THE KITCHEN CINQ "Everything but" (LHI, 1967)

Breve correspondencia con un muy querido amigo acerca de lo divino y lo humano. Sobre un disco, vaya. Somos así de simples. Sé que a él no le molestará en absoluto. Y espero que a ustedes tampoco.
 
 
 X. Ha sido ponerme esta burrada en el tocadiscos y decirme; Coño, casi parece hecha por encargo, tras seguir fielmente las indicaciones de DonRa; Batería cual metrónomo destartalado, angst post adolescente, armonías vocales difundidas a pleno pulmón, coros en primer plano y guitarra con fuzz presidiéndolo todo. ¿Gusta?…
R D– “Me voy a tener que extender un poco aquí. Este grupo de Texas se hacían llamar Y´all´s y grabaron ésto para el sello Ruff en 1966. Sale recopilada por nuestros amigos comunes de EVA en el excelente vol.2 de su serie Texas Punk a base de la colección de Hans Kesteloo, que compré en mi primer viaje a Londres en el año 1990 y aún hoy día me parece uno de los más sólidos samplers de garage que existen a pesar de todas las carencias que le podamos aplicar a dicho sello. En definitiva, que es una gran favorita de toda la vida por las características que cita precisamente. Y llegados a este punto me descubre Ud. veintiun (¡21!) años después, que los tipos emigraron a California y grabaron este LP medio tutelados por Don Lee. He escuchado un par de veces ambas tomas y esta segunda es una copia en carbono de la anterior aunque más limpia, hasta cuesta reconocer que gran parte de la grabación no sea absolutamente idéntica, pero claro, antes los grupos se metían en el estudio con los deberes hechos. Agradecido y emocionado por el aporte, como siempre…
 
 
 
X.- Y antes de Y’all’s también fueron The Illusion, como sabrá. Lo curioso de “Everything but the kitchen cinq” es que fue la primera referencia de LHI, y que todo el Lp es GLORIOSO. Versiones de Hollies, Beau Brummels, Neil Diamond, Gene Pitney o Buffy Saint Marie, más dos temas propios. Sí, la que subí a su muro (“Please come back to me”) y “Determination”, otra bomba. Para terminar con toda esta palabrería de salón incidir en la producción de ¡Suzi Jane Hokom!, por aquel entonces pareja de Hazlewood y cuyo cotizado singol, “Need all the help i can get” es en este Lp reinterpretado. Debió gustarles la tonadilla del gran Lee. ¡A quién no!.
 
X.- “Y después Armageddon, ya en otro palo totalmente distinto.”
 
“No me fastidie que estos fueron tambien Armageddon...”
 
“Sí. Y perdóneme este pop quizz.”
 
“¿Por? Yo he venido a este mundo a aprender, querido.”
 
“Voy de su mano en eso. Muy a gusto además.”
 
 
 
The Kitchen Cinq procedían de Amarillo, Texas, y estaban formados por Mark Cramer, Dale Gardner, Jim Parker, Dallas Smith y Johnny Stark. Comenzaron como The Illusion (grabando un single para Dot) pero rápidamente cambiaron su nombre por The Y’Alls bajo cuyo apelativo publicarían un sencillo en 1966, en el sello Ruff, hoy de astronómico precio. En un lado iría una versión de los Beatles (“Run  for your life”) y por el otro una composición propia (“Please come back  “).

A principios de 1967, ya como The Kitchen Cinq, viajan a Los Angeles, contratados para el nuevo proyecto empresarial de Lee Hazelwood, LHI, acrónimo a partir de sus iniciales más International, y donde registrarían su único Lp. El Bigotón deja como encargada del proyecto a su entonces pareja Suzi Jane Hokom, quién se muestra encantada de ello. Algo así como un juguete con el que disfrutar y practicar. Mucho y bien a tenor de los resultados.

 

 El disco contiene tres composiciones propias. Dos de Mark Cramer y Johnny Stark (una nueva toma de la cara B del single de los Y’Alls ahora titulada “Please come back to me” más “Determination”, un trallazo de garage fuzz beat,  y “Young boy”, beat en estado puro que cambia el fuzz por la armónica, firmada por Jim Evans

 Junto a estas tres versiones que van de lo bueno (“Solitary man” de Neil Diamond,Still in love with you baby” de los Beau Brummels) a lo soberbio (el “Codine” de Buffy Saint Marie en clave folk rock a-la-Byrds, o “I can’t let go” de los Hollies) también encontramos una espléndida “You’ll be sorry some day” o esa maravilla con la rúbrica de Lee Hazlewood que conocemos por “Need all the help i can get”. Maravilla que  a finales del mismo año Suzi Jane Hokom publicaría a 45 rpm en el sello MGM.

