WESS & THE AIREDALES De Winston-Salem a Cantagiro

 

Considerado como uno de los padres del soul italiano, Wesley “Wess” Johnson llegaría a Italia principio de los años sesenta como cantante, arreglista y bajista de los Airedales, junto a su hermano Marv Johnson, Henry Hooks, James Sampson, Jessie King y  Doug Fowlkes, autor este último de la mayoría de las canciones. Nada más aterrizar se enrolan como banda de Rocky Stasera mi butto Roberts, otro pionero, y se dedican a expender vigorosas versiones de los éxitos soul del momento (Can i get a witness, Heat wave, Don’t play that song, Hey Joe, etecé).

 Pronto alcanzan un cierto status, pero ante la pretensión del intérprete de Sono tremendo de relegarlos al papel de mero grupo de acompañamiento en 1967 se rebelan y deciden emprender camino en solitario con Wess como cantante. Son ya una máquina de Funk Soul de primer nivel (Airedales popcorn, Funky Nassau, I’ll never turn back to you, Crazy, Heartbreaker…) pero no se quedan sólo ahí. Atisban pronto las ventajas del nuevo habitat y Wess decide ejercitar la misma jugada que Rocky Roberts intentó, pasando a ser el líder y dando un giro a su carrera. El repertorio, pese a mantener todo aquello que son, muta hacia la canción pop con ribetes soul. En sus discos conviven del mismo modo covers de John/Taupin (Your song) que rugosos ryhthm & blues de autoría propia, bien ornados de una cierta tematica hippie (There’s gonna be a revolution) bien como sentidos homenajes a los clásicos (I’ll never turn back to you, con una intro que fusila el Soul finger)

Wess comienza su carrera en solitario versionando a Procol Harum (Senza luce). Al año siguiente, en 1968, el éxito le llega con una canción llamada Il miei giorno felice y ya en 1969 pasa a formar parte de la escuadra Cantagiro (un elenco de artistas que tomando como excusa al Giro de Italia, conformaba una caravana de artistas que que giraba con este recorriendo todo el país) a rebufo de la inolvidable Te ho inventata io. A esas alturas Wess ya es alguien en el negocio y comienza a grabar canciones firmadas por lo mas selecto de los compositores italianos (Mogol, Tenco, Reverbieri…). Sus discos se convierten en una mezcla de números pop y funk. Igual reconstruye  El arca de Noe de Sergio Endrigo que se marca una formidable versión en italiano de números poco conocidos -aunque formidables- como, por ejemplo, Non e suceso miente, canción de Wayne/Carson/Thompson que no es otra que la majestuosa Sandman que harían los Box Tops

A partir de 1972 forma dúo de gran éxito con la rubia Dori Ghezzi. Conocidos como la pareja Café con leche (sobran los comentarios) pronto despuntan con Voglio Stare con te. Era la Ghezzi artista -corista en realidad- del mismo sello que Wess, Durium, y su unión, poco menos que tan casual, sería bastante exitosa. Entran a formar parte del imaginario colectivo italiano de los setenta; Ganan el Festival de San Remo en 1973 con Tu nella vita mía, al año siguiente el Canzonissima con Un corpo e un anima y en 1976 quedan terceros representando a Italia en el festival de Eurovisión con Era. Su aparición es constante en los shows televisivos de la RAI y se convierten en un icono pop hasta finales de la década.

A diferencia de otros (de Rocky Roberts, por ejemplo), la voz de Wess, en cualesquiera de los territorios que recorrió -y fueron bastantes- pese a tener obvios y evidentes referentes soul tenía también un punto melancólico. En absoluto atormentada, la rugosidad de su voz manaba con naturalidad, repleta de un aire y una facilidad melódica de andamiaje evidentemente pop. Diriase que se imbuyó perfectamente en la finezza y el lirismo italiano del mismo modo que huyó del empalago meloso. Proclive a una querencia por modelar el instante más que tendente a lamentar el pasado. Cualidades que hacen que incluso tantos años después resulte tan atractiva. Una delicia a poco que nos sumerjamos en ella.

 Ah, se me olvidaba. La gran mayoría de sus discos se publicaron en nuestro país. En sellos como Vergara o Palobal. El enésimo capítulo del erial al que muchos se refieren. Convendría, me parece, hablar con cierta propiedad.

 

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Sapore di Sale

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En 1965 Stefania Sandrelli –quién ya ha trabajado con Jean Pierre Melville, Ducio Tessari o Pietro Germi entre otros- interpreta a Adriana en “Io la conoscevo bene” (Antonio Pietrangeli), una muchacha frágil y sumisa, incapaz de sobrevivir en el mundo del espectáculo, ese lugar en el que conseguir los sueños tiene un alto precio.

