HIPSTER’68 French Weirdos and beyond

 

 

 

 

 

 

  Cincuenta años ya del mayo del 68 y curiosamente lo que uno piensa que perdura es su colección de weirdos; ingeniosos, cantamañanas, extravagantes, risibles, chocantes … époustouflants. Este post es un humilde recordatorio de las aventuras musicales de unos cuantos de ellos; Evariste y su flequillo infernal dirigiendo sus reproches hacia quién inventó el cálculo integral, Sebastien Balasko y su oda a Godard Christophe musicando muy psicodélicamente la película The Road to Salina. Crónicas de la angustia y la psicopatía a cargo de Jean Bernard de Libreville, insólitas descripciones de la vida laboral narradas por Bernard Chabert, un extracto del alucinante disco en Suzette de Vannier,o delicias extravagantes, bien en solitario, bien con Areski, de esa pirada maravillosa que es Brigitte Fontaine. 

 Más; Antoine con el George Arvanitas Trio y su espléndida María la soleada, las aventuras extraordinarias de un billete de banco, tan Gainsbourgianas ellas, narrada por Bernard Lavilliers o la odisea en ácido de Les 5 Gentlemen en L.S.D. 25 ou les Métamorphoses de Margaret Steinway.  Guy Skornik y su odisea por la Isla de Pascua, extracto de ese alucinante disco inspirado en el escritor Louis Pawels, discípulo del armenio George Gurdjieff. Junto a todo esto, una serie de pequeños episodios a cargo de Hubert, Jean Le Fennec, Jose Bartel, Jacques Filh, Claude Lombard o Markusfeld terminan por completar este pequeño viaje.

 Una sugerencia, les recomiendo disfrutarlos sin militancias sectarias ni prejuicios excluyentes, ¡funcionan!. Aunque, claro, ustedes eligen.

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LÉONIE. Mystérieux

 

 

 

 

 

Me sucede cada vez más a menudo. ¿No les sucede en muchas ocasiones vivir una situación y estar convencidos de que eso ya ha ocurrido, sintiéndose espectadores de algo aparentemente nuevo que les es extrañamente familiar? Fue la semana pasada cuando me pasó por última vez. Recién llegado a casa, anocheciendo, una melodía no cesaba de dar vueltas en mi cabeza desde media mañana. En un principio un susurro, su  insistencia era cada vez más tenaz. Un pequeño esbozo, una linea instrumental que comenzaba a obsesionarme y de la que no lograba recordar ni título ni autor. Sin embargo estaba seguro de saber de donde venía, es más, de que además existía en otra versión vocal. Más arreglada probablemente, en formato canción pop, dentro del apartado misterioso, en la sección evocadora. Cantada por una mujer que alternaba el francés y el inglés…  na na na na ná, très loin, là bas … love and a thrill, up on the hill in the cottonfield … Maldita sea mi manía de denominar Playlist, sin más, a casi cualquier cosa que pasase de los tres minutos cada vez que las cargo en el reproductor.

 Ese na na na na ná estaba empezando a torturarme, no lograba descifrarlo por más familiar que me fuese. La melodía del clavecín que sonaba en los auriculares era un poco más acelerada, más rugosa que la que recordaba. Transmitía la agradable sensación que procura lo inacabado cuando intuyes que puede, que va a ser algo grande, no sé si me explico. Pero en lugar de concentrar en ella mi atención una extraña fuerza me llevaba a esa otra, a la que sabía que existía escondida tras ese esqueleto hipnótico, una que sabía que había escuchado muchas veces. 

Me estaba volviendo loco. Llevaba como una docena de escuchas cuando, a punto de tirar la toalla, derrotado, decidí abrir la ventana y encender un cigarrillo. Hacía un frío del demonio. En ese momento, ya casi en otras cosas a las que mi dispersión mental suele tender, deje continuar la lista. Comenzó a sonar La Horse  y como un relámpago todo comenzó a tener sentido. Esa intro con el clavecín fue la contraseña. La voz que recordaba se parecía a la de la Birkin y una vez ahí el paso siguiente no podía ser otro que ir a Gainsbourg. La Horse había sido un hermoso fracaso de Gainsbourg/ Vannier, la música para la película homónima de Pierre Granier-Deferre de 1969, cuya banda sonora permanecería inédita oficialmente (excepción hecha, creo, de un single promocional inencontrable en el sello Hortensia) hasta su reedición oficial en Vadim Records en el año 2009.

