NORO MORALES Saona (Roulette/Tico, Philips España)

 

 

 

A principios de los años cuarenta (y hasta la mitad de esa década, con la irrupción de Machito y su banda) la orquesta de Noro Morales y la de Xavier Cugat eran los grupos más populares de Nueva York. Por donde quiera que actuase Noro, los músicos de otras bandas (Tito Puente, Charlie Palmieri, Pete Terrace, Tito Rodriguez, Lou Pérez, Frankie Colon, Hector Rivera…) hacía cola para presenciar sus shows.

Noro Osvaldo Morales Sanabría (1911-1964), fue un maestro del piano, versátil y lírico con sus fraseos de tonalidades agudas. Un titán en trasladar con sus solos y sus montunos un sentido del ritmo elegante y dinámico. Poco preocupado por otra cosa que no fuese la música y las mujeres (también la bebida, se decía que se cepillaba una botella de ron diaria y eso, junto a su obesidad, fue lo que termino matándole), fue uno de los primeros en ser capaz de trasladar a los grandes públicos blancos, sacándola del ghetto, toda la grandeza de la música látina.

Que uno sepa, en España se publicaron al menos dos Eps, (en Roulette-Tico, distribuido por Philips Ibérica). En un uno de ellos está esta obra suprema de título “Saona”, curiosamente no escrita por él sino por otro maestro , Manuel Sanchez Acosta. Un Mambo-Exótica de tintes impresionistas del que todavía hoy maravilla el sentido del ritmo de sus percusiones, del mismo modo que seduce y atrapa, hasta casi llegar a la hipnosis, su elegantísimo modo en sacarle al piano todas sus tonalidades, mientras que unos coros -escasos, pero de evocadora magnitud- enmarcan y coronan tal festival de  sensaciones.

 

… Para los latinos de Nueva York durante la década de los años cuarenta y a comienzo de los cincuenta, las palabras Noro Morales significaban música bailable excitante. Morales era un hombre obeso que media 1,72 centímetros y pesaba 127 kilos durante la plenitud de sus años. Noro era un héroe puertorriqueño en los años cuarenta, principalmente por dos razones; la primera, porque algunos de los títulos de las canciones que él escribió llevaban los nombres de varias ciudades de Puerto Rico, y la segunda, porque sus trabajos contenían letras de Rafael Hernández, las cuales exaltaban la cultura de la isla …

“Mambo Kingdom”, Max Salazar.

… Cuentan que en el Teatro hispano de Harlem, tras terminar la función cinematográfica, comenzaba a sonar “Serenata rítmica”, se abrían las cortinas y aparecía Noro con su orquesta. La gente se volvía loca, aplaudía, gritaba, se subía a los asientos y bailaba, impulsada por la música y un arrebato febril de orgullo puertorriqueño … 

 

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FANTÁSTICAS PORTADAS Juanjo Andaní (Editorial Milenio, 2015)

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La verdad es que no sabe uno muy bien por donde comenzar, abrumado por todo lo que FANTASTICAS PORTADAS nos regala. Acabo de pasar unos días de vacaciones y he de confesar que me he llevado como único equipaje, más allá de lo que la intendencia y la higiene demandan, el libro del amigo Juanjo Andaní. Con él la oportunidad de disfrutar tanto de la asombrosa colección de imágenes –portadas de singles y eps concretamente- como de los textos que le acompañan. Textos informativos, esclarecedores, divertidos y que, sobre todo, muestran palmariamente lo que uno le pide, junto al necesario rigor, a este tipo de trabajos; una mirada y un tono propios. La capacidad del autor en atisbar y advertir asuntos que siempre han estado ante nuestros ojos y que nos habían pasado despercibidos.

