WESS & THE AIREDALES De Winston-Salem a Cantagiro

 

Considerado como uno de los padres del soul italiano, Wesley “Wess” Johnson llegó a Italia principio de los años sesenta como cantante, arreglista y bajista de los Airedales, junto a su hermano Marv Johnson, Henry Hooks, James Sampson, Jessie King y  Doug Fowlkes, autor este último de la mayoría de las canciones propias. Nada más aterrizar se enrolan como banda de Rocky “Stasera mi butto” Roberts, otro pionero, y se dedican a expender vigorosas versiones de los éxitos soul del momento (Can i get a witness, Heat wave, Don’t play that song, Hey Joe, etecé).

 Pronto alcanzan un status, pero ante la pretensión del intérprete de “Sono tremendo” de relegarlos a mero grupo de acompañamiento, en 1967 se rebelan y deciden emprender camino en solitario con Wess como cantante. Son una máquina de Funk Soul de primer nivel (Airedales popcorn, Funky Nassau, I’ll never turn back to you, Crazy, Heartbreaker…) pero no se quedan sólo ahí. Atisban pronto las ventajas del nuevo habitat y Wess decide ejercitar la misma jugada que Rocky Roberts intentó, pasando a ser el líder y dando un giro a su carrera. El repertorio, pese a mantener lo que son, muta hacia la canción pop con ribetes soul. En sus discos conviven del mismo modo covers de John/Taupin (Your song) que rugosos ryhthm & blues propios, bien de tematica hippie (“There’s gonna be a revolution”) bien como homenajes a los clásicos (“I’ll never turn back to you”, con una intro que fusila el “Soul finger”)

Wess comienza en solitario versionando a Procol Harum (Senza luce). Al año siguiente, en 1968, el éxito le llega con “Il miei giorno felice” y ya en 1969 pasa a formar parte de la escuadra Cantagiro (un elenco de artistas que, tomando como modelo al giro de Italia, conformaba una caravana de artistas que recorría toda Italia) a rebufo de la inolvidable “Te ho inventata io”. A esas alturas Wess ya es alguien y comienza a grabar canciones firmadas por lo mas selecto de los compositores italianos (Mogol, Tenco, Reverbieri…). Ello no es óbice para que sus discos sean mezcla de números pop y funk. Igual versiona “El arca de Noe” de Sergio Endrigo que se marca una formidable versión en italiano de números poco conocidos -aunque formidables- como, por ejemplo, “Non e suceso miente”, canción de Wayne/Carson/Thompson que no es otra que la majestuosa “Sandman” que harían los Box Tops

A partir de 1972 forma dúo de gran éxito con la rubia Dori Ghezzi. Conocidos como la pareja Café con leche (sobran los comentarios) pronto despuntan con “Voglio Stare con te”. Era la Ghezzi artista -corista en realidad- del mismo sello que Wess, Durium, y su unión sería poco menos que tan casual como exitosa. A partir de ahí forman ya parte del imaginario colectivo italiano de los setenta; Ganan el Festival de San Remo en 1973 con “Tu nella vita mía”, al año siguiente el Canzonissima con “Un corpo e un anima” y en 1976 quedan terceros representando a Italia en el festival de Eurovisión con “Era”. Su aparición es constante en los shows televisivos y se convierten en un icono pop hasta finales de la década.

A diferencia de otros (de Rocky Roberts, por ejemplo), la voz de Wess, en cualquiera de los territorios que recorrió, y pese a tener obvios y evidentes referentes soul, tenía también un punto melancólico -que no atormentado-, un aire y una facilidad melódica de andamiaje evidentemente pop. Diriase que se imbuyó perfectamente en la finezza y el lirismo italiano del mismo modo que huyó del empalago meloso. Que tenía una querencia por modelar el instante más que por lamentar el pasado y que la hace, tantos años después, resultar tan atractiva. Una delicia a poco que nos sumerjamos en ella.

 Ah, se me olvidaba. La gran mayoría de sus discos se publicaron en nuestro país. En sellos como Vergara o Palobal. 

 

Sapore di Sale

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En 1965 Stefania Sandrelli –quién ya ha trabajado con Jean Pierre Melville, Ducio Tessari o Pietro Germi entre otros- interpreta a Adriana en “Io la conoscevo bene” (Antonio Pietrangeli), una muchacha frágil y sumisa, incapaz de sobrevivir en el mundo del espectáculo, ese lugar en el que conseguir los sueños tiene un alto precio.

 Ese papel, la verdad, no tiene mucho en común con ella. Cuatro años antes, con tan solo dieciséis años, ha conocido a Gino Paoli, quién, junto a una mutua atracción irresistible, le procurará una hija, Amanda, y una canción imperecedera, “Sapore di sale”.