 Jean Claude Vannier había sido fiel colaborador de Gainsbourg durante la etapa Melody Nelson  Bueno, la verdad es que fue bastante más que un colaborador. De hecho está extendida la teoría de que había sido el co-autor de las músicas de Histoire de Melody Nelson al que un pacto consentido entre ambos había dejado con el 50% de las regalías aunque sin acreditación autoral, más allá de su trabajo como arreglista y director orquestal del mismo. Antes de su irrupción como mano derecha de Gainsbourg (sucediendo a talentos como Michel Colombier, Arthur Greenslade o Alain Goraguer) Vannier se había entrenado bien como compositor, como arreglista o como director de orquesta para gente como Alice Dona, Alain Baschung, Brigitte Fontaine, Anna St. Clair, F.R. David, Sylvie Vartan, Rica Zaraï, Leonie Lousseau o Le Systeme Crapoutchik y producido junto a Bernard Estardy –firmando también parte del repertorio- ese ovni de la Exploito-psicodelia francesa que atendía por Les Fleurs de Pavot . Cuando terminó su relación con Gainsbourg, aparentemente de forma amistosa,  firmaría esa obra capital que atiende por L’enfant assassin des mouches  de la que ya hablamos en esta bitácora y a la que pueden volver pinchando el enlace si les apeteciese.

¿Léonie Lousseau? un momento, ¡Eso era!, claro; Le Cinérama  Fue como si se hubiese abierto una espita; Sello Acción, Lilith, la banda sonora de Les Gants Blancs du Diable, Karl Heinz Schäfer, En Alabama, Disques Motors … vaya rompecabezas, a ver como lo transcribo.  

 Léonie pudo haber sido, en caso de haber querido ambos, algo así como la Birkin de Vannier, el vehículo con el que plasmar un mundo propio, sofisticado, misterioso, sensual. Tras ese primer episodio ye-yé sucedido en 1968, Vannier le regala, tres años más tarde, En Alabama, una canción que no es otra cosa -y que no es poco- que una versión vocal más refinada, más espectral, de Je m’apelle Geraldine, una pieza que había publicado en un Ep compartido con George Delerue con sintonías para la emisora France Inter en el sello Magellan de Pierre Wiehn. Al año siguiente, un segundo sencillo –Le Jardin Anglais/Mozart– será, lástima, su última colaboración.

 Por el camino, más piezas con las que intentar recomponer el complicado puzzle. En la cara B de En Alabama una mántrica canción de Christophe, llamada Wahala Manitou, Folk Pastoral mecido entre la mitología y lo arcano con letra de Etienne Roda Gil.  El mismo año que publican su segunda colaboración (Le Jardín Anglais/Mozart) otro single formidable que, curiosamente, tendría edición española en Acción, el nunca bastante ponderado sello de Manolo Diaz; ¿Su título? Lennon/Lilith. Ambas contarán con textos de Léonie y sus músicas irán firmadas, respectivamente, por Christophe y Karl Heinz Schäfer. Este último nombre será, sin embargo, la clave.

