BRUNO LOMAS Un hombre sin amor

BRUNO

Si en este país ha habido clase Emilio Baldoví, sin duda, ha sido uno de sus máximos exponentes. Hablo de clase, evidentemente, como una serie de características que diferencian a alguien de sus iguales y que viene sobrevenida de manera sino genética (que tal vez también) sí como un proceso inevitable, tan fluido como natural. Muchas veces sin querer o casi sin darse cuenta, en Bruno se daban todas y cada una de las virtudes que yo le pido a un cantante; Exuberancia sin rozar siquiera el histrionismo, elegancia sin un ápice de afectación, rotundidad pero nunca alardes. Sumémosle a todo ésto un fraseo único. Un fraseo que podía ser tanto rugido como caricia, siempre acorde con lo que la canción necesitase. De hecho en muchas ocasiones era ambas cosas a la vez, incluso en la misma estrofa, sin esfuerzo aparente, con tanta facilidad expresiva como naturalidad. Sirva como ejemplo el sencillo “Amor amargo/Mucho” con el que se presentó al VII Festival de la canción de Benidorm con dos canciones firmadas por el Dúo Dinámico. No muy distante en cuanto al tono y el espíritu de los clásicos de los Four Seasons, “Mucho” es todo un prodigio de ingenuidad e ilusión, pero también de conciencia de la fugacidad de los sentimientos, de aspiración a todo, sin ambages o concesiones. La manera en la que entona la frase “… En mi vida solo quiero mucho amor… o nada” nos transporta a un lugar donde todo aquello que teóricamente debería permanecer atenazado por el pudor, todo aquello que es idealizado deseo antes que terca realidad, aún por desgastar, cobra definitivo sentido. Lo que en otros hubiese sido algo meloso y afectado, blando y sobreactuado, en él se convierte en el epítome de la pureza, la atención al detalle. Se convierte, definitivamente, en algo propio, sincero, tan idealizado como inevitablemente fugaz. Supongo que esa clase es cosa que se tiene o no se tiene. Y ya está.

 

Al otro lado del espejo, cómo no, descansaría el aspecto mercantilista, el saber traficar con todo lo que se le puso en bandeja. Era éste asunto sin duda valioso, mejor aún, conveniente. Pero también secundario. Era, sobre todo, me parece a mi, un asunto personal, que no afectaba a la canción ni a su publico., sino a su ética vital. Ahí sí. Ahí concentraría todos sus errores, indesmayable, uno tras otro. No estoy del todo seguro si por impericia –aunque apostaría en contra de tal cosa- como por simplemente traérselo todo al pairo, no detenerse ni por un segundo a valorarlo, dedicado como estaba a cosas de mayor fuste. A vivir el presente e ignorar las consecuencias. Porque alguien tan por encima del cálculo, tan dedicado al momento, a la canción, no se iba a detener en menudencias. Grande hasta en el fracaso, generoso y estrella desde los humildes comienzos hasta su imparable ocaso, Bruno Lomas jamás osó jugar con ventaja cuando de canciones se trataba. Era chulo, sí. Con su punto macarra, tarambana y conquistador. De una simpatía arrolladora en las distancias cortas que, según dicen quienes les conocieron, al parecer enmascaraba sus demonios interiores. Puede ser, no lo sé, que incluso aquejado de cierta bipolaridad. Pero pese a todo aquello que llevase a cuestas, había cosas con las que no se permitía jugar. Sostengo que por pura imposibilidad genética, no tanto pues por no saberlo como probablemente por no quererlo. Ahí estribaba también parte del talento -Ingobernable, carente de cálculo, atropellado, de acuerdo- pero por tanto también su maldición. Conocer a la fauna –las canciones- tanto como menospreciar la jungla -el entorno- que necesitaba para perdurar.

En cualquier caso nunca pretendió servirse de las canciones sino que optó por servirlas a ellas, fuesen estas reinvenciones de clásicos del Rock and roll y del Soul, himnos Beat de ambos lados del atlántico o baladas ateridas de melancolía. Todo -ahí residía el verdadero prodigio- lo hacía propio al instante, permitiendo a las canciones respirar y se me antoja, necesitado de respirar con ellas. Posiblemente también fuese una maldición, pero una vez comenzaba a cantar no permitía que nada de aquello le afectase a nadie más que a él. Junto a las formidables versiones relucía imponente un repertorio propio, más espléndido aún si cabe, repleto de fuste y tronio. Un repertorio capaz de ser, visto ahora en perspectiva, acaso la más fidedigna y cabal novela sentimental de un tiempo y de una época. Una novela atemporal, vitalista y despreocupada, con sus luces y sus sombras. Canciones en apariencia sencilla y alegre pero cimentadas en una melancolía doliente a poco que se sumergiese uno en ellas; “Esa chica me va”, “Anoche la vi”, “Tu me añorarás”, “Es posible”, “Un hombre sin amor”, “En tu ventana”, “Yo sé que no volverás”, “Yo soñé”, “Ya llega el verano”… son hitos en una discografía que rebosa conquistas del mismo modo que reconoce derrotas. Porque eso era la verdadera cima alcanzada; No le conozco intento por adornar lo hermoso ni empeño por ensuciar lo tenebroso. A cada cosa su ropaje, luciendo en el antebrazo, imaginariamente tatuado, la divisa “No tengo nada que decir, solo mostrar”. Quiero pensar debido a que mostrar implicaba, precisamente, decir.

Probad con cualquier otro de los así llamados aclamados. Intentad escuchar su repertorio sin la coartada del retrato nostálgico de una época o el asidero del himno generacional que pretendemos, involuntariamente o no, nos rejuvenezca por ensalmo. En la mayoría de los casos, si queremos ser sinceros, todas esas falsas esperanzas se nos caerán al suelo rotas en mil pedazos. En cambio, sus canciones continúan hoy impelidas por un modo de vida insuflado de tanta coherencia artística como derrumbe vital. La coherencia del desastre. Una coherencia vital, de naturaleza involuntaria y sin embargo insoslayable. Una coherencia sobre todo aplicada a las canciones y por tanto consigo mismo. Y que sirviendo a aquellas acabarían indefectiblemente por hacerle daño a él, consumiéndole en una esquina de la que me temo nunca supo salir. Como tantos otros -y hay que reconocerle que él hizo todos y cada uno de los méritos necesarios para tal fin, en eso también era un figura- perdió su sitio en el Olimpo de la posteridad. Como igualmente tendremos que admitir que muchos, incluso de los que veneramos y tenemos en la mayor estima, se han hecho con un nombre en dicho podio con bastante, con mucho menos.

 

Permítanme un humilde consejo: Háganse un favor, no pierdan el tiempo con los cotilleos y la cháchara de los aledaños. Ni se entretengan en justificar o cuestionar su repertorio de boutades tanto vitales como artísticas. Él, por si aún no lo sabían, era una estrella. Él era Bruno Lomas. De hecho hubo un tiempo en que fue aquel que le dio la gana ser, con un par;

 

“Me voy a presentar para que sepan quién soy, me llamo Tony y soy un ladrón muy formal, robando joyas soy un hombre sensacional y con las mujeres fenomenal”

SINGING CABALLEROS. Señores que cantan

CABALLEROS DEF

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Singing Caballeros, o, lo que es lo mismo, señores que cantan. Señores de trayectoria y carrera, en el mejor de los casos, subterránea. La serie B del pop en castellano perpetrada con tanto voluntarismo e ilusión como atropellado hedonismo, y qué, sorprendentemente, en algunas contadas ocasiones, acertaban de pleno. Olvídense del discurso petulante y de las enciclopedias. No esperen que sus cronistas de cámara les presten la menor atención. De paso, una vez puestos, den gracias por ello. A saber que desacato nos brindarían. Lo que encontraran aquí serán asuntos más vastos y, también, inevitablemente, más bastos.

Francisco de Miguel, Nacho, Dimpol, Antonio, Juan Pablo, Santy, Marcos, Leandro, Blume, Goyo, Tito Martín, Dany Roy, Marco Antonio … nombres que, descuiden, no tienen porque decirles nada, pero que sin embargo tocarían el cielo en desperdigados 45s publicados generalmente por sellos de tercera que respondían por Spiral, Benzo, Palobal, Ana… Carne de saldo para aquellos que pasamos el tiempo hurgando en las escombreras musicales. Aunque no sólo sucedería ahí. En una época todavía imbuida de cierta ingenuidad, los sellos grandes, disparando a discreción sin importarles la diana, jugarían al porcentaje con el acierto. Lo más gracioso de todo es que lo que ellos solían considerar como errores, solía también ser plenos para éste quién suscribe;  Junior, Julian Granados, Tony Ronald, Nino Bravo, Palito Ortega o ¡José Guardiola!, por nombrar a algunos incluidos en este primer volumen, también entrarían en el reparto de naipes, siendo, además, regalados con las mejores cartas. Nótese, detalle interesante, que siempre imbuidos de un aire soulero; vientos, metales, voces poderosas. Detalle, conviene recordar, con el que el pop en castellano del cambio de década de los sesenta a los setenta, siempre fue extremadamente generoso.