 Se encuentran por primera vez  en Bussola di Viareggio, en la Toscana, donde él actúa y de donde ella es originaria. Stefanía se muere por conocerlo. Ya lo había visto en televisión y se mostraba dispuesta casi a cualquier cosa con tal de que la invitase a bailar. No sería tarea difícil; esa muchacha en flor, vestida de verde aguamarina con un vestido de flecos que le nace justo bajo el pecho, hechiza de inmediato al cantante. La diferencia de edad, casi treinta años, hace que Paoli intente escabullirse en un primer momento, pero finalmente no se detendrá, una fuerza sobrenatural se lo impide.

 Comienzan entonces las escapadas secretas, los encuentros y citas clandestinas. La despreocupada menor, que ha crecido en el deseo de ser bailarina clásica y con el sueño de ser actriz, se escapa de su casa todas las noches, con la complicidad de la criada, saliendo y entrando por la ventana de su habitación. Una noche tras otra disfrutan de su amor. Paseos en el descapotable del cantante, conciertos de jazz, besos y sexo en medio de la pinada. Cualquier cosa con tal de estar juntos, desafiando las prohibiciones y divirtiéndose sin pensar en nada más. En un primer momento Paoli le oculta que es un hombre casado, Sandrelli, por su parte, intenta no ser sólo una más de las conquistas de un músico mujeriego.

 Poco a poco la noche sella el hechizo. Sobre la arena de la playa en la que se deja caer en sus brazos, lejos de todo y de todos. “Lontano da noi, dove il mondo è diverso, diverso da qui”. Sí, “Sapore di sale”, hablando de todos los enamorados, habla solo de ellos.

 En 1961 Gino Paoli ya le había dedicado la inmensa “Senza fine” a Ornella Vanoni. Ésta había declarado reconocerse en ella y aún más en “Che cosa c’è”. Pese a todo ni las canciones ni la Vanoni llegarían a provocar en él la ola incontrolable de deseo, el anhelo amoroso más absoluto, que sí lograría una de las cimas de la canción italiana. Inspirada en la nostalgia, tanto como en la asunción del autor de que el tiempo y sus circunstancias (en este caso la carrera cinematográfica de Stefania) acabaría por separarlos definitivamente, “Sapore di sale” será, casi desde su gestación, un poema imperecedero, eterno. La carrera de Stefania progresa, y eso,  tal y como ya sabía Paoli, les distanciará definitivamente. Él vive en Milán mientras que ella, ya convertida en una estrella, lo hace en Roma.

 Bajo el sol del verano de 1963, mientras “Sapore di sale” se convierte en un gran éxito, la Sandrelli rueda “Sedotta e abbandonata” (seducida y abandonada, ¿premonitorio?, ¿O será al revés?) de Pietro Germi. La distancia reconcome a Paoli. No para de llamar a la casa familiar y la madre acaba mintiéndole, asegurando que Stefania no está allí. Tras varios días logra hablar con ella. Entonces, por supuesto, vuelan los reproches, las acusaciones, incluso los insultos. Los argumentos del miedo, aquellos que surgidos desde la distancia se hallán prestos a romperlo todo.

  Al final Gino Paoli no puede más. Sumido en una nebulosa de desesperación y con la mente ofuscada, impelido por un romanticismo exagerado, toma una pistola y se dispara un tiro en el pecho. Sorprendentemente sobrevive, aunque la bala se quedará definitivamente alojada en su pericardio. Poco después declarará; “… El suicidio es eñ único acto de verdadera libertad que un hombre puede hacer por si sólo. Sin embargo, yo soy la prueba de que ni aún así se puede decidir del todo…”. Stefania recibe la noticia en el set de rodaje. Parte inmediatamente hacia el hospital. Cuando llega intenta desdramatizar el acontecimiento apelando a la lógica, recordando lo que decía uno de sus personajes, leve, desencantado, inocente solo en apariencia: “… Si me quieres tanto, ¿Por qué quieres morir? Si uno ama, la amada quiere que se lo demuestren…”

  Gino no puede, pese a su estado, reprimir la risa. Una risa que aparece de entre la oscuridad en la que se halla sumido, volviendo a creer que ese amor que pensaba perdido se había vuelto a fraguar. Un año más tarde, en octubre de 1964, nacerá Amanda. Pero pese a todo, el equilibrio en la relación entre el cantautor genial y la talentosa actriz es prácticamente imposible. Paoli no aprueba ciertas decisiones de Stefania (no quiere que actúe en “Io la conoscevo bene”) pero ésta no le escucha. De su amor, aunque resten los rescoldos, no puede construirse el futuro. En 1968 lo dejan definitivamente. Pero el recuerdo de la pasión permanecerá intacto para siempre, al menos en “Sapore di sale”, en el gusto un poco amargo de las cosas perdidas.

