Un single cada domingo (XVIII) … Howard Tate "Look at the granny run run ep"

De todos los intérpretes a la sombra de Jerry Ragovoy, probablemente Howard Tate fuese el que mejor encajase con su música. Y la competencia era seria. Muy seria. Miren ustedes el elenco; Garnett Mimms & The Enchanters, Erma Franklin, The Manhattans, Louis Jourdan, Dionne Warwick, The Drifters, Lorraine Ellison o Dusty Springfield. Así que cuando hablamos de Ragovoy  pongámonos en pie y descubrámonos. No estamos hablando de cualquiera, no señor,  sino de un tipo con una trayectoria musical que comenzó en 1953 produciendo a The Castelles y que perduraría, a todo trapo, durante casi veinte años. Como curiosidad, señalar que sería el compositor del clásico “Time is on my side” -originalmente para Irma Thomas y popularizado masivamente por los Rolling Stones– firmada con el seudónimo de Norman Meade.

 

 

 Howard Tate fue recomendado a Ragovoy a mitad de los sesenta. Sus sesiones conjuntas cristalizarían con el Lp “Get it while you can” (Verve, 1967), un disco de soul y blues con aromas gospel cuyas mejores canciones – la anhelante balada del mismo título que el Lp, la vivaz “Look at the granny run run” o el clásico “Ain’t nobody home”– son al menos igual de buenas que cualquier cosa interpretada por cantantes más conocidos, tipo Otis Redding o James Carr. Pese a tener cierta repercusión en las listas de Rhythm and blues, las críticas fueron pobres y escasas. La continuación de su carrera, ya sin Ragovoy, con un segundo disco llamado “Howard Tate reaction” provocó que abandonase el mundillo a mediados de los setenta y comenzase una cuesta abajo sin freno; Su hija moriría en un incendio doméstico, su matrimonio se rompió y él acabó sumergido en las drogas. Todo un drama de acuerdo con el peor guión preestablecido. Para terminar de componer la estampa acabaría como vagabundo sin hogar. 
 
 Pero como toda buena historia americana, acabaría redimiéndose en 1994. Se rehabilitó de sus adicciones y se convirtió en predicador. En el año 2003 se juntó de nuevo con un Ragovoy ya anciano como él y perpetraría un come back bajo el título de “Rediscovered”. Ese mismo año actuó, entre otros lugares, en el club londinense “Madame Jo-Jo’s” y su voz, sorprendentemente, se mantenía todavía en una espléndida forma. Dúctil y elegante, con energia, dominando y poniendo en su sitio, como era habitual en él, cualquier canción que interpretase. Pura clase.
 
 Howard Tate murió el dos de diciembre del año pasado.