Junto a todo esto, algo crucial en mi opinión, también se desprenden ciertas cosas en la que no sé si estaremos de acuerdo. Veamos:

La primera y principal es la nula puesta en valor de los ilustradores y diseñadores gráficos (o portadistas o como quieran llamarlos) que llevaron a cabo tales prodigios. La desidia en el mejor de los casos, cuando no el desprecio, es lo que desde entonces les ha rodeado. No creo que eso sorprenda a nadie de los que aquí estamos. Si esa fue la tónica habitual respecto a la mayoría de la obra de los autores, músicos e interpretes, pues fueron tratados de aquella manera, cómo no iban a ser tratados los artesanos, dibujantes e ilustradores que se encargaron de crear el envoltorio y la imagen gráfica.

La segunda –y no menos sintomática- es la extraña unanimidad en la minusvaloración de su obra ¡por los mismos autores que la realizaron!. Unos cuantos calificándola de pecados de juventud y otros, directamente, dejándola en la veladura del olvido, reticentes incluso a recordarla. Contribuyendo involuntariamente, en definitiva, a ese menosprecio casi inmemorial que Juanjo Andaní (y la editorial Milenio) ha venido a intentar remediar.

Por último y en tercer lugar al constatación –una vez leído y visto FANTASTICAS PORTADAS en su totalidad- que pese a mutilaciones por parte de las compañías, desdoros de sus mismos autores y una cierta indiferencia general, el nivel artístico era considerable. Muy considerable.

Y es aquí cuando aparece –bueno, la verdad es que está presente desde el prólogo hasta el epílogo- la figura de Juanjo Andaní. Su rigor, su dedicación, su perspicacia y su sensibilidad. También, claro, su sarcasmo, su crítica y su indeleble personalidad.

Porque uno puede llegar a estar de acuerdo en que cada uno de los que gustamos de este negociado y que ,vamos a suponer, nos hubiésemos atrevido a acometer un libro de este calado –que ya es mucho suponer- hubiese hecho uno distinto, sí. Pero pocos –yo no conozco ahora mismo a nadie- hubiese trasladado apropiadamente todo lo que en cuanto a datos e información Juanjo nos cuenta, caso de querer hacerlo rigurosamente, claro. Además con el agravante –y no es asunto menor, en absoluto- de que nos sería imposible trasladar su referida mirada, tan propia y sagaz.

En el libro Juanjo nos muestra una relación, sucinta pero adecuadísima, de grandes diseñadores e ilustradores gráficos, tanto europeos como americanos, junto a unos necesarios capítulos introductorios. Pero es el corpus que constituye el libro, aquel dedicado a una extensísima relación de ilustradores españoles -De Aguirre a Ivan Zulueta van pasando dibujantes de tebeos (Ambros, Perís), Cartelistas de cine (Montalban/Jano), Actores (Jacinto Molina/Paul Naschy), músicos (Julito Andreu, Pau Riba) e incluso futuros ejecutivos discográficos como Carlos Juan Casado – y de discográficas españolas, tanto las grandes (Belter, Hispavox, Discophon) como hasta el más underground de los sellos. Recuerdo ahora mismo mi modestísima y única contribución a este libro, el préstamo del single de Juan Muro en el sello Nube. No sobra nada, muy al contrario.

Ya termino. Habrá algunos, me temo, que se referirán a FANTASTICAS PORTADAS casi como si de un asunto filatélico se tratase; cromos y estampitas para acumular. Nostalgia huera. Otros en cambio, más escépticos hablarán de él como una tara ciclopéica más relacionada con asuntos de la psique, con nuestras manías y obsesiones, con algo en definitiva que solo la psiquiatría podría explicar adecuadamente. Quiere uno pensar que también existirán algunos, quizás tan solo unos pocos, que lo vea como lo que uno piensa que es; la cartografía y codificación de algo relacionado con el arte, la crónica y por qué no, la sociología. Todos ellos, probablemente tengan razón. Tan solo piensa uno que tal vez estos últimos, más soñadores y por tanto más generosos, además de razón y entendimiento del asunto en cuestión, tendrán también comprensión. La misma comprensión –tambien creo que cariño y admiración- que muestra Juanjo Andaní hacia la interacción entre el arte de las portadas y el diseño gráfico (el cartelismo, el comic, los cromos, las portadas pulp) con la publicidad. Todo ello  en una época donde la necesidad y el aislamiento no podía cerrar tan herméticamente como pretendía los nuevos –viejos- tiempos. Juanjo comprende aquello que entiende, ha hecho el esfuerzo para que así fuese y, sobre todo, tiene la capacidad y la humildad para haberlo visto. FANTASTICAS PORTADAS insisto, es la prueba fehaciente. No dejo de maravillarme por todo ello, y por tanto, desde aquí, públicamente, lo mínimo que puedo hacer es agradecérselo.

