los pies con ella, me era tan familiar… Pues claro que lo era, ya que  no era otra que la misma canción. Quiero decir que era “Quiero bailar” pero sin coros, completamente instrumental. Enlazo ambas para que juzguen ustedes. Quiero creer -de hecho estoy prácticamente seguro- que no hubo ninguna malicia por parte de Alcy, en todo caso del sello y tal vez ni eso. Venia firmada por Agüero (los textos, incluidos en esta nueva versión, aunque escasos, debía de ser suyos) y ni rastro de Papetti. La verdad es que  tampoco es que se fuese a hacer de oro  -aunque al precio en que se cotiza hoy en día dicho Ep igual un pico si que sacaba- o equilibrar su economía. De hecho, todas las copias que he visto en mi vida (no más de tres o cuatro) vienen con el sello “Obsequio” en la contraportada.

 

SERGE GAINSBOURG Anna

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“Anna”(Philips, 1967) fue una película en color para la televisión francesa, emitida el 13 de enero de 1967, dos días después de Dents de lait dents de loup, en su segundo canal. Pese a una promoción eficaz, la críticas fueron dispares. En la prensa algunos titulares hacen sonreír, del tipo Gainsbourg ha querido encjar textos inteligentes dentro de ritmos jerk”. Por aquel entonces declara:

“La música de “Anna” tiene un sonido nuevo. La gente dice ; Es ye-ye … Pero éso, ¿Qué significa?; Nada. Ya habrá tiempo en el futuro para asimilar estos sonidos nuevos y esta música, sin ideas preconcebidas ni palabras peyorativas…”

También es un Lp, hasta sus varias reediciones, desde hace unos años, en formato vinilo (antes lo fue en cd, en la caja “De Gainsbourg à Gainsbarre” y también en edición japonesa), codiciadísimo por los coleccionistas. Tuvo una muy pequeña tirada y se había convertido prácticamente en invisible. Esa rareza contribuyó durante casi veinte años a conferirle su dimensión casi mítica. Hoy podemos decir que es una obra sorprendente y que simboliza un estado de gracia extremadamente pop, por lo demás muy atípico en la acartonada TV de la Francia de De Gaulle.

Pierre Koralnik, su director. “… Anna es la historia de un joven exitoso que dirige en una agencia de publicidad –Jean Claude Brialy– y qué, por azar, ve la fotografía de una chica (Anna Karina, musa y pareja durante un tiempo de Godard) que no puede borrar de su cabeza. Desde ese momento solo tiene una obsesión, encontrarla. La busca por todo París. La gracioso de la historia es que la tiene frente a él, es su asistenta. Para él es invisible, tras sus ropas de trabajo y las gafas de culo de vaso que la camuflan. Es todo bastante extravagante. La música, toda de Gainsbourg, esta pensada como un script de cine. Es muy rock’n’roll y también muy pop. Se muestra toda la modernidad de la música de Gainsbourg y sus textos son, como en él es norma, magníficos…”

Anna Karina, su actriz principal. “… Tras nuestro primer encuentro encontré a Serge muy tímido. Yo no entendía porque se le consideraba tan feo. Tenía belleza y clase en su gesto, muy distinguido, casi principesco diría yo. “Anna” fue muy importante para mi. Siempre había soñado cantar y él me había escrito canciones maravillosas. Adoraba que me enseñase y tocase sus canciones. Me parecían recuerdos de adolescencia, de cuando tenía catorce años. Mi padre me llevaba a los bares, el tocaba y yo cantaba…”

Jean Claude Brialy, su actor principal. “… Serge me dijo: Voy a enseñarte a cantar … ¡ Cantar yo!… imposible. Y eso es lo que hizo, con mucha paciencia y cariño. Intenté imitar su voz para no estropearlas, ya que sus canciones eran bastante complicadas. Hizo que me esforzase…”

“… Estaba atraído por Anna Karina, cuya forma de cantar era susurrante, un tanto erótica, algo que encontraría más tarde en los discos de Jane. Creo que Serge estaba enamorado de ella. De cualquier modo, Serge no podía trabajar con nadie de quién no estuviese enamorado. Incluso decía que estaba enamorado de mí. Venia a verme al plato con un pequeño ramo de flores. Era muy cariñoso, muy tierno…”

Para la grabación de “Anna”, Gainsbourg recluta a Michel Colombier como arreglista y director musical, siguiendo los consejos de su amigo Alain Goraguer. Colombier hace un trabajo formidable. Habituado y cómodo con los sonidos sixties (Había compuesto todos los jingles de “Salut les copains”) esta toma de contacto es tan solo la primera de una serie de fructíferas asociaciones; Los arreglos de “Bonnie & Clyde”, la primera versión de “Je t’aime moi non plus”, etc.