Una última cosa -y aquí interviene tanto el viaje como el destino, una elección personal en cualquier caso-, suelen ser sencillos que cuestan por lo general lo mismo que una caña bien tirada. Pero que valen -que me lo pregunten a mí, repitiéndome por enésima vez- tanto como el mejor champagne, como el mejor escocés. Gloria bendita.

Ah, en cuanto a lo del subtitulo no hagan el menor caso. Más asunto vinculado al deseo que a la realidad. Todo aquel que se pase por aquí con relativa frecuencia ya será consciente de alguna de mis múltiples taras.

JOSE GUARDIOLA Amor escondido / FRANCISCO DE MIGUEL Te quiero solo atí / TONY RONALD Baby, me has perdonado por fin / SANTY El filtro del amor / ANTONIO No hay tiempo para llorar / DIMPOL No dejaré que te vayas / JUNIOR Todo porque te quiero / NACHO solo un besito más / MARCOS La gran esperanza / NINO BRAVO Volver a empezar / TITO MARTIN El mundo llora / DANY ROY Catherine / JULIAN GRANADOS No te vayas / HENRY STEPHEN Nuestro grupo / PALITO ORTEGA ¡Hola! / BLUME En mis sueños / LEANDRO Super Jet / GOYO Talk it over in the morning / MARCO ANTONIO Vivo de recuerdos / JUAN PABLO Y comenzó a llover

VACACIONES Spanish Bossa

Spanish Bossa cover

 

 

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Verano. Agosto. Vacaciones. Asueto reparador, inocente -o no- molicie. Tiempo perdido, el mejor tiempo de todos, el mejor gastado. Y como banda sonora de ese instante dos destartalados volúmenes de Bossa a la española. Con alguna pequeña trampa, les concedo, pero siempre intentando ceñirme a la lengua del imperio. Nada especialmente raro, aunque sí, permítanme señalarlo, insólito. Veamos…

 Alfonso Santisteban por partida doble. Cantando, mal, pero al menos cariñosamente, en su disco “Bossa’68” para Marfer y con su Nueva Banda (Iturralde, Pepe Sanchez, Martín Carretero… casi ná) mezclando bossa, spaghetti western y rumba en “Brincadeira”. Diversas orquestas, a cual más reparadora: José Solá y su bossa Lujonesca en “Bahía de Palma”, Augusto Algueró rememorando tiempos que ya nunca serán con “Amor en un Yate” (de cuando estos eran aspiración y elegancia y no constatación de la garrulez más derrochadora, del gañanismo más irritante) o Fernando Orteu y sus delicias instrumentales… Más. Agustín Pereyra avant-Candeias con dos delicatessen –“Niña no divagues” y “Tema Martin”- de evocador recuerdo e inolvidable scat cortesía de Helena Uriburu. Orquestas ambulantesConjunto Nueva Onda, Grupo Elipse, Nelo Costa, Alcy Agüero– refinándose con un tres piezas con pajarita.

 Sigo. Cantantes femeninas tocando el cielo. Paula y su formidable, enorme “Mi habitación”, con sicalíptica letra, atiendan, atiendan. La catalana Gloria haciendo a Morricone con clase y elegancia. Una jovencita Mónica combinando -y saliendo airosa del brete-  Bossa con Space Music gracias a la pluma de Adolfo Waitzman. Lita Torello navegando en la Tristeza, Sabrina y su adictiva “No hagas caso” o la valenciano-cubana Gina Baró haciendo suya con garbo y torería  “Samba de una nota so”. También, conviene apreciarlo en su justa medida, variado surtido colonial con Elsa Baeza (belleza inolvidable de muñeca de porcelana), con Maysa Matarazzo castellanizando “Reza”, con Aldemaro Romero y sus chicas en “De repente” o con Mara Lasso cantando un instrumental de Santisteban. E, incluso, francesas en castellano, bien producidas por Janko Nilovic como la sugerente Chiquita y su “Quiero alunizar junto a ti” o Nena Catherine pareja de Tony Sánchez de Los Bravos, con esa delicia que atiende por “Trepa que te trepa”.

¿Y los caballeros?. Los caballeros hacían lo que les dejaban. Siendo sinceros, de todo, sin vergüenza ninguna. Tanto si hablamos de primeros espadas como Bruno Lomas y  su “Nuestro momento”, de Raphael con “El Golfo” o de Manolo Otero basileñizando a Serrat , como de secundarios de lujo. Secundarios que tirarán de clásicos sin complejos: Joaquín Romero con “La Chica de Ipanema”, Antonio Prieto y “Chove Chuva” o Luis Gardey y esa frusleria titulada “Rendevú”.

 También hay lugar para episodios de extravagante grandeza: Jimmy Neville -hijo de Don Edgar– aliado con Jaime Pérez, poniendo letra a su “Stress” (originalmente, como seguro sabrán, pieza instrumental para la película de Carlos Saura) y sumándole una segunda muesca, la arrebatadora “Tu mundo y el mío” o Antonio González “El pescaílla” reinventando -literalmente- a la chica de Ipanema.

¿Y los grupos juveniles? dirán ustedes -bueno, no tan juveniles, de hecho algunos parecían, eran, señores mayores- ¿Cómo les fue éso llamado Bossanova?. Pues tan bien -o tan mal- como con otros estilos. En estos dos volúmenes incluyo episodios a cargo de Los Unísonos, Los Millonarios, Los Rocking Boys (formidable su revisión del “Llevame a la Luna”, etérea, ligera, acogedora), ¡¡Nuestro pequeño mundo!!, Tinglado 13, Los Tricolores, ¡¡Los 3 de Castilla!!, Latin Combo, Sammy y los Leivas… todos ellos aparecen en este doble desatino.

Descuiden, ya no les canso más. Podría haberlo hecho, en vez de doblemente, por triplicado o cuadruplicado. Ahora mismo me saldrían dos volúmenes más. Pero no teman, mi crueldad tiene un límite. Dejémoslo así y ya veremos más adelante.

 Buen verano a todos.

CONJUNTO ESTIF Trompeta loca

 

Quinteto Montelirio, Conjunto Estif, Toldos y su grupo, Conjunto Segalí, Quinteto Diamont … nombres que nos remiten a una Arcadia ideal y feliz, un paraíso que probablemente nunca existiese tal y como ellos hubiesen deseado, pero que en cambio, a poco que imaginemos, resuenan en nuestro subconsciente con la misma aura mítica que los tebeos de Purk el hombre de piedra, la serie roja de las joyas literarias de Bruguera o las películas de aventuras en sesión doble un domingo por la tarde cualquiera.

Podríamos resumirlo con la mención concreta a Discos Calandria y, sobre todo, a la figura de Antoliano Toldos. Si quieren saber la historia al completo y bien contada me permito recomendarles “Ibérico Jazz”, el doble Lp que publicó en 2009 Vampisoul, espléndidamente anotado por Miguel A. Sutil, que recoge las producciones de Antoliano Toldos en el periodo que va de 1967 a 1972.

Hace poco conseguí dos de cinco discos pequeños que recopila el mencionado “Iberico Jazz”, los soberbios “Iberico Jazz / Opaco” del Quinteto Montelirio“Trompeta loca / Tom Jazz” del Conjunto Estif. “Trompeta loca”, una de las joyas de la corona más refulgentes de dicho recopilatorio, es posible que les suene a algunos por ser cortinilla musical -recurrente- en la formidable serie documental musical de TVE “Musica Ligerísima”, obra del amigo Antonio Moreno Álvarez. Por cierto, canción que ya venia recopilada en el Cd de la serie “Afrodisia” publicado por Nuevos Medios en 2001.