Fantásticas portadasJuanjo Andaní. 390 páginas. Editorial Milenio, 2015

 

JIMMY JAMES & HIS VAGABONDS. Sus Eps franceses en Disques Vogue.

 

 

Rebuscando discos entre los cajones del Estudiodelsonidoesnob, en busca de inspiración e información para un proyecto que llevo entre manos, he caido en la cuenta al leer repetidas veces la siguiente leyenda;“C’est un realisation Disques Vogue. Villetaneuse (Seine)”. Las palabras que describen la Arcadia soñada podrían ser -de hecho ahora mismo lo son- la frase citada más arriba entre comillas, rúbrica de la casa que distribuía (entre otras docenas más) al sello Pye en Francia y la ubicación geográfica de su fábrica. Con el tiempo, paciencia y fortuna he conseguido hacerme con tal vez demasiados de ellos Estos tres eps franceses del jamaicano Jimmy James y sus Vagabonds (Phil y Coleson Chen, Rupert Balgobin, Barry Sutton, Wallace Wilson, Carl Regis, Fred Fredericks y Carl Griffiths) son un pequeño ejemplo. Con sus portadas únicas para el mercado francés, su diseño (afortunadamente intactas sus contras, sin recortar, impolutos los cupones para el llavero de regalo) y sobre todas las cosas, su música. 

 

Recién aterrizados en Londres y de la mano de Peter Meaden grabaron una serie de discos pequeños que son hoy artefactos de tan inolvidable belleza como arrebatadora música. Soul, ska, Northern, rhythm and bues… toda una máquina perfectamente engrasada, dotada de nervio y gusto en medio de la cresta más elevada de una ola irrepetible.

 

 

 

 

RAMÓN 5 – Amor perdido Ep (Discophon, 1966)

 

 Ramón 5 eran mallorquines. Fueron, por decirlo de algún modo, el experimento rock and roll del gran Ramón Farrán (el señor con corbata y mangas de camisa). Contaban como guitarrista con otro titán, Tony Obrador (a la derecha de la imagen), del que ya hablamos aquí a propósito de “Hoy”, fantástico single mezcla de popsike y blue eyed pop, producido por Pepe Nieto.

 

Hijo de músico, con estudios musicales superiores, baterista notable, iniciado en el jazz a principios de los sesenta (suyo fue el Indigo Club Jazz, club de jazz en Mallorca creado en el lejano 1963) y músico a sueldo de cualquier jazzman o artista internacional que aterrizase en la isla, la suya fue una carrera de incontables aristas. Ramón Farrán fue, entre otras muchas cosas, impulsor de la modernidad en la rumba (arreglándola con metales y adecuándola, a su entender, a los nuevos tiempos), colaborador de fieras como Bruno Lomas o los Gatos Negros, director musical y productor de innumerables estrellas (Julio Iglesias, Serrat, Los Sirex) y de otros hoy en el olvido pero con notables canciones (Los 5 musicales, Relámpagos, Abel, etecé ), precursor del uso de los sintetizadores y la música disco en España (utilizando el Moog como marca de fábrica) y compositor de música para películas. Casado con la hija de Robert Graves, la también escritora Lucia Graves, formo sociedad con ella flirteando con el folk y manteniendo lazos con la colonia de músicos británicos refugiados en Deia.

“Amor perdido” va incluido en su primer ep, junto a una versión del “Mirza” de Nino Ferrer y del “Girl” de Lennon/McCartney.  Dos minutos escasos de soberbio garage chulesco y desesperado lamentando el rechazo. Un segundo ep, en la que destaca “Quiero una chica op art”, curiosa mezcla yeyé de beat y bossa, sería toda su discografía.