Michel Colombier“… Serge tenía aquello que yo no tenía y viceversa. Encontraba nuestra manera de trabajar muy interesante porque no era cuestión de ganar una competición, simplemente era un trabajo en común. Yo elegía, por ejemplo, el tono de la orquesta y el no intentaba darme una melodía que no fuese apropiada a ese tono, muy al contrario. Asistía a todos los ensayos y me señalaba aquello que no le parecía bien. Podía ser una nota, un acorde o la posición de esa nota dentro del acorde. Para mi era apasionante, además de la fascinación que yo tenía por sus textos descubrí que tenía un sentido melódico único, que debía mucho a sus orígenes ruso-judíos. Los judíos y los negros son los únicos, pienso, que poseen verdaderamente el blues…”

El disco, en principio un juego menor, es todo un recital de Gainsbourg, algo cercano a un campo de pruebas de lo que más tarde serán sus discos para Jane Birkin. Panorámico y sin cortapisas, Gainsbourg escancia todos los licores de su mueble bar musical en copas repletas. Unas de pop (Boomerang, Pistolet Jo), otras de chanson (Sous le soleil exactement, Ne dis rien), e incluso combinados de beat y swinging london como Roller girl.

The Hammond Sound Of JOU COGRA

HAMMOND

Jou Cogra (Josep Cortés Granero) fue uno más de los numerosos habitantes sin nombre de ese planeta musical paralelo que fue la serie B de la música popular española. Tipos a los que el talento o la fortuna –en ocasiones ambas cosas a la vez- tal vez les fallase, aunque probablemente bastante menos de lo que les fallaría el cálculo comercial y su inexistente visión panorámica del tiempo en que vivían. No, no estoy acusándoles de nada, muy al contrario. Conminados como parecían estar para regalarnos obras tan anacrónicas y libres como llenas de sorpresas y hallazgos casuales, tal vez ingenuos ejercicios de voluntarismo en última instancia, su música solía estar regida, nobleza obliga, por una pasión desbordante.

Pero descuiden, nada de esto sería obstáculo, afortunadamente, en su intento desmadejado y a trompicones en la búsqueda de su ingreso en su idealizado Olimpo. Una búsqueda por aproximación, errónea si quieren -hoy, más que nunca, asunto ya sin importancia- , pero, insisto, de emocionante obstinación. Ajenos en gran medida a la realidad y completamente desconocido el legado que transmitirían. Una herencia, concedámoslo, quizás sostenida por muletas y en gran parte escayolada, pero ante la que no queda, una vez transcurrido el tiempo (más de cuarenta años) otra cosa que el agradecimiento y la celebración de lo distinto, junto a una cierta lástima por la falta de articulación de su discurso.

Tras lograr la licenciatura de piano y armonía, Josep Cortés comenzaría como teclista en la orquesta del Chupi (Antoni Saigi Jordá), músico, cómico y entretenedor muy popular en la Cataluña de la época. Saigi había vivido durante años en Cuba y estaba especializada su orquesta en recrear todo el abanico de los ritmos latinos posibles  -boleros, cha-cha-cha, mambo, rumba, etecé- mientras sostenían las peroratas y ocurrencias con las que Chupi entretenía a su audiencia. Pero llega un momento en el que Cortés, cansado, decide intentar volar por su cuenta y emprender carrera en solitario. Estamos en 1971. Decide entonces rebautizarse como Jou Cogra y graba un primer Lp homónimo en el sello Spiral, de tan sugerente portada como prescindible repertorio. Pese a todo, imbuido de los sonidos latinos que ha mamado en la orquesta, algunas de sus canciones, que hemos incluido en este disco (versiones de clásicos como “Lupita” o “Mambo en Sax” del Maestro Pérez Prado o la brasileña“Eu Vou”) despiertan una cierta simpatía. Es un disco balbuceante, apoyado en su mayor parte en la comodidad de los estilos que estaba acostumbrado a ejecutar en público. También es un disco en el que se atreverá a cantar por primera y última vez.