 

Musica de Librería

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TRACKLIST

00:00 INTRO Bienvenido a un mundo cristalino (KPM promo sampler) / 00:57 BELTRÁN MONER Hombres y bólidos. ESS Sampler (Lp, Berta) / 05:11 ALCY AGUERO Y SU ORQUESTA POP Trópico (Fase, Ep) / 07:52 L. GEMER Y EL CONJUNTO DE RAFAEL MARTINEZ RITUAL SONG (Spot, Ep) / 10:27 INTERLUDIO Beats / 10:36 RAY JORDANA Y ARMANDO PAMIES Luces Cambiantes (Tican, Single) / 14:02 UNIDADES Caballo Salvaje (Zartos, Single) / 16:25 BELTRÁN MONER Amanecer (Berta, Lp) / 10:48 JUAN LUIS MORALEDA Black & White (Estudios Carbonell promo Sampler Ep) / 19:10 DANIEL PATUCCHI Tema di Corinto, Perros callejeros. (CAM industries promo Sampler Ep) / 19:58 ADOLFO WAITZMAN La Corrida. Ess Mix (Erika, Lp) / FRANCISCO BURRULL Y SU ORQUESTA We love you (Sonoplay, Lp) / 25:06 INTERLUDIO II / 25:09 MARIA NEVADA Y LOS BRANDIS Life’s song (Boa, Ep) / 27:49 JOU COGRA GROUP Darkness (Barnafon, Ep) / 29:47 ORQUESTA MIRAMAR Sagitario (DMB, Ep) / 32:05 QUINTETO MONTELIRIO Ibérico Jazz (Calandria, Ep) / 37:40 CONJUNTO RAFAEL MARTINEZ Río grande (Spot, Ep) / 39:55 ALFONSO SANTISTEBAN Black & Blues (CAM, Lp) / ADOLFO WAITZMAN Danza del Sol (EDA, Single) / 43:59 VIGIL Persecucción (Siesta, Lp) / 46:42 RAMÓN GIL Mercurio (BOA, Ep) / EDDY GUERIN Y CLAUDIO VILLA Golden Soul (Lp) / 53:48 ORQUESTA MARAVELLA Jingo /56:38 LOS PEKENIKES Persépolis (Hispavox, Lp)

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¿Qué es la Música de librería? ¡Ay madre!, a ver como lo explico sin resultar presuntuoso o prolijo o, lo que es aún peor, todo ello a la vez. De modo sucinto seria aquella música hecha por encargo, dedicada a servir de biblioteca sonora con la que ilustrar a la industria audiovisual y cuyo marco temporal, por tratar fijarlo de algún modo, duraría desde finales de los años cincuenta hasta bien entrados los setenta. Era la audiovisual entonces una industria cuya pujanza crecía exponencialmente y que contaba con más excepciones que reglas. Veamos alguna de sus peculiaridades.

  Se trataba de una música hecha para atraer al público pero qué, paradójicamente, no dependía del éxito ante éste, sino que estaba supeditada a unas imágenes (bien fuesen para cine, televisión o publicidad) y por tanto era un capitulo más del producto global. Era pues música diseñada por y para la industria y sólo ante ella debía rendir cuentas. Pero tampoco eran bandas sonoras (aunque pudiesen serlo en ocasiones) propiamente dichas, sino una especie de música a la carta, algo que, en el fondo, tampoco se diferenciaba tanto de lo que se solía hacer cuando se componía para las estrellas del pop o las grandes producciones americanas. Digamos que carecían -aunque solo a priori– de la vanidad autoral o de la voluntad de trascendencia artística. Debian ser partituras instantáneas y fotográficas. Música, por lo general, creada en -muchas veces literalmente- oficinas musicales. Lugares en los cuales se trabajaba a un ritmo trepidante, intentando colocar cuantas más partituras mejor. Era -debía ser- música ágil, conectada con los tiempos y por tanto aquejada en su generalidad de una cierta naturaleza caduca. Podía también ser apresurada y corría el riesgo de quedar pronto obsoleta. En cualquier caso, cuando se acertaba, un trabajo de síntesis musical de metronómica precisión. 

 Por lo general solían ser  variaciones de una misma canción, hechas a partir de distintos arreglos, aceleraciones o ralentizaciones del tempo y las más diversas instrumentaciones, dependiendo su grandeza de la grandeza del autor y, sobre todo, de la inspiración de él en ese momento. Podían (los más líricos) incluir coros o el llamado scat, onomatopeyas vocales utilizadas como un instrumento más, que dotaban a la partitura de una ligereza andante y un punto pop internacional. Tenía la ventaja de no estar sujeta estilísticamente a reglas y modas pero también la maldición de depender de ellas. Era, en ocasiones, música contradictoria, pues así era su hábitat. Fue por todo ello un involuntario criadero de beats y grooves que han sido, desde los tiempos del hip hop, carne de sampleo inagotable.

 Carecía de mala conciencia. Era territorio proclive al filibusterismo inherente a las editoriales y a la condición humana. Se podía, con mínimas variaciones (o incluso con la misma, idéntica música), colocarla en distintas películas. Sirva como ejemplo de ello mi estupefacción cuando descubrí que parte de la formidable música de Stelvio Cipriani para “Femina Ridens” (en concreto la elegante “Mary’s Theme”),  suena en “El asesino no está sólo”, aquella coproducción sobre un asesino de prostitutas, tarado y sádico a dolor, comme il faut,  que contaba con una jovencísima Teresa Rabal y con Lola Flores como improbable profesora de ballet. Asumían, muy a su pesar, la transferibilidad de sus partituras mientras que no le hacían ascos, al contrario, a vender un producto por un precio o un sueldo, dejando aparcada cualquier vocación de autoría. Era también un mundo de pillos, los seudónimos se sucedían, unas veces debido a motivos contractuales y otras por intentar vender dos veces la misma partitura.

 Era también un territorio prácticamente europeo (UK, Italia y Francia, principalmente) en cuanto a sellos y editoriales señeras, aunque receptivos a cualquier artista dispuesto a trabajar bajo sus reglas: Alfonso Santisteban, Antón Garcia Abril o Adolfo Waitzman, por ejemplo, trabajarían para la CAM italiana (la cual llegaría a tener oficina en Barcelona y Madrid) en una época en el que las coproducciones cinematográficas europeas eran un filón muy atractivo al que hincarle el diente. Hacían, sin ningún tipo de recato o mala conciencia, de la necesidad virtud; Al no contar con los holgados presupuestos de la potentísima industria audiovisual norteamericana y sus grandes producciones, capaz de crear grandes bandas sonoras encargadas a los mejores músicos, con lujosas y bien pagadas orquestas, muchas veces tenían que cumplir con los encargos de manera rápida, ingeniosa y económica. Ello, por supuesto, no era óbice para mantener las aspiraciones de poder acceder algún día a esas grandes ligas, si uno estaba dispuesto a cambiar dinero y facilidades por libertad artística. 

 Servía de cantera y rodaje tanto como de sustento y de entrenamiento. Por una parte se  aseguraban el cheque mensual y, aunque se ponía a su disposición limitados medios, también se contaba con pequeños estudios y horas libres en los que plasmar su música. Surgían complicidades, se tomaban los riesgos que se quería y los estandards mínimos quedaban claros desde el principio. Permitía, además, tomar ambos caminos (si se sabía navegar con inteligencia) y vivir decentemente mientras que se experimentaba sin cortapisas.

En oposición a la música americana hecha con los mismos propósitos era, si se quiere, menos cruda, más ligera y más volátil. Rezumaba una melancolía a la europea, de un romanticismo menos dulzón y más evocador, y, al haber menos filtros de control, contaba con un intransferible sentido del humor. La música de librería era como arcilla lista para ser modelada. Unos realizaban con dicho material piezas funcionariales mientras que otros dejaban la imaginación volar, introduciendo cualquier sonido nuevo que acabase de llegar a sus oídos, a la vez que convertían al estudio de grabación como un instrumento más. En ese sentido era innovadores, atrevidos y, los más duchos, capaces de integrar modernidad con vocación popular. No le hacían ascos a ningún estilo y muchas veces esa anarquía, bien sujetada luego en las salas de montaje de los estudios, daba lugar a acontecimientos supremos.

 En nuestro país, como con tantos otros estilos, la cosa era anárquica, falta de la más mínima estructura y territorio de espíritus libres. Pero era, no dejen que les engañen. Los más sagaces, ya se ha dicho, viajaban y vendían sus servicios a editoriales foráneas. Pero la gran mayoría, autores de episodios propios del francotirador o del insensato, se dedicaban a subsistir. Por supuesto, todo, aún hoy en día, falto de un discurso y una sistematización en su estudio. Por supuesto también, la gran mayor parte inédita discográficamente y, en el mejor de los casos, editado de aquella manera, sin acreditar o de tapadilllo en sellos cuanto menos hoy olvidados, bien sin distribución o bien propiedad de multinacionales que dudo si quiera que sepan de la posesión de sus derechos fonográficos. De muchos de esas aventuras ya se hablado en el Estudiodelsonidoesnob: Episodios como los de Beltrán Moner en Berta (subsello de Polygram) para los programas de motor de TVE, la gran mayoría de la obra de Asins Arbó, toda la música de Waldo de los Rios (entre la música concreta, la electrónica experimental y su devoción Wagneriana) para “Historias para no dormir”, Juan Luis Moraleda y sus trabajos en los estudios Carbonell,  Los Eps de Luis Araque con esas cortinillas cinematográficas llamados los Filmlets o los de José Solá para las películas noir de Julio Coll. Más. Los Lps en Marfer de Santisteban con sus músicas para series de Televisión española, las aventuras de Juan Carlos Calderón con Marisol, los Eps de regalo en complejos turísticos del maestro Torregrosa, Jaime Cristau y su orquesta Miramar con sus numerosos seudónímos (Charlton Flyes, Blas & His Group, Conjunto Jae’s Soul, Frank Miller…), Eddy Guerín y Claudio Villa, la gran mayoría de los discos de Calandría (recopilados en el formidable Iberico Jazz por Munster), Ramón Gil, El Conjunto de Rafael MartinezLa Orquesta Maravella…

 Todo un entramado, más alambicado que las trincheras de la primera guerra mundial, en el que se entrecruzan los más diversos personajes: Bandas militares cuasi desertoras, alopécicas Orquestinas dedicadas a entretener a los turistas, producciones cinematográficas de serie z, cejijuntos aspirantes a estrella pop, concursos televisivos y radiofónicos del más diverso pelaje, ortopédicos combos de pseudo soul y carpetovetónicos especímenes entre el pasmo y la desvergüenza. 