 Schäfer, alemán de Frankfurt, había llegado a Paris en los años cincuenta como alumno de Olivier Messiaen en el Conservatorio de Paris. Paralelamente a su educación comienza a trabajar como pianista nocturno en clubs y cabarets, seducido por el jazz. Pronto aparca sus estudios y comienza a trabajar firmando arreglos para gente com Aznavour o Adamo y haciendo de negro en las partituras cinematográficas que Michel Magne firma a principios de los sesenta. Discreto y humilde, en 1973 firma una de las mejores bandas sonoras francesas que recuerde, Les Gants Blancs du Diable, película firmada por el húngaro Lazslo Szabo, todo un trip musical. Su tema central, Couleurs, interpretado por Léonie, es una cadenciosa y misteriosa pieza vocal pespunteada con un subterráneo groove, tan perezoso como adictivo. Elegante y evocadora, con una base rítmica de esquelética perfección y una arrolladora montaña rusa de arreglos de cuerda decorados por un arpa delicada, Couleurs prácticamente será el canto del cisne de Léonie

 Pues bien, término. Junto a la partitura de Les gants blancs du diable , Schäfer es el arreglista de En Alabama, de Wahala Manitou y de Lennon y de Lilith, además del compositor de esta última, canción que conforme más la escucho me parece casi una variación de Couleurs , algo así como las dos caras de una misma moneda, por un lado la malicia de la ingenuidad adolescente y por otro lo malévolo de la madurez, un poco como esa máxima que dice que en realidad somos como los demás nos ven.

 Y poco más les puedo contar de Leonie. Dos sencillos posteriores (So Long John/L’autre petit prince (RCA, 1975) y Elisabetti/ Y’a Rien à faire avec les hommes (Ariola, 1979) junto a los datos que constan el la wikipedia y en algún blog. Al menos nos queda este puñado de singles que disfrutar. 

JEAN CLAUDE VANNIER L’enfant assassin des mouches (Suzelle, 1972)

 

 

En 1972, casi en silencio, aparece uno de los discos más influyentes, más extraños y también más perfectos de la música francesa. Publicado por un pequeño sello llamado Suzelle, su título es “L’enfant assassin des mouches” y viene firmado por Jean Claude Vannier.

Es probable que el nombre no les diga de nada en un primer momento, pero puede que les suene algo más si les digo que Jean Claude Vannier fue el arreglista de cámara (También co-autor en la sombra, aunque esa es otra historia, por resumirla brevemente, algo más próximo a la vanidad y la consagración de una marca que a un asunto meramente pecuniario, siempre, por otra parte, escrupulosamente resuelto a su favor según sus propias declaraciones) y por tanto parte fundamental de otro de los discos totémicos de la música francesa, publicado un año antes, el espléndido “Histoire de Melody Nelson” de Serge Gainsbourg.

 El trabajo mano a mano con Gainsbourg -y en especial en el citado “Histoire de Melody Nelson”, uno de los discos más imitados e incluso plagiados de la música europea, obra conceptual que amalgama funk orquestal, chanson, psicodelia progresiva, poesía, grooves e incluso proto rap- le serviría a Vannier como inestimable campo de pruebas ante su gran reto, el disco definitivo, su disco.

 Pero vayamos al principio. Los inicios de la trayectoria conjunta de Jean Claude Vannier y Serge Gainsbourg se remontan al cine. A finales de los años sesenta Gainsbourg combina, entre otras cosas, cine y música y en una de esas aventuras, la banda sonora de “Paris n’existe pas” (Robert Benayoun, 1969), coinciden por primera vez. A Gainsbourg le gusta el talento atrevido y experimental del joven autodidacta y de inmediato congenian. Trabajaran ese mismo año en tres bandas sonoras más, lo que afianzará su sociedad musical: “Slogan” (Pierre Grimblat, 1969), película en la que Serge conocerá a Jane Birkin (y de la que tan solo un sencillo con dos canciones de la misma será publicado), la estupenda “La Horse” (Pierre Granier-Deferre), que ejemplifica su enorme talento y su sello de fábrica musical, como el uso masivo del clavinete, ese teclado vibrante que remite a la guitarra eléctrica, del bajo fender tocado con púa,  de los beats funk y los lujuriosos arreglos orquestales. “La Horse” será uno de los más codiciados objetos de deseo gainsbourgianos ya que hasta hace una década permanecería inédita discográficamente, salvo un rarísimo single promocional, que se entregaba como obsequio en alguna de las salas de cine donde se proyectó, publicado por la editorial Hortensia. Por último, la partitura de “Les Chemins de Katmandú” (André Cayatte) no correrá mejor suerte, muy al contrario, permanecerá inédita oficialmente hasta este mismo año.