 Ese papel, la verdad, no tiene mucho en común con ella. Cuatro años antes, con tan solo dieciséis años, ha conocido a Gino Paoli, quién, junto a una mutua atracción irresistible, le procurará una hija, Amanda, y una canción imperecedera, “Sapore di sale”.

 Se encuentran por primera vez  en Bussola di Viareggio, en la Toscana, donde él actúa y de donde ella es originaria. Stefanía se muere por conocerlo. Ya lo había visto en televisión y se mostraba dispuesta casi a cualquier cosa con tal de que la invitase a bailar. No sería tarea difícil; esa muchacha en flor, vestida de verde aguamarina con un vestido de flecos que le nace justo bajo el pecho, hechiza de inmediato al cantante. La diferencia de edad, casi treinta años, hace que Paoli intente escabullirse en un primer momento, pero finalmente no se detendrá, una fuerza sobrenatural se lo impide.

 Comienzan entonces las escapadas secretas, los encuentros y citas clandestinas. La despreocupada menor, que ha crecido en el deseo de ser bailarina clásica y con el sueño de ser actriz, se escapa de su casa todas las noches, con la complicidad de la criada, saliendo y entrando por la ventana de su habitación. Una noche tras otra disfrutan de su amor. Paseos en el descapotable del cantante, conciertos de jazz, besos y sexo en medio de la pinada. Cualquier cosa con tal de estar juntos, desafiando las prohibiciones y divirtiéndose sin pensar en nada más. En un primer momento Paoli le oculta que es un hombre casado, Sandrelli, por su parte, intenta no ser sólo una más de las conquistas de un músico mujeriego.

 Poco a poco la noche sella el hechizo. Sobre la arena de la playa en la que se deja caer en sus brazos, lejos de todo y de todos. “Lontano da noi, dove il mondo è diverso, diverso da qui”. Sí, “Sapore di sale”, hablando de todos los enamorados, habla solo de ellos.

 En 1961 Gino Paoli ya le había dedicado la inmensa “Senza fine” a Ornella Vanoni. Ésta había declarado reconocerse en ella y aún más en “Che cosa c’è”. Pese a todo ni las canciones ni la Vanoni llegarían a provocar en él la ola incontrolable de deseo, el anhelo amoroso más absoluto, que sí lograría una de las cimas de la canción italiana. Inspirada en la nostalgia, tanto como en la asunción del autor de que el tiempo y sus circunstancias (en este caso la carrera cinematográfica de Stefania) acabaría por separarlos definitivamente, “Sapore di sale” será, casi desde su gestación, un poema imperecedero, eterno. La carrera de Stefania progresa, y eso,  tal y como ya sabía Paoli, les distanciará definitivamente. Él vive en Milán mientras que ella, ya convertida en una estrella, lo hace en Roma.

 Bajo el sol del verano de 1963, mientras “Sapore di sale” se convierte en un gran éxito, la Sandrelli rueda “Sedotta e abbandonata” (seducida y abandonada, ¿premonitorio?, ¿O será al revés?) de Pietro Germi. La distancia reconcome a Paoli. No para de llamar a la casa familiar y la madre acaba mintiéndole, asegurando que Stefania no está allí. Tras varios días logra hablar con ella. Entonces, por supuesto, vuelan los reproches, las acusaciones, incluso los insultos. Los argumentos del miedo, aquellos que surgidos desde la distancia se hallán prestos a romperlo todo.

  Al final Gino Paoli no puede más. Sumido en una nebulosa de desesperación y con la mente ofuscada, impelido por un romanticismo exagerado, toma una pistola y se dispara un tiro en el pecho. Sorprendentemente sobrevive, aunque la bala se quedará definitivamente alojada en su pericardio. Poco después declarará; “… El suicidio es eñ único acto de verdadera libertad que un hombre puede hacer por si sólo. Sin embargo, yo soy la prueba de que ni aún así se puede decidir del todo…”. Stefania recibe la noticia en el set de rodaje. Parte inmediatamente hacia el hospital. Cuando llega intenta desdramatizar el acontecimiento apelando a la lógica, recordando lo que decía uno de sus personajes, leve, desencantado, inocente solo en apariencia: “… Si me quieres tanto, ¿Por qué quieres morir? Si uno ama, la amada quiere que se lo demuestren…”

  Gino no puede, pese a su estado, reprimir la risa. Una risa que aparece de entre la oscuridad en la que se halla sumido, volviendo a creer que ese amor que pensaba perdido se había vuelto a fraguar. Un año más tarde, en octubre de 1964, nacerá Amanda. Pero pese a todo, el equilibrio en la relación entre el cantautor genial y la talentosa actriz es prácticamente imposible. Paoli no aprueba ciertas decisiones de Stefania (no quiere que actúe en “Io la conoscevo bene”) pero ésta no le escucha. De su amor, aunque resten los rescoldos, no puede construirse el futuro. En 1968 lo dejan definitivamente. Pero el recuerdo de la pasión permanecerá intacto para siempre, al menos en “Sapore di sale”, en el gusto un poco amargo de las cosas perdidas.