Qué quieren que les diga. No quiero hacer de mis carencias bandera, pero… ¿Estoy enfermo? sí, muy probablemente. Pero que me (nos) quiten lo bailado.

 

 

LOS PALETOS Siento (Berta, 1969)

 

 

 

 

“… De las tierras denominadas por Don Quijote de la Mancha, nos llega este grupo músico -vocal, Los Paletos, y sus primeras creaciones para discos Berta. Su identificación en este su primer redondo, nos permite augurarles un inmediato triunfo. Su estilo propio, sus voces están muy bien conjuntadas, su sonido satisface a cualquier gusto y su inspiración creadora es fecunda.

 Sabemos de antemano que sus fans, extendidos por toda la geografía española, les animarán y apoyarán con toda su fuerza, para que ellos sigan hacia el camino del éxito. No duden en escribirles cartas con todas las sugerencias que crean oportunas…”

Si inenarrable es la nota promocional de la contra portada, no menos -y en este caso para bien- lo  es “Siento”, la canción que se aloja en su cara B, un nugget de manual. Garaje llorón manchego, con rescoldos Farfiseros y de sorprendente acabado. Una canción que suena tremenda, con la mezcla adecuada de potencia beat y lastimero riff, al que hay que sumarle un chulesco y racial cantante. Como curiosidad señalar que existe edición con la misma portada (un dibujo de Cabañes) y en formato Ep, con sus cuatro canciones. 

 Los Paletos fueron un grupo de tercera, surgido de los rescoldos de los FWYNS. No, no me pregunten a qué condena fue debido tal nombre. He leído por ahí teorías acronómicas sustentadas en las más peregrinas elucubraciones. Aunque, la verdad, el que le sucedería en 1967 tampoco es que fuese un dechado de ingenio. En una carrera por el Olimpo agrorock (look cejijunto, boinas caladas y un diseño de vestuario ad hoc) conseguirán en 1969 llegar a la gran final del concurso Champolión Musical, organizado por la cadena SER y lograr un contrato con el sello Berta, dependiente de Phillips. 

Por supuesto nada de lo que harán se acercará ni por asomo a “Siento”, una flor, hermosísima, en medio del estiércol. 

 

ALGO SALVAJE Vol. 2 Untamed 60s Beat & Garage Nuggets from Spain

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El próximo 4 de marzo sale a la venta el Vol. 2 de “Algo Salvaje. Untamed 60s Beat & Garage Nuggets from Spain” en Munster Records, formidable segundo capítulo de la recopilación, que se intuye antológica, del Beat y Garaje hecho en nuestro país. Enfundado en una estupenda portada (una foto de los Gritos) y con textos de Vicente Fabuel, que, como en él es norma, lo son de tan ajustada concreción como didáctico magisterio, además de enormemente ilustrativos e informativos. El disco recoge 28 canciones hechas en nuestro país que, como cuenta el antologista, es “…Un festival de beat crudo, directo y agresivo, más las lógicas digresiones estilísticas de acuerdo al psicodélico devenir de los tiempos…”.

 Editado en formato de doble Lp y cd, el disco recoge arrebatos juveniles, audacias (más de las convenidas) e inspiración tan libre como a menudo aislada.  Sirve también para trazar una cartografía, un tanto anárquica si quieren, del estado de un país baqueteado pero curioso en su subsuelo y de una escena incipiente. Junto a bandas y solistas capitales en dicho ámbito, como Los Salvajes, Smash o Bruno Lomas, asistimos a los embriones de Tino Casal, Daniel Velázquez o Lorenzo Santamaría (como Los Archiduques, Cefe y los gigantes y los Z-66, respectivamente) junto a episodios esporádicos -carreras de un único sencillo para entendernos- como lo fueron las de Don y Su Banda Club, las Aguilas Reales o Los Flechas. Versiones de canciones clásicas, tan atrevidas como de sorprendente efectividad (entre otras, de los Mar-Keys, The Animals, Gary Walker & The Rain, Vince Taylor, The Castaways o el Dúo dinámico). También repleto de  un variado anecdotario; apariciones del grupo de un futuro ministro de Justicia (Los Cirros), el germen de los que se convertirían en Evolution (The Vampires) o la banda beat del gran Ramón Farrán (Ramón-5). En definitiva la necesaria y justa puesta en valor de algo que, en mi humilde opinión, lo merece sin ningún género de dudas.

Así pues no me queda nada más que agradecer tanto al recopilador como al sello el formidable proyecto. Por cierto, anuncian futuros capítulos. Sin mas dilación y si aceptan un humilde consejo, compren. Incluyo un pequeño sampler con fragmentos de las canciones que espero les sirva para hacerse una idea.

Repertorio;

LAS AGUILAS REALES La ruina

LOS ANGELES NEGROS Me equivoqué

LOS ARCHIDUQUES Lamento de gaitas

LOS BRISKS Si mañana será así

BRUNO LOMAS Vendrás conmigo

CEFE Y LOS GIGANTES Sin rencor

DON Y SU BANDA Acción

LOS FLECHAS Diciendo no

LOS TONKS Escapada

LOS ZINKOS No te puedo amar

GRUPO 15 El Olé

LOS POPS Te esperaba

LOS GATOS NEGROS Cadillac

LOS RELAMPAGOS El baile del bufón

LOS SALVAJES Soy así

RAMON-5 Amor perdido

LOS SIMUNS You don’t love me

LOS SOÑADORES Sin saber por que

THE VAMPIRES New love

Z-66 Carrera con el diablo

LOS GRITOS Veo visiones

DIABLOS NEGROS Last night

JUAN Y JUNIOR Nothing

SMASH Well you know

LOS CIRROS Lack a day

LOS CRICH I can’t stand it

LOS IBEROS Liar Liar

LOS INDONESIOS I can tell

 

Por cierto, como todos ustedes ya sabrán, veníamos de aquí…

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Yo quiero bailar en La Costa Fleming

Costa Fleming

 

Mil gracias una vez más a todos esos amigos que se empeñan en que intente borrar en mi los molestos prejuicios y que me permiten ver las cosas tal y como son. Existen intérpretes con escasa voz que cantan como los ángeles y otros, dotados técnicamente de manera soberbia, que jamás sabrán cantar. Cualquier profesional se echará las manos a la cabeza, probablemente con razón, ante mis argumentos, pero yo sé lo que me digo. Cantar bien es ajustar las notas, encajar la melodía… pero también mucho más; Llegar sin pasarse, darle sitio y tono a la canción, transmitir.

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Tal vez todo esto les parezca algo sin pies ni cabeza y es muy probable que estén en lo cierto. Casi estoy por asegurarles que harán lo correcto si dejan de leer. Cada uno tiene su concepto del asunto que nos ocupa. No es éste otra cosa que un post en torno a una fijación insana, sobre algo difuso, tan borroso e idealizado como algo pienso necesitado de una cierta puesta en valor. Algo generalmente tratado, a lo sumo, con desprecio tal vez no sea lo más apropiado para labrarse un cierto nombre entre los popes de la crónica aunque no me puede importar menos. Divagar casi de oídas sobre algo que ocurrío hace cuarenta años, en un país, al igual que hoy, anquilosado y endogámico, se me antoja un desbarre de proporciones mayúsculas. Aunque no sé si tan absurdo como haberlo visto pasar ante tus ojos, no haberse enterado de nada y, lo que es peor, permanecer en sus trece.

Es este un texto humilde ante el cual la postura más saludable sea aquella que combine el hedonismo y un cierto distanciamiento, la justa aprensión y una indesmayable curiosidad como todo lo relacionado con el pop, a la manera del que apura las copas nocturnas -y noctámbulas- sin pensar por un segundo por la segura resaca. En definitiva, mantener la distancia conveniente que, en cambio, uno jamás supo ni sabrá fijar y, lo que es peor, tampoco tiene ninguna intención de hacerlo. En cualquier caso una sentida recomendación esencialmente basada en la canciones -pues es de eso de lo que trata el asunto- y un relato que lo adorne.