 

¿Dónde estan esos ojos que me hablaban de amor?, ¿Dónde los has escondido, dónde estás tu corazón?… Vida mía, no me quieres nada ya, no recuerdas los pasados días de felicidad. Te pido, te suplico, no sé vivir sin ti, ¿Cómo es que no comprendes que has nacido para mi?. Voy a buscarte, algún dia te encontraré. No sé cuando ni sé dónde pero ahñi te amaré….

 

SHEIKS Sus discos españoles

 

Los Sheiks fueron prácticamente la única banda portuguesa en trascender, aunque sólo fuese ligeramente, fuera de su país en la explosión beat que sacudió al mundo en los sesenta. Su beat elegante, de inusual riqueza melódica, no tenía nada que envidiarle al que se practicaba en el resto del mundo y, como en ese mismo espejo en el que se miraban, incursionaría esporádicamente hacía  territorios más rugosos. Con su primer sencillo, publicado en 1964, se convirtieron en la banda más famosa de su país y este éxito dio pie para que alguno de sus discos se publicasen en Francia, Brasil y, sí, también en España. Viajarían a París donde actuarían el el Club Le Bilboquet y, corre la leyenda, varios managers se disputarían un hipotético lanzamiento internacional (se cuenta que el promotor de los Rolling Stones estaba entre ellos). Desafortunadamente, la opinión contraria de sus protectores padres truncaría antes del pistoletazo de salida sus sueños de éxito internacional.
 Fueron pioneros (al mismo tiempo que sus coetáneos extranjeros) en evolucionar del beat más dulce al fuzz arrebatado y el uso del estéreo. Su repertorio era, en su inmensa mayoría, de cosecha propia y solían interpretarlo en un inglés más que digno. De inmediato serían considerados los Beatles portugueses y, como aquellos,  disfrutarían -y sufrirían- el acoso y furor de los los fans, lo que en su caso se denominaría la “Sheikmanía”.  En definitiva un fenómeno musical en Portugal, los primeros en vivir profesionalmente de la música.
 
En nuestro país publicarían un mágnífico EP (Missing you/Tears are coming/Tell me bird/Try to understand. Emi/Odeon, 1966) y, ya como intento último y definitivo en alcanzar las listas de éxito, un sencillo con dos canciones ya contenidas en el EP y cantadas en castellano (Te recuerdo/Dime pajarito. Emi/Odeon, 1967).

 

 

Los Conjuntos Españoles cantan a Los Kinks

 

Kinks back 

 

 

La verdad sea dicha, y aunque ésto no venga mucho a cuento, este verano he redescubierto a los Kinks. No es que no les hubiese prestado la atención merecida, al contrario. Sus discos están en casa desde no recuerdo cuando y han sido escuchados -y disfrutados- con detenimiento y atención que considero merecen. Tan sólo sucedía que en este pobre que les habla no habían hecho la mella indeleble que en otras cabezas mucho mejor amuebladas que la mía había constatado que sí. Ya ven, otra más de mis múltiples taras. Así pues, uno, que cree no ser -y mucho menos desea serlo- del todo tarado, sí que sospechaba al menos qué, aunque no lograba dar con ella,  existía una puerta diáfana por la que acceder. En mi estulticia no había sabido encontrarla y me conformaba con otear por las rendijas esperando disfrutar del hallazgo, algún día, en toda su magnitud.

Tamaño dislate no podía ser atenuado más que por otro mayor si cupiese. Y así ha sido. A través de -perdonen la ironía- los conjuntos españoles. Preparando una escueta selección para mi solaz y recreo, para esta bitácora de hecho, creo que por fín he descubierto su grandeza; Cómo algo tan insular, tan propio de un lugar, victoriano, dickensiano, tan pequeño y callado en apariencia, tiene la capacidad de trascender incluso en la España del desarrollismo. De encajar de una manera tan ajustada. A veces de manera melancólica, otras veces airada, chulescamente.  Con la clase y la elegancia de aquel que no pretende hacer gala de nada más que contar la vida que transcurre a su alrededor. Con la humildad propia del que se pregunta ¿Qué clase de mundo tenéis aquí? mientras intenta comprenderlo.