Fulvia Caprara para “la Stampa”

ALCY AGÜERO Y FAUSTO PAPETTI Quiero bailar un sabato notte

 

 

 

 

Cree uno no ser especialmente fetichista con los discos. Bueno, a ver como lo explico, tal vez sí. Tengo, para algunos, una cifra totalmente  desorbitada. Y no pasa un día de mi vida, desde hace ya no sé cuanto tiempo, sin que me dedique a buscar, comprar o cambiar. Pocas cosas hay que me gusten más que buscar mi dosis habitual. No quiero contarles lo que sucede cuando la encuentro. Así que todo depende de los ojos con que se mire, por supuesto.

Lo que quiero decir es que ninguno de los que descansan en el estudiodelsonidoesnob lo está por otro motivo que no sea el que me gusten. De un modo que oscila entre bastante y mucho, con la contadas excepciones que confirman la regla. Cada vez tengo más clara la vigencia de esa frase que dice que la música muta y nosotros con ella, frase que además tiene la cualidad de la propiedad conmutativa. 

No tengo tampoco especial interés en jugar en el mercado del disco y su bolsa de cotización variable. No es que tenga nada en contra del que a ello se dedique, muy al contrario. Sostengo que cada uno se busca la vida como mejor sabe y no seré yo el que los juzgue. Asi que no se me ocurrirá nunca tachar de especulador a alguien que ha perdido su tiempo, que se ha dedicado a buscar y chequear donde la mayoría, bien por comodidad bien por exquisitez, jamás pondrían su ojos y sus manos. 

Hace ya unos años me hice por fin con este ep de Alcy Agüero de 1976 en el sello Fase. Contenía cuatro estupendas canciones; “Trópico”, una pieza de Exótica groove con coros arrebatados entre percusiones y un piano, junto a elegantes combinaciones de pedal fuzz y wah wah. “Obá Obá” iba por una senda parecida, quizás más pausada pero igualmente sinuosa y atrayente, una pieza digna de cualquier banda sonora de Blaxploitation. la tercera de ellas, “Sao Paulo”, era -¿qué otra cosa podía ser?- sugerente bossa planeadora, trufada de esos dabadás que te alegran un mal día, mientras se debatía entre un piano juguetón y un saxo esquelético, algo, ya ven que cosas, para uno verdaderamente inspirador. Pero la canción clave, para mi gusto, era -y es- “Quiero bailar” (minuto 2:49 del mixcloud que les enlazo): Arrebatada desde su inicio, un llenapistas apoteósico de Latin groove, con todas las cualidades -mal- descritas en las otras tres, además un punto absolutamente desenfrenado.

 El cómo había llegado ese disco a un sello tan menor y el saber quién era el tal Alcy Agüero me obsesionó durante un tiempo. También quién diablos seria la portentosa Orquesta pop que le acompañaba, quienes eran sus miembros. Investigando por ahí supe que Alciviades Agüero fue un pianista cubano escapado de la Cuba castrista que aterrizaría en España a mediados de los años sesenta. Lo hizo acompañando a Mara Lasso y según cuenta Yolanda Farr era un pianista excelso, capaz de destacar en todos los registros, siempre resguardado en un segundo plano. Ella misma contaba en su blog que “…Su facilidad para transportar cualquier canción a cualquiera que fuese la tesitura de la persona que la solicitaba era sorprendente…”. Contaba también que lo había conocido en el Centro Cubano de Madrid que había en la calle Claudio Coello. En él se inauguró un Bar con coctelería y cocina cubana al que acudían todos aquellos quienes, como él mismo, formaban parte de la diáspora cubana en Madrid; Eduardo Davison, Las hermanas Benitez, Luisa María Guell

 Alciviades había sido -todavía lo era- un pianista de fuste en su Cuba natal y, junto a colaboraciones aquí y allá, se convertiría en algo parecido a lo que sería el pianista residente del centro cubano. Había tocado con las mejores – Olga Guillot, Celia Cruz, Xiomara Alfaro– y era reverenciado por todo el mundo. Al parecer, y según la Farr, junto a sus cualidades artísticas le adornaba también una bonhomía y modestia notables.