Paloma Cecilia San Basilio Martinez tenía -aún lo tiene- un chorro de voz. No desafinaba nunca y su belleza de porcelana hacía, muchas veces, tenerla por lo que no era. En contra de lo que algunos piensan, la dificultad no está en la sencillez. Lo verdaderamente difícil es que, estando dotada de una gran voz, tendiendo a lo grandilocuente y a la exhibición, siendo icono gay y gozando de todo ese estatus, seguir siendo algo íntimo, escapar del exceso como norma. Eso lo logran las verdaderas divas. Hablo de Mina, de Nina Simone, de Ornella Vanoni y…de muy pocas más. Paloma San Basilio no entraría en este Olimpo ni queriendo… salvo con esa maravilla que responde por “Contigo”.

Compuesta por el argentino afincado en Madrid Bebu Silvetti y publicada originalmente un año antes (en su Lp “El mundo sin palabras de Bebu Silvetti”) sería retomada, añadiéndole una hermosa letra y todo el empaque de la factoría del Sonido Torrelaguna,  en 1975. Con el factótum artístico del sello Hispavox, el milanés Rafael Trabuchelli a los controles, ordenando, colocando cada pieza en su lugar, estirando las bridas de una yegüa todavía por desbocar, logrando dar cuerpo a una hermosísima simbiosis entre el modern soul y la canción pop que, de haber surgido en otro ámbito, menos satanizado, hubiese sido epítome de la clase y la sutileza más elegante.

Mi interés por el Sonido Costa Fleming surgió de manera difusa, espontánea, poco razonada y por supuesto sin el menor asomo de rigor ni de lo que para mi iba a suponer. Un poco de casualidad, sucedió motivado por la contemplación extasiada de programas televisivos de variedades donde pululaban las más hermosas mujeres. Desinhibición de fotonovela y voluptuosa modernidad a partes iguales; Agata Lys, Ingrid Garbo, Barbara Rey, Marcia Bell, Nadiuska, Isabel Patton, entonces Diosas y hoy señoras maduras en el mejor de los casos, cuando no olvidadas o simplemente ajadas, cuando no todo ello a la vez. Apareció yendo a sesiones de reestreno en los cines de pueblo, (en programa doble, faltaría más), donde un leve roce, un intermitente vaho de perfume dulzón se mitificaba como bacanal inolvidable. Donde, también, por qué no decirlo, iniciales miradas furtivas daban pie a tórridos ejemplos de desaforado bizarrismo. Otras cosas ayudaron, claro. La sobredosis de un cine pretendidamente moderno pero de indudables ribetes pacatos, ése que todavía hoy en día continua sin constar en la enciclopedías -atiborradas de dramas acerca de la guerra civil y divagaciones sociológicas- para otra cosa que no sea la mofa, pero frente al cual cualquier cronista honesto no podrá sino asentir ante su realismo incómodo y molesto, ante su capacidad para fijar la fotografía de una época. Estupefacción y asentimiento ante aventuras que a fuerza de disfrazarse de astracanadas o ir insufladas de ternura y moralina falsaria no podía, a su pesar, dejar de tener sus dosis de verdad.

 

“Madrid, Costa Fleming” (José María Forqué, 1976), adaptación cinematográfica de la novela de Ángel Palomino, sin ser el más afortunado -ni de lejos- de los intentos, sí que al menos permanecerá por haberle dado carta de presentación al asunto, por haber servido su título como bautismo. Crearía involuntariamente una marca indeleble con sustrato costumbrista y modernidad de pegolete en impúdica combinación y de la que, esporádicamente, surgirían retazos hirientes, risibles episodios, sobre un mundo también nuestro y a menudo cruelmente reconocible. Estallidos intermitentes que cuando atinaban provocaban vergüenza ajena o frenesí nostálgico, sí, pero también capaces de mostrarnos reflejados en un espejo que todavía intentamos mantener oculto. Lecturas combinadas que mezclaban sin criterio aperturismo y doctrina, curiosidad miope y excitación sin guía. Educadores infames, cicerones del atavismo, con quienes las divergencias, todas en realidad, no hacían otra cosa que cargarnos despreocupada y alegremente de razón. Padres que pensaban haber parido un monstruo y a los que hoy, siéndolo también nosotros, les concederemos al menos el beneficio de la duda y cariñosa comprensión. Sueltos en los periódicos, comentarios radiofónicos que semejaban jeroglíficos indescifrables. Ansiadas expectativas ante las cuales tan sólo unos pocos tuvieron el valor -y la fortuna- de vivirlas en su totalidad. Bonvivantismo a medio camino de la Bôite despendolada y el despacho profesional.

Si nos centramos en lo sociológico podríamos decir que no fue más que una concatenación de agradables coincidencias, cuya trascendencia (no podía ser de otra manera) iba a ser nula en una sociedad que estaba por un lado -el ortodoxo- hipnotizada ante los primeros logros del confort y el desarrollo y por el otro -el contestatario- supeditada a la política de una manera enfermiza, casi religiosa. Jóvenes idealistas con complejo de culpa ante el placer que se les presentaba frente a jóvenes oportunistas sorbiendo la vida a tragos largos, literalmente. Sin término medio salvo aquellos en los que la sospecha era su estado natural. Para bien y para mal, una serie de espabilados oportunistas con talento y arrojo, desfachatez e ingenio, disfrutarían de esa casualidad feliz. Tuvieron además la fortuna de que el tiempo jugaba a su favor; Un régimen es sus últimos estertores, una situación económica relativamente oreada, la plena normalización de ese maná llamado turismo y la -ahora sí, mezcla de los nativos con los foráneos en vez del sometimiento servil de antaño-, posibilitó a una serie de cachorros acomodados (familiares de cargos provinciales, tecnócratas con cartera, procuradores a cortes, empresarios del desarrollismo salvaje y un puñado de aventureros con menos posibles en el bolsillo pero repletos de olfato) alternar como si no hubiese un mañana con secretarias aspirantes a artistas, misses de diverso pelaje, dependientas de boutique ávidas de experiencias y jovencitas atrevidas, hijas, e incluso a veces esposas, de la cuadra masculina, luchando por tenter una visibilidad más allá de su supeditación al macho. Gentes en definitiva sedientas de una vida europea. De la misma manera, ese tiempo tan inmarcesible entonces, sería poco después implacable ante lo efímero del instante. Una inconsciente alegría de vivir que resultaba imposible acotar y a la que, antes de permitir su propagación definitiva, el régimen prefirió mantener en una especie de zona cero, sita entre Recoletos y la calle Doctor Fleming, a la derecha de la Castellana. Un lugar donde si cerrabas los ojos y te dejabas llevar se diría, al caer la noche, que era la más cosmopolita de las urbes imaginadas.

Ver, escuchar, al menos soñar. Aunque, por supuesto, mucho mejor sumergirse, vivir, disfrutar. Siempre tras la búsqueda del instante de placer, ese que si resultaba inaccesible se imaginaba, o, por qué no, se creaba. Las hostias debieron ser muchas y grandes. La sensación de ser otro, un bicho raro, cada día mayor, enorme. De haber estado allí digamos que esa sería la causa o piedra angular en la que se sustenta un cierto solipsismo agnóstico, en absoluto militante, en todo caso atónito.

Pero, ¿Saben?; Uno hubiese dado lo que no tenía por trasladarse, aunque sólo fuese por una noche, a esa arcadia soñada. Agata Lys y Joselé Román dándole al licor 43 o al Pilé en medio de la gala de los premios Mayte, o mejor aún, Naranja y limón. La primera ahuyentando a pretendientes moscones y sin cartera, la segunda pugnando por divisar el punto débil, palpitando ante el tamaño de los escotes, ajena a las entrepiernas por serle de escaso o ningún interés. Alfonso Santisteban y Juan Carlos Calderón sacando pecho como pavos reales pero saludando solícitos al gran Augusto Algueró en cuanto asomase por las escaleras de Tartufo’s, cada día del brazo de una imponente vicetiple; Ora una go-go de Alicante llamada Ingrid, ora una voluptuosa azafata holandesa de la KTM, todas en definitiva musas de la cadena Reyzabal. Un estajanovista del arte -el del pentagrama y el de la carne- que se comía la vida a bocados ante lo escueto de su dieta casera. Porque debe ser insoportable tener en tu nevera el mejor manjar y que este no se deje tocar.

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Julio Iglesias

Exploito local firmado por Phil Coddy y Ray Blum (o lo que es lo mismo, el Dúo Dinámico) con la inestimable ayuda de Rafael Ferro. Más tarde caería en las manos de Phil Trim y ya como colofón supremo, en las del Julio Iglesias más irresistible…

 

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Lord of marbella

A estas alturas no voy a confesar ni mis filias y ni mis fobias. Son evidentes, imagino que ya se habrán hecho una idea. Acabo de recordar que tenía por ahí grabada una playlist de cuando la primera fiebre costaflemingera me atacó. Si claro, venía cogida de la mano de aquel trip -para mi gozoso- que ya subí titulado “Lord of Marbella”. Ya hace de eso unos años, pero todos los veranos vuelvo a ellas. No me pregunten por qué. Ni yo mismo lo sé.