Fulvia Caprara para “la Stampa”

ALCY AGÜERO Y FAUSTO PAPETTI Quiero bailar un sabato notte

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Cree uno no ser especialmente fetichista con los discos. Bueno, a ver como lo explico, tal vez sí. Tengo varios miles, para algunos una cifra totalmente  desorbitada. Y no pasa un día de mi vida, desde hace ya no sé cuanto tiempo, sin que me dedique a buscar, comprar o cambiar. Pocas cosas hay que me gusten más que buscar mi dosis habitual. No quiero contarles lo que sucede cuando la encuentro. Así que todo depende de los ojos con que se mire, por supuesto.

Lo que quiero decir es que ninguno de los que descansan en el estudiodelsonidoesnob lo está por otro motivo que no sea el que me gusten. De un modo que oscila entre bastante y mucho, con la contadas excepciones que confirman la regla. Cada vez tengo más clara la vigencia de esa frase que dice que la música muta y nosotros con ella, frase que además tiene la cualidad de la propiedad conmutativa. 

No tengo tampoco especial interés en jugar en el mercado del disco y su bolsa de cotización variable. No es que tenga nada en contra del que a ello se dedique, muy al contrario. Sostengo que cada uno se busca la vida como mejor sabe y no seré yo el que los juzgue. Asi que no se me ocurrirá nunca tachar de especulador a alguien que ha perdido su tiempo, que se ha dedicado a buscar y chequear donde la mayoría, bien por comodidad bien por exquisitez, jamás pondrían su ojos y sus manos. 

Hace ya unos años me hice por fin con este ep de Alcy Agüero de 1976 en el sello Fase. Contenía cuatro estupendas canciones; “Trópico”, una pieza de Exótica groove con coros arrebatados entre percusiones y un piano, junto a elegantes combinaciones de pedal fuzz y wah wah. “Obá Obá” iba por una senda parecida, quizás más pausada pero igualmente sinuosa y atrayente, una pieza digna de cualquier banda sonora de Blaxploitation. la tercera de ellas, “Sao Paulo”, era -¿qué otra cosa podía ser?- sugerente bossa planeadora, trufada de esos dabadás que te alegran un mal día, mientras se debatía entre un piano juguetón y un saxo esquelético,  algo verdaderamente inspirador. Pero la canción clave, para mi gusto, era -y es- “Quiero bailar” (minuto 2:49 del mixcloud que les enlazo): Arrebatada desde su inicio, un llenapistas apoteósico de Latin groove, con todas las cualidades -mal- descritas en las otras tres, además un punto absolutamente desenfrenado.

 El cómo había llegado ese disco a un sello tan menor y saber quién era el tal Alcy Agüero me obsesionó durante un tiempo. También quién diablos seria la portentosa Orquesta pop que le acompañaba, quienes eran sus miembros. Investigando por ahí supe que Alciviades Agüero fue un pianista cubano escapado de la Cuba castrista que aterrizaría en España a mediados de los años sesenta. Lo hizo acompañando a Mara Lasso y según cuenta Yolanda Farr  era un pianista excelso, capaz de destacar en todos los registros, siempre permaneciendo en un segundo plano. Ella misma contaba en su blog que “…Su facilidad para transportar cualquier canción a cualquiera que fuese la tesitura de la persona que la solicitaba era sorprendente…”. Contaba también que lo había conocido en el Centro Cubano de Madrid que había en la calle Claudio Coello. En él se inauguró un Bar con coctelería y cocina cubana al que acudían todos aquellos que, como él mismo, formaban parte de la diáspora cubana en Madrid; Eduardo Davison, Las hermanas Benitez, Luisa María Guell

 Alciviades había sido -todavía lo era- un pianista de fuste en su Cuba natal y era, junto a colaboraciones aquí y allá, como algo parecido a lo que sería el pianista residente del centro cubano. Había tocado con las mejores – Olga Guillot, Celia Cruz, Xiomara Alfaro– y era reverenciado por todo el mundo. Al parecer, y según la Farr, junto a sus cualidades artísticas le adornaba también una bonhomía y modestia notables.

