RAPHAEL "Si ha de ser así" (UA Latino, 1970)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A estas alturas del partido hablar de Raphael es algo que está de sobra. Se ha escrito tanto que cualquier cosa que uno diga servirá para poco. Daría igual loarlo o criticarlo, todo cabría y todo también sería más o menos ajustado. Independientemente de lo que nos suscite  personaje con tan enorme ego, talento y visibilidad (en unos rechazo, en otros devoción, difícilmente indiferencia) lo que sí está fuera de discusión es que hubo -hay todavía- un lugar en el que reinó. Confesaré que no soy acérrimo del señor Martos, del mismo modo que no seré tan estúpido en no reconocerle al menos un par de docenas de canciones soberbias. 

Los fieles de su iglesia aducirán que son muchísimas más, que soy cicatero y vacuo. Del mismo modo sus detractores me llamarán exagerado e incidirán en lo difícil que resulta estropear canciones de tamaña legión de estupendos autores, Manuel Alejandro por encima de todos. Volvemos al principio, todos tendrán razón. Sucede que uno es rarito, cabezota, limitado y también un poco mosca cojonera. Mi señora lo llama “El síndrome del polemista vacuo” y es ella mujer sagaz y atinada. Al final uno siempre parece encontrarse en tierra de nadie. Si los halagos son prácticamente unánimes prefiere centrarse en comentar las costuras y si en cambio la carnicería es la tónica del tendido  me arrogo el papel de abogado de causas presuntamente perdidas. Así me va. Pero en fín, vayamos a lo concreto.


 De lo que sí que estoy razonablemente seguro es en lo pestífero de sus sucesivos intentos de colarse entre la modernidad. Principalmente por dos cosas. Primero porque maldita la falta que le hacía a un tipo que, con sus excesos y aciertos, había logrado dejar huella imperecedera y por encima de todo ser él. Segundo (y en mi humilde opinión bastante más grave) por lo chirriante y lamentable de todo ello; los -horrorosos- colaboradores, los -infaustos- arreglos de un repertorio imponente y el autoengaño, imagino que natural, en un tipo acostumbrado a los aplausos y ya en la recta final de su vida.

 Su última vuelta (confieso que ya he perdido la cuenta) venía encabezada por una canción. Una canción que desgraciadamente no se publicó nunca en nuestro país. No sé muy bien por qué, pero tampoco es asunto que venga mucho al caso. El caso es que “Si ha de ser así” (tal era su título) era una canción extraordinaria. Versión de “If it comes to that” que publicase Jerry Reed en 1967, su aproximación la supera en todo hasta ofrecernos otra, nueva. Mejor; Sus cuerdas iniciales, los vientos sosteniéndola, las guitarras, la base rítmica andante y sobre todo una voz ajustadísima, ni risiblemente amanerada ni afectadamente seria. Juguetona y poderosa, con el tono adecuado para una canción que aquí parece abandonar el original tono country de la de Reed y querer oscilar entre el northern y el popcorn. Una canción que se sitúa sin esfuerzo entre las suyas que más me gustan (“Cuando llega mi amor”, “Estuve enamorado”, “Cuando tu no estás”, “Volverás otra vez”, “Todas las chicas me gustan”…). Estoy hablando, obviamente, de su versión original, no del engendro insustancial en el que la han convertido. Incluida en “Corazón, corazón”, era éste un Lp de la división latina de United Artist (el sello que tenía los derechos en los USA de la española Hispavox) con el que al parecer  se pretendía poner una pica en Flandes dentro del mercado americano, más allá del fielato hispano, cuyo apoyo y militancia se daba por descontado. El disco es una cosa curiosa. Junto a cuatro o cinco canciones de la Banda sonora del “El Angel” (Vicente Escrivá, 1969) incluye también una sorprendente versión del “Te quiero, te quiero” de Augusto Algueró convertido en himno por Nino Bravo y sorprendentemente jamás publicada en España. La relación de arreglistas es cosa seria; Rafael Ibarbia, Waldo de los Rios, Augusto Algueró, Jose Luis Armenteros y Juan Carlos Calderón. Lo mejor para el estandarte del sello señero español de aquellos tiempos.

 

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JIMMY JAMES & HIS VAGABONDS. Sus Eps franceses en Disques Vogue.

 

 

Rebuscando discos entre los cajones del Estudiodelsonidoesnob, en busca de inspiración e información para un proyecto que llevo entre manos, he caido en la cuenta al leer repetidas veces la siguiente leyenda;“C’est un realisation Disques Vogue. Villetaneuse (Seine)”. Las palabras que describen la Arcadia soñada podrían ser -de hecho ahora mismo lo son- la frase citada más arriba entre comillas, rúbrica de la casa que distribuía (entre otras docenas más) al sello Pye en Francia y la ubicación geográfica de su fábrica. Con el tiempo, paciencia y fortuna he conseguido hacerme con tal vez demasiados de ellos Estos tres eps franceses del jamaicano Jimmy James y sus Vagabonds (Phil y Coleson Chen, Rupert Balgobin, Barry Sutton, Wallace Wilson, Carl Regis, Fred Fredericks y Carl Griffiths) son un pequeño ejemplo. Con sus portadas únicas para el mercado francés, su diseño (afortunadamente intactas sus contras, sin recortar, impolutos los cupones para el llavero de regalo) y sobre todas las cosas, su música. 