Por supuesto aquí no hay mezclas ingeniosas ni el timing apropiado. No tengo esa virtud. Lo que si creo que hay es el mismo aire febril, chapucero, desprejuiciado -y en mi opinión- libre que por aquel entonces reinaba y que uno alimenta con esmero.

Una última recomendación. Esto, sobra decirlo, es ya la enajenación Costa Fleming. Quiero decir con ello que es algo así como inmersión a pleno pulmón, un descenso sin paracaídas. Ténganlo claro antes que nada. Y si así lo decidieran, espero que disculpen mi poca pericia a los platos y que lo disfruten. Mucho.

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Es curioso lo del mundo de la cultura en nuestro país. Se le baila el agua sin pudor alguno a escritores o cineastas que, en el mejor de los casos, dieron alguna vez en la diana. En cambio a músicos que -si, concedámoslo- hace un tiempo que perdieron el norte (pero que también tienen algunos de los momentos más emocionantes del último cuarto del siglo pasado) se les trata con un desdén y unos aires de superioridad que lo único que denotan por nuestra parte es una cortedad de miras y una ausencia de curiosidad casi obscena. Amén, claro está, de la falta de respeto más elemental. Esa paradoja que consiste en pretender vestirse con el condescendiente traje de lo herético e incorrecto para no ser otra cosa que la triste apoteosis de lo políticamente correcto. Tontería, impostura… asuntos subsanables con el paso del tiempo. Estupidez, cretinismo … ya no sabría uno que decir. 

 

Y es que esto último es algo extraño. Una especie de virus latente que se incuba día a día y se transmite socialmente. Los prejuicios y el qué dirán ayudan bastante. Muchas veces en busca del ansiando qué dirán como forma de sentirse considerados. El epítome de la paradoja. Cuando más se quiere ocultar, más rauda y silenciosamente se propaga, implacablemente. Una fina línea delimita sus fronteras. Ahora mismo diría que es – a veces por separado, en su apogeo, todo junto- un compendio formado por el deseo de pertenencia al grupo, la falta de rigor y comprensión de uno mismo (y por ende en lo que uno es) y un desesperado afán por sentirse valorado, único. Suele afectar con mayor virulencia a quién se cree inmune y en cambio, al que honestamente cree tener algún síntoma, le retrae y coarta a poco que advierta lo inhóspito del paisaje. Siempre fue agradable navegar a favor del viento pero acaso lo sea más el buscar la perspectiva, ejercitar un cierto rigor y mantener -siempre que seamos capaces- una mirada humilde y curiosa.
1972 es el año de la implosión Camilo. Con una sólida y larga trayectoria a cuestas (Los Dayson, Los Botines) en la que fue parte principal, tanto de cara al público -una belleza apabullante para la época, de una estética proto glam– como en lo esencial -componía la mayor parte de sus temas, era autor y estaba empeñado en controlar su carrera- todo parecía presto, allá por 1970, a la ignición. Bajo el nombre de Camilo Sexto ficha por Movieplay y lanza un sencillo (“Llegará el verano / Sin dirección”) que pasa sin pena ni gloria, aunque la segunda es una buena canción. Decepcionado aunque constante, no desiste y bajo el manto musical de Juan Pardo persevera. Curiosamente la conexión surge vía su amistad con Junior a quién conoce durante su servicio militar en Almeria. Ficha por Ariola y tras cuatro sencillos “Algo de mí” es, finalmente, número 1 en toda España. El lp que les sigue (“Algo de mi”) prende una mecha que durará una década. Trabajador infatigable, “Solo un hombre” en pos de su sueño, publica un segundo álbum a finales de ese mismo año. Giras por Sudamérica, apariciones televisivas, participaciones en festivales, aparte de rodaje y experiencia, le han servido para convertirse en un ídolo de masas, algo desconocido por estos lares con esa magnitud. La época también parece querer colaborar y aunque los cerrojos siguen pasados, cierta laxitud en la asfixia viene a ayudarle.

Camilo no le hace ascos a nada. Viaja a Londres con Juan Pardo de productor y su banda, a la que suma un equipo de profesionales británicos de nivel. En los arreglos un viejo conocido, Zack Laurence. Un tipo sin pedigrí artístico pero efectivo, cuya conexión surge vía Alain Milhaud trás sus orquestaciones para los Pop Tops y que, como curiosidad, cabe señalar que fue el responsable de los arreglos de esa barbaridad que responde por “Stoned out of it” de John Fitch and Associates y también el tipo tras el exploito mega hit llamado Mr.Bloel. El paquete viene completado por lo esencial, una serie de músicos de estudio sobre lo que mucho se ha especulado y que le otorgan una prestancia y rotundidad a un disco que hoy suena impecable. El repertorio decide incluir un poco de todo, con una oreja en el mainstream y otra que demuestra estar al tanto en las tendencias del momento. Recupera “Fresa salvaje”, canción que había compuesto para su protegido Sanyago y que había pasado sin pena ni gloria. La canción es un libidinoso canto al cuerpo ¿Femenino? con ribetes soterrados de dominación y un doble sentido, cuando menos, malicioso. “To be a man”, hoy un éxito en los clubs más desprejuiciados, de venir firmada por algún cantante de serie B extranjero se la tendría poco menos que como un clásico llenapistas. “Fuego” con su combinación de spoken words y fragmentos cantados junto a unos coros femeninos arrebatados parece casi Tomjonesca. La guitarra fuzz inicial, su base ritmica perfecta, los bongos, las percusiones, consiguen que realmente queme. Proto-glam a la española. “Sara” desprende sexo y sudor lascivo. “Piedra sobre piedra” diríase salida de la pluma de Gamble & Huff. A tal nivel compositivo hay que unir una banda de fieles, consistente, competente y engrasada (Alfredo Pareja a la guitarra, Jaime Torregrosa al bajo, Vicente Jorro al órgano y Conrado Martinez a la batería), la ya mencionada producción, poderosa en sus arreglos y orquestaciones (guitarras vigorosas, algun fuzz despistado, baterías milimétricas, vientos arrasadores) y su voz, golpe y caricia, fulgor y poso. Algo muy, pero muy serio, por tan solo cinco euros. Palabrita de esnob.

¿Recuerdan aquello de lo que una vez hablé, aquello acerca del valor y el precio?

Compren…

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Cada uno, por supuesto, es muy libre de pensar lo que quiera. Aplaudir, celebrar, maldecir o simplemente seguir con su vida, sin duda siempre la mejor opción. Y sin querer que ésto sirva de nada, solo puntualizar que uno vive la música como la vida, hambriento, con cierta obsesión e indesmayable pasión. Tara o  dicha, merma o gozo, quizás todas esas cosas a la vez. Y un cierto afán por comprender. Esa y no otra cosa es lo que he querido transmitir. Torpe y vehementemente, de la única manera que sé. 

Ah!, solo una cosa más. Estamos navegando en aguas del mainstream, de lo comercial como meta, de la búsqueda del éxito y la fama. No hay trampa ni cartón, tampoco falsas coartadas ni justificaciones. Ahora compárenlo con la manera en que se procuran esos objetivos hoy en día, tanto estilística como éticamente…

Abróchense los cinturones y prepárense para despegar…

Un TITÁN extraordinario. Un animal musical todo terreno (y cuando digo eso me refiero a que lo hacia todo y todo bien) que igual ideaba un score formidable que poblaba los proyectos de las discográficas con sus arreglos. Que por la mañana -bueno, tampoco nos pasemos, más bien después de comer- componía en serie para su señora o amantes y que por la noche se enfrascaba en musicales para TVE (“El irreal Madrid”), cortinillas y sintonías, alimenticias si se quiere, pero siempre con ese toque de clase que distingue a la imaginación de la rutina. Que aparecía profesional, casi ufano con smoking y pajarita, allá donde se celebrase el festival de eurovisión. Un tipo que no mostraba reparo en adecentar infames y amaneradas (y en este caso me refiero estrictamente a lo musical) revistas escritas por gañanes como Antonio Gala, protagonizadas por su señora, a la vez que realizaba arreglos casi avant garde para las incursiones más internacionales y cosmopolitas de los grupos hispanos con más aspiraciones (“World, devil & Blood” de Los Brincos). Un hombre que estaba en misa fabricando clásicos superventas para Nino Bravo o Serrat, y repicando (dominaba en el arte del crapulismo, titanísimo de la noche y sus distintos sucedáneos) sin ningún problema de conciencia artística. Es más, elevando el rigor a categoría, dándole prestancia y caché incluso a los más funcionariales menesteres. Ahí es ná.

Un genio a la carta en definitiva. El hombre música por antonomasia, en mal momento y peor país, con unas pintas de señor de derechas, gris y aburrido, pero que si hubiese nacido inglés o americano estaría en el imaginario colectivo a la altura de un John Barry o un Quincy Jones de la vida. Con la gorra además. Algún día se le hará justicia.