 

Los Gay Crooners – El mundo se acabó. (Musart, 1967)

 El mundo se acabó, el mundo se acabó
pero el bugalú no muere, ni tú ni yo
El mundo se acabó, el mundo se acabó,
y las parejas que lo bailan psicodélicas son.
El baile no se acaba, aquí el que baila no se muere
usted lo baila como quiere
el mundo entero se acaba
menos para el que lo bailaba
Traigan sus chicas para bailar,
el bugalú les va a gustar
el mundo se acabó, el mundo se acabó

 

 

 
Los Gay Crooners (Los Chicos alegres, por si quieren saber) fueron un quinteto vocal de origen panameño de notable éxito en México desde principios de los sesenta hasta bien entrados los años setenta. Bautizados, la verdad, con un nombre no muy apropiado para ser recordados en la era internet -o sí, vayan ustedes a saber- estaban formados por Ferdinand A. Thompson, Randolph J. Sealy, Rudolph Charles, David A. Campbell y Leroy A. Worrell. A finales de los años cincuenta se presentan a un concurso musical organizado por la cadena Hilton en su Panama natal que ganan casi sin despeinarse. Obtienen como premio convertirse en la banda residente del Palace Hilton y a partir de ahí todo comienza a crecer. 
Actúan por casi toda América Central y América del sur y finalmente, en 1962, se establecen definitivamente en México. Fichan por la RCA y su popularidad es casi instantánea, sobre todo tras el megaéxito de su canción “El Robot” acompañados por la orquesta de Gustavo Pimentel (una simpática mezcla de twist, hully gully y do-wop, con arreglos a medio camino entre el Esquivel más moderado y efectos de sonido espaciales un poco a lo Tino Contreras más experimental) que incluso llega a servir como denominación al baile del momento. Se convierten en habituales de los programas de la TV mexicana y en solicitadísimas estrellas en los más selectos nightclubs de ciudad de México. Participan hasta en películas, junto a los muy populares también Rebeldes del Rock, como en “Neutrón y los asesinos del Karate” (Alfredo B. Crevenna, 1965) cuyo desopilante argumento gira en torno a Neutrón, superhéroe de la lucha libre, quién combate frente a una banda de robots asesinos cuyas extremidades son armas letales.
 
  Una de las últimas adquisiciones del Estudiodelsonidoesnob es este “El mundo se acabo”, acompañados por el Conjunto Beto Valtiera, del año 1967. Publicado en Musart, potente compañía mexicana que, aparte de editar folklore y a multitus de artistas locales, tenía en la época contrato exclusivo de distribución con, entre otras, Capitol (de hecho sería la compañía que publicaría los discos de los Beatles en México). 
 
  “El mundo se acabó” es una versión a partir de la canción interpretada por Pete Rodriguez  (“Oh, That’s nice / Ay, que bueno“) y compuesta por dos miembros de su banda;  el trompetista puertorriqueño Tony Pabón (autor, enter otras de “I like it like that”, “Pete’s boogaloo”, etecé) y por el maestro de los timbales Benny Bonilla. Es un bugalú supersónico, casi más inmediato que el sexo oral, de textos certeros y clarividentes.  Porque, a día de hoy, el mundo, tal y como lo conocimos, se acabó.

 

Y aquí la, digamos, versión original, en inglés nuyorican del Bronx. Oh, That’s nice.

THE ZOMBIES. "Bunny lake a disparu" (RCA Victor Ep, 1966)

 

Por  asuntos como este -tan nimio e insignificante, no se lo voy a discutir ni por un momento- es por lo que amo a Francia, en realidad París, la única parte de ese país que conozco relativamente. También es cierto que comienzo con mal pie. Cualquiera, avezado visitante o no, sabe que París no es Francia, del mismo modo que estos afortunados hallazgos pueden darse también al lado de casa, doy fé. Y más hoy, con casi todo a la distancia de un golpe de click en el teclado. Pero que demonios, hablar de al lado de casa viste menos y además tampoco sería verdad del todo.
 