 
 La carrera de The Kitchen Cinq constará de un Lp (“Everything but”) y cuatro sencillos en LHI; “Determination”/”You’ll be sorry someday” -ambas incluidas en el álbum-, más “If you think”/”Ride the wind”, “Ride the wind”/”Street song” y “When the rainbow dissapears”/”Good lovin”. Todos, Lp y singles, publicados en el año del señor de 1967. Excepcional cosecha. 

 

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LEE HAZLEWOOD "20th century Lee" (RCA/Victor.1975)

“…Ya no hago nada. Y lo hago tan bien que la gente tiene la impresión que hago algo. Trabajo dos, tres días al año, cuando algún amigo me llama desde Suecia o Alemania. Es suficiente. Desde 1956 me he ganado la vida con la música. He estado quince o veinte años metido en el estudio. He dejado pasar tantas mujeres bonitas y dejado de ver tantos amaneceres … Tengo amigos diez años más jóvenes que yo y que parece que tengan diez más. No hay nada peor que un estudio de grabación; se come tarde y mal, se fuma cigarro tras cigarro, la tensión suele ser insoportable… el horror. No es que el trabajo sea especialmente aburrido pero la atmósfera es asfixiante. He llegado a detestarlo. En mi opinión es peor que la heroína, y eso que no conozco de nada de la heroína. Lo dejé para preservar mi salud mental, pensaba que ya había hecho lo suficiente. Pero ahora me doy cuenta que no lo hice suficientemente bien”
 
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Con su voz de barítono de un solo tímpano, creador de un género propio que podríamos llamar “sarcástica psicodelia vaquera”, a principio de los 70, Lee Hazlewood era un cuarentón hastiado del negocio de la música. Dj, compositor, arreglista, productor, propietario de un sello y finalmente encargado de cimentar la carrera de la hija de un mito, llevaba veinte años inmerso en algo que ya hacia tiempo le resultaba asfixiante. De Duane Eddy a la familia Sinatra, de Gram Parsons y su International submarine band a Dino, Desi & Billy, de Ann Margret a Dean Martin, pasando por los grupos de LHI, su sello, surgidos como casi todo al socaire del fenómeno Beatles y la ola folk rock (The Kitchen cinq, Surprise package, Arthur, Suzi Jane Hokom, etc). Los éxitos y los fracasos, más allá de satisfacerle o enojarle, no conseguían nada más que desear buscar otra nueva dirección. 
 
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“¿Sabes como se llamaba el primer modelo de Ford? el Model T. Yo escribo melodías model T y textos Rolls Royce. El Model T era un coche muy simple, como lo son mis melodías, aunque tal vez las que no me salen a la primera sean un poco más complicadas. Mis textos parecen escritos de cualquier manera, rápidos. Eso es falso. Intento utilizar palabras sencillas y a menudo la gente, cuando las escucha, se dice que podrían hacerlas igual, lo que yo tomo como un cumplido. Pero no es tan fácil como eso. Escribir una canción que tenga una aire simple no es siempre tan fácil.”
 
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En 1973 Lee Hazlewood retoma la carrera en solitario que comenzó a principios de los sesenta y que había dejado a un lado para ocuparse del fenómeno Nancy Sinatra. Había publicado algunos Lps; “Trouble is a lonesome town” (1964), “The N.S.V.I.P’s”(1965) y “Friday’s child” (1966), que pasaron sin pena ni gloria. Ya estaba en primer plano su anti-imagen, ese look de, digámoslo benévolamente, tipo peculiar, su voz sepulcral, su dicción perfecta, ejercitando con maestría el abc del folklore country y comenzándolo a vetear de ese pop sui-generis, falsamente atormentado y cínicamente irónico que durante la década posterior perfeccionaría con inusitado esmero. 
 
“Poet, fool or bum” (Capitol, 1973) es su declaración de intenciones. Quiere ser uno más entre los grandes; Leonard Cohen, James Taylor, Tom Rush… Decorado de arreglos fastuosos, a veces incluso excesivos, aquí todo cobra forma. El disco está plagado de clavecines, órganos, pianos, cuartetos de cuerda... Tenebrismo diletante. El Fantasma de la Ópera transportado de Notre-dame de París a los pozos petrolíferos tejanos. La estética Rhinestone sustituye a los vestidos de época. Bigotón por tirabuzones.
 
“She came running through the highway, naked as the sun. Said she, are you going my way poet, fool or bum?. Red hair had she, saw right through me, but what could she see?, A poet?, no. A fool?, I hope not. A bum?, No, i’m only me.”
 
Los pocos que saben de él lo masacran. El New Musical Express lo destroza en su crítica. De los tres sustantivos del título  -de esa manera tan british, tan cínica, tan inane- elige Bum (despreciable). Elige muerte. La voluble sinceridad, el tono paseando entre lo confesional y el escepticismo parece condenarlo al olvido. Demasiada ironía para enmascarar su sensibilidad, demasiada educación para esconder los rincones oscuros. Demasiada verdad para disimular.
 
