PROYECTO "A". Música Insólita del Olimpo sideral

 
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Si esta bitácora es un lugar a trasmano –que evidentemente lo es-, refugio de olvidados, visionarios de lo insólito, francotiradores de erráticos ejercicios de estilo y especímenes aferrados en general a la herética experimentación musical, ¿Qué podemos entonces decir de este Proyecto A”  (RCA, 1971), misterioso y extraño?. Pues que probablemente haya venido a caer al sitio ideal, hospitalario y lunático, demente y receptivo.
 
 Situémonos; España, año 1970. Al antaño inquebrantable y granítico puño asfixiante se le están abriendo grietas por los costados. De ellas manan, primero escasos, cada vez más caudalosos, hilos, chorros, corrientes de impertinente libertad qué, bien es cierto, sólo pueden producirse en aquello que más desprecian, la cultura. Cierto también es que en su ámbito menos valorado, apenas siquiera contemplado, la música. Y aún más. De ésta, su estrato más insignificante; la música moderna. Por último, llevado todo esto a cabo por un entertainermúsico de larguísima trayectoria, dedicado en general más a las boites y lo noctámbulo que a los experimentos sonoros avantgardistas.
 
Todo en Proyecto A es extraño, insólito, excesivo, obsoleto y moderno a la vez, difícil de catalogar. Un músico catalán desconocido fuera de Cataluña aunque de larguísima trayectoria y popularidad en su tierra (desde 1964 en Belter con Dubé y su conjunto hasta continuar con una peculiar carrera en solitario que todavía hoy continua) llamado Frank David (a.k.a. Frank Dubé), en el rol de triposo bardo cósmico y charlatán encantador, proclamando cual profeta que Proyecto A va a ser “monitor, modelo, forma embrionaria y fuente que por su gran categoría y poder de captación, marcará un nuevo camino que podrán seguir los compositores venideros de la música sideral” a la vez que, seducido por la llegada del hombre a la luna, elabora un disco que es celebración, chamanismo y embaucamiento, libérrimo y atolondrado, muestra de un tiempo que ya nunca será y que incluso lo fue en islotes de rara libertad y genio; Junto a él un grupo de músicos fantasma –o tal vez no tanto-que responden, en la carátula interior del disco original, por Ortex, Luis R.Nator, Jean Marc, Kisgay, Aaron, Rooby Dayand y George I, y tras los cuales se encuentran Jordi Camp, Joan Giralt, José Antonio Muñoz, Nestor y José Ortega.

Seducido por ese acontecimiento histórico y, según cuentan en las formidables notas interiores de la reedición, por “Los Planetas” de Gustav Holst, “Proyecto A” es una inmersión a todo o nada dentro de la escala tonal, matemática pura en esencia, conminada a la persecución de la búsqueda de sonidos inusuales y de conceptos nuevos como el espacio sideral o la gravedad. En un época -recordemos, 1970- en que l0s discos de librería, las bibliotecas musicales o archivos de la música de librería, a diferencia de UK, Francia o Italia, no existían en nuestro país (o al menos una cartografía de ellos, pues es cierto que ejemplos aislados surgen cada día en nuestra labor de arqueología), Dubé, como un artesano pacientísimo, se dedica a tomar esas muestras en vivo, inventándose trucos casi manuales, de sorprendente eficacia, que le procuren esos sonidos perseguidos: Sumergir micrófonos en el agua y soplar hasta conseguir el sonido de las burbujas, registrar el encendido de calderas a modo de ignición nuclear, tratar voces con amplificadores de guitarras Fender… trucos en apariencia sencillos pero dotados de desbordante imaginación y qué, aunque semejen sacad0s del catálogo del TBO o de  Bruguera, denotan curiosidad, imaginación y redaños.

Salido a la vez que otros tour de force del rock cósmico (Catharsis, Hawkind, Magma, L’Orme, la cara más freak del Krautrock como Guru Guru), tiene con éstos indudables vínculos y también notables diferencias. Se articula un escenario apropiado, un discurso próximo al de la ciencia ficción, con soflamas del tenor de “Música insólita que clama a los astros dioses del Olimpo sideral” y se le da forma en un disco conceptual, cuyas canciones son todas referencias a los astros (“A Marte”, “A Neptuno”, “A Plutón”…) con subtítulos a veces rijosos, dignos del proyecto cienciológico de Ron L. Hubbard, aunque con muchísimo más humor, simpático e ingenioso. Alguien lo definió muy apropiadamente como “estéticamente situado en algún lugar entre Vampiros Lesbos, la trémula acidez del Tropicalia, el groove de la música de librería y los experimentos de Jean Pierre Massiera. Acaso sea éste, junto con un leve aroma a Manfred Hubber, lo que más le recuerda a uno. Alicatado con todos los ritos paganos imaginados, con la inclusión de voces de la agencia espacial, multitud de efectos sonoros electrónicos, teclados chirriantes, fuzz interestelar y una sección de viento (saxofón y trombón) única, muy propia de aquí, ortopédica e imponente, el conjunto le confiere un tono bastardamente soulero que, estoy casi seguro, en absoluto fue premeditado.