 Me podrán tachar de esnob, de frívolo o de simplemente idiota -y probablemente no irán del todo desencaminados en ninguno de sus pareceres- pero la sensación de pasear por la orilla izquierda (y derecha también) del Sena husmeando aquí y allá, ejerciendo de flaneur o de simple observador hay veces que procura insospechados hallazgos. Es cierto que si aplicásemos una tabla estadistica, a un lado el pequeño tanto por ciento de éxito y al otro los innumerables fracasos, mi deslavazada argumentación haría agua nada más comenzar. Tampoco veo porque tendrían que sorprenderse.
 
Lo que quería contarles, no tiene la mayor importancia, es que siempre que estoy allí, todos los sábados por la mañana, hasta bien entrada la tarde, lo paso en las Pulgas de Saint Ouen. Suelo ir sólo, no porque no me guste ir con ella, muy al contrario. Su conversación tiene sustancia y centelleante su ingenio, la compañía es gratísima y reconfortante. Además es quién suele dar con los mejores descubrimientos; Muebles que solo ella es capaz de atisbar, cachivaches hermosísimos de uso a veces discutible pero de una estética hermosa, o la mismísima jukebox que luce en casa, sin ir más lejos. Es más bien por no obligarla a estar sujeta a mis taras y obsesiones. No al menos, y en la medida de lo posible, más de lo necesario. Porque lo que en uno es placer puede en otro ser la mayor de las torturas. Al menos en eso yo creo que coincidiremos.
 

  Visito a tres o cuatro conocidos trileros, cuyas paradas generalmente ya han sido esquilmadas por los profesionales y sus sicarios. Les saludo, charlamos y me enseñan los restos.  Incluso me suelen invitar a café. Quién más quién menos ya sabe como funciona esto, igual da que sea en París, en Valencia o en cualquier otra parte. La rutina semanal -diaria es aún mejor- es la que provoca los mayores réditos. La estadistica de nuevo y en contadísimas ocasiones el ingobernable azar. Así que siempre terminan por aparecer cosas. Uno es de buen comer, también con los discos. 

 

 En una de esas ocasiones, hace unos años, escarbando en una caja aparcada en el suelo atiborrada de la habitual morralla, el propietario de tamaño tesoro me espetó que tenía otra más en la trastienda. Tentado estuve de decirle que tenía bastante con los restos del infausto naufragio del que  acababa de ser testigo, pero antes de poder decírselo me la puso delante de las narices. Podría contar que pasé los discos con displicencia, sin esperar nada, casi como un acto reflejo. En parte fue así y en parte también no. Quiero decir con esto -aquellos contagiados lo entenderán- que siempre que realizas el proceso esperas a que aparezca una hermosa flor entre la inmundicia. Y así sucedió en esta ocasión. Allí estaba. Impoluta y reluciente su nivea portada. Por aquel entonces, como sucede hoy, uno sabía poca cosa. Ni conocía ni se imaginaba que existiese un ep francés de los Zombies con las tres canciones que iban en la banda sonora de “Bunny Lake a disparu”. La inconfundible portada de Saul Bass me puso alerta. Era imposible apartar la mirada de ella. Al darle la vuelta a esta y leer los créditos de la contraportada, ¡Voila!, “Remember me”, “Nothing’s changed” y “Just out of reach”. Las dos primeras firmadas por Chris White, la tercera por Colin Blunstone. De inmediato surgío el sempiterno temor a que pidiese algo descabellado, pese a saber que la pieza más cara de todo el lote marcaba diez euros. Tomé dos o tres más para, ummmm, disimular y pagué los quince por el total. 
 