Como es natural, nada sucede tras la publicación de ese primer disco. No será hasta tres años más tarde, ya en 1974, cuando un irregular Extended play publicado por Barnafon nos presenta a un nuevo Jou Cogra. Todavía cojea este nuevo proyecto de cierta morosidad y querencia por el resquicio acomodado: bossa un tanto ortopédica en “Novo amanhecer”, melodías propias de cualquier club de carretera con “Sweet charme“. Pero del mismo disco emergen ya canciones en las que todo parece estar ensamblado.“Comanche” emana un aire Spaghetti western, con sus percusiones de feria, sus coros entre afásicos y extravagantes, su agradable aire a medio hacer. “Darkness”es, directamente, una barbaridad de apoteósico calado, un ondulante trip que transcurre entre múltiples clímax sonoros; despendolado Free Funk con pedal wah wah, vientos souleros, breaks de percusión y un hammond desatado. Por resumirlo brevemente, una de las joyas de la corona. Las cuatro canciones de dicho ep vienen incluidas en esta recopilación que tienen en sus manos.

El éxito, evidentemente, sigue estando en el mismo lugar, a años luz (porque no creo que Josep Cortés encontrase, siglos después, o sea, hoy, ninguna consuelo en la cotización que dicho Ep alcanzaría en el mercado discográfico) y Cogra se encuentra en una encrucijada. Qué digo encrucijada, siendo benévolos, está con pie y medio en el precipicio, de vuelta al mundo de las orquestas y a sus clases de piano.

¿Y qué es lo que hace un ludópata cuando vienen mal dadas?. Efectivamente, doblar la apuesta. Han pasado otros tres años y en 1976, publica en el sello Tipi un segundo Lp, que aquí incluimos íntegro. “The Hammond sound of Jou Cogra“, que así se llamará, tiene una historia tan fascinante detrás como lo es, al menos, gran parte de la música que contiene.

El disco, digámoslo de entrada, es un híbrido poco uniforme. Momentos formidables junto a otros aquejados, cuanto menos, de la tisis. ¿Y a qué se debe esto? Es sencillo. Los dueños de Tipi le hacen saber que no hay dinero suficiente para la grabación. Si quiere terminarlo, ha de ser financiado a medias. Cogra, como es evidente, no anda sobrado de capital. A grandes males, grandes remedios. Se le ocurre entonces la brillantísima idea de inventarse el crowdfunding con casi tres décadas de antelación. Para ello ofrece la posibilidad, a todo quien quiera, de grabarles sus canciones mientras asuman también los costes. Un disco a la carta, para entendernos. Hay distintas tarifas, no se crean. Una, la más elevada, para aquellos que consideren su arte como algo supremo y no quieran que se toque nada de su creación. Obviamente son las peores del disco (“Arabian hit”, “Sol de verano”…). Una segunda para aquellos que, más razonables, acepten el que Jou Cogra maquille el desaguisado arreglándolas (la discreta “Superblues”, muy deudora de “Señor Blues” y del “Comin’home”, correcto modal jazz, o la saltarina “Blues 4”, sincopada y ortopédica tonadilla que logra convertirse en simpática a la tercera o cuarta escucha). Pero, sobre todo, lo que hay es un puñado de maravillas que todavía hoy refulgen esplendorosas. Sin querer ser ditirámbico, procedamos a enumerarlas; “Cajas de madera”, con su beat casi Kraut y un fuzz salvaje que la cose de principio a fin. “Atrapados” y “Persecución”, ambas experiencias cinemáticas de irresistible pulsión. “Todo controlado”, orgíastico hammond sound digno de cualquier sesión de Librería de sellos como KPM o Montparnasse 2000. “Cráter satánico”, robusto tour de force que combina disimulado virtuosismo entre una tormenta de hammond, guitarra eléctrica y estimulantes breaks de batería

Por último tal vez alguno de ustedes, los afortunados que atesoren una copia del disco original, se preguntarán el por qué de la leyenda que aparece en su portada. Sí, esa que dice “Festival Eurovisión ’76”. Se lo explico. Tipi, ése insigne sello con visión de futuro, decide que Cogra grabe una versión de “Sobran las palabras”, la canción de Braulio que representaría a España en el festival de Eurovisión de ese año. Justicia poética, es la peor canción del disco con mucho.

Todos los datos biográficos han sido extraídos de la entrevista hecha a Josep Cortés Granero en el programa de radio “Poplandia”