 Su primer proyecto de 1970, la formidable banda sonora de la película de Pierre Koralnik, “Cannabis” al menos tiene la ¿fortuna? de que vean la luz unos cuantos centenares de copias promocionales. En cualquier caso, hasta su reedición japonesa en los años noventa y la posterior europea a principios de los 2000, será uno de los santos griales más codiciados por los aficionados. 

 En cualquier caso, esta fórmula de trabajo crearía sinergias muy productivas en ambos. Vannier aprende con celeridad la manera de trabajar de la industria, a la vez que asiste en primera fila a devenir de un mito, mientras que Gainsbourg aplicará a su música todas las novedades que su joven colaborador le sugiere. De hecho, en un primer momento, las canciones que más tarde serán el corpus esencial de “Histoire de Melody Nelson”, compuestas a medias, son preparadas para presentarlas a la sociedad de autores con la firma de ambos. En el último momento Gainsbourg se arrepiente, dejándole a Vannier claras dos cosas; Por una parte nadie puede figurar a su lado como autor. Por otra, las regalías irán al cincuenta por ciento. Jean Claude accede.

 Estamos en el año 1972 y Jean Claude Vannier ya tiene el rodaje y la confianza necesarios. Autocrítico, no parece saber todavía que lo que en realidad  ya tiene es la más absoluta maestria. Se encierra en los Studio des Dames, hoy desaparecidos, sito en el XVIIeme, sobre lo que había sido el antiguo cine Meteore, con una panoplia de instrumentos, tanto tradicionales (Clave, pianos, flautas, bajo fender y guitarras eléctricas) como menos convencionales (Grabadoras de cintas, carillones, sonidos de la naturaleza, campanas y bocinas, pianos de juguete…). Todos ellos se mezclan en una especie de pócima secreta, manipulados y tratados de la más ingeniosa manera, en un corta y pega magistral, junto a unos arreglos orquestales que navegan entre el clasicismo y la música concreta.

  El personal que interviene es lo más granado y selecto de los músicos de sesión franceses, aquellos empleados en el, entonces, género menor denominado música de librería y cuyos discos son hoy codiciados objetos de deseo. Según cuenta Andy Votel en las notas interiores de la reedición del disco que publico Finders Keepers en 2005, las guitarras sicodélicas son cortesía de Claude Engel (una de las leyendas del sello Montparnasse 2000), junto a Denys Lable y Raymond Gimenez (quienes formarían el combo exploito Guitars Unlimited). Vannier también alista a Jean Pierre Sabar como segundo pianista, sin conocer aún –o tal vez sí, quién sabe- que sería su sucesor como arreglista y mano derecha musical de Gainsbourg tras su ruptura en 1973. Tonio Rubio, bajista habitual de Telemusic (el otro sello emblemático de música de librería francesa) será la sección rítmica del proyecto junto al baterista Pierre Alain-Dahan, otro habitual de MP2000 y Telemusic, y el percusionista Marc Chatereau. La flauta es cosa de Henri Texier. La voces incluidas, coros de cadencia infantil, acelerados o ralentizados según convenga, y de un aire fantasmagórico, corren a cargo de la Coral de las Juventudes Musicales de Francia, quienes ya han colaborado en “Histoire de Melody Nelson”, bajo la dirección de Louis Martini. Los arreglos de cuerda, rotundos y poderosos, sorprendentemente serán ejecutados por un escueto cuarteto de cuerda. A todo este elenco los bautizará como los Insolitudes de Jean Claude Vannier y ningún otro dato sobre ellos constará en la carpeta de la edición original en Suzelle.

