EXPRESIÓN Marrakech/La luz del fin del mundo (Musimar, 1974)

 

 

Es posible que lo haya contado antes, con el tiempo uno se repite cada vez más. Tendemos a recordar las adquisiciones por lo que de bueno tuvieron, del mismo modo que soslayamos las más funestas. Pero, sobre todo, nos (me) gusta rememorar aquellas que tuvieron tanto  de azarosas como de milagrosas.

 Conocí, como la mayoría de ustedes supongo, “La Luz del fin del mundo” gracias al primer volumen del formidable “Andergroun vibrations”, allá por el año 2006. Como es natural, me voló la cabeza nada más escucharlo con su mezcla de devoción hendrixiana y cavernícola rudeza, un trasunto cañí de la  Edgar Broughton Band pasada por el tamiz del hard rock tardo psicodélico. Algo que, en mi opinión, solo podía darse en España. Por supuesto indagué a partir de las notas de los recopiladores y tuve que asumir lo prácticamente imposible que iba a resultar su adquisición. En primer lugar por lo absolutamente raro que era y ya después, caso de tener la enorme fortuna de toparme con una copia, lo escandalosamente cara que podría resultar.

Un par de años después, en una de las habituales visitas a Las Pulgas de St. Ouen, de retirada, ya caída la tarde, nos sentamos a tomar un café en Le Picolo. En frente estaba el puesto de discos de Hervé “le Yeti” (hoy está al lado, si no recuerdo mal) y mientras A. atendía una llamada decidí hacer una última incursión. Tomé la caja de discos en cuya parte delantera decía 70s rock européenne y fui pasando, descuidadamente, uno tras otro, los singles y eps. Era algo rutinario, automático. Hacia el final de la caja el corazón me dio un vuelco. No podía ser verdad. Saqué el disco y contemplé su portada. Cuatro hirsutos caballeros, con un look quieroynopuedo tan enternecedor como impactante, me contemplaban sentados, con unas miradas que iban del encantadodeconocerme al quecoñohagoyoaquí. Temblando, acerté a sacar el disco de la portada (¡Cuántas decepciones nos hemos llevado al ver que no corresponde el envoltorio con su interior!) y, entonces sí, me puse nervioso de verdad. Allí estaba, impoluta, una copia que dudo hubiese sido puesta más de media docena de veces. La etiqueta marcaba diez euros y me dirigí hacia él para pagarle ipso facto, sin pensar siquiera en regatearle ni por un momento. Pero afortunadamente un instante de lucidez me sobrevino y evitó el delatarme. Pasaba por su tienda regularmente desde hacía unos años y hubiese sido la primera vez que no le hubiese pedido una rebaja. Tome dos singles más (ahora no recuerdo exactamente cuales, me suena que uno de Dynastie Crisis y otro de Choc) y le pedí precio. Los tres sumaban veinticinco y finalmente todo quedó en veinte.

  Expresión estaban formados por Jose Rafa García Riso (Guitarra y voz), Fernando “Randy” López Rojas (Bajo y voz) Francisco “Roscka” López Castillo (Teclados y voz) y Rafael “El Pelucas” Zorrilla Santiago (Batería y voz). Eran cordobeses y su embrión procedía del dúo Libra y Tauro, en realidad Jose Rafa y Randy. En 1970 se les suma “El pelucas” y pasan a llamarse Expresión Trío. Comienzan a ensayar en un local situado en Los Patios de San Francisco, junto a la Mezquita, y en 1972, con la incorporación de “Roscka”, pasan a ser Expresión.

 A partir de entonces comienzan a tocar sin descanso por toda Andalucía; Colegios mayores, Fiestas patronales… lo que les salga. Cuentan que fueron los primeros en crear una Misa Rock (y también que llegarían a interpretarla en la Iglesia de San Pablo de Córdoba) y finalmente consiguen grabar un sencillo en el sello Musimar, éste que tengo a bien presentarles. Cuentan también que llegan a ir a Madrid, donde al parecer graban una maqueta, con Vicente “Mariscal” Romero en los Estudios Eurosonic, de lo que iba a ser su lp de debut. Verdad o leyenda, no lo sé, daría algo por poder escucharla.

 Aunque publicado en 1974, el sencillo sería grabado el año anterior, justo antes de marchar a la mili y crear un vacío devastador en el mejor momento de la banda. Randy, Roscka y El Pelucas son destinados a Barcelona y junto a músicos catalanes (Javier Castro y Andreu Simón) fundan, para matar el gusanillo, la Orquesta Marrakech, que no es otro que el título de la canción que iba en la cara A de su single, una canción cantada en inglés con cierto aire a los Evolution. En 1976, cuando vuelven a Córdoba de cumplir con la patria, ya están a otros asuntos. Firman con Chapa discos y se convertirán en Mezquita

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