 
 
 

Ann Lake (Carol Lynley), una joven americana, viaja a Londres acompañada por su hermano (Steven/Keir Dullea) y Bunny, su hija. Al poco de estar allí acude a la comisaria, desesperada, a denunciar la desparición de ésta. Ha ido a recogerla a la guardería, trás su primer día de clase, y nadie parece saber nada de ella. El Inspector de Scotland Yard, Moorhouse (Laurence Olivier) será el encargado de la investigación. Lo que inicialmente parece un caso de secuestro comienza a tejer una telaraña de extraños vericuetos y equivocos que finalemente hará pensar a Moorehouse -y también al espectador, que no ha visto jamás a la niña- que Ann es una perturbada y que la presunta desaparición – e incluso la existencia de Bunny– es fruto de su imaginación. A partir de ahí la trama se va complicando hasta un desenlace final que, bueno… mejor no desvelárselo si aún no han tenido el placer de disfrutarla. “Bunny lake is missing” (“El rapto de Bunny lake” en España) es un thriller gótico de desconcertante suspense, encajado en el Londres de principio de los sesenta y fotografiado en un blanco y negro mórbido y brumoso. Dirigida por Otto Preminger, la película esta llena de pequeños detalles, aparentemente sin importancia, pero que acaban dotándola de un aire inquietante, de creciente desasosiego; El hospital de muñecas, la anciana profesora que colecciona y estudia grabaciones de pesadillas infantiles, los cambios en la psicología de los personajes, la escena en la casa, resuelta a la manera de un inocente pero macabro juego infantil… y cuyo climax final acaba por hacer que todo encaje, a mi modesto entender, a la perfección.

 

 
 De como Los Zombies, en pleno 1966, acabaron involucrados en la película no sabría decirles. Imagino que estrategias comerciales de managers y compañías ingeniosas.  Aparecen interpretando “Nothing’s changed” en la televisión, en la escena de la conversación en el Pub entre el Inspector Moorehouse y Ann Lake. También suena en la radio, durante unos segundos, “Just out of reach”,  mientras Ann escapa del hospital. Circula por la red un vídeo, de una calidad discutible, con el anuncio de la película, en el que los Zombies cantan “Just come on time” con la música de “Just out of reach”. Al parecer una manera más de atraer al público juvenil a las salas.
 
 Por último señalar al tercero de la terna. El gran, enorme Saul Bass, autor de varios de los más hermosos e imaginativos diseños (carteles, títulos de crédito, portadas de las bandas sonoras) de la historia de la cinematografía; “Vértigo”, “One, two, three”, “West side story”, “Bird man from Alcatraz”, etcétera. Y ya centrándonos en la filmografía de Preminger,   “The man with the golden arm”,  “Anatomy of a murder”, “Bonjour tristesse”, “Joan of arc”, “Advise and consent”

Playlist. Gente esnob

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Siempre que llegan los primeros calores vuelvo irremisiblemente a ésto. Y cada vez que lo hago tengo la misma sensación; Me siento, durante un rato, capaz de poder volar. Diría que, por algún extraño motivo que no logro descifrar, las muecas y los gruñidos se tornan sonrisas. Si algo no sucede como deseo vuelvo a intentarlo, no maldigo o, bueno, maldigo poco. Casi por arte de magia puedo ver las cosas de una manera un tanto más optimista. También, a menudo, me sorprendo tarareando las canciones por casa, bailando con mis mujeres. Incluso me atrevo a invitar a hacerlo al mayor, sabiendo que primero se enfadará y más tarde se burlará de mi. Eso me divierte, veo que todo sigue razonablemente bien. Lo hago siempre, como el perro en busca de caricia. Pensarán que soy tonto de remate -y muy probablemente acierten- pero no puedo remediarlo, no señor. Es música que alivia el alma…

 

…Darling since I met you, my whole life has been rearranged. You pushed back my clouds of sorrow. You’re my sun at the end of the rain. Cos when I was down and out, just like a mother you took me in (sweet baby). And now without a doubt honey we’ll make love lovin’ friends.

Cos we’ve got love on our side, we’re gonna let love be our guide and it’s all because of you, sweet baby, every little thing I do I owe all to you. I’m a brand new man oh yes I am, because of you…oooh

Everyday is a new day since you came into my life. Cos you’ve opened the door to happiness and I’ve got to make you my wife.

