MUDDY WATERS Let’s spend the night together / Tom cat (Chess France, 1968)

 

 


Muddy Waters goes psychedelic. O quizá no tanto, porque aunque adecuándose -no sé si a la fuerza- a los nuevos tiempos Muddy Waters siguió siendo esencialmente él mismo. Es lo que tiene el talento por derecho y la personalidad marcada, por mucho que le des vueltas resulta del todo imposible eliminar las huellas del pasado.

  En 1968 la carrera de Muddy Waters anda de capa caída. Es el sino ineludible de los bluesmen. Siempre en el filo, tomando -y eso con fortuna- una parte escasa de las tres docenas largas que les corresponden. Saqueados por las hordas de imberbes jóvenes que abanderan los nuevos tiempos y estoicos ante el devenir de las cosas (tal vez por no quedarles otra), asisten atónitos a una sucesión de acontecimientos que les superan. Pero Chess, su compañía, está intentando -y al parecer logrando- dar un nuevo giro al estado de las cosas. Pretenden revertir su imagen de sello estandarte del soul clásico de Chicago y subirse a la ola que la revitalice y coloque en el escaparate. Para ello crea un subsello -de nombre Cadet Concept- en donde alojar a los experimentos presentes y futuros.

Uno de ellos es poco menos que un as en la manga. Rotary Connection, el grupo prácticamente creado por Charles Stepney (quién lleva tiempo rumiando la dosis exacta de la alquimia que logre la piedra filosofal) y protegidos de Marshall Chess, el hijo de Leonard Chess, está comenzando a despegar con una mezcla extraña de soul, psicodelia y filosofia de raices hippies. Formados a partir de los Proper Strangers, Marshall necesita un cantante. Se decide por Sidney Barnes, un compositor a sueldo del sello y enseguida advierte que necesitará de un contrapunto femenino. Ahí está el quid del asunto. La solución -tan autárquico como su padre- también se halla en casa; una joven recepcionista que trabaja en sus oficinas. Su nombre Minnie Ripperton. Ya solo harán falta los regulars que hagan que las cosas discurrán por el cauce adecuado; Phil Upchurch a la guitarra, Morris Jennings a la batería y el gran Charles Stepney al vibráfono.

Pero volvamos a “Electric Mud“. Los tres regulars citados, junto a otros sospechosos habituales como Pete Cosey, Gene Barge o Louis Satterfield sustituirán a la banda habitual de Waters.“Electric mud” será muy contestado por los puristas pero también será su disco más vendido. Es un disco que quema y atrapa, tan incandescente como fluido, en el que nuestro hombre parece querer jugar a ser Hendrix interpretando a Muddy Waters. Descarnado y chulesco. Un disco de verdad pese a toda la panoplia de gimmicks que, según los gustos y opiniones, lo embellecen o enturbian. El primer single lleva una espectacular versión del “Let’s spend the night together” de Jagger/Richards en una cara y la fantabulosa, carnicera y adictiva “Tom cat” en la otra. Es ésta, en mi modesta opinión, la verdadera bomba de neutrones; Pedal fuzz y wah wah a granel para macerar un blues psicodélico, donde la guitarra de Peter Cosey dispara riffs con suma punteria hasta conseguir inyectar en el oyente una súplica lasciva de arrebatada lujuria y que termina convirtiéndose en poco menos que la mismísima declaración del diablo.

 El sencillo sería publicado en Francia, con su portada y demás abalorios, en tiempo y forma. Ya saben lo que me gustan esas cosas. Junto a las canciones subo también todo su irresistible atrezzo. Qué añoranza de hace diez o quince años, con todo un mundo por descubrir y además asequible al bolsillo. Lo sé, confesiones de enfermo.



Yeeeeeeaah you know i’m a tomcat and you’re my kitten
and i’ve been scratching’ around in your windowpane
Let me in let me in my baby
So i can feel good all over again