MAJOR LANCE sings CURTIS MAYFIELD

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Siempre he tendido a desconfiar de las personas que, más allá de la elemental educación, alardean de no necesitar nada en absoluto. Suelen ser estas, por regla general, de las siguientes dos especies; o tontos felices -y ustedes disculparán la redundancia- o iluminados peligrosos. No existe placer mayor que saciar necesidades, acaso sí, el de intentarlo. La incertidumbre del periplo tal vez sea lo único que pueda rivalizar con la satisfacción del hallazgo. Viene esto a cuento porque anoche rescaté, de entre una pila de discos este “Um, um, um, um, um. The best of MAJOR LANCE. Un disco de grandes o, tal vez mejor, pequeños éxitos. De esa categoría tan arrinconada en nuestros días por la falta de pedigrí crítico, la de recopilación de singles. No está de más señalar que en la época ese era el formato, siendo el otro un mero vehículo para incrementar los beneficios. Decía que lo encontré sin quererlo, bien. Ahora digo que fue escucharlo y volar.
 
  Editado por el sello Okeh en 1965, como un refrito de sus dos primeros álbumes –“Um,um,um,um,um” (Okeh, 1963) y “The monkey time” (Okeh,1964)- y con el subtítulo añadido “The great songs of Curtis Mayfield”, la jugada queda clara desde un primer momento; Al calor del éxito de Mayfield con los Impressions, el sello pretendía colocarse en el partido. Todas las canciones del disco firmadas por el gigante de Curtis Mayfield y la voz de Major Lance como metrónomo de sus efectos. Pero dejemos las estrategias comerciales y vayamos a las que de verdad importan, las del arte. Al talento supremo de un joven intérprete de Chicago de sólo veintitres años capaz de pasearse por los registros clásicos y encontrar un nuevo sendero. Al gusto exquisito de un tipo con los arrestos necesarios para acercarse al cancionero de un genio y jugarle mano a mano. A la madurez impropia de una voz quebrada, implorante, orgullosa, de las de verdad, aguantando impávido lo que piden todas y cada una de las canciones; alegría, soledad, gozo, deseo, ilusión. 
 
 Alguien dirá, no si razón, que fue uno más a la sombra de Sam Cooke. Yo le contestaría que sí. Pero también que conviene cobijarse a la sombra de un  buen árbol. Y saber por dónde sale el sol.
 
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