Cos I was lost and going in circles when you found me, Oh yes you found me. You sheltered me and you loved me then you built your whole world around me.

And we’ve got love on our side, we’re gonna let love be our guide and it’s all because of you, sweet baby, every little thing I do I owe it all to you. I’m a brand new man oh yes I am, because of you.

Oh baby… sweet baby… he he he he. Girl I remember when we first met, you lit a fire in this old heart of mine, you put together all my dreams that were once shattered and torn apart. You’ve gotta be what I needed, cos you made a brand new man out of me (sweet baby) you lifted loneliness from my shoulders and boy how happy you made me.

Cos we’ve got love on our side, we’re gonna let love be our guide and it’s all because of you, sweet baby, every little thing I do I owe all to you. I’m a brand new man oh yes I am, because of you. Baby, baby, baby I’ve got a brand new style (because of you) and I’ve got a brand new smile, (because of you) I got a brand love and a brand new toy because of you, heh heh heh…

 

Un single cada domingo (XXII) … THE SEASONS "Today" Ep (CEM,1967)

 

 Hacia ya un par de semanas que no aparecía por aquí los domingos. Unas pequeñas vacaciones junto a una celebracion laaarga y divertida del aniversario de unos muy queridos amigos lo hicieron en todo punto imposible. No sé si habrá sido para bien o para mal, ustedes verán, en cualquier caso uno continua con sus costumbres. En este caso compartiendo con ustedes el único Ep de los argentinos The Seasons que conozco, publicado en España por la Compañia de Música española (CEM) en 1967. Un Ep con una portada que en absoluto ilustra lo que habita sus surcos -algo bastante común en la época-y que puede por tanto llevarles a la confusión si tienen la fortuna de toparse con él; Una fotografía de Pérez de León con una muchacha pizpireta apoyada en una guitarra que igual podía servir para presentar un Lp de exploitos o de versiones de canciones del momento como para ilustrar el lanzamiento de un grupo del que no se tenía archivo gráfico tal y como es el caso que nos ocupa.
  Los Seasons fueron una banda argentina que publicaron un sólo Lp en su país titulado “Liverpool at Buenos Aires”. Estaban liderados por Carlos Mellino (posteriormente en Alma y Vida) y Alejandro Medina (más tarde en Manal) acompañados de Carlos Centonze y Freddy Izorogastua. Altamente contaminados de la fiebre Beatles imperante en todo el mundo, firmaban todas sus canciones como Max y Rodney, en un intento más de emular a sus ídolos Lennon/McCartney. Las cuatro canciones de este Ep oscilan entre el enésimo acercamiento al repertorío Beatles tan en boga, realizado de una manera digna y personal, un tanto similar al modo de aproximación yanquí de, digamos, unos Hardtimes o Kitchen cinq (“I think i’ll just bear no longer”) y la balada -o mejor medio tiempo- atípica, con sus arpegios elegantes, el juego a dos voces, entre lo airado e implorante, más la suma de unas guitarras en primer plano, elegantes y delicadas en “Guide me to your life”. Una suplica que remite a la música medieval y a los Beatles, sencilla pero hipnótica.
 Hay también, en mi opinión, dos piezas de primerísimo nivel; “I´m here again” es un enérgico e imaginativo ejercicio de folk rock ceñido por un corsé Beat apenas perceptible combinado con una contundente base rítmica. El handclapping y de nuevo las guitarras, sinuosas y sugerentes, terminan por redondearla. La joya de la corona es “Today”; Todo clase y elegancia. Garage beat llorón de primera magnitud, minuciosamente ejecutado y con muchas más aristas y recovecos de los en un primer momento advertidos. Una canción que crece desde la simplicidad para terminar convirtiéndose en varias, de tantos meandros como el más intrincado de los ríos. Cosa seria oigan.
No me resisto a subir este vídeo. Esta canción sólo se puede encontrar en su Lp, no publicado jamás aquí. Finura y elegancia.