 Poco más puedo contarles. Absolutamente nada de los miembros de la tal Orquesta Pop (desde aquí agradecería infinito cualquier aportación). Únicamente que algún tiempo después di con un sencillo de Fausto Papetti (sí, aquel de las portadas sicalípticas que, para los que tengamos ya una cierta edad, fueron poco menos que una bendición en tiempos de carestía e imaginación desbordada) del año 1973 y de título “Il primo apuntamiento”. Como se suele hacer, uno le dio la vuelta y allí estaba “Sabato notte”. Vaya canción, amigos. Formidable, se me iban los pies con ella, me era tan familiar… Pues claro que lo era, ya que  no era otra que la misma canción. Quiero decir que era “Quiero bailar” pero sin coros, completamente instrumental. Enlazo ambas para que juzguen ustedes. Quiero creer -de hecho estoy prácticamente seguro- que no hubo ninguna malicia por parte de Alcy, en todo caso del sello y tal vez ni eso. Venia firmada por Agüero (los textos, incluidos en esta nueva versión, aunque escasos, debía de ser suyos) y ni rastro de Papetti. La verdad es que  tampoco es que se fuese a hacer de oro  -aunque al precio en que se cotiza hoy en día dicho Ep igual un pico si que sacaba- o equilibrar su economía. De hecho, todas las copias que he visto en mi vida (no más de tres o cuatro) vienen con el sello “Obsequio” en la contraportada.

 

MARIO MOLINO "3" (CAM 052, 1973)

 

 

 

 En realidad la banda sonora para “Gli Angeli del 2000” (Hanil Ranieri, 1969) “Mario Molino 3”, publicado por el sello CAM en 1973, probablemente sea el Lp más completo del guitarrista Mario Molino. Desde la canción que da título a la película, trufada de efectos electrónicos, beats de bateria y efectistas riffs de guitarra (quizá algo más que deudora del “Psyche rock” de Pierre Henry incluida en su “Misa para los tiempos actuales” de dos años antes) hasta “Woman”, evocadora y sugerente pieza con -juraría, aunque viene sin acreditar- la voz de Edda dell Orsoes uno, otro más, de los innumerables ejemplos en que la música que ilustra las imágenes para la que fue concebida es infinitamente superior a lo ilustrado. En este caso la historia de Marco, traficante y adicto obsesionado con el recuerdo de Valeria, su enamorada, muerta delante de él en un trágico accidente. Marco mantiene una especie de idilio con Angela, una estudiante que vive en un edificio de apartamentos cercano a su piso y con la que pretende suplantar el doloroso recuerdo de Valeria. Asqueado con su vida y sus circunstancias participa a su pesar en una guerra de bandas que parece abrirle los ojos y redimirlo. Una vez lograda la hazaña, esperando a Angela y en parte superados sus traumas, mientras cruza la calle para reunirse con ella, es él ahora el atropellado, muriendo delante de ella e impidiéndole por tanto comenzar de nuevo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pero volvamos a las cimas del disco para quién esto escribe; “Shake psyco” auna vientos souleros y beats de batería con sintonías cinematográficas y un hammond omnipresente hasta lograr un beat moderno à la page. “Jerk beat” sigue similar camino, ahora con el groove rítmico absolutamente acelerado, despendolado, mientras una guitarra zigzagueante la cose por completo. Cambiamos de tercio con “Le mani”, su vibráfono, sus coros femeninos, su ritmo moroso y volvemos a hacerlo con la aventura en exótica de “All see saw”, bongos, efectos, vibráfono y vientos. “Bossa jaguar”, como su título indica, es la preceptiva bossa, Otras, menores y meramente incidentales sin las imágenes que ilustran (“Furto di droga”, “L.S.D. una croce”, los tres “Poemas”) completan el disco. Ahora solo queda que escuchen y disfruten.

VIAGGIO IN ITALIA Il Beat ¿Cos’ é?

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Jamás logré entender por qué somos tan receptivos con los logros y hallazgos de la música anglosajona -quién firma uno de los primeros en dicha filia, una cosa no quita a la otra- y en cambio nos dejamos ir o directamente obviamos los incontables y espléndidos episodios realizados en otros ámbitos.


 Aunque pensándolo un instante es posible que el adocenamiento que acarrea la imperiosa necesidad de modernidad y la comodidad que conlleva los lugares comunes tenga algo que ver. De todos modos, casi ya da igual. Esa es otra -y ya he perdido la cuenta- de mis derrotas.


