OSCAR BROWN JR. Between heaven and hell

Oscar Brown jr. podría haber sido lo que hubiese querido. Sin duda alguna lo fue, aunque su elección recorriese caminos polémicos, reivindicativos y bastante menos acomodaticios de lo deseado. Nacido en 1927 y fallecido en el 2005 fue -y en todos esos ámbitos soberbio- cantante con clase, compositor incisivo, interprete polifacético y actor perspicaz. 

Comenzó su carrera como escritor de letras para piezas clásicas de jazz inicialmente instrumentales, como el “Afro blue” de Mongo Santamaria o el “All blues” de Miles Davis. Cualquier intento en encasillarlo estaba abocado al fracaso. No se limitaba a interpretar las canciones sino que actuaba con ellas, agarrando a la canción por sus partes y exprimiéndole todo el jugo que le fuese posible obtener. Algunos le achacaron una excesiva politización, como si eso no fuese otra cosa que una elegida actitud vital con la cual mostrar su realidad de manera efectiva, dirigiéndola al más amplio espectro de público posible. Bebió del gospel, del folk y del blues tanto como del jazz, y, definiéndose a si mismo como “entertainer”, era muchísimo más.

 Decidió encaminar su talento como modo de celebrar su negritud y hacer visible el racismo imperante en la sociedad americana. A veces resultaba difuso ubicarlo, mezclándose el artista y el activista, aunque siempre, hasta en la proclama más sulfurosa, la musicalidad transpiraba por todos sus poros. Se empeñó en utilizar su don como método de cambiar las cosas y -estando o no de acuerdo- sería de cínicos negarle su coherencia.

Cantaba como vivía; Conmovedor, agónico, exultante, tragicómico, frágil y duro como el pedernal al mismo tiempo. Sus discos comenzaron siendo artefactos precisos, de relajada atmósfera, que concedían libertad a unos músicos por otra parte ya cómodos y tremendamente eficaces. Colaboró con los grandes (Clark Terry en “Tell it like it is”Quincy Jones en “Between heaven and hell”…) y también con la profesional y diestra infanteria que conformaron esos músicos de estudio que hicieron crecer el mito de la música americana.

 Fue también precursor avant-la-lettre de los discos conceptuales si tomamos a estos no como peroratas hueras e inhóspitas sino construidas a partir de un hilo común. Una especie de Cole Porter del suburbio. En “Between heaven and hell” (CBS, 1962) una cara describe al paraíso y la otra el infierno, de un modo ameno y terrenal, con un swing y musicalidad tan excelso que nos remiten a obras clásicas. Obviamente “Mr. kicks” es el emisario del diablo, “Un moderno Mefistófeles que es un tipo bastante popular entre vosotros los lunáticos”. Sus canciones expresan todo el rango de los sentimientos y las emociones, sumergiéndose – como intérprete y compositor- en el papel hasta el tuétano, viviendo, gozando, sufriendo su obra.
Igualmente respetuoso con los clásicos, supo rendir homenajes que no fuesen mera mímesis respecto a los originales, sino que siendo reconocibles los trascendiesen dotándolos de un aura personal. Ese dificilísimo arte que consiste en conseguir que canciones de otros parezcan tuyas, apropiarse de ellas sin traicionarlas.

“In a new Mood” (CBS, 1963) se llamo esta nueva hazaña. Recreaciones de Duke Elington, Johnny Mercer y Harold Arlen, Nat King Cole o George & Ira Gerswhin entre otros). Acompañado de la orquesta de Al Cohn y con arreglos de Ralph Burns, cada una de las canciones encajaban perfectamente en él, refulgiendo su faceta de actor, asumiendo un rol diferente en cada canción. Fraseos elegantes y sutiles que eludían el exhibicionismo y acentuaban la proximidad.


“Mis canciones comienzan cuando yo era un niño y vagaba entre los puestos que vendían cualquier objeto imaginable, en el callejón, escondiéndome, buscando y aprendiendo que había otro mundo. La mayoría de mis mundos era “Negro”. Ser negro no es siempre agradable, pero es un vigoroso ejercicio para el alma. Puede enriquecer a un artista. Las melodías que compongo surgen de ritmos, cantos, llamadas y gritos que siempre me han sido cantados. Mis textos son versos acerca de lo que siento y cosas que he vivido. Mi acierto es enviar mensajes que acompañen y entretengan con significado.

 La música de tres de las canciones de este album -Work song, Sleepy y Dat dere- fueron compuestas por tres brillantes artistas del jazz, Nat Adderly, Bob Bryant y Bobby Timmons, respectivamente. Creo que esos tipos -y otros- son creadores de potenciales nuevos clásicos. Les estoy agradecido a cada uno de ellos por escribir esas melodías que me permiten encajar historias de una mayor dimensión a la que podrían haber alcanzado sin ellas.

Si las selecciones de este álbum te dicen algo no solo por el mero hecho de escucharlo, sino por su contenido, entonces estaré más que satisfecho por haber logrado al menos un buen comienzo” 
 Hasta aquí lo que podríamos llamar su primera etapa, la era Columbia. Otro día hablaremos de sus dos discos para fontana (El directo “Oscar goes to Washington” y el maravilloso dedicado a la Bossa “Finding a new friend”, a medias con Luis Henriquez) y su carrera en los setenta, con los hoy sorprendentes e infravalorados “Movin’ on” (Atlantic, 1972), “Fresh” (Atlantic, 1974) o “Brother where are you” (Atlantic, 1974).

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