 Con un artwork imponente de portada doble, con un collage trufado de imágenes tomadas prestadas – y acreditadas- de la agencia especial estadounidense y un atrezzo y  vestuario con toda la panoplia más moderna de la época (túnicas, sandalias, follares, sombreros y demás parafernalia) las fotos vienen firmadas por la famosa Colita y el objeto, también estéticamente, es atractivísimo.

 Concebido inicialmente como Proyecto Apolo, el disco fue un fracaso absoluto en su época. Nadie lo entendió (ni siquiera le prestaría atención) y pasaría pues sin pena ni gloria. Pese a ello, obstinado y resuelto, una segunda parte sería grabada años más tarde y nunca editada. Afortunadamente hace unos días Sommor vía Guerssen ha publicado, en formato doble y espléndidamente anotado, el primer disco y el segundo inédito, en una labor digna de elogio y aplauso. Grabado durante 1974, este segundo proyecto abandona las escalas tonales y se centra más en el concepto canción, construyendo un formidable y heterogéneo disco que, aunque sustentado en el rock progresivo, se sumerge en múltiples y modernos estilos no solo avanzados para la época sino incluso en nuestros días. Busquen si tienen a bien ejemplos en su discoteca; desde el modern soul de “Listen to my wishes” al afro beat de “Girl where do you came from”  pasando por la librería descriptiva italiana de “Live for love”,  el tropicalismo de “Somos tres” o el hammond groove de “Searching”.

 En realidad un proyecto a medias con el Ex- Máquina, Juan Mena (cinco canciones vienen firmadas por él, mientras las otras lo serán por Dubé), para la grabación Frank reclutaría a una seríe de músicos que luego serían el grupo Iceberg, uno de las bandas señeras del progresivo catalán. Max Sunyer, Josep Más Kitiflús, Primitivo Sancho, Jordi Colomer y Guillermo “Willy” Ballester. Lo dicho, insólito y sideral...

 Leí en algún lugar que alguien contaba, tras hablar con Frank Dubé, que incluso llegó a grabar un corto de 11 minutos en súper 8, titulado Proyecto”A”, con ¡¡Andres do Barro y Encarnita Polo!! y que recordaba o se daba un aire al corto con Syd Barret de ácido. Vamos, lo que se dice un artista multidisciplinar. Verdad o leyenda, daría algo más que las gracias por poder visionario. Mientras tanto me conformo con este vídeo;

 

 

 Más de cuatro años después de este desmadejado pero sentido homenaje a tan extraño disco recibo un correo del mismísimo Frank Dubé. Sorprendido y agradecidísmo por las multiples aclaraciones (¡De primerísima mano!) que a continuación transcribo, creo de justicia incluirlas aquí para público conocimiento;

 “Proyecto A (No me dejaron titularlo Proyecyo Apolo) fué un simple y sentido homenaje a la gesta histórica y heroica viendo por primera vez a un ser humano pisando un astro fuera de la Tierra.
Los estilos musicales y rítmicos de sus temas no eran novedosos y oscilaban entre el Rock, Soul, Funky etc. que estaban de moda por aquellos tiempos con el objeto de que se pudiera bailar en las incipientes Discotecas. La única y original novedad fue que en las melodias y armonias utilicé las escalas de tonos que ya el impresionista Claude Aquiles Debussy utilizó para describir musicalmente el ir y venir sin fin del oleaje en su Suite “La mer”. Yo las utilicé para intentar plasmar la ingravidez cósmica ayudándome de efectos sonoros, hechos a mano y con un Eccho Binson. El 90% de melodias y armonias eran compuestas sobre escalas tonales que producian una sorprendente sensación, para algunos, un tanto incómoda.


Los músicos de la gravación fueron: Joan Giralt (Hamond), Aaron (J.Antonio Muñoz, bajo de Los Catinos), Nator (Trombonista de Orquesta), Ortex (José Ortega), George I (Jordi Camp, hermano de Manel Camp) y un bateria de emergencia que suplió a Jordi Colomer por imposibilidad de trasladarse a Madrid. El Brass fue interpretado por músicos de Estudio de la capital. 

Parece que hay algunos fans que quieren re-editar el LP en vinilo y estan buscando al propietario del master.
En la carátula del Single se ven las caras de Jordi Colomer, Josep Mas (Kisgay-Kitflus) y Santi Picó que eran, junto con Max Sunyer y Primi, los elementos que habian de interpretar “Proyecto A” en vivo y en directo y que….no se llevó a materializar. Pero fueron Max, Jordi, Mas y Primi (futuros “Iceberg”) los que, junto a Juan Mena, grabaron 3 años más tarde en los Estudios de EMI-ODEON mi “Proyecto B” ( no editado) cuyo tema estrella “Missatge espaial d´amor” se comentó en TVE Catalunya en 1978 a tenor de designarlo como fondo musical apropiado para ambientar la primera cópula entre hombre y mujer flotando en el espacio (que todavia no se ha logrado, por cierto).”
 
Frank Dubé (David) febrero 2014

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