 Lo que les propongo aquí no es otra cosa que hacer de la necesidad virtud. Asumir nuestras debilidades y escapar de lo sectario. Abandonarnos a la molicie y la diversión. Si de paso obviamos el cinismo condescendiente y nos centramos en la mirada tendremos avanzada gran parte del camino. Una vez hecho ésto, si convenimos que es esa batalla perdida definitivamente y tampoco malgastamos nuestro tiempo en rebatir la valoración (escasa) y el aprecio (ínfimo) sobre lo creado -al lado de casa como quien dice- nos evitaremos polémicas innecesarias y estériles. Quedémonos con lo cercano -por geografía-  y lo próximo -por sensibilidad- y disfrutemos. En este caso de Italia, sin ir más lejos.

 No me queda entonces otra cosa más que asumir mi mediocridad y mi -quizá errado- punto de vista y apechugar con ello. No piensen que lo hago como tara exhibicionista. Tampoco, ni mucho menos, como patina de exclusividad o distante elitismo. Simplemente es algo que está ahí. Por ello decidí ya hace tiempo permanecer en una esquina, molestar y hacer el menor ruido posible en una época en la que impera una pulsión irrefrenable por la novedad. Un tiempo en que la originalidad per se y el mañana han vencido al rigor y al pasado. Sostengo que, en muchas ocasiones, sin detenerse a valorar lo que de cimientos, sostén e inspiración tiene. Pero esa es otra cosa en la que también puedo estar equivocado. Digamos que he elegido un sendero y que me apetece mucho seguir recorriéndolo.
Guitarras eléctricas, Fuzz y flequillos tintados de verde. Motocicletas, el hermanísimo de pel di carota e historias truculentas. Versiones. Muchas versiones; De los Zombies, de Jefferson Airplane, de Arthur Brown, de los Kinks, de los Grassroots. Psicodelia andante y moderatto progresivo. Phasing, efectos de pistas y eco. El riff y el Beat ¿cos’e?. Soulmen oriundos y mucho drama se non è vero è ben trovato. Algún sitar como atrezzo, fulares y pantalones a rayas. La melodía, la ingenuidad, el arrebato y la ilusión. Su irrenunciable lirismo hasta en los episodios más presuntamente truculentos. Tan lejos y tan cerca. Italia.. 
 

 

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JOE & BING Daybreak

Como escribia Keith D’Arcy en las notas incluidas en la reedición del cd publicado por Rev Ola en 2004 “No existen muchos discos con la magia de este, tan trascendentes y tan merecedores de ser rescatados. Sus canciones conjuran una América perdida, poblada de soñadores adolescentes californianos vestidos con chaquetas de flecos, peinados como Chris Hilman y con vaqueros y zapatillas Jack Purcell. De rubias rojizas montadas en polvorientos escarabajos por las autopistas de Arizona dirigiendose hacia los interminables amaneceres veraniegos.”

Muchas fueron las vicisitudes de “Daybreak”, casi todas desafortunadas cuando no funestas, hasta llegar a convertirse en una especie de objeto de deseo de los coleccionistas de sunshine pop, soft grooves y american folk. Porque de todo ello hay -de ahí lo poco común del disco- en “Daybreak”. También hubo alguna afortunada. Una vez más el mundo de las ediciones discográficas depara agradables sorpresas, a menudo indescifrables. Porque ¿Cómo cabe definir el que un disco tan formidable pero de tan infimísima repercusion tuviese edición italiana varios años después de su casi invisible edición original?. Sucedido y constatado el prodigio; ¿No resulta todavía más sorprendente el que lo hiciese bajo el nombre de Eumir Deodato and Friends en el sello barato de CBS, Sugar?

 Joseph Joe Knowlton y William Bing Bingham se habían conocido en 1962 en un elitista colegio sito en Watertown. Ambos congenian y a su afición a la música unen lo consustancial a cualquier adolescente con las feromonas en su máximo apogéo, deslumbrar a las chicas. Junto con su amigo Tony Howe forman un trio a la estela de la música folk imperante. Han escrito ya alguna de sus mejores canciones (Daybreak, If love’s in season, Look to the river) que interpretan en público junto a un puñado de escogidas versiones. Poco a poco van apartándose de sus obligaciones académicas e imbuyéndose en el espíritu de la época hasta que son invitados definitivamente a dejar el college. Una version en especial, “I’m not forgetting your name” de Stephen Stills (escuchándola sabremos por qué), perdurará en su repertorio, siendo la única versión, junto a una toma de “Fennario” -canción tradicional escocesa- que incluirán en su futuro Lp.  