Si han tenido el valor de llegar hasta aquí mis comentarios ya deberían sobrar. He dicho bien, deberían, pero no me pidan eso, por favor, permítanme que me explaye. Gracias. Allá voy con un puñadito de ejemplos. Desde aceitosas (el “Alone again or” de Love por Los Albas) hasta MA-RA-VI-LLO-SAS versiones (Julio Iglesias  y el “Love’s theme” de Barry White, me lo imagino en versión super45, ocho minutos largos o así, mataría por encontrarlo), pasando por el gran Alfonso Santisteban adoptando una de sus múltiples personalidades, en esta ocasión la de un estilizado y elegante Janko Nilovic cualquiera. Los Tres Sudamericanos dando una vuelta de tuerca más a lo -generalmente en ellos- pasado de rosca. Encarnita Polo y su marido, Adolfo Waitzman, reconvirtiendo un clásico judío en una bomba para Bôites irresistible. Lia Uya, andrógina, habitual de musicales y revistas (sustituta de Angela Carrasco en la gira por provincias del mega-éxito “Jesucristo superstar”) retomando a Joe South según Elvis Presley.

Waitzman

Elsa def

Y más. Una madura Elsa Baeza progreseando con la ayuda de Juan Marquez en “La verdad”, Ray Blum y Phil Coddy, o lo que es lo mismo, el Dúo Dinámico, buceando por enésima vez (Magic carpet, Barbara, Backgammon, Sirarcusa) en el mainstream discotheque, una forma como otra cualquiera de experimentar. Profesionales de la canción del verano (Los Puntos) practicando Hard rock, cabezón, glamófilo, ¡Y competente!. Las últimas bocanadas de Rock stars como el gran Bruno Lomas, recluido en su torre de marfil, un minúsculo apartamento en la playa de Canet de Berenguer. Karina refulgiendo, de los brazos de Tony Luz a los de Rodrigo García, en una época en que su bondad e ingenuidad todavía bonificaba, cuando eso aun no le había convertido en el saco de los golpes para canallas y estúpidos.

Podría seguir y este post ser interminable; Manolo Otero, Set 96, Decibels a go-go, Sara Montiel, The Friends Co., Alcy Aguero, Nena Catherine, Pepe Solá, Marisa Medina, Jou Cogra, Julio Mengod, Greg Segura, Ray Jordana, Key-Hano, etc, etc. Algunos ya han pasado por aquí. Otros pueden encontrarlos en los dos fantásticos volúmenes de Psicotrónica. Hagan, claro, lo que les venga en gana…

 

 

Notas interiores que escribí para la reedición de “Sabor a Fresa” (Vampisoul, 2009)

Se supone que es éste un país hosco en lo cultural, casi de honda raigambre analfabeta. Uno no sabría qué decir, es el único que conoce un tanto y por el que siente un cierto vínculo, aunque si afirmaría sin dudarlo que es bastión de la mala leche, obscenamente exhibicionista en el desprecio a todo aquello que no entiende ni tiene la menor intención de conocer, del mismo modo que sorprendente vivero de francotiradores espontáneos.

Es por lo que uno piensa que somos hoy, lo fuimos ayer y me temo que lo seremos mañana, profesionales en hacer glamour del fracaso. Y lo siento, lo único que vislumbro en el fracaso, que no es poco, es dignidad y, en algunas y contadas ocasiones, grandeza. Ni oropeles ni leyenda.

Madrileño de 1943, amamantado en la copla y la canción española, de sólida formación clásica, iniciado en las veleidades jazzisticas y enamorado de la música brasileña, Alfonso Santisteban es, entre otras muchas cosas, distinto, egocéntrico, curioso, poco glamouroso, vividor, adalid de la mala leche, digno y, digámoslo ya, grande, muy grande.

Con todos esos ingredientes, Santisteban creó un sonido propio que comenzó a gestarse con la explosión atómica que fueron los 60 y tomó carta de naturaleza en los albores de los 70, cuando toda esa mezcla de conocimientos, inquietudes y deseos adquirió consistencia, unida a un devenir vital sorprendente y a su inmersión total en la música brasileña.

Poliédrico y estajanovista, entendió a la fuerza cuál era el único camino hacia el conocimiento y la destreza profesional, andamiaje obligatorio del talento; el hambre por conocer. O dicho más finamente, transitó todos los palos, unas veces voluntariamente, otras por necesidad, sabiendo, tal vez no aceptándolo, que el viaje siempre es el camino. Fue músico de sesión profesional y compositor por encargo desde principios de los 60 para estrellas del flamenco pop – tan buscado hoy por los diggers como entonces denostado – tales como Chacho, Bambino, La Polaca, etcétera y creó, junto a Rafael Ferro, el esencial Lp “Flamenco pop” (Sintonía, 1969).

No me resisto a darle de comer aparte al sorprendente sencillo de Ellas “Sola en la ciudad/Llovió” (CEM, 1968). Ambos temas fueron compuestos por Santisteban y la cara B (con probable colaboracción de nuestro hombre en la producción) es un claro antecedente de este “Sabor a fresa”. Una melodía que ya grabaría en “Flamenco pop”, que luego haria Chacho con el título de “Bum bum” y que en esencia es un formidable bastardeo. De cómo a partir de la melodía de Morton Stevens para “Hawai 5-0” se puede construir algo nuevo, propio e intransferible, mostrando un talento humilde pero, estoy casi seguro, orgulloso en su osadía.

Autor de infinidad de bandas sonoras, muchas descabalgadas, algunas notables (“Juegos de amor prohibido”, “Necrophagus”, “Enseñar a un sinvergüenza”, “Cebo para adolescente”), Santisteban también compuso innumerables cortinillas y sintonías para las incipientes emisiones de una TVE ahíta de modernidad aperturista (Palmarés, Bla bla bla, Sobremesa, el Tren), decidiendo pagar gustoso ese placentero peaje para procurarse momentos de libertad creativa total.

Vayamos pues al objeto en cuestión, el maravilloso e inencontrable “Sabor a fresa” (Belter, 1971), cuya primera reedición respetando el listado de canciones original, y añadiendo estas humildemente desmadejadas notas, es la que tiene usted en sus manos. Ya desde el inicio, el tema homónimo es la conjunción del canon Santisteban: Dabadás femeninos, reminiscencias a la copla, aromas de banda sonora del spaghetti-western, la devoción al jazz y su fijación con Brasil. “Brincadeira” nos sumerge directamente en las playas de Ipanema, con esa cadencia inconfundible de la bossa nova. “Nuestro ayer” y su guitara à la “Concierto de Aranjuez” casa de una manera casi obscena su obsesión y su realidad: Copacabana y el Manzanares, la caipiriña y el cóctel San Francisco. “Limón y sal” y “Zorongo”, ambas editadas en single, son dos bombas que no tienen nada que envidiar a los holy grails del euro groove que pululan por la red. La primera está cosida con una guitarra infecciosa mecida por vientos souleros, la segunda con un beat que aún hoy suena nuevo, sorprendente. Ambas están ornadas por los espectaculares coros femeninos marca de la casa a cargo del Trío La la la, con Merche Valimañá al frente. Serían himnos oficiales del llamado sonido Costa Fleming, centro neurálgico de la cultura de clubs y lugar de alterne – social o de cualquier otro tipo – por excelencia en el Madrid de los primeros 70. Clubs como Bocaccio, Lord Black, Octopus, J&J, dónde transcurría la vida de todo aquel que fuese proyecto o realidad de la escena artística, homónimo capitalino de la Gauche divine barcelonesa, que entonces miraba tan por encima del hombro y que hoy no les duraría ni un asalto.

“No te acuerdas de mí”, con el majestuoso riff de guitarra de Martín Carretero, la batería incisiva y poderosa del gran Pepe Sánchez, su linea de trompeta y flauta a cargo de Pedro Iturralde y ese estribillo cantado es sencillamente … increíble. Qué decir de “Manias de María”, juguetona e infantil, con ecos al “If i had a hammer”, o de la crepuscular “Vuelve a tu ciudad”, o…

Y dejaremos para el final esa maravilla que atiende por “Persecucción”, también incluida en la banda sonora de “Enseñar a un sinvergüenza” y editada en un rarísimo y cotizadísimo sencillo con una carnal Carmen Sevilla en la portada. Es un elenco de músicos en su apogeo; scat vocals, jazz a go go, ritmos sincopados…una de las piezas capitales del jazz europeo.

Autor y obra, deambulando errantes por los paseos del olvido. Alfonso Carlos Santisteban no supo, o supo demasiado tarde, que había capturado el angst de una época. Tal vez se viesen en el futuro que hoy ya es las costuras del personaje, como su espectacular americana de piel de leopardo, pero me temo que todavía están por descubrirse sus logros y hallazgos.