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Trabajar conmigo no es ni fácil ni difícil. Me visto como quieren que me vista. Me arreglo el pelo si me lo piden. Pero que no se les ocurra tocar mi música y mis producciones. Cada uno en su sitio. Mira las fotos de las portadas de mis discos con Nancy, me vestí tal como me pidieron. Las personas que llevan la imagen son competentes en su terreno y yo sé que soy bueno en el mío. ¿Mi look?. No me importa. Con Nancy jamás discutí por una canción. Le hago el favor de hacerlo a su gusto.”
 
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Decepcionado y desengañado marcha a Estocolmo por una temporada. Se presenta en los conciertos como “The Stockholm kid”. Aparece en programas de televisión y en alguna película (“A house safe for tigers”) de la que existe disco pero que desgraciadamente no he podido escuchar.
 
En 1976 se publica “20th century Lee”. Excepto una revisión del primer éxito que compuso, (“The fool”, para Stanford Clark), todo lo demás son versiones. Si creíamos que no podía hacer nada más para sorprendernos Lee Hazlewood saca otro conejo de su chistera. Ya había jugado a eso en “The cowboy and the lady”, con las versiones de “No regrets”  de Tom Rush y “Dark end of the street” de Chips Moman para James Carr. O en el Lp “Poet, fool or bum” con “Those were days of roses” de Tom Waits. Pero será en “20th century Lee” donde llevará y estirará el arte de la revisión hasta un nivel sorprendente por libre y desprejuiciado; “L’eté indien” encajaría perfectamente en cualquier soft porno de la época, trocando la nostalgia del original por el nihilismo casi hierático, lo meloso por lo distante. En “Whole lotta shakin’ goin’ on”, aparte de parecer bajo los efectos de una dieta de diazepán tiene los arrestos de sustituir, para terminar de arreglarlo, el solo de guitarra por el de una flauta de pan. Tanto en una como en otra, cerrando los ojos, podemos imaginar a Laura Gemser o Sylvia Kristel deambulando en paradisíacas islas, anunciándonos sicalípticos placeres. Junto a ellas, extravagantes aportaciones en otras lenguas; Le oímos intentar cantar en un sucedáneo del castellano en “An old lullaby” o sueco en “Brevet fran Lillian”
 
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“Una tarde, en el 63 o 64, no recuerdo, en Tejas, estaba en un bar propiedad de un amigo mío, viejo colega de Port Arthur. En una mesa había un tipo de 35-40 años que no hacía más que beber una cerveza tras otra. Yo sabía que acaba de casarse con una chica a la que casi doblaba en edad y le sugerí que controlase un tanto si esa noche quería cumplir. Se levantó y me respondió; “… En mi casa yo soy el patrón. Y si no me obedece en todo lo que yo diga sentirá mis botas encima de ella…”. Me quedé horrorizado pero lo anoté en un pedazo de papel. Escribí dos estrofas y solía cantárselas a mis amigos en las fiestas que daba en mi casa. Me recriminaban no escribir canciones de amor y les dije que era una canción de amor. Se rieron.”
 
 
 
La indeleble marca de la casa. Textos burlones, sarcásticos, mezcla de jarana, introspección y gran espectáculo. La combinación ideal de épica y aturdimiento. A un lado lo iconoclasta y al otro lo académico. Al centro siempre Lee Hazlewood como una especie de pantocrator, dominando, dirigiendo el cotarro, da igual que sea afásico o melodramático. Un repaso por el cancionero americano. De J.J. Cale (“Crazy mama”) a Jim Stafford, De Bob Dylan a Tom T. Hall (“That’s how i got to Memphis”). Entretenimiento y laid-back, arrebatos de genio, honesto y descarado.
 
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“Escribía las canciones como un trabajo, jamás las necesité para confesarme. Al contrario que otros colegas que componían -y tuvieron éxito- pero no producían, yo daba el paquete completo. Es por eso, imagino, que me llamaban frecuentemente. Escribía canciones a medida para aquel que me lo pidiese.”
 
“En los sesenta estábamos en la cima, pero antes de actuar, Nancy siempre deambulaba nerviosa por el camerino. Yo la abrazaba e intentaba calmarla. Le decía; -Han venido tres mil personas a vernos pagando cincuenta dólares cada una, ¿Crees que están ahí fuera por que nos odian?. No, están ahí porque nos aman, así que hagamos que nos odien un poco, aunque no lo harán, porque somos irresistibles”
 
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Todas las declaraciones de Lee Hazlewood, entrecomilladas, están extraídas de una entrevista hecha por Christian Fevret para la revista francesa Les Inrockuptibles, en su número 201, en julio de 2002.