 Pero lo que en un principio parecía dedicación exclusiva a sus canciones y a su música tiene que quedar aparcado. Vietnam acecha y el draft es ineludible. Cuatro años pasan en el ejército hasta que en 1969, ya licenciados, aterrizan en Nueva York. Es allí, en un estudio contiguo al famoso Brill Building, donde a traves de un antiguo compañero de clase, George Klabin, conocen a Harry Lookofsky (padre de Michael Brown, geniecillo tras los primeros Left Banke y arreglista de su “Walk away Renee”) quién queda encantado con el par de canciones que interpretan y les sugiere una idea que le bulle en la cabeza. Es aquí cuando aparece la figura de una emergente estrella brasileña, el arreglista y compositor Eumir Deodato

 Eumir Deodato había llegado a Nueva York en 1968. Innumerables compatriotas estaban allí instalados al cobijo del exito de la bossa nova (Marcos Valle, Walter Wanderley, Astrud Gilberto, Luiz Henrique, Luis Bonfa, etecé)  y lo habían requerido como arreglista y músico a Creed Taylor, para cuyo sello, CTI, solían grabar. Es durante la grabación de “Beach Samba” de Astrud Gilberto donde conoce a Loolofsky y entablan amistad. Es lo que se dice una estrella emergente. Cuando escucha las demos de Joe & Bing al inicio de 1970 acaba de terminar las sesiones de grabación del “Sinatra and company” para Reprise. Cae rendido con las canciones y las melodías. Joe & Bing llevan perfeccionándolas ¡¡Siete años!!. Pese al gran lapso de tiempo que existe entre las composiciones Deodato hace un trabajo estupendo y todo parece fluir simultáneo, perfectamente encajado; El piano evocador, las guitarras acústicas, los arreglos de cuerda, los juegos de voces, el tono orgánico del conjunto. Todo mezcla como una única cosa. Especialmente impactado quedará con “Daybreak”, influyendo para que su amiga Astrud Gilberto la grabe para su lp “Perception”.


“Sail” probablemente sea el ejemplo más perfecto de la sociedad entre ambos. Con un inicio a lo “Captain Bacardi” de Jobim y su arreglo de flauta, la canción fluye entre un piano sutil y juguetón mientras la voces del dúo captan de manera lacerante un tiempo que ya ha pasado. Acaso sea ese el motivo principal por el que son ignorados; en una época en absoluto ingenua, desencantada, un tiempo donde el hippismo ya es pasado, y lo hermoso per se ya no tiene lugar, lo suyo carece de sitio al no ir recubierto por la pátina formal doliente y torturada o de los apavientos airados como liturgia generacional. Son solo canciones acerca de pequeñas cosas.

 Probablemente el que trabajase Deodato explica el por qué tantos fantásticos músicos interviene en unas sesiones de grabación, a priori, de tan bajo perfil. El mismo Deodato se encarga del teclado en las canciones que arregla, Joe Beck toca a la guitarra (favoritisimo el riff elegante y contenido de “It’s ok”)  y varios bateristas soberbios son parte del elenco; Grady Tate (quién ha tocado con los mejores jazzmen), el genio del ritmo, el brasileño Dom Um Romao e incluso Geoff Daking, baterista de los Blues Magoos.


  Una vez terminada la grabación el dúo se queda con las 1.500 copias promocionales, con la portada hecha a mano (la silueta de ambos dibujada por la pluma de su amiga Betsy Byrne sobre un fondo blanco) para venderlas en sus actuaciones. Mientras tanto George Klabin se encarga de moverlo entre las compañias grandes sin ningún éxito. Decepcionado intenta otra vía. Su padre era brasileño y él tenía contactos con la industria discográfica de allí (probablemente, tras la americana, la mayor en cantidad y calidad del mundo entero) y llega a un acuerdo con Roberto Quartin, dueño de Forma records (donde publicaban o habían publicado leyendas del tamaño de Baden Powell, Marcos Valle, Vinicius e incluso un debutante Eumir Deodato). En aquella época Simon and Garfunkel, CSN&Y, Bread, Seals & Croft y otros grupos vocales son tremendamente populares en Brasil. Este hecho y la recomendación de Deodato hace que una segunda reencarnación de “Daybreak” vea el mundo en 1971 en Brasil. Para la portada utilizan una fotografia campestre del dúo. Lo único que vieron Joe and Bing como pago fue una caja de copias promocionales y la errata de la portada, bautizando el disco como “Best of friend” en lugar del nombre del dúo.

 

La edición italiana que encabeza el post no es, por desgracia, el disco al completo. No incluye, por ejemplo esa obra maestra que se titula “Summer sound”, capaz de mirar a la cara a cualquier clásico de la época que se nos ocurra y que resume en escasos tres minutos todo aquello que Keith d’Arcy tan bien retrataba en las notas de la reedición en cd de Revola; La América perdida, poblada de soñadores adolescentes californianos vestidos con chaquetas de flecos, peinados como Chris Hilman y con vaqueros y zapatillas Jack Purcell. De rubias rojizas montadas en polvorientos escarabajos por las autopistas de Arizona dirigiendose hacia los interminables amaneceres veraniegos.  El sonido del verano. de aquel verano. De todos los veranos.
Las palabras, por mucho que nos empeñemos, no son nada más que eso, palabras. La música en cambio puede llegar a ser todo lo que queramos que sea.