 

 

AUGUSTO ALGUERÓ Tuset Street BSO. ( Polydor lp, 1968)






La calle Tuset de Barcelona es una calle pequeña situada entre la travesera de Gracia y el Paseo de la Diagonal que a finales de los años sesenta llegaría a convertirse en símbolo de la modernidad barcelonesa y cuartel general de la gauche divine. Una especie de trasunto a la catalana -y salvándose las distancias que se quieran- del Carnaby street londinense

 Antes de adquirir ese pequeño estatus un joven director de la escuela de Barcelona llamado Jordi Grau barruntó una idea extravagante; Combinar sus recuerdos del Paralelo -de El Molino principalmente- con ese incipiente oasis de modernidad que se oteaba. Para tal empresa se embarcan a lo largo de la odisea que sería su rodaje una serie de personalidades cuanto menos opuestas. Dos ejecutivos de Suevia films (El responsable de producción de Eduardo de La Fuente y el observador y jefe de compras Alfredo Escobar), el antaño jefe del comité de intelectuales del partido comunista, el realizador, guionista, crítico y promotor cinematográfico Ricardo Muñoz Suay, el guionista Rafael Azcona, la súper estrella Sara Montiel, su abogado Fernado Vizcaino Casas y el propio Jordi Grau.


 La idea del director es interesante. Pretende que partiendo del mito de Don Juan (retratado como un tipo elegante, irónico y culto) y desde unos presupuestos europeos se retrate la Barcelona más moderna. Ricardo Muñoz Suay y Rafael Azcona se encargan del guión y casi todos sus amigos de la Escuela de Cine de Barcelona se involucran (Jacinto Esteva, Joaquín Jordá, Carlos Durán…). Pero pronto los ejecutivos sugieren la inclusión de Sara Montiel como estrella de la película, proposición que a Grau no seduce en absoluto. Pese a sus reticencias se entrevista con la estrella y finalmente accede a las presiones. Según cuenta él mismo en sus memorias “Confidencias de un director de cine descatalogado” (Calamar ediciones, 2014) en un principio las cosas marchan más o menos bien pero pronto comienzan a existir tiranteces que llegan a un punto de no retorno. Grau será despedido y su idea inicial desechada. La película la firmará Luis Marquina.

 En el capítulo “Quién fue quién en la calle Tuset” de las citadas memorias el mismo Jordi Grau narra su odisea con el proyecto con esta conversación con el abogado de la actriz  Fernando Vizcaino Casas;


… Fernando Vizcaino Casas confesó haber tratado de mantener mi presencia en la película, convencido de que había intentado favorecer a Sara mediante encuadres y puesta en escena. Le habían mostrado la proyección de todo lo rodado, como prueba condenatoria contra mi cuando, a su parecer, era todo lo contrario, pero chocaba con una oposición cercana a la histeria que le había obligado a limitarse a su posición de abogado puesto que, en realidad, le habían contratado para eso. De pronto FVC se volvió hacia mi con mirada cómplice:

-Dime la verdad ¿te la has tirado? -preguntó exactamente con esas palabras.


 A mi mente acudieron entonces montones de imágenes y miradas, aquella cama recién hecha y abierta en la habitación del hotel, y respondí sin dificultad:


– No.


La conclusion del irónico escritor y abogado FVC, curtido en más de mil batallas, fue sabia y rotunda:

-No me digas más…”


Vayamos ahora a lo que nos interesa. Dado el volumen y fuste de la empresa no se repara en nada. Se contrata a Augusto Algueró para que componga su banda sonora. Una partitura que en la opinión del que suscribe es lo único verdaderamente digno de ser recordado del proyecto. Grabada en los estudios Landsdownee de Londres, sin reparar en gastos (Algueró era toda una institución musical en España, compositor, arreglista y orquestador de multitud de éxitos), el disco es todo una rara avis en la discografía de la época. Moderno, chispeante, de fastuoso sonido y ciertamente redondo. Cuenta como ingeniero de sonido con John Mackswith competente profesional que igual sirve para un roto que para un descosido (ha trabajado con los Flower Pot men, Peter Sarstedt o The Family Dogg y lo hará en el futuro con Joe Dassin, The Rubettes o ¡Sixto Rodriguez!) y le acompañan como vocalistas principales Phil Trim y Madeleine Bell.  Es una banda sonora cosida de grooves, soul-disco y aires bossa-nova, con una linea melódica recurrente que, dependiendo de la escena que ilustre, contará con su pertinente dosis de vehemencia y ritmo o con la evocación y elegancia requerida. 

 Ya la intro con los títulos de crédito nos hace salivar. “Tuset street (introducción)” es una salvajada de freak soul repleta de vientos, con un bajo apisonadora y coros despendolados. “Tuset solitario”, que cierra el disco, es una nueva toma de la misma canción  y un poco más moderada en su resolución. Lo mismo sucede con “Bocaccio soul” (que sería el single) y “Bocaccio”. La primera con la voz de Phil Trim y la segunda en una toma instrumental.  Mención aparte en el capítulo de grooves merece la soberbia “En el pub”, anfetamínica pieza de baile con hammond a tutiplén y una guitarra final definitiva.


La otra parte de la banda sonora seria lo que podríamos llamar música incidental; la misma melodía tratada de diversas formas, ora con un mellotrón, ora con un friscornio, para iluminar escenas (“Tema de Jordi y Violeta”, “Jordi Borracho”, “Apartamento de Jordi”, “Intimidad”…). Junto a ellas evocadoras Bossas y dos tomas (una en inglés y otra en castellano) del pertinente tema de amor “Solo pienso en ti” / “This lonely heart” a cargo de Phil Trim y que no desentonarían en absoluto, qué digo, refulgirían deslumbrantes, en cualquier partitura de Jerry Goldsmith o John Barry.


 Este país fue lo que fue, de eso no cabe duda. Lo que si sería más que discutible es delimitar lo que hoy es.


"Hombres y bólidos" por BELTRAN MONER (Berta, 1973)

 






Les rogaría que hiciesen un breve ejercicio de abstracción. Me estoy dirigiendo a todos aquellos que no tengan ya una cierta edad y gusten de imaginar. A los que lo vivieron en vivo y en directo tan sólo les sugeriré que dejen paso por un instante a la evocación nostálgica. Bien, ahora piensen por un momento que, afortunadamente, no hay un calvo listo (otra cosa también será, no lo sé, pero desde luego calvo y listo seguro) viviendo del cuento a la sombra de un piloto de talento. Sean generosos y consideren la posibilidad de un locutor con cierto grado de conocimientos, interesado en algo más que en el lametón oneroso y ciertamente vergonzoso, que intente explicar aquello que sucede y no lo que desea que haya sucedido… ¿ya?… estupendo.

Bien, sigamos. Estamos en 1973. En España, por supuesto. TVE (la única televisión de este país, junto a su segundo canal, el llamado UHF) retransmite los domingos a mediodía las carreras de Fórmula 1. Un joven brasileño, narigón y con la piel machacada por un acné mal curado esta partiendo la pana, literalmente. Se llama Emerson Fittipaldi y pilota un Lotus negro con ribetes dorados y estampado de publicidad de la marca de cigarrillos John Player Special. El interés por dicho deporte parece tener cierta proyección y en Prado del Rey encargan a J.M. Castillejos  la producción de un programa dedicado al motor y centrado principalmente en la categoría reina. Junto a las imágenes, un tanto ingenuas se le encargarán las cortinillas o momentos musicales al músico y montador musical Rafael Beltrán Moner. Originario de Villarreal, Moner estudia y obtiene el titulo superior de piano en el conservatorio de Valencia a las ordenes del maestro Leopoldo Magenti. Este, que sería el organista de Bruno Lomas, llegaría a firmar como Pol Magenti la barbaridad “Reino oscuro de Satanas”, recopilada en el estupendo “I Lost my mind” , clara muestra de lo increíble, ecléctico y sorprendente pozo sin fondo que fue el vivero musical valenciano.

El disco en cuestión, publicado en 1973 por el sello Berta (una especie de subsello hispano para productos de poca relevancia comercial de la multinacional Polydor) lleva el título de “Hombres y bólidos”. Comienza con “Sportsmen” la sintonía de Especial deportes de TVE y continua con una apoteosis de música de  librería. Una partitura atiborrada de grooves, funk y variaciones psicotrónicas que van del wah wah al fuzz, del soul ortopédico a la electrónica analógica, de las percusiones modernísimas al beat casi Kraut. También, en ocasiones, más amable y accesible, con dejes que recuerdan a Los Relámpagos, a Herb Alpert y sus Tijuana Brass y a la música brasileña pero que, sobre todo, a mi me recuerdan al experimento de Giovanni Fennati, a.k.a. Mirageman, con aquel ep que recogía “Paroxysm”, “Hypnosis” y otras. Un disco endefinitiva que pretende no tanto ilustrar como acompañar los diversos momentos de la carrera y entrenamientos. Títulos como “Carrera y llegada a meta”, “Entrenamiento”, “Vuelta de reconocimiento”, “Final”o la misma “Sintonía Fórmula 1” son clara muestra. Escuchen y juzguen ustedes mismos.


Existe también, más accesible, una reedición de este disco publicada a principios del 2000 por el sello Wah Wah.