  “L’home assassin des mouches” es una suite inclasificable. Un diálogo instrumental que transita entre sueños y obsesiones, cálido en ocasiones y violento en otras. Una especie de alegórico cuento infantil emergido inicialmente del manantial del pop francés, que muta en una sinfonía psicodélica, entre lo fantástico y alucinado, mezclando jazz, rock progresivo, Chanson, música avanzada, Ópera y electrónica. Todo ello con la güinda de un sutil y delicioso sentido del humor. Un fastuoso disco conceptual que, pese a lo gastado y en ocasiones peyorativo del término, es práctica habitual en la música francesa de la época. También, al contrario de lo que sucede posteriormente con su uso y abuso, producirá un puñado de discos sorprendentes, a menudo creados por músicos pop en pos de un cierto reconocimiento como autores; Nino Ferrer y su “Metronomie”, Bernard Estardy con “La Formule du Baron”, Michel Polnareff y su “Polnareff’s”

 Cuenta el propio Vannier que antes de su publicación acudió a la casa de Gainsbourg en la Rue Verneuil para mostrarle el resultado y pedirle opinión sincera, además de unas notas para la carpeta. Gainsbourg, maravillado con el disco, le dijo que volviese al día siguiente, cuando le entregaría un texto extravagante, raro y macabro, para celebrar tamaña obra maestra. Esas notas tan solo aparecen en la concertina de la carpeta de la edición original y dicen lo siguiente;

 

L’ENFANT, LA MOUCHE ET LES ALLUMETTES (El niño, las moscas y las cerillas)

Una mosca herida se halla de retirada. El niño prepara sus cerillas y la persigue intentando quemarla.

 L’ENFANT AU ROYAUME DES MOUCHES (El niño y el reino de las Moscas)

El animal herido conduce al niño hacia un lugar subterráneo, húmedo y sombrío: El reino de las moscas. El niño atraviesa la corriente que bordea la entrada a las cavernas prohibidas

 DANSE DES MOUCHES NOIRES GARDES DU ROI (Danza de las moscas negras, guardianes del rey)

La guardia del rey mantiene, mientras el niño se aproxima, una figura guerrera. Después se aparta y descubre al rey de las moscas jugando al billar.

DANSE DE L’ENFANT ET DU ROI DES MOUCHES (Baile del muchacho y del rey de las moscas)

El rey de las Moscas invita al niño a bailar con él. Sin embargo, durante la danza, el niño maquina una traición.

 LE ROI DES MOUCHES ET LA CONFITURE DE ROSES (El rey de las moscas y la mermelada de rosas)

El niño arranca el celofán de un bote de mermelada de rosas y lo pega al suelo. Un inmenso manto de confitura abraza lentamente al rey. Sus esfuerzos por liberarse no hacen más que adherirlo más y más, bajo la mirada impotente de su guardia, que se retira lentamente.

 L’ENFANT ASSASSIN DES MOUCHES (El niño asesino de moscas)

El rey, atrapado en la confitura de rosas, se arrastra hasta la playa de los hombres. El niño se une a él saltando y le atormenta con un bastón.

 LES GARDES VOLENT AU SECOURS DU ROI (Los guardias acuden en auxilio del rey)

Varias cohortes de moscas negras hostigan sucesivamente al niño, intentando salvar al rey en vano.

 MORT DU ROI DES MOUCHES (Muerte del rey de las moscas)

El niño asesino persigue sin piedad al rey de las moscas azotando la hierba alta con su varita. El rey es alcanzado y muere.

 PATTES DES MOUCHES (Patas de mosca)

El pueblo de las moscas se reúne y prepara su venganza.

 LE PAPIER TUE ENFANT (El papel mata niños)

Las moscas vuelan vertiginosamente en torno al niño e intentan pegarlo a un papel mata niños. Por dos veces el niño intenta escapar del castigo de las moscas, pero finalmente quedará atrapado en el papel mata niños.

 PETIT AGONIE DE L’ENFANT ASSASSIN (Pequeña agonía del niño asesino)

Las moscas cubren al niño

 

La presentación en sociedad del disco será a finales de 1971, en el show de televisión de Roland Petit, para la presentación de la colección de otoño invierno del mismo Yves Saint Laurent.