(Reescribo ahora, en diciembre del 2015, para recordarles que el sello español Mapache ha reeditado primorosamente tan magno disco. Si aceptan un consejo, compren)

LE COEUR / DINO / LOS MUSTANG Bye Bye City, me voy lejos

 

Tres veces sí. La canción de Pierre Groscolas y François Porterie en su versión original por los franceses LE COEUR es una barbaridad; La ocurrencia del fuzz cual sirena de barco al inicio (y que ya no abandonará la canción) los arreglos de cuerda, el phasing, el riff de órgano, el beat de la batería, la letra rimbombante y las voces tratadas … 

 Para su versión italiana DINO, con la ayuda de la orquesta de Tony Mimms, la dotará de una intro orquestal de un lirismo muy andante, muy italiano, para a continuación seguir, más o menos, por los mismos derroteros que la versión original;, aunque el hammond en primer plano sustituya al remedo de sirena y la batería sea menos rotunda, más hojalatesca.

 Pero la sorpresa absoluta está en la versión en castellano. Sita en la cara B de un singol setentero (“La Batea”, Emi, 1971) de LOS MUSTANG. Ahora todo se torna arrebato, se exacerba. Por un momento, al principio y en las partes en las que no se identifica la voz de Santi Carulla, uno juraría que son Lone Star. Seca en vez de barroca, enferma en vez de lírica, desesperación en vez de esperanza.

 Lo dicho. Tres veces sí.

 

 

 

CIATO & CIATO’S. Divagazioni (Eleven, 1975)

No hace mucho que conseguí este Lp. Lo adquirí casi a ciegas. Un audio con fragmentos de dos o tres canciones y una corazonada. Cada vez siento más placer en estos álbumes descabalgados, un poco de todos y de ningún sitio, discos bien hechos, trips personalísimos que me llevan de la imaginación a la evocación y que por el camino, en su modestia, dejan espacio para todo lo que quepa. Discos de presunta serie B que cada vez que los escuchas muestran más y más aristas por descubrir.

  En un principio -y en un final también- me sentí atrapado, hipnotizado, casi traspuesto con esa maravilla que abre la cara B y atiende por The Long Way to Sacrifice. Mezcla de Cosmic disco setentero con la partitura de una blaxploitation o de un poliziesco mientras parece querer sonar Gato Barbieri allá al fondo en la escena en que Barbara de Rossi se pone con la mandanga que le ha pasado Angelo Infanti. La sintonía de Los Angeles de Charlie (¿un año antes de estrenarse la serie?) emergiendo entre spoken words macabros. La voz másculina que los recita semejando a una voz femenina… no, andrógina, asexuada, extraña. La linea de bajo omnipresente, los vientos marcando el tempo, un pedal wah wah y flautas haciendo de escudero, los bongos in cescendo, como surfeando en una ola aquejada de cardiopatía. Las majestuosas lineas de sintetizador de Armando Ciato… un, digámoslo ya, locurón en toda regla.

 

 
Pero había más. Vaya que si lo había. Siamo sóli es una pieza de planeadora elegancia, heredera tanto del groove de Alberto Baldan Bembo como de una Ornella Vanoni enfrascada en la fugacidad del amor escondido. Lineas y capas de sintetizador de la que surge una voz Paolinesca que le confieren un tono melancólico, de night club amalfitano con una sutil y elegante decadencia, con una guitarra que por momentos parece tener el lirismo de la del gran Gabor Szabo.
 
 Y que decir de la versión del It never ends (Quinta Anauco). Pura magia que a diferencia de la versión original de Aldemaro Romero incorpora la voz rota, punzante y melancólica de un tal Nico recorriendo los distintos estadios del amor; El encantamiento, la sublimación, la decepción y la perdida. Una canción que podría ser perfectamente el tema central de alguna película rodada cinco años antes y descubierta diez años después; Escueta y lírica, afligida y clarividente, con el mood de la elegancia grabado a fuego. 

 

Aquí las notas de la carpeta interior, traducidas de aquella manera;

 

Armando Ciato (pianista, compositor, letrista, arreglista y director de orquesta) es un músico que sumerge sus propias raices en el filón sinfónico y jazzístico, con particular predilección por el impresionismo francés.
 