 Poco más puedo contarles. Absolutamente nada de los miembros de la tal Orquesta Pop (desde aquí agradecería infinito cualquier aportación). Únicamente que algún tiempo después di con un sencillo de Fausto Papetti (sí, aquel de las portadas sicalípticas que, para los que tengamos ya una cierta edad, fueron poco menos que una bendición en tiempos de carestía e imaginación desbordada) del año 1973 y de título “Il primo apuntamiento”. Como es más que conveniente hacer, uno le dio la vuelta y allí estaba “Sabato notte”. Vaya canción, amigos. Formidable, se me iban los pies con ella, me era tan familiar… Pues claro que lo era, ya que  no era otra que la misma canción. Quiero decir que era “Quiero bailar” pero sin coros, completamente instrumental. Enlazo ambas para que juzguen ustedes. Quiero creer -de hecho estoy prácticamente seguro- que no hubo ninguna malicia por parte de Alcy, en todo caso del sello y tal vez ni eso. Venia firmada por Agüero (los textos, incluidos en esta nueva versión, aunque escasos, debía de ser suyos) y ni rastro de Papetti. La verdad es que  tampoco es que se fuese a hacer de oro  -aunque al precio en que se cotiza hoy en día dicho Ep igual un pico si que sacaba- o equilibrar su economía. De hecho, todas las copias que he visto en mi vida (no más de tres o cuatro) vienen con el sello “Obsequio” en la contraportada.

 

MARIO MOLINO "3" (CAM 052, 1973)

 

 

 

 En realidad la banda sonora para “Gli Angeli del 2000” (Hanil Ranieri, 1969) “Mario Molino 3”, publicado por el sello CAM en 1973, probablemente sea el Lp más completo del guitarrista Mario Molino. Desde la canción que da título a la película, trufada de efectos electrónicos, beats de bateria y efectistas riffs de guitarra (quizá algo más que deudora del “Psyche rock” de Pierre Henry incluida en su “Misa para los tiempos actuales” de dos años antes) hasta “Woman”, evocadora y sugerente pieza con -juraría, aunque viene sin acreditar- la voz de Edda dell Orsoes uno, otro más, de los innumerables ejemplos en que la música que ilustra las imágenes para la que fue concebida es infinitamente superior a lo ilustrado. En este caso la historia de Marco, traficante y adicto obsesionado con el recuerdo de Valeria, su enamorada, muerta delante de él en un trágico accidente. Marco mantiene una especie de idilio con Angela, una estudiante que vive en un edificio de apartamentos cercano a su piso y con la que pretende suplantar el doloroso recuerdo de Valeria. Asqueado con su vida y sus circunstancias participa a su pesar en una guerra de bandas que parece abrirle los ojos y redimirlo. Una vez lograda la hazaña, esperando a Angela y en parte superados sus traumas, mientras cruza la calle para reunirse con ella, es él ahora el atropellado, muriendo delante de ella e impidiéndole por tanto comenzar de nuevo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pero volvamos a las cimas del disco para quién esto escribe; “Shake psyco” auna vientos souleros y beats de batería con sintonías cinematográficas y un hammond omnipresente hasta lograr un beat moderno à la page. “Jerk beat” sigue similar camino, ahora con el groove rítmico absolutamente acelerado, despendolado, mientras una guitarra zigzagueante la cose por completo. Cambiamos de tercio con “Le mani”, su vibráfono, sus coros femeninos, su ritmo moroso y volvemos a hacerlo con la aventura en exótica de “All see saw”, bongos, efectos, vibráfono y vientos. “Bossa jaguar”, como su título indica, es la preceptiva bossa, Otras, menores y meramente incidentales sin las imágenes que ilustran (“Furto di droga”, “L.S.D. una croce”, los tres “Poemas”) completan el disco. Ahora solo queda que escuchen y disfruten.

VIAGGIO IN ITALIA Il Beat ¿Cos’ é?