 

Recién aterrizados en Londres y de la mano de Peter Meaden grabaron una serie de discos pequeños que son hoy artefactos de tan inolvidable belleza como arrebatadora música. Soul, ska, Northern, rhythm and bues… toda una máquina perfectamente engrasada, dotada de nervio y gusto en medio de la cresta más elevada de una ola irrepetible.

 

 

 

 

PLAYLIST V.I.D. Saturday night, Sunday morning

 

 

V.I.D. (Very important dicotecas), Serie Super Soul Black Flash, The Philadelphia Sound, Disco Direction… son algunas de las coletillas, importadas o de cosecha propia, algunas veces de ingeniosa, elocuente concreción, en las que uno se fijaba cuando comenzaba a acumular estos objetos circulares de plástico negro. Epígrafes que ahora mismo, con los discos de nuevo en el plato, vuelven a provocar, sin fallarme jamás, un subidón y una sensación de felicidad con la que me regalan cada vez que recurro a ellos.  Creo que lo he comentado en más de una ocasión, soy curioso impenitente desde que puedo recordar, con todo lo bueno y malo que eso puede comportar, y, vale, aquellos cuerpos esculturales (o no) decorados por permanentes imposibles, escotes vertiginosos y peinados del tamaño de un rascacielos siempre me atrayeron. Del mismo modo que me maravillaba -de hecho sigue haciéndolo- la elegancia supina y despreocupada con la que aquellos señores lucían los trajes de chaqueta y chaleco con camisa estampada. O las corbatas baberos. O aquel hirsutismo de tan exagerado, esplendoroso.

Pero más alla del andamiaje estético, consustancial a una época, estaba lo realmente importante. Exacto, las canciones. Gracias a algunos amigos (Ay, que no es uno sino sus amigos, la gente que quiere y aprecia) me ha dado últimamente por rescatar de los cajones correspondientes, pocos para mi gusto pero con un par o dos de centenares de artefactos de esa época, y he terminado una vez más por ser consciente de mis escasos conocimientos al igual de la lacra que son los prejuicios y la cerrazón de mente, por mínimos que sean. No sirven para nada más que para limitar, constreñir el conocimiento y por ende el placer.

 Estoy hablando de la así -mal- llamada música disco. No porque tenga tal categorización como algo negativo, muy al contrario, sino más bien porque dentro de esa simplificación en muchas ocasiones displicente se hallaban aventuras que transitaban por diversos y muy gratificantes senderos; El Modern soul, el Cosmic Funk, el Soul sedoso y un punto lascivo, el Northern tardío y tantos y tantos otros apartados como los entendidos tengan a bien etiquetar. 

Música perfecta llevada a cabo tanto por nuevos talentos como por veteranos reinventándose con infinito gusto, donde la melodía, la evocación, el instante como único objetivo tomaron carta de naturaleza y que, antes de fagocitarse (como en cualquier otro movimiento o escena, aunque estoy por decir que en mucha menor medida), nos ofrecieron momentos que perdurarán para siempre. Canciones exuberantes tanto en orquestaciones como en producción, coronadas por voces de otro mundo. Unas veces mostradas con elegancia suprema, otras con rotunda furia hedonista, y afortunadamente en muchas ocasiones, de ahí el prodigio, combinando forma y fondo. 
  

 Ocurre que al igual que aquellos escritores que ganaron la guerra y perdieron la historia de la literatura (o aquellos otros que la perdieron -la guerra digo- y ganaron la historia de la literatura) también sucede algo parecido en la historia de la música. Que hubieron también músicos que ganaron su guerra (el éxito y la fama) pero perdieron la historia de la música, asfixiados por prejuicios, ignorancia y desdén. Es sabido que el malditismo es per se irresistible canto de sirena para según quienes, batalla a día de hoy me temo que perdida. Y no es que uno lo tenga por algo negativo -ni tampoco positivo- sino que es algo meramente sobrevenido. Aunque si pienso que su culto, a menudo casi integrista, la devoción con la que se sigue con según que liturgia, sí que lo es.

 Sigo, que me disperso y probablemente no llegue a ningún lugar. Nada me molestaría más que los que tienen a bien seguir esta bitácora interpretasen mis palabras como una justificiación. No lo es, desde luego, por las canciones; Impecables, soberbias todas, sino, más bien, por mi temporal ceguera u olvido, mis complejos y dudas, achacable todo ello a mis mermas y mis limitaciones congénitas. Así que dejo ya de divagar y darles la tabarra y paso a enlazarles una lista a modo de colofón veraniego hasta mi vuelta al blog.

 

THELMA HOUSTON Saturday night, sunday morning
MARLENA SHAW Love has gone away
GONZALEZ Ain’t no way to treat a lady
LOU RAWLS See you when i git there
THE STYLISTICS It started out
BOBBY WOMACK You’re messing up a good thing, baby
WILLIAM BELL Tryin’ to love two
THE TYMES Innerloop
C.J.& CO. Devil’s gun
THE UNDISPUTED TRUTH Law of the land
DENNIS COFFEY Free spirit
C.J. & CO. We got our own thing
ODIA COATES Showdown
LABELLE Space children
CORNELIUS BROS. & SISTER ROSE Since i found my baby
IDRIS MUHAMMAD Could heaven ever be like this
EVELYN “CHAMPAGNE” KING I don’t know if it’s right
DONNY GERRARD He’s always somewhere around
JACKIE WILSON It only happens (when you look at me)