 Ha intentado registrar este disco libre de condicionamientos externos particulares; No deja pistas que conduzcan a una moda sobre otra, ningún género en concreto o etiquetas varias, sino más bien una colección de canciones elaboradas casi casualmente, siguiendo su propio instinto y filtradas por el tono de su propia sensibilidad. Por eso el título del disco, Divagazioni.
 
 Es a través de estas disgresiones musicales que la particular naturaleza del hombre y del músico Ciato cobra forma, tanto por la música por él compuesta como por la elección de la música compuesta por otros, debido principalmente a las características de algunos de sus textos y por el esqueleto (los arreglos) con los que las ha querido revestir.
 
 No le podrá escapar a nadie, sobre todo después de haber escuchado las piezas aquí incluidas, la sutil vena melancólica que emana del disco. Desde el sugestivo The long way to sacrifice al tristísimo Guilio. De la ensoñadora atmósfera de Country life a la melancolía de Siamo soli, del dramatismo de Fraternità al lirismo de Quinta Anauco o al inquietante Immagine todo contribuye a desvelar la naturaleza, en ocasiones dulce, en ocasiones explosiva, muy a menudo amarga y en otras explosiva y pesimista, vinculada a la personalidad aguda y sensible del propio Ciato.
 
 Ha intervenido en la elaboración de este Lp los miembros del conjunto CIATO & CIATO’S; Arnaldo Ciato (teclados), Claudio Borroni (Voz), Flavio Pedrazzini (batería), Nicola Francone (Voz), Piero Borroni (Bajo), Raf Montrasio (Guitarra, violín). Y los siguientes colaboradores; Gigi Cappellotto (Bajo), Rolando Ceragioli (Percusión y batería), Felice Daccò (Guitarra eléctrica), Luigi Fiumicelli y Sergio Farina (Guitarras acústicas).
 
 La dirección artistica corrió a cargo de Aldo Pagani y el tecnico de sonido fue Tonino Paolillo. Grabado en la sala de sonido Mundial Sound en septiembre de 1975. La portada ue diseñada por Rizzi & Huen.

 

PLAYLIST. The Changing scene. Psyche Sunshine and beyond (III)

 

INTRO Viaje a traves del sonido
SNOW Caterpillar
THE SMOKE Gold is the color of thoughts
HARUMI Talk about it
THE GROWING CONCERN Mister, you’re a better man than i
KALEIDOSCOPE The murder of Lewis Tollani
ELMER GANTRY’S VELVET OPERA What’s the point of leaving
PALOMA MENSAJERA Psychiatrist
COLOURS Cataleptic
ECLECTION Morning of yesterday
YANKEE DOLLAR Live and let die
YAYS AND NAYS If
THE OPEN MIND My mind cries
MC SQUARED S.S.T.
CHAMAELEON CHURCH Camilla is changing
FORD IMAGINARY’S INFERNO Find someone
EQUIPE 84 Alti nel cielo (I need something groovy)
THE GENTLE SOUL See my love
EDWARDS HAND Friday hill
THE CLIQUE Hallelujah
EMILY Confession
BILLY NICHOLS Daytime (Coda and symphony)

RED BLOOD Blood transfusion (Maximus, 1977)

 

 
En el enésimo capítulo de la serie misterios resueltos anidaba este single de escaso precio y enorme valor. Resulta que en la cara B del 7″ de Red Blood (uno, otro más de los miles de exploitos setenteros llevados a cabo por músicos de estudio en aras del divertimento y, si hubiese suerte, el pelotazo), aquel que llevaba la versión de “Put your money where your mouth is” de Norman Whitfield popularizada por Rose Royce, se escondía esta barbaridad. Respondía por el título de “Blood transfusion” y era un tirazo de funk progresivo con un órgano prominente y un fuzz a dolor decorado con campanitas aquí y allá además de una batería mazacota aunque en absoluto indigesta.
 
 Preguntando e indagando (ojalá fuese tan constante en todo lo demás) supe que el tal Greekian, su firmante, no era otro que Claudio Tallino, autor de aquella soberbia colona sonora de nombre “Calamo” (y también de “Sette Winchester per un massacro” o de “Pelle di bandito”) publicada en el sello romano Aris en 1975. Así que parece ser que “Blood transfusion” -aunque ésto no puedo confirmarlo al 100%- tiene toda la pinta de ser un sobrante de las sesiones de “Calamo”; Tan oscura y densa, tan poética y tenebrosa. Tan rotunda e irresistible.

Misterios. Como me divierten.

 

También fue editado en España, en el sello Carnaby y con distinta portada. Búsquenlo.