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Viaggio in Italia by Intro / Atto di forza # 10 by I ragazzi del sole / Viva la liberta by Carlo Pavone / Preistoria preistoria by Barry Window / Senti ragazzo by La Nuova Cricca / Strano uomo by La Quinta Faccia / Un tipo per te by I ragazzi dei capelli verdi / Fuocco by I Motowns / Luca by La Macchie Rossa / Ladro by Equipe 84 / Allora mi ricordo by New Trolls / Mille anni by De De Lind / In un momento by Jim Ivan & The Cossacks / Soffro, soffro by Rinaldo Ebasta / Nessuno potrá ridere di lei by I Pooh / Non e giusto by I Kings / Scrivo sui muri by The Black Stars / Piangi con me by The Rokes / Datemi una lacrima per piangere by I Corvi / E già tardi ormai by Gianni Pettenati e i Tombstones / Ti risviglierai con me by I Balletti di Bronzo / La pigne in testa by Gli Scooters / Lavoro per difendere by Mike Lidell & Gli Attomi / Fino a ieri by Hugu Tugu / Non contare più su di te by I Gemelli

Non era un sogno by Roberto Righini / Che vita e questa qua by Nico / Crudele by I Bisonti / Sono un uomo by Patrick Samson Set / Basta essere belle by Le Svitate / Baluba Shake by Brunetta / L’uomo non sapra mai by I Farnessi / Non Biutarmi giu by Riki Maiocchi / Prendi prendi by Claude François / Chissa chi sei by Raffaella Carra / Si sapessi mio caro by Valeria Mongardini / L’esistenza by Caterina Caselli / Ti prego by Cyril / Quel ragazzo by Tony Spada / Restiamo ancora insieme by I Calipop / Dettiato al capello by I quelli / Girl with a gun by Nino di Luca / Ormai by Leo Sardo / Hair by Elio Gandolfi / Sarteur shake by Varinella / Meeting by Fausto Pappetti / Seli (4,3,2,1, morte) by Edda del Orso / Mondo malato by Roberto Righini

 

 

 Jamás logré entender por qué somos tan receptivos con los logros y hallazgos de la música anglosajona -me declaro uno de los primeros en dicha filia, una cosa no quita a la otra- y en cambio nos dejamos ir o directamente obviamos los incontables y espléndidos episodios realizados en otros ámbitos.
Aunque pensándolo un instante es posible que el adocenamiento que acarrea la imperiosa necesidad de modernidad y la comodidad que conlleva los lugares comunes tenga algo que ver. De todos modos, casi ya da igual. Esa es otra -y ya he perdido la cuenta- de mis batallas perdidas.

Lo que modestamente les propongo no es otra cosa que hacer de la necesidad virtud. Asumir nuestras debilidades y escapar de lo sectario en la medida de los posible. Abandonémonos a la molicie y a la diversión. Si de paso conseguimos obviar ese cinismo molesto y condescendiente y nos centramos en la mirada curiosa tendremos, creo, avanzado una gran parte del camino. Una vez dicho todo ésto me atrevo a aconsejarles que den esa batalla definitivamente por perdida y que ni malgasten su tiempo y energía en rebatir presuntas valoraciones, por lo general displicentes o en sustentar los aprecios, demasiadas a menudo cicateros.  Si tienen la fortuna de encontrarse con una brizna de comprensión dense por satisfechos y huyan de polémicas innecesarias y estériles. Quedémonos con lo cercano -por geografía-  y lo próximo -por sensibilidad- y disfrutemos. En este caso de Italia, sin ir más lejos.
  Y si somos honestos no nos quedará otra cosa más que asumir nuestra mediocridad y apechugar con ello. Aceptar cuanto hemos degenerado. Nada más lejos de mi intención que realizar una expiación pública o ejercer mi tara con afán exhibicionista. Tampoco, ni mucho menos, pretendo -les pido mil perdones si doy esa impresión- lucir una patina de exclusividad o decorarme con la fantasía del elitismo. Simplemente es algo que está ahí, es inútil luchar contra ello. Por ello decidí ya hace tiempo permanecer en una esquina, molestar y hacer el menor ruido posible en una época donde lo que impera es una pulsión irrefrenable por la novedad. Un tiempo en el que la originalidad más vacua y el captar la atención aunque solo sea durante quince minutos ha derrotado al rigor y al detalle. Un sitio donde la ilusión no es más -y eso con fortuna- que moneda de curso ilegal.
 
Guitarras eléctricas, Fuzz y flequillos tintados de verde. Motocicletas, accidentes y el hermanísimo de pel di carota. Montones de falsas – y hermosas-  historias truculentas. Versiones, muchas versiones; De los Zombies, de Jefferson Airplane, de Arthur Brown, de los Kinks, de los Grassroots. Psicodelia andante y moderatto progresivo. Phasing, efectos de pistas y eco. El Riff y el Beat ¿cos’e?. Soulmen oriundos, como aquellos defensas centrales en los años setenta, Mucho, muchísimo drama. Se non è vero è ben trovato. Exotismos, algún sitar como extravagante atrezzo. Fulares y pantalones de rayas. La melodía, la ingenuidad, el arrebato y la ilusión. Su irrenunciable lirismo hasta en los episodios más presuntamente truculentos. Italia, tan lejos y tan cerca …